miércoles, abril 01, 2026

CELESTIAL BUMS: «MINUTES FROM HEAVEN» (WWNBB, 2026)

Para su nuevo disco, Minutes from Heaven (We Were Never Being Boring, 2026), Celestial Bums ahondan en una fórmula que bebe del dreampop y el shoegaze de grupos míticos como Slowdive, Ride o Cocteau Twins, siempre desde una identidad propia bien definida.

Minutes from Heaven resulta una bocanada de aire fresco en la escena indie patria, gracias a sus atmósferas etéreas, letras introspectivas y ensoñadores desarrollos instrumentales. Suele ocurrir que, en el circuito independiente, lejos de los grandes sellos, surjan joyas discográficas que —por fortuna— rebosan autenticidad y escapan a los dictados del mainstream.

Un álbum breve y conciso —ocho cortes— en el que todo encaja con la precisión de un metrónomo. Entre lo más destacado: la apertura cósmica «I Didn't Know», la emocional «The Letters», la accesible «A Dream (Guide Me from the Stars)», «Walking on Ice» —mi favorita del lote—, un hipnótico desbarre psicodélico de ocho minutos y medio con guitarras capaces de conducirte a otra dimensión, y la épica ensoñadora de «Lifeblood» como cierre.

En cuanto a las letras, la paternidad del cantante Japhy Ryder aporta un nuevo grado de madurez: transformación personal, exploración del mundo interior y reconciliación con el pasado para poder avanzar. Vida, muerte y renacimiento; calma y catarsis. Temas universales y profundos que abordan el crecimiento espiritual, dejando un resquicio de esperanza bajo océanos de melancolía.

Entre luces y sombras, muros de sonido y rupturas envolventes, Celestial Bums firman su mejor elepé hasta la fecha: un pequeño clásico que bien podría haber brillado en las listas británicas de principios de los noventa.



POEMA: «ANTES DEL ANOCHECER», PUBLICADO EN REVISTA HOJAS SUELTAS

Los árboles crecen en torno al camino,

lleno de hojas secas y marchitas,

ocultando el cielo que arde arriba,

donde caen suaves rayos de sol.

 

El viento mece las ramas desnudas

como las caricias de un amante silencioso,

mientras las flores languidecen

y los animales han desaparecido.

 

Los troncos torcidos

parecen arrancados de un sueño,

tendiendo sombras sobre el suelo

antes del anochecer.


martes, marzo 31, 2026

ENTRE EL RUIDO Y LA MEMORIA: ENTREVISTA A THE LIONS CONSTELLATION

The Lions Constellation es una banda formada en 2007 que combina melodías pop con guitarras intensas y atmósferas envolventes. Tras una primera etapa activa y una larga pausa, el grupo retomó su actividad con una visión más madura. Con su nuevo trabajo, New Moon Rising, consolidan un sonido propio que equilibra ruido y sensibilidad, manteniéndose fieles a sus influencias.

Ocho preguntas a The Lions Constellation:

Después de más de diez años en pausa, habéis vuelto y la reacción ha sido muy positiva. ¿Qué os llevó a retomar la banda en 2021? ¿Ha cambiado vuestra forma de vivirla desde entonces?

La verdad es que, desde que se formó la banda a finales de 2007, todo fue bastante rápido: empezamos a dar conciertos enseguida y en 2009 editamos nuestro primer disco. Hasta nuestra última referencia, publicada en 2021, habían pasado bastantes años.

En un principio, desde 2009, tuvimos mucha actividad como banda, tocando y realizando giras estatales con grupos de fuera. Después, cada uno de los miembros empezó a centrarse más en sus propias prioridades y el grupo se fue diluyendo poco a poco. Aun así, continuamos activos hasta 2012 o 2013, aunque hubo cambios en la formación y dejamos de sacar material nuevo.

Si no recuerdo mal, hacia 2018 o 2019 volvimos a juntarnos para ver qué feeling había. Con una nueva formación y energías renovadas, empezamos a componer canciones nuevas e intentar volver a tocar en directo. Pero llegó el COVID y todo se frenó bastante, aunque conseguimos editar un EP. Más o menos ocurrió lo mismo que en el anterior parón.

