lunes, 20 de junio de 2022

ENTREVISTA, CORTESÍA DE 60GAMEOVER

¿Quién es Alexis Brito Delgado? Hoy lo sabremos a través de una pequeña entrevista.

Comenzamos por la primera pregunta ¿Quién es Alexis Brito Delgado?

Utilizaré un fragmento de una novela que espero publicar en el 2023. Creo que me define a la perfección:  

Soy acuario: tímido, sensible, impaciente y soñador. Ascendente Urano. Poseo una personalidad desbordante, fuerte y atractiva. Amante del verano. Honesto, tozudo, idealista, leal, tolerante y brutalmente sincero. Melómano de David Bowie. Original, imprevisible y creativo. Una mezcla entre luz, oscuridad, rabia incontenible y pasión descontrolada. Número ocho en el eneagrama. Mi símbolo es el aire. 

Nota: mi abuela no crío a un nieto sin autoestima (risas).

¿Qué te empujó a publicar tu novela?

Principios. El manuscrito de Luz Blanca/Calor Blanco fue rechazado por más de treinta editoriales durante los últimos quince años. Resulta deplorable la estrechez de miras, elitismo y puritanismo del sector literario de España. Negocio puro y duro. Nunca he escrito pensando en el mercado, lo políticamente correcto o la opinión de los editores. Cuando no has nacido con una cuchara de plata, por norma general, te cerrarán la puerta en las narices. Así funciona el sistema: la clase obrera está condenada al ostracismo, siempre ha sido ha sido así y siempre lo será. Henry Miller, Bukowski, William Burroughs, el Divino Marqués de Sade, Thomas Bernhard… Esos son los escritores que admiro, a los que deseo emular en la medida de mis posibilidades. Leerlos me enseñó la lección más valiosa que he aprendido en la vida: tienes que hacer las cosas a tu estilo, bajo tus propias reglas, sin tener en cuenta a los demás. Decir las verdades a la cara, en definitiva. Las críticas han sido positivas, a la gente le ha molado la historia. Respecto a las ventas… Lo importante es sentirme realizado con mi trabajo, el resto es irrelevante.    

¿Qué es lo que más miedo te da la hora de publicar o de que todo el mundo pueda, por fin, leer tu historia?

Nada. Soy increíblemente exigente conmigo mismo. Si no es perfecto, no me interesa. He escrito más de veinte libros desde que empecé mi carrera como escritor. Todos, sin excepción, han sido rechazados en menor o mayor medida. Aprendes a vivir con ello, no queda otra. Al principio fue complicado, lo reconozco. Con el paso de los años terminas asumiéndolo como algo natural. Cuando ofreces tu obra al público, siempre recibirás críticas positivas y negativas. Es lo normal: es imposible complacer a todo el mundo. Admito que con el paso del tiempo me he radicalizado al respecto. ¿A nuestra sociedad bienpensante le ofende todo aquello que se salga de las normas? Bueno, escribamos sobre ello. Una bofetada en el rostro es el mejor modo de ponerle las pilas a cualquiera (risas).

¿Cómo fue crear a un personaje tan insensible, enganchado a la heroína y un asesino sin escrúpulos?

Increíblemente fácil. Reconozco que me siento atraído por los tipos turbios, sin moralidad, impasibles y expeditivos. Mi concepto del antihéroe por excelencia es Mel Gibson en Mad Max 2: parco en palabras, atormentado por el pasado, vestido de cuero negro, con un perro y un cochazo. Las cicatrices, físicas y espirituales, son imprescindibles en un protagonista. Möhler es un individuo despreciable, reúne lo peor del ser humano, aún así, los lectores terminan aceptándolo. Ello demuestra que hacer las cosas a mi manera es el modo correcto. Sorprender es mi lema.   

Una novela no apta para todos los públicos, ¿qué les dirías a los lectores para animar a leer tu novela?

Si quieres un libro crudo, escrito a la antigua usanza, sin la corrección política que impera en la actualidad, tal como rodaban las películas de acción en los ochenta, soy tu hombre (risas).

¿Qué puedes contarnos de la segunda parte?

Fue duro escribirlo. El trabajo con el que me gano la vida absorbe todo mi tiempo. Aún así, poco a poco, a lo largo del 2021, logré finalizarla. Pienso que supera la primera parte en todos los sentidos. Que es más intenso, oscuro y mejor narrado que Luz Blanca/Calor Blanco. El Alemán ha evolucionado, perfeccionado su instinto asesino, sin perder la esencia que lo caracteriza. Hay violencia, sexo, asesinatos, torturas y muertos por doquier. Si Sam Peckinpah estuviera vivo, sería el director ideal para rodar la historia. Cuanta más sangre, mejor. Detesto las medias tintas.      

¿En el futuro te ves escribiendo otros tipos de géneros o serás fiel a este estilo?

Nunca me he casado con un solo género. He escrito ciencia ficción, fantasía heroica, novela bélica, autobiografía, relatos, novela histórica, poesía, reseñas literarias, críticas musicales… De hecho, para el 2023 quiero publicar una nueva saga literaria: La trilogía del Jinete de Ácido Eléctrico. Una serie de novelas autobiográficas inspiradas en mi adolescencia, la vida de mi padre y diversos géneros musicales: Madchester (primera parte), Britpop (segunda parte) y Post-punk Revival (tercera parte) que me han influenciado como persona. La considero mi obra más confesional y ambiciosa. Por la que quiero ser recordado cuando muera. No veo la hora de terminar la serie Cazador a sueldo para involucrarme en ella.   

¿Cuando lees, qué tipo de novela escoges?

Siempre leo libros relacionados con la obra que estoy escribiendo para inspirarme. Llevo dos años inmerso en la novela negra. Mis autores favoritos del género: Raymond Chandler, Mario Puzzo, Jim Thomson, James Ellroy, Dashiell Hammett, Ted Lewis, James Lee Burke, Elmore Leonard, George C. Higgins, Patricia Highsmith, Lee Child, Edward Bunker… Si contara con tiempo y recursos, compraría todos los títulos de Sajalín Ediciones. Me encanta su catálogo.    

