lunes, abril 27, 2026

ENTREVISTA A WOMAR: UNA NUEVA ETAPA LLAMADA ZAHRY

Con motivo de su presentación en el Cupra City Garage de Madrid, Womar arranca una nueva etapa con ZAHRY. Para ir calentando motores antes del concierto, le hacemos una entrevista exprés sobre este nuevo proyecto.

ZAHRY suena a un proyecto muy conectado con tus raíces. Durante el proceso creativo, ¿has descubierto algo nuevo sobre ti?

ZAHRY es un proyecto bastante personal. He conectado con sentimientos que no sabía que tenía, emociones que ni yo mismo entendía bien. Ha sido como mirarme en un espejo sin filtro: he descubierto que soy más profundo de lo que la gente cree, pero también más vulnerable… y eso lo he utilizado a la hora de componer.

También he descubierto, desde hace tiempo, un equipo maravilloso con el que crear y que me ayuda a expresarme en todas las formas posibles a la hora de hacer música: Carlos (La Maravilla del Beat) y Joseph (Joshito). Se siente bien tener un equipo con el que sintonizas en todo.

¿Qué significa para ti el título ZAHRY y de qué manera se refleja en el sonido del EP?

El nombre ZAHRY viene del árabe regional libanés y puede significar varias cosas, como suerte, flor o el color rosa. Me he centrado en esas definiciones para construir la identidad creativa del EP.

Es una identidad nueva, una energía. No es solo un título, es un mood, una etapa. Suena a algo místico, medio espiritual, pero calle al mismo tiempo. Y eso mismo se siente en el EP: sonidos envolventes, a veces oscuros, pero con luz… como un equilibrio entre lo real y lo emocional.

¿Qué papel han jugado tu entorno, tanto personal como musical, en la dirección que ha tomado este trabajo?

Mi entorno ha sido clave. Desde la gente que tengo cerca, lo que vivo día a día, hasta la música que consumo. Todo eso se ha metido en el proyecto sin que yo lo forzara.

Reitero: mi equipo de trabajo ha sido esencial. Tanto Joseph como La Maravilla son artistas a los que admiro muchísimo, y tenerlos cerca y poder trabajar con ellos es una bendición.

Ahora que lo llevas al directo, ¿qué te gustaría que sintiera la gente la primera vez que escuche ZAHRY?

En vivo, quiero que la gente lo sienta en el pecho, no solo que lo escuche. Que conecten con la vibra, que se olviden de todo y se dejen llevar. ZAHRY no es para oírlo en frío, es para vivirlo, para que te dé escalofríos aunque no sepas por qué.

¿Sientes que en esta etapa has evolucionado como artista? ¿Cuáles son tus planes de futuro?

Sí, siento que he evolucionado muchísimo en esta etapa. Como he comentado antes, este proyecto me ha obligado a mirarme sin filtros y a conectar con sentimientos que ni siquiera sabía que tenía. Ha sido un proceso casi terapéutico: entender emociones que antes me incomodaban, aceptar mi vulnerabilidad y descubrir una profundidad en mí que quizá la gente no imagina. Esa honestidad me ha cambiado como artista y también como persona.

En cuanto al futuro, quiero seguir explorando desde ese mismo lugar tan personal. Me interesa profundizar en esta versión más auténtica de mí, llevarla a nuevas canciones y a nuevos formatos. Mi plan es seguir creciendo, experimentar sin miedo y construir un proyecto que no solo hable de mí, sino que también acompañe a quienes lo escuchan. Siento que esta etapa es solo el comienzo de algo mucho más grande.



ENTREVISTA A INSTITUTO MEXICANO DEL SONIDO Y MERIDIAN BROTHERS: DOS TRENES, UN DELIRIO TROPICAL

La colaboración entre Instituto Mexicano del Sonido, liderado por Camilo Lara, y Meridian Brothers, el proyecto de Eblis Álvarez, da como resultado Ruido Tovar, un disco inspirado en la música tropical mexicana de los años 70 y 80, pero con un enfoque más moderno y experimental. Entre sintetizadores, cumbia y un toque de humor, el álbum mezcla ambos estilos y crea un sonido nuevo.

Ruido Tovar llevaba tiempo gestándose. ¿Cómo fue ese primer encuentro creativo entre Camilo Lara y Eblis Álvarez, y en qué momento sintieron que tenía sentido hacer un disco juntos?

Camilo: Creo que nunca pensamos que tuviera sentido hacer una colaboración. ¿Qué tiene sentido hoy en día? En un mundo tan loco, lo único que tiene sentido es que MC Escher tenía razón. Teníamos una amistad de años, admiración mutua, que nos llevó a, lentamente, sin ninguna prisa, gestionar una colaboración. Yo soy un colaborador serial. Me gusta hacerlo rápido y sin pensarlo. Eblis no. Él prefirió un disco a una canción. Y míranos ahora, un año después, con Ruido Tovar bajo el brazo.

Eblis: Yo tenía un interés previo por la movida tropical-modernista de México. Por otro lado, teníamos una amistad con Camilo desde hacía ya un tiempo y, en mis idas y venidas por México, y ese creciente interés por desarrollar un proyecto basado en estos estilos, en un encuentro con Camilo le propuse que intentáramos hacer un trabajo juntos.

El álbum bebe mucho de la música tropical mexicana de los 70 y 80. ¿Qué cosas de esa época les interesaba recuperar y cuáles quisieron transformar o llevar a otro lugar?