Aun así, los tres que seguimos en la banda decidimos darnos otra oportunidad e intentar darle continuidad al proyecto, esta vez desde una perspectiva más madura y sin ningún tipo de pretensión, más allá de tocar y escribir canciones que realmente nos llenaran.

Nuestra intención inicial era grabar un EP, pero finalmente salieron doce canciones, que grabamos en solo cinco días. De hecho, a menos de un mes de entrar al estudio, solo teníamos cuatro temas. Todo surgió de forma muy natural: al final, somos una banda con un espíritu muy punk.

La verdad es que, como te comento, no teníamos muchas expectativas más allá de volver a grabar y darle continuidad a aquel disco de 2009. Pero, a medida que íbamos enseñando el nuevo trabajo, empezamos a notar cada vez más interés. Todo hay que decirlo: ese interés siempre ha venido de fuera de nuestras fronteras. Cada vez que mostrábamos el disco aquí, la gente nos daba muy buen feedback y buenas críticas, pero también nos comentaban que era difícil moverlo dentro del panorama nacional.

Finalmente, el disco ha sido editado en Estados Unidos, Europa y Asia, pero ningún sello español apostó por publicarlo.

Siempre se os ha identificado con ese “wall of sound” tan potente. En este nuevo disco, New Moon Rising, ¿cómo habéis trabajado las guitarras y las atmósferas? ¿Hay algo que hayáis hecho diferente esta vez?

Creo que, desde nuestras primeras grabaciones hasta el último EP, ya se podía percibir un cambio en nuestra forma de escribir. Este disco es, en cierto modo, la evolución de lo que empezamos allí.

No renegamos del sonido de nuestro primer disco, pero sí queríamos hacer algo más controlado. Aquel primer trabajo, aunque tuvo más tiempo de desarrollo, surgió de una manera más espontánea. En cambio, este disco, a pesar de haberse hecho en mucho menos tiempo, ha sido más consciente. O quizá no tanto, porque, como te decía, se ha grabado todo muy rápido, muchas veces a primeras tomas, pero sí teníamos muy claro cómo queríamos sonar.

Aun así, siguen estando presentes esos ecos de nuestros inicios. Seguimos siendo una banda de pop con guitarras, muy amante del fuzz, pero queríamos ver si éramos capaces de canalizar todo eso de otra manera, sin perder la rabia juvenil que llevamos arrastrando desde hace casi veinte años.

En esta ocasión, las canciones han nacido principalmente desde una guitarra acústica. Aunque mis conocimientos musicales son bastante limitados —no soy músico—, he intentado crear diferentes atmósferas que aportaran continuidad al disco, desde el primer tema hasta el último.

Además, hemos contado con la ayuda de otras personas que han sabido cubrir esos espacios a los que nosotros no llegábamos.

Si echamos la vista atrás, desde Flashing Light hasta ahora, seguís teniendo un sonido muy reconocible, pero también se nota una evolución. ¿Qué sentís que habéis aprendido en todo este tiempo?

Como ya te comentaba antes, creo que también la perspectiva que da el tiempo y la experiencia —desde entonces hemos grabado muchas más canciones con otros grupos— nos ha permitido enfocar las canciones de otra manera, y eso se ve reflejado claramente en este trabajo.

Aunque siguen siendo canciones pop, como en el primer disco, hemos intentado cuidar especialmente tanto las melodías como las estructuras. Aun así, creemos que, en esencia, seguimos siendo los mismos: haciendo las canciones que nos gustaría escuchar. Nuestros referentes, por supuesto, siguen muy presentes.

RJ, has pasado por proyectos muy distintos. ¿Qué es lo que hace especial a The Lions Constellation para ti? ¿Qué te ofrece que no encontrabas en otras bandas?

Cada una de las bandas en las que he tocado tiene algo especial. Siempre intento hacer cosas diferentes en cada proyecto en el que me involucro.

