viernes, septiembre 25, 2026

«TARDES DE PERSIANAS BAJADAS», DE BRETT ANDERSON (CONTRA, 2019)

«Después de toda la tristeza contenida en estas páginas, quizás sea ahora cuando viene la parte más triste para mí. Cartografiar el colapso triste y silencioso de un grupo que tanto significó para mí representa, en cierto modo, un destino más cruel que si hubiéramos estallado en una profusión de escándalos y conflictos.»

Brett Anderson

Después de incontables horas de ensayo y de afilar sus canciones en locales de mala muerte frente a públicos indiferentes, gracias a la histeria mediática fomentada por la prensa, Suede obtuvieron el triunfo que anhelaban. El lanzamiento de «The Drowners» propició que fueran encumbrados en una mezcla de adoración y hostilidad. Por una parte, alabaron su música —ambigua, romántica, subversiva y decadente—, que reflejaba las miserias de los jóvenes británicos de principios de los noventa; por otra, como llegaron a la cima de forma instantánea, los consideraron un producto prefabricado, sin garra ni alma, cuyas horas estaban contadas. A pesar de sus orígenes humildes, al igual que sus composiciones, fueron tachados de artificiales, frívolos y cosmopolitas.

La banda surgió en plena resaca de Madchester (Happy Mondays, Stone Roses, The Charlatans) y durante el efímero auge del shoegaze (My Bloody Valentine, Ride, Slowdive). Evidentemente, su propuesta quedaba fuera de ambas corrientes. El grupo se aferró a aquella oportunidad como a un clavo ardiendo, ajeno a las consecuencias. Desesperado por abandonar la falta de reconocimiento, la pobreza y la precariedad laboral, Brett Anderson reconoce sin tapujos que habría hecho lo imposible para mantenerse en la cresta de la ola. Su exagerado perfil inicial los convirtió en un grupo «sobrevalorado», etiqueta que los ha acompañado a lo largo de su andadura discográfica.

Anderson reflexiona constantemente sobre su papel público y sobre cómo la fama influyó en su vida privada y moldeó su personalidad. Se muestra crítico con su trabajo, tanto con las declaraciones controvertidas del pasado como con los errores discográficos. Suede siempre alternaron entre la grandeza y la vulgaridad. Muchas de sus caras B —«My Insatiable One», «My Dark Star», «Killing of a Flashboy», «Europe Is Our Playground», «Let’s Go», «Cheap»— superan el contenido de los propios álbumes. El cantante asume la temática de sus letras —excesos, nocturnidad, sexo crudo, relaciones destrozadas, caos urbano—, que, con el paso del tiempo y junto con la decadencia de la formación, se convertiría en un cliché cercano a la autoparodia. Su corpus creativo fue perdiendo fuerza: discos mal enfocados, con temas débiles, que echaron por tierra el trabajo que tanto les había costado conseguir.

Suede (Nude, 1993) se convirtió en el disco de debut más vendido de todos los tiempos en Inglaterra y ganó el prestigioso Mercury Prize. Tal como ha sucedido en infinidad de ocasiones en la historia de la música, sus miembros carecían de la preparación necesaria para afrontar un éxito tan descomunal. Mientras realizaban una agotadora gira por Estados Unidos, comenzaron los problemas. A raíz del fallecimiento de su padre, el guitarrista y motor musical Bernard Butler se encontraba extenuado y deprimido. Harto de los rigores del estrellato, comenzó a distanciarse de la banda: viajaba en el autobús de otros grupos, grababa sus partes musicales a solas en el estudio y pretendió que despidieran al productor Ed Buller (White Lies, Pulp, Lush) para encargarse él mismo de la creación de Dog Man Star (Nude, 1994), la sombría obra maestra de Suede. Todo avanzaba demasiado rápido: ninguno tuvo la madurez suficiente para intentar solucionar sus problemas. Por consiguiente, las heridas empeoraron hasta alcanzar un límite insoportable.

