martes, marzo 03, 2026

ENTREVISTA ATZUR: ATZUR ESCRIBE SU CAPÍTULO MÁS VALIENTE CON HUMBLE

Con una propuesta que entrelaza electrónica y emoción, Atzur se ha consolidado como una de las propuestas más singulares del panorama alternativo. Su universo sonoro se mueve entre la intensidad y la sensibilidad, con una narrativa muy cuidada que se percibe tanto en la música como en lo visual.

Ahora regresan con Humble, su segundo disco: un trabajo que expande su sonido y reafirma su personalidad artística. Con este lanzamiento como punto de partida, les planteamos ocho preguntas para adentrarnos en esta nueva etapa.

HUMBLE es un título que llama la atención desde el primer momento. Cuando habláis de humildad, ¿de qué estáis hablando exactamente? ¿Por qué sentíais que ahora era el momento de reapropiaros de esa palabra y darle la vuelta?

Rechazamos el concepto de humildad cuando se utiliza como arma de manipulación. La humildad que debilita, que reduce. Cuando descubrimos que el que había sido nuestro manager nos había estado estafando, fue en ese momento cuando dijimos “basta”. Vamos a hacer las cosas a nuestra manera.

Tras vuestro debut, Strange Rituals, da la sensación de que con este segundo disco hay un salto claro. ¿Dónde notáis más esa evolución: en el sonido, en el concepto, en lo personal… o en todo a la vez?

Todo a la vez. Nuestra música es algo vivo. Nosotros cambiamos y evolucionamos, y todo cambia y evoluciona con nosotros y a nuestro alrededor. Con HUMBLE, el salto sonoro es más grande, más arriesgado, más sin miedo, más libre. No nos escondemos detrás del concepto.

El disco suena enorme, expansivo, casi pensado para grandes escenarios. Y, sin embargo, sois solo dos. ¿Cómo construís esa sensación de grandeza en el estudio?

Trabajamos siempre con el directo en el foco. Cada detalle cuenta: el espacio, la reverb, el silencio justo antes del drop... La dinámica en las canciones es clave. Ser dos es una ventaja porque no hay ruido externo. Si algo nos emociona a los dos, se queda. Si no, fuera. 

En HUMBLE os movéis con naturalidad entre el pop alternativo, la electrónica, el reguetón o incluso el hyperpop más épico. ¿Cómo sabéis hasta dónde tensar cada canción sin perder lo que os define? ¿Os sentís cómodos viviendo en ese riesgo constante?

No lo vemos como un riesgo, sino como libertad creativa. La canción (o la visión) guía siempre por encima de todo. El límite no es el género, es la honestidad. Las emociones definen las canciones sin importar en que idioma o género se traduzcan.

«hate me» es uno de los momentos clave del álbum y casi una declaración de principios. ¿Qué hay detrás de esa frase “Even if you don’t love me / new people will love me”? ¿Cómo surgió la idea de mezclar el verso en castellano con ese ritmo más cercano al reguetón?

La mezcla de idiomas siempre ha sido algo natural. Desde las primeras canciones siempre hemos mezclado español e inglés. Somos un dúo que habla 5 idiomas a nivel materno. Para «hate me» la canción lo pidió en ese momento. El beat de reguetón era perfecto: tiene ese algo corporal. Queríamos que doliera… pero bailando.

Hay mucha vulnerabilidad en el disco, pero expresada desde ángulos muy distintos: el duelo, la fragilidad, la euforia casi catártica. ¿Qué pasa con todo eso cuando lo lleváis al directo? ¿Cómo se gestiona esa intensidad sobre el escenario?

Gestionarlo es cuestión de entrega. No puedes protegerte. Sales, te rompes un poco y confías en que el público te sostiene. Y siempre lo hacen.

Venís de girar por Europa central y del este, con varios sold outs, y ahora empezáis la etapa española. ¿Habéis notado diferencias entre el público de fuera y el de aquí? ¿Cómo imagináis estos conciertos en Barcelona, Bilbao, Valencia, Madrid, Sevilla y Oviedo?

Totalmente. De hecho, nos ha sorprendido muchísimo la entrega fuera. En Europa central y del este hemos vivido audiencias increíbles: gente cantando todo, gritando, bailando... Más que diferencias de actitud, sentimos matices en la energía. Cada ciudad tiene su propia forma de vivir el concierto, pero cuando algo conecta, conecta igual en cualquier idioma. La etapa española la imaginamos igual de intensa. Más que comparar, queremos sumar. Que cada fecha sea una celebración distinta, pero con la misma sensación: comunidad, euforia y cero distancia entre escenario y público.