Enlace original:

 http://60gameover.com/entrevistas/



jueves, 19 de mayo de 2022

RESEÑA "LUZ BLANCA/CALOR BLANCO", CORTESÍA DE @FERNANDEZDIAZBELEN

 Colaboración, muchas gracias a @starkbrito por esta novela.

 Luz Blanca/Calor Blanco

Creo que es uno de los libros más fuertes con los que me he encontrado, y no hablo de escenas descarnadas de sangre o sexo.

Un libro no apto para todos los públicos.

En esta historia te metes en la mente de un cazador de cabezas, un asesino en serie, sin escrúpulos ni remordimientos.

Que además se le suma su adicción a la heroína y el intento de desenganche.

Durante toda la historia sabemos todos sus pensamientos, sufrimientos, ideas y emociones que le pasan por la cabeza, sobre todo a la insensibilidad que desprende hacia todo.

Un protagonista donde la conexión de lector con él es extraña, porque que no llegas a tenerle empatía o cariño.

Y dentro de todo esto nos encontramos con una trama de novela negra, con mafias, venganzas, engaños, asesinatos y sexo.

Escondida a lo largo de sus páginas tenemos una pequeña historia de amor que se nos hace cortita, ya que es lo único que endulza un poquito la historia.

La narración es directa, sin rodeos, con un vocabulario fuerte, pero que el autor introduce en la historia de forma natural. Según vas leyendo parece, las palabras encajan de tal manera que no podrían ser sustituidas.

Destacar la portada, llamativa, pero con un toque grotesco o brutal, que nos adelanta la dureza de lo que nos encontraremos en el interior.

Es cortita y se lee rápido, a pesar de que tarda un poco en presentarnos la trama. Desatándose todo al final, pero nos deja con una gran incógnita.




miércoles, 18 de mayo de 2022

RESEÑA "CHOCA CONTRA EL SOL", CORTESÍA DE LOS MEJORES LIBROS

Tras conocer la historia de Möhler Stark en Luz Blanca/Calor Blanco, me vuelvo a adentrar en la segunda parte de la serie titulada Cazador a sueldo. Así, seguimos las andanzas del protagonista ahora en otro enclave. Noir clásico, gánsteres, mafias, Nueva Orleans… todo esto en la reseña Choca contra el sol, escrito por Alexis Brito Delgado.

Crítica libro Choca contra el sol

Me adentré en esta historia con el primer libro Luz Blanca/Calor Blanco, y al salir la segunda parte allá que me fui a leerla. Una vez que ya sabes a lo que te enfrentas se disfruta aún más.

El primero me descolocó un poco por no ser a lo que más habituada estaba en cuanto a género, sin embargo, en esta ocasión iba sabiendo lo que tenía entre manos. Así, puedo decir que me ha gustado aún más que la anterior.

Te dejo con la sinopsis y tras ella, me meto de lleno en la reseña Choca contra el sol.

Sinopsis

Choca contra el sol continúa la sangrienta historia de Möhler Stark. Marcado por el FBI, la Cosa Nostra y la Policía de Nueva York, el Alemán permanece oculto en Luisiana, disfrutando de una tranquilidad poco común. Sin embargo, el pasado no olvida; quedan deudas por saldar. Un nuevo trabajo lo obligará a salir de su ilusorio retiro, involucrándolo en una espiral de muerte, venganza y cadáveres. Rodeado de enemigos y con un futuro incierto, hará lo imposible por sobrevivir…

Reseña Choca contra el sol

Este nuevo libro de la serie Cazador a sueldo viene después de los hechos del libro anterior por lo que no haré spoilers, algo difícil pero vamos a por ello.

Con escasas 242 páginas, Choca contra el sol se convierte en un libro que se acaba sin darte cuenta. Una lectura que te transporta al noir clásico, al mundo de las mafias en suelo estadounidense, al pasado que podemos tener en mente gracias a diferentes películas. Una obra que nos traslada a Nueva Orleans, dejando atrás el Nueva York del libro anterior. No os cuento el porqué de este cambio ya que sería spoiler, pero le va genial este nuevo escenario también.

Esa ciudad con ese toque esotérico, misterioso, mezcla de culturas, y un individuo —nuestro protagonista— recién llegado que se ve envuelto en sus trifulcas y enredado de nuevo con las mafias. Un relato cargado de crudeza, un personaje sin pelos en la lengua, escrita sin pudor, reflejando la cotidianidad del personaje. Una narración que se nota cuidada aunque aparezcan expresiones soeces y una jerga «de la calle». Sin dejar nada a la imaginación en las escenas violentas o de sexo.

En este libro tenemos capítulos divididos por semanas, durante siete semanas además de un prólogo. Los capítulos son de larga extensión, lo que no quiere decir que se hagan pesados. Con una narración cruda, que discurre sin eufemismos, y que se recrea en las vivencias del personaje. Escrito en primera persona podemos decir que en el libro Choca contra el sol conoceremos aún más al personaje sintiéndolo muy cercano.

Y Möhler Stark evoluciona…

En esta ocasión seguimos viendo una gran crítica social no solo de la mano del protagonista que va evolucionando y dándose cuenta de determinadas cosas, sino también de los sucesos que va narrando.

Un personaje que se queda estancado a lo largo de los libros no es tan interesante y así parece verlo también Alexis Brito puesto que nuestro protagonista avanza, cambia, sin dejar su esencia.

Sin poder decir mucho más, sí notaremos cómo va sucediendo esta metamorfosis, de hecho, lo expresa él mismo. Sabremos por qué, lo que le lleva a esa evolución y cómo lo hace. Pero no nos olvidamos de quien fue y de algunos aspectos que no le serán tan sencillos dejar atrás. Una lucha constante se abre paso en su interior. Su esencia está, ahora quizá más pura, una versión mejorada para hacer las delicias del lector. Y que seguro nos traerá nuevas aventuras.

Valoración final

Reencontrarme con Möhler Stark ha sido un acierto, ya sabiendo por dónde se mueve me ha atrapado aún más. Una segunda parte que está más que a la altura de la primera, personalmente la he disfrutado más. Me ha convencido la evolución del protagonista, su lucha interna y sus acciones aunque más de una vez hay que pensar en el contexto en el que se mueve la historia para aceptar su forma de actuar y ciertas cosas que dice. Para mí, ningún problema en este sentido, recordamos que estamos ante una obra de ficción.