C: Los sintetizadores, el cambio de medios. En los 70 la gente dejó los combos grandes para hacer bandas más pequeñas con sintetizadores. Nos emocionaba la idea de hacer algo así, un cambio de medios de producción. Obviamente, ese fue el planteamiento de salida. Después todo cambió y creo que el disco es eso, más nuestra locura, más nuestros propios cambios de medios.

E: En general, yo quería casi que copiar este sonido y este tipo de instrumentación, eventualmente transformando el tipo de armonías y algo de los contenidos, pero mi intención era casi crear un trabajo de «época». Luego ya, con Camilo, la dirección que tomó todo este proyecto fue la inclusión de nuestro lenguaje personal en la estética de este disco.

Han descrito el proceso como “dos trenes chocando a toda velocidad”. ¿Cómo se vivió esa intensidad dentro del estudio durante esa semana de grabación?

C: Eblis es un músico estudiado. Yo no. Yo lo impulsé a ser más como yo y él me impulsó a ser más como él (pero creo que no lo logró). Fueron sesiones llenas de ideas, de alegría, de amistad y de experimentación.

E: Bueno, no estoy seguro de tal choque. Yo, por mi parte, me sentí muy cómodo trabajando con Camilo y sentí también que había mucha congruencia entre nuestras maneras de trabajar.

En el disco conviven una mirada más académica y otra mucho más intuitiva. ¿Cómo lograron que esos dos enfoques dialogaran sin perder coherencia?

C: Justo pensé que la habíamos perdido. Gracias por la gentileza.

E: No sé muy bien a qué se hace referencia con lo académico, ya que, por un lado, este estilo mexicano modernista no proviene de academias y, además, para mí la música en sí contiene intuición y también inspiración como base de ser músico. Luego la intuición e inspiración se materializan por medio de la artesanía, que es trabajar con la mente, la experiencia y las manos para llevar ideas al plano real. No sé si la academia está algo cerca de estos dos factores.

También hay un juego claro con la figura de Rigo Tovar. ¿Qué significa su legado para ustedes y cómo lo reinterpretaron desde el presente?

C: Rigo es el Camarón de México, el Landero de Matamoros, el Marley de Kingston. Era bonito pensar en usarlo como punto de partida, invitar a su banda (Costa Azul) a tocar con nosotros, investigar cuál era su ingrediente secreto…

E: Rigo Tovar, esta figura, algo externa en principio para mí desde Colombia, representa algo que me ha llamado la atención desde muchos ángulos durante mis experiencias de vida como melómano: «el ídolo». Figura enigmática que emana muchos arquetipos humanos, una fuente de individualidad y estilo junto con una gran energía (y destino) para representar esta individualidad.

He sido seguidor de muchas de estas figuras en la música, sobre todo popular, y siempre he quedado cautivado por muchas de las ocurrencias extravagantes que continuamente vienen de estos ídolos. Además, mucho de lo que sale de estos creadores es generalmente genial a nivel de arte y contiene un factor importante de agrupación colectiva de un conocimiento. Es fascinante. A mí me recuerda mucho a otro ídolo que admiro en Colombia: la figura de Diomedes Díaz.

En canciones como «Ritmo Babilonia» y «Cumbia Beckiana» aparece Beck. ¿Cómo surgió esa colaboración y qué sienten que aportó al sonido del álbum?

C: He estado trabajando con él desde hace unos 3 o 4 años. Hemos estado trabajando en canciones juntos. Muchas referencias a la música que estábamos haciendo eran Meridian Brothers. Así que, cuando empezamos a hacer el disco, lo invité y dijo que sí. Y míranos ahora, con dos canciones junto al Güero.

E: Por casualidad llegamos al tema de que Camilo conoce a Beck. Para mí Beck es una figura muy importante y una influencia dentro de mi carrera como músico. El hecho de poder conocerlo y trabajar con él es casi una fantasía, y bueno, Camilo terminó materializando esto al hacer posible esta colaboración.

Las canciones mezclan humor, política, surrealismo y ganas de bailar. ¿Qué lugar ocupa la ironía —y ese punto absurdo— en su manera de hacer música?

C: Me encantan los sustantivos abstractos: alegría, ironía, fantasía.

E: Creo que la ironía es mucho más utilizada dentro del arte de lo que uno, en superficie, se atreve a aceptar. La ironía la interpreto como una superposición de moldes culturales similares pero que no coinciden o que, de cierta manera, engañan, generando alegría.

Creo que esta alegría es necesaria constantemente en nuestro devenir humano y de artistas. Y, pues, siendo la ironía constantemente necesaria en el arte mismo, qué más que hacerse de unas cuantas frases irónicas para decorar un trabajo musical.

Después de sumergirse en un universo tan específico, ¿qué creen que aporta Ruido Tovar a la evolución actual de la cumbia y la música tropical?

C: Uff, ¿tiene qué? Conozco mil discos bellísimos que no aportaron nada a la evolución de la música tropical. No creo que la gente (o uno mismo) ande por la vida haciéndose esas preguntas tan profundas con un disco de baile tropical.

E: Esa apuesta la dejamos al público, al oyente, a la gente que aprecia lo que hacemos, siempre con la esperanza de aportar algo a estos estilos que amamos y disfrutamos.



viernes, abril 24, 2026

WOLFGANG STARK: «EL NAVÍO DE LOS CONDENADOS», PUBLICADO EN RELATOS FANTÁSTICOS

Después de que lo sepultó, dijo a sus hijos: «Cuando yo muera, me sepultaréis en la sepultura donde está enterrado el hombre de Dios, poniendo mis huesos junto a los suyos para que se mantengan intactos; porque se ha de cumplir la palabra que de parte de Yahvé gritó él contra el altar de Betel y contra todos los altares de la ciudad de Samaria.»

