lunes, 14 de octubre de 2019

"TARDES DE PERSIANAS BAJADAS", DE BRETT ANDERSON


“Después de toda la tristeza contenida en estas páginas, quizás sea ahora cuando viene la parte más triste para mí. Cartografiar el colapso triste y silencioso de un grupo que tanto significó para mí representa, en cierto modo, un destino más cruel que si hubiéramos estallado en una profusión de escándalos y conflictos”.

Brett Anderson


Después de incontables horas de ensayo y afilar sus canciones en locales de mala muerte frente a públicos indiferentes, gracias a la histeria mediática fomentada por la prensa, Suede obtuvieron el triunfo que anhelaban. El lanzamiento de “The Drowners” propició que fueran encumbrados en una mezcla de adoración y hostilidad. Por una parte alabaron su música —ambigua, romántica, subversiva y decadente— que reflejaba las miserias de los jóvenes británicos de principios de los noventa y por otra, como llegaron a la cima de forma instantánea, los consideraron un producto prefabricado, sin garra ni alma, cuyas horas estaban contadas. A pesar de sus orígenes humildes, al igual que sus composiciones, fueron tachados de artificiales, frívolos y cosmopolitas. 

La banda surgió en plena resaca Madchester (Happy Mondays, Stone Roses, The Charlatans) y el efímero auge del shoegazing (My Bloody Valentine, Ride, Slowdive). Evidentemente, su propuesta no encajaba en ninguna parte. El grupo se aferró a aquella oportunidad como a un clavo ardiendo sin pensar en las consecuencias. Desesperado por abandonar la falta de reconocimiento, pobreza y precariedad laboral, Brett Anderson reconoce sin tapujos que hubiera hecho lo imposible para mantenerse en la cresta de la ola. Su exagerado perfil inicial los convirtió en un grupo “sobrevalorado”, etiqueta que los ha acompañado a lo largo de su andadura discográfica.

Anderson reflexiona constantemente sobre su papel público, cómo la fama influyó en su vida privada y moldeó su personalidad. Se muestra crítico con su trabajo, tanto en las declaraciones controvertidas del pasado como con los errores discográficos. Suede siempre alternaron entre la grandeza y la vulgaridad. Muchas de sus caras b —“My Insatiable One”, “My Dark Star”, “Killing Of A Flashboy”, “Europe Is Our Playground”, “Let’s Go”, “Cheap”—, superan el contenido de los mismos álbumes. El cantante no se avergüenza de la temática de sus letras —excesos, nocturnidad, sexo crudo, relaciones destrozadas, caos urbano— que con el paso del tiempo, junto a la decadencia de la formación, se convertirían en un cliché que rozaba la autoparodia. Su corpus creativo fue perdiendo fuerza: discos mal enfocados, con temas débiles, que echaron por tierra el trabajo que tanto les costó conseguir.

Suede (Nude, 1993) se convirtió en el disco más vendido de todos los tiempos en Inglaterra y ganó el prestigioso Mercury Prize. Tal como ha sucedido en infinidad de ocasiones en la historia de la música, ninguno de sus miembros se encontraba preparado para afrontar un éxito tan descomunal. Mientras realizaban una agotadora gira por Estados Unidos, comenzaron los problemas. A raíz del fallecimiento de su padre, el guitarrista y motor musical, Bernard Butler, se encontraba exhausto y deprimido. Harto de los rigores del estrellato, comenzó a distanciarse de la banda: viajaba en el autobús de otros grupos, grababa sus partes musicales cuando sus compañeros no se encontraban en el estudio y pretendió que despidieran al productor Ed Buller (White Lies, Pulp, Lush) para encargarse de la creación de Dog Man Star (Nude, 1994), la sombría obra maestra de Suede. Todo avanzaba demasiado rápido: ninguno tuvo la madurez suficiente para intentar solucionar sus problemas. Por consiguiente, las heridas empeoraron hasta un límite insoportable.

El Britpop convulsionaba a la sociedad británica pero Suede, fieles a su estilo de nadar a contracorriente, al considerar aquel movimiento tan nacionalista como espantoso, no dudaron en desmarcarse del mismo. Anderson se perdió en un universo de química, obsesión, fragilidad y ego desmesurado. Pasó por alto la amistad que mantenía con el guitarrista, la unidad de antaño desapareció y la visión musical de ambos cesó de complementarse. Todos se encontraban paranoicos, tristes y amargados; temían que aquel fuera el final del camino. Gracias a ello, el disco cobró la atmósfera  deprimente que lo caracteriza. Finalmente, la expulsión de Butler fue inevitable. La crítica volvió a abalanzarse sobre ellos para despedazarlos a conciencia.

La arriesgada inclusión del nuevo guitarrista Richard Oakes —tenía diecisiete años en aquella época— fue recibida con desdén, por no decir inquina, por parte de los medios y seguidores. Contra viento y marea, la banda continuó adelante. Todos habían llegado a la conclusión que Butler era un engranaje irremplazable y que estaban acabados. Aunque muchas de las mejores canciones de Suede se encuentran en este elepé — “The Wild Ones”, “Still Life”, “The Two Of Us”, “The Asphalt World” —, no despachó tantas unidades como su debut. Oakes, a pesar de su juventud, la presión de los tabloides y las comparaciones con Bernard Butler, consiguió salir airoso de la tormenta gracias a sus propios méritos musicales.     