Lo recomiendo si te gustó la anterior, si te gustan las historias más crudas o del género en el que se mueve.

Enlace original:

https://losmejoreslibros.top/resena-choca-contra-el-sol-de-alexis-brito-delgado/




domingo, 15 de mayo de 2022

RESEÑA "CHOCA CONTRA EL SOL", CORTESÍA DE @BLIKO_BOOKS

Hoy os traigo una colaboración que tenía pendiente hace tiempo. Se trata de la segunda parte de Cazador a sueldo; Choca contra el sol, del escritor @starkbrito

Os dejo por aquí la sinopsis y una breve reseña.

SINOPSIS

Choca contra el sol continúa la sangrienta historia de Möhler Stark. Marcado por el FBI, la Cosa Nostra y la Policía de Nueva York, el Alemán permanece oculto en Luisiana, disfrutando de una tranquilidad poco común. Sin embargo, el pasado no olvida; quedan deudas por saldar. Un nuevo trabajo le obligará a salir de su ilusorio retiro, involucrándolo en una espiral de muerte, venganza y cadáveres. Rodeado de enemigos y con un futuro incierto hará lo imposible por sobrevivir.

RESEÑA

Título: Choca contra el sol

Autor: Alexis Brito

Editorial: Romeo Ediciones

Extensión: 242 páginas.

Anteriormente tuve el placer de reseñar la primera parte de esta historia que resultó ser una sorpresa total. Con la segunda parte no es menos. Me encanta que sea acción, acción y luego… acción.

El autor te transporta muy bien a la época en la que está ambientada la historia, creando una atmósfera que te envuelve con cada vuelta de hoja.

La música que acompaña a la historia ayuda aún más al lector a empaparse de la historia, lo cual es un plus.

Si aún no has leído al autor, te recomiendo encarecidamente que le des una oportunidad. Te va a sorprender.

Muchas gracias Alexis por tus historias.


Foto cortesía de @bliko_books


miércoles, 4 de mayo de 2022

RESEÑA "CHOCA CONTRA EL SOL", CORTESÍA DE SORAYA MURILLO

Choca contra el sol es la segunda entrega de la serie Cazador a sueldo de Alexis Brito Delgado. En la primera titulada Luz Blanca/Calor Blanco, que por supuesto también recomiendo, se describe más a fondo a nuestro personaje principal el alemán Möhler Stark, un maravilloso antihéroe, al que la tragedia que se cierne sobre él le da cierto aire de mártir mugriento consagrado. Si acaso pensáis comenzar esta segunda parte antes de conocer el volumen anterior no pasa nada, ambas se pueden leer de forma independiente, además en esta continuación hay un buen resumen de lo que fue su vida.

El lector se va a encontrar ante una novela negra del mundo del hampa. Mafia y traficantes controlando territorios muy al estilo de la película El Padrino. Italianos, irlandeses, macarras…Alexis nos arrastrará a lo peor de la sociedad, allí donde no se conoce la compasión, matas o te matan, no hay más. Para ello nuestro autor usó un lenguaje yo no diaria fuerte, lo llamaría real. Por eso, tú amigo lector que estás empezando a leer esta reseña, si crees ser una persona delicada o de los que se ofenden por todo tómate un tranquilizante cuando vayas a leer la novela ¿Eres de los que piden que a un negro lo llamen hombre de color o algo menos racista? Aquí te vas a encontrar directamente la palabra negrata ¿Te irrita? Mal empezamos entonces, porque en el sexo nuestro Alemán es de los que pagan bien porque la lengua de una mujer le lama los huevos, ¿tal vez eso ya te molesta menos?...

Historia de mafias, asesinos, maltratadores, drogadictos, prostitutas y entre medio un protagonista ex heroinómano y ex asesino a sueldo buscando una paz que nunca encuentra.

El escenario en esta ocasión será Luisiana (USA) donde se oculta tras una misión de la cual no salió muy bien parado. Nuevas cicatrices adornan su cuerpo. Allí se esconde bajo el nombre de Joe Wagner, pero el pasado nunca olvida… todavía quedan muchas deudas por saldar. Un nuevo trabajo lo obligará a salir de su ilusorio retiro, involucrándose en una espiral de muerte, venganza y cadáveres.

Estamos ante un personaje que lejos de perder fuerza en una segunda entrega creció. Sigue siendo el mismo matón que no perdona destrozarte la cara ni enviarte al más allá, aunque en esta ocasión parece haberse reconciliado un poco con el mundo. Aun así, es de los que creen al pie de la letra la famosa frase: no habrá paz para los malvados. Siempre con el extraño don de estar en el sitio equivocado, o tal vez será que esos son sus lugares… Rompe bocas, destroza caras, trata bien a las putas con las que se acuesta y en general tiene debilidad por las mujeres y los desvalidos, es sencillo quererlo y seguir de su lado pase lo que pase.

Para darle vida a todo esto Alexis, acompañará su narración con nombres de mafiosos reales del recuerdo, eso hará que se sienta el conjunto más auténtico. No solo el lenguaje creado es veraz también lo es el ambiente que envuelve los pasos de Joe. Vais a estar en los peores sitios, ni siquiera la policía se atreve a entrar. Lugares peligrosos de chabolas, drogas y gente muriendo sin que le importe a nadie. Las luces y sombras de Nueva Orleans, no faltará cierto detalle morboso de Marie Laveau la que fuera la reina del vudú.