El Britpop convulsionaba a la sociedad británica, pero Suede, fieles a su costumbre de nadar a contracorriente, consideraban aquel movimiento tan nacionalista como espantoso y optaron por desmarcarse de él. Anderson se perdió en un universo de química, obsesión, fragilidad y ego desmesurado. Gélido, aislado y arrogante, pasó por alto la profunda amistad que mantenía con el guitarrista. La unidad de antaño desapareció y la visión musical de ambos dejó de complementarse. Todos se encontraban paranoicos, tristes y amargados; temían que aquel fuera el final del camino. Como consecuencia, el disco cobró la atmósfera deprimente que lo caracteriza. Finalmente, la expulsión de Butler fue inevitable. La crítica volvió a abalanzarse sobre ellos para hundirlos a conciencia.

La arriesgada incorporación del nuevo guitarrista Richard Oakes —tenía diecisiete años en aquella época— fue recibida con desdén, por no decir inquina, por parte de los medios y los seguidores. Contra viento y marea, la banda continuó adelante. Todos habían llegado a la conclusión de que Butler era un engranaje irremplazable y de que estaban acabados. Aunque muchas de las mejores canciones de Suede se encuentran en este elepé —«The Wild Ones», «Still Life», «The Two of Us», «The Asphalt World»—, sus ventas quedaron por debajo de las del debut. Oakes, a pesar de su juventud, la presión de los tabloides y las comparaciones con Bernard Butler, consiguió salir airoso de la tormenta gracias a sus propios méritos musicales.

Luego de las sesiones asfixiantes y conflictivas de Dog Man Star —que, para consternación de Anderson, continúa siendo el álbum mejor valorado de Suede—, Coming Up (Nude, 1996) supuso un revulsivo: directo, enérgico y urgente, con todos sus temas dotados de potencial como sencillos. La incorporación de Neil Codling como teclista aportó savia fresca al grupo. Aunque siempre fue infravalorado por considerarlo mero «relleno», su influencia ha moldeado el sonido de la banda hasta la actualidad. Las áridas orquestaciones de The Blue Hour (Suede Ltd., 2018) lo demuestran de sobra.

«Trash», «Beautiful Ones», «Saturday Night» y «Filmstar» se convirtieron en himnos radiofónicos. El grupo volvió a la cúspide de la popularidad en plena vorágine del Britpop, compitiendo contra Oasis, Blur y Pulp en las listas de ventas, y logró el reconocimiento que merecía por derecho propio. La nueva formación, en un dulce momento de gloria, logró renacer tras la sobreexposición que estuvo a punto de aniquilarla.

Mientras tanto, en Westbourne Park, lo que en un principio fue el disoluto estilo de vida de una estrella de rock que alimentaba su creatividad —entre fiestas interminables, alcohol, ceniceros llenos, bolsas de basura, traficantes, groupies, colgados e ingentes cantidades de crack— terminó convirtiéndose en una adicción que quebró a Anderson y causaría fuertes repercusiones en el futuro de la banda. El impulso creativo, la ambición y el deseo de triunfar que lo habían empujado al principio fueron reemplazados por el exceso de confianza, la soberbia y la carencia de perspectiva.

En un afán por modernizar su sonido y mantenerse vigentes en la industria, Suede perdieron la esencia primaria, basada en el rock de los setenta, que los caracterizaba. Ante la profusión electrónica, Oakes se sintió desplazado como guitarrista. Irónicamente, Head Music (Nude, 1999) supuso un triunfo clamoroso. Por primera vez contaban con el apoyo de la crítica, pero entregaron un trabajo que, si bien incluía buenas composiciones como «Can’t Get Enough», la popular «She’s in Fashion» o «He’s Gone», pecaba de pereza e intrascendencia. Un elepé comercial que los alejó de la excelencia para hacerlos caer de lleno en la superficialidad de la que tantas veces habían sido acusados.

A New Morning (Columbia, 2002) supuso el canto del cisne: abandonar la función ante la indiferencia del público. Confundida, después de la salida de Codling debido al síndrome de fatiga crónica, la banda se encontraba, por primera vez en su carrera, perdida y carente de la pasión que la había caracterizado. Pese a que Anderson se encontraba sobrio, continuaba debilitado por su antigua dependencia de los narcóticos y fue incapaz de ofrecer lo mejor de sí mismo. Las sesiones se prolongaron durante dos años, entre diversos estudios y productores, intentando salvar un repertorio en el que reinaban la incertidumbre y la apatía. El fichaje de Alex Lee (Strangelove) en los teclados apenas llegó a cuajar y el intento de reinventarse con un disco acústico, íntimo y acogedor quedó también por debajo de las expectativas. A New Morning fue tan costoso que se vieron obligados a regresar a la carretera para recuperar los gastos de grabación. Desde entonces, el vocalista ha afirmado repetidamente que su publicación fue un error.