Justo antes de arrancar la gira, tocaréis en el 20º aniversario de Ticketmaster España, después de haber sido elegidos entre más de 300 propuestas. ¿Qué supone para vosotros actuar ante profesionales de la industria en un evento así, de la mano de The Spanish Wave?

Somos un proyecto 100% independiente. Estar ahí, en un evento así, demuestra que hacer las cosas a tu manera también puede abrir puertas. Que nos hayan elegido entre más de 300 propuestas valida el trabajo silencioso de años. No es suerte, es constancia. Al final, si conectas de verdad, da igual quién esté delante. Público es público. Y nosotros no sabemos hacer otra cosa que ir “all in”. Estamos muy agradecidos a Ticketmaster España y a The Spanish Wave por confiar en nosotros y darnos esta plataforma.



viernes, febrero 27, 2026

JOSÉ GONZÁLEZ VUELVE CON «A PERFECT STORM» Y PONE FECHA A SU NUEVO DISCO

José González ya tiene nuevo adelanto sobre la mesa. Se trata de «A Perfect Storm», la segunda pista que conocemos de Against the Dying of the Light, su quinto álbum, que verá la luz el 27 de marzo de 2026 de la mano de City Slang (Mute en Norteamérica). Será además su primer trabajo con canciones originales en más de cuatro años.

En este tema, el músico sueco parte de su característico fingerpicking acústico y va aumentando la tensión poco a poco hasta desembocar en un final eléctrico y vibrante. La letra mira de frente al optimismo tecnológico y a los riesgos del rumbo que estamos tomando como sociedad, una reflexión que encaja con el tono íntimo y crítico que atravesará el nuevo disco.

El lanzamiento vendrá acompañado de una gira internacional que pasará por Barcelona, València, Murcia y Sevilla en octubre, además de su regreso este verano al festival Pirineos Sur.


jueves, febrero 26, 2026

THE LIZARDS VUELVEN CON «VICIOUS CIRCLE» Y PREPARAN EL TERRENO PARA BELOW THE SURFACE

The Lizards están de vuelta, y lo hacen pisando fuerte. Su nuevo single, « Vicious Circle», es el primer adelanto de Below the Surface, su quinto álbum, que se publicará el 6 de marzo. En este tema, el trío barcelonés vuelve a dejar claro quiénes son: guitarras afiladas, actitud sin filtros y esa energía que convierte cada canción en un golpe directo.

La canción se mete de lleno en ese bucle de pensamientos intrusivos y obsesiones que a veces cuesta romper, transformando esa tensión en un punk rock crudo y sin adornos, hecho para sudarlo en directo. Al mismo tiempo, funciona como una pista de lo que traerá el nuevo disco: un trabajo que mira más allá de la superficie y apuesta por la autenticidad en tiempos donde todo parece fugaz.


Después de más de diez años de carrera y una gira que superó el centenar de conciertos, la banda arranca una nueva etapa que vendrá acompañada de fechas por España, Europa y, por primera vez, Reino Unido. Todo apunta a que Below the Surface será otro paso firme para consolidar a The Lizards como una de las bandas más potentes del rock estatal con proyección internacional.



lunes, febrero 23, 2026

FANFICTION — SOLOMON KANE: «LOS ACÓLITOS DE SATANÁS», PUBLICADO EN HISTORIAS PULP

Y sus ojos tienen la apariencia

de los de un demonio que está soñando.

Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama

tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,

del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,

no podrá liberarse.

 

Edgar Allan Poe

 

I

 

El PURITANO SOLITARIO

 

Año de Nuestro Señor 1.553.

 

La bóveda entenebrecida colgaba sobre el páramo desolado. Haces de sol iluminaban los altos juncos y anunciaban la llegada de una noche temprana. Una corriente de aire hizo cimbrear las riendas del animal. Los canales hedían de forma nauseabunda y propagaban el sonido de las bestias salvajes del lugar. A la derecha, las montañas rasgaban el límite que separaba el cielo de la tierra, como una cuchillada dorado-rojiza que se extendía hasta las orillas del distante mar Mediterráneo. A la izquierda, el camino intrincado y tortuoso que había recorrido desde Francia, a través de una Europa devastada por las guerras civiles y religiosas. Quedaban demasiados fantasmas detrás de sus pasos. La iniquidad de los hombres en el campo de batalla lo había obligado a abandonar los ejércitos en los que combatió. Ahora era un alma libre: el Señor guiaba sus pasos mientras se aproximaba a Florencia, impulsado por la llama azul de la venganza.