Reyes 13:31-32

 

Año de Nuestro Señor de 1316.

Stark apretó las bridas y ascendió por el promontorio rocoso. El viento cortante agitaba los pliegues de su capa de cuero; parecía que la propia naturaleza se volvía contra él.

A la derecha, las aguas del mar Caspio batían la costa con un retumbar constante.

Entrecerró los ojos y siguió avanzando. La borrasca le azotaba el rostro. El caballo, tras cuatro semanas encerrado en la bodega de un barco, necesitaba moverse.

El sol pendía sobre el océano como una rueda de fuego; pronto, las tinieblas caerían sobre aquella tierra hostil.

El territorio pertenecía a los tártaros de Levante: individuos que solo vivían para la carnicería y el pillaje. De tropezar con ellos, su destino estaba sellado.

Stark recorrió con la vista las depresiones del terreno, buscando un lugar seguro donde instalarse; tenía hambre y necesitaba dormir.

Rápidamente, decidió montar el campamento en una cueva, creada por medios naturales, que se perfilaba delante de su posición. No conocía aquellas tierras.

Prefería pernoctar con las espaldas cubiertas antes que al aire libre: corrían negras leyendas, desde Tabriz a Samarcanda, sobre los trasgos que moraban en el desierto.

Stark se revolvió sobre la silla: el pavor de los comerciantes al respecto no presagiaba nada bueno; tenía suficientes experiencias con lo sobrenatural como para atender a los rumores que había escuchado.

Inesperadamente, un grito de mujer desgarró el ocaso, haciendo que su cuerpo se pusiera rígido.

Sin pensarlo, hundió los talones en los flancos de la montura y se lanzó terraplén abajo, buscando el origen de la exclamación.

El avance del antiguo caballero templario propagó un estruendo infernal mientras descendía en dirección al océano. Otro alarido le taladró los tímpanos antes de ser silenciado con brusquedad.

Una serie de gritos y blasfemias llegaron a sus oídos, desvirtuados por la distancia.

Con los labios apretados en una mueca salvaje, sorteó las rocas y las grietas diseminadas ante las patas del animal, levantando una nube de polvo.

Al doblar un recodo, contempló una escena que le hizo hervir la sangre de rabia: media docena de jinetes zarrapastrosos rodeaban a una muchacha con las cimitarras alzadas.

En el suelo, en un charco carmesí, un anciano agonizaba con el pecho abierto. Uno de los asaltantes exclamó con malicia:

—¡Reserva las fuerzas, zorra! —rio—. ¡Te harán falta para probarnos a todos!

La joven intentó esconderse detrás del carromato volcado: estaba acorralada, sin posibilidad de escapar.

—¡Hijos de Shaitán! —chilló, llena de odio—. ¡Que Alá maldiga vuestras almas!

Sin detenerse, Stark desenfundó la ballesta de corredera y disparó: la flecha se hundió entre los omóplatos del individuo que había hablado.

Sorprendidos, los compañeros del muerto se volvieron como relámpagos, con expresiones salvajes y amenazadoras.

Stark no se dejó amilanar por la superioridad numérica: estaba acostumbrado a luchar por su vida; acabaría con aquellos inicuos o perecería en el intento.

—¡Ha matado a Yussef! —ladró un miembro del grupo—. ¡Colguemos su piel en nuestras sillas!

Una saeta atravesó el aire y le perforó la mejilla; su adversario se desplomó del animal lanzando un grito de agonía. Stark arrojó el arma y desenvainó la espada a la vez que avanzaba.

Un rugido de guerra escapó de su boca:

—¡Muerte a los sarracenos!

El mandoble trazó una estela fulminante y derribó al primer jinete que se interpuso en su camino con la cabeza abierta: un chorro escarlata salpicó el rostro del germano.

Un enemigo levantó su acero, pero la hoja de Stark fue mucho más rápida y detuvo la acometida; una lluvia de chispas acompañó al estruendo de los metales.

Ambos hombres entablaron una lucha mortífera, buscando la piel del contrario, moviéndose con pericia sobre las sillas.

Stark esquivó una estocada dirigida a su pecho y rompió la guardia de su rival, hundiéndole la espada en la clavícula. El jinete aulló y se desplomó convertido en un guiñapo.

Aterrados, los supervivientes recularon, intentando huir del demonio vestido de negro que los había atacado. Stark alzó el arma enrojecida y lanzó una carcajada burlona.

—¡Cobardes! —bramó—. ¡Volved aquí!

Ambos individuos pusieron pies en polvorosa. Stark estuvo tentado de seguirlos y acabar con ellos, pero sabía que no volverían a darle problemas; tenía cosas más importantes por las que preocuparse.

De inmediato, buscó a la muchacha con la mirada para descubrir que yacía al lado del viejo; uno de los asaltantes la había herido mientras combatía.

De un salto, descendió del caballo y se inclinó sobre la joven: restaba poco para que muriera.

—Lo siento, pequeña —murmuró con los dientes encajados—. He llegado demasiado tarde.

La muchacha lo miró con los ojos empañados por la desesperación.

