En 1995, David Bowie eligió
caminar hacia las sombras en lugar de refugiarse en el resplandor de su propio
mito. 1. Outside (The Nathan Adler Diaries: A Hyper-cycle) (BMG,
1995) es un laberinto sonoro donde conviven asesinos conceptuales, artistas
decadentes y paisajes urbanos corroídos por la sospecha. Treinta años después,
ese desconcierto sigue sonando extraño y magnético.
El regreso de Brian Eno
convirtió el estudio en un territorio de exploración radical. Guitarras como
cuchillas, ritmos industriales, voces espectrales: cada pista es un pasaje a un
mundo donde lo hermoso y lo grotesco se confunden. Canciones como «The Hearts Filthy Lesson»,
«Hallo Spaceboy», «No Control», «The Voyeur of Utter Destruction (As
Beauty)», «I’m Deranged» o «Strangers When We Meet» revelan a un Bowie que
entiende la música como un teatro lúgubre.
No estuvo solo: Reeves Gabrels
desfiguró la guitarra, Mike Garson llevó el piano al límite expresionista,
Carlos Alomar sostuvo el pulso rítmico, Erdal Kızılçay aportó versatilidad
instrumental y Sterling Campbell marcó el compás de un futuro distópico. Eno,
además de producir, ideó trampas creativas que empujaron a todos hacia lo
imprevisible.
En Outside confluyen
la improvisación de la trilogía de Berlín, la crudeza industrial de los
noventa, la narrativa experimental del arte contemporáneo, ecos de Damien
Hirst, Burroughs y Lynch, y la disonancia jazzística de Garson. También late un
diálogo con su propio pasado, reinterpretado en clave perturbadora. El
resultado: un elepé excesivo, denso y fragmentado, pero también visionario y
profundamente personal.
La trama de Outside se
presenta como un diario de estilo cyberpunk escrito por Nathan Adler,
detective de la División de Asesinato Artístico. La historia se sitúa en los
últimos días de 1999, Adler investiga el asesinato ritual de una joven conocida
como Baby Grace Blue, supuestamente desmembrada y convertida en una macabra
obra de arte. A través de interludios y canciones, Bowie da voz tanto al
investigador como a un coro de sospechosos: artistas marginales, profetas
deformes y posibles verdugos. El relato nunca se ofrece completo; avanza como
un mosaico roto, más cercano a una novela distópica que a un thriller
convencional, donde la duda y la ambigüedad pesan más que la resolución del
crimen.
El Outside Tour de
1995, junto a Nine Inch Nails como aliados, llevó a Bowie a desafiar a su
público con conciertos oscuros y experimentales que confirmaron su sintonía con
la vanguardia de la época. Este combinó las piezas del álbum con rescates poco
habituales como Look Back In Anger, Andy Warhol, Scary Monsters (And Super
Creeps) o Breaking Glass. Apenas sonaron los grandes himnos de siempre:
Bowie prefirió alternar lo nuevo y lo marginal de su catálogo, subrayando que
el tour era, más que un repaso de éxitos, una declaración de intenciones
artísticas.
Su recepción fue ambivalente:
celebrado por su audacia, cuestionado por su complejidad. En lo
comercial, Outside tuvo un desempeño moderado: alcanzó el № 8
en Reino Unido y el 21 en Estados Unidos, lejos de los éxitos masivos de otras
etapas, aunque con el tiempo ha ganado el peso de una obra de culto dentro de
su discografía.
Tal vez por esa acogida
desigual, la anunciada continuación nunca llegó a materializarse, y el artista
optó por regresar en discos posteriores a un estilo más directo y reconocible.
Con motivo del 30º aniversario,
Bowie vuelve a estar presente en las plataformas digitales a través de dos EPs
conmemorativos. El primero, The Hearts Filthy Lesson Mix E.P.,
recupera y remasteriza versiones alternativas del tema junto a mezclas de Tim
Simenon y un aporte inédito de Trent Reznor. El segundo, I’m Deranged E.P.,
incluye las célebres ediciones usadas en Carretera perdida de
David Lynch y rescata la inédita Jungle Ambient Dub Mix. Estas
publicaciones no solo reavivan la memoria de Outside, sino que
muestran su vigencia como obra abierta a reinterpretaciones y relecturas.
Outside permanece
como uno de sus discos más vanguardistas, una herida abierta en su discografía
y un legado de audacia y futuros posibles. Su espíritu experimental encuentra
reflejo en Blackstar (2016), igualmente arriesgado, que cierra
su carrera con la misma inquietud y capacidad de sorpresa.