El final del libro, al detenerse en el punto más bajo de la formación, posee un sabor amargo. De hecho, queda abierto para que Anderson escriba una hipotética tercera parte de sus memorias en la que narre el reencuentro con Bernard Butler en el proyecto The Tears, su carrera en solitario, la paternidad y, evidentemente, el regreso triunfal de Suede, que, en pleno siglo XXI, continúan editando trabajos tan excelsos como su obra de principios de los noventa —Night Thoughts (Suede Ltd., 2016) y The Blue Hour—, en los que persiguen la estela del barroco y atormentado Dog Man Star.




jueves, septiembre 24, 2026

PRIMAL SCREAM: «SCREAMADELICA», 35º ANIVERSARIO — EL GRITO HEDONISTA DE MADCHESTER

La Dama de Hierro, The Haçienda y Madchester.

A mediados de los ochenta, el gobierno de Margaret Thatcher había hundido el país en la miseria: privatización de empresas, educación y medios a favor de los poderosos, recortes presupuestarios, índices de desempleo alarmantes, sindicatos en franca decadencia, y reducción de inversiones en servicios sociales y vivienda. Los mineros, hartos de las precarias condiciones laborales y las subidas de impuestos, se lanzaron a la calle para manifestarse. Los piquetes se sucedieron: violencia policial, gases lacrimógenos, cientos de heridos y miles de detenciones. Gracias al Partido Conservador, Inglaterra entró en un estado de represión dictatorial. El recuerdo de la Guerra de las Malvinas continuaba fresco en la memoria colectiva: el Gobierno no tenía escrúpulos a la hora de utilizar la fuerza para conseguir sus objetivos. Millones de familias se quedaron sin trabajo, por consiguiente, para llenar el tedio, la pobreza y la desesperación, muchos jóvenes recurrieron a los narcóticos. A pesar de todo, la Dama de Hierro ganó tres elecciones consecutivas por el voto masivo de la clase trabajadora.

Ello generó un clima de descontento y una necesidad de escapar de la situación social y económica que atravesaba el Reino Unido. Todo comenzó en Manchester, en The Haçienda, el club de Tony Wilson. En un principio, el local funcionaba como sala de conciertos donde se presentaban agrupaciones —The Teardrop Explodes, Simple Minds, The Smiths, Bauhaus — de todo tipo.

Los primeros años fueron complicados: los elevados gastos del edificio —una nave industrial de dos plantas abierta toda la semana—, la escasa clientela, los constantes robos y una gestión deficiente por parte de los propietarios dificultaron su consolidación. Tony Wilson, presentador de televisión y dueño del sello discográfico Factory Records, había lanzado a bandas como Joy Division, New Order y, posteriormente, Happy Mondays.

El house de Chicago, el hip hop y la música electrónica comenzaron a ganar notoriedad en las sesiones que se realizaban en The Haçienda. La influencia de Ibiza llegó a los clubes ingleses, trayendo consigo hedonismo, diversión y un sentido de hermandad impulsado por las drogas; el éxtasis no tardó en convertirse en un componente indispensable del movimiento que comenzaba a gestarse.

En 1988, The Stone Roses, Happy Mondays y A Guy Called Gerald alcanzaron las listas de éxitos. Madchester estaba a la vuelta de la esquina. Las influencias de la mayoría de las bandas de la época —surgidas del circuito alternativo discográfico— bebían de la psicodelia setentera, del funk y de la naciente escena house. El indie y la electrónica se volvieron inseparables.

Los medios comenzaron a hacerse eco del movimiento. The Haçienda pasó de ser un club al borde de la bancarrota a llenarse cada noche; la paciencia de sus dueños finalmente fue recompensada. Una nueva oleada de bandas invadió el mercado: Inspiral Carpets, The Charlatans, James, EMF, The Farm, 808 State, Northside, Blur, Flowered Up… La lista podría ser interminable.