Bancos de niebla ocultaron la maleza enmarañada y deformaron las dimensiones del pantano, creando una atmósfera sobrenatural. Lo peor era la fetidez de las aguas: imaginaba siglos de locura humana, sacrificios impíos y enfermedades capaces de hacer perder la cabeza a cualquier cristiano devoto de Dios. Incómodo, el caballo resopló y pisoteó la tierra con los cascos delanteros, levantando una nube de polvo.

—Tranquilo —dijo, acariciando con su mano enguantada el cuello del animal—. A mí tampoco me gusta.

El jinete apretó la capa alrededor de sus hombros, estudió aquella naturaleza amenazadora y encajó las mandíbulas: no sabía qué camino escoger. Exhausto, se limpió la suciedad del rostro. Llevaba más de dos semanas sin tomar un respiro, cabalgando día y noche detrás de un adversario que no se atrevía a dar la cara. El puritano inspiró aire: los mapas que había traído desde Inglaterra eran inútiles; en ninguno aparecía aquella ciénaga que abarcaba el horizonte hasta donde la vista alcanzaba. Involuntariamente, acarició la culata del mosquete que colgaba a un lado de la silla. Los últimos días pesaban sobre su espalda y le carcomían el espíritu, absorbiendo sus energías como una plaga.

—¿Cruzamos o no? —preguntó a la montura.

De nuevo sintió la desagradable sensación de ser vigilado. Alguien podía estar esperando el momento adecuado para atacarlo cuando bajara la guardia. El inglés cerró los acerados ojos azules y rememoró a la joven que había encontrado en el linde del bosque: violada y torturada por Le Loup, el enemigo que había jurado cazar. Abrió los párpados; una docena de flamencos rosados levantó vuelo y cruzó el cielo encapotado. La tarde vibró con el aleteo de sus alas.

El jinete se adentró en la marisma, ignorando al animal que avanzaba sin ganas, asustado por la atmósfera insana que los envolvía. Poco a poco atravesaron las aguas con los cinco sentidos alerta, expectantes ante la posibilidad de un ataque. El avance del caballo levantó ecos; el tiempo parecía detenido, suspendido sobre el lodo burbujeante que amenazaba con tragarlos. La oscuridad creció: apenas podía ver lo que tenía ante las narices. El chillido de un topo asustado lo hizo estremecer y soltar una blasfemia indecorosa. Las lagunas ocultaban misterios imposibles de responder: soldados masacrados, aldeanos desaparecidos, brujas quemadas, niños secuestrados por los sirvientes del Diablo.

El puritano vestía sombrero de ala ancha, vestiduras negras y sombrías, botas de cuero hasta los muslos y un cinturón ancho donde colgaban un largo estoque en una vaina sin adornos y dos pistolas de aspecto temible. Le costaba reconocer al mercenario enlutado y solitario en el que se había convertido. Su infancia en Devonshire había muerto; el pasado ardía miles de kilómetros atrás, una imagen abstracta que ya no le proporcionaba consuelo.

El inglés se secó el sudor de la frente con un pañuelo escarlata. Entonces, una sombra cruzó los cañaverales. Tenso, con los ojos enrojecidos por la falta de sueño, miró las hierbas e ignoró los vapores venenosos. Tiró de las riendas, pero fue inútil: su instinto de luchador le advertía que tendría problemas. El jinete hizo retroceder al caballo, vadeó una laguna más profunda que las otras e irrumpió en un claro rodeado de juncos retorcidos.

Tuvo la tentación de encender la yesca con pedernal y eslabón, pero no quiso atraer a nadie hacia su posición. Intuía que la luz lo volvería vulnerable: un riesgo que no estaba dispuesto a correr. Mareado, apretó el pomo de la silla y recuperó el equilibrio. Los efluvios de la ciénaga le estaban jugando una mala pasada; no debió arriesgarse a cruzarla a aquellas horas. Su temeridad podía conducirlo a la autodestrucción. Se había perdido. Apretó los flancos del animal y se dirigió hacia un islote situado a su diestra, con la esperanza de encontrar el sendero que lo había conducido hasta allí.