Luego de las sesiones asfixiantes y conflictivas de Dog Man Star  —que para consternación de Anderson continúa siendo el álbum mejor valorado de Suede—, Coming Up (Nude, 1996) supuso un revulsivo: directo, enérgico y urgente, en el que todos los temas tendrían potencial de single. La incorporación de Neil Codling como teclista aportó savia fresca al grupo. Aunque siempre fue infravalorado por considerarlo mero “relleno”, su influencia ha moldeado el sonido de la banda hasta la actualidad. Las áridas orquestaciones de The Blue Hour (Suede Ltd., 2018) lo demuestran de sobra.  

“Trash”, “Beautiful Ones”, “Saturday Night” y “Filmstar” se convirtieron en himnos radiofónicos. El grupo volvió a la cúspide de la popularidad en plena vorágine Britpop, compitiendo contra Oasis, Blur y Pulp en las listas de ventas, y lograron el reconocimiento que merecían por derecho. La nueva formación, en un dulce momento de gloria, logró renacer de la sobreexposición que estuvo a punto de aniquilarlos.

Mientras tanto en Westbourne Park, lo que en un principio fue el disoluto estilo de vida de estrella de rock que alimentaba su creatividad, entre fiestas interminables, alcohol, ceniceros llenos, bolsas de basura, traficantes, groupies, colgados e ingentes cantidades de crack, la adicción quebró a Anderson y causaría fuertes repercusiones en el futuro de la banda. El impulso creativo, la ambición, el deseo de triunfar que lo impulsó al principio, fue reemplazado por el exceso de confianza, la soberbia y la carencia de perspectiva.

En un afán de modernizar su sonido para mantenerse vigentes en la industria, Suede perdió la esencia primaria basada en el rock de los setenta que los caracterizaba. Ante la profusión electrónica, Oakes se sintió desplazado como guitarrista. Irónicamente, Head Music (Nude, 1999) supuso un triunfo clamoroso. Por primera vez contaban con el apoyo de la crítica pero entregaron un trabajo que si bien contaba con buenas composiciones como “Can’t Get Enough”, la popular “She’s In Fashion” o “He’s Gone”, pecaba de pereza e intrascendencia. Un elepé comercial que los alejó de la excelencia para caer de lleno en la superficialidad, tal como tantas veces fueron acusados.

A New Morning (Columbia, 2002) supuso el canto del cisne, abandonar la función ante la indiferencia del público. Confundidos, después de la salida de Codling debido al síndrome de fatiga crónica, por primera vez en su carrera, la banda se encontraba perdida, sin la pasión de los caracterizaba. Pese a que Anderson se encontraba sobrio, continuaba debilitado por la antigua dependencia a los narcóticos y no fue capaz de ofrecer lo mejor de sí mismo. Las sesiones se prolongaron durante dos años, diversos estudios y productores, intentando salvar un repertorio en el que reinaba la incertidumbre y la apatía. El fichaje de Alex Lee (Strangelove) en los teclados no llegó a cuajar y el intento de reinventarse con un disco acústico, íntimo y acogedor, tampoco estuvo a la altura. A New Morning fue tan costoso que se vieron obligados a regresar a la carretera para recuperar los gastos de grabación. Desde entonces, el vocalista no ha cesado de afirmar que fue un error que saliera a la venta.

El final del libro, al terminar en el punto más bajo de la formación, posee un sabor amargo. De hecho, queda abierto para que Anderson escriba una hipotética tercera parte de sus memorias en las que narre el reencuentro con Bernard Butler en el proyecto The Tears, su carrera en solitario, paternidad y, evidentemente, el regreso triunfal de Suede que, en pleno siglo XXI, continúan editando trabajos tan excelsos como su obra de principios de los  noventa —Nights Toughts (Suede Ltd., 2016) y The Blue Hour— en los que persiguen la estela del barroco y atormentado Dog Man Star.




lunes, 27 de mayo de 2019

RESEÑA "NÉMESIS", CORTESÍA DE ROCK THE BEST MUSIC


Página 5, justo detrás de las notas legales, y antes de la introducción, nos aparece una breve referencia a ese viaje al  horror que Conrad, de la mano de Kurtz, hizo adentrarnos en su momento.  Y, sin querer desvelar nada de la trama de este «Némesis», simplemente apuntar que ese descenso a los infiernos podría estar bien presente a lo largo de las casi 300 páginas que vendrán a continuación.

Un viaje que tiene uno de sus grandes momentos en esa introducción que le sirve a Alexis Brito Delgado para mostrarnos ese punto de partida en el que el Capitán Stark y sus hombres se nos presentan con toda la crudeza para mostrarnos esas frisa máquinas de guerra en la que acaban convirtiéndose los que antaño fueran ciudadanos normales, pero que, como marionetas, acaban siendo moldeados por el alto mando.

Un primer contacto con ese puñado de soldados que van a ser los protagonistas del libro, en el que la crudeza y la sin razón de la guerra  queda magníficamente reflejada con la unión del viejo judío y esa caja fuerte que va a convertirse en su hogar.  No hay duda de que Alexis con esas primeras veinticinco páginas acaba de dejar el listón muy alto, y la pregunta no es otra que si conseguirá ser capaz de mantener el nivel, ya que estamos sólo al inicio del libro.

