sábado, 16 de junio de 2018

JOHNNY MARR: "CALL THE COMET"


Desde la disolución de los Smiths, Johnny Marr ha participado como músico de sesión y productor en innumerables formaciones (Electronic, Pet Shop Boys, 7 Worlds Collide, Modest Mouse, The Cribs, etc). Al igual que Morrissey, la sombra de su vieja banda fue tan alargada que perdura en la actualidad. Durante décadas, fiel a su naturaleza poco amante de los titulares, Marr se mantuvo en un discreto segundo plano hasta que decidió despegar en solitario. Su proyecto Johnny Marr + The Healers (Boomslang, 2003), si bien contó con singles dignos como “The Last Ride”, “Banging On” o “Down On The Corner”, fue un fracaso absoluto. Las críticas no se hicieron esperar: una mala copia de Oasis, voz que no estaba a la altura, lírica pobre, temas mediocres en comparación con los clásicos que grabó junto a Mozz, Andy Rourke y Mike Joyce durante los ochenta. Borrón y cuenta nueva. La trilogía formada por The Messenger (Warner Bros, 2013), Playland (Warner Bros, 2014) y el directo Adrenalin Baby (Warner Bros, 2015) —en el que revisaba tanto su nuevo periodo solista como con los Smiths—, demostró que la carrera del mancuniano era más sólida de lo que muchos imaginaban.

Tres años después del cover “I Feel You” (Depeche Mode) para Record Store Day, las memorias Set The Boy Free (2016) y diversas colaboraciones musicales (Noel Gallagher, Blondie, Hans Zimmer, Maxine Peake), Call The Comet (Warner Bros, 2018) constituye un necesario paso adelante y al mismo tiempo, durante ciertos pasajes, una puesta al día del pasado glorioso. “The Tracers”, lanzada como primer sencillo, con una sección rítmica que hermana “The Queen Is Dead/The Headmaster Ritual”, evoca madrugadas, autopistas, rascacielos y luces de neón; un mañana distópico arrancado de las páginas de J.G. Ballard. “Hi Hello” (segundo single), luminoso jangle pop marca de la casa, hubiera podido encajar perfectamente en cualquier disco de los Smiths. De hecho, no cuesta en absoluto imaginarla con la voz de Morrissey. “Walk Into The Sea” (tercer adelanto) probablemente es la joya de la corona: una pieza en crescendo de seis minutos, épica y ambiciosa, con piano, spoken word, guitarras potentes, riff  que queda grabado en la memoria y coros efectivos.  

En la producción, limpia y cristalina, Marr se luce en todo momento con su estilo de guitarra sostenido por arpegios y afinaciones abiertas. “Day In Day Out” remite a “Hand In Glove” gracias a su sonido y candencia rítmica. En “Bug” volvemos a encontrar otro tema de los Smiths (“Barbarism Begings At Home”) revisitado de forma velada; bajo funky, batería dominante y estribillo coreable. “Rise”, “Hey Angel” y “Spiral Cities”, alternan entre rock enérgico y pop asequible para las radiofórmulas. “My Eternal”, como en “The Tracers”, con su sensación de urgencia y estructura circular, remite al sonido patentado por Siouxsie And The Banshess, The Cure o Joy Division. “New Dominions” y “Actor Attractor”, electrónicas y experimentales, podrían pertenecer a New Order etapa Technique. Por último, como cierre del elepé, “A Diferent Gun” resulta tranquila y no exenta de cierta melancolía.

Marr es consciente de las elevadas expectativas que despierta su persona entre los fanáticos de los Smiths. Para bien o para mal, su trabajo siempre será comparado con el de Morrissey. Irónicamente, aunque Mozz se caracteriza por sus críticas despiadadas a compañeros de profesión y numerosas declaraciones polémicas que copan los medios, no suele mencionar a su antiguo guitarrista. La conclusión es obvia: ambos han tomado diferentes caminos y se respetan mutuamente. Maduro, diverso y redondo, Call The Comet reúne lo mejor de su pasado, actualizándolo sin un ápice de nostalgia, para conducirlo al futuro.



viernes, 25 de mayo de 2018

ENTREVISTA CORTESÍA DE ADOPTA UN ESCRITOR


Podrías hablarnos un poco más sobre ti, ¿cuáles son tus gustos literarios, tus aficiones, tus inquietudes, a qué te dedicas?


