miércoles, 21 de junio de 2017

BLOC PARTY "HYMNS"


Lejos han quedado los tiempos en los que Bloc Party eran considerados los nuevos salvadores del rock, sus álbumes recibían multitud de premios y grandes elogios por parte de la prensa especializada. Al igual que sucedió con Interpol, The Killers, Editors o The Strokes, cada nuevo paso musical de la formación ha sido defenestrada por la crítica y puesta en entredicho hasta por sus propios seguidores. Ello demuestra lo voluble del mercado discográfico cuando una banda triunfa en su debut: las comparaciones con un pasado glorioso siempre lastrarán su carrera independientemente de la calidad de sus nuevos lanzamientos.

A diferencia de sus anteriores discos, Hymns destaca por ser un trabajo sereno y espiritual en el que impera la electrónica, medios tiempos y baladas. El primer single, la jovial “The Love Within”, con su ritmo bailable y omnipresente línea de guitarra que suena como un sintetizador, proporcionó una pista falsa sobre el contenido del elepé. Lo mismo sucedió con “The Good News” —recia y guitarrera— y “Virtue” —al estilo del primer sencillo con un bajo desaprovechado—, que tampoco consiguieron despuntar en las listas de ventas.

Las nuevas incorporaciones —Justin Harris (bajo, teclados) y Louise Bartle (batería)—, más que miembros oficiales, parecen músicos de estudio supeditados a las órdenes de Kele Okereke que, al igual de Thom Yorke de Radiohead, ha convertido al grupo en una extensión de su trabajo en solitario. Aparte de los tres sencillos, podemos encontrar buenos temas como “Only He Can Heal Me”, “So Real” (con un discreto piano eléctrico), “Different Drugs”, “Into The Earth” y “My True Name” que, de haber sido más potentes al estilo de Silent Alarm (Wichita, 2005), habrían ganado en emoción. Por otra parte, “Fortress”, “Exes” y “Living Lux”, debido a la tranquilidad general que domina el disco, llegan a resultar soporíferas.

La calidad de sonora del álbum es indiscutible, con profusión de arreglos sencillos y cuidados que demuestran la pericia de la banda como músicos. El problema de Hymns, aparte de su carencia de energía, es que Okerele ha decidido sacrificar la inmediatez a favor del lucimiento personal. Puede que por ello los miembros fundadores —Matt Tong y Gordon Moakes— decidieran arrojar la toalla después de The Nextwave Sessions (Frenchkiss Records, 2013).

¿Es Hymns un mal disco? En absoluto. Simplemente nos encontramos con una banda en estado de transición que ha decidido ignorar las etiquetas y hacer lo que les apetecía sin tener en cuenta las críticas. Un trabajo coherente, arriesgado y contemplativo que, por desgracia, no ha estado a la altura de lo que se esperaba de ellos. Bloc Party necesitan un álbum que los reconcilie con su público, la prensa y los charts para asegurar su propia supervivencia. Veremos que nos depara el futuro.


    
                                                                                                                                   

jueves, 1 de junio de 2017

CONAN DE CIMMERIA VOLUMEN 1 (1932-1933) PRIMERA PARTE


«Sabe, oh príncipe, que entre los años del hundimiento de Atlantis y las resplandecientes ciudades bajo los océanos, y los de la aparición de los hijos de Aryas, hubo una edad olvidada en la que el mundo estaba cubierto de brillantes reinos como mantos azules bajo las estrellas. (...) Pero el más orgulloso reino del mundo era Aquilonia, que reinaba soberana sobre el soñoliento oeste. Y allí llegó Conan, el cimmerio, el pelo negro, los ojos sombríos, la espada en la mano, un ladrón, un saqueador, un asesino, de gigantescas melancolías y gigantescos pesares, para pisotear con sus sandalias los tronos enjoyados de la Tierra.»

Crónicas Nemedias


INTRODUCCIÓN:

A principios del siglo XX, durante la era dorada del pulp, Weird Tales sobresalía entre otras publicaciones del mismo estilo por su vanguardismo y búsqueda de nuevos talentos. La revista afincada en Chicago publicaba a los mejores escritores de la época: Kafka, Verne, Poe, Lovecraft, C.L. Moore, Aston Smith o Seabury Quinn.

Entre sus páginas, en el número de diciembre de 1932, se encontraba un relato titulado El fénix en la espada, debut de Conan de Cimmeria, un nuevo personaje del texano Robert E. Howard, colaborador habitual conocido por sus historias del espadachín Solomon Kane, el caudillo Bran Mak Morn y el rey Kull de Valusia.

Nadie podía imaginar la repercusión que tendría el cimmerio en la fantasía moderna. Este se convertiría en un icono popular, conocido a nivel mundial, aplastando con su fama a su creador. La imagen arquetípica del héroe un bárbaro fuerte y musculoso, empuñando un arma de grandes proporciones, que lucha contra horrendas criaturas mientras protege a una mujer semidesnuda— ha sido fácil de reconocer durante el último medio siglo. No sería atrevido afirmar que la mayoría del público ignora que Conan nació como personaje literario al igual que James Bond, Tarzán, Sherlock Holmes o Drácula.

A diferencia de los personajes anteriormente mencionados, el cimmerio fue presentado al público de forma errónea. L. Sprague de Camp y Lin Carter fueron los responsables del ciclo de doce novelas de Conan (publicadas en España en tres ediciones distintas por Editorial Bruguera, años 70, Planeta, años 80, y Martinez Roca, años 90). La saga fue remodelada (nunca tuvo un orden cronológico) a conveniencia de los editores, intercalando historias de menor calidad (obra de otros escritores), pastiches (cuentos de Howard adaptados al universo hiborio) y colaboraciones póstumas (historias del texano completadas por otros autores). La obra de Howard quedó desvirtuada, tanto en calidad como en el concepto original que el propio autor explicó en una de sus cartas: «Mientras escribía estas historias, siempre me he sentido como si las estuviera poniendo por escrito mientras él me las contaba, no como si yo las estuviera creando. De ahí la abundancia de saltos temporales y de ahí que no sigan un orden concreto. Un aventurero que relatase al azar las aventuras de su vida no seguiría un plan ordenado, sino que narraría episodios de su vida muy separados entre sí, tanto en el tiempo como en el espacio, a medida que se le fueran ocurriendo».

