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domingo, agosto 30, 2026

RADAR SONORO: MURAGA SE ESTRENA CON «KO»

muraga debuta con «KO», un primer adelanto de guitarras ruidosas, baterías crudas y una voz que transmite toda la urgencia de la canción.

«KO» habla de la desesperación y el deseo ante un posible reencuentro. El tema arranca entre distorsiones que poco a poco dejan paso a las guitarras y a una batería que va ganando terreno hasta envolverlo todo. El shoegaze está muy presente, con ecos de My Bloody Valentine, Dharmacide y los italianos Verdena.

El single llega acompañado de un videoclip que juega con diferentes texturas y distorsiones visuales que transforman la silueta del cantante.

«KO» es el primero de varios temas que muraga publicará durante los próximos meses y que acabarán formando parte de su álbum de debut.



lunes, mayo 25, 2026

SHOEGAZE: LA ESCENA QUE CONVIRTIÓ LA MELANCOLÍA EN RUIDO (PRIMERA PARTE)

El regreso de una leyenda

Osaka, Japón, 3 de febrero de 2026. My Bloody Valentine, banda esencial del movimiento shoegaze, regresó a los escenarios después de ocho años de ausencia. Kevin Shields siempre se ha caracterizado por su perfeccionismo. Fiel a sus inquietudes artísticas, jamás ha seguido los dictados de la industria.

Precursores del movimiento

A mediados de los ochenta, grupos como The Jesus & Mary Chain jugaban en una liga diferente al resto de sus coetáneos. Ruido y sensibilidad, la crudeza de The Stooges con las armonías de los Beach Boys. Aquel fue el primer paso, la semilla que alimentaría el movimiento con guitarras sobresaturadas de efectos, fuzz y voces angelicales. Una banda que abrazó el caos en directo para convertir el ruido en arte.

Tema clave: «Never Understand»

Cocteau Twins, con sus atmósferas etéreas, guiadas por la voz misteriosa de Elizabeth Fraser, representan un universo propio. Dream pop en estado puro. Canciones de otra galaxia, con títulos imposibles, envueltas en una niebla imposible de descifrar.

Tema clave: «Cherry-Coloured Funk»

Spacemen 3 llevaron la distorsión y la psicodelia a un territorio inexplorado. Desde Rugby, Peter Kember y Jason Pierce construyeron un sonido basado en la repetición hipnótica, drones y estructuras minimalistas que desafiaban cualquier lógica comercial.

Tema clave: «Revolution»

The House of Love, surgidos en Londres, apostaron por guitarras reverberantes y luminosas, pero teñidas de una melancolía típicamente británica. Liderados por Guy Chadwick, combinaron sensibilidad pop con muros de sonido que los acercaban al primer shoegaze sin perder gancho melódico.

Tema clave: «Shine On»

Más extremos fueron The Telescopes, provenientes de Burton, que llevaron la abrasión guitarrística al límite. Su sonido, áspero y saturado, se movía entre el noise rock y la psicodelia más densa, con Stephen Lawrie al frente. Cero concesiones: ruido, feedback e intensidad abrumadora.

Tema clave: «Flying»

Y en el extremo opuesto, Galaxie 500, desde Boston, ofrecieron un refugio íntimo y etéreo. Con Dean Wareham como líder, desarrollaron un folk eléctrico de tempos lentos, guitarras envolventes y una sensibilidad casi onírica. Subestimados durante años, tendieron un puente decisivo entre el indie rock y el posterior auge del shoegaze.

Tema clave: «Blue Thunder»

La edad dorada del género

El término shoegaze nació por la costumbre de los músicos de mirar constantemente al suelo durante los conciertos, pendientes de sus pedales de efectos. La prensa británica utilizó la etiqueta de forma despectiva, pero terminó dando nombre a una de las escenas más influyentes del rock alternativo de los noventa.

Loveless, de My Bloody Valentine, fue un punto de inflexión. Un trabajo que tardó casi dos años en ver la luz, con unos costes de producción que —según la leyenda— llevaron a Creation Records al borde de la quiebra. Un disco irrepetible que redefinió la forma de entender las guitarras y la producción dentro del indie rock.

Tema clave: «Sometimes»

Slowdive fue otra banda angular del movimiento. Melancólicos y atmosféricos, crearon música de una belleza casi fantasmal. Una banda atemporal que dejó huella y que, con el paso de los años, terminó siendo reivindicada por nuevas generaciones.