Soy un gran admirador de Henry Miller, William Burroughs, Thomas Bernhard y Hunter S. Thompson, entre otros muchos escritores. Me encanta el rock y la buena literatura, cuanto más radical y subversiva, mejor. Durante los últimos años he descubierto mi faceta de crítico literario/musical y suelo colaborar con regularidad en revistas como Drugstore Magazine, Trabalibros, Croa Magazine, Muzikalia, Rock The Best Music, El Quinto Beatle, etc. Aparte de ello, también colaboro con el sello escocés EmuBands, entrevistando a bandas de su cantera musical. Me gusta mantenerme activo.   
  
¿Qué te impulsó a escribir tu primera novela?

La necesidad de contar una historia y plasmarla sobre las páginas. Siempre he sido una persona muy imaginativa, por consiguiente, es la mejor forma de comunicarme que conozco. Para mí no existe mayor placer que dejarme llevar por las palabras y perderme en mis personajes.

Háblanos de tu libro “El último templario”. ¡Nos gusta el título! ¿De qué trata?

“El último templario” narra la historia de Wolfgang Stark, uno de los pocos caballeros de Dios que logra sobrevivir al ataque producido por soldados franceses a la Sede del Temple cuando la Orden cayó en desgracia. A partir de aquel fatídico momento, el protagonista vaga por el mundo, luchando contra el mal y toda clase de criaturas sobrenaturales. Stark es un antihéroe, un personaje torturado por el pasado, por la pérdida de sus hermanos templarios. Este libro resume mi devoción por el pulp de principios del siglo veinte, cuando escritores de la talla de Howard o Lovecraft publicaban en Weird Tales. He intentado escribir una novela añeja y moderna a la vez, que conjugase la fascinación que despiertan los templarios en la actualidad con el estilo de espada y brujería que leí durante mi adolescencia (Michael Moorcock, Fritz Leiber, Tolkien), sin caer en estereotipos. Espero haberlo conseguido.   

¿Por qué deberían leer nuestros lectores “Gravity Grave”?

A todo aquel que le guste la música de principios de los noventa, la literatura de sexo, drogas y Rock And Roll, debería dar una oportunidad a “Gravity Grave”. Mi novela está escrita sin concesiones, es crítica con la sociedad y cuenta una serie de personajes que se salen de lo “políticamente correcto” que impera en la actualidad literaria. Pienso que es una obra divertida, salvaje, desvergonzada y sencilla de leer. Ideal para tomar una copa mientras escuchas “Screamadelica” de Primal Scream, como banda sonora que recomendaría a los lectores. 

¿Cuánto tiempo te llevó acabar tu primera novela? ¿Y la última?

Mi método de trabajo ha cambiado con el paso del tiempo. Mi primer libro, como no tenía experiencia como novelista, me llevó unos dos años terminarlo. Fue una obra nacida de la improvisación, de diversas experiencias personales, de sentimientos a flor de piel. Ahora escribo de otro modo: preparo la historia exhaustivamente, de principio a fin, documentándome y tomando notas, antes de empezar a escribirla. Mi última novela, finalizada el año pasado, me llevó unos cuatro años de investigación y un mes y medio escribirla. He batido mi propio récord: nunca había narrado una historia en tan poco tiempo.

¿Cómo llevas el tema de la promoción? ¿Las redes sociales te han facilitado el camino para llegar al público o por el contrario no has notado gran avance?

El tema de la promoción es complicado. Tal como he dicho, suelo colaborar con diversas revistas musicales y páginas de literatura para darme a conocer. Aparte de ello, tengo varios libros en el mercado. A diferencia de cuando empecé a escribir, cuento con currículum. No soy gran seguidor de las redes sociales. Prefiero utilizar mi tiempo para trabajar, no para hablar de mis intereses, vida privada o puntos de vista políticos, por poner ejemplos.

¿Consideras que es más fácil hacerse famoso estando amparado por un sello editorial que autopublicándose? ¿En qué crees que es beneficioso o no estar abrigado por una editorial?

