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viernes, abril 03, 2026

THE TWILIGHT SAD: «IT'S THE LONG GOODBYE» (ROCK ACTION RECORDS, 2026)

La música de The Twilight Sad es un universo otoñal, envuelto en atmósferas folk, guitarras densas y una constante sensación de melancolía. Una fusión entre Joy Division y My Bloody Valentine. Sus lanzamientos han sido siempre bien recibidos, tanto por la crítica como por el público y, pese a no haber alcanzado el reconocimiento que merecen, nunca han firmado un trabajo que baje del notable. Siete años han tardado en alumbrar It's the Long Goodbye (Rock Action Records, 2026), el periodo más largo de silencio en toda su trayectoria.

Un disco compuesto entre el matrimonio, la paternidad —el cantante James Graham fue padre hace unos años—, la pérdida —el fallecimiento de su madre— y la depresión posterior derivada de aquella tragedia. Todos estos momentos vitales —amor, nacimiento, muerte y crisis— han sido el motor que ha impulsado las canciones del álbum.

Graham vuelca en las letras todos sus dilemas, obsesiones y esperanzas. Ello se refleja en las guitarras sobresaturadas de efectos de Andy MacFarlane, el arquitecto sonoro de la formación. Los de Lanarkshire siempre se ha caracterizado por su mezcla de intensidad y catarsis.

It's the Long Goodbye cuenta con colaboradores de lujo: David Jeans (Arab Strap) a la batería, Alex MacKay (Mogwai) al bajo y el propio Robert Smith (The Cure) —uno de los mayores admiradores del grupo—, que participa en tres temas aportando guitarra, bajo y teclados. Y, por último, Chris Coady, productor de Slowdive y Future Islands, entre otros combos del panorama alternativo.

El single de presentación, «Waiting for the Phone Call», con Smith a la guitarra, se sostiene sobre una base electrónica bailable que contrasta con su letra sombría: «There's a pain in me no one can see / Gather round and come die with me / Watch me die».

En «Designed to Lose», el fatalismo va de la mano con una melodía pegadiza —canto en falsete incluido—, quizá la más inmediata del elepé. Por su parte, en «Attempt a Crash Landing – Theme», Graham aborda un colapso emocional que lo empuja a tocar fondo, acompañado de una música visceral.

«Chest Wound to the Chest» trata sobre el duelo, sobre heridas abiertas que tardan en cicatrizar. «Back to Fourteen» explora los recuerdos de infancia, con Robert Smith al bajo. Inquietante, la canción evoca fantasmas del pasado que se niegan a desaparecer.

En el abrasivo tema de apertura, «Get Away From It All», McKay asume el protagonismo absoluto. Smith participa con teclados y guitarras en «Dead Flowers» —puro shoegaze—, en el que Graham entrega una interpretación contenida. «The Ceiling Underground», con su piano minimalista y atmósfera folk, remite a los primeros trabajos de la banda. En «Inhospitable/Hospital», pese a su temática sobre la enfermedad, el cantante suena tranquilo, casi en paz consigo mismo. Al fin y al cabo, tal y como ha reconocido en entrevistas, It's the Long Goodbye es uno de los álbumes más personales de su carrera, por no decir el más terapéutico.

Para terminar, en «TV People Still Throwing TVs At People», Graham llega a una conclusión: «It’s ok to feel this way / I don’t want to feel this way». La única manera de seguir adelante es aceptar el pasado y no mirar atrás. Resulta inevitable trazar ciertos paralelismos con Songs of a Lost World (2025) de The Cure, un elepé con el que comparte muchas de sus temáticas.

Drama, profundidad, resiliencia... The Twilight Sad han logrado lo que pocos grupos consiguen tras décadas de trayectoria: reinventarse sin dejar de ser fieles a su estilo. En cuanto al éxito comercial… ¿a quién le importa mientras sigan publicando grandes discos?



jueves, abril 02, 2026

THE SNAILS: «SONGS FROM THE SHOEBOX» (4AD, 2016)

Precedido por el EP Worth The Wait y el villancico «Snails Christmas (I Want a New Shell)», Samuel T. Herring (cantante) y William Cashion (bajista) de Future Islands decidieron lanzar el primer largo de su proyecto paralelo, con el que llevaban trabajando casi una década: The Snails.

El disco, corto y efectivo, destacó por su extravagante fusión de rock, reggae, jazz, ska y punk. Herring se erigió como la gran estrella del trabajo gracias a su inconfundible forma de cantar que, al igual que Morrissey, era capaz de elevar cualquier tema a una categoría superior. El bajo de Cashion tampoco se quedó atrás y brilló en la mayoría de las canciones con su estilo optimista y preciso.

Songs for the Shoebox (4AD, 2016) recordó a los primeros lanzamientos de Future Islands, donde la experimentación caminaba de la mano de lo festivo, aportando una agradable sensación de ligereza. Temas como «Tight Side of Life» —toda una declaración de intenciones para abrir el álbum—, las potentes «Streets Walkin’» y «Flames», la cálida «Parachutes» (que podría haber funcionado perfectamente como sencillo), «Tea Leaves», con un sintetizador de aire infantil y un bajo que acompasaba los fraseos del vocalista con precisión casi de metrónomo, y «Snails Christmas (I Want a New Shell)», rematada con un saxo final, condensaron un disco lúdico que solo pretendía hacer pasar un buen rato.

La banda programó una serie de conciertos por la costa Este de Estados Unidos para presentar el álbum, demostrando que The Snails era mucho más que un simple pasatiempo. Los escépticos pudieron respirar tranquilos: Songs for the Shoebox fue un trabajo altamente disfrutable que no defraudó a los seguidores de Future Islands.


miércoles, abril 01, 2026

CELESTIAL BUMS: «MINUTES FROM HEAVEN» (WWNBB, 2026)

Para su nuevo disco, Minutes from Heaven (We Were Never Being Boring, 2026), Celestial Bums ahondan en una fórmula que bebe del dreampop y el shoegaze de grupos míticos como Slowdive, Ride o Cocteau Twins, siempre desde una identidad propia bien definida.

Minutes from Heaven resulta una bocanada de aire fresco en la escena indie patria, gracias a sus atmósferas etéreas, letras introspectivas y ensoñadores desarrollos instrumentales. Suele ocurrir que, en el circuito independiente, lejos de los grandes sellos, surjan joyas discográficas que —por fortuna— rebosan autenticidad y escapan a los dictados del mainstream.

Un álbum breve y conciso —ocho cortes— en el que todo encaja con la precisión de un metrónomo. Entre lo más destacado: la apertura cósmica «I Didn't Know», la emocional «The Letters», la accesible «A Dream (Guide Me from the Stars)», «Walking on Ice» —mi favorita del lote—, un hipnótico desbarre psicodélico de ocho minutos y medio con guitarras capaces de conducirte a otra dimensión, y la épica ensoñadora de «Lifeblood» como cierre.

En cuanto a las letras, la paternidad del cantante Japhy Ryder aporta un nuevo grado de madurez: transformación personal, exploración del mundo interior y reconciliación con el pasado para poder avanzar. Vida, muerte y renacimiento; calma y catarsis. Temas universales y profundos que abordan el crecimiento espiritual, dejando un resquicio de esperanza bajo océanos de melancolía.