Enemigos del pasado han regresado, su cabeza de nuevo tiene precio y mientras tanto comenzará su venganza personal tras el asesinato de alguien a quien apreciaba. Aquí empezará la acción con escenas sangrientas, palizas y todo lo que se os pueda pasar por la cabeza, este hombre sabe ajustar las cuentas. Estos momentos quedaron perfectamente narrados tanto que logras visualizarlos, no es extraño que te toques la cara en busca de sangre. Diálogos cien por cien creíbles, ninguna floritura ni chorradas, este es el inframundo del hampa y se siente real. Nada de hospitales, se cose él mismo las heridas, hilo, puntazo y lingotazo de bourbon. Entre medio letras de canciones de Led Zeppelin, Lou Reed…

Visitas al pub La Gatita hambrienta… Recuerdos en monólogos internos enlazan perfectamente con lo que le está ocurriendo ahora. Violencia, mucha violencia, policías corruptos y la traición que no se espera. Una serie negra de las mejores que he leído, sorprende la calidad de este autor patrio.

Nuestro héroe de nuevo dejará un final cerrado y con ganas de saber lo que ocurrirá en la siguiente entrega. Mientras llega ese momento entonaremos la letra Papa was a Rolling Stone de The Temptations.

Era tres de septiembre

Ese día siempre lo recordaré, sí lo haré

Porque ese fue el día que mi papá murió

Nunca tuve la oportunidad de verlo

Nunca oí nada más que cosas malas de él

Mamá, dependo de ti para decirme la verdad…

Gran novela, una auténtica pasada.


Enlace original: 

https://es.babelio.com/livres/Alexis-Brito-Delgado-Choca-contra-el-sol-Cazador-a-sueldo-2/150978/critiques/179127?fbclid=IwAR1vdgiCHu_lFDSOO39W2vmy0oc5sYNBL1KZE2eyU997ilBZ8o9ODuKjGNw


lunes, 25 de abril de 2022

RESEÑA "CHOCA CONTRA EL SOL", CORTESÍA DE CINEFAGIA80

Escrito por Alexis Brito Delgado, la trama nos cuenta cómo tras una misión que está a punto de  costarle la vida, Möhler Stark se retira a vivir una plácida vida en Luisiana. Pero es complicado dejar el pasado atrás, y más cuando viene a buscarte cuando te creías a salvo.

Se suele decir que segundas partes nunca fueron buenas, algo que, por fortuna, no ocurre aquí. Ya desde las primeras páginas, el autor nos atrapa y ya no nos suelta hasta que finalizamos la lectura, o paramos para tomar un respiro.

El Stark que aquí nos encontramos ha evolucionado como personaje. Sigue siendo un cabronazo de tomo y lomo, pero al menos aquí demuestra tener algo parecido a sentimientos y empatía, por aquellos que han compartido parte de su vida en su retiro y bajo una nueva identidad.

El ambiente mostrado por el autor, dista mucho de ser el ideal para visitar si eres turista. Los lugares en los que se desenvuelve Stark, salvo uno, son bastante peligrosos y no están exentos de peligro para todos aquellos que se aproximan a los mismos.

Tal y como ocurría en su anterior aventura, un hecho hará que Stark vuelva a ser el asesino despiadado que conocíamos. E incluso se puede decir que su vendetta tiene un carácter personal, al enterarse de la muerte de alguien que era importante para él.

Las escenas de acción son escasas, eso sí, cuando aparecen te hace falta un paraguas de la cantidad de sangre que aparece. Están narradas de forma explícita y cinematográfica, de forma que a uno le parece estar viéndolas sobre una pantalla.

Uno de los detalles que más me gustó, además de las escenas de acción antes mencionadas o del personaje, fue la aparición de diversos nombres reales de mafiosos, ya que alguno de ellos resultarán conocidos para todos aquellos que, mediante películas o libros, tenemos algún conocimiento de este mundo. Baste citar como ejemplo el nombre de Tony Spilotro. Tal vez no os suene, pero si os digo Nicky Santoro, interpretado por Joe Pesci en Casino, puede que os suene más.

La novela es bastante cruda y no muy apta para aquellos que se asusten con lenguaje bastante soez, escenas de sexo explícito y una violencia que no desentona en el cine de acción de serie b más bestia y salvaje.

El final, que por supuesto no voy a desvelar, nos deja con ganas de más aventuras de Stark. Ya que es un personaje que mola. Es un cabrito sí, pero aún así la forma en la que el autor nos describe sus peripecias, hace que queramos saber más del personaje. Más cuando aquí se nos dan pequeñas pinceladas acerca de su pasado.

Pero si disfrutáis con la literatura negra que de suele salir de lo habitual, o si os gustan aquellos títulos poco conocidos pero que nos deparan alegrías, no lo dudéis y haceros con el libro. Seguro que no os arrepentiréis. 

Enlace original:

http://cinefagia80.blogspot.com/2022/04/libro-choca-contra-el-sol-cazador.html




miércoles, 30 de marzo de 2022

EL SEÑOR DE LA NOCHE

«El futuro nos tortura y el pasado nos encadena. He ahí porqué se nos escapa el presente».

Gustave Flaubert


1

PESADILLAS

Atormentado, Bruce Wayne se revolvió sobre las sábanas de seda vencido por las terribles pesadillas que consumían sus noches…

… Mientras se desplomaba en el vacío, la sorpresa le cerró las cuerdas vocales y ahogó su chillido de pánico. Durante unos segundos, Bruce tuvo la impresión de que la caída sería eterna, hasta que chocó contra el suelo con brusquedad. Conmocionado, levantó la cabeza. Un gemido de dolor le escapó de los labios. Le ardía la pierna derecha, puede que estuviera rota. Entonces, fue consciente de la negrura que lo envolvía como un manto horrible. Su corazón comenzó a latir descompasadamente. Una sensación de desamparo le arañó la corteza craneal y quebró sus nervios a flor de piel. Bruce tembló de miedo y de frío. La cueva parecía interminable, llena de fantasmas intangibles, de malos presagios imposibles de definir. Tosió, asfixiado por el hedor penetrante: una mezcla de siglos de humedad, vegetación muerta y putrefacción. Un sonido impreciso llegó a sus oídos. Su alma se encogió. No estaba solo, algo lo acechaba en las tinieblas. Las sombras se rompieron. Una docena de murciélagos levantó el vuelo. El aleteo de los animales lo obligó a gritar de terror, mientras chocaban contra su cuerpo. Bruce se llevó las manos al rostro, intentando protegerse de las bestias que su caída había alarmado. Segundos más tarde, los animales desaparecieron. Con lentitud, unos ojos enrojecidos se aproximaron, llenando sus sentidos. Hipnotizado, fue incapaz de retroceder. La bestia era un ser puro, hermoso y letal, que cruzaba la oscuridad consciente de su propia grandeza. Algo se desgarró en su interior y llevó sus emociones a un punto límite. El murciélago lo había poseído para siempre...