Veinticinco páginas que dan paso al viaje y a la transformación de toda la realidad de ese grupo de soldados del III Reich (magnificas todas las nota de páginas con las que el autor nos va familiarizando con la jerga militar del que estaba destinado a ser el mayor ejercito de todos los tiempos) y para ello, de nuevo otro éxito de Alexis, nada mejor que situar la acción justo en el lugar donde Hitler empezó a perder la guerra. Las condiciones extremas y la negación de la razón se apoderan de la segunda parte del libro en la que, de nuevo, vuelve a aparecer ante nosotros, magníficamente descrita por el autor, ese viaje a ninguna parte en el que acaban convirtiéndose los conflictos armados. El listón ha seguido alto y ahí se ha mantenido y, ya lo adelanto, va a seguir así en la tercera parte del libro.

Una tercera parte que da inicio con ese «viaje sin retorno», que implícitamente ya nos va dando pistas de que caminos acabará tomando Stark, y que tiene como punto álgido ese momento dedicado a «Natalya», que ya sin remisión va a desencadenar en la decisión (solución) final de Johannes Stark, a la que cualquier referencia, se mire por donde se mire, no haría nada más que convertirse en un gran spoiler, por lo que, simplemente, no me queda otra que recomendar su lectura.


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lunes, 1 de abril de 2019

RESEÑA "NÉMESIS", CORTESÍA DE EL CAJÓN DE GRISOM


Al Cajón de Grisom llega Némesis, una novela de Alexis Brito Delgado, ambientada en la Segunda Guerra Mundial, en el frente del Este. En ella continua con la familia Stark, que ya han aparecido en un buen número de sus relatos, como El Último Templario o Soldado de Fortuna, ambientada en las guerras napoleónicas.

Némesis comienza de un modo desgarrador y cruel. El SS-Hauptsturmführer Johannes Stark y el resto de su unidad cazan judíos tan solo por diversión. No comienza como una novela bélica al uso aunque su trama principal lo lleve a territorio enemigo para rescatar a un científico capturado por los soviéticos con su grupo de fanáticos de las SS, como en las mejores historias de comandos.

La misión de Stark y sus hombres será un camino de cambio que hará que el Hauptsturmführer sufra una crisis de fe en la victoria y en su moral, por lo que  busque la expiación mientras huye del Ejército Rojo para volver a casa.

Alexis tiene una estupenda capacidad narrativa. Su novela respira los aires de las obras clásicas de la Segunda Guerra Mundial de Sven Hassel y a las aventuras y desventuras de su variopinto grupo de soldados. Como a Hassel, a Stark le siguen personajes como los gemelos Mason, el sargento Kraus, Meyer el grandullón o el francotirador Konrad, cada uno con sus historias y miserias. Son crueles y sanguinarios por lo que cuesta empatizar con ellos y en ocasiones querer que acaben con ellos. Si has disfrutado de las novelas de Sven Hassel, con esta también lo harás.

La guerra es cruel y llena de muerte, sangre, cuerpos destrozados y mucha desolación y la novela de Alexis muestra la guerra como lo que es, muy gráfica, sin ocultarlo. De ritmo muy ágil y de fácil lectura, aunque en ocasiones caiga en algunas imprecisiones, es muy recomendable. Hay que tener en cuenta que no es un libro de historia, es una novela.


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viernes, 18 de enero de 2019

RESEÑA "NÉMESIS", CORTESÍA DE KINDLEGARTEN


Durante la Segunda Guerra Mundial, un grupo de élite de las Waffen-SS especializado en operaciones de infiltración, es enviado a rescatar a un científico prisionero en un castillo ruso. El capitán Johannes Stark comprenderá que la lucha por la supervivencia es capaz de cambiar a cualquier ser humano. Alejado de su familia, en territorio hostil, perseguido por la implacable NKVD, tendrá que utilizar todo su coraje e inteligencia para volver al hogar.

Némesis, última publicación hasta el momento de Alexis Brito Delgado, es una novela bélica ambientada en la II Guerra Mundial, para la que el autor retoma a la Familia Stark, la longeva saga de militares que ya había dado protagonistas a sus novelas Wolfgang Stark: El último templario y Soldado de Fortuna, a su serie de relatos de Dorian Stark o a su relato Canción de Sangre.

El capitán Stark

Ahora es el turno de Johannes Stark, capitán de la Orden Negra de las Waffen-SS. Esto es, el núcleo duro del ejército alemán, un cuerpo al que solo podían pertenecer devotos del régimen nazi de la más pura raza aria. Un personaje con el que es difícil empatizar —no parece esa, por otra parte, la intención del autor— pero al que Alexis Brito dota de una humanidad atormentada que termina por mover a la lástima e incluso a la compasión.

Némesis comienza muy fuerte, in media res, con una escena que va a marcar el ritmo y el tono del resto de la narración: Stark y su grupo cazando judíos con sus perros dóberman simplemente por diversión. La crudeza, la sordidez y la truculencia de los actos de hombres y animales dejan claro desde el principio que no será una novela bélica al uso. Esta secuencia expone también la moralidad  y la escala de valores de Stark y del resto de SS, que nos son presentados.

La trama

Pasamos a la misión que articulará la trama de la novela: una infiltración en territorio enemigo, en el riguroso frente ruso, para rescatar a un científico secuestrado por un oficial traidor. Aquí la novela comienza un desarrollo propio del cine de comandos, que la aleja de nuestra principal referencia literaria sobre el ejército alemán de la II Guerra Mundial, Sven Hassel. Si los protagonistas de Hassel eran soldados de la Wehrmacht, o sea militares a su pesar, casi siempre carentes de afinidad con el régimen nazi, los de Némesis son fanáticos, que han jurado fidelidad a Hitler y recitan de memoria pasajes del Mein Kampf.