—Mi hermano… —balbució—. Tenéis que encontrarlo…

Wolfgang le acarició los cabellos con algo similar a la ternura.

—Haré lo que me pidáis —prometió—. ¿Dónde está?

—Logró huir antes de que fuésemos atacados —explicó—. Los bandidos no lograron captu…

La joven no pudo terminar la frase: un borbotón de sangre le escapó de los labios y ahogó su voz. Conmovido, Stark le cerró los párpados y oró una plegaria piadosa:

In hora mortis meae voca me —musitó—. Et iube me venire ad te, ut cum Sanctis tuis laudem te in saecula saeculorum. Amen[1]

Furioso, se puso en pie, echando chispas por los ojos; odiaba fracasar de un modo tan innoble.

Un gimoteo lo hizo girar la cabeza: el hombre al que había abatido agonizaba, víctima de atroces sufrimientos. Stark se aproximó al herido y le puso la punta del mandoble en el cuello.

—Sois una escoria —gruñó—. ¡Espero que ardáis en el Averno por vuestros pecados!

La hoja descendió y efectuó una carnicería espantosa: el chasquido de la carne desgarrada y de los huesos rotos se fundió con el aullido póstumo de su víctima.

Stark escupió sobre el cadáver y se limpió la sangre que le había salpicado el rostro; agradecía que el Señor le hubiera permitido vengar la muerte de la muchacha.

Acto seguido, examinó su entorno con ojos expertos, comprobando las huellas de los corceles.

A pesar de que la luz del sol menguaba, descubrió unas pequeñas pisadas que se desvanecían en dirección este, hacia el nacimiento del acantilado por el que había descendido unos minutos antes.

Stark se preguntó quiénes habrían sido aquellas personas: parecían comerciantes que regresaban a casa después de vender las mercancías que tanto sudor y esfuerzo les había costado conseguir; presas fáciles para los ladrones de caminos que pululaban por aquellas tierras.

Curioso, se aproximó al carromato y corroboró sus sospechas: rollos de tela, especias, verduras, figuras exóticas y frutas.

Durante un momento, la simpleza y honestidad de las vidas del anciano y la muchacha le hizo un nudo en la boca del estómago; sabía que nunca podría tener una existencia como la de aquellos individuos asesinados.

Stark estuvo tentado de proporcionarles una sepultura digna —no quería que los buitres devoraran los cadáveres—, pero tendría que dejarlo para más tarde; una promesa era una promesa.

Decidido, regresó al caballo y siguió las huellas que empezaba a barrer el viento; no descansaría tranquilo hasta encontrar al hermano de la joven.

El germano se inclinó todo lo que pudo en dirección al suelo mientras cabalgaba como un endemoniado detrás de su objetivo.

Una mirada ardiente, no exenta de cierto fanatismo, le brillaba en los ojos melancólicos. En el fondo, aunque detestara reconocerlo, siempre sería un hombre de acción.

Pretender lo contrario suponía negar su naturaleza: no le restaron muchas alternativas desde el día en que sus hermanos fueron hostigados y exterminados por el Santo Oficio.

El animal se introdujo en el interior de una pequeña playa y chapoteó las aguas revueltas, coronadas de blanco, formando con su marcha una estela irregular.

Estupefacto, Stark tiró del bocado del corcel y detuvo su avance al descubrir la extraña visión que yacía embarrancada sobre la arena.

Bañado por los haces moribundos que descendían desde la cúpula celeste, la silueta de un viejo cascarón cubierto de algas se recortaba contra los peñones que lo circundaban.

Involuntariamente, Stark llevó la mano al pomo de la espada, vencido por una sensación de desconfianza. Aquella nave abandonada no le gustaba en absoluto.

Con frialdad, estudió los mástiles podridos y las velas desgarradas, las jarcias sueltas y las vergas rotas, y los castillos de proa y popa, sin atreverse a dar un paso.

Asustado, el animal piafó, reluctante ante la posibilidad de aproximarse al barco.

—¿Dónde diablos os habéis metido, muchacho? —susurró—. Espero que no hayáis entrado en esa inmunda nave…

Tenso, Stark buscó una bandera que le diera alguna idea sobre la procedencia o nacionalidad del barco, recorriendo con la vista el trinquete y los velachos, las sobremesanas y el contrafoque, sin encontrar nada que le sirviera de auxilio en su empresa.

La impresión de vejez que emanaba de la embarcación le puso la carne de gallina.

Estaba seguro de que, si abordaba la nave, tendría motivos para lamentarlo, tanto que no querría volver a pisar un barco en mucho tiempo.

Stark bajó del caballo, abrió las alforjas y tomó una antorcha.

A pesar del penoso estado de la nave, reconoció el diseño de indudable manufactura europea; sin duda, había efectuado un largo viaje hasta aquel rincón inhóspito.

Sorteó las maderas sueltas que poblaban el suelo y ató las bridas a un matorral; no quería correr el riesgo de que la montura huyera despavorida.

Empuñando el mandoble, se aproximó al barco, atento ante la posibilidad de un ataque. Las pisadas se desvanecían al llegar al casco.

Encima de su cabeza, en lo alto del palo de mesana, la vela de sobreperico suelta chasqueaba contra las vergas, propagando un sonido estridente.

El antiguo caballero templario utilizó una escalerilla y alcanzó la cubierta, ignorando las aprensiones que lo intranquilizaban.

El hedor nauseabundo del agua emponzoñada y la madera putrefacta inundó sus fosas nasales, obligándolo a contener la respiración.

