miércoles, marzo 25, 2026

ENTREVISTA A SEX SODIO SULLIVAN: IDENTIDAD ANTES QUE FÓRMULA

Sex Sodio Sullivan es una banda canaria que mezcla rock alternativo, electrónica y pop con una identidad muy marcada. En su último trabajo, La vida es un videojuego, combinan nuevas texturas sonoras con una mirada crítica y personal sobre el presente

Habéis pasado de un rock más crudo a coquetear con la electrónica y ahora a un sonido más pop con carga social. ¿Vivís cada disco como una ruptura con el anterior o más bien como una evolución natural?

Hay una parte de evolución natural, pero también hay mucha intención cuando empezamos un disco nuevo. Normalmente partimos de lo que ya sabemos hacer y de lo que funciona entre nosotros, pero intentamos no quedarnos ahí. Nos interesa cambiar herramientas, la forma de grabar o la manera de componer para ponernos en situaciones que no controlamos del todo. Tener algo dominado te da un punto de apoyo, pero lo que buscamos es llevar las canciones a terrenos donde no hemos estado antes. Al final, cada disco suena distinto porque planteamos el proceso como una prueba nueva cada vez.

En La vida es un videojuego habláis de temas sociales a través de una metáfora bastante particular. ¿De dónde surge esa idea del videojuego para explicar la realidad que vivimos?

Al principio el disco no tenía que ver con un videojuego, sino con la idea de transformación, como una metamorfosis: la oruga que pasa a ser mariposa. Con el tiempo empezamos a verlo como fases o niveles, y apareció la ironía de entenderlo como un juego. El concepto llegó al final, cuando vimos que resumía todo lo que estaba pasando en las canciones.

Desde que empezasteis en 2014, vuestro sonido ha cambiado bastante, pero seguís siendo reconocibles. ¿Qué hace que una canción vuestra suene siempre a Sex Sodio Sullivan?

Tiene más que ver con la forma de construir las canciones que con el estilo. La banda existe desde 2014 y, aunque la formación ha cambiado, hay una manera de escribir y de hacer arreglos que se mantiene.

En este último trabajo habéis metido instrumentos acústicos como chelo, mandolina o saxo. ¿Eso ha cambiado vuestra forma de componer?

Sí, porque cuando aparecen instrumentos así, la canción pide otro espacio y nos obliga a escuchar más lo que necesita cada tema, en lugar de repetir siempre la misma estructura.

Vuestro anterior álbum, Tokamak y Stellarator, tenía un concepto muy marcado. ¿Os sigue interesando trabajar así?

Este disco se construyó desde casa, con ordenador, sintes, guitarras y pedales. Las demos estaban muy desarrolladas antes de entrar al estudio, y luego se regrabó todo buscando un sonido más cálido. Aunque suena electrónico, hay muchas partes grabadas de forma orgánica, incluso baterías reales mezcladas con samplers. En el disco nuevo el método fue parecido, pero con un sonido más orgánico.

Venís de Canarias, ¿cómo ha influido eso en vuestra música?

Estar en Canarias complica moverse, pero también nos da libertad para no encajar en una sola escena y trabajar más por convicción.

Os importa más la identidad que la perfección. ¿Cómo se traduce eso?

Intentamos que la música siga siendo humana. No todo tiene que pasar por una fórmula. Cada canción pide su forma y, a veces, hay que dejar que el error o la intuición formen parte del resultado.

Después de este disco, ¿qué os gustaría que sintiera alguien que os escucha por primera vez?

Que hay algo propio, que no es una copia de nada, y que las canciones le generen alguna sensación real.



RADAR SONORO: MS OBAMA PRENDE FUEGO AL CLUB CON «2C-B»

MS OBAMA sigue dando forma a esta nueva etapa con «2C-B»: un tema con sonido más crudo, más oscuro y sin rodeos. Después de «Roller Coaster», la artista valenciana se mete de lleno en el mundo del clubbing, pero lo hace desde un enfoque crítico y provocador.

Aquí habla de poder, deseo y fama dentro de la noche, enseñando su cara más excesiva y superficial. La canción es especie de espejo roto donde se ve cómo el placer y el consumo se mezclan en la pista.

