domingo, marzo 15, 2026

ENTREVISTA A CLAUDIA TOMÀS: «YEARNINGS OF MODERN LIFE [EP]» (2025)

Claudia Tomàs Ricketts, cantante y compositora mallorquina, debuta con su primer EP Yearnings of Modern Life, una obra que fusiona pop, soul, folk y jazz. Tras años de formación y búsqueda personal, Claudia presenta un sonido íntimo y honesto que reflexiona sobre los anhelos y contradicciones de la vida moderna. Grabado en directo junto a destacados músicos en Alquimia Records, su trabajo marca el inicio de una prometedora etapa creativa.

¿Qué fue lo que finalmente te impulsó a dar el paso de dejar la timidez atrás y empezar a compartir tu música con el mundo?

Fue gracias a tener buenos amigos, que resultan ser también buenos músicos. Me animaron a hacer algo con esas ganas y, además, quisieron acompañarme en ello. Me lo pusieron súper fácil y coincidimos en gustos, ilusión y en querer dedicarnos tiempo para montar un proyecto.

De casualidad me escucharon cantar en una reunión de amigos durante las fiestas de Navidad del pueblo y, con la soltura de unas copas de más, fue como empezó todo :D

En tu biografía se menciona ese periodo de pausa, introspección y formación: ¿qué aprendiste de ti misma durante ese tiempo y cómo ha influido en tu música?

Llegó un punto en el que me sentí frustrada con el trabajo en equipo. Lo que empezó como un proyecto de versiones fue mutando hacia un proyecto de composiciones propias. Estuvimos durante varios años intentando construir juntos un álbum, pero había falta de compromiso y cada uno parecía remar en direcciones diferentes.

El sueño de poder escribir canciones de una manera más autónoma se me hizo de repente muy urgente, porque, aunque ya escribía, me limitaba a la letra y la melodía, sin acompañamiento instrumental. Así que empecé por fin estudios de manera más formal y estructurada: teoría musical, lenguaje, guitarra y canto.

Me enfrenté a sentirme más intrusa que nunca, a pensar que no iba a llegar o que, si llegaba, iba tarde… y, con cada pasito, de repente, como por arte de magia, mi enfoque cambió. Dejé de sentir esa prisa, aprendí a disfrutar del proceso sin presionarme y empecé a abrirme, compartiendo lo que componía sin miedo a las opiniones ajenas.

Fue un proceso realmente bonito, porque me permití por fin expresarme y disfrutarlo a la vez. Se fue disipando el miedo a que fuera o no suficientemente bueno, y también el apuro de compartir sentimientos o vivencias.

Además, coincidió con un cambio de residencia a otra comunidad autónoma y ya no estaba cerca de mis compañeros musicales, así que dejé de hacer bolos —o hacía muy poquitos—. Mis ingresos principales pasaron a venir de otro sitio, y mis momentos musicales se han limitado en los últimos años a estar de puertas para adentro, en mi rincón de casa, aprendiendo, tocando y disfrutando. Así es como han salido las canciones: con mimo y respeto hacia ellas y hacia mí como compositora. Creo que esa delicadeza y cautela al comunicar se refleja en la música, sin rebasar límites y con ese acompañamiento sutil que arropa.

El EP Yearnings of Modern Life mezcla pop, soul, folk y jazz: ¿cómo surgió esta fusión de estilos y qué te atrae de cada uno?

Del jazz vocal me encantan la sutileza y la elegancia; del pop, que se le permita ser muy sencillo y, aun así, transmitir muchísimo; del folk, la sensibilidad para contar historias; y del soul, la garra que sale de dentro.

Diría que la fusión de estos estilos surgió de manera orgánica, fruto de las influencias que me han acompañado desde que era niña y de la música que he escuchado a lo largo de mi vida. Mi padre es cantautor y, además, se ha ganado la vida tocando versiones. En casa escuchábamos muchísimos artistas de los años 70, como Crosby, Stills & Nash, Neil Young, David Gates, The Beatles, Simon & Garfunkel o Bob Dylan. Él, además, compone y canta en un estilo muy pop/rock y folk, incluso con canciones en catalán y de folklore local.