Las raves —fiestas al aire libre marcadas por el consumo de MDMA, la euforia colectiva y el desenfreno— se volvieron increíblemente populares. La caída del Muro de Berlín, el fin de la Guerra Fría y la decadencia del thatcherismo eran ya una realidad. Había nacido el Segundo Verano del Amor.

La génesis de Screamadelica 

Por aquel entonces, Primal Scream había publicado Sonic Flower Groove (Elevation, 1987) y el homónimo Primal Scream (Creation, 1989), discos influenciados por The Byrds, Love, The Velvet Underground, The Stooges, MC5 y, sobre todo, The Rolling Stones. Sin embargo, apenas alcanzaron repercusión comercial. La banda se encontraba contra las cuerdas: vivían de la Seguridad Social y no tenían claro qué les depararía su carrera. Era necesario un cambio de rumbo, un lavado de cara, un nuevo sonido que los proyectara hacia el futuro.

Gracias a la mediación de Alan McGee —amigo íntimo de Bobby Gillespie y jefe del sello Creation—, entraron en contacto con Andrew Weatherall, un DJ a quien propusieron remezclar la balada I'm Losing More than I'll Ever Have. El resultado fue «Loaded»: una bizarra Sympathy for the Devil para la generación E, con samplers de voces, piano, soul, lisergia, vientos y coros góspel. Fue un bombazo comercial. La primera vez que Weatherall pinchó el tema en Londres, el público enloqueció en la pista.

«Loaded» fue una declaración de intenciones: eufórica, invitaba a colocarse, a bailar como si no hubiera un mañana, al desparrame absoluto. Se trataba de estar en el lugar adecuado en el momento oportuno, de aprovechar la sinergia de Madchester: no podían dejar pasar aquella oportunidad. Las cien mil copias vendidas del sencillo mostraron a Primal Scream que su destino —traer el pasado al presente para definir el futuro— se encontraba en la senda abierta por The Soup Dragons con Lovegod (Big Life, 1990).

Triunfo de una obra maestra

Según la leyenda, la grabación del disco fue de todo menos convencional: la banda salía de fiesta por los clubes los fines de semana, disfrutando de las delicias del éxtasis para inspirarse a la hora de componer. Posteriormente, de lunes a jueves, se encerraban en el estudio para trabajar en una serie de temas que hermanaban sus múltiples influencias: rock, pop, dance, house, soul, dub, electrónica, góspel y psicodelia. Gillespie llegó a estar tan pasado de vueltas que fue incapaz de cantar en «Slip Inside This House».

Un detalle importante de este álbum es que las letras son secundarias; lo fundamental es la atmósfera, las vibraciones, la energía narcótica que emana de sus surcos. Screamadelica (Creation, 1991) tardó 18 meses en gestarse, con la inestimable ayuda de una serie de productores que enseñaron a la banda un nuevo lenguaje musical: The Orb, Andrew Innes, Hugo Nicolson, Jimmy Miller, Hypnotone, Graham Massey, Terry Farley y el ya citado Andrew Weatherall.

Irónicamente, Primal Scream redefinió un género musical al que se sumaron con ciertas reticencias, hasta el punto de que pareció que Madchester fue una creación suya. Todo es icónico en Screamadelica: la portada de Paul Cannell, la mezcla de géneros dispares en apariencia incompatibles, las canciones que remiten a una época dorada en la que parecía que la juerga nunca acabaría. El factor nostalgia es esencial; basta con ver la reacción del público cuando interpretan cualquier tema del elepé: bailan como si estuvieran en un club. Si esa fue la intención, huelga decir que lo consiguieron con creces.

El impacto del álbum fue tan grande en la carrera de la banda que, posteriormente, crítica y público destrozaron Give Out But Don't Give Up (Creation, 1994), acusándolos de haberse vendido con un elepé de factura añeja, aroma sureño, soul y blues, que bien podrían haber firmado sus Satánicas Majestades. Error: Screamadelica rezuma clasicismo. Que nadie olvide que Bobby Gillespie siempre ha profesado devoción por Mick Jagger y compañía. Basta con escuchar «Movin’ On Up», «Damaged» o «I’m Comin’ Down».