Némesis es una narración pulp, de aventuras. Una versión escrita de cintas como Los cañones de Navarone, Objetivo Birmania o Aquel maldito tren blindado, en las que un pequeño comando de élite debía infiltrarse tras las líneas enemigas para llevar a cabo un sabotaje, rescatar a un espía o robar unos planos.

Pese a lo cual Alexis Brito no renuncia a la profunda documentación en lo referido a uniformes, armamento, estructura y reglamento tanto del ejército alemán como del ruso, y el texto es profuso en detalles. Se emplean los términos en alemán y ruso para los grados militares, unidades del ejército y otros organismos, con sus correspondientes notas a pie.

El grupo

Como en toda aventura de comandos, son clave un reparto variopinto y la interacción entre los miembros del grupo. Tendremos a los gemelos Mason, totalmente adeptos al régimen, al gigantón Meyer, al leal sargento Krauss, al francotirador Michael Konrad, siempre con sus anécdotas de guerra, y a Treser, el médico, que aporta el patetismo con su drogadicción.

Némesis tiene una extensión algo mayor de la habitual en una novela pulp, pero se lee enseguida y es imposible aburrirse con ella. Porque, según transcurre, se va convirtiendo en una huida hacia delante. Una historia de supervivencia de la que Stark y los suyos solo pueden salir manteniéndose unidos y con una lealtad inquebrantable.

Alexis Brito juega bien la carta emocional. Al comienzo nos presenta a unos protagonistas deshumanizados, máquinas de matar movidas por el odio, capaces de las mayores atrocidades. Poco a poco ahondamos en los sentimientos de Stark, le vemos sufrir por sus hombres y por las muertes que ha causado. Cuando se cuestiona sus creencias y deja un lugar para la expiación, entendemos que personifica el absurdo de la guerra. Entonces podemos apiadarnos de él, aunque no lo perdonemos.

Un pulp realista

Sin desmerecer de las escenas de acción y del ritmo narrativo, que Brito logra mantener durante toda la novela, el gran valor de Némesis es hurgar en la psique de Stark, un hombre que llega a despreciar aquello en lo que lo ha convertido el régimen nazi. Y que termina albergando ideas —que la victoria es imposible o que la Operación Barbarroja será un absoluto desastre— que si las expresase en voz alta le supondrían el fusilamiento.

Hollywood, los comics y el pulp nos han acostumbrado a una visión de la guerra simplista, de buenos y malos, con muertes limpias y gestas heroicas. Brito opta por mostrar lo contrario: cadáveres despedazados y descomponiéndose, barro, frío, heridas sangrantes, torturas, ensañamiento con los civiles, rapiña... en este aspecto se puede considerar que Némesis es una obra realista, aunque su nivel de violencia, tanto en la atmósfera como en la diégesis, puede ser demasiado alto para determinado público.

Un pacto que no se rompe

La novela de Alexis Brito puede resultar demasiado brutal, demasiado explícita o entrar de lleno en el exploitation, todo eso es opinable. Pero lo que es seguro es que Alexis Brito conoce y respeta el pacto escritor-lector. Durante toda su extensión, Némesis se mantiene coherente y su historia es plausible. El periplo de Johannes Stark resulta creíble. Con toda su hipérbole de muertes, tiroteos y bombardeos, podría relatar un hecho real.

El estilo narrativo es claro, muy gráfico, y las continuas escenas de acción se suceden a buen ritmo. En este apartado, solo puede achacarse a Némesis una narración algo sincopada, en la que las escenas se yuxtaponen en los cambios de capítulo, con elipsis que quedan sin explicar.

Por lo demás, Némesis resulta una lectura amena, que va pasando por varias fases de relación con el lector y que se cierra con un final abierto, tras salirse de la vía por la que se preveía iba a transitar. Un conjunto que puede agradar por igual a los amantes del pulp como a los aficionados a la novela bélica e histórica. Tiene acción sin tasa para unos, y atención absoluta al detalle —uniformes, insignias, armas, vehículos...— para otros.

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viernes, 11 de enero de 2019

RESEÑA "NÉMESIS", CORTESÍA DE HISTORIAS PULP


Como uno de los más asiduos colaboradores de Historias Pulp, Alexis Brito Delgado es un escritor que se ha ganado nuestra admiración gracias a una narración honesta, liberada de artificios y que, pese a su intencionada frugalidad de palabras, se las arregla para ambientar escenarios, describir sucesos y transmitir sensaciones con una manera tan certera e intensa como lo es la incisión de la veloz bala de un rifle de francotirador Mosin-Nagant.

La reseña de EL ÚLTIMO TEMPLARIO que encontraréis en este mismo blog os servirá como garantía de que la adquisición de esta nueva obra, NÉMESIS, está recomendada para cualquier lector que disfrute de las historias de aventuras y acción sin que el autor os aburra con una vacía pretensión de complejidad o profundidad en el modo de presentaros la historia. Alexis utiliza las menos de las palabras para detallar la acción, y cuando necesita hablar de las pasiones humanas o de la refrescante o deprimente belleza de la naturaleza, según las circunstancias, lo hace utilizando las más acertadas y concisas de las oraciones. Precisamente, esta facilidad que le da al lector para abandonarse al seguimiento de la historia es una de las que consideramos las mayores virtudes en común de sus relatos.