Por otro lado, mi abuelo, británico y melómano, escuchaba jazz a todas horas. Recuerdo especialmente las Navidades al son de Ella Fitzgerald y Louis Armstrong, y también su devoción por Frank Sinatra. Siempre cantaba, y además lo hacía muy bien.

Durante la adolescencia y la primera etapa adulta tuve una época en la que me encantaban el reggae, el rap y el drum and bass; era lo que más escuchábamos con mis amistades en ese momento. Yo me obsesioné completamente con la manera soulera de cantar de Aniki, colaboradora de algunos de los artistas más conocidos del panorama hip hop nacional. Me di cuenta de que las canciones que más disfrutaba eran aquellas con colaboraciones de cantantes o las que incluían samples de temas más clásicos como, por ejemplo, «Cry Me a River» de Julie London, y así fui volviendo a estos estilos.

Con el tiempo descubrí también música de Brasil, boleros y artistas como Melody Gardot, Mayra Andrade, Lianne La Havas o Judit Neddermann. Así ha ido surgiendo esta mezcla de estilos como una manera de definir mi música, que al final no deja de ser pop, pero atravesada por todas estas influencias que me han acompañado. Y, por supuesto, cabe destacar el acompañamiento tan jazzístico de los increíbles músicos que forman parte del proyecto.

Grabaste en directo en estudio con músicos de gran nivel: ¿cómo fue esa experiencia y qué reto supuso para ti?

He tenido una suerte increíble porque, además de ser excelentes en su profesión, son personas bellísimas. Y, a pesar de que mi background no sea tan académico ni riguroso, me han acogido y acompañado siempre con extrema delicadeza, sintiendo además admiración y animándome con mi trabajo. Creo que la clave ha sido esa: sentirme tan cómoda y arropada.

Las canciones ya existían, y yo les llevé los acordes y la melodía, además de algunas indicaciones, pero ellos aportaron justo lo que necesitaban, entendiendo incluso mejor que yo lo que pedían. También me animaron a optar por este estilo de grabación: en directo y compartiendo espacio. Para mí fue algo súper mágico; se creó una atmósfera que todavía hoy me emociona.

Ver cómo las canciones cobraban vida y poder compartirlas de una manera tan cercana e íntima fue increíble. En el silencio del estudio de Jordi Tugores, sentados de forma que podíamos mirarnos y sentirnos directamente, se consiguió captar un momento que no habría sido posible en una grabación convencional por pistas. Esta tiene también sus ventajas, pero para este proyecto y estas canciones no era lo que buscaba.

Las letras de tu EP hablan de los “anhelos humanos de la vida contemporánea”: ¿hay experiencias personales que quieras compartir que inspiraron esas canciones?

En estos últimos años se me ha hecho muy evidente que el mundo en el que vivimos es como si ya no estuviera preparado para los seres humanos en su sentido más biológico, como especie. Estamos condicionados por un entorno que se ha alejado tanto de lo natural que ya no nos sentimos cómodos en él: los ritmos de la productividad, la exigencia de alcanzar metas y logros socialmente esperados, la globalización, vivir lejos de nuestros lugares de origen y de la gente querida, la soledad, y el hecho de estar cada vez más desconectados de la naturaleza y de nuestros ritmos biológicos —expuestos a luz artificial, sin ver el aire libre ni la luz del sol, sin pisar la tierra ni ver las montañas—.

Y aunque este disco se llama así, me doy cuenta de que probablemente todo lo que escriba tenga que ver con este contexto :D. Pero lo que quería transmitir con el título es que no siempre podemos responsabilizarnos de manera individual por no poder adaptarnos, por sentir esa incomodidad. Está bien expresarla y no culparnos, porque si no se genera aún más malestar.

Creo que lo justo, ante estas sensaciones, es responsabilizar a un entorno contemporáneo demasiado exigente, capitalista y deshumanizado, que no nos deja ser humanos, en lugar de responsabilizar a una persona que no consigue estar totalmente adaptada y en paz. Vivimos en un entorno para el que ya no estamos diseñados.

He tenido que atravesar un proceso personal muy largo para empoderarme y darme cuenta de que no tengo ningún problema emocional o mental, sino que, de hecho, es normal sentir incomodidad y malestar en el entorno actual.