Entrando en la opinión personal, siempre he pensado que etiquetas como «visionario», «innovador», «rupturista» o «adelantado a su tiempo» cuadrarían mejor con trabajos posteriores. Screamadelica es hijo de su tiempo; hoy en día sería imposible que surgiera un disco con estas características. Poco convencional, rompe cualquier estereotipo.

En cuanto a las certificaciones, alcanzó el número 8 en las listas británicas y el número 31 en las estadounidenses. Obtuvo disco de platino y fue galardonado con el Mercury Prize. La competencia aquel año fue implacable: Nirvana, Red Hot Chili Peppers, My Bloody Valentine, U2, Pearl Jam, R.E.M. y Massive Attack, por mencionar solo algunos, publicaron trabajos que con el tiempo se han convertido en clásicos indiscutibles.

Nostalgia por un pasado glorioso

Durante el 2021, con motivo del treinta aniversario del elepé, la banda editó abundante material: Riot City Blues Sessions (Sony); Utopian Ashes (Third Man Records), de Bobby Gillespie y Jehnny Beth; la edición picture disc de Screamadelica (Sony); The Screamadelica 12" Singles (Sony); Demodelica (Sony); Live at Levitation (Rough Trade) y, además, al año siguiente, Un chaval del barrio (Editorial Contra, 2022), las memorias de Gillespie, que abarcan estos años de efervescencia musical casi ilimitada.

A ello se sumó el magnífico remix de Shine Like a Star, producido por el fallecido Andrew Weatherall, que incluso supera la versión original.

Aunque Primal Scream se hubiera disuelto tras publicar Screamadelica, cabe pensar que la estela del disco les habría permitido seguir ofreciendo directos hasta hoy. A diferencia de muchas formaciones del movimiento que triunfaron en las listas con un solo éxito y desaparecieron sin dejar rastro —Northside, Flowered Up, Candy Flip, World of Twist—, los escoceses supieron trascender su propio mito y mantenerse vigentes, con varias obras posteriores que estuvieron a punto de eclipsar su elepé más popular.

Screamadelica fue la mezcla perfecta entre el rock clásico y la música de baile: comenzaba como el subidón propio del éxtasis y terminaba en la tristeza, la nostalgia y el desasosiego de la peor de las resacas.

Madchester en todo su decadente esplendor.

 



ENTREVISTA A RÜDIGER: LOVE IS A MUSCLE

Rüdiger es el proyecto personal de Felix Buff, músico del País Vasco francés y batería habitual de artistas como Gorka Urbizu o Willis Drummond. El 18 de septiembre regresó con Love is a Muscle, su tercer disco, donde habla del amor desde distintos lugares mientras cruza folk, rock, pop y electrónica.

¿En qué momento aparece la idea de Love is a Muscle y por qué sentiste que resumía el disco?

La idea de llamarlo así surgió cuando tenía las demos del disco hechas y sentía que resumía la intención de las letras. Mis discos anteriores hablaban del fin de nuestra civilización, de la crisis ecológica y social que estamos viviendo. Pensando en lo que nos podía unir y hacer evolucionar hacia una transformación, empecé a pensar que solo el amor nos podía salvar de esta situación. No es nada nuevo, All You Need Is Love!, pero es algo que sentía y que quería sentir también al cantar mis canciones en directo.

El álbum habla del amor desde lugares muy distintos: la pareja, la familia, los demás o uno mismo. ¿Tenías claro desde el principio que ese sería el hilo que uniría las canciones?

No lo hice de manera consciente al principio y luego ha surgido como una evidencia. Hay algo muy político en el amor también: es una manera de abrirse a los demás, aceptar nuestras diferencias y vivir juntos aunque no pensemos lo mismo, lo contrario de lo que nos proponen las redes sociales y las empresas tecnofascistas de nuestra era. Poco a poco ha sido el hilo que unía las canciones entre sí y mis experiencias de todos los días. Al final, soy una persona bastante optimista en la vida.