Sobresaltado, Bruce abrió los párpados, ahogando a duras penas un bramido de pánico. Durante un minuto angustioso, fue incapaz de reconocer la estancia; la pesadilla había sido demasiado real. Lentamente, recuperó la cordura, intentando serenar los violentos latidos de su corazón. Lágrimas candentes le descendieron por las mejillas: sabía que el llanto no podría proporcionarle la paz de espíritu que necesitaba.

—Ya no puedo más… —susurró mientras limpiaba la cara con el envés de la mano—. Estoy harto de sufrir por lo que no tiene remedio…

A su memoria regresaron las imágenes tenebrosas del sueño: nunca podría olvidar el día de descubrió la cueva. Con un estremecimiento, intentó borrar el pasado, pero como de costumbre, fracasó estrepitosamente. Furioso consigo mismo, apartó las sábanas empapadas y emergió desnudo de la cama. Su cuerpo poderoso y bien proporcionado, estaba cubierto de sudor de la cabeza a los pies. A trompicones, recorrió la estancia y se aproximó a los ventanales: tuvo la impresión de que el mundo exterior estaba colmado de tinieblas y conflictos como contra los que luchaba a diario. Bruce tragó saliva y apretó los puños hasta que le dolieron los dedos: odiaba reconocer que nunca tuvo la oportunidad de escapar del destino que lo había convertido en lo que era.

Recordó aquella mañana sucedida tanto tiempo atrás, vencido por una amargura imposible de soportar. Sus padres estaban llenos de vida, tan cariñosos y atentos como de costumbre, mientras corría detrás de un conejo en los exteriores de la mansión Wayne. De buen humor, Thomas Wayne le dijo que tuviera cuidado, sin embargo Bruce ignoró sus consejos y continuó detrás del animal, sintiendo como el corazón se le salía del pecho por la rápida carrera. Inesperadamente, cuando menos lo esperaba, el suelo se hundió debajo de sus pies, conduciéndolo al interior de los pasadizos subterráneos que desconocía hasta aquel momento. Ahora, después de tantos años, los murciélagos seguían revoloteando en sus noches, impidiéndole conciliar un sueño libre de pesadillas.   

Debajo de la ducha, Bruce apoyó la frente sobre las paredes blancas, luchando por controlar la rabia inhumana que le retorcía las entrañas. Apático, observó los moratones y cortes que desfiguraban su anatomía; secuelas de los terribles combates nocturnos que libraba contra la delincuencia de Gotham desde hacía semanas. Encajando los dientes, pasó por alto el dolor de las heridas y frotó los músculos magullados con fuerza. Una frialdad tétrica invadió su interior, proporcionándole la lucidez que necesitaba en aquellos momentos. Tenía una misión que cumplir y no pensaba abandonarla: el murciélago había dado sentido a una vida que despreciaba desde que tenía uso de razón. Aunque la policía estuviera detrás de su pista, poco le importaba saltarse las normas para conseguir sus objetivos; le quedaban años de trabajo por delante para lograr que las calles de la ciudad fueran seguras. Gracias a sus investigaciones, Bruce había descubierto que el departamento policial estaba completamente podrido: obrar por los cauces normales hubiera resultado una pérdida de tiempo. El teniente James Gordon, el mismo hombre que el alcalde había contratado para capturarlo, era uno de los pocos que no había sucumbido ante la corrupción. Meditabundo, salió de la ducha y se secó con una toalla: si lograba poner a Gordon de su lado todo le sería mucho más fácil. Bruce se puso un albornoz e inspiró una bocanada de aire. No necesitaba comprobar la hora para saber que era el instante de entrar en acción. El manto de la madrugada escondería los traumas que jamás había sido capaz de superar. Antes de abandonar el baño, su mirada tropezó con el espejo de la pared. La visión de su rostro, sombrío y circunspecto, lo obligó a destrozarlo de un puñetazo. El dolor de los nudillos lo hizo regresar al presente: la noche lo había vuelto a convocar para que combatiera por la justicia. Un reguero carmesí se le deslizó entre los dedos y manchó las baldosas impolutas. Probablemente, aquella sería la primera herida de la larga caza nocturna que le esperaba en breve.  

2

LA CUEVA 

La cueva era un erial negro como una mancha de alquitrán que apestaba a humedad y a heces de murciélago. La gelidez espeluznante que emanaba del lugar lo estremeció: le costaba aceptar aquella temperatura. Los inmensos túneles situados debajo de la mansión Wayne, que horadaban las profundidades de la tierra durante kilómetros, eran tan vastos que nunca podría examinarlos del todo. A sus oídos llegó el correr del agua por las grietas y depresiones del terreno traicionero; si daba un paso en falso no volvería a ver la luz del sol.

Tenso, Bruce descendió unas escaleras talladas en roca viva. El hedor acre de los animales tranquilizó los remordimientos que lo habían obligado a despertar. Poco a poco, recuperó la confianza en sí mismo, experimentando una sensación de poder recorrerle el alma. Aquel era el lugar al que pertenecía. Las cenas benéficas y las subastas eran una mascarada para despistar la atención de los medios sobre su persona. Actuar como un playboy, ridículo y superficial, salvaguardaba la doble vida que había adoptado por una necesidad que escapaba de su entendimiento. Al llegar abajo, contempló las aterradoras dimensiones de la caverna que se desvanecían en la negrura, sintiendo cómo un escalofrío le erizaba el vello de la nuca. Una corriente de aire frío le arañó el rostro crispado por una expresión torturada: era un milagro que no hubiera perdido la cordura al aterrizar allí cuando tenía seis años. El silencio sepulcral, roto por el aleteo de las bestias, era tan insondable como las contriciones que anidaban en su espíritu.