Entre luces y sombras, muros de sonido y rupturas envolventes, Celestial Bums firman su mejor elepé hasta la fecha: un pequeño clásico que bien podría haber brillado en las listas británicas de principios de los noventa.



sábado, marzo 21, 2026

SYNTHPOP CON ALMA: ASÍ SUENA «PARADISES» (COOKING VINYL, 2026) DE LADYTRON

Después de tres años de silencio, Ladytron regresan con Paradises (Cooking Vinyl, 2026), un disco claramente orientado a la pista de baile. Hay ecos de los ochenta —de New Order al sonido balearic—, con pinceladas de italo disco y acid house, sin perder ese aire de ensoñación y melancolía tan propio de la banda.

El sencillo de presentación, «I Believe in You», resume muy bien lo que ofrece el álbum: un sonido que mira a lo mejor del synthpop ochentero —Depeche Mode, The Human League, OMD o Pet Shop Boys—. Electrónica elegante, atmosférica y con cierto halo misterioso, cargada de sintetizadores, armonías vocales y estribillos con gancho.

Destacan cortes como el banger «Kingdom Undersea», «Sing», la envolvente «Metaphysica», «Caught in the Blink of an Eye» o «A Death in London», que recuerda a los DM de Some Great Reward (1985). Helen Marnie, Mira Aroyo, Daniel Hunt y Reuben Wu suenan tranquilos y seguros; al fin y al cabo, son expertos en lo suyo. Paradises es el octavo disco del grupo, y pocos pueden presumir de una trayectoria tan larga y, al mismo tiempo, tan sólida, al margen de los dictados del mainstream.

A pesar de su duración —dieciséis temas—, todo un desafío en un mercado que prioriza lo inmediato y lo fácil de asimilar, la escucha no se hace pesada en ningún momento. Es cierto que parte de la crítica ha podido penalizar el disco por este motivo. Tiene sentido: estamos cada vez más acostumbrados a álbumes breves y de digestión rápida. Sin embargo, para quien disfruta de la música con calma, Paradises se vive más como una experiencia que como un simple consumo. En ese sentido, hay que reconocerle a los de Liverpool su ambición y su voluntad de ir a contracorriente. Las modas, desde luego, no son una prioridad para ellos.

Ladytron han puesto toda la carne en el asador, con hasta cinco sencillos como carta de presentación. No es casualidad: pocas veces han firmado un trabajo que baje del notable. Sorprende, de hecho, que nunca hayan gozado de mayor reconocimiento. Paradises suma otra muesca a una discografía prácticamente intachable. Un regreso que mira al pasado para sonar al futuro.



jueves, marzo 12, 2026

ATZUR: «HUMBLE» (SEAYOU RECORDS, 2026)

Cuando uno se enfrenta a Humble, el nuevo disco de Atzur, conviene tener presente que el dúo todavía está definiendo su propio territorio. Su debut, Strange Rituals (2023), ya apuntaba una dirección bastante clara: pop alternativo con ambición épica, mucha electrónica y una evidente inclinación por la intensidad emocional. Este segundo trabajo no rompe con aquella fórmula, pero sí la desarrolla con mayor seguridad y un sonido más amplio.

Incluso el propio nombre del grupo ayuda a entender su imaginario. “Atzur” remite a ese azul profundo del cielo —un concepto asociado históricamente a la pureza, la protección o la firmeza— y esa idea parece atravesar también su música: una mezcla de fragilidad y resistencia, de vulnerabilidad luminosa y pulsión épica.

El título tampoco es casual. Humble gira en torno a una idea bastante reconocible: la tensión entre mostrarse vulnerable y, al mismo tiempo, defenderse en un entorno que muchas veces empuja a lo contrario. No es un disco conceptual en sentido estricto, pero varias canciones comparten ese clima de lucha interior y de reconstrucción después del golpe.

El single de presentación «Now I’m Happy», un tema expansivo que funciona como puerta de entrada al universo del dúo. Sobre una base electrónica sólida, la canción levanta un estribillo inmediato que deja clara la intención del disco: equilibrar emoción y energía.

La canción que da título al álbum, «Humble», cambia ligeramente el tono. Aquí el grupo apuesta por un sonido más nervioso y juguetón, con una producción cercana al hyper-pop. El tema juega con cierta ironía alrededor de la idea de “ser humilde”, cuestionando las expectativas externas con un enfoque sarcástico y pegadizo.

En «Psychodrama» aparece el lado más teatral de Atzur. La producción acentúa la tensión emocional y construye una atmósfera casi cinematográfica, muy en línea con ese dramatismo que parece formar parte de su identidad desde el principio.

«Chaos» retoma la energía del disco con un enfoque más directo. Es uno de los momentos más accesibles del álbum y demuestra que el dúo sabe construir canciones que funcionan igual de bien en una escucha tranquila como en el contexto de un concierto.

En una línea similar aparece «Hate Me», uno de los singles más potentes del elepé. Aquí Atzur apuestan por un pop electrónico directo. La canción gira en torno al conflicto emocional y a esa relación complicada con la mirada de los demás: afirmarse aunque eso implique incomodar. Un tema con pegada que encaja perfectamente dentro del universo de Humble.

Hacia el final aparece «A Gentle Kind of Ruthlessness», probablemente uno de los momentos más contenidos del conjunto. Aquí bajan un poco las revoluciones y se mueven en un terreno más íntimo, con una electrónica suave que deja espacio a la voz.

Lo cierto es que estamos ante un trabajo muy convincente que confirma el enorme potencial del dúo. Humble no solo consolida su propuesta, sino que los sitúa entre los nombres más interesantes del pop alternativo nacional actual. Un elepé ambicioso, emocionante y con personalidad propia que, sin duda, merece un lugar destacado entre los mejores álbumes nacionales de 2026.



jueves, diciembre 25, 2025

DAVID BOWIE: «OUTSIDE» (BMG, 1995) (TREINTA ANIVERSARIO)

En 1995, David Bowie eligió caminar hacia las sombras en lugar de refugiarse en el resplandor de su propio mito. 1. Outside (The Nathan Adler Diaries: A Hyper-cycle) (BMG, 1995) es un laberinto sonoro donde conviven asesinos conceptuales, artistas decadentes y paisajes urbanos corroídos por la sospecha. Treinta años después, ese desconcierto sigue sonando extraño y magnético.

El regreso de Brian Eno convirtió el estudio en un territorio de exploración radical. Guitarras como cuchillas, ritmos industriales, voces espectrales: cada pista es un pasaje a un mundo donde lo hermoso y lo grotesco se confunden. Canciones como «The Hearts Filthy Lesson», «Hallo Spaceboy», «No Control», «The Voyeur of Utter Destruction (As Beauty)», «I’m Deranged» o «Strangers When We Meet» revelan a un Bowie que entiende la música como un teatro lúgubre.

No estuvo solo: Reeves Gabrels desfiguró la guitarra, Mike Garson llevó el piano al límite expresionista, Carlos Alomar sostuvo el pulso rítmico, Erdal Kızılçay aportó versatilidad instrumental y Sterling Campbell marcó el compás de un futuro distópico. Eno, además de producir, ideó trampas creativas que empujaron a todos hacia lo imprevisible.