En estas canciones también aparece mucho esa contradicción interna de dedicarte a un trabajo más convencional o corporativo cuando eres artista, y, en general, de vivir en un mundo tan contradictorio. Es imposible que todo sea blanco o negro: la vida está llena de matices, que a veces incluyen dos extremos muy opuestos de una misma cosa. Ser capaz de abrazar esa contradicción constante es súper valioso para habitar este contexto de vida moderna que nos envuelve.

¿Cómo fue para ti el proceso de componer en inglés siendo nativa en ese idioma y residente en un entorno como Mallorca? ¿Qué ventajas o desafíos encontraste?

Para mí fue algo que surgió de manera natural. Es verdad que, aunque hablo inglés de forma nativa y mi fonética suena completamente británica, tengo más soltura y vocabulario en catalán o castellano, porque mi vida fuera de casa siempre transcurrió en estos idiomas.

A medida que he ido avanzando en mi camino como artista y compositora, he tenido que reconocer que componer en inglés es una manera de sentirme menos expuesta en un entorno como Mallorca. Al final, mis canciones hablan de vivencias personales, y cantarlas en inglés hace que sienta una cierta sensación de cobijo.

Recuerdo que, cuando empecé a enseñar mis primeras canciones a mis compañeros, ya con el primer grupo que tuve, incluso vocalizaba mal para que no me entendieran :D. Así que, como ventaja, está la de sentirme más resguardada.

Y aunque hay mucha población extranjera en Mallorca, yo me dirijo en mis comunicaciones a un público local y me expreso normalmente en catalán. Por eso, al final sí se genera una pequeña barrera y quizá no se llegue tanto al público local.

¿Qué esperas que sienta o experimente el oyente al escucharte? ¿Cuál es el mensaje, o la emoción, que quisieras dejar?

Pienso que pueden emocionarse al sentir el dolor, la incomodidad o esos anhelos conmigo, pero que, a la vez, sientan paz. Porque se dan cuenta de que no están solos, de que todos habitamos este mismo mundo y de que lo que me está afectando a mí ahora seguramente también les ha afectado a ellos, o conocen a alguien a quien le está afectando.

Sobre todo, lo que quiero transmitir es paz y ese mensaje de que no están solos. Y, aunque pueda parecer un poco cliché, que se pueden tener conversaciones vulnerables que, en realidad, fortalecen. Que no hay tanto peso que debamos cargar solos.

Mirando hacia el futuro: ¿qué sigue para ti después de este EP? ¿Proyectos en marcha, colaboraciones deseadas o nuevos territorios artísticos que te gustaría?

Como parte de este proceso artístico que he ido transitando, me he soltado y he empezado a componer en catalán. Es como si ya estuviera preparada para que también me salieran canciones en este idioma. Y estas canciones ya las estamos incluyendo en el setlist del directo.

Así que lo que espero, sobre todo, es poder conectar con el público. Hay muchísimas ganas de conseguir oportunidades para compartir el EP y las nuevas canciones en vivo, de hacer rodar este setlist y de seguir dando forma al proyecto desde el directo. De hecho, arrancamos con el primer concierto de presentación el 29 de noviembre, en el Teatro Rafel Ramis de Bunyola (Mallorca), y fue una sesión de 60 minutos de disfrute total: de conectar y de, por fin, poder ver la forma de estos temas —y de nosotros como banda— fuera del estudio y sin pantallas de por medio.

Ya a medio plazo, me encantaría grabar y publicar un segundo EP con estas nuevas composiciones y, tal vez, alguna versión de música muy especial para mí. Y sacar un disco en formato físico, incluyendo tanto Yearnings of Modern Life (que, de momento, solo existe en formato digital) como los nuevos temas.

Y, a largo plazo, me encantaría poder crecer y llegar a públicos de más territorios: desde las Islas Baleares hacia Cataluña, Valencia, Madrid y el resto de España. Y, ¿quién sabe? ¿Tal vez Portugal, Francia, Reino Unido? Pasito a pasito, pero de verdad pienso que son territorios donde nuestra música funcionaría muy bien.


sábado, marzo 14, 2026

ENTREVISTA A SERCH.: DIEZ AÑOS MIRANDO HACIA DENTRO

Charlamos con Sergio, voz de SERCH., sobre Introspectiva, el disco con el que la banda revisita una década de trayectoria mientras abre una nueva etapa sonora.