Bruce tuvo la sensación de que las tinieblas se apoderaban de su personalidad, convirtiéndolo en una criatura temible, digna de las peores pesadillas que el ser humano podía imaginar. A pesar del aspecto desenfadado y jovial que mostraba delante de las cámaras, en su interior, en un lugar recóndito de su espíritu, existía una depresión más oscura que la noche. Nada había logrado curarla, todos los intentos y alternativas fueron vanos, excepto vestir el manto del murciélago. Salir todas las madrugadas, jugándose el cuello contra la escoria de la ciudad, era la única manera que conocía de tranquilizar las obsesiones que lo atormentaban. Bruce rememoró al enorme animal que destrozó la ventana de su estudio un mes atrás. Aquel murciélago le mostró el camino que debía tomar para aterrorizar a sus enemigos. Tanto, que incluso lo desvelaba en sus peores sueños, haciéndolo plantearse el porqué de la miseria que soportaba a diario.

Por mucho que quisiera, no pasaba un día en el que no se sintiese culpable por el asesinato de sus padres; a veces pensaba que aquella losa de plomo sobre su conciencia lo enloquecería tarde o temprano. Joe Chill había aniquilado su vida la noche en que apretó el gatillo, no hubo marcha atrás desde el momento que tiroteó a su familia en aquel inmundo callejón atestado de basuras. Bruce perdió la inocencia de la manera más traumática posible. Su alma quedó mutilada para siempre, jamás volvió a ser el mismo; por ello buscaba consuelo en el interior de la caverna cuando los demonios del pasado lo asediaban.

Cruzó la cueva en diagonal con lentitud, en dirección al cubículo donde guardaba el traje. Sus pasos levantaron ecos en las tinieblas que se extendían hasta el infinito. En cierta manera, se encontraba satisfecho entre los muros invisibles de su conciencia; un pobre paliativo para sanar las heridas que atesoraba desde que tenía memoria. Los murciélagos, al percatarse de su presencia, levantaron el vuelo, dándole una especie de nebulosa bienvenida. Bruce inclinó la cabeza con mudo respeto: la compañía de las bestias le resultaba más aceptable que la de sus semejantes. Con las mandíbulas encajadas, apartó cualquier distracción que pudiera apartarlo de sus objetivos. Ya no era el Howard Hudges que interpretaba a diario, poco quedaba del papel que tanto repudiaba. Volvía a encontrarse con su auténtica naturaleza, oscura y letal. Henchido de orgullo, se detuvo delante del uniforme acorazado, contemplando las líneas opacas y atemorizantes delineadas en kevlar. Su mirada recorrió la capucha, la larga capa, el peto y el espaldar, las perneras y las botas; funcionalidad y protección a partes iguales. Gracias al traje, negro y perturbador, lograba camuflarse en la oscuridad y amedrentar a sus enemigos. Dependía de su inteligencia, dotes de detective, entrenamiento físico y pericia en las artes marciales para derrotar a los criminales de Gotham. Dado que despreciaba las armas, aquella era la única opción que tenía para luchar bajo sus propios términos; sin principios todo estaría condenado al caos absoluto. Bruce se había prometido fervientemente no matar a nadie: si obrara de la misma forma que la escoria que pretendía destruir se pondría a su nivel; la compasión era lo único que lo diferenciaba de ellos. Diez minutos más tarde, equipado y listo para entrar en acción, se aproximó al imponente vehículo que lo esperaba en la entrada de la cueva. A veces, la añoranza que experimentaba por los seres queridos era tan dolorosa que llegaba a odiarlos. Sus padres, al traerlo al mundo, lo condenaron a una existencia insoportable. Nunca podría perdonarles que lo hubiesen abandonado cuando más los necesitaba. Poco restaba de los dilemas que convertían el presente en un abismo: ahora era el caballero oscuro.

3

ATRACO

Un estampido rompió la quietud de la noche y reventó la entrada del banco, haciendo que la calle se llenara de escombros y humo. Rápidamente, varias figuras enmascaradas abandonaron unos vehículos y accedieron al interior del recinto, provistas de pistolas y metralletas de gran calibre. Los ladrones sortearon los cascotes y atravesaron el amplio vestíbulo a oscuras, dirigiéndose a la cámara acorazada. La luz mortecina de las linternas iluminó las paredes y los suelos blancos. El líder de la banda, un hombretón ataviado con un mono color gris, ordenó a sus secuaces:

—¡Tenemos quince minutos hasta que llegue la bofia! —exclamó—. ¡Daos prisa, idiotas!

Tres individuos se detuvieron delante de la puerta metálica y soltaron las bolsas en el suelo. Uno de ellos sacó un aparato del interior del bolsillo y lo colocó encima del lector de huellas digitales. En la entrada, cuatro ladrones vigilaban la avenida, ensordecidos por la alarma que habían activado, listos para disparar en cualquier momento. La puerta de acero de dieciséis toneladas se abrió hacia fuera. Un grito de júbilo escapó de uno de los enmascarados:

—¡De puta madre! ¡Lo hemos conseguido!

Sin más preámbulos, los ladrones recuperaron las mochilas y accedieron a la cámara, dándose de bruces con una mesa atiborrada de fajos de billetes. Obnubilados por la avaricia, contemplaron el dinero con los ojos abiertos como platos, incapaces de creer en su suerte. El individuo que había abierto la puerta gruñó:

—¿A qué demonios esperáis? ¡No tenemos toda la noche! ¡Moveros de una vez!

El trío se abalanzó sobre la fortuna y empezó a depositarla dentro de las bolsas. El sonido de las respiraciones ansiosas se mezcló con el de los miembros en movimiento. El jefe del grupo comprobó el reloj de pulsera y apretó la culata de la Magnum 45 que llevaba en la diestra.

—¡Nos quedan cinco minutos! —exhortó a los hombres que desvalijaban la cámara—. ¡Tenemos que largarnos ya!