En Outside confluyen la improvisación de la trilogía de Berlín, la crudeza industrial de los noventa, la narrativa experimental del arte contemporáneo, ecos de Damien Hirst, Burroughs y Lynch, y la disonancia jazzística de Garson. También late un diálogo con su propio pasado, reinterpretado en clave perturbadora. El resultado: un elepé excesivo, denso y fragmentado, pero también visionario y profundamente personal.

La trama de Outside se presenta como un diario de estilo cyberpunk escrito por Nathan Adler, detective de la División de Asesinato Artístico. La historia se sitúa en los últimos días de 1999, Adler investiga el asesinato ritual de una joven conocida como Baby Grace Blue, supuestamente desmembrada y convertida en una macabra obra de arte. A través de interludios y canciones, Bowie da voz tanto al investigador como a un coro de sospechosos: artistas marginales, profetas deformes y posibles verdugos. El relato nunca se ofrece completo; avanza como un mosaico roto, más cercano a una novela distópica que a un thriller convencional, donde la duda y la ambigüedad pesan más que la resolución del crimen.

El Outside Tour de 1995, junto a Nine Inch Nails como aliados, llevó a Bowie a desafiar a su público con conciertos oscuros y experimentales que confirmaron su sintonía con la vanguardia de la época. Este combinó las piezas del álbum con rescates poco habituales como Look Back In Anger, Andy Warhol, Scary Monsters (And Super Creeps) o Breaking Glass. Apenas sonaron los grandes himnos de siempre: Bowie prefirió alternar lo nuevo y lo marginal de su catálogo, subrayando que el tour era, más que un repaso de éxitos, una declaración de intenciones artísticas.

Su recepción fue ambivalente: celebrado por su audacia, cuestionado por su complejidad. En lo comercial, Outside tuvo un desempeño moderado: alcanzó el № 8 en Reino Unido y el 21 en Estados Unidos, lejos de los éxitos masivos de otras etapas, aunque con el tiempo ha ganado el peso de una obra de culto dentro de su discografía.

Tal vez por esa acogida desigual, la anunciada continuación nunca llegó a materializarse, y el artista optó por regresar en discos posteriores a un estilo más directo y reconocible.

Con motivo del 30º aniversario, Bowie vuelve a estar presente en las plataformas digitales a través de dos EPs conmemorativos. El primero, The Hearts Filthy Lesson Mix E.P., recupera y remasteriza versiones alternativas del tema junto a mezclas de Tim Simenon y un aporte inédito de Trent Reznor. El segundo, I’m Deranged E.P., incluye las célebres ediciones usadas en Carretera perdida de David Lynch y rescata la inédita Jungle Ambient Dub Mix. Estas publicaciones no solo reavivan la memoria de Outside, sino que muestran su vigencia como obra abierta a reinterpretaciones y relecturas.

Outside permanece como uno de sus discos más vanguardistas, una herida abierta en su discografía y un legado de audacia y futuros posibles. Su espíritu experimental encuentra reflejo en Blackstar (2016), igualmente arriesgado, que cierra su carrera con la misma inquietud y capacidad de sorpresa.



jueves, diciembre 18, 2025

TOM SMITH: THERE IS NOTHING IN THE DARK THAT ISN’T THERE IN THE LIGHT (PIAS, 2025)

Tras años al frente de Editors y algunas incursiones paralelas junto a Andy Burrows bajo el proyecto Smith & Burrows, Tom Smith publica su primer álbum en solitario, un trabajo breve que se escucha en un suspiro, pero deja poso. Un disco impulsado por la necesidad vital de encontrar una nueva voz artística, alejada de la inercia de la banda que lo llevó a la fama.

Se trata de un álbum reposado e intimista, claramente influenciado por Nebraska de su admirado Bruce Springsteen, donde Smith renuncia a cualquier atisbo de grandilocuencia. Durante la última década, Editors abandonó el sonido guitarrero post-punk de sus orígenes para adentrarse en territorios más electrónicos; aquí, sin embargo, el músico opta por el camino inverso: canciones desnudas, dominadas por la guitarra acústica, el piano y arreglos de cuerdas sencillos que refuerzan el carácter íntimo de la propuesta.

Los singles de adelanto ya dejaban claras las coordenadas emocionales y sonoras del álbum. Lights of New York City funciona como una postal crepuscular, con un delicado ambiente jazzístico subrayado por la presencia del saxo, mientras que Northern Line, marcada por la amistad y colaboración con Andy Burrows, incide en el tono confesional y en la calidez de los arreglos acústicos.

A ellos se suman Life Is For Living, quizá el corte más luminoso del conjunto, donde la melancolía habitual de Smith convive con una serena afirmación vital; Leave, de atmósfera contenida y casi susurrada, que profundiza en la idea de la despedida y la aceptación del cambio; y Broken Time, una de las piezas más frágiles y emocionales del disco, donde el paso del tiempo y las heridas acumuladas se convierten en eje central del relato. En conjunto, estos temas anticipan con precisión el tono otoñal, nocturno y reflexivo del elepé.

Las letras abordan la soledad, la pérdida, el amor, las dudas y las flaquezas humanas desde la perspectiva de quien se despide de la juventud con serenidad. Hay una melancolía persistente, pero también una vulnerabilidad consciente, una búsqueda interior de respuestas y una discreta esperanza en un mañana mejor. En este ejercicio de introspección, Smith recuerda por momentos al Nick Cave más reflexivo, con piezas artesanas, desnudas hasta el hueso.

There Is Nothing In The Dark That Isn’t There In The Light (PIAS) es, en definitiva, un disco valiente, publicado en la edad adecuada para hacerlo: la de una madurez artística bien entendida. Un álbum que se aleja conscientemente del sonido de Editors para ofrecer un lugar para la reflexión, donde la contención emocional se convierte en su mayor fortaleza y donde cada canción parece desarrollarse en un ambiente casi cinematográfico.

Tom Smith presentará este trabajo en directo con conciertos previstos en Lisboa, Madrid y Barcelona para abril del 2026.



viernes, noviembre 28, 2025

CRÓNICA FIRA B! 2025

Fira! B 2025 fue el latido mediterráneo de la creación contemporánea. Un punto de encuentro donde la música y las artes escénicas dialogan con el mundo, donde la tradición se reinventa y la vanguardia cobra forma.

Durante varios días, Mallorca se convirtió en un escenario abierto, un cruce de caminos donde artistas, programadores y público compartieron un mismo impulso: descubrir, experimentar y conectar. Fira! B no solo exhibió talento; lo celebró, lo impulsó y lo proyectó más allá del mar.

Esta edición miró al futuro con la energía de lo local y la visión de lo global. Una invitación a escuchar nuevas voces, a dejarse sorprender por la diversidad y a entender el arte como un territorio sin fronteras.

Primera jornada musical (jueves 6 de noviembre, Teatre Municipal Xesc Forteza)

La tarde del jueves 6 de noviembre, el Teatre Municipal Xesc Forteza acogió la primera jornada dedicada a la música dentro de Fira! B 2025. Sobre el escenario, una cuidada selección de formaciones mostró la riqueza de los sonidos vinculados al jazz y sus múltiples ramificaciones.