Por otro lado, como ya te comenté, no soy músico, y me resulta muy difícil formar parte de una banda en la que no escriba los temas. Al no tener una formación musical, necesito componer mis propias canciones y tocarlas a mi manera. Quizá eso haya podido limitar a mis bandas, pero es parte de mi forma de entender la música.

Como te decía, cada uno de mis proyectos cubre pequeños huecos dentro de mis gustos estilísticos, que son bastante variados y amplios. Además, aunque compongo siempre con guitarra acústica, en los directos suelo tocar distintos instrumentos dependiendo de la banda.

Habéis tocado con grupos como Interpol, Wire o The Horrors. Mirando atrás, ¿hay algún concierto o momento en vivo que recordéis como especialmente importante?

Sí, siempre es genial tocar con bandas con las que compartes afinidad o que, de alguna manera, han sido un referente. Además, girar con ellas también te abre a nuevos oyentes y te permite tocar para mucha gente que, de otro modo, probablemente no conocería tu música.

Cada concierto es especial y, a veces, el que menos esperas acaba siendo increíble. Siempre hay anécdotas. Ahora mismo me viene a la mente aquel concierto en el que abrimos para Interpol: la sala Apolo estaba llena a reventar. Salimos a tocar y, de repente, parte del público empezó a taparse los oídos… No sé si por el volumen y la intensidad del directo o porque, simplemente, no les gustábamos nada.

Ahora mismo el shoegaze está viviendo un nuevo renacer. ¿Cómo hacéis para mantener vuestra identidad dentro de esa escena?

Sí, es algo que nos están preguntando con bastante frecuencia. Supongo que, después de veinte años como banda, se espera que tengamos alguna respuesta al respecto. Pero tengo que decir que desconozco bastante el nuevo fenómeno del shoegaze; parece que hoy en día todo es shoegaze.

Lo único que puedo decir es que, cuando nosotros empezamos, no se hablaba tanto de este término. De hecho, aun siendo muy jóvenes, lo vivimos en primera persona y no fue algo tan sonado como lo es ahora. Muchas de las bandas que hoy se consideran referentes, en su momento no dejaban de ser grupos relativamente pequeños.

Para nosotros siempre ha sido algo natural: empezamos a tocar siguiendo a nuestros referentes, a las bandas que veíamos en directo cuando estaban de gira. Además, cuando editamos nuestro primer disco, aún faltaban muchos años para que todas esas bandas regresaran y se convirtieran en referentes para nuevas generaciones.

Me parece perfecto que la gente monte grupos y tome influencias actuales; si ahora el shoegaze está de moda, es lógico que surjan nuevas bandas dentro de ese sonido. Supongo que nosotros estamos un poco fuera de ese movimiento, tanto por una cuestión generacional como porque seguimos haciendo, en esencia, lo mismo que hacíamos hace veinte años.

En aquel momento no había una escena internacional como tal, y mucho menos en España. De hecho, siempre tuvimos más aceptación fuera que aquí. En algunos medios internacionales nos están mencionando como referentes, pero nos parece algo exagerado; nada más lejos de la realidad.

En vuestras canciones hay una mezcla entre ruido e intensidad, pero también mucha delicadeza en las melodías. ¿Cómo trabajáis ese equilibrio cuando componéis?

No dejamos de ser una banda de pop en la que prima la melodía, aunque después la vistamos de ruido. Son canciones melancólicas y, en cierta medida, nostálgicas.

Supongo que eso les da ese aire de atmósferas etéreas y delicadas, pero a la vez con cierto hedonismo ruidoso. Cada canción tiene vida propia y te pide cosas diferentes, pero, al formar parte de un disco, intentamos que todas mantengan una coherencia entre sí.

El 10 de abril presentáis New Moon Rising en Club Sauvage, en Barcelona. ¿Cómo imagináis ese concierto? ¿Qué os gustaría que se llevara el público de esa noche?