Una corriente de aire helado recorrió el banco. Sin poder evitarlo, los ladrones sufrieron un estremecimiento; algo no marchaba bien y lo sabían. Dentro de la cámara acorazada, los enmascarados se inmovilizaron durante unos instantes, sintiendo cómo se les secaba la boca. Una sombra tenebrosa y alargada cubrió la puerta, apagando el resplandor de las linternas. El pánico irracional les congeló la sangre en las venas: todos habían oído los rumores que recorrían los bajos fondos; historias sobre una criatura demoniaca que atacaba a los delincuentes en las tinieblas de la noche. Asustado, uno de ellos levantó la ametralladora, dispuesto a vaciar el cargador. Un chillido escapó de sus labios. Algo le había golpeado la mano, produciéndole un dolor inesperado y punzante. Los otros, al escuchar el bramido de su compañero, apretaron los gatillos de las armas, desencadenando una tormenta de plomo hacia el exterior de la cámara. Los casquillos vacíos chocaron contra el suelo de hormigón armado y una nube de pólvora se elevó en el aire. El silencio se transformó en un manto angustioso.

—¿Por has gritado? —farfulló el más alto de ellos—. ¿Qué coño está pasando aquí?

Gruñendo, el herido arrancó el objeto metálico que le traspasaba la zurda de parte a parte.

—¡No lo sé! —profirió—. ¡Me duele la mano, joder!

La sombra fantasmagórica irrumpió entre los ladrones y los golpeó con violencia. El hombre que había abierto la cámara retrocedió a trompicones, buscando refugio con el corazón en la garganta. Muerto de miedo, intentó sustituir el tambor de la ametralladora, pero las manos le temblaban demasiado para realizar movimiento alguno. A oscuras, escuchó el sonido de los huesos rotos y los juramentos de sus compañeros; era el único que continuaba en pie. Un gemido le surgió del fondo de la garganta:

—¡Dios mío! —lloriqueó—. ¡No quiero morir! 

Una voz ronca y hosca rasgó sus nervios a flor de piel:

—Demasiado tarde, basura.

El ladrón alcanzó a emitir un alarido estremecedor antes de que la negrura se abalanzara sobre él.

Afuera, en la entrada del banco, al escuchar las detonaciones y los gritos que provenían de la cámara, los enmascarados sintieron cómo las piernas les flaqueaban. El líder de la banda dio la media vuelta y aulló a los demás:

—¡A la furgoneta! ¡Fuera de aquí!

De inmediato, el resto de los ladrones imitó sus movimientos, lanzándose en una carrera desesperada hacia la calle. Uno de ellos perdió el equilibrio y se desplomó de bruces; algo se había enrollado alrededor de sus tobillos y lo arrastraba hacia la negrura.

—¡Ayudadme! —berreó mientras arañaba el suelo frenéticamente—. ¡Socorro!

El jefe del grupo se volvió con la pistola alzada: solo alcanzó a contemplar cómo su compañero se desvanecía en las tinieblas sin dejar rastro. Un sudor frío y pegajoso se deslizó por su espalda y le puso la carne de gallina. Un chasquido seco y brutal silenció los chillidos del ladrón que había desaparecido en el interior del recinto. La mano le temblaba tanto que estuvo a punto de soltar la Magnum 45. La irradiación de la linterna le mostró durante un segundo la imagen de una silueta informe agazapada en los pisos superiores. El hombretón ignoró el destino de su compañero y salió despedido hacia el exterior, sin molestarse en mirar atrás. Velozmente, cruzó la acera y subió al vehículo que lo esperaba con el motor encendido. El conductor apretó el acelerador a fondo, introduciéndose por una callejuela adyacente. Minutos más tarde, cuando los ánimos del trío comenzaron a tranquilizarse, todos rieron aliviados. El líder de la banda inquirió:    

—¿Qué coño fue eso?

Una sirena de la policía se escuchó a varias manzanas de distancia.

—¡No quiero saberlo! —masculló otro—. ¡Hemos escapado por un pelo!

El conductor se quitó la máscara y soltó un suspiro de alivio:

—No había pasado tanto miedo en mi vida —repuso—. Juro por Dios que no volveré a atracar un ban… 

Un golpe seco hundió el techo de la furgoneta, haciendo que los ladrones aullaran al unísono, sobresaltados por aquella inesperada sorpresa. El parabrisas quedó a oscuras y les impidió ver la calle.

—¡Matadlo! —rugió el hombretón a la vez que vaciaba el cargador contra el techo—. ¡Lo tenemos encima!

Asustado, el conductor efectuó un volantazo, perdiendo el control de la furgoneta. Esta derrapó sobre el alquitrán y chocó contra la fachada de un edificio. El impacto reventó el capó del vehículo y resquebrajó el cristal, lanzando a los ladrones sobre el salpicadero. Doloridos y cubiertos de sangre, apretaron las armas y miraron nerviosamente alrededor. La ventanilla del pasajero saltó en pedazos y el jefe del grupo fue arrastrado al exterior…

4

EL SEÑOR DE LA NOCHE

El caballero negro soltó el cuerpo del ladrón que acababa de noquear y observó la entrada del banco: el resto de los enmascarados ponía pies en polvorosa. Una ira sorda invadió su interior; no permitiría que aquellos bastardos se salieran con la suya. Como una sombra, recorrió el pasillo con toda la velocidad que podían proporcionarle sus piernas. Al llegar al final del mismo, se abalanzó contra el ventanal que lo separaba de la calle. Su enorme figura reventó los cristales y se precipitó al vacío.  Batman levantó la diestra y disparó la pistola: el arpón, unido a una larga cuerda, salió despedido hacia el edificio de enfrente, hundiéndose en la pared de cemento. El señor de la noche se elevó hacia las alturas de Gotham; la rapidez de la ascensión le puso el estómago en la garganta. Al llegar arriba, el traje negro se recortó entre las gárgolas de diseño medieval que decoraban la fachada del rascacielos: una sombra aterradora entre imágenes demoníacas.