Introspectiva marca diez años de camino para la banda. Cuando miráis atrás y volvéis a estas canciones para darles una nueva vida, ¿qué sensaciones os despierta?

Introspectiva es un recopilatorio, sí, pero uno atípico. Más que mirar al pasado, funciona como un disco nuevo: celebra nuestros diez años de carrera mientras marca un punto de inflexión. Cambiamos al castellano y apostamos por una producción más orgánica que en nuestros inicios. Para nosotros ha sido como saborear un álbum completamente nuevo.

Todo se ha grabado de nuevo y hemos añadido cuatro temas inéditos. Además, nos ha permitido llegar a mucha gente nueva y que descubran canciones que habían quedado atrás, algunas escondidas ya hace tres discos.

En el disco habéis reinterpretado varios temas y los habéis grabado de nuevo en castellano. A nivel emocional, ¿qué cambia cuando una canción pasa a cantarse en otro idioma? 

Es una pregunta que nos hacen a menudo. Curiosamente, quien más miedo tenía al cambio era yo, como cantante. Temía que, al cambiar de idioma, perdiéramos el sonido propio de la banda. Pero ha ocurrido justo lo contrario: seguimos sonando a nosotros y creo que incluso hemos sumado nuevos matices a nuestra personalidad.

No te voy a negar que expresarlo todo en tu propia lengua lo hace más natural y menos forzado. Y eso, definitivamente, se nota.

El propio título del álbum invita a mirar hacia dentro. Durante este proceso, ¿qué habéis descubierto sobre vosotros mismos como grupo?
Que queríamos seguir haciendo música. Todo sonaba tan nuevo y, a la vez, tan inspirador otra vez.

Vuestro sonido se mueve entre el post-punk, la electrónica y una atmósfera bastante oscura. ¿Qué es lo que más os atrae de ese universo sonoro?

Supongo que la etiqueta post-punk es la más destacable de nuestro estilo, aunque no te voy a negar que nos sumergimos en muchos otros sonidos. Creo que hay mil bandas que suenan más post-punk en estado puro que nosotros.

Nuestros referentes son muchos y somos una banda muy abierta a ellos. Quizá cuando la música se pone un poco seria o sobria es cuando más nos atrae. En ese sentido también bebemos de cosas más alternativas: new wave, electrónica o indie, entre otras; aunque casi siempre en su variante más dramática.

No somos un grupo como los Beatles, nadie lo niega. Resumiendo… la música que más nos une a los cuatro creo que tiene que ver con el post-punk, y se nota.

Canciones como «La rabia» hablan de esas cosas que sabemos que deberíamos hacer, pero que muchas veces dejamos pasar. ¿Sentís que vuestras letras funcionan como una especie de espejo emocional?  

Creo que, en concreto, has descrito muy bien el significado de esa canción. También es bonito cuando nuestro público interpreta algo diferente de lo que tú compusiste; es una manera muy libre de hacerla suya.

Me gustaría pensar que para mucha gente nuestras canciones sirven como válvula de escape o evasión a sus problemas. Respondiendo a tu pregunta… sí, siento que pueden funcionar como un espejo emocional.

En estos diez años habéis atravesado distintas etapas y publicado varios trabajos. ¿En qué momento creativo sentís que se encuentra ahora SERCH.?

En el mejor momento. En los últimos dos discos nunca hemos tenido una reunión para decidir cómo sonar; ha sido una evolución natural hasta llegar al sonido actual. Cada componente intenta crecer musicalmente dentro de la banda y aportar lo suyo. Sinceramente, es perfecto. Eso es SERCH.

Un amigo mío me decía: “Es que sonáis a todos, pero no os parecéis a nadie”. Me encantó.

Muchas bandas cambian con el tiempo, pero siempre hay algo que permanece. ¿Qué elementos diríais que siguen siendo el corazón de vuestro sonido desde el principio?

No quiero sonar pedante, pero quizá mi voz muchas veces es el hilo conductor entre tema y tema, y también entre muchos de los discos.

La producción de Miquel es muy característica. Últimamente, las guitarras y el bajo están siendo muy interesantes y están adquiriendo una personalidad muy grande dentro de la banda. Pero si me preguntas por lo que permanece desde el principio, te diría que la voz y la producción.