El cimmerio fue una creación demasiado personal del autor, en él desarrolló todo su talento literario; puede que por ello ninguno de los escritores que intentaron imitarlo (Poul Anderson, Lin Carter, L. Sprague de Camp, Robert Jordan, Karl Edward Wagner y un interminable etc.) pudieron hacerle sombra. Durante décadas, el lector no tuvo modo alguno de separar el trigo de la paja. Afortunadamente, en esta lujosa edición publicada por Timun Mas se encuentran los relatos genuinos, en el orden que fueron escritos, sin fraudes ni manipulaciones ajenas.  

En aquella época la única forma en la que los autores principiantes podían ganarse la vida era a través de revistas pulp. Howard narraba impulsado por motivos económicos. Se consideraba un escritor profesional y siempre tuvo en cuenta las necesidades del mercado. Originalmente, El fénix en la espada fue una reescritura de un relato inédito de Kull, ¡Con esta hacha gobierno! Fransworth Wright, editor de Weird Tales, había rechazado la mayoría de los relatos del atlante (Howard cometió el error de enviarlos todos juntos en 1929) y publicó El reino de las sombras y Los espejos de Tuzun Thune (puede que dos de las mejores historias del texano). Howard suprimió la parte romántica de la historia, reemplazándola por elementos sobrenaturales, y eliminó la presentación de los conspiradores que aparecía en el primer capítulo para agilizar la trama. Los cambios funcionaron y el relato fue vendido por 85 dólares. Por desgracia, no obtuvo la portada de aquel mes. Fue un cuento más entre otros que han pasado al olvido absoluto. Parafraseando al maestro: «La barbarie es el estado natural de la humanidad. La civilización, en cambio, es artificial, es un capricho de los tiempos. La barbarie ha de triunfar siempre al final».

Howard fue un novelista increíblemente versátil que escribió sobre géneros y temas dispares: poesía, aventuras orientales, cruzadas, históricos, piratas, deportivos, misterio, westerns, detectives y terror (influenciado por su amigo Lovecraft). Todo ello aparece plasmado en las historias de Conan. La creación del personaje absorbió al texano de tal modo que durante meses de frenética actividad literaria fue incapaz de escribir sobre otra cosa. Durante su corta vida (1932-1936) el cimmerio fue rey, ladrón, pirata, mercenario, general, explorador, etcétera. Vivió toda clase de aventuras en un explosivo ritual de fuego, dinamismo, virilidad, sudor, acero, sombría epicidad y magia. Modelo que, posteriormente, la mayoría de los escritores de espada y brujería tomarían como arquetipo. Howard siempre estuvo demasiado adelantado a su tiempo. Recordemos que fue uno de los fundadores (por no decir padre) de la fantasía heroica.   

EL FÉNIX EN LA ESPADA (WEIRD TALES, DICIEMBRE DE 1932)

Conan apoyó la espada contra la pared y levantó el hacha. Estaba de pie, como la imagen del primitivo indomable —las piernas separadas, la cabeza echada hacia adelante, una mano apoyada en la pared, la otra aferrando el hacha, con los enormes músculos en tensión, como cuerdas de hierro, y el rostro congelado en una furiosa mueca, y los ojos le centelleaban a través de la nube de sangre que estaba velándolos (...)
¿Quién ha de morir primero? musitó con la boca herida y los labios cubiertos de sangre.

El primer cuento de Conan, ampliamente influenciado por la mitología de Thomas Bulfinch (1796-1867), narra el intento de asesinato de unos conspiradores contra el cimmerio. Conan se nos presenta como un hombre maduro y experimentado, con fuertes principios, que ha vivido una vida plena llena de aventuras. Como soberano de Aquilonia, se encuentra aburrido de sus deberes y extraña los tiempos salvajes de su juventud, antes de que la corona se convirtiera en una carga

El fénix en la espada es uno de los mejores relatos escritos por Howard. Destila todos sus puntos fuertes: magia, emoción, sangre y violencia. El texano nos presenta una intriga palaciega destinada a aniquilar al cimmerio, un brujo (Thoth-Amon) ávido de venganza, una serie de conspiradores impulsados por la avaricia, el idealismo y el ansia de poder, y apariciones espectrales. La historia alcanza su cénit en las últimas páginas, cuando Conan se enfrenta en inferioridad de condiciones a un grupo de enemigos dispuestos a matarle. El combate en los aposentos del rey es una locura de cuerpos en movimiento, entrechocar de espadas, gritos de agonía, huesos rotos y entrañas esparcidas sobre azulejos de mármol.       

El cimmerio, en un alarde de supervivencia, se despoja de la máscara de hombre civilizado y da rienda suelta a sus instintos primitivos. A pesar de la aplastante superioridad numérica, no se rinde en ningún momento. Su único deseo es llevarse por delante al mayor número de rivales posibles antes de morir. El final del cuento queda abierto al misterio de lo sobrenatural.      

LA HIJA DEL GIGANTE HELADO (ROGUES IN THE HOUSE, DONALD M. GRANT, 1976)

El contacto de su hermoso cuerpo que se retorcía entre sus brazos le llevó al borde de la locura. Los fuertes dedos de Conan se hundieron con frenesí en la suave y blanda carne..., una carne fría como el hielo. Era como si estuviera abrazando un cuerpo de hielo en lugar del cuerpo de una mujer de carne y hueso. Ella echó a un lado su dorada cabellera, tratando de esquivar los violentos besos del bárbaro, que lastimaban sus labios rojos y carnosos.
Eres fría como la nieve dijo él como atontado. Yo te calentaré con el fuego de mi sangre...

Aunque parezca increíble, La hija del gigante helado fue rechazado por Fransworth Wright. Lejos de desanimarse, Howard cambió el nombre del protagonista (Amra) y lo vendió con el título de Dioses del norte a Fantasy Fan. A pesar de ser una de las más bellas y poéticas historias del personaje, no agradó al dueño de Weird Tales, probablemente por su contenido sexual. El relato (también inspirado en  Bulfinch) nos presenta a un joven cimmerio en mitad de un campo de batalla, rodeado de cadáveres y con la espada manchada de sangre. La aparición de una hermosa joven vestida con un velo transparente enloquece de lujuria a Conan que, a pesar del agotamiento y las heridas, no duda en seguirla a través del páramo con la intención de violarla.