Desde el castillo de popa, a duras penas distinguió la toldilla arruinada y el timón desbaratado en mil pedazos.

Stark pisó unos escalones crujientes y descendió a la cubierta principal, listo para vender cara su piel; nada ni nadie le impediría salvar al muchacho.

Las tinieblas cubrían los mástiles y parte del castillo de proa.

En el cielo, las primeras estrellas aparecieron entre las nubes, incapaces de romper el hechizo que sumía la embarcación en un manto horripilante.

Stark se aclaró la garganta y se detuvo ante la escotilla de popa: un tramo de escaleras desaparecía gradualmente en las entrañas de la nave.

Stark se agazapó al amparo de un pretil, prendiendo la tea con yesca y pedernal; no pensaba penetrar en las bodegas sin una luz que lo respaldara en las tinieblas.

Reprimió un escalofrío supersticioso y bajó las escaleras podridas con los nervios a flor de piel; los dientes le castañeaban sin que pudiera evitarlo.

La negrura se avecinaba colmada de malos presagios; estaba seguro de que en aquel cascarón había muerto gente de manera cruel. Titubeante, su voz traspasó la oscuridad que lo aplastaba con su masa:

—¿Dónde estáis? —murmuró—. No quiero haceros ningún daño, pequeño.

Un silencio perturbador respondió a sus palabras.

—No soy uno de esos canallas que os atacaron —continuó—. Vuestra hermana me ha rogado que os lleve junto a ella…

El agua helada le empapó las botas y le causó un espasmo de repugnancia. Alrededor, una serie de toneles destrozados flotaban a la deriva, chocando contra las paredes hinchadas por la humedad.

Stark movió la tea de un lado a otro, intentando quebrar las tinieblas que parecían cerrarse sobre él. Aguzó el oído, pero no percibió nada más que su propia respiración.

La antorcha diseminó luces y sombras movedizas, formando siluetas que le erizaron el vello de la nuca.

La frialdad que llenaba la bodega penetró en sus huesos y lo hizo desfallecer de debilidad; el cansancio acumulado durante la jornada empezaba a pasarle factura.

Aunque intuía que se estaba metiendo en la boca del lobo, no podía retroceder; prefería consumirse en el abismo antes que abandonar al muchacho.

Inesperadamente, una sombra rompió la quietud del agua y se abalanzó sobre su cuerpo. Stark reaccionó de inmediato, lanzando una estocada hacia la negrura.

La hoja chocó contra la silueta y le arrancó un gruñido de dolor, arrojándola de espaldas sobre las aguas.

Aterrorizado, dio unos pasos hacia atrás, pasando por alto los enloquecidos embates de su corazón, sin poder percibir qué era lo que le había atacado.

Ojos carmesíes brillaron en las tinieblas, lejos del resplandor de la tea, con una malignidad blasfema. El germano gruñó, lleno de odio:

—¡Mostraos! ¡No os tengo ningún miedo!

De manera vaga, ocultas en la penumbra, avistó una serie de criaturas pálidas y repugnantes, de cuerpos nudosos y cráneos deformes, que lo observaban con las fauces llenas de sangre.

El pánico cerval que invadió su espíritu estuvo a punto de hacerlo vomitar. Cuencas oculares hambrientas, vacías de cualquier expresión humana, lo traspasaron de un lado a otro.

Garras afiladas y dientes podridos destellaron en la negrura, presagiando una carnicería inminente.

Stark reculó con lentitud hacia las escaleras que lo conducían al exterior: sabía que el muchacho había sido devorado por aquellos engendros diabólicos; de no salir de la bodega lo antes posible, correría la misma suerte.

Las criaturas lo siguieron, expectantes, procurando mantenerse alejadas de la antorcha.

Con el agua hasta las rodillas, Stark apretó la empuñadura del mandoble hasta que le punzaron los dedos: hubiera dado su alma por no haberse metido en aquella trampa.

Gruñidos sibilantes acompañaban sus pasos. Lo rodeaban por todas partes; necesitaría un milagro para salir con vida del barco.

El miedo y el odio luchaban en su interior; vengaría la muerte del pequeño aunque pereciera en el intento.

—¡Bastardos! —masculló—. ¡Pagaréis por vuestra infamia!

Acto seguido, ascendió los escalones y subió a la cubierta con toda la velocidad que sus piernas podían proporcionarle. Un demonio saltó sobre su espalda y le hundió los dientes en el hombro.

Stark lanzó una maldición y apartó las uñas sarmentosas que le arañaban los omóplatos.

El acero abrió las facciones nauseabundas hasta los dientes; un chorro de sangre negra salpicó los tablones de la popa.

Una marejada de figuras deformes surgió por la escotilla, aullando como endemoniados, dispuestos a acabar con su existencia.

Acorralado, Stark arrojó la tea al suelo y empuñó el arma con ambas manos, trazando un semicírculo defensivo a su alrededor.

La antorcha chisporroteó al entrar en contacto con la madera reseca y se extendió hacia el pasamanos.

Al ver el fuego, los engendros chillaron de terror, apartándose lo más lejos posible de las llamas anaranjadas.

Stark aprovechó el inesperado hueco entre las filas enemigas y salió despedido hacia los cuartos de proa.

La espada destelló y una cabeza rodó por los tablazones con una mueca de agonía en los rasgos pavorosos.

Stark intentó saltar al océano, pero los trasgos se interpusieron en su camino; no podía moverse en ninguna dirección.