Tema clave: «When The Sun Hits»

Ride, directos y enérgicos, combinaron muros de sonido con un enfoque más inmediato del shoegaze. Canciones veloces, guitarras expansivas y un pie puesto en el power pop.

Tema clave: «Leave Them All Behind»

Curve representaron la cara más oscura y electrónica del shoegaze. Infravalorados durante años, adelantaron buena parte del sonido industrial y alternativo que después popularizarían bandas como Garbage o Nine Inch Nails.

Tema clave: «Coast Is Clear»

Aunque Chapterhouse solo publicaron dos elepés, dejaron un sonido hipnótico y profundamente noventero. Psicodelia, bases bailables y guitarras flotando sobre capas de ruido.

Tema clave: «Pearl»

Catherine Wheel llevaron el shoegaze hacia terrenos más musculosos. Guitarras densas, cercanas al metal, que mezclaban intensidad alternativa con melodías épicas cargadas de emoción.

Tema clave: «Crank»

Drop Nineteens ofrecieron una lectura más americana del género. Shoegaze enérgico e intenso, entre el ruido y la nostalgia. Ideal para las radios universitarias de la época.

Tema clave: «Winona»

Swervedriver recogieron parte del testigo de Spacemen 3 y del rock más caótico. Velocidad, distorsión y canciones que sonaban como conducir de madrugada por una autopista eterna.

Tema clave: «Duel»

Y por último, Pale Saints, delicadeza melancólica y soñadora. Más pop de lo que parecían a primera vista, pero igual de importantes que el resto del movimiento.

Tema clave: «Sight of You»



viernes, abril 17, 2026

RADAR SONORO: MARSEILLE SUBE EL VOLUMEN CON «HALLELUJAH (MY BABY’S FREE)»

Marseille vuelve a la carga con «Hallelujah (My Baby’s Free)», un tema potente y lleno de guitarras que deja claro por dónde va su sonido. El single, publicado el 10 de abril a través de Echo Bass Records, confirma que la banda está lista para dar mucho que hablar en 2026.

Después de un 2025 muy sólido —con una gira por Reino Unido colgando el cartel de “sold out” y el apoyo constante de emisoras como BBC 6 Music o Radio X, además de varias radios en Estados Unidos—, el grupo sube la apuesta. Suena más grande, más directo, con la mirada puesta en escenarios cada vez más amplios. Este nuevo tema lo tiene todo: riffs potentes y un estribillo de esos que se quedan en la memoria, perfecto para abrir conciertos.


 

Formados en 2021 en Derbyshire, Marseille bebe del shoegaze de los 90, el britpop y la psicodelia de los 60. Mantienen muy presente su origen de clase trabajadora y lo trasladan a una propuesta sincera y ambiciosa, con la sensación de que lo suyo ya no es promesa: están listos para dar el salto.



viernes, abril 03, 2026

THE TWILIGHT SAD: «IT'S THE LONG GOODBYE» (ROCK ACTION RECORDS, 2026)

La música de The Twilight Sad es un universo otoñal, envuelto en atmósferas folk, guitarras densas y una constante sensación de melancolía. Una fusión entre Joy Division y My Bloody Valentine. Sus lanzamientos han sido siempre bien recibidos, tanto por la crítica como por el público y, pese a no haber alcanzado el reconocimiento que merecen, nunca han firmado un trabajo que baje del notable. Siete años han tardado en alumbrar It's the Long Goodbye (Rock Action Records, 2026), el periodo más largo de silencio en toda su trayectoria.

Un disco compuesto entre el matrimonio, la paternidad —el cantante James Graham fue padre hace unos años—, la pérdida —el fallecimiento de su madre— y la depresión posterior derivada de aquella tragedia. Todos estos momentos vitales —amor, nacimiento, muerte y crisis— han sido el motor que ha impulsado las canciones del álbum.

Graham vuelca en las letras todos sus dilemas, obsesiones y esperanzas. Ello se refleja en las guitarras sobresaturadas de efectos de Andy MacFarlane, el arquitecto sonoro de la formación. Los de Lanarkshire siempre se ha caracterizado por su mezcla de intensidad y catarsis.

It's the Long Goodbye cuenta con colaboradores de lujo: David Jeans (Arab Strap) a la batería, Alex MacKay (Mogwai) al bajo y el propio Robert Smith (The Cure) —uno de los mayores admiradores del grupo—, que participa en tres temas aportando guitarra, bajo y teclados. Y, por último, Chris Coady, productor de Slowdive y Future Islands, entre otros combos del panorama alternativo.

