sábado, mayo 09, 2026

FANFICTION — REY KULL: «ALMAS MUERTAS», PUBLICADO EN HISTORIAS PULP

Reemplazo la melancolía por el coraje, la duda por la certeza, la desesperación por la esperanza, la maldad por el bien, las quejas por el deber, el escepticismo por la fe, los sofismas por la frialdad de la calma y el orgullo por la modestia.

Lautréamont

 

I

EL TRONO DE VALUSIA

 

A última hora de la tarde, la sala del consejo del palacio estaba casi vacía. El amplio recinto, sostenido por gruesas columnas y adornado con ricos tapices, cortinas de seda y mullidas alfombras, conservaba su regio esplendor bajo la tenue luz vespertina.

Durante la jornada, una multitud de individuos había expuesto sus problemas ante la corte: embajadores, sacerdotes, campesinos, nobles y mercaderes llegados de los confines del mundo. Para el rey no existían distinciones; todos los hombres eran iguales ante sus ojos.

En el trono de topacio, un individuo de anchos hombros y músculos poderosos escuchaba el resumen del día con la barbilla apoyada en el puño y la mirada perdida. Kull estaba exhausto: los asuntos del reino eran una madeja laberíntica en la que cualquier hombre podía naufragar.

Añoraba la libertad de los bosques de Atlantis, sus montañas escarpadas, los acantilados batidos por el oleaje y las gentes fieras e indómitas que los habitaban. Aunque intentaba reprimirlo, despreciaba la hipocresía y las máscaras de la civilización; odiaba a los cortesanos que lo lisonjeaban mientras maldecían sus orígenes entre dientes; aborrecía las intrigas de una aristocracia que, antes de su ascenso al poder, se tambaleaba víctima de su propia decadencia.

Al fondo de la sala, un balcón ofrecía una panorámica de Valusia: torres enjalbegadas, cúpulas escarlatas, tejados bruñidos por el sol, palacios imponentes y murallas doradas.

 

Tu, primer consejero de la corte y amigo del rey, carraspeó:

—¿Habéis escuchado algo de lo que he dicho, señor?

El gigante volvió a la realidad.

—Perdona, Tu. ¿De qué hablabas?

El anciano suspiró; nunca lograba retener la atención del bárbaro.

—Majestad, decía que el embajador de Kamelia ha protestado por...

Kull fingió escuchar mientras su mente se alejaba de nuevo. Las complejas responsabilidades del Estado lo aburrían. A veces, cuando el sueño le era esquivo, sentía que se había convertido en esclavo de su propio reino; de leyes y tradiciones que se perdían en el polvo de los siglos.

Un relámpago peligroso encendió sus pupilas. Jamás sería un títere. Le había costado sudor y sangre conquistar el trono de la Ciudad de las Maravillas, y no permitiría que nada ni nadie se lo arrebatara. Quien lo intentara moriría bajo el filo de su acero.

Una expresión desdeñosa endureció su rostro moreno, surcado de diminutas cicatrices. Poco le importaban las disputas de la nobleza; que se las arreglaran como pudieran. Sabía que, pese a haber levantado el país tras derrocar a Borna, muchos conspiraban a su espalda, murmurando en las sombras de sus casas. Nada les complacería más que ver destronado al bárbaro usurpador.

El anciano continuaba:

—En cuanto al conde Murom, desea que bendigáis la boda de su hija Nalissa con Dalgar de Farsun, apadrinando a los novios y...

Kull tomó nota mental. Murom era un súbdito fiel, uno de los primeros en abrazar su causa; no tendría más remedio que complacerlo, aunque detestara ese tipo de ceremonias.

Desvió la vista hacia los asesinos rojos apostados junto al trono, inmóviles como estatuas de bronce. Aquellos hombres, enfundados en armaduras carmesíes, eran los mejores guerreros del mundo: arrostrarían las llamas del Infierno y derramarían hasta la última gota de sangre por proteger a su señor.

El sol se ocultó por poniente y derramó una luz anaranjada sobre los azulejos de mármol. Por un instante, un cansancio inesperado oprimió el alma de Kull; el peso de la corona se le antojó insoportable.

Tu detuvo su discurso, se frotó las manos apergaminadas, y pareció envejecer varios años de pronto.

—¿Qué sucede, amigo mío? —preguntó Kull.

El anciano exhaló lentamente.

—Corren rumores por la ciudad, señor.

El atlante enarcó las espesas cejas.

—No te andes por las ramas, Tu.

El consejero fue directo al grano:

—Mis espías aseguran que Menkara, mano derecha del emperador de Zarfhaana, se encuentra en la ciudad...

Kull lo interrumpió con brusquedad.

—¿Qué hace aquí ese perro?

Tu encogió los hombros.

—No lo sé, majestad. Pero se rumorea que inmola vírgenes valusas en los altares de la Serpiente.

Sin advertirlo, el gigante llevó la diestra al pomo de su espada.

—¿Cómo es posible? —bramó—. ¡Quiero su cabeza!

—Primero debemos obtener pruebas, señor —replicó el anciano—. Si lo detenemos ahora, provocaremos un conflicto diplomático de consecuencias imprevisibles.

Kull enrojeció de ira.

—¿Por qué no me lo habías dicho?

—Porque sabía que reaccionaríais así, majestad.

El atlante gruñó.

—¿Y qué significa eso?