Volviendo a NÉMESIS, la nueva novela está ambientada en el apogeo de la Segunda Guerra Mundial, en la época en la que los nazis se han decidido a atacar a la Unión Soviética. La misión del protagonista, otro miembro más de la larga dinastía alemana de los Stark (como Wolfgang en EL ÚLTIMO TEMPLARIO, o Dorian en la saga de relatos iniciada con MENTE Y ACERO), es la de introducirse clandestinamente en territorio de los rusos para asaltar un castillo en el que se ha afincado un desertor alemán, habiendo secuestrado además a un científico de confianza de la mano derecha de Hitler, Heinrich Himmler.

Así es, en esta ocasión seguimos los pasos de un capitán del las fuerzas armadas de las SS. Un personaje que se nos presenta a mitad de un primer y terrorífico primer capítulo, en el que somos testigos de cómo los hombres de su unidad dan caza, con la ayuda de perros de la raza doberman, a judíos fugitivos que tratan de llegar a las ruinas de una ciudad devastada por la guerra que asola buena parte de Europa. A lo largo de varias páginas, se nos van presentando los distintos personajes, dándonos detalles de sus personalidades y de sus especialidades de combate, tal cual se nos representarían en una película o de cara a conocer sus habilidades en un videojuego. Mencionándolos de memoria, se encuentran los sanguinarios hermanos gemelos Mason, el forzudo Meyer, el nervioso y algo pusilánime médico adicto a la morfina de nombre Treser, el irónico Michael Konrad como el francotirador (mi favorito), Krauss como el disciplinado y obediente segundo al mando de la unidad; y, por fin, y revelándosenos a lo largo de la escena final del capítulo como un cruel y vengativo creyente en las paridas del III Reich, Johannes Stark, nuestro protagonista.

Es muy fácil leer este primer capítulo y terminar en un pequeño estado de turbación al descubrir que el personaje al que vamos a acompañar en toda la historia es una persona capaz de matar a sangre fría a personas indefensas, ejerciendo incluso horribles torturas sobre alguno por intentar, legítimamente, defenderse del exterminio. Pero esta es una historia de violencia extrema, y lo que está por llegar no es otra cosa que una lenta caída en desgracia de unas personas que han sido entrenadas para matar sin pensar. Johannes Stark recibe para sí mismo y su unidad la misión de Himmler con el estoicismo y el cinismo del que sabe que no tiene otra opción (dadas las veladas amenazas si se negaran a desempeñarla), y como lectores nos morimos de ganas por ver a estos despreciables y convencidos nazis por mostrar sus agallas y habilidades en un territorio tan hostil y desconocido como el de la frontera con el territorio de la unión soviética.

Sin embargo, se da una paradoja mientras la aventura se va desarrollando y complicando para ellos: tras descubrirlos como unas bestias inhumanas, unas máquinas de guerra programadas para matar sin pensar, vamos encontrando que se va despertando en nosotros algo parecido a la camaradería. No sé si esto es resultado del “buen rollo” que se traen entre sí los miembros de la unidad de Stark, o si se produce por hacernos partícipes tan cercanos (casi con la sensación de que una cámara de reportero, al estilo documental, los va siguiendo), de los duros esfuerzos y penurias por los que tienen que pasar unos hombres que realizan estoicamente “su trabajo”, con la misma eficiencia y temple tanto si se trata de asesinar a sangre fría a personas inocentes e indefensas, como cuando es hora de luchar por la vida contra un enemigo mayor en número, emboscada tras emboscada. Es difícil no ver como héroes a unos hombres que no dejan de avanzar aunque se encuentran, cada vez más, con la sangre y la mierda al cuello.

Esto mismo se acaba aplicando en menor medida, diría, al protagonista. La narración se va adentrando más y más en la psique de Johannes Stark al mismo tiempo que su unidad al mando se va adentrando en la Unión Soviética, y acabamos por descubrir que el alemán, como lo distingue el propio autor a lo largo de la novela, había sido un joven, voluntarioso y fanático soldado al que en el momento de la lectura le ha sobrepasado el hastío y la indiferencia ante los continuos horrores de la guerra. En su interior se ha vuelto cínico, y desprecia en secreto a sus mediocres líderes del partido nazi. Al mismo tiempo se tortura ocasionalmente por las atrocidades cometidas en nombre de la grandeza de Alemania, y los remordimientos por las malas y fanáticas decisiones de su juventud parecen volver su voluntad errática e impulsiva.

Esto hace que el protagonista, para mi percepción, acabe siendo casi más despreciable que sus subordinados; al no saber qué piensan y cómo han acabado como soldados, su situación parece algo más inconsciente, más cercanos a los perros que azuzaban contra los judíos en el primer capítulo que a personas que, voluntariamente, han elegido una vida de fanatismo: los hermanos Mason parece que solo les importa seguir juntos, y que están convencidos de que así podrán enfrentarse a cualquier cosa; Konrad, el francotirador, es alguien que tiene una habilidad especial a la que puede sacar mejor partido en la guerra, mostrándose cínico respecto a la causa y maneras negligentes de proceder de sus superiores; Treser es un médico adicto a la morfina, que vive constantemente debatido entre la fiebre de la adicción y la anestesia que le proporciona cada inyección; Meyer es un hombretón que parece sentirse realizado al desempeñar hazañas casi sobrehumanas durante las batallas; y, finalmente, Krauss, es un sargento dedicado por completo a la obediencia y la eficiencia. Es imposible creer que cada uno no tenga sus propios demonios y contradicciones dolorosas, pero al no quedar reflejadas en la narración no llegan a resultar tan patéticos y despreciables como parece el protagonista, sobre todo teniendo en cuenta que todos son nazis más o menos convencidos, y que es muy difícil ponerse en el lugar de ninguno de ellos.