El single de presentación, «Waiting for the Phone Call», con Smith a la guitarra, se sostiene sobre una base electrónica bailable que contrasta con su letra sombría: «There's a pain in me no one can see / Gather round and come die with me / Watch me die».

En «Designed to Lose», el fatalismo va de la mano con una melodía pegadiza —canto en falsete incluido—, quizá la más inmediata del elepé. Por su parte, en «Attempt a Crash Landing – Theme», Graham aborda un colapso emocional que lo empuja a tocar fondo, acompañado de una música visceral.

«Chest Wound to the Chest» trata sobre el duelo, sobre heridas abiertas que tardan en cicatrizar. «Back to Fourteen» explora los recuerdos de infancia, con Robert Smith al bajo. Inquietante, la canción evoca fantasmas del pasado que se niegan a desaparecer.

En el abrasivo tema de apertura, «Get Away From It All», McKay asume el protagonismo absoluto. Smith participa con teclados y guitarras en «Dead Flowers» —puro shoegaze—, en el que Graham entrega una interpretación contenida. «The Ceiling Underground», con su piano minimalista y atmósfera folk, remite a los primeros trabajos de la banda. En «Inhospitable/Hospital», pese a su temática sobre la enfermedad, el cantante suena tranquilo, casi en paz consigo mismo. Al fin y al cabo, tal y como ha reconocido en entrevistas, It's the Long Goodbye es uno de los álbumes más personales de su carrera, por no decir el más terapéutico.

Para terminar, en «TV People Still Throwing TVs At People», Graham llega a una conclusión: «It’s ok to feel this way / I don’t want to feel this way». La única manera de seguir adelante es aceptar el pasado y no mirar atrás. Resulta inevitable trazar ciertos paralelismos con Songs of a Lost World (2025) de The Cure, un elepé con el que comparte muchas de sus temáticas.

Drama, profundidad, resiliencia... The Twilight Sad han logrado lo que pocos grupos consiguen tras décadas de trayectoria: reinventarse sin dejar de ser fieles a su estilo. En cuanto al éxito comercial… ¿a quién le importa mientras sigan publicando grandes discos?



miércoles, abril 01, 2026

CELESTIAL BUMS: «MINUTES FROM HEAVEN» (WWNBB, 2026)

Para su nuevo disco, Minutes from Heaven (We Were Never Being Boring, 2026), Celestial Bums ahondan en una fórmula que bebe del dreampop y el shoegaze de grupos míticos como Slowdive, Ride o Cocteau Twins, siempre desde una identidad propia bien definida.

Minutes from Heaven resulta una bocanada de aire fresco en la escena indie patria, gracias a sus atmósferas etéreas, letras introspectivas y ensoñadores desarrollos instrumentales. Suele ocurrir que, en el circuito independiente, lejos de los grandes sellos, surjan joyas discográficas que —por fortuna— rebosan autenticidad y escapan a los dictados del mainstream.

Un álbum breve y conciso —ocho cortes— en el que todo encaja con la precisión de un metrónomo. Entre lo más destacado: la apertura cósmica «I Didn't Know», la emocional «The Letters», la accesible «A Dream (Guide Me from the Stars)», «Walking on Ice» —mi favorita del lote—, un hipnótico desbarre psicodélico de ocho minutos y medio con guitarras capaces de conducirte a otra dimensión, y la épica ensoñadora de «Lifeblood» como cierre.

En cuanto a las letras, la paternidad del cantante Japhy Ryder aporta un nuevo grado de madurez: transformación personal, exploración del mundo interior y reconciliación con el pasado para poder avanzar. Vida, muerte y renacimiento; calma y catarsis. Temas universales y profundos que abordan el crecimiento espiritual, dejando un resquicio de esperanza bajo océanos de melancolía.

Entre luces y sombras, muros de sonido y rupturas envolventes, Celestial Bums firman su mejor elepé hasta la fecha: un pequeño clásico que bien podría haber brillado en las listas británicas de principios de los noventa.



martes, marzo 31, 2026

ENTRE EL RUIDO Y LA MEMORIA: ENTREVISTA A THE LIONS CONSTELLATION

The Lions Constellation es una banda formada en 2007 que combina melodías pop con guitarras intensas y atmósferas envolventes. Tras una primera etapa activa y una larga pausa, el grupo retomó su actividad con una visión más madura. Con su nuevo trabajo, New Moon Rising, consolidan un sonido propio que equilibra ruido y sensibilidad, manteniéndose fieles a sus influencias.