Esperamos que sea una noche especial, con momentos intensos y ruidistas, y otros más delicados e íntimos. Queremos que la gente que venga vuelva a casa con una sonrisa y con la sensación de haber escuchado canciones que los hayan llevado de viaje a momentos entrañables de su vida. Quizá haya sorpresas y toquemos canciones nuevas en las que ya estamos trabajando para un próximo lanzamiento.



miércoles, marzo 25, 2026

ENTREVISTA A SEX SODIO SULLIVAN: IDENTIDAD ANTES QUE FÓRMULA

Sex Sodio Sullivan es una banda canaria que mezcla rock alternativo, electrónica y pop con una identidad muy marcada. En su último trabajo, La vida es un videojuego, combinan nuevas texturas sonoras con una mirada crítica y personal sobre el presente

Habéis pasado de un rock más crudo a coquetear con la electrónica y ahora a un sonido más pop con carga social. ¿Vivís cada disco como una ruptura con el anterior o más bien como una evolución natural?

Hay una parte de evolución natural, pero también hay mucha intención cuando empezamos un disco nuevo. Normalmente partimos de lo que ya sabemos hacer y de lo que funciona entre nosotros, pero intentamos no quedarnos ahí. Nos interesa cambiar herramientas, la forma de grabar o la manera de componer para ponernos en situaciones que no controlamos del todo. Tener algo dominado te da un punto de apoyo, pero lo que buscamos es llevar las canciones a terrenos donde no hemos estado antes. Al final, cada disco suena distinto porque planteamos el proceso como una prueba nueva cada vez.

En La vida es un videojuego habláis de temas sociales a través de una metáfora bastante particular. ¿De dónde surge esa idea del videojuego para explicar la realidad que vivimos?

Al principio el disco no tenía que ver con un videojuego, sino con la idea de transformación, como una metamorfosis: la oruga que pasa a ser mariposa. Con el tiempo empezamos a verlo como fases o niveles, y apareció la ironía de entenderlo como un juego. El concepto llegó al final, cuando vimos que resumía todo lo que estaba pasando en las canciones.

Desde que empezasteis en 2014, vuestro sonido ha cambiado bastante, pero seguís siendo reconocibles. ¿Qué hace que una canción vuestra suene siempre a Sex Sodio Sullivan?

Tiene más que ver con la forma de construir las canciones que con el estilo. La banda existe desde 2014 y, aunque la formación ha cambiado, hay una manera de escribir y de hacer arreglos que se mantiene.

En este último trabajo habéis metido instrumentos acústicos como chelo, mandolina o saxo. ¿Eso ha cambiado vuestra forma de componer?

Sí, porque cuando aparecen instrumentos así, la canción pide otro espacio y nos obliga a escuchar más lo que necesita cada tema, en lugar de repetir siempre la misma estructura.

Vuestro anterior álbum, Tokamak y Stellarator, tenía un concepto muy marcado. ¿Os sigue interesando trabajar así?

Este disco se construyó desde casa, con ordenador, sintes, guitarras y pedales. Las demos estaban muy desarrolladas antes de entrar al estudio, y luego se regrabó todo buscando un sonido más cálido. Aunque suena electrónico, hay muchas partes grabadas de forma orgánica, incluso baterías reales mezcladas con samplers. En el disco nuevo el método fue parecido, pero con un sonido más orgánico.

Venís de Canarias, ¿cómo ha influido eso en vuestra música?

Estar en Canarias complica moverse, pero también nos da libertad para no encajar en una sola escena y trabajar más por convicción.

Os importa más la identidad que la perfección. ¿Cómo se traduce eso?

Intentamos que la música siga siendo humana. No todo tiene que pasar por una fórmula. Cada canción pide su forma y, a veces, hay que dejar que el error o la intuición formen parte del resultado.

Después de este disco, ¿qué os gustaría que sintiera alguien que os escucha por primera vez?

Que hay algo propio, que no es una copia de nada, y que las canciones le generen alguna sensación real.



RADAR SONORO: MS OBAMA PRENDE FUEGO AL CLUB CON «2C-B»

MS OBAMA sigue dando forma a esta nueva etapa con «2C-B»: un tema con sonido más crudo, más oscuro y sin rodeos. Después de «Roller Coaster», la artista valenciana se mete de lleno en el mundo del clubbing, pero lo hace desde un enfoque crítico y provocador.