Después de Introspectiva, ¿os veis profundizando aún más en esa mirada interior o pensáis que el siguiente paso será abrir una nueva etapa sonora para vosotros?

El próximo disco va a tener un sonido enorme, fruto de haber pasado por POST e INTROSPECTIVA; hemos disfrutado de ese peaje. Pero lo que te puedo decir es que creo que va a sorprender a más de uno, porque los temas suenan a nosotros más que nunca, aunque no creo que sean las típicas canciones que esperan que hagamos… y eso me encanta.

Estamos trabajando en este disco con un equipo muy profesional. Creemos que el nuevo material es muy bueno, probablemente el mejor de nuestra carrera, y se merece sonar como nunca.



viernes, marzo 13, 2026

COMIC SANS DAN UN PASO ADELANTE CON «TODAS LAS COSAS QUE NOS SALIERON MAL»

El cuarteto donostiarra Comic Sans vuelve con Todas las cosas que nos salieron mal, su tercer disco con el sello BCore. Un trabajo que marca un paso adelante para la banda y que los consolida como una de las propuestas más interesantes del midwest emo en nuestro país.

En el álbum hablan de desamor, de la incertidumbre laboral y de la precariedad dentro de la propia industria musical, siempre con un tono directo, sincero y ese punto de humor tan característico en sus letras.

A nivel musical, el disco mantiene la energía que define su sonido: una mezcla de midwest emo, pop-punk y math rock con riffs rápidos, baterías intensas, líneas de bajo contundentes y estribillos pensados para corear en directo.

Comic Sans presentarán el álbum en directo en una gira que comenzará esta primavera con paradas en Málaga (16 de abril), Granada (17 de abril), Murcia (18 de abril), Donosti (23 de abril), Pamplona (24 de abril), Barcelona (2 de mayo), León (15 de mayo), Madrid (16 de mayo), Copenhague (29 de mayo), Bilbao (6 de junio) y Vigo (19 de junio), entre otras fechas por anunciar.



«PELIGROS»: AMOR, CAOS Y ROCK SEGÚN LIMA NEGRA

Lima Negra es una banda de Granada que mezcla rock con ritmos latinos y una clara atmósfera nocturna. El proyecto surge después de que sus integrantes pasaran por otros grupos y sintieran la necesidad de empezar una nueva etapa: cantar en español y buscar un sonido más personal, más libre.

Su primer disco, Peligros, publicado a través de Montgrí reúne canciones con guitarras crudas, ritmos que invitan a moverse y letras que hablan de amor, caos y de esas historias que suelen aparecer de madrugada. Un debut que combina la energía del rock con un imaginario urbano y algo oscuro muy propio.

Venís de otros proyectos musicales. ¿En qué momento sentisteis que era el momento de arrancar algo nuevo y darle forma a Lima Negra?

Vivíamos en Londres, en Kentish Town, en una casa donde reinaba el caos, siempre había singulares personajes rondando por la casa y aquello parecía un bar más que una vivienda. En esas fiestas que se organizaban en casa poco a poco fuimos poniendo música que era totalmente ajena a nuestro radar. Comenzaron a sonar artistas como Daniel Magal, Chavela Vargas, bandas como Triana o Mano Negra. Así de forma natural al día siguiente con el bajón físico y emocional comenzamos a escribir las canciones de Peligros.

En vuestro primer disco, Peligros, se mezclan el rock con ritmos latinos y una atmósfera bastante nocturna. ¿Cómo fue tomando forma ese sonido?

Nosotros trabajamos en bastante detalle las maquetas, como un trabajo previo al estudio, y una vez en Producciones Peligrosas con José al mando, se empeñó en bajar al sonido de raíz y hacerlo sonar actual. En cada canción quizá tardábamos una semana en encontrar el enfoque que deseábamos y luego lo desarrollábamos, fue un proceso muy largo pero también muy gratificante. Creo que el rock y el punk son nuestra esencia, quienes somos, y en Peligros demostramos el juego que puede dar eso, saludando a otros géneros como el flamenco, la música urbana, y habernos sumergido en todo eso proceso nos influye muy positivamente en nuestro desarrollo personal como artistas.

