viernes, octubre 30, 2026

ENTREVISTA A ERIK OZ Y LORENA MONTÓN: 8 PREGUNTAS SOBRE «ROCK, ARTE Y ESTÉTICA»

Erik Oz y Lorena Montón nos presentan «Rock, Arte y Estética», un libro en el que recorren varias décadas de historia musical para explorar la relación entre la música, la moda y el arte, y cómo la imagen ha contribuido a definir la identidad de artistas y movimientos.

A lo largo de esta entrevista, ambos autores reflexionan sobre la influencia de la estética en la cultura popular, el legado de figuras como David Bowie, Madonna o Cher y la importancia de la imagen en la industria musical actual.

1. ¿Cuándo te diste cuenta de que la imagen de los músicos era algo más que un simple complemento y que daba para contar su propia historia?

Erik: Siempre lo he tenido muy claro. Si pienso en iconos como David Bowie o la figura de Freddie Mercury en Queen, mucho antes de saberme una de sus canciones de memoria, su imagen ya se había grabado a fuego en mi cabeza. La imagen tiene una inmediatez brutal. A menudo, la estética de un artista te impacta y te cuenta su historia muchísimo antes de que su música tenga el tiempo material de calar en el público. No es un complemento, es su primer manifiesto.

Lorena: Creo que de forma inconsciente es algo que siempre he tenido claro: que los rockeros iban con tupés, que los punkis iban con sus crestas y que los raperos llevaban pantalones anchos. En mi caso, siendo adolescente, escuchaba una música, pero me vestía con los códigos de otros géneros, pero era muy consciente de esa transgresión socialmente no permitida. Es una temática que siempre me ha llamado la atención y por eso nació la propuesta del libro, donde hemos intentado acaparar el mayor número de estilos asociados a géneros musicales.

2. En «Rock, Arte y Estética» recorres varias décadas de música y cultura visual. Mientras preparabas el libro, ¿hubo algún artista que te sorprendiera especialmente por la influencia que llegó a tener en la moda o en la estética de su época?

Erik: Sí, sin duda, y confieso que la investigación del libro me ha hecho respetarla desde otro lugar: Cher. Es un icono desde mediados de los sesenta. Su caso me fascina porque no es que haya sabido adaptarse a los tiempos, es que siempre ha ido dos pasos por delante, transitando por estéticas antes incluso de que estuvieran bautizadas. Popularizó el hippie chic y los flecos en los 60; se atrevió con los vestidos transparentes de lentejuelas en los 70 junto a su diseñador de cabecera, el legendario Bob Mackie; se enfundó en cuero y tachuelas apropiándose del hair metal en los 80 con «If I Could Turn Back Time»; y se reinventó como diva futurista de club en los 90. Cher entendió que la moda era una herramienta de identidad mucho antes de que existiera el concepto de branding personal.

Lorena: Madonna ha sido una de las estrellas que más calado ha tenido en las modas, sabiendo adaptarse y anticiparse a ellas con golpes de efecto inesperados. Fue la primera en mostrar la ropa interior como parte de su atuendo; quien convirtió en icono el corsé de los conos de Gaultier; quien se cortó el pelo para dotarlo de una sensualidad que le valió el apelativo de “la ambición rubia”; la primera artista mainstream en coquetear con el misticismo oriental en «Frozen»; nos devolvió a la pista de baile en diversas ocasiones y sigue vigente, demostrando que es la matriarca que toda princesa del pop debe seguir.

3. Siempre pregunto por Bowie a la primera oportunidad que tengo. Es lo que tiene ser un fanfatal. Es difícil hablar de música e imagen sin que aparezca el Duque Blanco. ¿Por qué crees que su legado estético sigue resultando tan actual tantos años después?

Erik: Yo también aprovecho la mínima para hablar de él. Su vigencia es total porque Bowie entendió antes que nadie que a nadie le interesaba David Robert Jones. David Jones era un tipo normal, un ciudadano anónimo más de Brixton. Pero David Bowie era otra cosa. Bowie fue capaz de canalizar todas las ansiedades de la juventud del Reino Unido en una sola figura. Cuando aparece por primera vez en Top of the Pops en 1972 tocando «Starman», de golpe, millones de adolescentes que se sentían parias, freaks, disidentes o incomprendidos, encontraron un referente. Y lo más brillante, a cada intento de etiquetarle, él respondía con más misterio y más incógnitas. Su estética sigue actual porque no era ropa, era un refugio para una minoría que resultó ser muy amplia.

Lorena: Bowie es sinónimo de transgresión y eso siempre estará vigente para cada nueva generación de adolescentes. Cada uno con sus luchas, con sus gustos y sus características, pero todos ellos querrán buscar su identidad a base de desafiar las convenciones que les vienen dadas de las generaciones anteriores. Ese espíritu no se va a perder.

4. Hoy los músicos están constantemente expuestos al escrutinio público a través de las redes sociales. ¿Piensas que ahora se preocupan más por su imagen o simplemente ha cambiado la manera de construirla y mostrarla al público?

Erik: Más que preocuparse más, lo que ocurre es que ahora están sometidos a una dictadura visual. Antes la imagen importaba, claro, pero no dejaba de ser un satélite que orbitaba alrededor de la música. Ahora el centro de gravedad ha cambiado. Nada en el feed de un artista se deja al azar; todo es estrategia y relato. Hemos llegado a un punto en el que el diseño de la identidad y la presencia digital exigen el mismo esfuerzo —o bastante más— que la propia estrategia de lanzamiento de un disco. De hecho, en el ecosistema actual, a veces la canción parece ser solo la excusa, el sonido de fondo necesario para poder vender esa imagen.

Lorena: Como comenta Erik, las reglas del juego en la industria musical han cambiado y, guste o no, los nuevos artistas deben pasar por esa lucha por la atención desde todos los ángulos posibles, siendo la imagen uno muy importante. Creo que la importancia es la misma que antes, solo que ahora los cambios se exigen a una mayor velocidad. Si antes pasaban cuatro años entre una era y otra, ahora pasan tan solo seis meses. Ahora bien, dudo que el calado en el público sea el mismo. Se consume y se pasa a lo siguiente sin que el contenido llegue a penetrar. Tendremos que esperar unos años para hacer balance de si hubo impacto real en lo actual o no.

5. En el libro conviven música, arte, diseño y moda. ¿Qué fue lo más complicado a la hora de relacionar todos esos mundos y, al mismo tiempo, mantener la naturalidad del discurso?