El evento abrió con Pere Bujosa, quien presentó una propuesta que mezcla folclore balear, jazz moderno y música electrónica. Luego actuó Carmen Vela, fusionando flamenco, swing y ritmos latinos con un enfoque jazzístico. El Cuarteto de Clélya Abraham ofreció una combinación de músicas caribeñas, de La Reunión, clásica y jazz moderno. Ovella Negra aportó una puesta en escena donde la tradición y el jazz interactuaron con un fuerte componente teatral. Finalmente, el Biel Ballester Photonic Quintet cerró la jornada con una interpretación del jazz del siglo XX, ampliando el formato manouche con trompeta y trombón para crear un sonido sofisticado sin batería.

El jazz es clásico y, al mismo tiempo, moderno. Cuna de grandes músicos, donde la improvisación constituye una parte ineludible de su esencia. Evoca clubes llenos de humo, copas de bourbon y barras solitarias. El jazz es Charlie Parker, Miles Davis, John Coltrane y Billie Holiday. Es romanticismo, bares de carretera, y sueños suspendidos en un solo interminable. Es Dean Moriarty y Sal Paradise en un Buick, devorando millas en busca del sueño americano. Es precisión, sobriedad y elegancia.

El evento continuó en el ático del Hotel Saratoga con un ambiente cercano. K12 abrió con una actuación enérgica y espontánea, resaltando la esencia del género en la proximidad con el público. Luego, The Apple Thief aportó frescura con una mezcla de soul, funk y hip hop. El cierre estuvo a cargo de Endless Trio, que presentó su elepé New Horizont en un clima íntimo marcado por un piano envolvente, poniendo un broche de calma a la jornada.

La velada evidenció la variedad inabarcable de subgéneros del jazz y la vitalidad de una escena que, partiendo de los instrumentos esenciales del género —piano, contrabajo y batería—, continúa reinventándose con creatividad.

Segunda jornada musical (viernes 7 de noviembre, Teatre Municipal Maruja Alfaro)

Al día siguiente, en el Teatre Municipal Maruja Alfaro (Mar i Terra), y en paralelo a las ponencias sobre la industria musical, actuaron Anna Colom —cantaora con influencias flamencas— y Two Little Rooms, un proyecto íntimo y delicado, cuya voz, la de Aina Zanoguera, podría encajar perfectamente en cualquier disco de dream pop de los ochenta.

Por la tarde, el resto de la jornada tuvo lugar en Es Gremi, repartida en tres salas y marcada por un notable eclecticismo. La programación incluyó a Mòpia, Pascuale Caló, Theorem of Joy, Blau Salvatge, Pedro Rosa & Lakki Patey, Kosmonauci y Roseye —en clave jazz—, así como a Tamara Kramar —soul y pop—, los potentes Cool Aid —indie rock— y los psicodélicos Brama —con una puesta en escena anfetamínica—. También actuaron Saïm y Peligro!, representantes del pop rock.

En el ámbito de la música tradicional destacó Ella Crevani, L’Aranná, Toc de Crida, Ganna —cuyo estilo evocaba a la Björk de los noventa—, Boc —new age con aires de espagueti western— y el dúo Carmen y María, que fusionó flamenco y rumba con gran acogida del público. Para cerrar, Lyras Hëll aportó un estallido de glam metal con influencias de bandas como Mötley Crüe o Poison: un desenlace tan inesperado como contundente.

Fue una jornada intensa, cargada de buena música y de estilos muy diversos que, lejos de chocar entre sí, encajaron a la perfección dentro de la propuesta del festival.

Tercera jornada musical (sábado 8 de noviembre, Motorworld)

Durante la mañana del sábado, nuevamente en el Teatre Municipal Maruja Alfaro, se celebraron nuevas ponencias sobre festivales de música y la audiencia moderna, alternadas con dos conciertos: When the Robin Sings y Anouck, ambos situados entre el folk, el formato acústico y las canciones emotivas con bonitos juegos de voces.

La siguiente parada fue en Motorworld, donde tres escenarios y una exposición de coches creaban un ambiente vibrante. Entre los vehículos destacaba un espectacular Dodge Charger del 67, capaz de eclipsar incluso a los modelos más modernos. A diferencia del día anterior, la programación musical se centró en el pop, el indie y el rock.

David Cabot abrió la jornada —el cronista aprovechó para adquirir álbum Collage en la zona de merchandising, donde se echó en falta un catálogo más amplio de los grupos participantes—. Le siguieron Alejandra Burgos Band —blues clásico—, el estupendo R&B de Miss Blanche, Komodo García con su energía discofunk y Sara Azurza aportando matices soul.

También actuaron Victoria Lerma, enérgica y rockera, O’o, Nadia Sheik y Marta Knight, dentro de coordenadas más indies; así como las jóvenes Al·lèrgiques al Pol·len, Go Cactus y Niños Raros, formaciones con influencias del pop noventero patrio.

En el terreno electrónico destacaron Jordi Maranges, Soy David Goodman y Damasso. En el caso de Soy David Goodman, una bailarina acompañó sus atmósferas de estética espacial. Damasso —mi combo favorito de todo el festival— ofreció un sonido que recordó a Tame Impala, con un estilo bailable ideal para un chill out playero. Cabe destacar el trombón, que llegaba a eclipsar la parte sintética. Impresionantes.

Y como colofón, actuaron Pau Walters i els AvantGardistas, una propuesta de hip hop con letras combativas y críticas hacia la sociedad. Igual que el día anterior, fue un cierre imprevisto.

Fira B! 2025 celebró su décimo aniversario por todo lo alto. Un festival heterogéneo, con un ambiente excelente y una organización impecable en todos los aspectos —desde el catering, los horarios de los conciertos hasta el funcionamiento de las barras—. La calidad de los grupos convirtió esta edición en una experiencia magnífica que no dudaría en repetir y que puede servir como referencia para el resto de festivales españoles. Dudo que los asistentes se sintieran decepcionados.



lunes, noviembre 24, 2025

NOEL GALLAGHER’S HIGH FLYING BIRDS: «WHO BUILT THE MOON?» (SOUR MASH RECORDS, 2017)

Who Built the Moon? (Sour Mash Records, 2017) no constituyó la reinvención sonora que muchos esperaban de Noel Gallagher. El músico, precavido como siempre, no hizo sino actualizar viejas propuestas como Fuckin’ in the Bushes (de la que Kasabian tomarían buena parte de su sonido), Setting Sun y Let Forever Be (ambas con The Chemical Brothers), aportando un empaque electrónico y psicodélico acorde a aquella etapa de su carrera. En cualquier caso, si hubiera abandonado el estilo clásico que lo caracterizaba, le habrían llovido críticas por todas partes. El público y los medios, independientemente de la calidad de su trabajo, siempre encontraron motivos para protestar. Los dos primeros elepés de Oasis dejaron una huella tan profunda que ninguno de sus miembros pudo desmarcarse de ellos por mucho que lo intentara. Los fans seguían esperando himnos como Supersonic, Wonderwall, Cigarettes & Alcohol o Don’t Look Back in Anger. Seamos realistas: los buenos y viejos tiempos no volvieron.