En el disco conviven folk, rock, pop y electrónica con bastante naturalidad. ¿Cómo llegaste a ese sonido?

Ante todo, soy un fan de la música. Escucho muchos géneros y, a lo largo de los años, he tenido fases muy diferentes en cuanto a lo que escuchaba. A mí se me hacen naturales todos los sonidos que hay dentro del disco. Uno de mis discos favoritos es el White Album de los Beatles: es muy disparatado, pero no tienes la sensación de escuchar una banda diferente entre canciones.

Aparecen ecos de Neil Young, Kurt Vile o Fleetwood Mac. ¿Qué encuentras en esos artistas que conecta con tu forma de hacer canciones?

Lo que los conecta es un sonido live, de banda. Podría ser una grabación en directo en el estudio, con unas pistas añadidas, pero el resultado es muy orgánico. Me gusta este sonido, la musicalidad que encuentras en músicos aportándose cosas unos a otros en el estudio. Es más un diálogo entre personas que una producción pensada por una sola persona.

Este es ya tu tercer elepé como Rüdiger. ¿Qué hay en Love is a Muscle que todavía no habías explorado en los anteriores?

El placer de cantar es más grande con cada disco. Soy batería de toda la vida y es la primera vez que canto en una banda; poco a poco disfruto más haciéndolo. Antes era una necesidad porque nadie lo hacía por mí. Luego exploro más luz y simplicidad en este disco. No es minimalista para nada, pero sí algo más que los anteriores.

Llevas muchos años tocando junto a músicos como Gorka Urbizu, Ruper Ordorika, Joseba Irazoki, Rafa Berrio o Willis Drummond. ¿Cuánto de todo ese recorrido acaba entrando en las canciones de Rüdiger?

Supongo que muchas cosas aprendidas en el camino. Pero Rüdiger surgió exactamente porque algunas de mis canciones no encontraban una banda, así que durante la pandemia decidí hacerles un hueco y aprendí a tocar la guitarra, etc. Pero ver tocar a todos estos buenos músicos ha sido una inspiración y un ejemplo a seguir, desde luego.

Estás acostumbrado a estar detrás de la batería y formar parte de proyectos ajenos. Como Rüdiger eres tú quien está al frente. ¿Cómo cambia tu manera de hacer música cuando las canciones son tuyas?

Entras de forma muy diferente en una canción cantándola que tocándola con la batería. Pero con mis bandas anteriores siempre he sentido que las canciones eran mías y me he implicado emocionalmente en cada una. Si no, no veo el sentido de tocar música.

Después de tres discos, ¿sientes que ya has encontrado el sonido de Rüdiger o todavía estás descubriendo hacia dónde puede crecer el proyecto?

Creo que todavía voy a producir canciones diferentes y a evolucionar con Rüdiger. Seguramente perderé gente en el camino, pero que así sea. Como te dije antes, Rüdiger es la casa de mis canciones huérfanas, las que no puedo tocar con mis bandas. Las voy a proteger y a darles un techo en mis discos.



viernes, septiembre 18, 2026

RADAR SONORO: OCEAN COLOUR SCENE AGOTAN MADRID Y SUMAN UNA NUEVA FECHA EN GALICIA

Ocean Colour Scene han agotado las entradas para su concierto del 26 de septiembre en La Riviera de Madrid y aprovechan el anuncio para añadir una nueva parada a su gira española. El 3 de octubre estarán en O Grove, dentro de los Concertos de la 63ª edición de Marisco 2026.

La gira celebra los 30 años de Moseley Shoals, el disco que en 1996 terminó de colocar a los de Birmingham entre los grandes nombres de aquella explosión británica. De ahí salieron «The Riverboat Song», «The Day We Caught The Train» o «You’ve Got It Bad», canciones que siguen ocupando buena parte de sus conciertos.

Antes de llegar a Galicia, Simon Fowler, Steve Cradock y compañía pasarán por Visor Fest en Valencia (25 de septiembre), Madrid (26), Santander (27), Málaga (29), Sevilla (30) y Gijón (2 de octubre).

En Madrid y Santander abrirá Banani, que presentará su segundo álbum, El arte del terciopelo.