Volvemos a encontrarnos con un personaje vehemente e indómito que obra inducido por su lado salvaje. La persecución entre la nieve es uno de los mejores momentos de la saga, con un cimmerio lanzando espumarajos de rabia y maldiciones mientras se aproxima al objeto de su deseo. La muchacha, provocativa, no cesa de burlarse de él mientras lo conduce a un destino incierto. Finalmente, su vitalidad y la destreza en el combate harán que Conan logre triunfar donde otros fracasarían. La hija del gigante helado (con toda justicia) merece estar entre los mejores cuentos del texano. Poco valorado en su momento, gracias a la estupenda adaptación al cómic dibujada por Barry Windsor-Smith y guionizada por Roy Thomas ha pasado a considerarse un clásico.

Howard había descubierto que la nueva saga tenía un potencial sin límites. A lo largo de los siguientes meses su trabajo cristalizaría en La Edad Hiboria, el mundo fantástico inspirado en las civilizaciones antiguas que lo llevaría a la fama. 



lunes, 15 de mayo de 2017

CONAN DE CIMMERIA VOLUMEN 1 (1932-1933) SEGUNDA PARTE


Nada de lo que se dice en este artículo debe considerarse como un intento de establecer una teoría que se oponga a la historia por todos aceptada. Cuando comencé a escribir las historias de Conan hace algunos años, escribí esta «historia» de su época y de los pueblos que vivían entonces, afín de darle a él y a sus aventuras legendarias mayor realismo. Y, mientras escribía los relatos, me di cuenta de que si me atenía a los «hechos» y al espíritu de esa historia, me resultaba más fácil imaginar (y, por tanto, describir) a Conan como personaje real, de carne y hueso, que como una creación ficticia. Al escribir sobre él y sobre sus aventuras en los distintos reinos de la época, nunca he pasado por encima de los «hechos» ni del espíritu de la «historia» que aquí se relatan, sino que he seguido la trama de esa historia tan fielmente como lo hubiera hecho el escritor de novelas históricas que hace referencia a la verdadera historia. He usado esta «historia» como guía para los relatos que he escrito de esta serie.

Robert E. Howard


Inspirado, Howard escribía a tal velocidad que el universo de Conan empezaba a escapar de su control. Necesitaba encuadrar su mundo en un contexto manejable que le permitiera desarrollar los relatos que se perfilaban en su imaginación de forma fidedigna, geográfica y temporal. El primer paso fue La Edad Hiboria; un coherente ensayo de ocho mil palabras en el que sintetizaba el nacimiento de la nueva serie que no paraba de crecer. Narrar relatos históricos siempre le había llevado demasiado tiempo y dinero, por ello el texano se basó en los pueblos antiguos de la humanidad. Tenía un amplio margen para desarrollar sus cuentos sin miedo a imprecisiones históricas y, lo más importante, los lectores no lo tendrían difícil para reconocer las razas, naciones y civilizaciones mencionadas. No olvidemos que en aquella época los mundos fantásticos no existían; la gente no estaba familiarizada con ellos tal como sucedería décadas más tarde. Metódico, Howard dibujó mapas y escribió las Notas sobre los pueblos de de la Edad Hiboria para utilizarlos en un futuro próximo. Este nunca dejó nada al azar: se tomaba su trabajo de forma ordenada, eficiente y profesional.   

Los pasajes de La Edad Hiboria son claros, verosímiles y memorables. Pocos escritores de fantasía han definido un universo rico, extenso y variado con tanta naturalidad sin artificios. Howard, en un alarde de inventiva, decidió integrar los cuentos de Kull de Atlantis, Solomon Kane, Bran Mak Morn e incluso (siendo un personaje moderno) James Allison bajo el mismo techo. Su obra había pasado a un nivel superior. En La Edad Hiboria asistimos a grandes terremotos, barbarie, guerras tribales, esclavitud, migraciones constantes, pastoreo, civilizaciones extraordinarias y por último el inevitable cataclismo que formará el mundo actual.

En ese momento los lemurios entran nuevamente en la historia, esta vez como hirkanios. A lo largo de los siglos han presionado continuamente hacia el oeste, y ahora una de sus tribus bordea el extremo sur del gran mar interior Vilayet y funda el reino de Turan en la orilla sudoeste. Entre el mar interior y las fronteras orientales de los reinos nativos se extienden vastas estepas, mientras que en el extremo norte y sur abundan los desiertos. Los habitantes de origen no-hirkanio de estos territorios están disspersos y se dedican al pastoreo; se trata de tribus desconocidas en el norte y de shemitas en el sur, aborígenes con algo de sangre hibórea procedente de los conquistadores nómadas. Al terminar este período, otros clanes hirkanios presionan hacia el oeste, en torno al extremo norte del mar interior, y chocan con las tropas orientales de los hiperbóreos.  

EL DIOS DEL CUENCO (THE TOWER OF THE ELEPHANT, DONALD M. GRANT, 1975)

¿A qué vienen tantas preguntas y especulaciones? terció el fornido prefecto. Este es el culpable, sin duda alguna. Llevémosle a los Tribunales; allí lo haré confesar, aunque tenga que romperle los huesos.
Demetrio miró al bárbaro y le preguntó:
¿Has entendido lo que ha dicho? ¿Tienes algo que añadir?
Que el hombre que me toque estará muy pronto saludando a sus ancestros en el infiernocontestó el cimmerio con los dientes apretados y los ojos centelleantes llenos de ira.