Erik: Lo curioso es que, una vez haces el clic y asumes que todo forma parte del mismo ecosistema, relacionarlo deja de ser complicado. El clic está en entender que ninguna tribu urbana surge por casualidad. Siempre son la respuesta a una crisis o a un cambio de paradigma social. El punk no son solo imperdibles y ruido, es la respuesta visual a una crisis económica y de espíritu. El movimiento hippie es la reacción sociopolítica a Vietnam, y la estética Y2K es la resaca de los optimistas años 90 chocando contra la paranoia del nuevo milenio. Cuando asimilas que la moda y la música son simplemente la forma visual y sonora que adopta la sociología de una época, tirar del hilo de estas subculturas resulta natural.

Lorena: Parece más difícil de relacionar de lo que realmente es. Al final, todo tiene un porqué que obedece a un momento social, político, económico… y ha resultado fascinante unir los puntos y trazar la silueta de cada una de estas tendencias.

6. ¿Hay algún músico, banda o movimiento cuya aportación estética creas que todavía no se ha valorado como merece?

Erik: La Neue Deutsche Welle. Es un movimiento que el relato oficial anglosajón ha sepultado un poco, pero que a nivel sociopolítico y estético es una mina de oro. Piensa en la Alemania de finales de los 70, en la escena de Berlín Oeste: una isla capitalista rodeada del bloque soviético, con el Muro partiendo la ciudad y una paranoia constante en plena Guerra Fría. Esa asfixia social parió una subcultura underground que no tenía nada que ver con el hedonismo más naíf de otros países. Crearon un imaginario visual de cuero, geometría, frialdad tecnológica, ironía y nihilismo que respondía directamente al trauma de su país. Es una estética fascinante que se usó como arma de soft power al otro lado del muro y que no se ha reivindicado lo suficiente.

Lorena: En el caso de la música disco, creo que no se ha valorado la importancia real de la estética. La cultura popular lo asocia a discotecas y a Fiebre del sábado noche con cierta connotación hortero-festiva. Ahora bien, saber que esa cultura nace de los sectores de población más marginados, que solo podían ser como eran en los clubs con la complicidad de la noche y que el brilli brilli y las plataformas eran una forma de curar su autoestima, ya que ser como eran no les estaba permitido, la visión que tienes del movimiento disco cambia y se engrandece.

7. Después de todo el trabajo de investigación y escritura, ¿ha cambiado tu manera de escuchar música o de fijarte en la imagen y la puesta en escena de un artista?

Erik: La forma de escuchar música sigue igual, pero la forma de trabajar en la industria sí que se ha enriquecido. Todo este proceso de investigación me ha dado mucho más contexto. A la hora de afrontar el branding de un artista o sentarme a rebotar ideas con su equipo, tener este mapa mental te facilita muchísimo entender el ecosistema contemporáneo, porque automáticamente ves los hilos y reconoces de qué iconos del pasado están tirando para construir su identidad actual.

Lorena: Concuerdo con Erik. La música la escucho igual, pero mi valoración del producto artístico total es otra. Marcar tendencias y reflejar lo que ocurría en la calle mientras eres una superestrella, como pasó en su día con Kurt Cobain o con los Beatles, no es nada fácil. Lo que han logrado los referentes que mencionamos en este libro es para aplaudirles sin parar.

8. Para alguien que todavía no haya leído «Rock, Arte y Estética», ¿qué te gustaría que se llevara del libro al terminar la última página?

Erik: Me gustaría que el lector entendiera que la imagen no es un adorno, es la herramienta que realmente fabrica iconos y mitos. Y, sobre todo, me gustaría que se llevara un respeto absoluto por el artista y por la cultura pop. A menudo, se mira al pop por encima del hombro, pero nosotros siempre hemos defendido que es cultura con mayúsculas y hay que darle el valor histórico que tiene. Freddie Mercury no es “más” músico que Dolly Parton solo porque ella haya decidido encarnar un arquetipo estético que a veces la crítica ha menospreciado. En el libro hemos hecho un esfuerzo consciente por dar cabida a todo tipo de perfiles, sin dejarnos llevar por el esnobismo o por los prejuicios de lo que se considera normativo o cool.

Lorena: Me gustaría que antes de juzgar si algo es cutre, hortera o exagerado, se detenga a comprender todo lo que rodeaba a ese artista o movimiento. Que no se quede con la primera impresión, sino que ahonde en los porqués. Ojalá le parezca tan apasionante como a mí.



jueves, octubre 29, 2026

ENTREVISTA A PALOMO PALOMO: LA HONESTIDAD DE LO CUTRE

Palomo Palomo publica el 6 de noviembre ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?, su primer disco, editado por Montgrí. Diez canciones que se mueven entre el punk, el garaje y el lo-fi, con un sonido crudo y bastante mala leche.

Hay rabia, desencanto, nostalgia y también algo de esperanza. Letras que hablan de las contradicciones de una generación que tiene motivos de sobra para estar cabreada. Escribimos a Daniel V. Carrillo Palomo, artista que se esconde bajo el alias de Palomo Palomo, para conocer más sobre su debut, sus influencias y las cosas que le rondan por la cabeza cuando se pone a escribir canciones.

Vamos a empezar por el título del disco, ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?, que viene de un relato de Raymond Carver. ¿Por qué elegiste precisamente ese título? ¿Qué relación tiene con las canciones?

El título, desde que se lo leí a Carver, me gustó por tener un puntito de insolencia y por ser apelativo y directo. Además, tanto la colección de relatos homónima como el relato en cuestión, que se llama así, me gustaron bastante. Pero, sobre todo, es porque soy de esas personas que hablamos demasiado, soy un pesao; así que me pareció adecuado y potencialmente gracioso que, como título de un álbum de diez canciones, aparezca una frase que parece contraria a la idea de escucharlas.

También es verdad que me sirve un poquito en la dirección opuesta. Quiero decir, siento el título como algo rebelde. En casi cualquier momento del día puedo coger el móvil, el ordenador o encender la tele o la radio y cagarme en todo y pensar: «¿Qué mierda es esta?», «¿No es mejor que te calles?», «¿Qué necesidad tengo de escuchar esto que dices? ¿Y tú qué necesidad tienes de decir eso que dices?».

Me pasa con frecuencia si me cruzo con ciertos políticos, influencers y demás gente que no se calla en redes y medios.

El disco suena bastante crudo, con mucho de punk, garaje y lo-fi. ¿Tenías claro desde el principio que querías ese sonido tan casero o fue saliendo así mientras grababas?