Ocho preguntas a The Lions Constellation:

Después de más de diez años en pausa, habéis vuelto y la reacción ha sido muy positiva. ¿Qué os llevó a retomar la banda en 2021? ¿Ha cambiado vuestra forma de vivirla desde entonces?

La verdad es que, desde que se formó la banda a finales de 2007, todo fue bastante rápido: empezamos a dar conciertos enseguida y en 2009 editamos nuestro primer disco. Hasta nuestra última referencia, publicada en 2021, habían pasado bastantes años.

En un principio, desde 2009, tuvimos mucha actividad como banda, tocando y realizando giras estatales con grupos de fuera. Después, cada uno de los miembros empezó a centrarse más en sus propias prioridades y el grupo se fue diluyendo poco a poco. Aun así, continuamos activos hasta 2012 o 2013, aunque hubo cambios en la formación y dejamos de sacar material nuevo.

Si no recuerdo mal, hacia 2018 o 2019 volvimos a juntarnos para ver qué feeling había. Con una nueva formación y energías renovadas, empezamos a componer canciones nuevas e intentar volver a tocar en directo. Pero llegó el COVID y todo se frenó bastante, aunque conseguimos editar un EP. Más o menos ocurrió lo mismo que en el anterior parón.

Aun así, los tres que seguimos en la banda decidimos darnos otra oportunidad e intentar darle continuidad al proyecto, esta vez desde una perspectiva más madura y sin ningún tipo de pretensión, más allá de tocar y escribir canciones que realmente nos llenaran.

Nuestra intención inicial era grabar un EP, pero finalmente salieron doce canciones, que grabamos en solo cinco días. De hecho, a menos de un mes de entrar al estudio, solo teníamos cuatro temas. Todo surgió de forma muy natural: al final, somos una banda con un espíritu muy punk.

La verdad es que, como te comento, no teníamos muchas expectativas más allá de volver a grabar y darle continuidad a aquel disco de 2009. Pero, a medida que íbamos enseñando el nuevo trabajo, empezamos a notar cada vez más interés. Todo hay que decirlo: ese interés siempre ha venido de fuera de nuestras fronteras. Cada vez que mostrábamos el disco aquí, la gente nos daba muy buen feedback y buenas críticas, pero también nos comentaban que era difícil moverlo dentro del panorama nacional.

Finalmente, el disco ha sido editado en Estados Unidos, Europa y Asia, pero ningún sello español apostó por publicarlo.

Siempre se os ha identificado con ese “wall of sound” tan potente. En este nuevo disco, New Moon Rising, ¿cómo habéis trabajado las guitarras y las atmósferas? ¿Hay algo que hayáis hecho diferente esta vez?

Creo que, desde nuestras primeras grabaciones hasta el último EP, ya se podía percibir un cambio en nuestra forma de escribir. Este disco es, en cierto modo, la evolución de lo que empezamos allí.

No renegamos del sonido de nuestro primer disco, pero sí queríamos hacer algo más controlado. Aquel primer trabajo, aunque tuvo más tiempo de desarrollo, surgió de una manera más espontánea. En cambio, este disco, a pesar de haberse hecho en mucho menos tiempo, ha sido más consciente. O quizá no tanto, porque, como te decía, se ha grabado todo muy rápido, muchas veces a primeras tomas, pero sí teníamos muy claro cómo queríamos sonar.

Aun así, siguen estando presentes esos ecos de nuestros inicios. Seguimos siendo una banda de pop con guitarras, muy amante del fuzz, pero queríamos ver si éramos capaces de canalizar todo eso de otra manera, sin perder la rabia juvenil que llevamos arrastrando desde hace casi veinte años.

En esta ocasión, las canciones han nacido principalmente desde una guitarra acústica. Aunque mis conocimientos musicales son bastante limitados —no soy músico—, he intentado crear diferentes atmósferas que aportaran continuidad al disco, desde el primer tema hasta el último.

Además, hemos contado con la ayuda de otras personas que han sabido cubrir esos espacios a los que nosotros no llegábamos.

Si echamos la vista atrás, desde Flashing Light hasta ahora, seguís teniendo un sonido muy reconocible, pero también se nota una evolución. ¿Qué sentís que habéis aprendido en todo este tiempo?

Como ya te comentaba antes, creo que también la perspectiva que da el tiempo y la experiencia —desde entonces hemos grabado muchas más canciones con otros grupos— nos ha permitido enfocar las canciones de otra manera, y eso se ve reflejado claramente en este trabajo.