—Que debemos obrar con cautela. Cuando consiga testigos fidedignos, dará con sus huesos en las mazmorras.

Kull golpeó el estrado con el puño.

—¿Y mientras tanto? ¿Permitirás que sacrifique a todas las muchachas que quiera? ¿Esperarás a que cometa un error?

Tu bajó la mirada.

—No podemos hacer nada… todavía.

El gigante se puso en pie.

—¡Estoy harto de las normas de la corte! —rugió—. ¡Son cadenas disfrazadas de oro!

El primer consejero retrocedió ante la furia del atlante.

—La ley es la ley, señor.

Kull entrecerró los párpados.

—¿Dónde está Menkara? —masculló—. Quiero saberlo.

—En la Torre del Esplendor.

Sin añadir palabra, el atlante descendió la escalinata y abandonó el salón como una tormenta desatada.

Tu murmuró en voz baja:

—Que los dioses nos protejan…

 

II

LA DECISIÓN DEL REY

 

Al llegar a sus aposentos, Kull despidió a los criados con un gesto brusco. Necesitaba estar solo.

Furioso, recorrió la estancia de un lado a otro, como un lobo enjaulado, haciendo resonar sus pasos en la penumbra. Había forjado su destino con el valor de su brazo y el filo de su espada; no debía su trono a intrigas cortesanas ni a pactos susurrados en la oscuridad.

Para los valusos, seguía siendo un extranjero. Un invasor que había derrocado a la antigua dinastía entre llamas y sangre para ceñirse la corona. Y, sin embargo, gracias a los bárbaros que ahora patrullaban el imperio, la Ciudad de las Maravillas seguía en pie. De otro modo habría sucumbido, corroída por la decadencia de sus propios hijos.

Había reconstruido los ejércitos, quebrado la supremacía de los grondaros, aplastado a los sediciosos, desmantelado la Federación Triple y aniquilado el culto de los hombres serpiente. Logros suficientes —pensaba— para merecer la lealtad de un pueblo que aún lo denigraba en voz baja.

El gigante profirió una maldición en su lengua natal y apretó los puños.

¿Qué clase de rey sería si permitía tales horrores en su propio reino?

Con la mente en ebullición cruzó la estancia, apartó las cortinas de un manotazo y fijó la vista en la Torre del Esplendor. La antigua fortaleza, erigida milenios atrás, relucía como una gema oscura sobre las calles sumidas en sombras.

Alzó la mirada hacia el cielo. Las estrellas brillaban frías e indiferentes, y por un instante tuvo la sensación de que se burlaban de su impotencia.

Recordó el camino que lo había conducido hasta allí: la infancia salvaje entre las fieras que lo adoptaron; los años encadenado al banco de una galera lemuria; los saqueos juveniles en las colinas de Valusia; las mazmorras del palacio; la arena del circo, teñida con la sangre de hombres que murieron bajo su espada; el mando supremo de los ejércitos.

Una amargura antigua le cerró la garganta y le nubló los ojos. A veces anhelaba aquella vida brutal y simple, cuando el enemigo estaba frente a él y no oculto tras sonrisas diplomáticas.

—¡Por Valka! —rugió—. ¡No permitiré que Menkara haga su voluntad en mi reino!

La cólera inflamó su pecho y le tensó las venas del cuello. Sabía que el político zarfhaano era un ser corrupto, capaz de las peores atrocidades; los rumores que lo precedían no eran invenciones de taberna. Lo había visto el día de su coronación, y desde entonces su recuerdo le producía repulsión: frente estrecha, ojos hundidos y oblicuos, labios finos que apenas ocultaban una crueldad innata.

Con un gesto brusco, Kull arrojó la corona sobre la cama. Se despojó de las vestiduras reales y ciñó el pesado mandoble a su cintura. Necesitaba ver con sus propios ojos lo que Tu le había contado.

Se detuvo en el alféizar.

A cien pies más abajo, el jardín yacía envuelto en tinieblas. Los guardianes tardarían aún unos minutos en volver a pasar bajo sus ventanas.

Examinó las enredaderas que descendían hasta el suelo, los árboles agitados por el viento nocturno, las fuentes silenciosas, los setos recortados y los muros del castillo.

La decisión estaba tomada.

 

III

LA CIUDAD DE LAS MARAVILLAS

 

En lo alto, un cuarto de luna rasgó la negrura e inundó las calles empedradas con una luz espectral. La ciudad adquirió un aspecto fantasmagórico, como si perteneciera más al reino de los sueños que al de los hombres.

Kull cruzó la azotea a gran velocidad y, sin vacilar, saltó al edificio contiguo. El impacto le recorrió el cuerpo de pies a cabeza, pero apenas se detuvo. Atravesó el tejado en diagonal, se aferró a una cañería, tomó impulso y se proyectó hacia la siguiente cubierta. Usó manos y pies para escalar el pretil, quebró varias tejas bajo su peso y se irguió sobre la altura.

A una legua de distancia se alzaba la Torre del Esplendor.

Tres pisos más abajo, una pareja de guardias armados con lanzas y espadas rectas cruzó la avenida antes de desaparecer tras una vivienda. El rey contuvo la respiración, aguardó unos segundos y prosiguió su avance. La rabia daba ligereza a sus pasos.

—Veremos qué clase de hombre eres —murmuró entre dientes— cuando nos encontremos cara a cara, bastardo.