Después de enviar los primeros relatos de Conan (El fénix en la espada y La hija del gigante helado) a Weird Tales en mayo de 1932, Howard escribió El dios del cuenco en pocos días. Las Vidas de Plutarco le sirvieron para la ambientación (la Roma Imperial) y los nombres de los personajes (Póstumo, Enarus, Demetrio, Dionus, etc) de la historia. Un adolescente bárbaro se encuentra con una inesperada y desagradable sorpresa cuando se dispone a robar en una mansión Nemedia. Por primera (y última) vez en la saga, la trama es de intriga detectivesca. Tenemos un cadáver, guardias armados, aristócratas y un misterioso objeto traído de la lejana Estigia. Conan, como no podía ser de otro modo debido a su edad, se nos presenta como un individuo salvaje, torpe e impetuoso, dispuesto a abrir en canal a cualquiera que se atreva a ponerle la mano encima. El cimmerio poco (o nada) tiene que ver con los individuos civilizados que lo rodean; su dinamismo lo hace destacar entre brutos, pusilánimes y estúpidos. Howard critica a una sociedad corrupta capaz de condenar a un inocente con tal de tener un culpable para impartir “justicia”. El dios del cuenco es una gran historia que tardó una eternidad en ver la luz. Al igual que sucedió con La hija del gigante helado, Fransworth Wright la rechazó por considerarla demasiado experimental. Puede que por ello el autor no volviera a escribir nada parecido. Debía ganar dinero para vivir; no podía permitirse el lujo de no vender sus cuentos. Por fortuna, el tiempo le ha hecho justicia.     
   
LA TORRE DEL ELEFANTE (WEIRD TALES, MARZO DE 1933)

El cimmerio alcanzó a ver un enorme cuerpo cerca de la muralla y se sintió aliviado al comprobar que al menos era una figura humana; entonces el individuo giró rápidamente sobre sus talones y lanzó un grito de asombro que denotaba pánico, hizo ademán de dar un salto hacia adelante, con las manos extendidas, pero retrocedió al ver el brillo de la espada de Conan. Durante unos segundos llenos de tensión ninguno dijo una palabra, sino que esperaron atentos a lo que pudiera ocurrir.
Tú no eres soldado dijo finalmente el extraño en voz muy baja. Tú eres un ladrón igual que yo.
¿Y quién eres tú? preguntó el cimmerio con un susurro receloso.
Soy Taurus de Nemedia.
El joven bárbaro bajó su espada y dijo:
He oído hablar de ti. Todos te llaman el príncipe de los ladrones.

La Torre del Elefante merece estar entre lo más excelso de la producción howardiana. Nos encontramos de nuevo con un joven e inexperto cimmerio que da sus primeros pasos como ladrón. Su falta de experiencia es compensada por el valor y la osadía que lo hace tomar arriesgadas decisiones que otros hombres más veteranos no asumirían. Después de una reyerta tabernaria en el Maul, movido por la curiosidad y el deseo de obtener botín, Conan decide allanar la Torre del Elefante; una mansión custodiada por un hechicero de sórdida reputación temido en todo el país. La aventura posee calidad cinemática y está dividida en varios niveles: la cantina, el jardín, la cúspide de la torre, la mazmorra del dios elefante, los aposentos de Yara, etc.   

No puedo negar que este relato es de mis preferidos: una epopeya desbordante de acción, virilidad y fantasía. La parte en la que Yag-kosha habla de su pasado me parece sublime; imaginación en estado puro que te conduce a otras dimensiones lejos de la tierra, a planos cósmicos inexplorados por el hombre. A diferencia de los novelistas de literatura fantástica actuales, Howard siempre fue genuino; no tenía la necesidad de imitar a nadie para crear su propia obra. El final del cuento es lóbrego e imprevisto; uno de los puntos fuertes del autor.  

La historia y la épica de Bullfinch continuaban en la mente de Howard. Después de terminar dos cuentos de James Allison —Los caminantes del Vahalla y El jardín del miedo— estaba preparado para regresar al mundo hiborio. La compañía blanca y Sir Nigel de Arthur Conan Doyle se encontraban entre sus libros de cabecera. El mes de abril de 1932 iba a resultar fructífero para el texano.    


lunes, 1 de mayo de 2017

CONAN DE CIMMERIA VOLUMEN 1 (1932-1933) TERCERA PARTE

Brillante cáscara de una gastada mentira; fábula del derecho divino...
Recibiste en herencia tus coronas, pero la sangre fue mi precio.
¡Por Crom que no venderé el trono que conseguí con sangre y sudor
por valles llenos de oro, ni la amenaza del Infierno!

El camino de los reyes

Howard pasó la mayor parte de su corta vida en soledad, recluido delante de la máquina de escribir, forjando todo tipo de historias y personajes que lo convertirían en leyenda. Tal como le sucede a la mayoría de los artistas, la gente que lo rodeaba nunca fue capaz de entender sus intereses y mucho menos valorar su trabajo. Tenía pocas amistades, no se relacionaba con el sexo opuesto y su tiempo libre lo dedicaba a la narrativa, viajar por los alrededores y cuidar de su madre, cuya precaria salud iría empeorando a lo largo de los siguientes años. A diferencia de los héroes salidos de su pluma, el autor era una persona tímida, meditabunda e introvertida. Solomon Kane o Kull de Valusia lo hubieran representado sobre el papel perfectamente. 

Antes del nacimiento de Conan de Cimmeria, el texano había escrito sobre el espadachín Solomon Kane (su primera creación literaria importante), la fantasía prehistórica del rey Kull, el picto Bran Mak Morn, los marineros/boxeadores Steve Costigan (Fight Stories) y Kid Allison (Sport Story Magazine), Turlogh O’Brien (proscrito del siglo XI dominado por el odio del que solo pudo completar dos historias), Cormac Fitz Geoffrey (ficción histórica ambientada en la Tercera Cruzada), Cormac Mac Art (pirata irlandés que corre aventuras junto a un grupo de saqueadores vikingos), terror inspirado en los mitos de Cthulhu (Los hijos de la noche y La piedra negra) y Rostro de Calavera (una novela corta en consonancia con los gustos de la época que imitaba el estilo “peligro amarillo” de Sax Rohmer), entre muchas otras historias. ¿Cuántos autores serían capaces de mostrar un rendimiento, una versatilidad y una excelencia literaria similar en los tiempos que corren?

Todo ello le sirvió para pulir imperfecciones, desarrollar habilidades y templar la calidad de su prosa. La mente de Howard funcionaba de forma práctica: creaba una serie y, si esta no tenía éxito o perdía el interés por la misma, la abandonaba y empezaba otra. Los pulp pagaban poco y mal; debía producir historias lucrativas para llegar a fin de mes. Al carecer de contactos, influencia o prestigio comercial en el mundo literario, únicamente contaba con su talento, obstinación y palabras para vender. Pocos novelistas (Rudyard Kipling, Jack London, Edgar Rice Burroughs) tenían el privilegio de publicar en tapa dura en los años —previos y posteriores— de la Gran Depresión.

