Después
de tres años de silencio, Ladytron regresan con Paradises (Cooking Vinyl, 2026), un
disco claramente orientado a la pista de baile. Hay ecos de los ochenta —de New
Order al sonido balearic—, con pinceladas de italo disco y acid house, sin
perder ese aire de ensoñación y melancolía tan propio de la banda.
El
sencillo de presentación, «I Believe in You», resume muy bien lo que ofrece el
álbum: un sonido que mira a lo mejor del synthpop ochentero —Depeche Mode, The
Human League, OMD o Pet Shop Boys—. Electrónica elegante, atmosférica y con
cierto halo misterioso, cargada de sintetizadores, armonías vocales y
estribillos con gancho.
Destacan
cortes como el banger «Kingdom Undersea», «Sing», la envolvente
«Metaphysica», «Caught in the Blink of an Eye» o «A Death in London», que
recuerda a los DM de Some Great Reward (1985) Helen Marnie, Mira Aroyo,
Daniel Hunt y Reuben Wu suenan tranquilos y seguros; al fin y al cabo, son
expertos en lo suyo. Paradises es el octavo disco del grupo, y pocos
pueden presumir de una trayectoria tan larga y, al mismo tiempo, tan sólida, al
margen de los dictados del mainstream.
A
pesar de su duración —dieciséis temas—, todo un desafío en un mercado que
prioriza lo inmediato y lo fácil de asimilar, la escucha no se hace pesada en
ningún momento. Es cierto que parte de la crítica ha podido penalizar el disco
por este motivo. Tiene sentido: estamos cada vez más acostumbrados a álbumes
breves y de digestión rápida. Sin embargo, para quien disfruta de la música con
calma, Paradises se vive más como una experiencia que como un simple
consumo. En ese sentido, hay que reconocerle a los de Liverpool su ambición y
su voluntad de ir a contracorriente. Las modas, desde luego, no son una prioridad
para ellos.
Ladytron
han puesto toda la carne en el asador, con hasta cinco sencillos como carta de
presentación. No es casualidad: pocas veces han firmado un trabajo que baje del
notable. Sorprende, de hecho, que nunca hayan gozado de mayor reconocimiento. Paradises
suma otra muesca a una discografía prácticamente intachable. Un regreso que
mira al pasado para sonar al futuro.