No me cabe la menor duda. La mayoría de los libros que triunfan a nivel mundial cuentan con una campaña de publicidad, promoción y distribución en grandes centros comerciales por parte editoriales poderosas. Independientemente de la calidad de la obra, si tiene visibilidad en todas partes y adaptación cinematográfica, el público es consciente de su existencia y, por lo tanto, compra. La autopublicación, al no tener ninguna clase de respaldo, te limita a un público menor; resulta complicado colocar tu libro en las mejores librerías españolas de este modo. De hecho, en muchas revistas, si no eres conocido o cuentas con una editorial que te represente, se niegan a publicitarte y mucho menos reseñarte. 

Muchas editoriales rehúyen de los libros electrónicos debido al miedo que esa forma de publicación pueda repercutir negativamente en sus beneficios. ¿Qué opinas de los libros digitales? ¿Crees que llegarán a reemplazar a los libros tradicionales?

La edición tradicional y digital es compatible. Aunque en mi caso prefiero el papel, muchas veces recurro a libros electrónicos cuando no consigo encontrar lo que me interesa o escapa de mi presupuesto. Pienso que, para que el libro digital prospere, deberían abaratar los precios: resulta absurdo que cuesten casi lo mismo en ambos formatos. El mundo editorial es muy tradicional; jamás ha aceptado bien los cambios. Por poner un ejemplo, la venta de vinilos, a pesar de las descargas ilegales y plataformas como Spotify, ha aumentado durante los últimos años. El libro tradicional, al igual que la música, siempre tendrá representación física.    

¿Has estado en la feria del libro firmando?

No. Tengo la esperanza de poder hacerlo en el futuro.

¿Qué opinas de las ferias de libros? ¿Crees que los autores independientes tienen las mismas oportunidades en ellas que los publicados por editoriales?

En la ferias de libros tienes la oportunidad de tratar con los lectores cara a cara, conocer a otros compañeros de profesión y vender. Conozco el caso de una escritora que, dado que la (famosa) editorial con la que había firmado ignoró sus peticiones, no le quedó otro remedio que presentarse en el stand de una amiga para firmar su obra. Ahí es donde radica el problema de este negocio: si la editorial no demuestra compromiso, respeto y perseverancia, el autor queda desprotegido y no genera beneficios. Todos salen perdiendo, en especial el escritor, que no logra despegar.

¿Qué serías capaz de hacer por llegar a ser famoso y ser leído por un gran número de personas?

Me remito a “Fausto” de Goethe. Define el precio que estoy dispuesto a pagar con tal de conseguir mis objetivos (risas).

Aparte de los libros publicados, ¿estás imbuido en algún otro proyecto con vista de salir en un futuro cercano?

Es pronto para hablar de ello pero en estos momentos estoy en trato con una editorial para publicar mi última novela. Con suerte, saldrá a la venta a finales de año.

Por nuestra parte damos por finalizada la entrevista, pero te invitamos a que añadas lo que desees para poner punto y final.

Agradecer la entrevista a Adopta un escritor y desearles la mejor de las suertes en sus futuros proyectos. Invito a los lectores a visitar mi blog. En él podrán encontrar una muestra de mi trabajo: críticas musicales, relatos, reseñas literarias y puntos de venta de mi obra.

Te agradecemos el tiempo empleado, un cordial saludo del equipo de Adopta un Escritor.

Enlace original:




martes, 15 de mayo de 2018

“EL SECRETO DE LA TUMBA Y OTROS CASOS DE STEVE HARRISON”, DE ROBERT E. HOWARD


Harrison cayó al suelo de espaldas, y yació allí, temporalmente ciego y sordo por aquella espantosa confusión. Cuando logró ponerse en pie, aturdido, observó la escena con asombro. No quedaba el menor rastro de la cabaña: tan sólo unos pocos troncos retorcidos, entre los que yacían algunos fragmentos de ropa desgarrada.

Howard se caracterizaba por su perseverancia. Aunque gran parte de su obra fue rechazada por los pulps de la época, el texano no cesaba de escribir hasta obtener la ansiada publicación. El mundo editorial no ha cambiado en absoluto desde entonces: grandes novelistas pasan desapercibidos mientras otros con ínfimo talento copan las listas de ventas. Si bien el género policíaco no era su punto fuerte significaba un mercado lucrativo en los años de la Gran Depresión; continuaría alternando historias del duro detective Steve Harrison con relatos de boxeo de la dupla de marineros Steve Costigan/Dennis Dorgan, los westerns humorísticos de Breckinridge Elkins, y las aventuras orientales de Francis Xavier Gordon, alias “El Borak”.