En lo musical, «2C-B» es directa y contundente: bases cercanas al rave, un bajo potente e intensidad. Con este single, MS OBAMA muestra una etapa más alternativa y rompedora.


lunes, marzo 23, 2026

ENTREVISTA A FLOR Y TROL: «SAMI» (2025)

Flor y Trol es un proyecto musical muy personal que combina la sensibilidad de la canción de autor con una propuesta poco común: cantar mientras se marca el ritmo desde la batería. Con su primer disco, Sami, toma forma un repertorio de canciones directas y cargadas de emoción. Charlamos con su creadora, Sofía “Sophie” Rodríguez, para descubrir cómo nació Flor y Trol y qué hay detrás de su música.

Ocho preguntas para conocer a Flor y Trol: 

Para empezar, contadnos un poco: ¿qué es Flor y Trol y cómo nació este proyecto?

Llevaba más de quince años autoproduciendo y editando mi música como cantautora. Mi pasión siempre ha sido tocar la batería y crear canciones, así que pensé que hacer una selección de mis temas de siempre para adaptarlos al formato de frontwoman a la batería y voz sería divertido. Además, me brindaba la oportunidad de estar exactamente en el lugar en el que quiero: cantando mis canciones y llevando el ritmo.

Era una prueba de fuego, porque hasta ahora yo estaba a la guitarra. Pero la verdad es que estoy feliz: el proyecto camina de lujo.

Acabáis de publicar vuestro primer disco, Sami. ¿Cómo fue el proceso de creación y qué representa para vosotros este trabajo?

El proceso creativo de preproducción lo hice completamente sola en casa, grabando maquetas con mis instrumentos y utilizando un programa sencillo de ordenador para mezclar.

Después envié esas maquetas a dos músicos colaboradores para montar un setlist de directo. La idea era sencilla: como las canciones ya estaban bastante definidas, solo tenían que aprenderlas y ver si caminaban bien entre todos. Parece que les encantaron, y desde entonces me han acompañado en todo lo que hemos podido hacer.

Al cantar y tocar la batería a la vez necesito más músicos que arropen las canciones en directo. A la hora de grabar en estudio fue bastante fácil, porque ya las teníamos muy rodadas en los ensayos.

Lo bonito del estudio fue poder añadir coros, silbidos y pequeños detalles vocales que en directo, al estar sola en la voz, no siempre puedo hacer. En el disco me quedé más a gusto que un arbusto metiendo esos “chismes” de cantautora que, al final, son bastante parte de mi sello personal.

El título «Ámame o púdrete» mola mucho. Sin acritud, imagino. Detalles, por favor.

Esa canción da título al EP que lancé en 2024 con Flor y Trol, como antesala al disco debut. Era prácticamente una carta de presentación: sonido sin masterizar, muy cercano a la maqueta de habitación.

Incluso me di el capricho de autoeditarlo en vinilo de 7 pulgadas. Un capricho un poco absurdo, porque todavía tengo como treinta copias en casa sin vender (risas). Pero le tengo muchísimo cariño.

Esa canción, «Ámame o púdrete», es la que realmente da sentido a Flor y Trol. Fue la chispa que me impulsó a materializar esta idea un poco loca de hacerlo todo sola. Pensé: “venga, con todo a tope”, porque me apasiona, suena fresco, soy yo misma… y tenía que hacer algo bonito con ello.

En vuestro imaginario aparecen dos figuras muy distintas: la flor y el trol. ¿Qué representan dentro del proyecto?

Los dibujos del EP de «Ámame o púdrete» los hicieron mis sobrinos. Representan esa dualidad del día a día: a veces somos más empáticos y amables, y otras más salvajes, irónicos o irritantes.

En el fondo es una forma de decir que ni siempre somos tan buenos ni tan malos, y que muchas veces somos un poco de todo.

Las letras parecen tener bastante peso en vuestra música. ¿Qué lugar ocupan en vuestra forma de crear?

La narrativa emocional y directa es lo que me sale al escribir. No pienso en hablar de algo concreto: simplemente escribo lo que me nace, casi siempre del tirón.

Tampoco me paro demasiado a pensar si lo que he escrito es bueno o malo. Simplemente sale.

Eso sí, reconozco que me aburren bastante los artistas del monotema del amor. Siempre he querido evitar ese círculo de letras superficiales o previsibles. Yo necesito cantar y transmitir otro tipo de cosas.

Quizá por eso mismo estoy un poco fuera de lo estándar. Ser una misma escribiendo también tiene su pequeño precio (risas).

Para quien aún no os haya escuchado, ¿cómo describiríais vuestro sonido o vuestra propuesta musical?