Este Stark acaba convirtiéndose en un paria espiritual y terrenal, como lo fue en su momento su pretérito templario, Wolfgang. Su camino es de todo menos ejemplar, pero acaba en una situación muy parecida, sin saber si se merece una vuelta a la normalidad, no viendo nunca el fin de su camino de soldado y asesino, y temiendo, más que otra cosa, no tener nadie más a quien matar. Podría parecer que este Stark es una persona mucho más perdida y mezquina que los demás de su saga familiar, pero nada más lejos. Es otro hombre hecho para matar, un ser de una estirpe que, aunque se salta algunas generaciones, tiene en su propia sangre la sed de la de los demás, y que, mejor que ningún otro, ha encontrado su lugar en mitad de la guerra más grande y del lado que más le conviene a la hora de dar rienda suelta a su ferocidad.

No quiero desvelar nada de la trama que debéis descubrir por vosotros mismos, pero os adelantaré que el libro es una golosina para cualquier fanático de la Segunda Guerra Mundial, y que se utiliza mucha jerga en versión original de alemán, ruso y hasta en judío (creo recordar), todo ello aclarado en anotaciones a pie de página. Además se nombran muchas armas y vehículos de la época, y las detalladas y trepidantes escenas de acción nos permiten imaginarlas en funcionamiento tal cual que si viéramos una buena peli bélica. Las escenas de acción, aunque no se recrean en exceso en los detalles sangrientos, son contundentes y brutales, un reflejo espectacular de la furia y crueldad de la que es capaz la raza humana.

¿Es todo perfecto en esta nueva obra de Alexis? Bueno, ahí entran los gustos de cada uno. Quizá el final es demasiado abierto (lo que me lleva a pensar a que sabremos más de Johannes Stark), y quizá alguno pueda pensar que pararse a leer las anotaciones a pie de página puede ser farragoso, pero no es mi caso. En cambio, encuentro que el primer capítulo se vuelve un poco lento y confuso, a pesar de ser la descripción de una matanza. ¿Por qué? Empieza bastante bien, pero pronto empiezan a sucederse escenas muy cortas que describen brutales ataques de la unidad Stark contra los fugitivos judíos, y son pequeños espacios con descripciones muy cortas o diálogos entre los protagonistas. Aún no los conocemos, y es difícil seguir el hilo de quién es quién y qué está haciendo en qué momento. Y no porque esté mal escrito, ni mucho menos, pero parecen escenas y diálogos algo descontextualizados, y al principio es difícil quedarse con la presentación de tantos nombres distintos y tan seguidos.

Me paro a explicar esto porque a un lector sin expectativas quizá le pueda parecer que el inicio se está haciendo largo y difícil de seguir, pero os aseguro que es algo que se da durante tan solo un par de páginas, y vale mucho la pena continuar para disfrutar del resto de la novela.

Por otro lado, creo muy importante señalar la valentía de Alexis o cualquiera que se atreva a contar la historia de los malos, usándolos de protagonistas. Hay muchas historias de nazis que traicionan a los suyos o que trataron de detener la locura de Alemania en aquel entonces, pero no tantas que nos pongan a caminar hombro con hombro con los verdaderos villanos de una historia. Los sufrimientos de Stark no dejan de ser los propios de cualquier ser humano, y no creo que se usen en la novela para justificar sus acciones, sino como un reflejo de hasta qué punto puede una persona ser mezquina y malvada, en realidad. No es el tema central de la trama, pero casi diría que esta es la historia de un perturbado mental descrito de forma tan precisa como el de la novela MI ASCENSO, TU MUERTE, de Miguel Ángel Rosique, y que se vuelve, en algunas secciones un pequeño ensayo sobre la psicopatía, especialmente cuando habla de su familia, a la que recuerda siempre como si de visiones entre anestesia se trataran. Es decir, como parte de algo que no le había correspondido nunca experimentar.

Esperamos que os animéis vosotros mismos a disfrutar de esta novela de horror humano y acción, y que nos contéis qué os ha parecido.


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viernes, 21 de diciembre de 2018

RESEÑA "NÉMESIS", CORTESÍA DE LA NOVELA ANTIHISTÓRICA


Una vez más vuelve a estas páginas la inacabable saga de la familia Stark narrada, ya desde hace años, por su creador, el escritor canario Alexis Brito Delgado.

En esta ocasión, el escenario en el que se van a desarrollar las aventuras del vástago de los Stark no son la Europa de las guerras napoleónicas, ni la de las Cruzadas y el fin de la siempre sugestiva Orden del Temple. La apuesta literaria, si se quiere decir así, es esta vez mucho más alta. El nuevo Stark, de nombre Johannes, desarrolla su actividad de criatura literaria en un ambiente verdaderamente difícil: la II Guerra Mundial. Y no sólo eso. El reto que se impone Alexis Brito Delgado es aún mayor, pues su nuevo Stark no es uno de los “buenos”. Todo lo contrario. Los hechos de “Némesis” son la narración de un soldado alemán, del Tercer Reich. Y ni siquiera se trata de un simple soldado de la Wehrmacht, figuras hasta cierto punto recuperables para nuestra democrática opinión actual.