Aunque el texano siempre será recordado por sus relatos de fantasía heroica, vale la pena destacar las historias humorísticas —tanto de boxeo como del oeste— que escribió en vida. Estas destilan una imaginación, una calidez y una ironía difícil de igualar. Howard no fue un individuo sombrío, huraño, violento o amargado por voluntad propia. El estado en el que creció —una Texas rural alejada de la mano de Dios— no era idóneo para un individuo de tamañas aptitudes y su don para las letras —entre humildes mineros, agricultores y obreros— nunca encajó en aquella comunidad. Tal como demuestran sus numerosas cartas, siempre experimentó desarraigo, aislamiento y aversión hacia sí mismo. Emociones comprensibles, dada su sensibilidad y lo claustrofóbico de su entorno. Por desgracia, las cartas estaban sobre la mesa y jamás tuvo la oportunidad de escapar de Cross Plains. Quizá por ello los cuentos del autor hayan trascendido sobre los de otros escritores de Weird Tales: su fructífera y ardiente imaginación siempre le fue preferible al mundo real. Aquellas historias violentas y apasionadas, llenas de luces y sombras, reflejaban los miedos, terrores nocturnos y deseos reprimidos de Howard. Cuando exploraba su interior, implicándose emocionalmente, forjaba diamantes literarios difíciles de superar.   

LA CIUDADELA ESCARLATA (WEIRD TALES, ENERO DE 1933)

Contemplaba, con una siniestra sonrisa en el rostro, cómo los reyes frenaban sus caballos a una distancia segura de la taciturna figura que se alzaba por encima de los muertos. Hasta el hombre más valiente retrocedía al ver el brillo asesino que brotaba de los fogosos ojos azules que asomaban por debajo del casco. El rostro oscuro y lleno de cicatrices de Conan ardía de odio; su armadura negra estaba hecha pedazos y manchada de sangre; su enorme espada estaba roja hasta la empuñadura. En aquel momento había desaparecido todo rastro de civilización; allí había un bárbaro enfrentado a sus vencedores. Conan era un nativo de Cimmeria, un montañés fiero y taciturno originario de una tierra oscura y nubosa del norte. Su vida y sus aventuras, que lo habían llevado hasta el trono de Aquilonia, se habían convertido en leyenda.

Imágenes de la batalla de Roncesvalles sobrevuelan la introducción de La ciudadela escarlata. Nos encontramos con un Conan de cuarenta años, soberano de Aquilonia, apresado en el campo de batalla por unos enemigos que lo han vencido gracias a la traición. La historia (la más larga del personaje hasta la fecha) reúne lo mejor de la serie: grandes combates, brujería, serpientes gigantes, mazmorras atestadas de criaturas demoniacas y guerras herederas de la épica medieval que tanto interesaba al autor. El cimmerio solo cuenta con su coraje, fuerza de voluntad y destreza en el combate para sobrevivir. Su huída a través de los túneles y criptas de la fortaleza está brillantemente escrita, dosificando tensión, misterio, drama y horror.

Durante su estancia en los calabozos de Tsotha, uno de los carceleros lo reconoce como Amra, su apodo de juventud cuando pirateaba junto a Bêlit en las costas de los reinos del Sur. La conversación resume el carácter volcánico del cimmerio en unas pocas líneas:

—He arriesgado mucho para venir a verte. ¡Mira! ¡Las llaves de tus grilletes! Se las robé a Shukeli. ¿Qué me darás por ellas? —preguntó, agitando las llaves delante de los ojos de Conan.
—Diez mil monedas de oro —contestó el rey rápidamente, con una esperanza en el corazón.
—¡No es suficiente! —repuso el negro gritando, con feroz alegría en su rostro de ébano—. No es suficiente teniendo en cuenta el riesgo que corro. Tsotha es capaz de enviar a sus monstruos para que me devoren, y si Shukeli se da cuenta de que le robé las llaves, me colgará del... bueno, ¿qué me das?
—Quince mil monedas y un palacio en Poitain —ofreció el rey.
El negro lanzó un alarido y se puso a dar saltos de alegría.
—¡Más! —pidió a gritos—. ¡Ofrece más! ¿Qué me darás?
—¡Perro negro! —dijo Conan, con un rojo velo de furia en los ojos—. ¡Si estuviera libre, te rompería el cuello! ¿Acaso Shukeli te envió aquí para que te burlaras de mí?

Virilidad en estado puro. Comparado con las creaciones de otros escritores de la época, más amables y asequibles para el público general, Conan destaca por su personalidad impetuosa, fiera y salvaje. Este es un hombre inteligente, hábil y de muchos recursos. En su posterior traslación al cine, al igual que sucedió con Tarzán, perdió misteriosamente la capacidad de comunicarse. De hecho, la mayoría del público cree que el cimmerio es un individuo hipermusculoso, vestido con acero y pieles, que solo sabe “aplastar enemigos, verlos destrozados y oír el lamento de sus mujeres”. Nada más lejos de la realidad.      

Lástima que Howard no hiciera hincapié en la etapa de Conan como rey. El fénix en la espada, La Ciudadela Escarlata y la novela La hora del dragón (de la que hablaré más adelante) cuentan entre las joyas de la corona del bárbaro y, por defecto, de su autor.

LA REINA DE LA COSTA NEGRA (WEIRD TALES, MAYO DE 1934)

Y bailó como un torbellino en el desierto, como una llama inextinguible, como el impulso de la creación y de la muerte. Sus pies blancos rozaban suavemente la cubierta manchada de sangre, y los moribundos se olvidaron de morir mientras la contemplaban extasiados. Entonces, al tiempo que las blancas estrellas brillaban tenuemente a través del terciopelo azul del atardecer, haciendo de su cuerpo una borrosa llama marfileña, Bêlit lanzó un grito salvaje y se arrojó a los pies de Conan. El ciego deseo del cimmerio le hizo olvidar el mundo cuando estrujó su jadeante cuerpo contra las negras placas de su pecho acorazado.