En muchas de vuestras canciones aparecen noches largas, amor, caos o personajes un poco al límite. ¿De dónde nacen esas historias: de vivencias propias, de la imaginación o de mirar lo que pasa alrededor?

De la imaginación desde luego que no. Por suerte o por desgracia hablamos de lo que nos pasa, de cómo perdemos gente a la que amamos por idiotas, de diferentes escenarios en los cuales no queremos estar pero siempre nos encontramos, como si forma maquiavélica allí el destino nos colocase. Nos quejamos pero sin eso no seríamos nada. Cuando no pasa nada, en seguida nos las apañamos para provocarlo. Somos nuestras vivencias. Por ejemplo en María Isabel contamos la historia autodestructiva de una amiga que reinaba las noches de Camden. Son letras agridulces, crudas, pero bellas, humanas, reales.

Cambiar al español también cambia la forma de escribir. ¿Cómo ha influido el idioma en la manera en que os expresáis como banda?

Ha sido un descubrimiento maravilloso. Dominamos el inglés bastante bien pero no deja de ser algo prestado. Escribir en nuestro idioma nos permite expresar con mayor lucidez ciertos rincones oscuros de nuestra alma. Dependiendo de que tipo de canción estés escribiendo no hay problema con el idioma, pero el perfil de canción que tenemos en Peligros no hubiese sido posible hacerlo en inglés.

El disco tiene algo muy cinematográfico. Si Peligros fuera una película, ¿qué historia contaría?

Pepi, Luci, Bom, y otras chicas del montón.

Granada tiene una escena musical muy potente desde hace años. ¿De qué manera os ha marcado la ciudad en vuestro sonido o en vuestra forma de trabajar?

Yo creo que en mucho. Juan y yo solos no hubiésemos podido sacar este álbum tal y como está plasmado, hubiese salido otra cosa, no sé si mejor o peor, probablemente peor, pero no lo que tenemos. Nos hemos rodeado de un equipo artístico indescriptible que han aportado la esencia musical de lo que se escucha en este álbum, todo ello comandando por José que ha sabido en todo momento que es lo que quería y como conseguirlo. Los músicos que han participado en la grabación nos dejaban con la boca abierta cada vez que pasaban con el estudio. Ahora son todos colegas y muchos de ellos tocan en directo con nosotros.

¿Cómo está respondiendo el público cuando tocáis las canciones de Peligros en directo? ¿Hay algún tema que se haya convertido ya en favorito?

Hasta ahora, Pena y dolor y Día de muertos, básicamente porque ya estaban ahí como singles antes de la salida del álbum, todavía no hemos tocado después del lanzamiento, pero estamos seguros que la gente que se anime a venir será porque se ha escuchado el álbum y se saben los temas. Los próximos conciertos son el 24 de abril en Madrid en Hangar 48 para Sound Isidro y en Barcelona el 28 de mayo en Sala Vol, así que desde aquí hacemos un llamamiento a que se apunte todo el mundo al universo Lima, garantizamos una tremenda resaca.

Ahora que el primer disco ya está en la calle, ¿qué viene para Lima Negra? ¿Nuevos sonidos, colaboraciones o más kilómetros de carretera?

¡Pues viene todo eso! Lima Negra es un proyecto abierto, sin especificar géneros, el primer álbum suena así, veremos por dónde van los tiros en el segundo. Ya tenemos grabada una colaboración con una artista que nos super flipa y también nos flipó cuando quiso hacerla, aunque todavía nos guardamos el secreto de quien es… y horas de carretera (y manta), tiene pinta de que nos quedan bastantes, pero eso mola, en UK somos expertos en atracar las áreas de servicio cuando estamos de gira, hambre no pasamos.



jueves, marzo 12, 2026

ATZUR: «HUMBLE» (SEAYOU RECORDS, 2026)

Cuando uno se enfrenta a Humble, el nuevo disco de Atzur, conviene tener presente que el dúo todavía está definiendo su propio territorio. Su debut, Strange Rituals (2023), ya apuntaba una dirección bastante clara: pop alternativo con ambición épica, mucha electrónica y una evidente inclinación por la intensidad emocional. Este segundo trabajo no rompe con aquella fórmula, pero sí la desarrolla con mayor seguridad y un sonido más amplio.