Inspirado por Lovecraft, compañero literario en Weird Tales con el que carteaba profusamente, Howard no tenía el menor problema a la hora de abordar el género de terror. Buena prueba de ello son obras maestras como “Las palomas del infierno”, “Gusanos de la tierra” o “El hombre del suelo”. En El secreto de la tumba y otros casos de Steve Harrison (Los libros de Barsoom, 2009), el enfoque es diferente. Las tramas de “peligro amarillo” son reemplazadas por el estilo “weird menace” popularizado por Jules de Grandin de Seabury Quinn, en la que la influencia de lo sobrenatural resulta notoria. Violentos, oscuros y macabros, los cuentos del texano poco tenían que ver con los estereotipos del género.

Pueblos perdidos en la América rural, tumbas profanadas, rituales vudú, crímenes imposibles, espectros asesinos, pantanos llenos de peligros… El detective abandona el Barrio Chino para continuar luchando contra el mal. Su carácter sombrío, taciturno y obsesionado con el trabajo, no es un impedimento a la hora de impartir justicia. Una fuerza de voluntad inquebrantable, junto a sus puños de acero y un revólver bien cargado, lo harán prevalecer sobre las tinieblas en el lugar que muchos otros fracasarían. Harrison es un héroe: siempre alcanza el triunfo pese a todas las adversidades que se interpongan en su camino.    

Con su atmósfera tétrica, cabezas cercenadas, odio ancestral entre familias y apariciones fantasmales, “Ratas en el cementerio” podría ser considerada la mejor historia del detective. Howard demuestra su pericia como narrador:

 … Como sintiendo su indefensión, las ratas se abalanzaron sobre él. Harrison luchó por su vida, como un hombre inmerso en una pesadilla. Golpeó, lanzó alaridos, maldijo, y las aporreó con el revólver de seis tiros que empuñaba aún en la mano derecha.
Sus fauces se clavaron en él, rasgando ropa y carne, mientras sus fétidos alientos acres le causaban nauseas; casi había quedado cubierto por completo por sus cuerpos ávidos y temblorosos. Intentó quitárselas de encima, golpeando con frenesí con demoledores golpes de la culata de su revólver de seis tiros.
Los caníbales vivos se abalanzaban sobre sus hermanos muertos. Llevado por la desesperación, el detective se giró de medio lado y clavó el cañón de su revólver contra la tapa del ataúd.
Ante el destello del disparo y su correspondiente estampido, las ratas escaparon en todas direcciones. Apretó el gatillo una y otra vez, hasta quedarse sin cartuchos. Las pesadas balas destrozaron la tapa, abriendo un gran agujero junto al borde. Harrison logró, al fin, sacar su mano entumecida a través de aquella abertura…

Howard por fin había descubierto la fórmula correcta. Los relatos de terror policíaco “El secreto de la tumba” (bajo seudónimo) y “Fauces doradas”, fueron publicados en el mismo número de Strange Detectives Stories (febrero de 1934),  y “Ratas en el cementerio” (febrero de 1936) en Thrilling Mystery. En cambio, “La morada de la sospecha” y “La voz de la muerte”, permanecerían inéditos hasta ser rescatados del olvido a finales de los setenta y mediados de los ochenta, respectivamente.

El texano no volvería a escribir sobre Steve Harrison durante el resto de su breve carrera literaria. En comparación, el detective palidece junto a célebres personajes como Conan de Cimmeria, Solomon Kane o el Rey Kull. A pesar de ello, no se encuentra tan alejado de estos a nivel de calidad y merece la pena leer sus historias. Ambos libros (El Señor de la muerte y otros casos de Steve Harrison y El secreto de la tumba y otros casos de Steve Harrison) se encuentran agotados desde hace tiempo: solo cabe esperar que una reedición permita a nuevas generaciones disfrutar de los mismos. 