Después de que Weird Tales comprara El fénix en la espada, La Torre del Elefante y La ciudadela escarlata, a Howard no le costó vender una de sus historias más famosas: La reina de la Costa Negra. Jamás ni antes ni despuésencontraremos tanta sensualidad y romanticismo en la saga. Todo ello se lo debemos a la reina corsaria Bêlit, a la que Conan une su destino a continuación de una sangrienta batalla naval contra los miembros del Tigresa. Espoleado por la libertad, la aventura y el botín que le prometen los océanos, no duda en convertirse en su amante y compañero de armas, antes de lanzarse a saquear los mares del Sur. El cimmerio se transforma en Amra, el León, y durante años de pillaje, luchas y vagabundeo, su nombre se convierte en leyenda. Puede que el pasaje más famoso de toda la obra de Howard sea el siguiente:

¡Si yo muero y tú tuvieras que luchar por tu vida, yo volvería del abismo para ayudarte; sí, lo haría tanto si mi espíritu flotara bajo las velas purpúreas del mar cristalino del paraíso, como si se retorciese entre las llamas del infierno! ¡Soy tuya, y ni los dioses ni la eternidad podrán separarnos!       

El Tigresa se introduce en el río Zarkheaba buscando una misteriosa ciudad abandonada en la que esperan conseguir el botín digno de un rey. La ambición ciega a la tripulación y a su capitana y, en un dramático giro inesperado, todos pagan un precio. El bárbaro, con las venas hirviendo por el odio y la sed de venganza, decide enfrentarse a sus oponentes en inferioridad de condiciones. La batalla entre las ruinas es épica: experimentamos la tenebrosa ira del cimmerio, los disparos de su arco y el impacto de las flechas en el enemigo. El clímax de la historia llega cuando Conan se encuentra atrapado debajo de una columna, a punto de perecer, y gracias a la aparición de su amada logra destruir al diablo alado que pretendía acabar con él.

A diferencia de las doncellas asustadas y sin personalidad que aparecerían posteriormente, Bêlit destaca por ser una mujer independiente, fuerte y guerrera; la versión femenina del bárbaro. Aunque la reina pirata es un personaje fascinante, siempre he creído que los estudiosos exageraron la relación que mantuvo con Conan, convirtiéndola en el gran amor de su juventud. Este nunca fue un personaje romántico; no encajaba con su instinto de supervivencia. Finalmente, la imagen del cimmerio apoyado sobre una espada manchada de sangre, silencioso y desolado, mientras contempla cómo el Tigresa desaparece envuelto en llamas en las aguas violetas y escarlatas previas al amanecer, ha pasado a la historia del género fantástico.  

Desde sus discretos inicios, el personaje empezaba a labrarse un camino triunfal entre las páginas de la revista y los lectores comenzaron a demandar más relatos sobre el mismo. Con el paso de los años, Conan de Cimmeria se convertiría en uno de los pilares de la publicación y las ventas se resentirían cuando no contaba con historias del texano. La reina de la Costa negra obtuvo la portada del mes de mayo de 1934; el bárbaro ya lo había conseguido en varias ocasiones durante el año anterior.



martes, 25 de abril de 2017

CONAN DE CIMMERIA VOLUMEN 1 (1932-1933) CUARTA PARTE


Conan apareció en mi cabeza, simplemente, hace pocos años, mientras me encontraba en una pequeña aldea fronteriza de la parte baja del río Grande. No lo creé por medio de un proceso consciente. Sencillamente emergió del olvido, maduro del todo, y me envió a dar testimonio de la saga de sus aventuras.
Robert E. Howard


En la correspondencia mantenida con otros colegas de oficio, Howard manifestaba que sus personajes e historias se presentaban de forma automática, casi sin esfuerzo por su parte, obligándolo a permanecer largas horas delante de la máquina de escribir. No solía mencionar los relatos inconclusos o aquellos que no hubiera logrado vender a los pulp de la época. Con el paso de los años, sus afirmaciones demostraron un exceso de romanticismo y confianza en sí mismo. Entre los numerosos escritos encontrados después de su muerte, se descubrió que el texano elaboraba minuciosamente las sinopsis de sus historias y que, en líneas generales, siempre se mantuvo fiel a las mismas durante el proceso creativo. Los cambios eran mínimos: nombres, escenas, descripciones, modificaciones sugeridas por los editores para poder vender el cuento… Todo ello, por supuesto, sin comprometer la integridad y la calidad de su obra.

A principios de 1932, gracias a la venta de los relatos El pueblo de la oscuridad y El túmulo en el promontorio a Strange Tales of Mistery of Horror, Howard se tomó unas pequeñas vacaciones en el sur de Texas. Según la leyenda, apenas escribió durante aquellos días, en los que vagabundeó a lo largo de la frontera y su única ocupación consistió en «el consumo de tortillas, enchiladas y vino español». El autor se hallaba en un bache creativo y necesitaba descanso, otro ambiente y nuevas experiencias para refrescar las ideas. El poema Cimmeria fue el primer paso que cambiaría su obra (y su destino) para siempre.

Howard apuntó en una carta: «Escrito en Mission, Texas, febrero de 1932; sugerido por la visión de las colinas que se alzan sobre Fredicksburg bajo la neblina de un chaparrón invernal».

Recuerdo
Los bosques oscuros, que ocultaban laderas de sombrías colinas;
el arco plomizo y perenne de las nubes grisáceas;
los oscuros arroyos que fluían en completo silencio,
y los vientos solitarios que susurraban por los pasos.

Paisaje sobre paisaje, colinas sobre colinas,
ladera tras ladera, tapizadas todas de árboles tétricos,
se extiende nuestra severa tierra. Tanto que, cuando un hombre
coronaba un picacho y miraba, cubriéndose los ojos,
no veía sino paisaje sobre paisaje, colina sobre colina
ladera tras ladera, encapuchadas todas, como sus hermanas.

Era una tierra sombría que parecía albergar
todos los vientos, las nubes y los sueños que rehúyen la luz del sol,
de ramas desnudas que estremecían los solitarios vientos,
presidida toda ella por las lúgubres florestas,
que ni alcanzaba a iluminar ese raro visitante, el sol
que cosía sombras menudas a las figuras de los hombres; la llamaban
Cimmeria, Tierra de Oscuridad y profunda Noche.