A través de la bruma, durante un latido de su corazón, contempló una cara familiar... y luego se ocultó en las tinieblas.

 

II

 

UNA APARICIÓN DEL PASADO

 

 Un murmullo le escapó de la boca seca.

—¿Padre? —inquirió con recelo—. ¿Eres tú?

Solomon...

¿Había escuchado la voz del difunto Josiah Kane?

—¿Padre?

Una oleada de temor ascendió por su columna vertebral.

—¿Padre?... ¿Estás ahí?

La sangre le zumbaba en los oídos. Un hervidero movedizo le cubrió el cuerpo: enormes mosquitos chocaban contra su anatomía. El jinete agitó la mano, apartó a los insectos y taladró la negrura con la mirada, buscando el rostro de su progenitor.

—Siento haberte decepcionado, padre —susurró—. Los Tudor exterminaron a nuestra orden sin que pudiéramos evitarlo.

Su confesión se desvaneció. Quedaban pocos minutos de luz; pronto estaría a merced del terreno traicionero, encerrado entre las algas cubiertas de espuma.

—He sido un buen cristiano, padre —explicó—. Jamás me he apartado del camino recto.

El silencio sepulcral, matizado por el zumbido de los mosquitos, le dio la impresión de que estaba a punto de perder la cordura.

—¿Dónde estás, padre?

La neblina no le ofreció respuesta. El aire le pesaba en los pulmones y el cieno parecía espesarse por segundos.

—Padre...

Entonces su progenitor emergió entre las cañas, montado en un ruano de gran altura, y se dirigió hacia él. Su figura era borrosa; una impresión de triste bondad cubría su aura espectral, la misma que había visto en su rostro el día del funeral, hacía más de una década.

—¡Dios Todopoderoso!

Josiah Kane susurró con voz ronca:

Ten cuidado, hijo. Los pantanos de la Camarga rebosan de peligros.

Solomon sintió la carne erizarse.

—¡Brujería! —farfulló—. ¡Esto es obra de Satanás!

La voz del espectro resonó desde una distancia imposible.

He vuelto del más allá para advertirte que temo por tu vida...

Un juramento escapó de los labios de Kane.

—¡Por Lucifer! ¿Por qué me atormentas con tu presencia?

La figura comenzó a desvanecerse.

He de irme —musitó—. Recuerda que siempre te querré, hijo mío.

Un puño angustioso le apretó las entrañas.

—¡Padre! —gritó—. ¡Vuelve, padre!

El espectro de Josiah Kane se despidió con un susurro que pareció venir del fondo de las aguas:

Nos encontraremos en el Reino del Señor, Solomon...

 

III

 

LOS ACÓLITOS DE SATANÁS

 

Antes de que pudiera reaccionar, el cuerpo cambió y se convirtió en una máscara cruel: el filo de una espada buscó su cuello. Kane retrocedió, impulsado por sus reflejos entrenados, y esquivó la hoja que le lamió la nuez de Adán. Rápido como un resorte, sacó el cuchillo de la funda y lo hundió en el muslo de su atacante. Un aullido desgarró la niebla y rompió la quietud de la ciénaga.

Un caballo irrumpió entre los herbazales, bufando espuma por los belfos y con los ojos inyectados en sangre. Atontado, Kane desenvainó el estoque y logró parar un hachazo a duras penas. Una lluvia de chispas azules empañó su campo de visión. Dando un tirón a las riendas, saltó hacia adelante, escapó de sus adversarios y alcanzó una isla de hierbas quemadas por el sol.

Una flecha le rozó el hombro. El aguijonazo, a la altura del deltoides, lo obligó a rechinar los dientes. Tres enemigos tomaban posiciones. Solomon Kane reconoció su calaña de inmediato: bandidos, asaltantes de caminos, escoria que creía haber encontrado una presa fácil. El puritano arrancó la flecha, sacó el pistolón y disparó. El proyectil cruzó el aire y lanzó hacia atrás al primero de ellos. Guardó el arma y detuvo una nueva embestida del hacha; el golpe le insensibilizó el brazo y le provocó un calambre hasta el hombro.

—¡Te mataré! —bramó el rufián—. ¡Me comeré tu corazón!

Kane le dio un cabezazo y le rompió la nariz. La sangre le salpicó los ojos y nubló su visión. El hombretón lanzó un grito rabioso; sus ojillos porcinos se llenaron de lágrimas mientras se llevaba la mano a la cara ensangrentada. El inglés aprovechó la oportunidad y cortó la cincha de la silla: el gigante resbaló y se hundió en el cieno como una roca.