Pues diría que sí. Las canciones las compongo y grabo en mi cuarto, y me gusta que ese toque de baja calidad tenga su hueco en el sonido de las canciones. Hay veces, incluso, que cuando veo que alguna canción suena más brillante o nítida, la estropeo de manera deliberada.

Me gusta dedicarme a conseguir una expresión artística «cutre», porque considero que lo «cutre» tiene mucha honestidad. Así que, siendo sincero, sé que sueno de manera no bonita, pero me siento felizmente reflejado en esta manera de expresarme.

En las letras hay bastante rabia, desencanto y crítica social. ¿Escribir canciones te sirve para soltar toda esa mala leche o también buscas que quien las escuche se plantee ciertas cosas?

La verdad es que no me planteo cuáles pueden ser las impresiones ajenas. Me esfuerzo en encontrar cosas que me interesen a mí mismo en las letras (sin que esto quiera decir que mis letras sean demasiado elaboradas ni nada). Diría que sucede como con los arreglos y los sonidos que comentaba en la pregunta anterior: trato de que las canciones me salgan honestas.

Y bueno, no es que utilice las canciones para canalizar la mala leche, sino que me parecen necesarias la mala leche y las protestas en todo y para todo. La cosa está bien jodida…

También me molaría decir que cada vez creo que necesito más rabia, más desencanto y más crítica en las canciones. Las nuevas ideas para futuras canciones que me van saliendo son cada vez más ácidas y directas, y por ahí veo un caminito que cada vez me interesa más.

Hay títulos que llaman bastante la atención, como «No eres feliz», «James Gandolfini» o «Aurora está al borde del terrorismo». ¿De dónde salen esas historias? ¿Son experiencias personales, cosas que ves a tu alrededor o un poco de todo?

Este verano estaba una noche con mis amigas Laura y Aurora en casa de mi madre y, comentando nuestras miserias, Aurora dijo: «Mira, yo estoy al borde del terrorismo». Y joder, adoro a mi amiga y, además, es que me encantó cómo lo soltó. Así que esta es la respuesta para la última.

«No eres feliz» es una canción que se me ocurrió del tirón porque, desde la ventana del piso donde vivía en Murcia, escuché una mañana a una chica que volvía de fiesta decir: «Acha, tía, no sé qué bragas llevo… o si llevo…». Y desde mi cuarto, cantando encima de la canción de This Is Lorelei, «I'm All Fucked Up» (prácticamente la plagio), me salió la canción entera imaginando lo infeliz que podría ser la muchacha que acababa de oír.

Y la de James se me ocurrió hace años, mientras me terminaba Los Soprano. Va de estar asfixiado por la precariedad y la angustia y, además, plantearte si merece la pena tirar para adelante o no. Yo me he formado en arte dramático y he trabajado bastante de actor, así que miraba a Tony Soprano y pensaba: «¿Qué hostias hago yo planteándome siquiera buscar una oportunidad en esta profesión si existen bestias como James Gandolfini?».

Perdón por enrollarme tantísimo. En definitiva, sí, mezclo un poco de todo y dejo que mi imaginación pille el volante, a ver qué tal…

También hay sitio para la nostalgia en canciones como «Dorada y plateada» o «Mi Jesús». ¿Sueles tirar de recuerdos de la infancia y la adolescencia cuando te pones a escribir?

Pues la verdad es que sí. Siento como valiosísimas las sensaciones que me conectan con mis partes más infantiles y adolescentes. Pero realmente no tengo un proceso creativo definido.

Me divierto creando y quizá, mientras me pongo a dar vueltas a lo que sea, me encuentro con una canción, un texto, simplemente una idea o, más comúnmente, nada.

En la presentación del disco hablas de los barrios, los pisos compartidos y esos espacios cotidianos que van desapareciendo por culpa de la gentrificación. ¿Crees que la música todavía sirve para denunciar estas cosas o hemos llegado a un punto en el que ya casi nadie escucha?

Como salir a la calle, organizarnos y tener como objetivos la lucha y la acción directa, no hay nada. Ahora bien, yo creo que todo lo que ideológicamente se posicione cuenta como apoyo real a dicha posición. Incluso la tontería de «no posicionarse» claramente te posiciona como alguien tibio y gris, falto de compromiso.

La música me sirve de acompañamiento en todos los aspectos de mi día a día. Por ello, por supuesto que creo que vale de mucho como denuncia, como expresión de comunidad y, sobre todo, porque es esencialmente un código de expresión artística, lo cual me parece potentísimo.

Este es tu primer disco y sale con Montgrí. ¿Cómo ha sido todo el proceso hasta llegar aquí? ¿Tenías claro qué canciones querías incluir o el álbum fue tomando forma sobre la marcha?

Para empezar, sigo sin dar crédito a que haya podido suceder esto. Lo de sacar un disco con un sello tan guay. Encima es una cooperativa. Y encima todas las personas con las que curro del sello son simpatiquísimas y buena gente. Me contactaron hace unos meses y ahora voy a sacar un disco, voy a salir a presentarlo en varios conciertos y, además, va a tener vinilo y todo.

Flipante, la verdad. No podría haberlo imaginado. Y menos aún podría habérmelo planteado sin la ayuda de Montgrí y su gente.

Yo tenía preparado un buen puñado de canciones y, cuando me contactaron, nos pusimos a ver cómo cuadraban mejor y cuáles era mejor o peor idea incluir en este trabajo. Así que fue tanto una cosa como la otra. Tenía algunas cosas claras, pero también fuimos sobre la marcha.

Para terminar, siempre me gusta preguntar por los discos que han marcado a los músicos que entrevisto. ¿Qué tres álbumes han sido fundamentales en tu vida y por qué?

Madre mía, en mi vida… Qué complicado elegir. Bueno, el grupo Manel me ha acompañado desde que tengo siete años, y de eso hace veinte años. Sus discos me encantan y, en especial, me siento superligado a «Atletes, baixin de l'escenari».

También me siento muy vinculado a un disco que sonaba constantemente en el coche de mi familia y en mi casa desde siempre, que es «La Fusa», un directo brutal de Maria Creuza, Vinicius de Moraes y Toquinho.

Y joder… Te diría cuarenta discos más, pero quizá puedo tirar por lo seguro y elegir el de la Velvet con Nico, porque vaya pedazo de maravilla. Hace años que me sumergí en la vida y milagros de Lou Reed y se me ha hecho fundamental, pero es que ese disco, sumándole la voz fría y superpotente de Nico, es increíble. Y lo hicieron hace muchísimos años.