Sabía que estaba cometiendo una insensatez. Un solo error podía desatar la guerra entre Valusia y Zarfhaana. Pero le resultaba imposible sofocar aquella sed de justicia. Menkara no quedaría impune. Los dioses eran testigos de su juramento.

Descendió una tapia, cruzó varias terrazas contiguas y, tras medir la distancia con un vistazo rápido, salvó de un salto el abismo entre dos edificios. Pocos hombres habrían podido realizar semejante hazaña.

Con la respiración agitada y el sudor perlándole la piel, se orientó entre el laberinto de azoteas y eligió el trayecto más seguro.

Abandonar el palacio había sido sencillo. Sus guardianes no estaban preparados para hombres como él; hasta un ciego habría encontrado los puntos ciegos de la vigilancia. Descendió por las enredaderas, aguardó oculto tras unos setos y cruzó el jardín en ráfagas silenciosas, deteniéndose solo para dejar pasar a las patrullas. En pocos minutos alcanzó la muralla.

Sin reducir la velocidad, saltó, se aferró al parapeto y se izó con la fuerza de sus brazos hasta coronar el muro.

Ante él, la Ciudad de las Maravillas dormía, ignorante de los crímenes que germinaban en la oscuridad.

Sacudió la negra melena y se deslizó al otro lado como una sombra desprendida de la noche.

Kull se detuvo un instante sobre un tejado inclinado y contempló la Torre del Esplendor. Ahora que la cólera empezaba a disiparse, una frialdad penetrante ocupó su lugar y templó su ánimo.

Lo más prudente sería buscar una brecha en el muro exterior, evitar a los guardianes y ascender hasta lo alto de la fortificación.

Lamentó no haber llevado una cuerda o una cota de malla. Pero lo hecho estaba hecho; el acero bastaría.

Atravesó una hilera de tejados irregulares, eludió a varios hombres que salían tambaleantes de una taberna y alzó la vista al cielo. Nubes pesadas cubrieron la luna, y la oscuridad se volvió más densa.

Sonrió.

La noche era su aliada.

Por primera vez en meses, una sensación desbordante de libertad inundó su espíritu con el recuerdo de mares espumosos y montañas lejanas. Se desvanecieron las reflexiones sombrías, el tacto del terciopelo, las ceremonias de la corte, el peso insoportable de la corona.

Seguía siendo un hombre libre.

Y eso —pensó mientras avanzaba hacia la torre— era lo único que importaba.

 

IV

ALMAS MUERTAS

 

Cautelosamente, el bárbaro se aproximó a la claraboya y miró a través del cristal.

Una docena de sacerdotes, envueltos en túnicas sombrías, oraban bajo su posición. Un canto monótono y reptante ascendía hasta la bóveda, impregnado de una cadencia antinatural.

La piel de Kull se erizó.

Detestaba la brujería. La aborrecía con la misma intensidad con la que amaba el acero limpio y el combate frontal. Su mano se cerró en torno al pomo de la espada.

Un estremecimiento le recorrió la espalda. La superstición ancestral de su raza despertó en lo más profundo de su espíritu: las viejas creencias no mueren; duermen.

Un poder malsano, nacido cuando Atlantis era aún una isla joven entre brumas primitivas, emanaba de aquel círculo de figuras encapuchadas.

En el centro de la estancia, sobre un altar de obsidiana, yacía una joven de miembros pálidos, encadenada de pies y manos con grilletes de plata. Tras ella, la figura inconfundible del político zarfhaano sostenía un puñal ritual, preparado para hundirlo en carne inocente.

Kull rechinó los dientes. Los espías de Tu no habían mentido.

El canto se intensificó.

Menkara avanzó, se situó junto a la muchacha y alzó el arma. En sus ojos enrojecidos ardía una devoción febril.

—¡Acepta nuestro sacrificio, Thulsa Doom! —aulló con voz ronca—. ¡Devuelve el poder al pueblo de los hombres serpiente!

El rey no dudó.

El tragaluz estalló bajo su peso. El cristal se hizo añicos y cayó como lluvia cortante sobre los sacerdotes. Un clamor de sorpresa sacudió la cámara.

Kull aterrizó en medio del círculo.

El mandoble brillaba en su puño como un relámpago contenido.

De sus labios brotaron palabras antiguas, sin que él supiera de dónde provenían:

—Ka nama kaa lajerama…

Los sacerdotes alzaron el rostro.

Y entonces las capuchas ya no ocultaban hombres.

Los rasgos se distorsionaron, las mandíbulas se alargaron, los ojos se tornaron amarillos y verticales. Lenguas bífidas silbaron entre colmillos húmedos. Las túnicas se tensaron sobre cuerpos sinuosos.

Hombres serpiente.

Kull rugió y descargó el acero en un arco brutal. La hoja hendió un cráneo escamoso desde la coronilla hasta el pecho. Sin detenerse, giró sobre sí mismo y abrió el torso del siguiente; vísceras humeantes salpicaron el mármol negro.

—¡Matadlo! —chilló Menkara—. ¡Es Kull de Valusia!

 El atlante respondió con una carcajada feroz.

Avanzó como una tormenta desatada. El acero subía y bajaba, describiendo medias lunas sangrientas. Miembros cercenados golpeaban el suelo; cuerpos retorcidos se agitaban en espasmos finales.

Ignoró los cuchillos que rasgaban su piel, las garras que buscaban su garganta. No retrocedió ni un paso. Había nacido para aquel instante: matar o morir bajo la mirada indiferente de los dioses.