Sin pensarlo, enfundó el acero y brincó hacia los obenques, esquivando a duras penas las garras de sus adversarios.

Desesperado, mantuvo el equilibrio lo mejor que pudo y utilizó manos y pies para llegar a la cofa. Debajo, los engendros imitaron sus movimientos, saltando tras su rastro.

El germano afianzó su posición y desnudó el puñal; una criatura se desplomó en el vacío con la garganta abierta.

De inmediato, sostuvo el cuchillo con los dientes y agarró los flechastes, alcanzando la verga de velacho alto.

El incendio que había prendido en la parte posterior de la nave, abrasando el castillo de popa y el mastelero, empezó a lamer el palo mayor.

Los demonios, al descubrir que el fuego amenazaba con engullirlos, ascendieron por el trinquete, enardecidos por el pánico. Una columna de humo remolineó hacia el firmamento tachonado de estrellas.

Stark tosió y continuó su alocada huida, interponiendo la máxima distancia posible entre él y sus oponentes.

La embarcación chirrió, oscilando hacia babor debido al peso acumulado en el mástil, que amenazaba con partir el casco en dos.

Stark resbaló, pero pudo sostenerse de las jarcias en el último segundo; de no ser por sus reflejos, habría muerto aplastado sobre la cubierta llameante.

Un engendro lo agarró por el tobillo e intentó morderle la pantorrilla. Stark le propinó una patada en la mandíbula; el sonido de los huesos aplastados se mezcló con un rugido de dolor.

Su enemigo se derrumbó como un plomo, arrastrando a las criaturas adelantadas hacia el fuego.

El palo mayor crepitó y aterrizó en la amura de babor, levantando un infierno de chispas escarlatas que salpicaron las velas que aún quedaban intactas.

Stark tomó impulso, dejó atrás la cruceta y el tamborete, y alcanzó la verga de juanete de proa.

Desesperado, se paralizó unos instantes para recuperar el aliento: le dolían todos los músculos del cuerpo y tenía las manos en carne viva.

Debajo, entre el humo y los reflejos del incendio, los demonios ascendían a gran velocidad, chasqueando las mandíbulas afiladas.

De un rápido vistazo, comprobó la distancia que lo separaba del mar; no tenía más opciones si quería sobrevivir. Una risotada frenética surgió de sus labios.

—¡Nos veremos en el Infierno! —exclamó—. ¡Os estaré esperando, hijos de Satanás!

El antiguo caballero templario se arrojó al vacío. El estómago se le subió a la garganta y la eternidad bailó delante de sus pupilas. Con un estampido, irrumpió en el océano.

La frialdad de las aguas lo dejó aturdido. Stark pataleó con todas sus fuerzas y asomó la cabeza a la superficie; el aire inundó sus pulmones como una puñalada.

Delante, las llamas prendieron el mastelero, consumiendo a los engendros, que murieron entre terribles estertores de agonía.

Satisfecho, ignoró el peso de la loriga y los calambres que le recorrían los miembros. Con poderosas brazadas, interpuso toda la distancia posible entre su persona y el cascarón en llamas.

Ni siquiera se molestó en mirar atrás: Dios había hecho justicia.

Horas después, cuando hubo enterrado los cadáveres de los mercaderes, una súbita amargura inundó su espíritu.

Fracasar, a pesar de sus mejores intenciones, le recordaba que no había logrado salvar a sus hermanos cuando Guillermo de Nogaret asaltó la sede de la Orden del Temple.

Aquella fatídica noche cometió el error de tomar demasiado vino caliente para conciliar el sueño; dormía cuando el enemigo irrumpió en el patio del castillo.

Mientras contemplaba las tumbas del anciano y de la muchacha, tuvo la sensación de que el destino giraba en su contra, haciéndolo repetir siempre los mismos errores; la experiencia y la edad no le habían servido de nada en aquella arriesgada aventura.

Deprimido, observó el sol que empezaba a clarear el horizonte; nunca podría liberarse de los remordimientos que le aniquilaban el presente.

Stark subió a la silla y espoleó al caballo: quería partir de aquel lugar maldito lo antes posible.

El futuro se abría delante de sus pasos con su pesada carga: tendría que realizar aún muchos méritos para llegar a alcanzar la expiación.



[1] «En la hora de mi muerte, llámame. Y ordéname acudir a ti, para que, junto a tus santos, te alabe por toda la eternidad. Amén.»



viernes, abril 17, 2026

ENTREVISTA A MINIBÚS INTERGALÀCTIC: GASEOSA DE ÁCIDO ELÉCTRICO

Minibús Intergalàctic mezcla psicodelia, groove y espíritu rave con un claro aire Madchester, dando forma a un sonido tan bailable como hipnótico. En su nuevo disco, producido por Martin “Youth” Glover, la banda da un paso adelante y amplía su propio universo sonoro.

Para empezar: habéis trabajado con Martin “Youth” Glover, alguien que ha producido a grandes artistas como The Verve, Primal Scream o The Jesus & Mary Chain. ¿Qué tal ha sido la experiencia?

Sin duda ha sido la experiencia más rock and roll que hemos vivido, y probablemente, viviremos. Youth es memoria viva del rock y tiene un oído increíble sacando potencial a las canciones con las que llegas. La semana que estuvimos en La Casa Estudio en Granada fue muy intensa: Youth tiene una forma de trabajar muy británica, muy exigente. No estamos acostumbrados a trabajar bajo presión, y hay temas a los que les vino muy bien que nos llevara al límite.