Pero, sinceramente, si tengo que elegir un tercero y decido escoger uno con la firma de Lou Reed, elijo «The Blue Mask». Sinceramente, creo que no es de los más considerados de su trayectoria, pero personalmente a mí me emociona y me exalta que no veas. Casualmente, estoy escribiendo esto el día del decimotercer aniversario de su muerte.

(Debo hacer mención honorífica a artistas brutales como Antònia Font, Big Thief, Lole y Manuel, Kiko Veneno, Sílvia Pérez Cruz, Calamaro —por más que me pese su deriva ideológica actual, lo escucho desde que aparecí en el mundo—, Patti Smith, Los Planetas, Arctic Monkeys y Charley Crockett, a quien llevo años sin parar de escuchar).



martes, octubre 27, 2026

SAVAGES — «ADORE LIFE» (MATADOR RECORDS, 2016)

Cuando un grupo debuta con un disco exitoso, las expectativas sobre su segundo trabajo siempre son elevadas. Savages se desmarcaron del sonido de su primer elepé a favor de un álbum afilado, rabioso e implacable en el que predominaban las melodías sucias y la voz de la cantante Jehnny Beth. Tal como se esperaba ante la calidad de Adore Life (Matador Records, 2016), la crítica no tardó en rendirse al talento de la formación.

Furia, caos, calma y melancolía se dieron la mano en una serie de canciones cortas, efectivas y perfectamente ejecutadas que destacaron por su variedad. El disco arrancó con la enérgica «The Answer» (primer sencillo), en la que predominaba una guitarra distorsionada, una melodía asonante y una sección rítmica atronadora. Entre los temas más guitarreros sobresalieron el pildorazo punk «T.I.W.Y.G.», «I Need Something New», «When I Love» y «Surrender». La evolución de la banda fue notable y su sonido (que bebía de Siouxsie and the Banshees, Swans y Suicide en muchas ocasiones) se notó cuidado hasta el más mínimo detalle gracias a la producción de Johnny Hostile.

«Evil», «Sad Person» y «Slowing Down The World», aunque eran temas más tranquilos, nerviosos y crujientes, también estuvieron llenos de furia y dureza. Las letras del álbum hablaban sobre todo tipo de sentimientos, entre ellos el amor, pero desde su lado más oscuro y desolado, sobre todo de la angustia que implicaba el mismo cuando no era correspondido. Savages perdieron la inmediatez de Silent Yourself (2013) pero ganaron profundidad. Todas las componentes tuvieron su momento de lucimiento y ninguna despuntó sobre las demás.

Por último, el ritmo bluesero y reposado de la brillante «Adore» (puede que la mejor canción que grabaran hasta la fecha) pareció extraído de Tender Prey (1988) de Nick Cave & The Bad Seeds y en cuyo lóbrego videoclip Beth realizó una performance llena de coraje, despecho y seguridad en sí misma. La triste «Mechanics» resultó el cierre perfecto para un disco fiel (y continuista) al estilo de una banda que se alejó de lo comercial a favor de la autenticidad.

Diez años después de su publicación, Savages celebraron el aniversario de Adore Life recuperando en YouTube dos grabaciones inéditas: «Paranoid», una versión del clásico de Black Sabbath, y «Prayer», una composición propia. Canciones que sirvieron para recordar el talento de una formación que lleva alejada de los escenarios desde 2017. Mientras tanto, Jehnny Beth continúa desarrollando su carrera en solitario, con You Heartbreaker, You como su trabajo más reciente. A estas alturas, parece complicado que Savages vuelvan a reunirse, aunque nunca hay que perder la esperanza de volver a disfrutar de una de las bandas más interesantes que nos dejó el post-punk de la pasada década.



martes, octubre 20, 2026

FANFICTION: «PERROS DE DIAMANTE», PUBLICADO EN REVISTA BLASTER

«Con el tiro habrían abierto un agujero en esa perfección de que se vanagloriaban. Morir odiándolos, esa era la libertad.»

George Orwell

 

1

FUTURE LEGEND

And in the death

As the last few corpses lay rotting on the slimy

thoroughfare

The shutters lifted in inches in Temperance Building

High on Poacher's Hill

And red, mutant eyes gaze down on Hunger City…

Los rascacielos en ruinas que rozaban los límites del firmamento se extendían como una masa caótica y ennegrecida hasta los confines de la ciudad. En el cielo revuelto, pesadas nubes cargadas de lluvia química se deslizaban hacia el este, formando una bóveda sombría. Halloween Jack ajustó el cuchillo en la vaina, comprobó las hebillas de los patines y soltó una bocanada de humo: aquel era el último cigarrillo que le quedaba en el paquete. Con los ojos entrecerrados, siguió el avance de los nubarrones; más de uno de sus hombres había muerto bajo la lluvia contaminada. Jack vestía una mezcolanza de prendas raídas: botas de cowboy, pantalones marrones de polipiel, una camisilla de plástico y una chaqueta de cuero de motorista. Sus manos, delicadas y sensibles, estaban cubiertas por un par de guantes negros con las puntas recortadas. En la cadera derecha descansaba una pistola con la culata forrada de cinta aislante. En el lado contrario llevaba un Bowie de doble filo de veinte centímetros de largo por cinco de ancho. Halloween estaba preparado para afrontar cualquier cosa: aquella era su especialidad.

2

DIAMOND DOGS

As they pulled you out of the oxygen tent

you asked for the latest party

With your silicon hump and your ten inch stump

Dressed like a priest you was,

Todd Browning streak he was…

Enfrente, sobre el tejado del Edificio de la Templanza, una serie de figuras comenzaba a tomar posiciones de combate. Jack apretó los labios, se pasó la mano por el cabello enmarañado de color zanahoria y levantó un catalejo sustraído de una tienda de aparejos náuticos. La visión de los cuerpos deformes y abultados de los Cachorros le puso el vello de punta.

—Ahí los tenemos —dijo a su ayudante—. Puntuales como de costumbre.

La joven estaba nerviosa.

—¿Crees que es buena idea enfrentarnos a ellos, Jack?

Halloween respondió con sinceridad:

—Solo hay un camino. —Se encogió de hombros—. Ya han conquistado todo el lado este del río. Si siguen adelante, nos expulsarán de nuestro propio territorio, Angie.

—Pero...