Aunque siguen siendo canciones pop, como en el primer disco, hemos intentado cuidar especialmente tanto las melodías como las estructuras. Aun así, creemos que, en esencia, seguimos siendo los mismos: haciendo las canciones que nos gustaría escuchar. Nuestros referentes, por supuesto, siguen muy presentes.

RJ, has pasado por proyectos muy distintos. ¿Qué es lo que hace especial a The Lions Constellation para ti? ¿Qué te ofrece que no encontrabas en otras bandas?

Cada una de las bandas en las que he tocado tiene algo especial. Siempre intento hacer cosas diferentes en cada proyecto en el que me involucro.

Por otro lado, como ya te comenté, no soy músico, y me resulta muy difícil formar parte de una banda en la que no escriba los temas. Al no tener una formación musical, necesito componer mis propias canciones y tocarlas a mi manera. Quizá eso haya podido limitar a mis bandas, pero es parte de mi forma de entender la música.

Como te decía, cada uno de mis proyectos cubre pequeños huecos dentro de mis gustos estilísticos, que son bastante variados y amplios. Además, aunque compongo siempre con guitarra acústica, en los directos suelo tocar distintos instrumentos dependiendo de la banda.

Habéis tocado con grupos como Interpol, Wire o The Horrors. Mirando atrás, ¿hay algún concierto o momento en vivo que recordéis como especialmente importante?

Sí, siempre es genial tocar con bandas con las que compartes afinidad o que, de alguna manera, han sido un referente. Además, girar con ellas también te abre a nuevos oyentes y te permite tocar para mucha gente que, de otro modo, probablemente no conocería tu música.

Cada concierto es especial y, a veces, el que menos esperas acaba siendo increíble. Siempre hay anécdotas. Ahora mismo me viene a la mente aquel concierto en el que abrimos para Interpol: la sala Apolo estaba llena a reventar. Salimos a tocar y, de repente, parte del público empezó a taparse los oídos… No sé si por el volumen y la intensidad del directo o porque, simplemente, no les gustábamos nada.

Ahora mismo el shoegaze está viviendo un nuevo renacer. ¿Cómo hacéis para mantener vuestra identidad dentro de esa escena?

Sí, es algo que nos están preguntando con bastante frecuencia. Supongo que, después de veinte años como banda, se espera que tengamos alguna respuesta al respecto. Pero tengo que decir que desconozco bastante el nuevo fenómeno del shoegaze; parece que hoy en día todo es shoegaze.

Lo único que puedo decir es que, cuando nosotros empezamos, no se hablaba tanto de este término. De hecho, aun siendo muy jóvenes, lo vivimos en primera persona y no fue algo tan sonado como lo es ahora. Muchas de las bandas que hoy se consideran referentes, en su momento no dejaban de ser grupos relativamente pequeños.

Para nosotros siempre ha sido algo natural: empezamos a tocar siguiendo a nuestros referentes, a las bandas que veíamos en directo cuando estaban de gira. Además, cuando editamos nuestro primer disco, aún faltaban muchos años para que todas esas bandas regresaran y se convirtieran en referentes para nuevas generaciones.

Me parece perfecto que la gente monte grupos y tome influencias actuales; si ahora el shoegaze está de moda, es lógico que surjan nuevas bandas dentro de ese sonido. Supongo que nosotros estamos un poco fuera de ese movimiento, tanto por una cuestión generacional como porque seguimos haciendo, en esencia, lo mismo que hacíamos hace veinte años.

En aquel momento no había una escena internacional como tal, y mucho menos en España. De hecho, siempre tuvimos más aceptación fuera que aquí. En algunos medios internacionales nos están mencionando como referentes, pero nos parece algo exagerado; nada más lejos de la realidad.

En vuestras canciones hay una mezcla entre ruido e intensidad, pero también mucha delicadeza en las melodías. ¿Cómo trabajáis ese equilibrio cuando componéis?

No dejamos de ser una banda de pop en la que prima la melodía, aunque después la vistamos de ruido. Son canciones melancólicas y, en cierta medida, nostálgicas.

Supongo que eso les da ese aire de atmósferas etéreas y delicadas, pero a la vez con cierto hedonismo ruidoso. Cada canción tiene vida propia y te pide cosas diferentes, pero, al formar parte de un disco, intentamos que todas mantengan una coherencia entre sí.

El 10 de abril presentáis New Moon Rising en Club Sauvage, en Barcelona. ¿Cómo imagináis ese concierto? ¿Qué os gustaría que se llevara el público de esa noche?