          

lunes, 7 de mayo de 2018

ERASURE "WORLD BEYOND"


Ejecutados por la orquesta danesa Echo Collective, World Beyond (Mute Records, 2018), reinterpretación sinfónica de los temas de World Be Gone, amplía la paleta sonora de Erasure gracias a unas canciones maduras y con aroma clásico. No es la primera vez que el grupo utiliza este recurso: en 1987 lanzaron el elepé de remixes The Two Rings Circus como acompañamiento de The Circus, su segundo disco de estudio.

A diferencia de trabajos anteriores, las letras tratan sobre política —críticas al Brexit y al gobierno conservador de Donald Trump—, reivindicación de los derechos del colectivo LGTB o el estado del mundo; nada que ver con el tono superficial y en ocasiones frívolo, centrado en temáticas amorosas, típica de la formación desde principios de su carrera.

La riqueza melódica del álbum es incuestionable —violines, arpa, cello, bajo, piano y vibráfono—, reduciendo las piezas a su mínima expresión. Las nuevas tomas vocales de Andy Bell —aunque en la actualidad no se encuentre en su mejor momento como intérprete—, sobrias y sin estridencias, remiten a Scott Walker. El cantante cumple su papel de crooner, sin destacar sobre el acompañamiento musical.

Al contrario de muchas bandas que, cuando la inspiración se encuentra en épocas de sequía, lanzan un grandes éxitos con interpretaciones orquestales de sus temas más notorios, Erasure se han centrado en un único trabajo. Ello demuestra que, aparte de tener gran confianza en sí mismos, no consideran necesario reverdecer caballos de batalla como “Stop!”, “Love To Hate You” o “A Little Respect”.

Irónicamente, aunque la dupla siempre ha sido considerada epítome de modernidad gracias a la utilización de ritmos bailables y secuencias electrónicas, demuestran que su obra tiene suficiente peso como para recibir un lavado de cara tradicional y salir airosa del desafío. World Beyond alcanzó un respetable puesto 47 en las listas de Gran Bretaña y en Estados Unidos llegó al número 1 en el Billboard de música clásica. Todo un logro a estas alturas de su trayectoria discográfica.     

Como único defecto, después mostrar sus cartas, el elepé peca de monótono en algunas ocasiones. En su afán de sonar serios, tranquilos y elegantes, Erasure han perdido la sensación de riesgo. Hasta la portada —una figura en el mascarón de proa de un buque que surca un océano embravecido— ofrece una impresión de continuidad. ¿Cuál de ambos álbumes es mejor? ¿World Be Gone o World Beyond? Ninguno destaca sobre el anterior, simplemente se complementan.



viernes, 13 de abril de 2018

“EL SEÑOR DE LA MUERTE Y OTROS CASOS DE STEVE HARRISON”, DE ROBERT E. HOWARD


Steve Harrison, corpulento y sombrío, incongruente ante las porcelanas y la delicada fragilidad de los jades de oriente apilados en la pequeña tienda, apoyó la recia mandíbula en su puño, que asemejaba un martillo. Observó a su anfitrión con una fascinación personal, mientras que el viejo chino se dirigía arrastrando los pies hacia una jaula de bambú.

A principios de los años treinta el único modo que tenían los escritores de ganarse la vida era participando en revistas pulp. En el caso de Robert E. Howard (padre de la fantasía heroica popularmente conocido por su personaje Conan el Cimmerio), las historias policíacas no eran de su agrado. De hecho, no le quedó más remedio que incursionar en el género por pura necesidad económica: su madre se encontraba enferma y los pagos de Weird Tales siempre llegaban con retraso. Tal como el mismo autor reconoció en sus cartas: «Ya he abandonado de forma casi definitiva el campo detectivesco, en el que hasta ahora no he logrado publicar nada, y que representa un tipo de historia que, en realidad, detesto. Me resulta difícil incluso leer los cuentos de esa clase, y ya no digamos escribirlos». Por norma, sus personajes se abrían paso a través de las páginas gracias a la acción, las tramas sesudas y rebuscadas no encajaban con el estilo del texano. Las revistas de aventuras, westerns, boxeo y detectives copaban el mercado y pagaban mejor; no le quedó otra alternativa que llevar el género policial a su terreno.