Otra flecha rozó el cuello de Solomon. Clavó los talones en los flancos del animal, atravesó los cañaverales y descargó la espada contra el casco del arquero. La hoja partió el cráneo hasta la mandíbula; trozos de masa encefálica saltaron de la herida espantosa.

Se volvió. El hombretón cruzaba el claro, enarbolando el hacha sobre los hombros, dispuesto a asesinarlo. El caballo relinchó, herido de muerte, con el costado abierto; las entrañas se derramaron sobre el barro. El agua invadió sus pulmones. Kane liberó la pierna atrapada bajo el cadáver del animal, levantó el estoque y contuvo la arremetida de su adversario. Escupiendo lodo, le propinó una patada en la entrepierna. El bandido brincó hacia atrás, soltando juramentos.

El inglés se incorporó, se arrancó el sombrero anegado de barro. Su expresión taciturna y amarga fue sustituida por el odio. El gigante se recuperó. La hoja del hacha rozó la cara de Solomon y le abrió un tajo en la sien. Kane dominó el dolor, cambió el arma de mano y la hundió hasta la empuñadura en el vientre del rival. El hombretón chilló y atrapó la hoja con las manos desnudas, expirando como un condenado en la cruz. El puritano retorció el estoque, sádico, gozando de su espantosa agonía.

La vida abandonó al gigante; sus ojos se pusieron en blanco y exhaló un estertor.

—¡Bastardo! —maldijo Solomon—. ¡Púdrete en el Averno!

Temblando por la tensión, enfundó la espada. Mareado, apretó la herida y detuvo la hemorragia como pudo. Uno de los caballos miraba el cadáver de su dueño, nervioso, con los ojos inflamados por el miedo. Kane lo tomó por las riendas y trató de calmarlo.

Agotado por la batalla, lo condujo hasta un islote y lo ató a una raíz que sobresalía entre las hierbas. Luego registró los cuerpos y se apoderó de sus escasas posesiones: unas monedas de cobre, alforjas con víveres, un pedernal de repuesto y una cuerda de buena factura. Aborrecía desvalijar a los muertos, pero no podía permitirse escrúpulos: había agotado las baratijas que guardó antes de salir tras Le Loup y necesitaba todo lo que encontrara para seguir adelante.

Más tarde, recogió sus pertenencias, ensilló la nueva montura y arrastró los otros dos corceles atados a la perilla de la silla. No podía quejarse: seguía vivo. Pocos hubieran sobrevivido a aquella emboscada. Lo sentía por el caballo caído; fue un buen compañero, merecía algo mejor que un hachazo en las tripas.

Cuervos siniestros surcaron los cañaverales, atraídos por el olor de la sangre, listos para darse un festín.

—¡Que os aproveche, pequeños! —dijo el inglés con sarcasmo.

La frase murió en sus labios. Una mano helada le paralizó el corazón. El mistral agitó el follaje y desdibujó su contorno. Entre las volutas de niebla vio el verdadero rostro de los cadáveres: cuerpos marchitos, piel apergaminada, colmillos de bestia, harapos que exhalaban el aliento de la tumba.

Vampiros… hijos de Lucifer, sedientos de la sangre de los inocentes.

El puritano retrocedió, tambaleante. Su mente de creyente rechazaba aquella visión impía, pero su alma sabía que era cierta. La ciénaga, los muertos, el olor del azufre... todo hablaba del Reino del Enemigo.

Espoleado por el miedo y la ira, Kane marchó hacia levante, en busca de tierra firme. Detrás de él, la niebla se cerró como una lápida. Aún le quedaba mucho camino por recorrer hasta Italia… y el Infierno no olvidaba su nombre.



viernes, febrero 20, 2026

ENTREVISTA MOMO: MÚSICA PARA DÍAS DE MIERDA

MOMO es un proyecto de rock-punk nacido en Valencia y capitaneado por Marcos (Mafalda). Suena directo, sin rodeos, y está pensado para sudarlo en el escenario. Son canciones que transforman la rabia del día a día, la precariedad y el cansancio generacional en algo compartido, pero sin caer en el victimismo. Canciones para un día de mierda, su primer disco, mezcla energía, actitud y sentimiento de comunidad con una idea muy clara: aunque a veces todo se tuerza, la buena gente acaba imponiéndose

El título Canciones para un día de mierda suena a desahogo, pero también a plantarse y resistir. ¿En qué momento personal nace este disco? ¿Qué estabas necesitando sacar fuera cuando escribiste estas canciones?