Esperamos que sea una noche especial, con momentos intensos y ruidistas, y otros más delicados e íntimos. Queremos que la gente que venga vuelva a casa con una sonrisa y con la sensación de haber escuchado canciones que los hayan llevado de viaje a momentos entrañables de su vida. Quizá haya sorpresas y toquemos canciones nuevas en las que ya estamos trabajando para un próximo lanzamiento.



viernes, marzo 20, 2026

RADAR SONORO: THE LIONS CONSTELLATION VUELVEN A LA CARGA

Después de más de una década en silencio, The Lions Constellation regresan con New Moon Rising (2025), un disco que marca su vuelta definitiva. La banda, formada en 2008 por RJ Sinclair, ya había dejado huella en la escena independiente con Flashing Light (2009), convirtiéndose en una de las propuestas más interesantes del shoegaze nacional.

A lo largo de los años han compartido escenario con nombres como Interpol o The Horrors, y han pasado por festivales como Primavera Sound. En 2021 dieron las primeras señales de regreso con el EP Under The Skin, adelantando el camino hacia esta nueva etapa.

Ahora, con este nuevo álbum, retoman su esencia: guitarras densas, atmósferas envolventes y ese equilibrio entre ruido y melodía que los define.

La presentación en directo será el próximo 10 de abril en el Club Sauvage de Barcelona. 



miércoles, febrero 11, 2026

ENTREVISTA A CELESTIAL BUMS: MUROS DE SONIDO Y RUPTURA ENVOLVENTE

Desde Barcelona, Celestial Bums llevan más de una década explorando los límites de la neo-psicodelia, el shoegaze y el dream pop. Considerados pioneros del género en España y convertidos en banda de culto dentro de la escena europea, su música traza viajes íntimos y cósmicos a través de paisajes sonoros envolventes y profundamente emocionales. Con Minutes From Heaven, su nuevo álbum, la banda firma el capítulo más personal y liberador de su trayectoria.

Desde vuestro debut en 2012 se os ha considerado una banda en constante transformación. ¿Cómo sentís que ha cambiado Celestial Bums a nivel creativo y humano a lo largo de estos años?

En el plano artístico y creativo, como bien dices, somos un grupo en constante transformación. En cada nuevo disco intentamos que nuestra esencia encuentre otros ropajes para poder manifestarse; nuestro ADN siempre está presente. A veces ocurre, como en nuestro primer álbum homónimo (2012), con canciones de diez minutos en un viaje más profundo e hipnótico; o como en Ascend (2016), donde el rock psicodélico y los muros de sonido cobran mucha fuerza. Después llegaría Sleep Inside a Horse (2020), con un sonido más nítido y abierto, anteponiendo los detalles a las capas de sonido y a la masificación de arreglos.

En el plano personal y humano, el cambio también ha sido importante. Hemos experimentado grandes transformaciones en nuestras vidas, y esto nos ha llevado a replantear muchas cosas: desde la composición y la grabación hasta la estructura y el formato de la banda a la hora de defender el directo. Pero lo misterioso de Celestial Bums es que, a pesar de las dificultades personales y los obstáculos que podemos encontrar ahí fuera, de una manera u otra la banda encuentra fisuras en el sistema para filtrar su música y su mensaje. Hay una fuerza que va más allá de nosotros que nos empuja a continuar.

Minutes From Heaven se presenta como vuestro trabajo más íntimo y personal. ¿En qué se diferencia este disco de los anteriores a la hora de componer y producir las canciones?

Como comentábamos, cada disco se ha hecho en circunstancias distintas, y este también ha sido el caso. La sensación es que en Minutes From Heaven el proceso, en conjunto, ha sido más espontáneo, más libre y ha fluido con mayor facilidad que en otras ocasiones.

A la hora de componer un posible nuevo disco teníamos claro que debía ser algo libre de prejuicios y fijaciones externas. No siempre es sencillo. Decidirnos a hacerlo fue una necesidad, pero conllevaba explorarnos a nosotros mismos sin saber cuáles iban a ser los resultados. No ha sido necesariamente un proceso corto, como imaginábamos al principio, pero los temas han surgido con más claridad y de forma más directa.

A nivel de producción, esta se ha quedado en casa. Hemos tomado las decisiones que considerábamos oportunas y, diría, nos hemos escuchado más que otras veces. Únicamente Bobby Hecksher, de The Warlocks, se involucró en el proceso de producción y nos dio su valiosa opinión, que por supuesto tuvimos en cuenta.