Aquí habla de poder, deseo y fama dentro de la noche, enseñando su cara más excesiva y superficial. La canción es especie de espejo roto donde se ve cómo el placer y el consumo se mezclan en la pista.

En lo musical, «2C-B» es directa y contundente: bases cercanas al rave, un bajo potente e intensidad. Con este single, MS OBAMA muestra una etapa más alternativa y rompedora.


lunes, marzo 23, 2026

ENTREVISTA A FLOR Y TROL: «SAMI»

Flor y Trol es un proyecto musical muy personal que combina la sensibilidad de la canción de autor con una propuesta poco común: cantar mientras se marca el ritmo desde la batería. Con su primer disco, Sami, toma forma un repertorio de canciones directas y cargadas de emoción. Charlamos con su creadora, Sofía “Sophie” Rodríguez, para descubrir cómo nació Flor y Trol y qué hay detrás de su música.

Ocho preguntas para conocer a Flor y Trol: 

Para empezar, contadnos un poco: ¿qué es Flor y Trol y cómo nació este proyecto?

Llevaba más de quince años autoproduciendo y editando mi música como cantautora. Mi pasión siempre ha sido tocar la batería y crear canciones, así que pensé que hacer una selección de mis temas de siempre para adaptarlos al formato de frontwoman a la batería y voz sería divertido. Además, me brindaba la oportunidad de estar exactamente en el lugar en el que quiero: cantando mis canciones y llevando el ritmo.

Era una prueba de fuego, porque hasta ahora yo estaba a la guitarra. Pero la verdad es que estoy feliz: el proyecto camina de lujo.

Acabáis de publicar vuestro primer disco, Sami. ¿Cómo fue el proceso de creación y qué representa para vosotros este trabajo?

El proceso creativo de preproducción lo hice completamente sola en casa, grabando maquetas con mis instrumentos y utilizando un programa sencillo de ordenador para mezclar.

Después envié esas maquetas a dos músicos colaboradores para montar un setlist de directo. La idea era sencilla: como las canciones ya estaban bastante definidas, solo tenían que aprenderlas y ver si caminaban bien entre todos. Parece que les encantaron, y desde entonces me han acompañado en todo lo que hemos podido hacer.

Al cantar y tocar la batería a la vez necesito más músicos que arropen las canciones en directo. A la hora de grabar en estudio fue bastante fácil, porque ya las teníamos muy rodadas en los ensayos.

Lo bonito del estudio fue poder añadir coros, silbidos y pequeños detalles vocales que en directo, al estar sola en la voz, no siempre puedo hacer. En el disco me quedé más a gusto que un arbusto metiendo esos “chismes” de cantautora que, al final, son bastante parte de mi sello personal.

El título «Ámame o púdrete» mola mucho. Sin acritud, imagino. Detalles, por favor.

Esa canción da título al EP que lancé en 2024 con Flor y Trol, como antesala al disco debut. Era prácticamente una carta de presentación: sonido sin masterizar, muy cercano a la maqueta de habitación.

Incluso me di el capricho de autoeditarlo en vinilo de 7 pulgadas. Un capricho un poco absurdo, porque todavía tengo como treinta copias en casa sin vender (risas). Pero le tengo muchísimo cariño.

Esa canción, «Ámame o púdrete», es la que realmente da sentido a Flor y Trol. Fue la chispa que me impulsó a materializar esta idea un poco loca de hacerlo todo sola. Pensé: “venga, con todo a tope”, porque me apasiona, suena fresco, soy yo misma… y tenía que hacer algo bonito con ello.

En vuestro imaginario aparecen dos figuras muy distintas: la flor y el trol. ¿Qué representan dentro del proyecto?

Los dibujos del EP de «Ámame o púdrete» los hicieron mis sobrinos. Representan esa dualidad del día a día: a veces somos más empáticos y amables, y otras más salvajes, irónicos o irritantes.

En el fondo es una forma de decir que ni siempre somos tan buenos ni tan malos, y que muchas veces somos un poco de todo.

Las letras parecen tener bastante peso en vuestra música. ¿Qué lugar ocupan en vuestra forma de crear?