Fue hace tanto, y tan lejos
que he olvidado el nombre por el que me llamaban.
El hacha y la lanza de punta de piedra son como un sueño,
las cacerías y las guerras, sombras. Recuerdo
solo la quietud de esta tierra sombría;
las nubes que se apiñaban sobre las colinas;
el crepúsculo de los bosques interminables.
Cimmeria, tierra de la Oscuridad y de la Noche.

Oh, alma mía, nacida entre colinas oscuras,
entre nubes y vientos y fantasmas que rehúyen la luz del sol.
¿Cuántas muertes necesitarás para quebrar al fin
esta heredad que me envuelve en la gris
mortaja de los fantasmas? Busco mi corazón y encuentro a
Cimmeria, tierra de la Oscuridad y de la Noche.

Howard, al igual que Plutarco, admiraba a los antiguos celtas que habitaban en tierras ásperas, rodeados por bosques impenetrables, montañas afiladas cubiertas de nieve y la dureza elemental propia de la vida salvaje. Siempre se ha sospechado que la descripción de Cimmeria fue inspirada por su lugar de nacimiento: Dark Valley, condado de Palo Pinto, Texas. Entre la creación del poema y el nacimiento del bárbaro apenas transcurrieron unos días de diferencia.

Conan siempre se ha considerado una versión idealizada del autor: fiero, indómito, un león en batalla, seductor, caballeroso, etc. Una corriente subterránea de oscuridad envuelve al personaje —sombrío, rebelde, solitario, lleno de rabia y en constante lucha contra el mundo— que, gracias a su inteligencia, fuerza de voluntad, pericia con la espada y superioridad física, consigue abrirse paso desde una humilde aldea hasta el trono de Aquilonia. Existe un trasfondo oculto en la saga que pocos críticos han puntualizado: la necesidad imperiosa de experimentar una vida plena de aventuras para encontrar el olvido de unos orígenes tenebrosos, cuanto más sangrientas y brutales, mejor. Por otra parte, tenemos a un joven escritor que anhela escapar de la existencia gris, aburrida y monótona propia del entorno rural del medio oeste, alejado de los centros culturales y artísticos en los que hubiera podido desarrollar todo su talento. Trazar paralelismos es inevitable. Gracias al bárbaro, Howard se convirtió en leyenda. Ambos —personaje y creador— terminaron alcanzando su objetivo.

Aunque el texano era un maestro escribiendo escenas de acción, la influencia de sus películas favoritas son notables en las historias del cimmerio: El jorobado de Notre Dame, Robin Hood, La marca del Zorro, El pirata negro, El ladrón de Bagdad, etc. Howard escribía a gran velocidad para ganarse la vida y no solía redactar más de dos borradores antes de dar por concluida la historia. Excepto con Conan, claro está, que se convertiría en su principal fuente de ingresos durante los siguientes años.     

EL COLOSO NEGRO (WEIRD TALES, JUNIO DE 1933)

Cuando Yasmela corrió de nuevo las cortinas, un cimmerio cubierto de acero bruñido apareció ante los nobles. Tenía la visera alzada y el semblante oscurecido por las negras plumas de su casco, y de su figura emanaba un aire sombrío e imponente que hasta el mismo Thespides no pudo menos que advertir, a su pesar. Unas palabras de broma murieron en los labios de Amalric, que dijo con voz pausada:
—¡Por Mitra, nunca creí que te vería con armadura completa, Conan de Cimmeria, pero debo reconocer que no quedas mal! ¡Por los huesos de mis dedos, que he visto a muchos reyes que llevaban la armadura con bastante menos majestad que tú!
Conan se quedó callado. Una vaga sombra cruzó por su mente, como una profecía. En los años venideros iba a recordar las palabras de Amalric, cuando el sueño se convirtiera en realidad.

El coloso negro fue el primer cuento del personaje que consiguió la portada de Weird Tales. Curiosamente, tal como sucedería más adelante, Conan es relegado a un segundo plano a favor de las sugerentes jóvenes en apuros que aparecían en las historias. El texano no le costó demasiado llegar a la conclusión de que relatos como El dios del cuenco no le harían ganar dinero, por ello, en una época de necesidad, recurrió a una fórmula que, aunque a la larga se convertiría en rutinaria, le ayudaría a mantenerse a flote económicamente.

La historia —al mejor estilo de Sax Rohmer— comienza con la inesperada resurrección de un nigromante que, al volver a la tierra de los vivos, no duda en reunir a los clanes del desierto para conquistar los territorios que le pertenecieron siglos atrás. Desesperada por las monstruosas visiones que visitan sus sueños, la reina Yasmela decide pedir ayuda al oráculo de Mitra para vencer a su adversario. En el templo recibe la indicación de que nombre comandante de sus ejércitos al primer hombre que encuentre por la calle. Como era de esperar, tal responsabilidad recae sobre los hombros del bárbaro.

Este se nos presenta como un individuo pendenciero, implacable, luchador, franco y seguro de sí mismo. Sus superiores, aunque desconfían de sus habilidades como comandante en jefe, no pueden dejar de admirar su arrojo y valentía en el campo de batalla. Las últimas páginas del relato son memorables: después de la cruenta lucha contra el ejército de Khotan, en la que perecen miles de soldados, tanto amigos como enemigos, Conan aniquila al brujo con un certero golpe de espada. 

Nuevamente, al igual que sucedió en La reina de la Costa Negra, sexualidad y muerte van unidas de la mano:

—¡Por los demonios de Crom, muchacha! —dijo Conan, con un gruñido—. ¡Suéltame! Hoy han muerto cincuenta mil hombres y todavía hay mucho que hacer...
—¡No! —repuso ella, jadeando y aferrándose a él con todas sus fuerzas—. ¡No te dejaré marchar! ¡Soy tuya, por el fuego, el acero y la sangre! ¡Y tú eres mío! ¡Allí pertenezco a otros..., pero aquí tan sólo a ti! ¡No te irás!
El cimmerio vaciló al notar que su espíritu era ya un volcán de encontradas pasiones. El fulgor sobrenatural aún brillaba en la sombría habitación, alumbrando con una luz espectral el rostro muerto de Thugra Khotan, que parecía sonreírles con una mueca siniestra. Afuera, en el desierto, los hombres morían, aullaban y mataban como locos, y los reinos se tambaleaban sobre sus cimientos. Pero todo aquello pareció borrarse del alma de Conan mientras apretaba con fuerza entre sus brazos de hierro el esbelto cuerpo marfileño que brillaba en la penumbra como una blanca llama embrujada.