Gallagher comentó en entrevistas que el productor David Holmes lo obligó a trabajar desde cero en el estudio; nada de rescatar canciones antiguas que no habían visto la luz. A pesar de la larga lista de colaboradores y músicos de sesión, el disco destacó por su propuesta compacta: luminoso, pegadizo y con grandes estribillos. Todos los cortes rayaron a gran altura y no aburrieron en ningún momento. «Holy Mountain» funcionó como carta de presentación: saxos, glam, surf de la Costa Oeste, coros infecciosos y Paul Weller al órgano. Un caballo ganador desde la primera escucha; aires setenteros que encajaron perfectamente en la obra del mancuniano. El sencillo definió lo que el público encontraría en el nuevo trabajo de los High Flying Birds.

«It's a Beautiful World» fue una de las mejores canciones del álbum: bailable y jovial, con recitado francés incluido, remitía a los años noventa cuando la cultura dance dominaba las listas británicas. Contó con un estribillo irresistible y una atmósfera festiva propia de New Order. «Fort Knox» funcionó como extensión de Fuckin’ in the Bushes: comenzaba con una alarma y un sintetizador ominoso para desembocar en una sección rítmica atronadora, coros y guitarras afiladas. Un mantra lisérgico que recordó a piezas de Primal Scream. Ideal para la vuelta a casa cuando la rave fue un fracaso y se necesitaban estímulos para contrarrestar la mala química en el cuerpo.

«Keep on Reaching» pudo haber encajado en Dig Out Your Soul (2008): sección rítmica urgente, piano, cuerdas, voces femeninas. El tema más rockero del disco, con sabor soul, en el que Gallagher puso toda la carne en el asador como cantante. «She Taught Me How to Fly» tuvo madera de clásico: nuevamente regresábamos a las pistas de baile, entre luces estroboscópicas y humo de hielo seco. Coros efectivos y un estribillo demoledor. Madchester siguió con vida. «Be Careful What You Wish For» bebió sin tapujos de Come Together de The Beatles. Pulso blues, coros, puente con teclados y tempo incisivo. Muchos le reprocharon dejarse influenciar (una vez más) por la banda más famosa de todos los tiempos. ¿Acaso eso suponía una novedad a esas alturas de su carrera?

«Black & White Sunshine», jangle pop con sección de vientos, remitió —como «Holy Mountain»— a los Beach Boys. Quizá fuera el tema más asequible del álbum. Riff de guitarra efectivo, estructura circular y fondo surfero. Los instrumentales «Interlude (Wednesday Part 1)» y «End Credits (Wednesday Part 2)» sirvieron como puente y despedida del disco. Piezas tranquilas y atmosféricas, con cierto aire melancólico, que no aportaron gran cosa al elepé. Un recurso utilizado, por cierto, en el célebre (What’s The Story) Morning Glory (1995). «If Love Is the Law» contó con guitarra y armónica de Johnny Marr. Colaboración de lujo que, igual que la de Weller, demostró que Gallagher estaba muy bien conectado en el mundo discográfico. Rock de toda la vida, aunque en este caso la producción llegó a saturar hasta el punto de que el trabajo de Marr no se apreciaba en su esplendor. Como despedida, la orquestal «The Man Who Built the Moon» resultó tan grandilocuente que podría haber pertenecido a Be Here Now (1997). A diferencia de los temas de aquella época, la megalomanía inducida por la cocaína no apareció. El corte, que no superó los cinco minutos, se escuchó con agrado.

Who Built the Moon? recibió críticas muy positivas y, con razón, fue considerado el mejor trabajo de los High Flying Birds. Gracias al Black Friday, vendió una cantidad generosa de ejemplares en Inglaterra. Noel Gallagher jugó bien sus cartas al despachar una propuesta a la altura de As You Were (2017) de Liam. El punto justo entre nostalgia, clasicismo y experimentación. Transitó caminos ya recorridos, pero aportó un empaque sonoro que lo hizo parecer novedoso. Comparar ambos trabajos —publicados casi en las mismas fechas— fue inevitable. Los hermanos Gallagher ya no competían contra Blur en las listas; ahora lo hacían entre ellos mismos. Poco había cambiado desde antaño y, para bien o para mal, seguía resultando estimulante.

Mientras tanto, tras años de rumores, desavenencias y comentarios ácidos en las redes sociales, Oasis finalmente regresó a la carretera con una gira que ha batido récords y que, tras conquistar estadios en todo el mundo, llegó a su fin hace apenas hace unas horas. 




sábado, noviembre 22, 2025

BUNBURY: «EXPECTATIVAS» (WARNER MUSIC, 2017)

Hasta la llegada de Expectativas (Warner Music, 2017), la carrera de Bunbury había sido tan variada y prolífica como tenía acostumbrados a sus seguidores. En aquellos años publicó tres álbumes de estudio: Las consecuencias (2010), Licenciado Cantinas (2011) y Palosanto (2013); además de los directos Gran Rex (2011), Madrid, Área 51 (2014), Hijos del pueblo (2015) —en colaboración con Andrés Calamaro— y MTV Unplugged: El libro de las mutaciones (2015), junto con el documental El camino más largo (2016).

Independientemente de la consistencia de cada giro estilístico de su trayectoria, nadie podía negar al maño su amor por la música, su afán por experimentar nuevas texturas y su disposición a arrojarse al vacío. Ese espíritu mutable había descolocado al público desde Radical Sonora (1997), donde abrazaba la electrónica, las cajas de ritmos y la música árabe. Entre lo sublime (Lady Blue) y lo dudoso (Hay muy poca gente), la sombra de Héroes del Silencio seguía proyectándose incluso en la actualidad.

Al igual que Loquillo, Santiago Auserón, Jaime Urrutia o Calamaro, Bunbury demuestra ser un músico ajeno a los dictados del mercado, a las radiofórmulas y a las exigencias de las discográficas. Su meta es la superación y la autenticidad, no la venta masiva de discos ni el llenado de recintos. Quizá por eso orienta su carrera hacia el mercado latino, donde siempre ha sido mejor valorado que en España.

Junto a Los Santos Inocentes, la formación que lo había acompañado durante los últimos años tanto en estudio como en la carretera, Expectativas se presentó como un trabajo que se desmarcaba de sus recientes incursiones latinas para abrazar un espíritu glam que evocaba a Bowie —una de sus mayores influencias—. Lo hacía a través de canciones cargadas de contenido social, compromiso, pesimismo y actitud combativa. Era la extensión lógica de temas que ya había explorado anteriormente en elepés como Avalancha (1995), El viaje a ninguna parte (2004) o el mesiánico Palosanto.

Lanzados como sencillos, «La actitud correcta» —ácido ataque al postureo y a los aires de estrella de algunos compañeros de profesión, plenamente aplicable a la escena indie patria— y «Parecemos tontos» —un medio tiempo dylaniano con letra reivindicativa— definían perfectamente el núcleo lírico del disco. «La ceremonia de la confusión», la bailable «En bandeja de plata» y «Lugares comunes, frases hechas» podían considerarse los temas más críticos del álbum. En cambio, «Cuna de Caín» —que los medios se empeñaron en asociar con el conflicto catalán, algo que el zaragozano desmintió repetidamente—, «Supongo» —amarga y esperanzada a la vez— y «La constante» —una balada romántica dedicada a su esposa Jose Girl— mostraban su faceta más sensible y reflexiva. Por primera vez en mucho tiempo sobraron las estridencias vocales: el tono se ajustó a las necesidades de cada tema. Bunbury no sintió la necesidad de sobresalir por encima de sus músicos.