Ni mucho menos. Johannes Stark, el protagonista de “Némesis” es un miembro de la Orden Negra. Es decir de las temidas “Escuadras de Protección”… Las “Schutzstaffel”, más conocidas como “SS”. De hecho, es un hauptmann. Un oficial, un capitán de ese cuerpo de devotos fanáticos del régimen nazi.

Y aún así, Alexis Brito Delgado no se da un golpe de bruces literario en ese terreno tan resbaladizo.

Todo lo contrario. “Némesis” es, con mucho, una de las mejores piezas de esa larga saga literaria que tiene a la familia Stark como protagonista. En cierto modo podría decirse que “Némesis” es el “Sin perdón” de esa serie de novelas que recorren distintos episodios de la Historia de la mano de los expeditivos Stark. Una unidad familiar sin duda dotada para la violencia y el oficio militar.

En efecto, si Clint Eastwood sorprendió a la crítica y al público con “Sin perdón” reviviendo y dando la vuelta a todos los tópicos del género “western” que, en 1992, se daba por amortizado y acabado— Alexis Brito Delgado hace algo parecido en “Némesis”.

Ésta sigue siendo, en buena medida, una novela que habrá quién no dude en llamar “de aventuras”. Una de esas, por tanto, donde la acción y el detalle histórico primarían sobre la reflexión más profunda. Como en mucho del cine de Eastwood antes de que este actor y director sacase todo el talento que ya se le intuía desde la época de la “Trilogía del dólar”, o intentos fallidos anteriores a “Sin perdón” como “Cazador blanco, corazón negro”.

Sin embargo, “Némesis” como “Sin perdón” se remonta sobre ese marco de pura y simple acción para pasar a algo mucho más profundo e inquietante.

El hecho de que su autor haya elegido como escenario histórico el frente ruso durante la II Guerra Mundial y, además, contado desde la perspectiva de los “malos” (de hecho, los “peores”, los miembros de las Waffen-SS) no hace sino dar más brillo a esta novela que, como decía, supera a todas las anteriores de los Stark, permitiendo mostrar al autor todo su genio literario. Presente y esperemos que futuro.

En efecto, “Némesis” es una novela heredera no hay la menor duda de un lector ávido de la saga de Sven Hassel ambientada en distintos frentes de la II Guerra Mundial vistos desde la perspectiva de unos díscolos soldados alemanes. Un tanto al margen de la línea oficial del Tercer Reich, aunque verdaderamente aplicados a la hora de ejercer la Política de violencia preconizada por Hitler y sus adláteres.

Pero todo indica que “Némesis” es también heredera de otra Literatura y otro Cine sobre la II Guerra Mundial. Esa reflejada en “Los desnudos y los muertos” de Norman Mailer o “La delgada línea roja” de James Jones. Johannes Stark también debe mucho a personajes como el oficial alemán interpretado por Michael Caine en “Ha llegado el águila” o, aún más, al sargento Steiner de “La cruz de hierro”.

Con esos algo más sólidos cimientos, Alexis Brito Delgado construye en esta nueva entrega de la saga de los Stark un cuadro histórico magnífico.

Hay que advertir, eso sí, que la acción, devastadora, brutal, prima en todo el relato y no lo hace demasiado apto para esa sensibilidad algo morbosa que ha fructificado en la estrambótica España actual. Esa donde el pensamiento “blando” de la corrección política parece haber encontrado un terreno muy fértil. Ese, por ejemplo, que lleva a algunas asociaciones de padres a poner el grito en el cielo porque, como parte de las clases de Historia, se lleve a sus hijos a museos militares. Una pueril reacción que, por cierto, no tiene lugar en países tan envidiados en España como Holanda…

Sin embargo, hay en “Némesis” más, mucho más, por debajo de esa acción cruenta y directa en la que el autor se desenvuelve verdaderamente a gusto, como sabrán quienes lo hayan leído anteriormente.

En efecto, Johannes Stark es un personaje complejo “redondo” en término de crítica literaria— no un simple estereotipo de “germano perverso sobre fondo de II Guerra Mundial” que, a fuerza de repetido, resulta ya casi desgraciadamente manido.

Por el contrario, a medida que pasamos las páginas de “Némesis” vamos descubriendo a un “junker” prusiano atrapado como muchos otros alemanes de toda clase y condición en la apocalíptica situación que ahora hace justo cien años llevó al colapso del II Reich alemán y, sobre todo, al de la República de Weimar.

Alexis Brito Delgado es verdaderamente explícito al respecto. A través de los ojos de Johannes Stark todavía un adolescente cuando comienza el imparable ascenso del nazismo nos relata los porqués de todo lo que ocurre en “Némesis”. Por ejemplo, el porqué del exterminio brutal de los judíos que Johannes Stark ejerce sin ningún tipo de contemplaciones y con agravantes de verdadera brutalidad en los primeros compases de esta novela.

Así, a medida que avanzamos, el personaje, atrapado en lo más crudo de las aventuras militares del III Reich (los comienzos de la “Operación Barbarroja” y la invasión de Rusia), va evolucionando, cuestionándose cosas. Lo que ve, lo que hace, o lo que ordena hacer a sus hombres o estos ejecutan con verdadero celo. Recitando incluso pasajes del “Mein Kampf” hitleriano, mientas aprietan el gatillo para arrancar una vida que ven extinguirse en una atroz agonía a través del visor de una mira telescópica de fusil de francotirador.