Su visión se tiñó de rojo.

Los hombres serpiente, poco diestros en el arte del combate, no pudieron contener la furia primordial del atlante. Uno tras otro cayeron bajo su acero.

Minutos después, el silencio regresó a la cámara.

Kull se irguió entre los cadáveres. Pequeños cortes cubrían su cuerpo y la sangre —ajena y propia— empapaba sus piernas. Respiraba con dificultad, pero en sus labios se dibujaba una sonrisa helada.

Cruzó el altar, avanzó entre los restos y fijó los ojos en Menkara.

El terror había borrado todo rastro de fanatismo en el rostro del zarfhaano.

—¡Socorro! —chilló—. ¡Guardias!

Kull rio.

—Grita cuanto quieras, perro. Tus guardianes yacen despedazados.

—¡Mientes!

La punta del mandoble señaló su pecho.

—Basta de palabras.

Menkara alzó los brazos y comenzó a recitar en una lengua oscura, más antigua que los tronos de los hombres.

El efecto fue inmediato.

El avance de Kull se detuvo en seco.

Una fuerza invisible aprisionó sus miembros. Una corriente glacial recorrió su cuerpo; la sangre se volvió pesada, espesa. El corazón latió con dolor.

Menkara sonrió con triunfo.

—Estás atrapado, bárbaro. Ningún hombre puede romper mi conjuro.

El llanto desgarrado de la joven atravesó la bruma que oprimía los sentidos del atlante.

Kull concentró toda su voluntad en el brazo que sostenía la espada.

No permitiría que aquella inocente muriera.

Los músculos temblaron. Las venas se hincharon como cuerdas tensas. Un gruñido surgió de lo más hondo de su pecho.

Menkara retrocedió.

—¡No!… Es imposible…

Con un esfuerzo que desgarró algo en su interior, Kull lanzó el mandoble.

La hoja surcó el aire como un cometa de acero.

Se hundió en el esternón del zarfhaano y lo clavó contra el muro. Un borbotón oscuro brotó de su boca. Sus ojos se abrieron en un gesto de incredulidad absoluta antes de apagarse para siempre.

El hechizo se quebró.

Kull cayó de rodillas, estremecido por violentos temblores. Había estado a un aliento de la muerte.

Tras unos instantes, se puso en pie con dificultad y se acercó al altar.

La joven sollozaba.

—Gracias, señor… No sé cómo…

Kull rompió las cadenas con sus manos ensangrentadas y la ayudó a incorporarse. La sostuvo con una firmeza sorprendentemente delicada.

—Todo ha terminado —dijo con voz grave—. Estás a salvo.

Por un instante, en la cámara aún impregnada de muerte, el rey pareció más hombre que monarca.



jueves, mayo 07, 2026

ENTREVISTA A LOS SARA FONTÁN: ENTRE EL CONSUELO Y LA RESISTENCIA

Los Sara Fontán es el proyecto conjunto de Sara Fontán, al violín, y Edi Pou, a la percusión. Lo suyo es la música instrumental, pero lejos de encasillarse: mezclan post-rock, electrónica y una buena dosis de experimentación. Todo gira en torno al diálogo entre ambos y a una manera muy libre de crear, ya sea en el estudio o sobre el escenario.

«Creer fuerte» es la primera pista que podemos escuchar de vuestro nuevo disco. ¿Qué lugar ocupa dentro de Consuelo?

«Creer fuerte» resultó una música que nos evoca un estar hacia adelante, positiva, abierta y cambiante, así que decidimos colocar la esperanza que regala en el centro de Consuelo.

El álbum parece moverse constantemente entre la oscuridad y la luz, casi como si fuera un viaje espiritual. ¿Estoy en lo cierto?

Estás en lo cierto en que se mueve entre la oscuridad y la luz, pero no tanto como un viaje espiritual, sino como un reflejo de cómo nos sentimos ante la vida. La narrativa abierta que regala la música instrumental permite que el espectador se encargue de completarla.

Vuestra música cuesta encajarla en una sola etiqueta: hay post-rock, electrónica, incluso algo de clásica. ¿Cuáles son vuestras influencias?

Nos gustan muchos estilos de música; nos gustan los pájaros, los gatos, el agua, el vino, los ríos; nos gusta la noche y la mañana; nos gustan el rojo, el verde, el negro… Se nos hace muy difícil componer solo en un estilo. Puede que nuestra personalidad sea ese sentirse cómodo en diferentes ambientes, y ello provoca diversidad de estilos en nuestra música.

No utilizáis voz, pero aun así se percibe una narrativa muy clara en vuestros temas. ¿Es sencillo construir una historia sin palabras?

El principio no es narrativo, el principio siempre es visceral. No solemos intentar construir una narrativa; más bien se revela cuando la música está compuesta. Sí que nos motiva mucho ser capaces de hilar ideas sonoras y que tengan sentido consecutivamente, pero desde un lugar sonoro, estético e incluso radical. Esta forma de hacer música no tendría mucho sentido sin una forma parecida de “estar” en la música: cuestionando las formas de grabar, de distribuir, de comercializar o de compartir esta música.

En Consuelo se intuye cierta resistencia frente al momento actual, tanto a nivel social como político. ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?