Steve Harrison es el típico personaje howardiano: duro, parco en palabras, un lobo solitario al que le gusta ir por libre y no rendir explicaciones a sus superiores. Al igual que Solomon Kane, el detective es un justiciero: el crimen nunca conoce descanso y pocos hombres tienen el valor suficiente para plantarle cara. Musculoso, fuerte como un toro y con puños de hierro, Harrison deambula por los callejones del Distrito Oriental entre fumaderos de opio, avenidas lluviosas, clubs nocturnos, muelles cubiertos de niebla y almacenes siniestros. En River Street habita lo peor del género humano: estranguladores mongoles, lanzadores de hachas, crueles “celestes” enemigos del hombre blanco. Criminales capaces de realizar las peores atrocidades: tráfico de droga, sobornos, fraudes, prostitución, robos y asesinatos.

Como toda buena trama de “peligro amarillo” popularizada por Fu-Manchú de Sax Rohmer, Harrison se encuentra con Erlik Khan —un genio del crimen cuya reputación es legendaria, controla el mundo de los bajos fondos desde las sombras y su mero nombre provoca terror en el corazón de los malhechores— que aspira a dominar el mundo. Aquel tipo de historias causaban sensación entre los lectores de la época. Ah Sing de John Charles Beecham, Fing-Su de Edgar Wallace, Iskander de Jack Williamson, el Mandarín de Stan Lee en los cómics de la Marvel; todos bebieron de la misma fuente. Era necesario un archienemigo que el héroe pudiera vencer utilizando los recursos disponibles a su alcance.

Pese a realizar concesiones, Howard no deseaba copiar el estilo de intriga criminal de otros autores. Tal como sucedió en las historias protagonizadas por Francis Xavier Gordon ("El Borak"), Kirby O’Donnell, Wild Bill Clanton o el marinero Dennis Dorgan, los relatos del detective poseen una fuerte ambientación exótica. Entre santuarios ruinosos y mazmorras con los suelos manchados de sangre, Harrison lucha en inferioridad de condiciones contra docenas de enemigos. Dominado por una furia berserker, portando un hacha de descomunal tamaño, no duda en aniquilar a sus rivales para sobrevivir. La violencia desenfrenada prevalece sobre todo lo demás:

… Ambos eran mudos. No se lanzó a la desesperada, como hiciera su compañero, pero su cautela le sirvió de poco cuando Harrison volvió a tajar con su hacha goteante. Mientras el mongol alzaba el brazo izquierdo, el filo curvo se incrustó entre los músculos y los huesos, dejando el miembro casi amputado, colgando tan solo de una breve tira de carne. El torturador saltó hacia él como si fuera una pantera moribunda, hundiendo su cuchillo con la furia de la desesperación, mientras la ensangrentada hacha volvía a descender. La punta del cuchillo rasgó la camisa de Harrison, arañándole la carne del pecho. Mientras retrocedía de forma involuntaria, hizo girar el hacha y, con un golpe plano, quebró el cráneo del mongol como si fuera una cáscara de huevo.

Aunque los relatos de Steve Harrison no puedan ser considerados entre lo más destacable de la nutrida producción literaria del autor, son sencillos de leer y terriblemente entretenidos. No existe un momento de respiro, los aliados escasean y la muerte acecha detrás de cada esquina del Barrio Chino. De las cinco historias de El señor de la muerte y otros casos de Steve Harrison (Los libros de Barsoom, 2009), solo logró vender “Los nombres del libro negro” a Super-Detective Stories (mayo de 1934). El resto —“El tacón de plata”, “El señor de la muerte”, “El misterio del caserón Tannernoe” y “La luna negra”—, aparecerían décadas después de su fallecimiento en diversos fanzines y antologías.

La irrupción en el mercado de la trilogía de El Señor de los Anillos de J.R.R. Tolkien logró que Howard pasara a ser un desconocido escritor pulp a una estrella del género de la fantasía heroica. Lugar que, a todas luces, siempre le perteneció por derecho. Durante muchos años los editores solo dieron importancia a sus relatos de espada y brujería (Conan, Solomon Kane, Kull, Bran Mak Morn), menospreciando el resto de su trabajo a favor de los dividendos. Grandes personajes como Steve Costigan, Breckinridge Elkins, Cormac Mac Art, James Alison, Sonora Kid o el propio Harrison, jamás habían visto la luz en España hasta tiempos recientes. Para los completistas, disfrutar de uno de los personajes más ignotos del maestro, tal como fue escrito y sin “colaboraciones póstumas”, significa un placer.