Jack se mostró inflexible:

—Han entrado en la Avenida Quiéreme —puntualizó—. Todas las tribus de Hunger City saben que esa zona pertenece a nuestro clan. Somos nosotros o ellos. ¿Entiendes?

Angie agachó la cabeza.

—Supongo que tienes razón...

Halloween esbozó una sonrisa satisfecha.

—Buena chica.

3

SWEET THING

It's safe in the city, to love in a doorway

To wrangle some screens from the door

And isn't it me, putting pain in a stranger?

Like a portrait in flesh, who trails on a leash

Will you see that I'm scared and I'm lonely?...

Una ráfaga de aire levantó los periódicos y las revistas desperdigadas sobre los azulejos destrozados. Jack contempló el cuerpo menudo y atractivo de la joven. La forma en que la cazadora insinuaba sus curvas y la seguridad con la que sostenía su mirada despertaron en él un deseo repentino. Siempre le ocurría lo mismo antes de librar una batalla.

Angie esbozó una sonrisa pícara y dejó que sus dedos se demoraran un instante sobre el borde de la chaqueta, como si hubiera adivinado lo que cruzaba por la mente de Jack.

—¿Tenemos tiempo?

Jack sintió cómo la excitación recorría su cuerpo.

—Por supuesto...

4

CANDIDATE

I'll make you a deal, like any other candidate

We'll pretend we're walking home 'cause your future's at stake

My set is amazing, it even smells like a street

There's a bar at the end where I can meet you and your friend

Someone scrawled on the wall "I smell the blood of les tricoteuses"... 

Después de un encuentro tan apresurado como intenso, abandonaron el apartamento vacío, subieron unas escaleras rotas y regresaron a la azotea. Las últimas luces del día comenzaban a difuminar los contornos de la ciudad. Halloween estrechó la diestra de la muchacha con afecto. Tenía que reconocer que era una amante excepcional: tan dulce como feroz, capaz de alternar la entrega con el dominio. Pocas mujeres del clan podían igualarla. Un ligero rubor aún coloreaba las mejillas de Angie.

—¿Te ha gustado? —preguntó con una sonrisa.

Jack la rodeó por la cintura.

—Eres una diosa, querida.

El cumplido divirtió a la joven.

—¿Una diosa? —repitió entre risas—. ¡Qué decepción!

Halloween enarcó una ceja.

—¿Decepción? ¿Por qué?

Su ayudante respondió con ironía:

—Lo nuestro es solo sexo —puntualizó—. Te estás volviendo un sentimental, Jack.

Él se limitó a sonreír.

—Llámalo como quieras.

Pasaron junto a unos ventiladores oxidados y se reunieron con los miembros de la tribu. Un círculo de rostros hoscos, ninguno mayor de veinte años, los esperaba en silencio. Instintivamente, Halloween llevó la mano izquierda al cuchillo: aquel recibimiento presagiaba problemas.

—¿Qué diablos pasa? —preguntó al grupo.

Un joven vestido con un uniforme de marine dio un paso al frente y dejó su puñal en el suelo.

—¡Convoco la Cuarta Regla de los Perros de Diamante!

Jack se detuvo, sorprendido.

—¿Te has vuelto loco?

Su rival flexionó los brazos.

—Te desafío por la supremacía del clan. Ya no eres un jefe digno. Hemos perdido demasiados guerreros por culpa de tus alocadas incursiones.

Halloween frunció el ceño.

—Estás muy por debajo de mí. Guarda tu arma antes de que agotes mi paciencia.

Los ojos de Angie brillaron ante la inminencia del combate.

—Eres un imbécil, Ivor. Sabes que ninguno de nosotros puede vencer a Jack en un combate limpio.

Ivor masculló con rabia.

—¡Cierra tu sucia boca! ¡No vales para otra cosa que para abrirte de piernas!

La muchacha apretó los puños y desenvainó el cuchillo. Por aquel insulto correría la sangre. Halloween la detuvo con una mirada. Sus ojos, uno gris y el otro azul, brillaron en la penumbra como el filo de una navaja.

—Los Cachorros están a punto de atacarnos. Prefiero verte combatiendo junto a nosotros que tendido en el suelo.

El joven ignoró sus palabras.

—¡Convoco la Cuarta Regla! —gritó—. ¡Elige tu arma!

Jack se volvió hacia el resto del clan, una cuarentena de muchachos y muchachas andrajosos que empuñaban toda clase de armas: puñales afilados, lanzas con puntas de acero, arcos de fibra de carbono y pistolas robadas.

—¿Todos estáis de acuerdo con Ivor?

El grupo asintió.

—¿A qué esperas, Jack? —gritó una voz—. ¿Acaso tienes miedo?

Halloween desenvainó su Bowie.

—Tú lo has querido, imbécil.

5

SWEET THING (REPRISE)

If you want it, boys, get it here thing

'Cause hope, boys, is a cheap thing, cheap thing

Is it nice in your snow storm, freezing your brain?

Do you think that your face looks the same?

Then let it be, it's all I ever wanted...

La tribu formó un círculo alrededor de los contrincantes. Jack se quitó la chaqueta y la arrojó al suelo. Ivor apretó los cordones de las botas y recogió el puñal. Los dados estaban echados: solo el mejor de los dos sobreviviría.

Lentamente, ambos comenzaron a girar en círculos, tanteando las defensas del contrario con los cuchillos en alto. Halloween amagó un ataque y arañó el rostro de su rival; su movimiento había sido imposible de seguir con la mirada. Una exclamación colectiva recorrió el clan. Ivor se limpió la sangre que le descendía por la mejilla, apretó los dientes amarillentos y aferró el mango del arma con fuerza. Una diminuta sonrisa de suficiencia se dibujó en los labios de Jack.

—Aún puedes abandonar esta estúpida lucha, Ivor.

Su oponente respondió con un gruñido cargado de odio.

—¡Nunca!

Halloween retrocedió, esquivó una cuchillada dirigida a las costillas y levantó la guardia. Ivor estaba dispuesto a arrebatarle el control de la tribu y arrojar su cadáver a las ratas. Era un enemigo peligroso: tenía poco que perder y mucho que ganar. Jack saltó por encima de la hoja con agilidad y dejó caer su propia arma. El pecho de su adversario se tiñó de carmesí.

Furioso, Ivor ignoró el dolor y embistió al líder del clan. Halloween se desplazó hacia la derecha, le puso la zancadilla y lo derribó. Su enemigo chocó contra el suelo, se desgarró las palmas de las manos y levantó una nube de polvo. Al instante volvió a incorporarse de un brinco, con la respiración agitada y las mejillas encendidas por la vergüenza.