Más allá de la forma de trabajar, nos entendimos muy bien en general y su ingeniero de sonido, Iván Moreno, es un auténtico artesano de los cables y aparatejos. Los días allí combinaron batallitas de Youth, largas sesiones de grabación, cenas a la inglesa y una sensación de estar viviendo en un sueño como banda. Toda la casa era un gran museo del rock, llena de discos de platino y recuerdos. Desde luego es una experiencia increíble que recordaremos.

Da la sensación de que el disco es una aventura en busca de una rave perdida. ¿Es una imagen descabellada o se aproxima a la realidad?

No es para nada descabellada la idea, aunque creemos que el disco es más bien la resaca de después de pasar uno, o varios días, en esa rave de la que nos hablas. No es una mala resaca, por suerte, sino una de esas en las que todo lo que tomaste ayer aún no ha terminado de bajar y te pasas el día con tus amigos comentando la jugada, escuchando discos y llenando el sofá de reflexiones y palomitas. Amistad, amores, desamores y bailes perdidos en la noche.

Vuestro sonido recuerda a Madchester en muchas ocasiones: groove, psicodelia y ganas de darlo todo en la pista. ¿Happy Mondays o The Stone Roses?

En Minibús Intergalàctic no le hacemos ascos a nada y todo el mundo es bienvenido mientras mole. ¿Stone Roses? Elegancia, armonías byrdianas, instrumentales medio prog… Pónmelo. ¿Happy Mondays? Weirdness, house-punk, sudar mogollón, darle así con las maracas… Pónmelo.

Entre vosotros hay un psiquiatra, historiadores y hasta una casi-física… Así que la duda es inevitable: ¿los ensayos de la banda funcionan como terapia de grupo?

¡Está claro! El otro día alguien comentó una duda sobre algo que estaba leyendo y las tres horas de ensayo se convirtieron en un debate (a puños) sobre la validez del concepto de nación en la historiografía de época moderna. Por suerte estaba el psiquiatra y calmó los ánimos con unos trankimazines.

Este disco suena más maduro, por no decir ambicioso. ¿Cuáles han sido las experiencias de los últimos años que os han ayudado a crecer como artistas?

No es nada fácil encarar la idea de componer un segundo álbum, pero por suerte si algo nos sobra es entusiasmo. Para este LP teníamos más experiencia como banda y más angustias a las espaldas como sujetos. Eso se juntó con las ganas de explorar muchas de nuestras referencias como oyentes compulsivos de música, las de ayer y las de hoy. No sabemos si es un disco más ambicioso, pero sí que hemos conseguido tener más claro durante todo el proceso cómo queríamos sonar: más ruidosos, emocionales y eléctr(on)icos.

Vuestras canciones oscilan entre el baile y la reflexión. Un estilo que recuerda a bandas como New Order, que mezclaban el hedonismo y la tristeza al mismo tiempo. ¿Estoy en lo cierto?

Por qué no. Y a tantas otras. En general, toda creación artística que se precie tiene que tener un poco de dolç y de salat. Parafraseando la obra del intelectual más importante que ha tenido España en los últimos años, “Así es la puta vida”. Nada humano nos es ajeno.

Con ese sonido, vuestro directo puede ser toda una experiencia. ¿Qué esperáis de los próximos bolos?

Va a haber un cambio sustancial respecto la gira del primer disco, y no solo por el hecho de incluir las nuevas canciones y la nueva sonoridad. Hemos preparado el nuevo directo con mucho mimo y esfuerzo con la ayuda de Jonbi Belategi, técnico de infinidad de artistas y “coach” artístico que nos recomendaron. Y qué gran suerte. La mayoría de gente que se dedica a esto lo hace desde un enfoque muy teatrero, de coreografía y espectáculo, pero no es un terreno en el que estemos cómodos. En cambio, el trabajo con Jonbi ha sido muy enriquecedor porque se basa mucho en la música, las emociones que queremos transmitir y evoca cada canción, y en el viaje que se recorre con el directo.

Y para cerrar: si el Minibús Intergalàctic hiciera un viaje tipo Gaseosa de ácido eléctrico, ¿a quién os llevaríais sin dudarlo?

A Jordi Pujol



RADAR SONORO: MARSEILLE SUBE EL VOLUMEN CON «HALLELUJAH (MY BABY’S FREE)»

Marseille vuelve a la carga con «Hallelujah (My Baby’s Free)», un tema potente y lleno de guitarras que deja claro por dónde va su sonido. El single, publicado el 10 de abril a través de Echo Bass Records, confirma que la banda está lista para dar mucho que hablar en 2026.

Después de un 2025 muy sólido —con una gira por Reino Unido colgando el cartel de “sold out” y el apoyo constante de emisoras como BBC 6 Music o Radio X, además de varias radios en Estados Unidos—, el grupo sube la apuesta. Suena más grande, más directo, con la mirada puesta en escenarios cada vez más amplios. Este nuevo tema lo tiene todo: riffs potentes y un estribillo de esos que se quedan en la memoria, perfecto para abrir conciertos.


