jueves, junio 13, 2024

RESEÑA «TUMBA DE GRAVEDAD», CORTESÍA DE TRABALIBROS

A finales de los noventa, el Reino Unido vivió una etapa de efervescencia cultural y musical propiciada por las drogas de diseño y la búsqueda de libertad. Hastiados de la política represora de Margaret Thatcher, en un acto de rebeldía, los jóvenes ingleses invadieron los clubs y organizaron fiestas ilegales al aire libre.

Tumba de gravedad, de Alexis Brito Delgado, está ambientada en aquella etapa de hedonismo y desenfreno conocida como El segundo verano del amor. Los protagonistas —cuatro amigos que deciden pasar un fin de semana de raves— representan un retrato de la juventud de entonces: divertidos, lúbricos y desencantados del sistema capitalista que solo quiere laminar a sus habitantes.

Con grandes dosis de humor negro, cinismo e irreverencia, a través del narrador del que nunca llegamos a conocer su nombre, Brito relata los acontecimientos de la noche; la misma que los cambiará para siempre. La obra funciona a dos niveles: el primero, una ácida crítica al modo de vida británico y el estudio de una sociedad sumisa y complaciente; y el segundo, una mirada introspectiva sobre las emociones del protagonista, el anhelo de escapar de una existencia que aborrece, la relación con sus compañeros de juerga y el efecto del éxtasis sobre su personalidad. 

Un fragmento de la novela que ejemplifica las reflexiones del narrador:

«La vulgaridad y la hipocresía eran la moneda de cambio en un mundo que se jactaba de abrazar lo nuevo y dejar atrás todo lo inservible. Aquello, cosa que no tardé demasiado en descubrir, era una terrible mentira. De haberlo querido, con aceptar los designios de la mayoría habría sido admitido como uno más. Me negué rotundamente y elegí mi camino. Me aferré a mis aficiones, a la música en general, para formar mi personalidad. Me enorgullecía saber que me había hecho a mí mismo, en todos los sentidos, como un superhombre nietzscheano. Logré escapar de la tontería de mi familia, de la estrechez de miras de mis vecinos, de la mediocridad de mis profesores, compañeros del colegio e instituto. Fui firme, no cedí en ningún momento, a pesar de que todo estaba en mi contra».

Entre alcohol, todo tipo de sustancias ilegales y un burlón análisis del mundo nocturno, destaca el gurú del grupo —el Terence McKenna de la pérfida Albión— Spike: un alma errante inmerso en el lado salvaje de la vida que, gracias a la química, ha ampliado los horizontes espirituales de —tal como se denominan a ellos mismos— Los cuatro jinetes del Apocalipsis.

La música, como no podía ser de otro modo, es un personaje más de la obra. Como si se tratara de una película, las canciones de las bandas más emblemáticas de la Movida Madchester The Stone Roses, Happy Mondays, The Charlatans, Primal Scream, The Soup Dragons, Inspiral Carpets y The Verve— nos acompañan mientras transcurre la historia. El Britpop se encontraba a la vuelta de la esquina dispuesto a arrasar en las listas de ventas de Inglaterra.

Aunque las comparaciones resulten odiosas, Tumba de gravedad es un viaje iniciático al estilo de El guardián entre el centeno que, a diferencia del clásico de J. D. Salinger, resulta mucho más desolador: el mundo no ofrece demasiadas expectativas, el futuro está agotado y la sociedad implacable aniquila a los débiles. En especial, los sueños y ambiciones del narrador, cuya máxima aspiración es escribir un libro que refleje las vivencias que ha experimentado. A pesar de ello, siempre quedará un resquicio de esperanza al final del túnel.

Tumba de gravedad es una novela cruda y arriesgada: cuenta con una prosa electrizante, una exhaustiva labor de investigación y una serie de personajes atípicos en un mercado editorial que busca lo “políticamente correcto” para agradar a todos los públicos. Sin un ápice de nostalgia, nos sumerge en una etapa en la que los jóvenes pensaban que iban a conquistar el planeta. Por desgracia para ellos, tal como sucedió con otros movimientos musicales del pasado, Madchester tuvo las horas contadas.