—¡Cerdo! —gruñó—. ¡Sigues utilizando tus sucios trucos!

Jack sonrió con ironía.

—¿Tú crees? Podía haber terminado con tu miserable vida y no lo he hecho...

El puñal destelló en la penumbra, trazó un arco horizontal e intentó abrirle la garganta. Halloween se agachó; la hoja le rozó las puntas del cabello y atacó desde abajo. Ivor lanzó un alarido de dolor: el cuchillo le había abierto los muslos hasta el hueso.

Jack decidió poner fin al combate. Estaba disfrutando demasiado y no quería comportarse como un carnicero; su rival merecía un final más digno. La hoja ascendió y le atravesó el corazón. Ivor dejó escapar un gemido ahogado, retrocedió un par de pasos y cayó de espaldas. Una expresión de sorpresa quedó grabada en su rostro.

Halloween se inclinó sobre el cadáver, arrancó el puñal, limpió la hoja en sus ropas y la devolvió a la vaina. Después se volvió hacia sus guerreros con gesto severo.

—¿Alguien más quiere intentarlo?

Un pesado silencio envolvió a la tribu de los Perros de Diamante. Nadie se atrevió a responder. Halloween Jack acababa de demostrar, una vez más, que era invencible.

Angie se acercó y lo tomó del brazo. La violencia del combate había despertado de nuevo el deseo entre ambos.

—¡Maldito idiota! —masculló Jack—. La ha diñado por nada.

La joven sacudió la cabeza.

—Lo cegó la ambición —comentó—. Ha pagado muy caras sus ínfulas de grandeza.

Halloween observó el brillo de sus ojos y comprendió lo que anhelaba.

—¿Todavía tienes ganas? —susurró—. Pensaba que ya estabas satisfecha.

Angie sonrió con picardía.

—Contigo nunca es suficiente.

Una corriente de electricidad pareció recorrerlos a ambos.

—Si sobrevivimos, te haré cambiar de opinión.

Jack apartó aquellos pensamientos y volvió a concentrarse en la batalla que estaba a punto de comenzar.

—¡Adelante! —ordenó—. ¡No tenemos tiempo que perder!

6

REBEL REBEL

You've got your mother in a whirl

She's not sure if you're a boy or a girl

Hey babe, your hair's alright

Hey babe, let's go out tonight

You like me, and I like it all...

El clan se deslizó por los tejados a gran velocidad sobre sus patines, recorriendo los edificios ruinosos de Hunger City. Abajo, a medio kilómetro de distancia, las calles devastadas, cubiertas de escombros y vehículos abandonados, comenzaban a mostrar señales de vida. Durante el día, las avenidas desiertas y las tiendas vacías eran lugares seguros; al caer la noche, los distintos clanes se refugiaban en los edificios, atrancaban las puertas y se protegían de los Mutantes, la raza degenerada de caníbales surgida tras el Apocalipsis.

Halloween recorrió una rampa, saltó entre dos edificios y aterrizó sobre otra azotea. Como de costumbre, encabezaba la marcha: era su obligación como líder guiar y proteger al clan que dependía de él. A su izquierda, casi pegada a su espalda, Angie lo seguía con la fidelidad de una sombra. Se movía con una elegancia extraordinaria, esquivaba los obstáculos y pasaba de un rascacielos a otro con una economía de movimientos admirable. Detrás de ambos, el resto de la tribu, impulsado por el ansia de cazar, mantenía el ritmo.

Tras quince minutos de marcha, Jack frenó en seco y se ocultó tras un muro. Sospechaba una emboscada.

—¡Parad! —vociferó—. ¡No os mováis!

Mientras el clan obedecía, la muchacha se acercó al líder, balanceando ligeramente las caderas.

—¿Has visto algo?

Halloween sacó el catalejo y escrutó los bloques de apartamentos recortados en la lejanía.

— Esto huele a trampa —dijo—. Hay demasiado silencio.

Por norma, cuando los Cachorros se disponían a lanzar una incursión, sus alaridos podían oírse a varias millas de distancia. Aquella calma, rota únicamente por el viento, le daba mala espina. No encajaba con el modus operandi de sus adversarios.

El cuerpo de Angie se tensó.

—¿Qué piensas hacer?

Jack recorrió con la mirada las ventanas oscuras y los tejados envueltos en sombras. De pronto, un fogonazo brilló frente a su posición.

—¡Un misil! —aulló—. ¡Al suelo!

La explosión alcanzó un condensador eléctrico y levantó una muralla de fuego. Cascotes y cuerpos humanos salieron despedidos por los aires. Un clamor recorrió la azotea: maldiciones, gemidos de agonía y gritos de terror. A través del humo, Halloween distinguió el cuerpo mutilado de una chica a su derecha, destrozado por la metralla. Con el corazón encogido, le dio la vuelta al cadáver mientras temblaba, al borde del vómito. Al comprobar que no era Angie, dejó escapar un profundo suspiro de alivio.

Un segundo después, el clamor triunfal de los Cachorros rompió la noche incipiente. Aquellos bastardos acababan de anotarse el primer golpe.

Angie atravesó las ruinas ensangrentadas y se abrazó a él con todas sus fuerzas. Lágrimas de alivio descendían por su rostro cubierto de hollín.

—¿Estás bien? —preguntó Jack con ansiedad—. ¿Te han herido?

La joven negó con la cabeza.

—Estoy perfectamente. —Miró la media docena de cadáveres destrozados—. Ellos corrieron peor suerte...

Halloween maldijo a sus enemigos.

—¡Cabrones! —Levantó el puño—. ¡Pagaréis esta asquerosa trampa!

Una carcajada burlona respondió a sus palabras.

—¡Te estamos esperando! ¡Ven y demuestra que eres un hombre! ¡La Avenida Quiéreme es nuestra!

Jack rechinó los dientes hasta hacer crujir la mandíbula. Reconocía aquella voz maliciosa: era la de Ronson, el jefe de los Cachorros, un gigante de dos metros cuyo cuerpo había sido remodelado con tejidos musculares artificiales.

7

ROCK ‘N’ ROLL WITH ME

You always were the one that knew

They sold us for the likes of you

I always wanted new surroundings

A room to rent while the lizards lay crying in the heat

Trying to remember who to meet...