¡Cualquier tiempo futuro esperemos que sea mejor! Vivimos inmersas en el resurgir de tiempos pasados imperialistas, de poderosos deshumanizados, machos dominantes imponiendo un mundo salvaje y poco empático, pero también estamos rodeadas de personas y lugares que tienden a la resistencia en el pensamiento y a la acción. La música, y las comunidades que se crean a su alrededor, pueden ser buenos entornos para organizar y repensar el futuro.

Da la sensación de que vuestro proceso creativo está muy ligado al directo. ¿Qué cambia cuando lleváis esas ideas al estudio?

En el estudio no tocamos siempre juntas: una graba a la otra y viceversa, y eso cambia bastante cómo nos relacionamos con las piezas. Se desgranan de una manera que nos permite trabajar profundamente sobre los detalles de producción y de interpretación. El mayor reto en el estudio es conseguir transmitir la fisicidad con la que tocamos en directo, rodeadas de otros cuerpos y oídos. Nos lo pasamos muy bien jugando a disponer micrófonos, escuchando a través de los cascos, cerrando y abriendo ambientes, cometiendo errores y sacrilegios…

Como dúo, habéis construido una conexión violín y percusión, alejándoos de la clásica base de batería y bajo. ¿Cómo fue desarrollar esa complicidad y encontrar vuestro propio lenguaje juntos?

Lo primero fue dejar a un lado la vergüenza y el afán de impresionarnos mutuamente. Una vez creado el clima, el reto es conseguir que nuestros instrumentos no sean un impedimento para que la música pueda fluir, sea la que sea. A fin de cuentas, la clave siempre es escucharse, no aburrirnos e intentar sorprendernos todo el rato.

Después de este disco, ¿lo sentís como un cierre de etapa o más bien como el inicio de nuevas posibilidades sonoras?

Grabamos un disco cuando sus canciones ya han sido tocadas, giradas, testeadas en muchos escenarios… En cierta manera, sacamos discos para despedirnos de esas canciones, para dejar constancia de ellas y seguir adelante. Sin embargo, tampoco seguimos la lógica de disco–promo–gira–pausa: estamos siempre girando y siempre componiendo, por lo que nuestra forma de hacer es un continuo, sin etapas claras. Cuando sintamos que no hay más posibilidades sonoras que explorar, lo dejaremos y nos centraremos en el gran damnificado por las giras: nuestro huerto.


lunes, mayo 04, 2026

ENTREVISTA A TOU: HERIDAS QUE NO CICATRIZAN

TOU es el proyecto más personal de Albert Segura, tras años de recorrido en la escena independiente con bandas como Muñeco. Su música se mueve entre el rock alternativo y la psicodelia, con canciones que buscan emoción y profundidad. En 2026 publica Flores y Puñales (El Genio Equivocado), un disco directo y sincero que define su sonido perfectamente.

Flores y puñales se mueve entre lo delicado y lo crudo. ¿De dónde nace esa mezcla tan marcada en el disco?

El disco empezó a gestarse sin una idea conceptual preconcebida. Las canciones fluían con un eje vertebrador que las unía: luz y oscuridad a partes iguales. A partir de esa contradicción desarrollé el concepto del álbum, que consistía en aplicar a esas instrumentales unas letras que hablaran de amor y desamor; para ello, modifiqué algunas de ellas.

Por tanto, Flores y puñales es un disco que aborda el amor desde un lugar poético, en todas sus formas.

Vienes de otros proyectos, pero en TOU parece que hay algo distinto. ¿Qué has encontrado aquí que antes no podías explorar?

TOU es, quizás, la culminación de un largo recorrido. Como novedad, está el idioma, un gran reto, ya que no es habitual en el tipo de sonido que hemos logrado. Por otro lado, que yo sea el cantante también supone una novedad dentro de mi trayectoria como músico.

Otro ingrediente clave es la psicodelia, que me enseñó a valorar Celestial Bums (banda de la que formé parte en sus inicios), hasta llegar a los desarrollos instrumentales de Muñeco, cuyo batería, Xoán Martínez, forma ahora parte de TOU.

Gracias a él y a su mujer, Alba, que me dijo las palabras adecuadas para creer en mí, el proyecto tomó forma hasta convertirse en lo que es hoy. Más adelante se sumaron Guillem Bonet (bajo y segundas voces) y Oriol López (guitarra), quienes aportaron frescura y una nueva dimensión a mi sonido.

En definitiva, TOU suena diferente porque es un proyecto más personal y, al mismo tiempo, enriquecido por nuevas mentes creativas que lo han hecho crecer. Es algo de todos.

Las canciones tienen una fuerte carga emocional, con temas como el conflicto interno, el amor y la perdida. ¿Dirías que es tu trabajo mas personal hasta la fecha?

 Es mi proyecto más personal porque nace directamente de mí. La concreción de ideas, la confianza en uno mismo, el sonido en conjunto y la libertad a la hora de crear han dado lugar a esa carga emocional de la que hablas; en él está impregnada la emoción de todos.

En ese sentido, es un disco muy completo. A su manera, es un disco personal para cada uno de los integrantes, y eso es lo que más me gusta.

A nivel sonoro te mueves entre el rock alternativo, la psicodelia y el post-punk, pero todo suena natural, cohesionado. ¿Cómo has llegado a ese equilibrio?

Se llega picando piedra durante años, y nosotros llevamos unos cuantos con el pico en la mano. Madurar la escucha, equivocarse muchas veces, encontrar un lenguaje propio y jugar entre la emoción y la razón ha sido una de las claves.