Por aquí dicen que tengo “sonido Sophi” (risas). Ni cantautora pura, ni rockera, ni indie… un poco de todo.

¿Cuándo alguien escucha Sami por primera vez, ¿qué sensaciones o emociones os gustaría que se llevara?

Aunque las letras pueden ser profundas, creo que las melodías y las canciones en sí invitan a entrar en alguna emoción bonita o positiva.

Para terminar: vuestro sonido tiene un aire muy noventero, que recuerda a artistas como Alanis Morissette. ¿Cuáles diríais que son vuestras principales influencias musicales?

Soy de 1988 y he crecido escuchando a muchas de esas cantautoras fantásticas de los noventa, además de grupos que utilizaban mucho la guitarra acústica y una sonoridad bastante ligera.

La verdad es que no me veo en otro tipo de sonido que no esté conectado con eso. Por mucho que me encante el rock setentero, a la hora de componer y arreglar tiro más hacia lo que me suena a hogar.


sábado, marzo 21, 2026

SYNTHPOP CON ALMA: ASÍ SUENA «PARADISES» (COOKING VINYL, 2026) DE LADYTRON

Después de tres años de silencio, Ladytron regresan con Paradises (Cooking Vinyl, 2026), un disco claramente orientado a la pista de baile. Hay ecos de los ochenta —de New Order al sonido balearic—, con pinceladas de italo disco y acid house, sin perder ese aire de ensoñación y melancolía tan propio de la banda.

El sencillo de presentación, «I Believe in You», resume muy bien lo que ofrece el álbum: un sonido que mira a lo mejor del synthpop ochentero —Depeche Mode, The Human League, OMD o Pet Shop Boys—. Electrónica elegante, atmosférica y con cierto halo misterioso, cargada de sintetizadores, armonías vocales y estribillos con gancho.

Destacan cortes como el banger «Kingdom Undersea», «Sing», la envolvente «Metaphysica», «Caught in the Blink of an Eye» o «A Death in London», que recuerda a los DM de Some Great Reward (1985). Helen Marnie, Mira Aroyo, Daniel Hunt y Reuben Wu suenan tranquilos y seguros; al fin y al cabo, son expertos en lo suyo. Paradises es el octavo disco del grupo, y pocos pueden presumir de una trayectoria tan larga y, al mismo tiempo, tan sólida, al margen de los dictados del mainstream.

A pesar de su duración —dieciséis temas—, todo un desafío en un mercado que prioriza lo inmediato y lo fácil de asimilar, la escucha no se hace pesada en ningún momento. Es cierto que parte de la crítica ha podido penalizar el disco por este motivo. Tiene sentido: estamos cada vez más acostumbrados a álbumes breves y de digestión rápida. Sin embargo, para quien disfruta de la música con calma, Paradises se vive más como una experiencia que como un simple consumo. En ese sentido, hay que reconocerle a los de Liverpool su ambición y su voluntad de ir a contracorriente. Las modas, desde luego, no son una prioridad para ellos.

Ladytron han puesto toda la carne en el asador, con hasta cinco sencillos como carta de presentación. No es casualidad: pocas veces han firmado un trabajo que baje del notable. Sorprende, de hecho, que nunca hayan gozado de mayor reconocimiento. Paradises suma otra muesca a una discografía prácticamente intachable. Un regreso que mira al pasado para sonar al futuro.



viernes, marzo 20, 2026

RADAR SONORO: THE LIONS CONSTELLATION VUELVEN A LA CARGA

Después de más de una década en silencio, The Lions Constellation regresan con New Moon Rising (2025), un disco que marca su vuelta definitiva. La banda, formada en 2008 por RJ Sinclair, ya había dejado huella en la escena independiente con Flashing Light (2009), convirtiéndose en una de las propuestas más interesantes del shoegaze nacional.

A lo largo de los años han compartido escenario con nombres como Interpol o The Horrors, y han pasado por festivales como Primavera Sound. En 2021 dieron las primeras señales de regreso con el EP Under The Skin, adelantando el camino hacia esta nueva etapa.

Ahora, con este nuevo álbum, retoman su esencia: guitarras densas, atmósferas envolventes y ese equilibrio entre ruido y melodía que los define.

La presentación en directo será el próximo 10 de abril en el Club Sauvage de Barcelona. 



miércoles, marzo 18, 2026

RELATO: EL ÁNGEL CAÍDO

¿Qué importa si la batalla está perdida?