Llegados a este punto, hubo que destacar también el gran trabajo de Santiago del Campo: su saxo apareció prácticamente en todas las canciones, enriqueciendo un disco que contó con una producción excelente, variada y madura, sin altibajos y, a diferencia de anteriores elepés, nunca monótona. «Bartleby (mis dominios)», « Al filo de un cuchillo» —la pieza más oscura del álbum, marcada por la tensión entre culpabilidad, dolor y placer— y la nihilista «Libertad» mostraron el lado más rebelde e inconformista del músico.

Para entonces habían pasado veinte años de constante reinvención desde su primer disco en solitario. Bunbury entregó con Expectativas su mejor trabajo desde Las Consecuencias y, por extensión, uno de los más sólidos de su dilatada trayectoria discográfica. Un verso quedó para el recuerdo: «La calle va por dentro y no tienes ni puta idea de rock and roll». ¿Alguien se atrevió a llevarle la contraria?



martes, noviembre 18, 2025

GARBAGE: «STRANGE LITTLE BIRDS» (STUNVOLUME, 2016)

Tras la fría acogida de Not Your Kind of People (2012), parte de la crítica no tuvo más remedio que rendirse ante la calidad del nuevo trabajo de Garbage. La banda, encabezada por Shirley Manson, entregó un álbum dirigido a su núcleo más fiel, dominado por baterías programadas, riffs incisivos y densas bases industriales. La voz de la escocesa, áspera y sin grandes arreglos, alternaba entre rabia, tristeza, sensualidad y desesperación. Strange Little Birds (Stunvolume, 2016) tenía poco que envidiar a las viejas glorias de los noventa en las que la prensa y los fans parecían haberse quedado estancados. ¿Tan difícil era disfrutar del presente y evitar comparaciones odiosas?

La vuelta de Garbage no fue una maniobra de marketing destinada a engrosar las arcas del grupo, sino un paso necesario para la dinámica interna de sus miembros tras una etapa de distancia y reflexión. La mejor prueba es que, desde entonces, han seguido publicando material con regularidad, realizando giras y encabezando festivales. El combo no ha perdido ni un ápice de la rebeldía, la actitud y el compromiso de antaño. Basta con leer las declaraciones de Manson en los últimos meses: la cantante continúa plantando cara al sistema y, sobre todo, a la industria musical. Al fin y al cabo, Garbage siempre han sido —y serán— unos outsiders.

«Empty» (primer corte destinado a las radiofórmulas) había servido como avanzadilla de un álbum cuya secuenciación arrancaba despacio (con medios tiempos y baladas como la orquestal/industrial «Sometimes») y reservaba sus temas más potentes para el final. «Blackout» era una de las mejores composiciones de la historia del grupo, con su atmósfera opresiva, bajo pesado y un destacable juego de voces. «If I Lost You», al igual que «Teaching Little Fingers to Play» y «Amends», recordaban a los U2 de la etapa Achtung Baby (1991) gracias a unos cuidados arreglos, sintetizadores envolventes y lírica melancólica. La cinemática «Night Drive Loneliness» destacaba por sus teclados, estribillo y sensación de nocturnidad, abandono y liberación, al igual que el segundo sencillo, la asfixiante «Even Though Our Love Is Doomed», que avanzaba en crescendo con su piano y sonido perlado de ecos hasta un amargo colofón.

Por último, «Magnetized» (quizá la más explosiva de todo el trabajo), «We Never Tell» (con un sonido próximo a Nine Inch Nails) y «So We Can Stay Alive» (con un final de pura distorsión) resultaban crudas y enérgicas; ideales para haber sido interpretadas en directo junto a sus clásicos noventeros. Garbage consiguió un trabajo descarnado, oscuro y experimental, en el que la electrónica brilló por encima de las guitarras, consolidando una nueva piedra angular dentro de su discografía reciente. Todo un logro tras una carrera tan extensa.



viernes, noviembre 14, 2025

WHITE LIES: «NIGHT LIGHT» (PIAS, 2025)

White Lies regresan a la actualidad musical con Night Light (PIAS), que continúa la estela de sus últimos trabajos, en los que predominan las atmósferas sintéticas deudoras de los ochenta.

El primer adelanto, «Nothing On Me», abre el disco con energía: una canción que recuerda a los primeros tiempos del grupo, antes de que la electrónica se convirtiera en la base de su propuesta.

«All The Best», «I Just Wanna Be One Time» y «Going Nowhere» —estas dos últimas con un saxo como colofón— son los temas más rockeros, grabados a la antigua usanza. «Everything Is OK», en la que Harry McVeigh adopta un tono crooner inédito en su registro, se erige como la balada por excelencia del álbum.

«Keep Up» e «In The Middle», accesibles e inmediatas —siempre bajo el prisma característico de la formación—, fueron lanzadas como sencillos. Ambas piezas cuentan con teclados, ritmos pegadizos y la batería precisa como un metrónomo de Jack Lawrence-Brown.

«Juice» —con el bajo prominente de Charles Cave— y «Night Light» —cuyo epílogo roza la pista de baile— remiten a su debut, a temas como To Lose My Life o Farewell to the Fairground, respectivamente. Más que nostalgia o repetición, un guiño para los fans.

Hace años que White Lies abandonaron el sonido post-punk primigenio, cuando la influencia de Joy Division era notable en su propuesta, a favor de un estilo más synth pop, al modo de Orchestral Manoeuvres in the Dark o Ultravox. Resulta curioso que una década tan denostada a nivel musical en el imaginario colectivo continúe siendo predominante en bandas actuales como The Killers, Editors, Muse o los propios británicos. Hasta la portada —sobria y elegante— remite a los creadores de Vienna.

En esta ocasión, tal como han declarado en entrevistas, prefirieron trabajar los temas en vivo antes de entrar al estudio: una rara avis en su forma habitual de proceder. Puede que por ello el álbum suene directo, sin grandes sobreproducciones, con espíritu de local de ensayo. Paisajes nocturnos con vocación cinematográfica, entre lluvia y luces de neón. Letras que hablan sobre el paso del tiempo, las emociones, el amor y la muerte, tal como siempre ha sido el imaginario de la banda. En cuanto al sonido: amplio, espacioso, con vibrantes suites en las que demuestran su pericia como músicos. Al fin y al cabo, llevan casi veinte años de carrera.

Night Light se suma como un nuevo acierto en la discografía de White Lies, un álbum pensado para brillar también en vivo. Un eslabón más en una trayectoria honesta, fruto del trabajo constante y la perseverancia.



jueves, noviembre 06, 2025

GARY NUMAN: «SAVAGE (SONGS FROM A BROKEN WORLD)» (BMG, 2017)

Ambientado en un mundo postapocalíptico destruido por el calentamiento global, Savage (Songs from a Broken World) (BMG, 2017) recordaba, en concepto, al lejano Warriors (1983), pero con una estética que, en lugar de beber de Mad Max, se inspiraba en Dune de Frank Herbert. Según declaraciones oficiales del propio Numan, las letras del disco estaban basadas en una novela de ciencia ficción de corte distópico que nunca llegó a finalizar.