Halloween olvidó los cuerpos inertes, el dolor que le recorría los huesos y el pragmatismo que siempre lo había guiado: su cuchillo vengaría aquella carnicería, aunque fuera lo último que hiciera.

—¿Cuántas bajas hemos sufrido?

Angie le cerraba los ojos a uno de los muertos.

—Siete.

Jack escupió sobre el suelo enrojecido y trazó un símbolo pagano con la punta del puñal junto al salivazo.

—¡Mataré a siete Cachorros por cada uno de los nuestros!

Furioso, se puso en pie y enfundó el arma. Una luz enloquecida brillaba en sus ojos: había cuentas pendientes. El grupo empuñó puñales, lanzas, pistolas y espadas. Un clamor salvaje respondió a los rugidos de sus enemigos. Halloween alzó la Remington sobre la cabeza y pronunció el lema de la tribu:

—¡Sangre y fuego! ¡Muerte y desolación!

Como una manada de lobos hambrientos, los muchachos siguieron a su líder hacia el Edificio de la Templanza mientras entonaban las antiguas canciones de guerra de sus antepasados:

Baby's on fire

Better throw her in the water

Look at her laughing

Like a heifer to the slaughter...

Descendieron varias terrazas, atravesaron un edificio a punto de derrumbarse y enfilaron una sucesión de tejados irregulares. Jack ardía de cólera. Su expresión, habitualmente taciturna y arrogante, se endureció hasta adquirir una ferocidad que obligaba a cualquiera a apartarse de su camino. Su cuerpo, esbelto y musculado como el de un leopardo, alcanzó una velocidad y una precisión nacidas del ansia de venganza que pocos miembros del clan podían igualar. Cualquier vestigio de civilización, si es que aún conservaba alguno, desapareció bajo una rabia primitiva. La tribu cruzó las azoteas una tras otra, esquivando bidones de agua, cuartos de transmisiones, pistas de aterrizaje, piscinas vacías y helicópteros desmantelados.

8

WE ARE THE DEATH

Something kind of hit me today

I looked at you and wondered if you saw things my way

People will hold us to blame

It hit me today, it hit me today

We're taking it hard all the time...

Halloween continuó cantando: 

If you'll be my flotsam

I could be half the man I used to

They said you were hot stuff

And that's what Baby's been reduced to...

La noche envolvió Hunger City con su manto de oscuridad. A una manzana de distancia, sus rivales encendieron antorchas y linternas. Los Perros de Diamante, como buenos exploradores y combatientes, no necesitaban ninguna clase de luz en su propio territorio. Cada uno conocía aquellos tejados desde la infancia; habían crecido luchando por ellos y nadie les arrebataría lo que tanto sudor, miseria y sangre les había costado conservar.

En la oscuridad, los jóvenes se transformaron en sombras silenciosas. Ningún francotirador podía distinguir su posición; por el momento, estaban a salvo.

Jack llegó hasta una torre de alta tensión abandonada, se guardó la pistola y el Bowie en la cintura y saltó al vacío. Mientras caía, enganchó el cinturón de cuero a uno de los gruesos cables y se deslizó por él como una exhalación.

El vacío se abrió bajo sus pies. La brisa le golpeó el rostro y le erizó la piel. Si caía, moriría aplastado y acabaría convertido en alimento para los Mutantes que habitaban las alcantarillas. No pensaba concederles aquel banquete.

Halloween soltó el improvisado asidero y aterrizó en el territorio de los Cachorros. Una sonrisa feroz cruzó su rostro: dudaba que sus adversarios conocieran aquella vía de acceso a los apartamentos del lado oeste de la metrópoli.

Angie aterrizó a su lado en completo silencio, seguida por el grueso de la tribu. Diez minutos después, treinta y dos guerreros ocupaban su posición a la espalda del líder, aferrando las armas con determinación.

Jack estudió sus expresiones en la penumbra. Los Cachorros pagarían todos los crímenes cometidos contra su clan.

9

1984

Someday they won't let you, so now you must agree

The times they are atelling,

and the changing isn't free

You've read it in the tea leaves, and the tracks are on TV

Beware the savage jaw of 1984...

Al lado, a un centenar de metros, las siluetas de los Cachorros se recortaban a contraluz, iluminadas por las antorchas y linternas que empuñaban con sus grotescas manos. Halloween se agazapó tras una terraza, alzó el catalejo y buscó a Ronson con mirada febril. Segundos después, lo localizó entre sus hombres, vestido con un mono de cuero y un casco de hierro de aspecto medieval.

Comprobó que las historias que circulaban por las catacumbas de la ciudad se quedaban cortas. Nunca había visto unas facciones tan brutales; aquella bestia parecía capaz de arrancarle los brazos de cuajo a cualquiera. Por lo que sabía, los Cachorros habían abusado de los esteroides encontrados en las farmacias y hospitales de la zona. Sus cuerpos, musculosos y deformes, mostraban toda clase de efectos secundarios: erupciones en la piel, torsos hinchados por la ginecomastia, mujeres de rasgos masculinizados, calvicie prematura y una estatura inferior a la media.

De forma instintiva, Jack comparó la agilidad felina de su clan con el aspecto tosco y decadente de los Cachorros. A pesar de la desnutrición que padecían por la escasez de alimentos, podían considerarse afortunados.

Acto seguido, hizo una seña a los lanceros para que ocuparan sus posiciones. Estos obedecieron y se situaron a su derecha. Después indicó a los arqueros que prepararan las flechas; de ellos dependía el éxito del ataque. Sin vacilar, el escuadrón ocupó su flanco izquierdo y tensó las cuerdas de los arcos.

Por último, organizó a la infantería, armada con armas blancas y de fuego. Las pistolas, escopetas y ametralladoras solo se utilizarían como último recurso: la munición era demasiado valiosa para desperdiciarla.

Halloween escuchó las conversaciones de sus rivales con interés. En breve, todo habría terminado.

—¿Qué? ¿Los ves? —bramó Ronson—. ¡Tienen que estar cerca!

El vigía bajó la cabeza.

—Se han desvanecido, señor.

El jefe de los Cachorros soltó una blasfemia.

—¡Eres un inútil! ¡Suelta los prismáticos antes de que te los meta por el culo!

El individuo retrocedió aterrorizado.

—Abrid bien los ojos —continuó Ronson—. Halloween Jack es un perro listo. Seguro que nos tiene preparada una sorpresa.

A pesar del odio que sentía por su enemigo, Halloween no pudo evitar sentirse halagado. Aquel imbécil tenía más cerebro del que aparentaba.