No está perdido todo: la voluntad inquebrantable,

la preparación de la venganza, el odio inmortal

y el valor para no someterse nunca ni ceder.

¿Qué más hace falta para no ser vencido?

 

John Milton

 

Mi condena es eterna. Mi dolor, insoportable.

Pero ¿qué es el dolor sino la conciencia de lo que se ha perdido? ¿Y qué es la eternidad sino la imposibilidad de olvidar?

Apenas recuerdo el pasado, cuando formaba parte del Paraíso, antes de que el Señor me desterrara a la Tierra. Tal vez el recuerdo mismo sea ya un castigo: una forma de persistencia del bien en quien ha sido condenado al mal.

Desde entonces, he vigilado los actos del Hombre. He sido testigo de sus tragedias, de sus pequeñas mezquindades, de sus tormentos y sus pecados. Pero cuanto más observo, más dudo: ¿son ellos realmente culpables… o meros instrumentos de una voluntad que los supera?

Todo ha quedado bajo mi mando; ningún mortal escapa a mi presencia. Fui creado para dar sentido al mal… pero ¿puede el mal tener sentido sin el bien que lo define? ¿Soy, entonces, una negación… o una necesidad?

Durante milenios he contemplado el ascenso y la caída de los imperios: Mesopotamia, Babilonia, Egipto, Grecia, Roma… Todos se creyeron eternos, y todos desaparecieron. En su ruina hay una lección que ni siquiera ellos comprendieron: el tiempo no destruye, revela.

Llevo tanto tiempo imbuido en mi sufrimiento que ya no sé si lo padezco… o si me he convertido en él. Mi único consuelo ha sido corromper a los hombres. Les he ofrecido poder, riquezas y sueños de conquista, y ellos han aceptado sin vacilar.

Y, sin embargo, siempre me ha inquietado una pregunta: si necesitan tan poco para caer… ¿hasta qué punto soy yo responsable de su caída?

Ya no experimento placer. Las sedas han perdido su brillo, el vino su sabor, los manjares su exquisitez. Tal vez el castigo no sea el dolor, sino la imposibilidad del goce. Tal vez el infierno no sea un lugar, sino una condición del espíritu.

Intenté emular a Dios con mis creaciones, demostrarle mi valía. Creí que la grandeza justificaba la desobediencia, que la voluntad bastaba para legitimar el acto. Pero ahora comprendo que no hay creación sin límite… ni libertad sin responsabilidad.

Lo único que deseo —mi mayor anhelo— es su perdón. Pero ¿puede el perdón concederse sin arrepentimiento verdadero? ¿Y puede haber arrepentimiento cuando aún subsiste el orgullo?

Lloro a solas mientras vago por el mundo. Día tras día, siglo tras siglo, elevo mis ojos al cielo… y el silencio es mi única respuesta.

He llegado a pensar que ese silencio no es indiferencia, sino juicio. Que Dios no responde porque ya ha respondido.

¿Fue mi arrogancia tan grave? No fui consciente de mis palabras: era joven, ignorante de la medida de lo eterno. Pero ¿es la ignorancia excusa… o simplemente otra forma de culpa?

Si pudiera retroceder, cambiaría mis actos. Me arrodillaría, renunciaría a mi soberbia… Pero incluso ese deseo está manchado: ¿busco su perdón… o mi alivio?

Nunca he comprendido por qué no me perdona. He cumplido mi función con celo, castigando a aquellos que lo merecen. Pero quizá ahí reside mi error: creer que el castigo es justicia, que el dolor equilibra el mundo.

El Todopoderoso es clemente. Yo, en cambio, soy necesario.

Porque donde hay libertad, hay caída. Y donde hay caída… alguien debe nombrarla.

Ese alguien soy yo.

Espero que, algún día, reconozca mis virtudes y me permita regresar al Cielo. Pero a veces sospecho que mi esperanza no es más que otra forma de condena.

Porque esperar eternamente… es no ser jamás redimido.

Y, aun así, sigo esperando.



ENTREVISTA A BANANI: «EL ARTE DE TERCIOPELO» (MAGIC IN THE AIR, 2026) — BARES, EGOS Y CANCIONES SIN FILTROS

BANANI es el proyecto de un músico barcelonés que se mueve entre el garage, la psicodelia y el indie con personalidad propia y cero artificios. En El Arte del Terciopelo, su segundo álbum, transforma lo cotidiano —las relaciones, las noches de ciudad, esos pequeños momentos de felicidad inesperada— en canciones sinceras, con ironía y sin rodeos.