En esa evolución del personaje hasta el sorprendente final abierto de “Némesis”, juega, además, un papel fundamental Marlene. La mujer de Johannes Stark que, al final, descubrimos ha actuado como catalizador del cambio de opinión del protagonista de esta novela, que nos desgrana así el sistemático lavado de cerebro sufrido pero también aceptado por unos alemanes desesperados los de los negros años 30 del siglo pasado que han pasado demasiadas dificultades como para considerar que lo que dice Hitler y su camarilla son lo que finalmente descubre Johannes Stark en el frente ruso. Envuelto ya en una misión tan absurda como suicida y que, de paso, muestra el espantajo ridículo que fue el Tercer Reich.

Todo esto, y muchas otras cuestiones, como el profundo conocimiento del autor de los detalles de época armamento, uniformes, las wagnerianas megalomanías hitlerianas plasmadas en ridículos apodos como ese “Señor Lobo” aplicado al Führer… hacen de “Némesis” una novela cuando menos interesante y provechosa de leer.

Sus méritos son grandes, sin duda. Y entre ellos el menor no es, desde luego, que su autor demuestra con ella que un escritor español lo mismo que cualquier francés o anglosajón ya no está condenado a escribir sólo sobre España y desde España y con personajes netamente españoles. Por ejemplo, en el caso que nos ocupa, los manidos —y hoy bastante bochornosos miembros de la “División Azul”.

Por todo ello “Némesis” en efecto, pese a trabajar más allá del cada día más adocenado sistema “mainstream” de la actual Literatura española (o precisamente gracias a eso), merece, en efecto, ser leída con atención. Con mucha atención de hecho, profundizando en ella más allá del estruendo del grito de los heridos o los disparos de las LGM o las Maxim…


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lunes, 19 de noviembre de 2018

ENTREVISTA EXPRÉS CORTESÍA DE DRAGARIA


Alexis Brito se califica como poeta, narrador y reseñista. Acaba de sacar a la luz su novela Némesis (Serial Ediciones, 2018), ambientada en la Segunda Guerra Mundial. Ha participado en varias antologías aportando relatos y cuenta en su haber con el I Concurso de Relato Fantástico A. C. Forjadores. En la actualidad tiene entre manos una trilogía y otras cuatro novelas: «Calculo que en una década habré finalizado todos estos proyectos», señala.


TRES CLAVES DE TU ÚLTIMO TRABAJO

Némesis se podría definir en los siguientes puntos: una novela de aventuras protagonizada por personajes (un comando de las Waffen-SS) endurecidos por misiones implacables, grandes escenas de acción y dinamismo narrativo. La Segunda Guerra Mundial fue una etapa terrible en la historia de la humanidad: el drama, la violencia y el horror causados por conflictos bélicos que arruinaron el planeta. La evolución del protagonista, un militar frío y despiadado que, debido a las circunstancias, termina sucumbiendo a su humanidad oculta detrás de largos años de disciplina y ordenanzas.

¿QUÉ AUTOR O AUTORA TE INSPIRA?

Cuento con muchas influencias: Henry Miller, por sus vuelos de imaginación y prosa absorbente; Thomas Bernhard, el escritor terriblemente lúcido que he leído en toda mi vida; Charles Bukowski, quien demuestra que dentro de la decadencia de la vida cotidiana y los excesos con el alcohol, un artista puede triunfar; Sven Hassel, sus novelas fueron una gran influencia a la hora de escribir mi propio libro; y William S. Burroughs, la sátira, la locura y el humor disparatado de su obra siempre he han causado gran hilaridad.

UN POEMA, UNA NOVELA, UN CUENTO

— Un poema: Coral del gran Baal, de Bertolt Brecht. Fue el primer poema que leí en mi vida. Tiene un gran valor sentimental.

— Una novela: La montaña mágica, de Thomas Mann. Obra maestra de la literatura del siglo XX.

— Un cuento: La metamorfosis, de Kafka. Ningún escritor ha definido tan bien la sensación de impotencia y aislamiento respecto a una sociedad despiadada.

UNA OBRA DE TEATRO, UN GUION CINEMATOGRÁFICO

— Una obra de teatro: Plataforma, de Michel Houellebecq.

—Un guion: imposible elegir uno solo. Me quedo con Pulp Fiction, dirigida por Quentin Tarantino; El club de la lucha, por David Fincher; y Trainspotting, dirigida por Danny Boyle.

PROYECTOS

Tengo varios proyectos en mente. El primero: terminar la Trilogía del jinete de ácido eléctrico. Una serie de novelas de sexo, drogas y rock and roll que abarca desde principios de los noventa hasta la actualidad. Segundo: una novela negra situada en la Nueva Orleans de los años setenta, entre pantanos, con traficantes de drogas y grandes dosis de violencia. Tercero: una novela náutica estilo Patrick O’Brian ambientada en la Guerra de los Treinta Años. Cuarto: un libro protagonizado por el padre del protagonista de Némesis, Karl Stark, durante la Batalla de las Ardenas.

¿QUÉ PERSONAJE DE DRAGARIA SERÍAS?

Un ave fénix: a pesar de consumirse por el fuego tiene la capacidad de renacer de sus propias cenizas.

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