SOMBRAS DE HIERRO A LA LUZ DE LA LUNA (WEIRD TALES, ABRIL DE 1934)

La voz era tan imponente como la figura que se adelantó tambaleante. Se trataba de un gigante desnudo hasta la cintura, cuyo enorme vientre ceñía un amplio cinto que sujetaba unos holgados pantalones de seda. Tenía la cabeza afeitada, con excepción de un mechón, y los bigotes le caían a ambos lados de la boca. Calzaba babuchas shemitas de color verde con la punta retorcida hacia arriba y empuñaba una larga espada de hoja recta.
Conan lo miró y sus ojos centellearon.
—¡Sergius de Khrosha! —exclamó.
—¡Si, por Ishtar! —repuso el gigante, con una intensa expresión de odio en sus negros ojos—. ¿Creíste que me había olvidado? ¡No! ¡Sergius jamás olvida a un enemigo! ¡Voy a colgarte de los pies y a desollarte vivo! ¡ A él, muchachos!
—Sí, puedes enviar a tus perros contra mí, gordinflón —dijo Conan con desprecio—. Siempre has sido un cobarde, cerdo kothio.

Publicado en Weird Tales con el título de Sombras a la luz de la luna, nos encontramos con un cuento que es una extensión del estilo del anterior: doncellas ligeras de ropa, criaturas demoniacas, ruinas antiguas, luchas sangrientas y un cimmerio caballeroso que, aunque extermine a sus oponentes de la forma más sanguinaria posible, resulta irresistible para las jóvenes que acoge bajo su protección.   

El relato empieza con una joven esclava huyendo de su amo a través de un pantano situado en las cercanías del mar de Vilayet. Antes de que Shah Amurat pueda apresarla, tropieza con un bárbaro loco de rabia al que ha vencido escasos días antes. Ebrio por vengar a los kozakos caídos a las orillas del río Ibars, Conan entra en combate contra su rival, lo aniquila despiadadamente y se lleva a la chica consigo para que los hombres del muerto no acaben con ella cuando encuentren el cuerpo de su señor. Durante su huída en una barca, arriban en una isla sin nombre en la que son atacados por una misteriosa presencia oculta entre la selva. Buscando refugio, pernoctan en unas ruinas decoradas con temibles estatuas de hierro. Por primera vez aparecen piratas en el ciclo del cimmerio: individuos duros, bravucones y rebanapescuezos que, a pesar de su carencia de escrúpulos, conservan un extraño código de honor. La mejor parte de la historia es la pesadilla que turba los sueños de la muchacha:

Olivia soñó, y en sus sueños aparecía constante y obsesivamente un ser maligno, parecido a una serpiente negra, que se deslizaba por unos jardines floridos. Sus sueños eran fragmentarios y llenos de color, como exóticas piezas de un diseño inconexo y desconocido, hasta que cristalizaron en una escena de horror y locura contra un fondo de piedras y columnas ciclópeas. La muchacha vio en sueños un gran salón cuyo techo, muy alto, estaba sostenido por columnas de piedra adosadas en filas regulares a las recias paredes. Entre dichos pilares revoloteaban papagayos de plumaje verde y escarlata. La sala estaba atestada de guerreros de piel negra y rostro de halcón. Pero no eran hombres de raza negra. Tanto ellos como sus ropas y sus armas le resultaban absolutamente desconocidos.

Se agrupaban en torno a alguien que estaba atado a una de las columnas. Se trataba de un muchacho esbelto, de piel blanca y rizos dorados. La belleza del joven no era en absoluto humana... era como el sueño de un dios cincelado en mármol vivo.

Los guerreros negros se reían y se burlaban de él en una lengua extraña. La figura esbelta y desnuda se retorcía bajo aquellas crueles manos, mientras la sangre resbalaba por sus piernas de marfil y salpicaba el pulido suelo. Los ecos de los gritos de la víctima se oían por toda la sala. Entonces, el joven levantó la cabeza hacia el cielorraso y pronunció un nombre con una voz estremecedora. Una daga que empuñaba una mano de ébano interrumpió su grito y la dorada cabeza cayó sobre el pecho de marfil.

Como respuesta al desesperado lamento, se oyó el retumbar de una especie de carruaje celeste, y delante de los asesinos apareció una figura que daba la impresión de haberse materializado a partir del aire. La forma era humana, pero ningún mortal había gozado jamás de belleza tan sobrehumana. Existía un inconfundible parecido entre él y el joven muerto, pero los rasgos de humanidad que suavizaban las facciones divinas del joven no existían en las del desconocido, que resultaban sobrecogedoras en su inexpresiva belleza.

Los negros retrocedieron ante la aparición con ojos que eran como surcos de fuego. El desconocido levantó la mano y habló, y las ondas de su voz resonaron a través de las silenciosas salas con tonos profundos y cadenciosos. Como si estuvieran en trance, los guerreros negros siguieron retrocediendo hasta quedar alineados a lo largo de las paredes en filas regulares. Entonces, de los labios cincelados del desconocido surgió una terrible invocación, que era una orden:
Yagkoolan yok tha, xuthalla!
Al escuchar aquel grito terrible, las negras figuras se quedaron rígidas, como paralizadas. Sus miembros adquirieron una extraña apariencia pétrea. El desconocido tocó el cuerpo inerte del joven y las cadenas que lo sujetaban cayeron a sus pies. Levantó el cuerpo en sus brazos y comenzó a alejarse, mientras su serena mirada recorría las silenciosas filas de figuras de ébano. Señaló con la cabeza hacia la luna, que brillaba a través de algunos boquetes del techo. Aquellas estatuas tensas y expectantes, que habían sido hombres, comprendieron...

Sombras de hierro a la luz de la luna, al igual que los futuros cuentos Xuthal del crepúsculo y El estanque del negro, fueron escritos entre los meses de noviembre y diciembre de 1932. Tal como he comentado, el texano había descubierto la fórmula que le garantizaba que Fransworth Wright comprara las historias del bárbaro. Lo mejor aún estaba por llegar.