En el disco conviven el garage, la psicodelia sesentera, el indie de los 2000 y el rock alternativo de los 90. ¿Cómo consigues que todas esas referencias dialoguen entre sí sin que se diluya tu propia voz?

La fórmula está en los discos que me inspiran, aunque no suelo pensar en estilos o referencias cuando compongo; aun así, es inevitable que la música que consumo se plasme. Mi tono de voz puede incluso desentonar con el estilo. La gracia está en mezclar todo eso, pero sin demasiadas pretensiones.

Has dicho que este álbum es, ante todo, un espacio de juego. ¿En qué punto sentiste que podías soltarte del todo y hacer un disco sin filtros, sin esa “vergüenza” que a veces frena?

Justo cuando empecé a escribir la letra de «El Peinado de Dios». Esa canción tiene la letra más descarada que he escrito nunca. También hay otras letras con esa misma falta de vergüenza. En algunas canciones camuflo mensajes que a muy poca gente he explicado.

Aunque es un trabajo muy personal, muchas canciones miran más hacia fuera que hacia dentro. ¿Te resulta más natural contar lo que observas en los demás que hablar abiertamente de ti?

Sí, me cuesta plasmar lo que me pasa, aunque reconozco que en este disco me he abierto un poco más que en los anteriores. En los próximos no descarto abrirme aún más. Y cuando lleve cuatro o cinco discos, quizá ya nadie escuche a Banani porque pensarán que necesito ayuda. Así que igual sigo contando lo que observo.

En temas como «Ego» o «Písame» aparecen relaciones marcadas por el poder, la admiración o incluso la sumisión. ¿Dirías que esas tensiones forman parte del ADN de nuestra generación?

Somos una generación que va un poco a rebufo de la de nuestros padres. Admiras al resto y, cuando ya lo has admirado suficiente, a veces esa misma persona termina pisándote. ¿No os pasa?

Aunque, bueno, tampoco es tan grave: en realidad, vale la pena observar cómo la gente narcisista no vale tanto como cree. Tuve una época en la que me quemaba el pecho cuando salía de fiesta. No recuerdo por qué lo hacía.

Canciones como «Los mejores días del año» o «No dejes de jugar» invitan a vivir con más ligereza y conciencia. ¿Esa mirada nace de una convicción profunda o de lo que has aprendido a base de tropiezos?

Me he caído muchas veces, aunque me considero un afortunado. Así que la gran mayoría son caídas sutiles que te ponen en tu sitio. Creo que ambas canciones me hacen reflexionar y decir: «Qué bien estamos cuando estamos bien».

«No dejes de jugar» es mi canción preferida del disco, y aprovecho esta entrevista para deciros que me habría encantado que saliera como tercer single. Eso no ha pasado. Ahora me siento un poco mejor. Gracias.

También hay espacio para el humor afilado y la crítica, como en «Peinado de Dios» o «Equipo ganador». ¿Qué lugar ocupa el sarcasmo en tu manera de mirar el mundo y de hacer canciones?

Es un de los motivos principales en este disco. Jugar con la ironía y la metáfora. En «Equipo Ganador» hay varios mensajes ocultos. «En Peinado de Dios» no hay ningún mensaje oculto.

En «Del Apolo al Psycho» asoma cierta nostalgia por la noche barcelonesa. Los viejos y buenos tiempos… Cuando piensas en eso, ¿crees que lo que ha cambiado es la ciudad… o somos nosotros?

La ciudad cambia constantemente. Si vais del Apolo al Psycho, veréis que hay un agujero de diez metros en la calle Vila i Vilà, que espero que pronto cierren, porque, si no, igual acaban montando más bares para expats en ese socavón.

Nosotros nos adaptamos a las épocas. Ir del Apolo al Psycho es un acto de costumbrismo que cualquier amante del rock debe vivir, y espero que eso nunca cambie.

Este es tu primer trabajo junto a Magic in the Air. ¿Qué ha supuesto esa colaboración en el proceso y en el sonido final del disco? Y cuando alguien le dé al play por primera vez, ¿qué te gustaría que se llevara de esa escucha?

Magic in the Air es uno de los grandes aciertos de este disco. Los considero familia. Me siento muy apoyado por este sello, y eso se refleja en la forma de trabajar el disco.

En cuanto le deis al play, espero que lo disfrutéis tanto como yo he disfrutado grabándolo. Pero, sobre todo, dejad de beber agua del grifo.