El álbum fue escrito durante un periodo de profunda transformación personal para Japhy Ryder. ¿Hasta qué punto lo emocional y lo vital marcaron el sonido y las letras del disco?

El proyecto había pasado por un periodo de menor actividad, y eso dio lugar a transformaciones vitales en otros ámbitos. Uno tiene que aprender a digerir esos cambios y no olvidar cómo quiere seguir escribiendo su propia vida ni qué decisiones debe tomar para lograrlo. Expresar cómo te sientes, descubrir qué resuena en tu interior…

Para Japhy, hacer todo eso a través de una melodía o una letra es una forma esencial de autoconocimiento y alivio.

Vuestra música siempre ha orbitado entre la neo-psicodelia, el shoegaze y el dream pop. ¿Creéis que este nuevo LP define de forma definitiva vuestro universo sonoro o es solo una nueva estación en el viaje?

Muy probablemente nuestro universo sonoro primordial nació con una impronta, una huella que, a lo largo de nuestros trabajos, ha seguido siendo muy reconocible. En este sentido, alcanzamos una madurez sonora desde nuestros inicios; de hecho, ese fue el gran punto de partida que nos unió a todos. Comprendimos bien la esencia de un estilo que por aquel entonces aún era bastante desconocido a nivel nacional, y éramos plenamente conscientes de ello.

 Por lo tanto, podríamos decir que nuestro nuevo trabajo, más allá de lo sonoro, plantea un universo más emocional y personal.

Habéis girado extensamente por Europa y compartido escenario con bandas clave del género. ¿Qué ha cambiado en vuestra forma de tocar en directo después de tantos kilómetros y experiencias compartidas?

Es un gran aprendizaje poder girar por Europa; uno aprende mucho observando cómo el otro se desarrolla en el escenario y también fuera de él. Resulta muy interesante situarse como observador y espectador de los músicos y bandas con los que compartimos cartel: se aprende muchísimo.

Es maravilloso poder salir de casa y encontrarte con un público y lugares nuevos. Es una experiencia profundamente inspiradora.

En vuestras canciones hay un equilibrio muy marcado entre la calma introspectiva y la catarsis distorsionada. ¿Ese contraste nace de forma consciente o es algo que surge de manera natural en el proceso creativo?

Creo que, al igual que nuestro sonido, en nuestra propia naturaleza oscilamos entre esos dos aspectos. Nos sentimos muy cómodos en los temas de medio tiempo, buscando constantemente una belleza envolvente que, a su vez, contenga momentos de ruptura.

Podemos decir que ese contraste del que hablas es necesario para expresarnos y que surge de manera natural durante el proceso.

Muchas críticas destacan que es en directo donde se revela vuestra verdadera intensidad. ¿Cómo afrontáis la adaptación de un disco tan introspectivo como Minutes From Heaven al escenario?

El directo es donde realmente somos felices y donde podemos expandirnos sin las limitaciones técnicas del estudio de grabación. En ese sentido, en nuestros nuevos conciertos volvemos al formato de quinteto, con tres guitarras sobre el escenario. Teníamos claro que, si regresábamos al directo, queríamos hacerlo con todas las consecuencias.

Eso nos da un extra de intensidad que nos gusta aportar en el live.

Mirando hacia adelante, ¿qué os gustaría que el oyente se lleve después de escuchar Minutes From Heaven de principio a fin, tanto a nivel emocional como sensorial?

Tenemos que aprender, como artistas, que una vez que el disco sale a la luz no podemos pretender controlar lo que el oyente debe sentir o percibir. Resulta muy ilusionante dejarse sorprender: aquellas ideas que dábamos por cerradas quizá se transforman cuando, del otro lado, surge una nueva visión de la canción.

Puede tratarse de una melodía que no era protagonista y que se descubre a medida que aumentan las escuchas, o de una frase de la letra que el oyente recibe y que conecta directamente con sus emociones, tanto a nivel emocional como sensorial.



lunes, septiembre 29, 2025

HAYLEY WILLIAMS — «EGO DEATH AT A BACHELORETTE PARTY» (POST ATLANTIC, 2025)

En su tercer trabajo en solitario, Hayley Williams firma un álbum ambicioso, orientado al pop, que recoge el testigo de los últimos discos de Paramore. Ego Death at a Bachelorette Party (Post Atlantic, 2025) habla de desamor, soledad, la sensación de no encajar, relaciones fallidas y la necesidad de borrar el pasado para reinventarse.