miércoles, 4 de abril de 2018

EDITORS: "VIOLENCE"

In Dream (PIAS Recordings, 2015) reconcilió a Editors con la crítica que no había recibido con agrado sus anteriores elepés. En vez de regresar a las guitarras para satisfacer al público que añoraba los tiempos de sus primeros singles, la formación decidió arriesgarse con la vertiente más experimental, electrónica y climática de su sonido. Violence (PIAS Recordings, 2018) continúa la misma senda, matizada con profusión de sintetizadores y ritmos bailables cortesía de la dupla de productores Leo Abrahams/Blanck Mass. Repetir los esquemas del pasado —cuando los comparaban con Joy Division, Echo And The Bunnymen e Interpol— no interesa a los de Birmingham; restan nuevos (y ambiciosos) horizontes por explorar. 

“Cold”, tema que han utilizado para abrir muchos conciertos, obtuvo buena acogida por parte del público. Tom Smith alterna entre el barítono y el falsete, batería marcada, teclados omnipresentes y estribillo pegadizo. Una de las piezas más radiables del álbum gracias a su luminosidad. ¿Posible tercer sencillo?  “Hallelujah (So Low)” recupera la épica inherente a la banda: entramado sonoro con guitarra acústica, teclados, cambio de voz, coros, palmas y la melodía más explosiva de toda su carrera. Gran acierto como segundo sencillo que probablemente se convertirá en un clásico de sus directos. “Violence” (corte sobresaliente) bebe de Depeche Mode con su atmósfera oscura y futurista. Al igual que los últimos trabajos de Nine Inch Nails, Marilyn Manson, The Horrors, The Killers, MGMT o Franz Ferdinand, la influencia del Synth Pop de los ochenta es innegable. Un nuevo clásico para su repertorio a la altura de “Papillon” o “Life Is A Fear”. 

“Darkness At The Door” transmite cierta sensación de euforia teñida de grandilocuencia. Destinada para ser coreada en vivo, por su estructura y solemnidad, recuerda a los Simple Minds de mediados de los ochenta. Aunque las intenciones de la banda son interesantes, no termina de convencer. El pop electrónico de “Nothingness” juega a convertirse en un mantra: luces estroboscópicas, hielo seco, sudor, cuerpos en movimiento. Empieza con lentitud y termina con energía contagiosa. Estribillo, teclados y solo de guitarra sobresalen al final; un tema que mejora con las escuchas.
   
La segunda parte comienza con “Magazine”. El primer adelanto de Violence —percusión pesada y guitarras que rozan lo industrial— fue una buena carta de presentación. La parte vocal del cantante destaca sobre el grupo. El videoclip dirigido por Rahi Rezvani muestra a una serie de ejecutivos enzarzados en luchas cuerpo a cuerpo. A modo de curiosidad, cabe destacar que, tal como sucedió en “An End As A Start”, “You Don't Know Love” o “All The Kings”, Editors vuelven a utilizar bailarines como acompañamiento visual de sus canciones. 

“No Sound But The Wind” ha conocido dos apariciones. La primera en la banda sonora de Crepúsculo: Luna Nueva (desnuda y sencilla con Smith al piano) y la segunda en el recopilatorio Unedited (Kitchenware Records, 2011), en la que transitaba por la electricidad y distorsión. Tal como sucedió con “Well Worn Hand” o “Nothing”, el corte es una balada intimista con arreglos mínimos para que el cantante se luzca con una interpretación melancólica. Musicalmente, un regalo para los fans que admiran su voz.  
  
“Counting Spooks” parece un medio tiempo convencional estilo “Darkness At The Door” hasta que, a mitad de canción, deriva al trance con aire de The Cure en los teclados. Paul Oakenfold pasado por el filtro de la formación; ideal para que Tom Smith demuestre su potencial escénico. Aparte de sorprender, gana en calidad por lo inesperado de su desarrollo.   