No todo vale y eso, aunque parezca mentira, no es tan fácil de comprender. Identificamos sonidos que funcionan entre sí y somos capaces de verlos en conjunto para presentar algo sólido.

Has decidido producir el disco tu mismo. ¿Cómo ha influido eso en el resultado final?

Flores y puñales se forjó durante varios meses en el estudio de La Capsa. Pensábamos que era más interesante dedicar tiempo a perfilar el sonido y los arreglos que encerrarnos cinco días en un estudio a grabar sin un rumbo claro.

Por suerte, entre todos los integrantes hemos grabado unos cuantos discos y centenares de canciones en nuestros home studios; en ese sentido, el bagaje es sólido.

Vicente Maciá (The Carrots, Pigmy) realizó una mezcla exquisita del disco, lo que ayudó a que sonara verdaderamente profesional. Aunque sea un trabajo autoproducido, todos los elementos han sido tratados con un enfoque profesional.

En algunos cortes se percibe un trasfondo mas simbólico, incluso con cierta lectura política. ¿Cuánto influye el contexto en lo que cuentas?

Escribo las letras a partir de un concepto. En la canción «Montañas», por ejemplo, pensé que podían representar la idea de amor que quería desarrollar a lo largo del álbum. Lo planteé como un diálogo con la humanidad, en el que se le reprocha la barbarie que ejerce contra su propia familia: la naturaleza.

No quería hablar del amor o el desamor desde un lugar común; me interesaba poetizar el tema y llevarlo a otro plano. De lo político no se puede huir, aunque uno quiera.

En medio de tanta inmediatez, tu música invita a una escucha más pausada. ¿Lo buscas o es tu forma natural de crear?

Es mi forma natural. De hecho, estoy muy contento con la canción «Te maldigo», porque es directa y, al mismo tiempo, mantiene los aspectos conceptuales de nuestra música. Me suele costar hacer temas cortos.

A la vez, nos gusta que las canciones se desarrollen, que sean un viaje. Es, en cierto modo, un gesto contra la inmediatez impuesta por la sociedad digital que, a mi juicio, es consecuencia del consumo desmedido que impera en las redes.

Hay que parar —todos lo sabemos—, y este es nuestro granito de arena.

Si tuvieras que describir Flores y puñales con una imagen o una sensación, mas que con palabras, ¿Cuál seria?

 El caminante sobre el mar de nubes, de Friedrich.


viernes, mayo 01, 2026

RADAR SONORO: THE TESTIMONIAL TOUR - LA DESPEDIDA DE EDWYN COLLINS

El músico escocés Edwyn Collins se despide de los escenarios españoles con la gira The Testimonial Tour. A Last Lap Around Spain, que recorrerá diez ciudades entre finales de abril y mayo de 2026.

Conocido por su trayectoria en Orange Juice y por éxitos como «A Girl Like You», Collins cierra así una carrera de más de cinco décadas marcada tanto por su influencia en el pop británico como por su regreso a la música tras superar graves problemas de salud en 2005.

En esta gira estará acompañado por la banda escocesa Glass Cheques como teloneros, un dúo de Glasgow que destaca por su sonido melódico y emocional.

El tour llega tras la buena acogida de su último disco, Nation Shall Speak Unto Nation (2025), y después de una exitosa despedida en Reino Unido con múltiples conciertos con entradas agotadas.




miércoles, abril 29, 2026

RADAR SONORO: «BREAD AND CIRCUS» - EL DEBUT DE SOUTHPAW GRAMMAR

El productor británico Southpaw Grammar se presenta con «Bread and Circus», un debut que mezcla la energía del UK Garage noventero con toques actuales de R&B. El tema lanza una mirada crítica a la sociedad actual, señalando cómo vivimos atrapados entre distracciones constantes, consumo de entretenimiento y desconexión frente a lo que realmente importa.

La portada lo resume todo: un guiño a What’s the Story Morning Glory? de Oasis, pero con un giro muy actual. Aquí no hay paseo confiado ni actitud desafiante; hay gente caminando absorta, scrolleando, aislada del mundo.

Con «Bread and Circus», Southpaw Grammar se perfila como una voz fresca dentro de la escena del Reino Unido, alguien que entiende su tiempo y sabe hablar sobre él. Solo queda bailar mientras el mundo arde.


RADAR SONORO: HANZ RUIZ - EL IMPULSO FRESCO DEL INDIE ROCK NACIONAL

Hanz Ruiz es de esos artistas que empiezan a sonar cada vez más fuerte dentro del indie rock español. Después de su paso por Segonamà, el músico catalán ha decidido dar el salto en solitario con un proyecto que suena directo, enérgico y conectado con el presente.

Lo suyo mezcla guitarras potentes con melodías que recuerdan a Green Day o Bloc Party, pero llevado a un terreno más cercano a lo que está pasando ahora mismo en la escena nacional, en la línea de La Paloma o Barry B.

Desde que publicó el EP Marengo en 2023, no ha parado de avanzar. Ahora tiene listo su primer álbum, que verá la luz después del verano. Canciones como «Frío» y «Cosquilleo» dejan clara su propuesta: un sonido fresco, con pegada, y letras que se mueven entre la intensidad emocional y el vértigo de empezar de cero. 