MOMO para nosotras es un sitio seguro donde poder expresar nuestra música con la única responsabilidad de divertirnos y hacerlo lo mejor posible. Después de 15 años de Mafalda esto es justo lo que necesitaba. Eso, y juntarme con unxs artistas con tanto talento como Victoria, Jose, Carlos y Saul.

No buscamos otra cosa que hacer la música que nos gustaría escuchar, evitando radio fórmulas y dándole al público algo diferente. Teníamos claro que el disco podía ser cualquier cosa menos aburrido. Por desgracia hoy en día a la bandas les da miedo arriesgar, se lanza tanta música todos los días que es muy difícil diferenciarse.

El álbum rehúye la autocompasión y apuesta por la fuerza, el pogo y la urgencia. ¿Tenías claro desde el principio que querías ir por ahí o esa energía fue saliendo sola mientras componías?

Teníamos claro que si volvíamos a apostar por la música era para hacer algo contundente y picante, algo que te hiciera despertar por dentro emociones que solemos tener dormidas, rabia, amor incondicional, ganas de luchar y de romperlo todo, inconformidad.

En las letras aparecen la precariedad, el agotamiento y la frustración de toda una generación, pero también los afectos y el apoyo mutuo. ¿Cuidarnos entre nosotros se ha convertido, hoy más que nunca, en un gesto político?

Venimos de una larga época donde muchas bandas han evitado apostar por mensajes explícitos y la "metáfora" en las letras ha sido el vehículo para tratar temáticas que a mi parecer deben ser más contundentes y dolorosas. Creemos en la música como un elemento transformador de la sociedad a nivel político y aunque hemos vivido recientemente la subida de bandas con temática de "Izquierdas" a un nivel grandísimo esto no se ha traducido en la sociedad. Mensajes vacíos no llevan a nadie a plantearse nada.

Temas como «Paren el mundo» o «¿La buena gente siempre gana?» tienen algo de himno. Cuando escribes, ¿piensas ya en cómo van a explotar en directo o es el escenario el que termina de darles su verdadero sentido?

Sin duda somos una banda de directo. Pensamos en el directo en cada paso y una de nuestras recompensas reside en buscar esa energía en la gente en nuestros conciertos, esa complicidad. Cantar y bailar canciones debería ser algo emocionante y liberador, buscamos que la gente vibre fuerte siempre que se pueda.

MOMO nace como proyecto musical, pero también como refugio para ese “ejército de raros”. Cuando te sientas a escribir, ¿a quién le estás hablando realmente? ¿Quiénes son esas personas?

Creo que las personas nos conformamos pero que no queremos hacerlo y creo que a pesar del miedo a diferenciarnos y pelear por un cambio en el status quo de la sociedad, realmente hay un ejército dormido de personas "raras" esperando el momento adecuado para explotar y romperlo todo para crear algo mejor. Les hablo a ellas.

El disco inaugura Alcazaba Records, que se define más como un espacio ético que como un sello al uso. ¿Qué significa para ti levantar ese “castillo donde solo entra la buena gente”?

Para nosotrxs es un orgullo que Alcazaba alce el vuelo casi con MOMO y que sigan naciendo proyectos underground antifascistas y que apuestan  por la originalidad y el amor a la música. Queremos rodearnos de esa gente que todavía no piensa solo en el dinero o en la rentabilidad, quedan muy muy pocas.

A nivel sonoro es un álbum compacto, sin rellenos ni rodeos. ¿Cómo fue el proceso de grabación? ¿Qué aportaron Jose Sempere y Víctor Llinares para que el resultado suene así de sólido?

Jose fue el productor del disco aparte de guitarrista de la banda, él aportó una barbaridad de elementos y una visión muy diferente a lo que estaba acostumbrado, al final tocar tantos años en Mafalda nos hizo caer sin querer en las mismas dinámicas y en las mismas discusiones y creo que eso provocó que bajara la calidad de nuestras composiciones.

Víctor por otro lado masterizó el disco y fue un lujo trabajar con él, realmente entendió el sonido que buscábamos.

Ahora que el disco ya está fuera y rodando: cuando todo parece torcerse, ¿qué te gustaría que sintiera alguien al ponerse los cascos y darle al play a MOMO?