«Ghost Nation» abría el disco con polvo, sintetizadores, una base rítmica pesada, un estribillo demoledor perfecto para corear en los conciertos y la imagen de los supervivientes del holocausto luchando por sobrevivir entre las ruinas azotadas por implacables tormentas de arena.

«Bed of Thorns» —aparecida en versión demo en la banda sonora de Ghost In Shell— contaba con trenzados arábigos, coros femeninos y colchones de sintetizadores. La espléndida «My Name Is Ruin» es uno de los mejores sencillos que ha publicado Gary Numan a lo largo de su dilatada andadura discográfica. Presentaba estupendas guitarras y un tempo avasallador. En el videoclip de ambientación futurista destacaba la presencia y los coros de su hija Persia. Uno de los momentos más esperados de la gira fue cuando la joven subía al escenario para acompañar a su padre en las voces. Un tema a la altura de caballos de batalla como Down in the Park, la emblemática Cars o Are 'Friends' Electric?.

«The Ends of Things» comenzaba con tranquilidad, cuerdas y un coro épico en el que la canción demostraba todo su potencial. «And It All Began with You» era una balada en la que la voz asumía el protagonismo absoluto. La forma de cantar del británico recordaba a Wicked Game de Chris Isaak. Poseía un evocador trabajo en los teclados y una letra conmovedora que trataba sobre el temor de perder al ser amado, probablemente inspirada en su esposa.

Llegados al ecuador del álbum, cabía enfatizar el sonido limpio, atmosférico y cristalino cortesía de Ade Fenton, mano derecha de Numan desde mediados de la década pasada, con quien grabó algunas de las piezas más notables de su carrera. A diferencia de los ochenta, cuando producía sus propios álbumes, el británico encontró en Fenton a una persona de confianza en la que pudo delegar tal responsabilidad.

«When the World Comes Apart» destacaba por su melodía potente, furiosa y bailable en la que la electrónica y las guitarras encajaban a la perfección. «Mercy» era la pieza que más debía a Nine Inch Nails: un medio tiempo puramente industrial que daba paso a «What God Intended», una amarga balada de letra melancólica en la que los sintetizadores llevaban el peso del tema.

«Pray for the Pain You Serve», la canción más rápida del álbum, preparaba al oyente para la despedida: «Broken» era otro tema con influencias arábigas, con una imaginativa introducción y un gran trabajo en los teclados, que servía para cerrar un disco sin fisuras. La voz de Numan se convertía en un instrumento más durante todo el elepé; se adaptaba a la perfección con su timbre cálido y maduro.

Savage (Songs from a Broken World) fue un trabajo que continuó la estela del notable Splinter (Songs from a Broken Mind) (2013), llegando incluso a superarlo en muchas ocasiones. El elepé fue un éxito de público y crítica, alcanzó el Nº2 en los charts británicos —su posición más alta desde Telekon (1980)—. Numan aunó los sintetizadores de su sonido clásico con la música que realizaba en ese momento para satisfacer a sus incondicionales. El estilo oscuro que lo caracterizaba permaneció inalterable. Todo un logro después de una carrera tan larga.



domingo, noviembre 02, 2025

FLORENCE + THE MACHINE: «EVERYBODY SCREAMS» (POLYDOR RECORDS, 2025)

Florence + The Machine regresa con Everybody Screams (Polydor, 2025). Al igual que PJ Harvey en sus últimos trabajos, la británica construye aquí un universo fascinante que se mueve entre la lucha, la resignación y el dolor de la pérdida. No olvidemos que, como ella misma ha confesado, un aborto fue el catalizador del álbum: una experiencia límite que la empuja a enfrentarse —y trascender— sus propios traumas.

El disco se abre con «Everybody Screams», buque insignia del proyecto. Con su madera de himno y un estribillo tan extraño como hipnótico, el tema marca el tono emocional del álbum. En su videoclip, Florence se muestra sensual, dominante, casi ritual: una presencia magnética que no habíamos visto con esa fuerza hasta ahora.

«One of the Greats», acústica y reivindicativa, destaca como una de las piezas más potentes del elepé. En ella, Welch lanza una crítica directa a la industria musical y a los mitos de la grandeza. Por su parte, «Music by Men» apunta con precisión contra quienes controlan el sistema desde las sombras.

Con «Witch Dance», la artista recupera su característico recitado casi operístico, mientras juega con cambios de ritmo y atmósferas en constante transformación. En «Sympathy Magic», el protagonismo lo toma la electrónica: feminidad, mortalidad y sanación se funden en una espiral luminosa.

«Kraken» emerge como uno de los momentos más intensos del disco: una tormenta sonora donde los tambores y los coros evocan un monstruo marino interior, símbolo de la furia y la liberación. En «The Old Religion», Welch se sumerge en un paisaje de rituales antiguos y espiritualidad pagana, rescatando el poder de lo femenino a través de la mitología y la religiosidad. «Drink Deep» actúa como una plegaria —un canto al renacimiento tras el caos—, donde la voz de Florence se vuelve casi litúrgica sobre un fondo de cuerdas y sintetizadores envolventes.

El álbum destila una atmósfera sacra, casi medieval. Hay reminiscencias del mundo antiguo, de lo profano, de aquellas hechiceras que danzaban alrededor del fuego. Magia y espiritualidad, dolor y sacrificio. Un subtexto gótico que aporta profundidad en tiempos de frivolidad absoluta. Entre los colaboradores figuran James Ford, Mitski, Aaron Dessner, Mark Bowen, Danny L. Harle y Dave Bayley —una alineación que confirma la ambición del proyecto. La portada lo resume todo: un parto tan doloroso como liberador. No es una imagen vulgar ni calculada para el impacto; Florence, a diferencia de tantas estrellas del pop contemporáneo, transforma la exposición en arte y la vulnerabilidad en poder.

En el medio tiempo «Perfume and Milk», Florence brilla en su interpretación vocal; mientras que «Buckle» se levanta como una confesión íntima sobre la necesidad y la entrega. «You Can Have It All» ofrece un respiro melódico, un himno de aceptación y entrega absoluta que suaviza el dramatismo sin perder intensidad emocional.

Por último, «And Love» cierra el álbum como un suspiro final: una balada desnuda, vulnerable, que condensa la esencia del disco —el amor como herida, como motor, como redención.

Everybody Screams es uno de los trabajos más personales de Florence Welch: una obra en la que la catarsis es el único camino posible para seguir adelante. Más que una cantante pop, Florence se erige —como Kate Bush o Stevie Nicks— en una artista total, con una visión singular sobre la vida, los sentimientos y la espiritualidad. El resultado es un álbum de profundo carácter acústico, con resonancias folk al estilo de Joni Mitchell, pero siempre desde el inconfundible universo de la británica.