Una gira pensada alrededor de Moseley Shoals, pero que también dejará sitio para otros clásicos de Ocean Colour Scene como «Hundred Mile High City», «Traveller’s Tune», «Better Day» o «Profit In Peace».



jueves, septiembre 17, 2026

RADAR SONORO: LAMBRINI GIRLS ANUNCIAN NO REFUNDS Y ESTRENAN «BANG BANG BANG»

Lambrini Girls vuelven con «Bang Bang Bang», primer adelanto de No Refunds, su segundo álbum.

El dúo británico sigue metiendo ruido a su manera: punk acelerado, elementos industriales, guitarras sucias y letras cargadas de crítica social. «Bang Bang Bang» aprieta todavía más las tuercas, con ese punto de mala leche y humor ácido que forma parte de la personalidad del grupo.

El tema abre una nueva etapa para Lambrini Girls después de su debut y apunta hacia un segundo disco más áspero, ruidoso y directo.

Lambrini Girls regresan haciendo lo que mejor saben: ruido, punk y bastante mala hostia.




domingo, septiembre 13, 2026

REVIEW: «UN ALMA DEL NORTE», PUBLICADA EN CULTURAMANÍA

Hay conciertos que se recuerdan toda la vida y discos capaces de definir una generación. Un Alma del Norte, la nueva novela de Alexis Brito Delgado, ya está disponible en Amazon y continúa la historia iniciada en Tumba de Gravedad, aunque puede leerse de forma completamente independiente.

La historia nos traslada a la Inglaterra de 1998, cuando el Britpop empezaba a apagarse y la cultura club tomaba el relevo. Un grupo de amigos emprende un viaje para asistir al regreso de The Verve a su ciudad natal. Lo que comienza como una escapada para ver a su banda favorita acaba convirtiéndose en un recorrido marcado por la amistad, los excesos, la violencia y ese momento en el que uno descubre que crecer también significa dejar cosas atrás.

Aunque la música está presente en cada página, Un Alma del Norte va mucho más allá de una novela sobre el Britpop. Es una historia sobre una generación y sobre una época que dejó una huella imborrable. Oasis, Blur, Pulp, Suede, The Verve y la Inglaterra de finales de los noventa no son solo referencias musicales, sino el escenario sobre el que se desarrolla un viaje cargado de emociones.

Con esta nueva obra, Alexis Brito Delgado vuelve a unir literatura y música en una novela pensada tanto para quienes vivieron aquellos años como para quienes siguen descubriendo una de las escenas musicales más influyentes de las últimas décadas.

Un Alma del Norte ya está disponible en Amazon en edición Kindle y tapa blanda. Además, la novela cuenta con una playlist oficial en Spotify, concebida como una extensión de la lectura y formada por las canciones que acompañan el viaje de sus protagonistas y ayudan a sumergirse en el universo musical de la historia

 


miércoles, septiembre 09, 2026

RADAR SONORO: THE MISSION REGRESAN A ESPAÑA EN 2027

The Mission anuncian tres conciertos en España para la primavera de 2027. Wayne Hussey, Craig Adams, Simon Hinkler y Alex Baum pasarán por Madrid, Valencia y Barcelona dentro de su próxima gira europea.

Formados en Leeds en 1986 tras la salida de Hussey y Adams de The Sisters of Mercy, The Mission dejaron algunos de los discos esenciales del rock gótico británico, como God’s Own Medicine, Children y Carved In Sand, además de clásicos como «Wasteland», «Tower Of Strength» o «Butterfly On A Wheel».

Cuatro décadas después, la banda continúa en plena actividad y regresará a nuestros escenarios con tres fechas:

27 de abril — La Sala Movistar Arena, Madrid

1 de mayo — Moon, Valencia

2 de mayo — Razzmatazz 2, Barcelona




lunes, septiembre 07, 2026

RADAR SONORO: TEENAGE FANCLUB ESTRENAN «THERE WAS YOU», SEGUNDO ADELANTO DE SU NUEVO DISCO

Teenage Fanclub siguen adelantando Do Not Dare To Dream con «There Was You» segundo single del que será su decimotercer álbum. El disco llegará el 9 de octubre a través de Merge Records.