Quiero que sientan emociones salvajes, quiero que les dé morbo lo raro, la atracción de lo diferente. Quiero que la gente apoye a las bandas Underground, que vayan a sus conciertos y que sientan el movimiento político y musical como suyo, que formemos parte de algo grande y trasnsformador de nuevo, diablos añoro las tribus urbanas y las luchas políticas que les acompañaban.



jueves, febrero 19, 2026

POEMA: «VOCES DEL RECUERDO», PUBLICADO EN REVISTA HOJAS SUELTAS

Voces del recuerdo

son murmullos de ríos

que discurren serenos

por tiernas riberas

en torno a mi cuerpo.

 

Voces del recuerdo

emiten sonidos apagados

que nunca coincidirán

de la misma manera

en el mismo espacio.

 

Voces del recuerdo

relatan la magia de los ecos

con palabras sencillas,

cargadas de enigmas

que me hacen feliz.

 

Voces del recuerdo

acogen mi alma en su seno

mientras experimento los sueños

de cada personaje que creo

y que forman parte de mí.




viernes, febrero 13, 2026

RELATO: «CARRETERA AL INFIERNO», PUBLICADO EN REVISTA BLASTER

Funny how secrets travel

I'd start to believe, if I were to bleed

Thin skies, the man chains his hands held high…

David Bowie

 

1

 

La autopista se sucedía. Las luces fantasmagóricas del anochecer iluminaban la vía oscura e interminable, que cobraba vida gracias a los faros del vehículo, dejando un recuerdo suspendido en la frontera del sueño. El narcótico le hacía sentir una oleada intensa de energía, fluyendo con violencia por su cuerpo, incitándolo a presionar el acelerador, inmerso en una sensación de irrealidad.

A aquellas horas de la madrugada apenas había tráfico. El frío penetraba por la ventanilla abierta, mientras las líneas intermitentes, devoradas por los focos, desaparecían difuminándose en la negrura.

 

2

 

La música llenaba el local abarrotado; focos estroboscópicos lanzaban destellos irreales contra las masas sudorosas, fragmentando los rostros brillantes que se agitaban en una excitación colectiva. Divisó a la mujer entre la multitud: su cabello rubio platino era inconfundible. Se detuvo en la sombra de sus pómulos, en la boca ancha y sensual, en el vestido plateado que realzaba sus curvas.

 —¡Cuánto has tardado!

—Lo siento —respondió ella—. He tenido dos pacientes a última hora.

—No pasa nada. —Encendió su cigarrillo con un Zippo—. Tomemos algo.

Abriéndose paso entre la gente, le tomó la mano húmeda, sintiendo una reacción física inmediata al contacto con su piel. Sonrió levemente y ocupó un asiento en la barra.

—Un whisky con hielo —pidió—. Y para ella… ¿qué deseas?

—Lo de siempre.

—Vodka con lima.

Se volvió hacia ella y la besó con suavidad.

—Estás preciosa.

—Gracias —respondió con una sonrisa ambigua—. ¿Cuándo sales al escenario?

—En quince minutos.

La observó en silencio, saboreando la cercanía.

—¿Qué te parece el grupo?

Ella dirigió la mirada al escenario. Los músicos tocaban con intensidad hipnótica. El vocalista giraba frente al público —cabello a lo Jim Morrison, traje de cuero negro ajustado, botas altas con remaches metálicos, uñas pintadas de negro— con el micrófono pegado a los labios.

 

Let's shirt the issue of Discipline

Let's start an illusion

With hand and pen

Re-read the words and start again

Accept the gift of sin

The gift of...

 

3

 

—¿Qué pensaría tu esposo de esto? —preguntó una voz grave, con ironía.

La habitación estaba a oscuras; sobre la cama desordenada se elevaba el humo fino de dos cigarrillos, dibujando arabescos en el techo.

—No lo sé —respondió ella—. Supongo que no le agradaría.

—Cada cual es como es. —Sus ojos la observaban con atención—. La vida no siempre ofrece respuestas sencillas.

—Regresará por la mañana. —Apartó un mechón de cabello de su rostro—. Actúa toda la noche en ese club. Nunca tiene tiempo para mí.

—¿No es suficiente para ti?

—No —respondió con calma—. Hay un vacío que no logra llenar.

El contacto entre ambas se volvió más cercano.

—¿Lo necesitas ahora?