 

Formados en 2021 en Derbyshire, Marseille bebe del shoegaze de los 90, el britpop y la psicodelia de los 60. Mantienen muy presente su origen de clase trabajadora y lo trasladan a una propuesta sincera y ambiciosa, con la sensación de que lo suyo ya no es promesa: están listos para dar el salto.



miércoles, abril 15, 2026

ENTREVISTA: COMIC SANS HABLA DE SU NUEVO DISCO Y TODO LO QUE SALIÓ MAL

Comic Sans es una banda española de música alternativa que combina influencias del emo, el pop-punk y el indie. En sus canciones hablan de vivencias personales, situaciones del día a día y emociones con las que mucha gente puede sentirse identificada. Poco a poco, gracias a su música y a sus conciertos, han ido ganando un sitio dentro de la escena alternativa.

El título de vuestro nuevo disco es Todas las cosas que nos salieron mal. ¿Qué hay detrás de ese nombre y qué significa para vosotros?

El nombre del disco fue lo último que decidimos, incluso después de la portada (risas). No somos grandes genios a la hora de nombrar las cosas, así que, cuando ya estaban todos los temas grabados y nos pusimos a escucharlo, nos dimos cuenta de que prácticamente hablábamos, literalmente, de todas las cosas que nos habían salido mal en el último año y medio. Por eso, el nombre nos pareció bastante obvio.

El disco se convierte en un muestrario de nuestros pequeños o grandes fracasos, pero no desde una perspectiva derrotista o victimista, sino todo lo contrario: hablar de ellos, reírnos o incluso celebrarlos. ¡Al menos, nos dan algo sobre lo que escribir nuestras canciones emo! (risas)

Con este nuevo trabajo, ¿sentís que habéis evolucionado como banda? ¿En qué aspectos lo notáis más?

Creo que sí que hemos dado un paso, espero que hacia adelante (risas). En el disco anterior estábamos en territorio inexplorado, probando ideas y sonidos que nos flipaban, pero a los que aún estábamos aprendiendo a dar forma.

Ahora ya nos sentimos bastante cómodos en ese registro con el que comenzamos y queríamos hacer cosas más concretas, con las ideas más claras desde el principio para cada tema, aunque no fueran tan ortodoxas. Aparte de lo musical, creo que también hemos evolucionado bastante en las letras, que ahora están más cuidadas y son más desenfadadas.

En las letras del álbum, ¿qué temas o ideas aparecen con más fuerza?

Se podría decir que el tema que impregna casi todas las canciones es que no somos perfectos: la cagamos en muchos aspectos, nos afecta, pero queremos mejorar y seguir adelante.

Aparecen mucho las relaciones con otras personas y cómo se acaban, lo que nos hacen sentir o lo que hemos aprendido de ellas. Las letras también tienen un toque bastante costumbrista: hablamos de la rutina, del día a día, de salir de fiesta en una ciudad que no es la tuya, de estar sin trabajo o de ir a tocar apretados en la parte de atrás de un coche que se estropea…

Intentamos que prime el optimismo y las ganas de disfrutar y reírnos a pesar de las adversidades.

Vuestro sonido mezcla varios estilos. ¿Cómo nació esa combinación que caracteriza a Comic Sans?

Mentiría si dijera que es algo premeditado (risas). A nosotros nos gusta el midwest emo y es lo que intentamos hacer.

Ahora bien, cada uno tiene sus influencias, capacidades y “dejes”, y creo que por eso acabamos sonando de esa forma tan característica, llámalo más indie o más pop-punk. Cuando trabajamos en un tema no nos preocupa tanto que encaje en un género concreto, sino que nos guste, que “esté guapo”. Eso nos da la libertad para que salga un híbrido de lo que aporta cada uno como individuo.

¿Cómo vivisteis el proceso de grabación del disco?

Al grabar un disco siempre sientes una mezcla de sensaciones: satisfacción, impaciencia, estrés e incluso frustración. Por suerte, el balance global suele ser positivo, y este disco no fue una excepción.

Grabar con Santi ayuda mucho; es un gran profesional y nos apoya un montón. Además, hacerlo en un sitio como Sant Feliu, con sus calas, paseos, bares y rincones, en pleno verano, hace casi imposible estresarse. Nuestra rutina era grabar por la mañana, comer unas buenas raciones en el Corsari e irnos a la playa hasta que anochecía. Así cualquiera graba un disco (risas).

Para vosotros, ¿qué papel juegan los conciertos en directo dentro de la banda?

Son una parte esencial. Casi diríamos que los discos son una excusa para poder subirnos a los escenarios.

El público emo vive muchísimo los conciertos: baila, grita las canciones, salta desde el escenario, nos coge en brazos… Se vuelve adictivo y es la parte más satisfactoria de tener un grupo, incluso aunque a veces tengas que recorrer cientos de kilómetros de forma un poco precaria para llegar (y volver al día siguiente).

Cuando alguien escucha este álbum por primera vez, ¿qué os gustaría que sintiera o que se llevará de él?

Bueno, lo primero, que le flipe, ¿no? (risas). Nos gustaría que las canciones les interpelen y que, en cierta manera, las hagan suyas.

Nos ha pasado que alguien nos ha dicho que nuestra música le ha ayudado en una etapa complicada, o que ha usado algún tema para declararse a otra persona. También hay gente que se saca los riffs o las baterías porque le encantan… Ese tipo de cosas son las que más nos llenan.

Ahora que el disco ya está publicado, ¿qué planes tenéis para los próximos meses?

Ahora el plan es girar por prácticamente toda la península. Tenemos varios conciertos en distintas ciudades y con bandas que son buenas amigas, así que el plan es inmejorable.

Bueno, eso y ensayar bastante para que los temas salgan bien (risas).