Incluso el propio nombre del grupo ayuda a entender su imaginario. “Atzur” remite a ese azul profundo del cielo —un concepto asociado históricamente a la pureza, la protección o la firmeza— y esa idea parece atravesar también su música: una mezcla de fragilidad y resistencia, de vulnerabilidad luminosa y pulsión épica.

El título tampoco es casual. Humble gira en torno a una idea bastante reconocible: la tensión entre mostrarse vulnerable y, al mismo tiempo, defenderse en un entorno que muchas veces empuja a lo contrario. No es un disco conceptual en sentido estricto, pero varias canciones comparten ese clima de lucha interior y de reconstrucción después del golpe.

El single de presentación «Now I’m Happy», un tema expansivo que funciona como puerta de entrada al universo del dúo. Sobre una base electrónica sólida, la canción levanta un estribillo inmediato que deja clara la intención del disco: equilibrar emoción y energía.

La canción que da título al álbum, «Humble», cambia ligeramente el tono. Aquí el grupo apuesta por un sonido más nervioso y juguetón, con una producción cercana al hyper-pop. El tema juega con cierta ironía alrededor de la idea de “ser humilde”, cuestionando las expectativas externas con un enfoque sarcástico y pegadizo.

En «Psychodrama» aparece el lado más teatral de Atzur. La producción acentúa la tensión emocional y construye una atmósfera casi cinematográfica, muy en línea con ese dramatismo que parece formar parte de su identidad desde el principio.

«Chaos» retoma la energía del disco con un enfoque más directo. Es uno de los momentos más accesibles del álbum y demuestra que el dúo sabe construir canciones que funcionan igual de bien en una escucha tranquila como en el contexto de un concierto.

En una línea similar aparece «Hate Me», uno de los singles más potentes del elepé. Aquí Atzur apuestan por un pop electrónico directo. La canción gira en torno al conflicto emocional y a esa relación complicada con la mirada de los demás: afirmarse aunque eso implique incomodar. Un tema con pegada que encaja perfectamente dentro del universo de Humble.

Hacia el final aparece «A Gentle Kind of Ruthlessness», probablemente uno de los momentos más contenidos del conjunto. Aquí bajan un poco las revoluciones y se mueven en un terreno más íntimo, con una electrónica suave que deja espacio a la voz.

Lo cierto es que estamos ante un trabajo muy convincente que confirma el enorme potencial del dúo. Humble no solo consolida su propuesta, sino que los sitúa entre los nombres más interesantes del pop alternativo nacional actual. Un elepé ambicioso, emocionante y con personalidad propia que, sin duda, merece un lugar destacado entre los mejores álbumes nacionales de 2026.



miércoles, marzo 11, 2026

LOS BUENOS VALEDORES — «EL GRAN SILENCIO»: TRES GUITARRAS Y UN VIAJE MUSICAL DE LA RUMBA A NUEVA ORLEANS

Los Buenos Valedores son un trío nacido en Barcelona que recupera el espíritu de los clásicos tríos de guitarra y voz de la canción romántica latinoamericana. Con solo tres guitarras —flamenca, americana y latina— crean un sonido propio donde conviven con naturalidad la rumba, el bolero, la salsa o el blues.

En su nuevo disco, El Gran Silencio, amplían todavía más ese universo musical con diez canciones que hablan de amor y desamor desde una mirada directa, más realista que idealizada. Un trabajo en el que distintas tradiciones musicales se mezclan con frescura y mucha personalidad.


El grupo presentará el álbum en directo con conciertos en Barcelona (15 de marzo), Madrid (30 de abril) y Zaragoza (1 de mayo), y también cruzará el Atlántico para llevar su música a México, donde actuarán en Mérida durante la semana del 6 al 10 de octubre.




«LA MUERTE DE BUNNY MUNRO» — UNA ROAD MOVIE HACIA EL INFIERNO CON BARRA LIBRE DE CULPA Y AUTODESTRUCCIÓN

Bajo la dirección de Isabella Eklöf (Kalak) y con guion de Pete Jackson (Somewhere Boy), la perturbadora novela de Nick Cave, La muerte de Bunny Munro, aterriza en SkyShowtime convertida en una adaptación intensa y descarnada para la pequeña pantalla.