—Sí —comprendió, mientras un suspiro escapaba de sus labios—. Por favor…

 

4

 

Confuso, tras aparcar el BMW, avanzó sobre la arena ardiente. El sol lo cegaba, deformando sus recuerdos en figuras inquietantes.

—Camina —ordenó una voz infantil en su interior—. Ya no hay vuelta atrás.

Continuó avanzando. Sus botas se hundían en las dunas incandescentes.

—No te detengas.

La frustración lo desbordó. Se llevó las manos a la cabeza. Las lágrimas nublaron su visión. El mar rompía contra la costa; la espuma se deslizaba sobre las rocas oscuras. El graznido de las gaviotas resonaba en su mente.

—¿Qué estás esperando?

—Déjame en paz —murmuró, al borde del colapso—. Déjame tranquilo.

El arma pesaba en sus manos. Una risa distante lo devolvió al presente. Al girarse, vio a un niño observándolo desde lo alto de una duna. Quiso hablar, pero comprendió la verdad: el niño era él mismo.

 

5

 

Sujetando el micrófono, dobló una rodilla y se inclinó hacia el público. La tensión marcaba su rostro. Soltó el soporte y dejó que el cable colgara libre bajo las luces azuladas. Sacudió la cabeza, sin apartar la vista de su esposa, que reía en la barra junto a un desconocido.

 

I hear the sons of the city and dispossessed

Get down, get undressed

Get pretty but you and me,

We got the kingdom, we got the key…

 

6


La noche cubrió la realidad con su manto sombrío y el niño desapareció como si nunca hubiera existido. Un elegante chalet de dos pisos se alzaba ante su figura, dibujando una enorme sombra sobre la arena blanquecina. Aferró la escopeta de cañones aserrados y subió por las escaleras del porche.

Abrió la puerta sin emitir sonido alguno, con la llave que llevaba en el bolsillo del pantalón. Dirigiéndose hacia el dormitorio, mientras ascendía los escalones, escuchó los gemidos de placer de las dos mujeres.

Su silueta se materializó en la entrada: una presencia que presagiaba un horror inmediato, mostrando los ojos negros del arma a punto de estallar…

 

7

 

—¿Recuerdas a la chica que empezó a trabajar la semana pasada en el club?

—Sí. ¿Qué ocurrió?

—La encontraron sin vida en su casa.

El cigarrillo desprendía espirales de humo.

—Ella y su acompañante. Murieron por el disparo de una escopeta.

—¿Quién pudo hacerlo?

—Algún desesperado como tu marido, quizá.

 

8

 

Tras el escenario, preparó el polvo blanco con precisión sobre un amplificador. Aspiró profundamente. Una oleada de energía recorrió su cuerpo. Echó la cabeza hacia atrás, respirando con dificultad. Sus ojos estaban muy abiertos. Era su momento.

Salió al escenario. Las pantallas fragmentadas brillaban a su espalda. Ignoró los aplausos y se sumergió en la atmósfera densa del espectáculo.

 

White on white, translucent black capes

Back on the rack

Bela Lugosi's dead

The bats have left the bell tower

The victims have been bled

Red velvet lines the black…

 

9

 

Apartando el arma a un lado, evitó el disparo directo. Las postas destrozaron la puerta. Fragmentos de cristal lo cubrieron. Respondió con un golpe certero en el abdomen de su oponente.

Ambos cayeron, rodaron por las escaleras y terminaron en el porche. Un impacto le abrió una ceja. La sangre nubló su visión.

Frente a frente, se incorporaron. Dos figuras exhaustas: una, delgada y vestida de negro; la otra, más corpulenta, con chaqueta de piel de serpiente. Se midieron bajo la luz de las estrellas. Una navaja apareció de pronto y trazó un movimiento rápido.

La sangre salpicó la arena fría con su color carmesí…

 

10

 

La autopista se sucedía. Las luces fantasmagóricas del anochecer iluminaban la vía oscura e interminable, que cobraba vida gracias a los faros del vehículo, dejando un recuerdo suspendido en la frontera del sueño. El narcótico le hacía sentir una oleada intensa de energía, fluyendo con violencia por su cuerpo, incitándolo a presionar el acelerador, inmerso en una sensación de irrealidad.

A aquellas horas de la madrugada apenas había tráfico. El frío penetraba por la ventanilla abierta, mientras las líneas intermitentes, devoradas por los focos, desaparecían difuminándose en la negrura.