A diferencia de su predecesor Dance Fever (2022), cuyo concepto se diluía entre altibajos, Welch pule aquí todas las aristas para entregar un trabajo sólido, honesto y sin fisuras. En Everybody Screams, cada grito es una forma de renacer.



viernes, octubre 31, 2025

NICK CAVE & THE BAD SEEDS: SKELETON TREE (BAD SEED, LTD, 2016)

Nick Cave es un artista polifacético que ha incursionado en todo tipo de disciplinas: bandas sonoras, novelas, obras de teatro, lecturas poéticas, colaboraciones musicales, guiones de cine, proyectos paralelos a los Bad Seeds (Grinderman) y actuación. Era inevitable que una tragedia familiar de semejantes proporciones —la muerte de su hijo Arthur en un accidente— condicionara su nuevo trabajo.

Cave decidió no ofrecer entrevistas; por consiguiente, el documental One More Time With Feeling de Andrew Dominik (El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford, 2007), en el que se mostró la grabación del disco, fue el complemento perfecto para aclarar cualquier duda a los curiosos, periodistas y fieles seguidores. Durante toda la película, el australiano, su esposa y la formación se mostraron sensibles y comedidos; apenas mencionaron el nefasto suceso para no proporcionar carnaza a los titulares amarillistas.

La seminal portada resultó un pequeño anticipo de lo que se encontraba en su interior. «Jesus Alone», primer single del álbum, con su austero videoclip en blanco y negro, marcó la pauta del sonido de Skeleton Tree (Bad Seed Ltd., 2016): ominoso, crudo y minimalista. La voz de Cave sonó descarnada en todos los cortes, como si al australiano apenas le quedaran fuerzas para cantar. Este se mostró frágil, íntimo y vulnerable frente al desconocido que lo observaba reflejado en el espejo. No quedó lugar para personajes ni artificios; Cave y sus sentimientos fueron los protagonistas absolutos. Un crooner salido de los infiernos cuyas letras mostraron imágenes bíblicas congeladas en un momento perpetuo de angustia, culpabilidad y desesperación.

Al igual que el laureado Push the Sky Away (2013), la música fue reducida a su mínima expresión: piano, sintetizadores fantasmales, tenues líneas de bajo, arreglos de cuerdas, loops, melodías rotas, electrónica y una percusión carente de peso. Aunque el grupo había comenzado las sesiones el año anterior, el fallecimiento del gemelo dio forma al disco tal como lo conocimos. Desde la partida de Mick Harvey, Warren Ellis se convirtió en el director musical de la banda. Lejos de cualquier estridencia, las guitarras desaparecieron, cediendo el protagonismo a atmósferas sobrevoladas por la mórbida tristeza que recorrió cada surco del álbum.

Además de «Jesus Alone» y la estremecedora «I Need You» (en la que el músico se entregó por completo), destacaron «Distant Sky», con sus aires de iglesia y coros cortesía de la soprano Else Torp, la claustrofóbica balada «Girl in Amber», la espectral «Magneto» y el resignado tema que tituló el álbum, que dejó una puerta abierta a la esperanza; un frío resquicio de luz en un camino velado por las tinieblas.

Sin duda, Skeleton Tree fue uno de los elepés más arriesgados y personales de Nick Cave —junto a The Good Son (1990) y The Boatman’s Call (1997)— en el que desnudó su alma rota sin pudor, ofreciendo sus demonios, temores y miserias al público. Un ejercicio de catarsis convertido en arte que narró la pérdida de la fe, el dolor y la redención. Este pudo haber aprovechado el morbo inherente de su situación para componer un tema apto para las radiofórmulas (Tears in Heaven de Eric Clapton sería un buen ejemplo), pero, a diferencia de otros artistas, ignoró la ocasión de lucrarse a favor de la autenticidad. Por una extraña ironía del destino, tal como sucedió con Blackstar de Bowie, su trabajo menos asequible se convirtió en un éxito que superó a nivel comercial a la mayoría de sus anteriores elepés. Ello demostró que músicos llegados a una edad madura como Alice Cooper, Neil Young, Iggy Pop, Van Morrison, Bob Dylan o Tom Waits siguieron publicando álbumes que corroboraron su talento.

La escucha del disco pudo resultar una experiencia perturbadora. Skeleton Tree fue un álbum de duelo no apto para todos los públicos, ideal para la soledad del hogar. Un amargo obsequio para los fanáticos del australiano, con los que compartió la pérdida que motivó la creación de otra singular obra maestra dentro de su fascinante discografía. Nick Cave no solo transformó el dolor en música, sino que también reafirmó su lugar como uno de los artistas más sinceros y trascendentes de su generación, capaz de convertir la tragedia en una forma de belleza profundamente humana.



jueves, octubre 30, 2025

MY MORNING JACKET: «Z» (20TH ANNIVERSARY DELUXE EDITION) (ATO RECORDS, 2025)

En su cuarto álbum, My Morning Jacket se aisló en los estudios Allaire, situados en las montañas Catskill. John Leckie (The Stone Roses, The Verve, Radiohead) se encargó de la producción, llevando el trabajo del grupo a otro nivel. Country, rock, pop, reggae, dub, psicodelia y electrónica fluyen con naturalidad en una serie de canciones perfectamente medidas, aptas para todos los públicos, en las que los teclados jugaron un papel protagonista por primera vez.

Temas como «Wordless Chorus», «Off the Record», «Gideon», «It Beats 4 You» o «Lay Low» poco tienen que ver con la obra anterior de My Morning Jacket. Todo está envuelto en una niebla otoñal y misteriosa que recuerda a los R.E.M. sureños de Fables of the Reconstruction (1985). Imágenes religiosas, amor y redención sobrevuelan muchas de las letras. Lo mundano y lo espiritual: los dos grandes pilares del blues o de la música country. El espacio exterior convive con las carreteras polvorientas de Kentucky. La evolución de la banda resulta tan notable que parece otra. La voz de Jim James alcanza nuevas cotas de expresividad, elevándose sobre el resto de los músicos para lograr un merecido protagonismo.

The Flaming Lips, Wilco, Drive-By Truckers, The National... En 2005 ningún combo se parecía a los de Louisville. La crítica —Rolling Stone, Q, NME, Mojo— fue unánimemente positiva, con calificaciones de entre cuatro y cinco estrellas, y lo consideró una obra maestra. Fue elegido uno de los mejores discos de aquel año. A partir de entonces, el grupo continuaría trabajando de esta forma: sonido monumental, grandes melodías, pop con influencias setenteras y reverberación —antiguo efecto marca de la casa— prácticamente nula.

Además de la consabida remasterización de las cintas originales, la edición del vigésimo aniversario incluye 14 pistas extra: outtakes, caras B —«Chills» y «How Could I Know (Oxen)» — y demos. La banda ha publicado dos temas para promocionarlo: «Where to Begin», grabado para Elizabethtown (2005), y «The Devil's Peanut Butter».

A día de hoy, el álbum continúa considerado uno de los mejores de My Morning Jacket: una mezcla entre clasicismo, experimentación y talento artístico. Su sombra fue tan alargada que se convirtió en el barómetro con el que se mediría el resto de su producción discográfica. El eco de Z aún resuena, recordándonos que las joyas musicales no envejecen: se expanden con el tiempo.