Bunny Munro es un vendedor de cosméticos narcisista, mujeriego, estafador, ladrón, fumador compulsivo y adicto al sexo. Un ser caótico y profundamente egoísta que solo vive para alimentar su insaciable apetito. Burdo, sin educación, curtido en la calle y rodeado de gente de su misma calaña, Munro es un crápula difícil de soportar. No todos los espectadores estarán dispuestos a acompañarlo en su deriva.

Tras el suicidio de su esposa, hundida por las constantes infidelidades y la indiferencia de su marido, Bunny huye hacia adelante: se echa a la carretera con su hijo para escapar de los Servicios Sociales y, sobre todo, de sí mismo. Pretende ahogar los remordimientos en alcohol, cocaína y encuentros sexuales fugaces. Pero, por mucho que consuma o seduzca, los fantasmas del pasado lo acechan cuando cae la noche. La suya es una huida frenética hacia ninguna parte, una culpa que pesa como una losa y adopta la forma espectral de la mujer perdida.

En paralelo, un asesino en serie disfrazado de Diablo —cuernos y bieldo incluidos— siembra el pánico en el sur del Reino Unido. Su presencia mediática es constante, ominosa. Solo es cuestión de tiempo que ambas trayectorias colisionen.

La serie dibuja una Inglaterra gris y desangelada, poblada de almas solitarias —las clientas de Munro— que adquieren cosméticos como quien compra compañía. Viviendas de protección oficial, hoteles de mala muerte, pubs sórdidos y carreteras interminables configuran el paisaje de esta caída libre por la costa de Sussex. Munro avanza a trompicones, sin pensar en el mañana, autodestruyéndose kilómetro a kilómetro. Incapaz de escuchar a nadie, ni siquiera a su hijo —que sufre una severa infección ocular a la que apenas presta atención—, se encierra en el monólogo perpetuo de su propio deseo.

Frente a él, Bunny Boy encarna la inocencia. Educado, dulce, leal hasta la ceguera, adora a un padre que no está a la altura. Representa ese instante previo a la fractura, cuando la infancia todavía no ha sido arrasada por la intemperie del mundo adulto. Ve a su madre fallecida como una presencia protectora, y en esos destellos sobrenaturales se filtran algunos de los momentos más conmovedores del relato. La ternura asoma, breve y frágil, cuando el padre contempla al hijo o recuerda a la esposa ausente.

Raphael Mathé compone un Bunny Jr. lleno de matices, sosteniendo con naturalidad ese viaje prematuro hacia la madurez. A menudo es él quien actúa como el verdadero adulto de la historia.

Matt Smith, por su parte, firma uno de los mejores trabajos de su carrera. Su Munro es seductor y patético, carismático y repulsivo, cómico y trágico al mismo tiempo. Un antihéroe que se mueve en el filo de la comedia negra, tan entrañable como aborrecible. Aquí no hay rastro de intelectualismo existencialista: Munro es vulgar, tóxico y orgulloso de serlo. Un bufón cruel que hace del exceso su única identidad.

La serie, afortunadamente, rehúye la corrección política y cualquier tentación moralizante. No juzga; expone. El abismo no es una metáfora sofisticada, sino el destino lógico de las almas errantes. Heridas abiertas, pérdida, castigo y redención son temas recurrentes en la obra de Cave, y aquí resurgen con fuerza. Resulta inevitable preguntarse hasta qué punto el músico australiano volcó parte de sí mismo en este personaje. No cuesta imaginar al Cave de finales de los ochenta, en plena espiral narcótica, deambulando por escenarios similares.

La banda sonora refuerza esa atmósfera turbia y melancólica. Además de la música instrumental compuesta por Nick Cave y Warren Ellis, suenan clásicos de Johnny Thunders, The Fall, Primal Scream, Joy Division, Blondie, The Cure o Elvis Presley. Y, como guiño irónico, también aparecen Avril Lavigne y Kylie Minogue, figuras sobre las que el protagonista proyecta sus fantasías sexuales.

En definitiva, La muerte de Bunny Munro es una adaptación valiente y profundamente fiel al espíritu del original, que en varios tramos logra incluso superarlo. Décadas después de su publicación, la espera ha valido la pena: una de las propuestas más incómodas y arriesgadas de la televisión reciente, una road movie hacia el infierno con barra libre de culpa y autodestrucción.