La narrativa emocional y directa es lo que me sale al escribir. No pienso en hablar de algo concreto: simplemente escribo lo que me nace, casi siempre del tirón.

Tampoco me paro demasiado a pensar si lo que he escrito es bueno o malo. Simplemente sale.

Eso sí, reconozco que me aburren bastante los artistas del monotema del amor. Siempre he querido evitar ese círculo de letras superficiales o previsibles. Yo necesito cantar y transmitir otro tipo de cosas.

Quizá por eso mismo estoy un poco fuera de lo estándar. Ser una misma escribiendo también tiene su pequeño precio (risas).

Para quien aún no os haya escuchado, ¿cómo describiríais vuestro sonido o vuestra propuesta musical?

Por aquí dicen que tengo “sonido Sophi” (risas). Ni cantautora pura, ni rockera, ni indie… un poco de todo.

¿Cuándo alguien escucha Sami por primera vez, ¿qué sensaciones o emociones os gustaría que se llevara?

Aunque las letras pueden ser profundas, creo que las melodías y las canciones en sí invitan a entrar en alguna emoción bonita o positiva.

Para terminar: vuestro sonido tiene un aire muy noventero, que recuerda a artistas como Alanis Morissette. ¿Cuáles diríais que son vuestras principales influencias musicales?

Soy de 1988 y he crecido escuchando a muchas de esas cantautoras fantásticas de los noventa, además de grupos que utilizaban mucho la guitarra acústica y una sonoridad bastante ligera.

La verdad es que no me veo en otro tipo de sonido que no esté conectado con eso. Por mucho que me encante el rock setentero, a la hora de componer y arreglar tiro más hacia lo que me suena a hogar.


sábado, marzo 21, 2026

SYNTHPOP CON ALMA: ASÍ SUENA «PARADISES» (COOKING VINYL, 2026) DE LADYTRON

Después de tres años de silencio, Ladytron regresan con Paradises (Cooking Vinyl, 2026), un disco claramente orientado a la pista de baile. Hay ecos de los ochenta —de New Order al sonido balearic—, con pinceladas de italo disco y acid house, sin perder ese aire de ensoñación y melancolía tan propio de la banda.

El sencillo de presentación, «I Believe in You», resume muy bien lo que ofrece el álbum: un sonido que mira a lo mejor del synthpop ochentero —Depeche Mode, The Human League, OMD o Pet Shop Boys—. Electrónica elegante, atmosférica y con cierto halo misterioso, cargada de sintetizadores, armonías vocales y estribillos con gancho.

Destacan cortes como el banger «Kingdom Undersea», «Sing», la envolvente «Metaphysica», «Caught in the Blink of an Eye» o «A Death in London», que recuerda a los DM de Some Great Reward (1985). Helen Marnie, Mira Aroyo, Daniel Hunt y Reuben Wu suenan tranquilos y seguros; al fin y al cabo, son expertos en lo suyo. Paradises es el octavo disco del grupo, y pocos pueden presumir de una trayectoria tan larga y, al mismo tiempo, tan sólida, al margen de los dictados del mainstream.

A pesar de su duración —dieciséis temas—, todo un desafío en un mercado que prioriza lo inmediato y lo fácil de asimilar, la escucha no se hace pesada en ningún momento. Es cierto que parte de la crítica ha podido penalizar el disco por este motivo. Tiene sentido: estamos cada vez más acostumbrados a álbumes breves y de digestión rápida. Sin embargo, para quien disfruta de la música con calma, Paradises se vive más como una experiencia que como un simple consumo. En ese sentido, hay que reconocerle a los de Liverpool su ambición y su voluntad de ir a contracorriente. Las modas, desde luego, no son una prioridad para ellos.

Ladytron han puesto toda la carne en el asador, con hasta cinco sencillos como carta de presentación. No es casualidad: pocas veces han firmado un trabajo que baje del notable. Sorprende, de hecho, que nunca hayan gozado de mayor reconocimiento. Paradises suma otra muesca a una discografía prácticamente intachable. Un regreso que mira al pasado para sonar al futuro.