— Los anabolizantes le habrán derretido las pocas neuronas que le quedaban —murmuró con humor sombrío.

A su alrededor, la inminencia del combate había encendido el ánimo de sus guerreros. Los Perros de Diamante se frotaban las manos, se pasaban la lengua por los labios y comprobaban los cargadores de sus armas.

Su ayudante le rozó el cuello con un dedo.

—Ten cuidado, querido.

Jack sonrió con ironía.

—Te recuerdo que lo nuestro es solo sexo, nena.

Los dientes de Angie brillaron en la oscuridad.

—No quisiera perder a un amante tan exquisito como tú.

10

BIG BROTHER

Don't talk of dust and roses

Or should we powder our noses?

Don't live for last year's capers

Give me steel, give me steel,

give me pulsars unreal...

—¡Atacad!

El grito de Halloween rasgó la noche como una explosión de queroseno. Una lluvia de flechas salió despedida de los arcos y abatió a un grupo de Cachorros. Antes de que lograran reaccionar, los lanceros arrojaron sus picas, atravesando carne, nervios y huesos.

Ronson luchó por reagrupar a sus hombres.

—¡Emboscada! —bramó con voz ronca—. ¡Poneos a cubierto!

Otra descarga de flechas abatió a sus adversarios entre alaridos e imprecaciones. Los Cachorros habían perdido a la mitad de sus efectivos en menos de un minuto.

Con la Remington y el Bowie por delante, Jack cruzó una pasarela suspendida sobre el vacío y alcanzó el Edificio de la Templanza sin esperar al resto de sus guerreros. Una figura de mirada enloquecida, con los ojos inyectados en sangre y un hacha de leñador entre las manos, se interpuso en su camino. Halloween describió un arco con el Bowie y le abrió el cuello de lado a lado. Un chorro de sangre le salpicó la chupa de motorista.

Una detonación estalló junto a su oído. Angie había alcanzado a un Cachorro entre las cejas. La parte posterior del cráneo saltó hecha pedazos, cubriendo las baldosas de la azotea con restos de materia gris.

Jack disparó a quemarropa. La descarga atravesó el esternón de una mujer y salió por la espalda. La infantería ocupó el tejado y remató a los supervivientes y a los heridos. La guerra no concedía segundas oportunidades.

Angie terminó con un rival de una puñalada en los pulmones y felicitó a su amante.

—Tu estrategia ha dado resultado.

Halloween se secó el sudor de la frente.

—Los alemanes la llamaban Blitzkrieg —sonrió—. Gracias a la guerra relámpago conquistaron buena parte de Europa el siglo pasado.

Angie abrió mucho los ojos.

—¿Cómo sabes eso?

Jack sonrió con sorna.

—Lo leí en la Cosmopolitan.

¿Dónde estaba Ronson?

De una zancada ágil, Halloween esquivó un cadáver, remató a un agonizante y buscó al jefe de los Cachorros entre los muertos. Había desaparecido.

—¡Maldita sea!

De pronto, unas luces destellaron al final de la azotea, donde todavía no habían llegado sus tropas. Un miedo supersticioso se apoderó de los Perros de Diamante. Ante ellos, un vehículo expulsó un chorro de gas y se elevó en el aire, intentando escapar del combate.

Una muchacha se cubrió la cabeza con ambas manos.

—¡Es el Diablo! —berreó—. ¡Ha venido a por nosotros!

Jack la apartó de un empujón. Era la primera vez que veía en funcionamiento uno de los coches de la Antigüedad: deslizadores los llamaban antes de que la Tercera Guerra Mundial redujera el mundo a un amasijo de escombros.

Sin perder la calma, ignoró los gritos de pánico de la tribu y vació el tambor contra los bajos del vehículo. Mortalmente averiado, el deslizador giró sobre sí mismo, pasó por encima de su cabeza y se estrelló contra el borde de la azotea.

Jack llegó hasta él de un salto, abrió la puerta de un manotazo y sacó a Ronson al exterior.

—¡Bastardo! —gruñó—. ¡No escaparás de mis garras!

La inmensa mole del gigante se estremeció al comprender que estaba atrapado.

—¡Mátame! —suplicó—. ¡Acabemos con esto!

Halloween soltó una carcajada desagradable.

—¡Ni lo sueñes! ¡Tu sufrimiento solo acaba de empezar!

11

CHANT OF THE EVERCIRCLING SKELETAL FAMILY

Brother

Oohooh

Shake it up, shake it up

Move it up, move it up

Brother...

Al amanecer, los primeros rayos del sol bañaron los confines de Hunger City, iluminando los rascacielos, los comercios y las avenidas destrozadas. En lo alto de la Colina de los Furtivos, una hilera de figuras silenciosas rodeaba a un hombre encadenado a unos surtidores de gasolina vacíos.

Jack pasó el brazo por los hombros de Angie y contempló a su cautivo. Pese a las protestas de la tribu, se había negado a crucificarlo: quería asegurarse de que llegara con vida a la noche.

—Te dejo en compañía de los Mutantes, Ronson. Espero que disfrutes de su compañía.

El gigante temblaba de miedo y de rabia.

—¡Que te jodan!

Halloween ignoró el insulto.

—Saldrán al anochecer —dijo—. Tendrás tiempo para reflexionar.

Ronson apretó los inmensos puños bajo el peso de las cadenas.

—¿Reflexionar? ¿Sobre qué?

Jack se mostró implacable.

—Invadiste nuestro territorio. Mataste a miembros de otros clanes por unos cuantos edificios en ruinas. Asesinaste a mis hermanos y hermanas para satisfacer tu ambición. Ahora recibirás el castigo que te has ganado: tu cuerpo alimentará a las criaturas que habitan estas colinas.

La arrogancia del antiguo líder de los Cachorros se desvaneció.

—No te atreverás...

Halloween dio la conversación por terminada.

—Nos veremos en el infierno, Ronson.

Sin añadir una palabra más, los Perros de Diamante abandonaron a su prisionero, descendieron la colina y se internaron en la Avenida Quiéreme. Todo volvía a su lugar.

Angie acarició la espalda de Jack.

—Me debes algo.

Halloween sonrió con expectación.

—Sorpréndeme.

La joven se puso de puntillas y le susurró unas palabras al oído. Jack sostuvo su mirada con una sonrisa cómplice.

—Por supuesto, querida —respondió con una sonrisa—. Por supuesto...