Después de «Day In The Sun», la banda escocesa presenta una canción en tiempo de vals, sostenida por guitarras cálidas y unas armonías vocales que resultan inmediatamente reconocibles para cualquiera que haya seguido su trayectoria.

Do Not Dare To Dream fue grabado en Black Bay Studio, en la isla escocesa de Great Bernera. Teenage Fanclub vuelven a trabajar con los elementos que siempre han manejado bien: guitarras que se cruzan, arreglos acústicos y melodías que parecen sencillas hasta que empiezas a fijarte en ellas.



El nuevo álbum tendrá además una presentación por todo lo alto en España. Doce conciertos entre el 4 y el 17 de octubre, con paradas en San Fernando, Sevilla, Granada, Murcia, Santiago de Compostela, Oviedo, Bilbao, Zaragoza, Pamplona, Madrid, València y Barcelona.

La gira está coproducida por Houston Party y Just Life Music y combinará las canciones del nuevo trabajo con material de una carrera que ya se acerca a las cuatro décadas.



viernes, septiembre 04, 2026

RADAR SONORO: PARIS PALOMA REGRESA CON THE FATAL FLAW

Paris Paloma publica el 4 de septiembre The Fatal Flaw, su segundo álbum tras Cacophony (2024). En esta ocasión, la británica lleva sus canciones hacia un terreno más personal, hablando de deseo, rabia, vulnerabilidad, relaciones y de nuestra forma de convivir con el propio cuerpo.

El disco también mantiene esa conexión con el arte y la literatura tan presente en su música. La mitología, la pintura prerrafaelita o la poesía de Christina Rossetti aparecen entre canciones como «Good Boy», «Good Girl», «Miyazaki», «Pre-Raphaelite» e «I Cry In Front Of Paintings».



Después de convertir «Labour» en su canción más conocida, Paris Paloma evita repetir la fórmula y utiliza The Fatal Flaw para mostrar una cara más íntima de su música. Un álbum que parte del conflicto y la rabia para acabar encontrando algo parecido a la calma.



martes, septiembre 01, 2026

RADAR SONORO: WOLFWOLF PRESENTAN «I CAN SEE THINGS», PRIMER ADELANTO DE IN DELUSION

WolfWolf regresan con «I Can See Things», primer adelanto de In Delusion, el que será el quinto disco del dúo suizo.

Mr. Wolf y Mr. Wolf mantienen ese garage-punk-blues-trash que lleva años siendo su seña de identidad, pero esta vez introducen algunos cambios. Las guitarras recuerdan por momentos a los primeros The Cure, mientras que ciertos detalles psicodélicos le dan a la canción un aire más oscuro e inquietante.

La letra de «I Can See Things» nos mete de lleno en una pequeña historia de terror. Su protagonista ve siluetas en las paredes y se cruza con extrañas criaturas durante la noche, aunque nunca queda claro hasta qué punto todo está sucediendo de verdad o solo existe en su cabeza.


Ese mismo ambiente se traslada al videoclip, dirigido por la cineasta suiza Thaïs Odermatt, que juega con las imágenes y la sensación de estar continuamente entre la realidad y la imaginación.

«I Can See Things» es la primera pista de lo que encontraremos en In Delusion, un disco en el que WolfWolf se adentrarán en la paranoia, la psicosis, las ilusiones colectivas y esa necesidad tan humana de intentar encontrar una explicación a lo que no entendemos.



domingo, agosto 30, 2026

RADAR SONORO: MURAGA SE ESTRENA CON «KO»

muraga debuta con «KO», un primer adelanto de guitarras ruidosas, baterías crudas y una voz que transmite toda la urgencia de la canción.

«KO» habla de la desesperación y el deseo ante un posible reencuentro. El tema arranca entre distorsiones que poco a poco dejan paso a las guitarras y a una batería que va ganando terreno hasta envolverlo todo. El shoegaze está muy presente, con ecos de My Bloody Valentine, Dharmacide y los italianos Verdena.

El single llega acompañado de un videoclip que juega con diferentes texturas y distorsiones visuales que transforman la silueta del cantante.

«KO» es el primero de varios temas que muraga publicará durante los próximos meses y que acabarán formando parte de su álbum de debut.