“Belong” cierra el elepé con grandeza: sintetizadores, cuerdas, juegos de voces y ritmo mecánico. Lúgubre, puede que sea una de las piezas de despedida más arriesgadas de toda la discografía de los Editors. Otro punto a favor para una banda que se niega a entregar trabajos de fácil escucha al público. La edición limitada cuenta con dos cortes de propina: “The Pulse” —con unos añejos teclados que podrían pertenecer a OMD— y “When We Were Angels”— en el que recuperan la influencia de Springsteen de la que habían hecho gala en “The Phone Book”—, aderezada con una musculosa interpretación.

Evolucionar resulta una prioridad para los de Birmingham. Violence podría ser considerado un peldaño más de la trilogía sintética que empezó con el denostado In This Light And On This Evening (Kitchenware Records, 2009), tuvo su continuación en In Dream y termina en el presente inmediato. A estas alturas de su trayectoria, pueden permitirse hacer lo que lo le apetezca sin rendir explicaciones a nadie. Sus seguidores, a diferencia de antaño, se encuentran preparados para el cambio. El futuro del grupo resulta más que prometedor.   



viernes, 9 de marzo de 2018

CYCLE: "ELECTRIC"


Como título, Electrik (Subterfuge Records, 2018) resume el contenido de la nueva propuesta de Cycle perfectamente: rock, electrónica, punk, glam, música de baile con influencias de los ochenta/noventa; el estilo característico de la banda desde su formación.

Elegida como primer sencillo, “Three Little Piggies” es pop clásico de Cycle a la altura de “Confusion!!!”, “You Talk To Much” o “Saturday Girl”. Su provocativo videoclip aúna sadismo, nocturnidad, gore y violencia. Las guitarras de Juanjo Puig —que han ganado protagonismo junto al nuevo miembro David Tabu— podrían pertenecer a “Sleeping In My Car” de Roxette. “Wicked” (segundo single) es una de sus mejores composiciones: bajo cavernoso, trabajo electroacústico cortesía de Luís Rodríguez (León Benavente) y coro demoledor. Perfecta para escucharla a las cuatro de la mañana a toda velocidad. En “100 Vidas”, por primera vez en la carrera del grupo, cantan en castellano. Adrenalínica y contagiosa, otra estupenda elección como adelanto.

“Bro” —compuesta en memoria del hermano de David Kano—, cuenta con la guitarra de Floren (Los Planetas), teclados y uno de los mejores estribillos del disco. “Love Is Rock” y la juguetona “Mother & Shape” conjugan glam y punk —una mezcla entre Slade y Suicide— con buen entendimiento de la sección rítmica. En “Number Six” participa Guille Mostaza (Mostaza Gálvez): con la voz de Luke Donovan perlada de eco, sensación de movimiento e influencia melódica de New Order en los arpegios, resulta hipnótica. La estela de los mancunianos vuelve a aparecer en “Dragons & Angels”, el corte más pop del álbum, que transmite la misma calidez que “Sunset Over The Moon”.

“Wreck Ya” y “The Pyre” continúan la senda rockera mostrada en anteriores temas: duelos de guitarras, la dureza de Luke Donovan contrastando con la sensualidad de La China Patino, bajo que parece arrancado de cualquier disco gótico de los ochenta y ritmos bailables. “Revolution”, pura lisergia Primal Scream época Vanishing Point, evoca pistas abarrotadas, éxtasis y botellines de agua en alto. Por último, por segunda vez en la historia del conjunto, cierran con un cover: “Run With You” de Midnight. Aunque no supera “More” de los Sisters Of Mercy que versionaron en Weak On The Rocks (Subterfuge Records, 2005), prueba que se desenvuelven como peces en el agua con piezas ajenas.     

Las producciones de David Kano progresan con el paso del tiempo. Electrik muestra un trabajo maduro, con gran riqueza sonora, vital y desafiante. Siendo realistas, la música que reina en las radiofórmulas españolas es terrible. La única manera de mantener el control del producto es trabajar con sellos independientes en los que prima la calidad antes que el número de ventas. En una escena “alternativa” dominada por grupos indies fácilmente intercambiables, Cycle insisten en ser fieles a su estilo y no realizar concesiones. Después de trece años de trayectoria y cinco trabajos de estudio, deberían estar mejor valorados por la misma crítica que se deshará en alabanzas ante la próxima sensación hipster que irrumpa en el mercado. La experiencia, al igual que los principios, siempre debería ser tomada en consideración.