Todo apunta a que Hanz Ruiz va a dar mucho que hablar: una propuesta sincera, con fuerza, y con ganas de hacerse un hueco en el indie rock nacional.



lunes, abril 27, 2026

ENTREVISTA A WOMAR: UNA NUEVA ETAPA LLAMADA ZAHRY

Con motivo de su presentación en el Cupra City Garage de Madrid, Womar arranca una nueva etapa con ZAHRY. Para ir calentando motores antes del concierto, le hacemos una entrevista exprés sobre este nuevo proyecto.

ZAHRY suena a un proyecto muy conectado con tus raíces. Durante el proceso creativo, ¿has descubierto algo nuevo sobre ti?

ZAHRY es un proyecto bastante personal. He conectado con sentimientos que no sabía que tenía, emociones que ni yo mismo entendía bien. Ha sido como mirarme en un espejo sin filtro: he descubierto que soy más profundo de lo que la gente cree, pero también más vulnerable… y eso lo he utilizado a la hora de componer.

También he descubierto, desde hace tiempo, un equipo maravilloso con el que crear y que me ayuda a expresarme en todas las formas posibles a la hora de hacer música: Carlos (La Maravilla del Beat) y Joseph (Joshito). Se siente bien tener un equipo con el que sintonizas en todo.

¿Qué significa para ti el título ZAHRY y de qué manera se refleja en el sonido del EP?

El nombre ZAHRY viene del árabe regional libanés y puede significar varias cosas, como suerte, flor o el color rosa. Me he centrado en esas definiciones para construir la identidad creativa del EP.

Es una identidad nueva, una energía. No es solo un título, es un mood, una etapa. Suena a algo místico, medio espiritual, pero calle al mismo tiempo. Y eso mismo se siente en el EP: sonidos envolventes, a veces oscuros, pero con luz… como un equilibrio entre lo real y lo emocional.

¿Qué papel han jugado tu entorno, tanto personal como musical, en la dirección que ha tomado este trabajo?

Mi entorno ha sido clave. Desde la gente que tengo cerca, lo que vivo día a día, hasta la música que consumo. Todo eso se ha metido en el proyecto sin que yo lo forzara.

Reitero: mi equipo de trabajo ha sido esencial. Tanto Joseph como La Maravilla son artistas a los que admiro muchísimo, y tenerlos cerca y poder trabajar con ellos es una bendición.

Ahora que lo llevas al directo, ¿qué te gustaría que sintiera la gente la primera vez que escuche ZAHRY?

En vivo, quiero que la gente lo sienta en el pecho, no solo que lo escuche. Que conecten con la vibra, que se olviden de todo y se dejen llevar. ZAHRY no es para oírlo en frío, es para vivirlo, para que te dé escalofríos aunque no sepas por qué.

¿Sientes que en esta etapa has evolucionado como artista? ¿Cuáles son tus planes de futuro?

Sí, siento que he evolucionado muchísimo en esta etapa. Como he comentado antes, este proyecto me ha obligado a mirarme sin filtros y a conectar con sentimientos que ni siquiera sabía que tenía. Ha sido un proceso casi terapéutico: entender emociones que antes me incomodaban, aceptar mi vulnerabilidad y descubrir una profundidad en mí que quizá la gente no imagina. Esa honestidad me ha cambiado como artista y también como persona.

En cuanto al futuro, quiero seguir explorando desde ese mismo lugar tan personal. Me interesa profundizar en esta versión más auténtica de mí, llevarla a nuevas canciones y a nuevos formatos. Mi plan es seguir creciendo, experimentar sin miedo y construir un proyecto que no solo hable de mí, sino que también acompañe a quienes lo escuchan. Siento que esta etapa es solo el comienzo de algo mucho más grande.



ENTREVISTA A INSTITUTO MEXICANO DEL SONIDO Y MERIDIAN BROTHERS: DOS TRENES, UN DELIRIO TROPICAL

La colaboración entre Instituto Mexicano del Sonido, liderado por Camilo Lara, y Meridian Brothers, el proyecto de Eblis Álvarez, da como resultado Ruido Tovar, un disco inspirado en la música tropical mexicana de los años 70 y 80, pero con un enfoque más moderno y experimental. Entre sintetizadores, cumbia y un toque de humor, el álbum mezcla ambos estilos y crea un sonido nuevo.

Ruido Tovar llevaba tiempo gestándose. ¿Cómo fue ese primer encuentro creativo entre Camilo Lara y Eblis Álvarez, y en qué momento sintieron que tenía sentido hacer un disco juntos?

Camilo: Creo que nunca pensamos que tuviera sentido hacer una colaboración. ¿Qué tiene sentido hoy en día? En un mundo tan loco, lo único que tiene sentido es que MC Escher tenía razón. Teníamos una amistad de años, admiración mutua, que nos llevó a, lentamente, sin ninguna prisa, gestionar una colaboración. Yo soy un colaborador serial. Me gusta hacerlo rápido y sin pensarlo. Eblis no. Él prefirió un disco a una canción. Y míranos ahora, un año después, con Ruido Tovar bajo el brazo.

Eblis: Yo tenía un interés previo por la movida tropical-modernista de México. Por otro lado, teníamos una amistad con Camilo desde hacía ya un tiempo y, en mis idas y venidas por México, y ese creciente interés por desarrollar un proyecto basado en estos estilos, en un encuentro con Camilo le propuse que intentáramos hacer un trabajo juntos.