Abajo, la furgoneta de los ladrones avanzaba hacia el norte. Batman cruzó el saliente de un extremo a otro sin perder de vista a sus adversarios. De un poderoso brinco, salvó el espacio que lo separaba entre dos bloques de oficinas, aterrizando en una azotea vacía. Enervado por la furia, traspasó el tejado. Al llegar al borde del rascacielos, comprobó el trayecto que lo separaba del vehículo; con un poco de suerte, si sus cálculos resultaban exactos, podría alcanzarlo antes de que estuvieran fuera de su alcance. El caballero oscuro se lanzó en picado hacia el vacío. La capa chasqueó y se tornó rígida, permitiéndole planear sobre la avenida mal iluminada. En el aire, suspendido a gran altura, se deslizó como una cuchillada entre las sombras. Poco a poco, con una coordinación sobrehumana, fruto de largos años de adiestramiento, fue ganando terreno a sus enemigos. El viento gélido y cortante de la madrugada le causó un escalofrío de placer: nada le gustaba más que cazar a sus oponentes. Cuando estuvo encima de la furgoneta, Batman encogió los brazos y frenó su descenso: el brusco aterrizaje aplastó el techo del vehículo. De inmediato, se agarró donde pudo y giró su cuerpo en un ángulo de ciento ochenta grados: la capa se deslizó sobre el parabrisas y ocultó la visión de la calle al conductor. La furgoneta pegó un bandazo y estuvo cerca de subir a la acera. Tal como esperaba, los ladrones abrieron fuego: la salva de plomo le acarició el costado derecho. El señor de la noche rechinó los dientes de dolor: uno de los proyectiles le había rozado la cadera. El vehículo perdió el control y salió disparado contra un edificio. Antes de que chocara, en el último segundo, Batman abandonó su posición y rodó sobre el alquitrán para absorber la caída. La furgoneta se estampó contra la pared con un sonido de metal triturado y vidrios rotos. Colérico, se puso en pie y se aproximó al vehículo; una nube de humo salía del capó hundido. A través de la ventanilla, divisó las siluetas de los enmascarados, magulladas y ensangrentadas, intentando sobreponerse de las heridas que la colisión había causado. De un puñetazo, fragmentó el cristal y sacó al líder de la banda a la calle.

—¡No! —aulló el hombretón—. ¡Piedad!

El caballero negro le rompió el brazo por tres sitios distintos; aquel individuo quedaría lisiado de por vida. Después, ignorando sus gritos de dolor, le estalló la cabeza contra el lateral de la furgoneta, dejándolo sin conocimiento. Los ladrones restantes salieron por piernas. Batman arrojó un batarang al conductor. El arma destelló en el aire y le perforó la cara posterior de la rodilla. El ladrón lanzó un berrido de sufrimiento y se derrumbó como un saco, desgarrándose las palmas de las manos contra el asfalto. La sombra del señor de la noche cubrió al herido. De tres brutales sacudidas, lo dejó hecho papilla, convertido en un despojo sin dientes. Dentro de varios meses, cuando saliera de rehabilitación, tendría que utilizar dentadura postiza para poder alimentarse. El último enmascarado corrió hacia una calle situada a su izquierda, luchando por poner distancia entre su persona y la criatura que había aniquilado a sus compañeros. Batman siguió sus huellas, ganando terreno por segundos, sin hacer caso de las miradas curiosas y asustadas de los vecinos. Jadeando, el ladrón miró hacia atrás, buscando con la punta de la ametralladora a su oponente. La entrada del callejón, lleno de periódicos sucios y bolsas de basuras destripadas, estaba vacía. Empapado de sudor, se detuvo para tomar aire. El corazón le golpeaba las costillas y la bilis pastosa se le agolpaba en la garganta. En toda una existencia de crímenes y fechorías jamás había experimentado un horror semejante: estaba a punto de venirse abajo.

—¿Dónde estás? —exclamó—. ¡Da la cara, hijo de puta!

 Una voz ronca surgió de la oscuridad:

—Tus colegas han caído —gruñó—. Si sueltas el arma, no te partiré las piernas.

El enmascarado lanzó una descarga hacia la derecha. Los proyectiles picotearon la pared: allí no había nadie. Una risotada lúgubre, carente de todo humor, sonó detrás de su espalda:

—¿Crees que te lo voy a poner tan fácil?

El ladrón volvió a abrir fuego. Nuevamente, las balas fueron inútiles; parecía que se enfrentaba a un fantasma. Aquel ser estaba en todas partes y en ninguna.

—¿Dónde aprendiste a disparar? —se burló su invisible interlocutor—. ¿En una feria de tiro?

El enmascarado perdió los nervios.

—¡Vamos! —gritó mientras agotaba el tambor— ¡Te estoy esperando!

El caballero oscuro, al comprobar que su adversario estaba sin munición, saltó desde unas escaleras de emergencia situadas encima del mismo. El ladrón, al notar una sombra sobre su cabeza, apretó el gatillo del arma vacía. Batman le golpeó el esternón con ambos pies: la violencia de la patada lo hizo volar por los aires y derribar unos bidones de basura. Tosiendo sangre, el enmascarado se llevó las manos al pecho; el impacto le había hundido varias costillas en los pulmones. Sin misericordia, el señor de la noche lo remató de un talonazo: aquella escoria había recibido su merecido, ni más ni menos. 

Entonces, cuando la cacería hubo terminado, se dio cuenta de dónde estaba. Una punzada de dolor le atravesó el corazón. Las piernas le flaquearon y la angustia le apretó las entrañas. Con la mirada borrosa, derrotado por una horrible depresión, vislumbró una placa oxidada en la pared: Crime Alley. Batman sintió ganas de vomitar. Sin desearlo, impulsado por la sed de justicia, había llegado al callejón donde fueron asesinados sus padres. Los recuerdos invadieron su memoria: aún podía verlos postrados antes sus pies, inertes, hechos pedazos por los proyectiles. Lágrimas ardientes le descendieron debajo de la máscara: volvía a ser el niño desamparado y traumatizado de antaño. A escasos metros, en un rincón cubierto de grafitis, su vida había muerto para siempre. El sufrimiento lo derrumbó de rodillas y le hizo llevarse las manos al cráneo: tenía la impresión de que le habían arrancado el alma del cuerpo. Jamás sería libre de aquella carga, esta lo atormentaría para siempre, era el precio que tenía que pagar por haber sobrevivido.

Finalmente, cuando las náuseas rompieron su autocontrol, Bruce estalló en sollozos desgarradores…


Ilustración cortesía de César Herce