El álbum bebe mucho de la música tropical mexicana de los 70 y 80. ¿Qué cosas de esa época les interesaba recuperar y cuáles quisieron transformar o llevar a otro lugar?

C: Los sintetizadores, el cambio de medios. En los 70 la gente dejó los combos grandes para hacer bandas más pequeñas con sintetizadores. Nos emocionaba la idea de hacer algo así, un cambio de medios de producción. Obviamente, ese fue el planteamiento de salida. Después todo cambió y creo que el disco es eso, más nuestra locura, más nuestros propios cambios de medios.

E: En general, yo quería casi que copiar este sonido y este tipo de instrumentación, eventualmente transformando el tipo de armonías y algo de los contenidos, pero mi intención era casi crear un trabajo de «época». Luego ya, con Camilo, la dirección que tomó todo este proyecto fue la inclusión de nuestro lenguaje personal en la estética de este disco.

Han descrito el proceso como “dos trenes chocando a toda velocidad”. ¿Cómo se vivió esa intensidad dentro del estudio durante esa semana de grabación?

C: Eblis es un músico estudiado. Yo no. Yo lo impulsé a ser más como yo y él me impulsó a ser más como él (pero creo que no lo logró). Fueron sesiones llenas de ideas, de alegría, de amistad y de experimentación.

E: Bueno, no estoy seguro de tal choque. Yo, por mi parte, me sentí muy cómodo trabajando con Camilo y sentí también que había mucha congruencia entre nuestras maneras de trabajar.

En el disco conviven una mirada más académica y otra mucho más intuitiva. ¿Cómo lograron que esos dos enfoques dialogaran sin perder coherencia?

C: Justo pensé que la habíamos perdido. Gracias por la gentileza.

E: No sé muy bien a qué se hace referencia con lo académico, ya que, por un lado, este estilo mexicano modernista no proviene de academias y, además, para mí la música en sí contiene intuición y también inspiración como base de ser músico. Luego la intuición e inspiración se materializan por medio de la artesanía, que es trabajar con la mente, la experiencia y las manos para llevar ideas al plano real. No sé si la academia está algo cerca de estos dos factores.

También hay un juego claro con la figura de Rigo Tovar. ¿Qué significa su legado para ustedes y cómo lo reinterpretaron desde el presente?

C: Rigo es el Camarón de México, el Landero de Matamoros, el Marley de Kingston. Era bonito pensar en usarlo como punto de partida, invitar a su banda (Costa Azul) a tocar con nosotros, investigar cuál era su ingrediente secreto…

E: Rigo Tovar, esta figura, algo externa en principio para mí desde Colombia, representa algo que me ha llamado la atención desde muchos ángulos durante mis experiencias de vida como melómano: «el ídolo». Figura enigmática que emana muchos arquetipos humanos, una fuente de individualidad y estilo junto con una gran energía (y destino) para representar esta individualidad.

He sido seguidor de muchas de estas figuras en la música, sobre todo popular, y siempre he quedado cautivado por muchas de las ocurrencias extravagantes que continuamente vienen de estos ídolos. Además, mucho de lo que sale de estos creadores es generalmente genial a nivel de arte y contiene un factor importante de agrupación colectiva de un conocimiento. Es fascinante. A mí me recuerda mucho a otro ídolo que admiro en Colombia: la figura de Diomedes Díaz.

En canciones como «Ritmo Babilonia» y «Cumbia Beckiana» aparece Beck. ¿Cómo surgió esa colaboración y qué sienten que aportó al sonido del álbum?

C: He estado trabajando con él desde hace unos 3 o 4 años. Hemos estado trabajando en canciones juntos. Muchas referencias a la música que estábamos haciendo eran Meridian Brothers. Así que, cuando empezamos a hacer el disco, lo invité y dijo que sí. Y míranos ahora, con dos canciones junto al Güero.

E: Por casualidad llegamos al tema de que Camilo conoce a Beck. Para mí Beck es una figura muy importante y una influencia dentro de mi carrera como músico. El hecho de poder conocerlo y trabajar con él es casi una fantasía, y bueno, Camilo terminó materializando esto al hacer posible esta colaboración.

Las canciones mezclan humor, política, surrealismo y ganas de bailar. ¿Qué lugar ocupa la ironía —y ese punto absurdo— en su manera de hacer música?

C: Me encantan los sustantivos abstractos: alegría, ironía, fantasía.

E: Creo que la ironía es mucho más utilizada dentro del arte de lo que uno, en superficie, se atreve a aceptar. La ironía la interpreto como una superposición de moldes culturales similares pero que no coinciden o que, de cierta manera, engañan, generando alegría.

Creo que esta alegría es necesaria constantemente en nuestro devenir humano y de artistas. Y, pues, siendo la ironía constantemente necesaria en el arte mismo, qué más que hacerse de unas cuantas frases irónicas para decorar un trabajo musical.

Después de sumergirse en un universo tan específico, ¿qué creen que aporta Ruido Tovar a la evolución actual de la cumbia y la música tropical?

C: Uff, ¿tiene qué? Conozco mil discos bellísimos que no aportaron nada a la evolución de la música tropical. No creo que la gente (o uno mismo) ande por la vida haciéndose esas preguntas tan profundas con un disco de baile tropical.

E: Esa apuesta la dejamos al público, al oyente, a la gente que aprecia lo que hacemos, siempre con la esperanza de aportar algo a estos estilos que amamos y disfrutamos.