Se trata de un elepé ecléctico y variado, en el que Williams desgrana influencias tan dispares como Mammoth City Messengers, Phoenix o Bloodhound Gang. Baladas, medios tiempos y pegadizos himnos pop conviven sin fricciones en un ejercicio de pluralidad sonora. Ella misma toca guitarra, batería, bajo y teclados, reafirmando que además de ser una de las grandes voces de su generación, es también una multiinstrumentista solvente.

Con 18 canciones, el disco oscila entre la tristeza y el optimismo. Producido por Daniel James (Selena Gómez, Demi Lovato, Nicki Minaj), desafía las reglas del streaming con su duración extensa, pero no se hace largo: rock, trip hop, folk, synthpop, indie e incluso shoegaze se funden en un caleidoscopio emocional sin fisuras.

El álbum se publica bajo Post Atlantic, el sello propio de Williams, un movimiento que marca su ruptura definitiva con las estructuras de su antigua discográfica, Atlantic Records, y reafirma su apuesta por la independencia artística. Un gesto en la línea de otros nombres que, de Radiohead a Fiona Apple, han reclamado el control de su catálogo y han colocado la autonomía creativa en el núcleo de su trayectoria.

El primer adelanto, «Glum», condensa la esencia del álbum: pop melancólico sobre depresión y desconexión emocional, en la línea indie que Paramore ha explorado en los últimos años. «Do you ever feel so alone, that you could implode and no one would know?». Williams brilla en la interpretación vocal, a medio camino entre Gwen Stefani, Debbie Harry y Natalie Imbruglia, confirmando por qué se la considera una de las cantantes más poderosas de su generación.

Entre los cortes más sólidos del álbum, «Whim» abre fuego diseccionando relaciones conflictivas. «Love Me Different» vira hacia la luminosidad, un himno a soltar lastres y seguir adelante. La atmósfera se torna cinematográfica en «Dream Girl in Shibuya», casi un guiño directo a Lost in Translation y sus karaokes bañados por luces de neón. El pulso se intensifica con «Mirtazapine», donde aflora la dependencia química, y con «Disappearing Man», que funciona como catarsis tras la ruptura. «Negative Self Talk» suaviza las aristas con un tono vaporoso, cercano al dream pop. El broche lo pone «Ego Death at a Bachelorette Party», homónimo y arriesgado, que combina piano y base trip hop en un imaginario deliberadamente decadente —«I'll be the biggest star at this fucking karaoke bar, no use shootin' for the moon, no use chasing waterfalls»—, donde Williams consigue destacar incluso en el escenario más sombrío.

El segundo sencillo, «Parachute», es un grito de afirmación y esperanza, con un inesperado estallido guitarrero al final. «Watch me fall through the sky, watch me fly»... Un cierre arriesgado: no suele ser habitual relegar el single a las últimas posiciones del tracklist. En cambio, la apertura llega con «Ice in My OJ», feroz crítica a sus antiguos jefes de Atlantic Records: veinte años de contrato tirados a la basura, aunque sin rencor explícito.

La crítica ha recibido el álbum con entusiasmo: reseñas sobresalientes que aplauden la valentía de Williams, capaz de lanzarse al vacío sin miedo a las consecuencias. Con Ego Death at a Bachelorette Party, ha demostrado que se puede triunfar siguiendo sus propias reglas.




viernes, junio 02, 2023

«RADIOGRAFÍA DEL BRITPOP: EL SUEÑO BRITÁNICO DE LOS NOVENTA» (PRIMERA PARTE)

BLUR VS OASIS: LA BATALLA DEL BRITPOP

El 14 de agosto de 1995, en una guerra orquestada por la prensa, Blur —miembros de clase media estudiantes de arte del sur de Inglaterra— y Oasis —chicos duros de los barrios pobres del norte del país— lanzaban los sencillos Country House y Roll With It respectivamente. Una histeria colectiva similar a la de The Beatles contra The Rolling Stones, hizo que los compradores invadieran las tiendas de discos. Más que un entretenimiento, la música se había convertido en un fenómeno social que reflejaba las tensiones de la época. Al terminar la jornada, los primeros resultaron vencedores de la batalla aunque, a la larga, Oasis dominarían el mercado con el multiplatino (What's The Story) Morning Glory? (Creation, 1995). Con el paso de los años ambas formaciones reconocerían que fueron títeres de los medios cuyo único objetivo era alcanzar notoriedad y vender ejemplares. Por desgracia para Blur, su imagen pública frívola e irónica quedó empañada frente a la de Oasis, que se convirtieron en los héroes de la clase trabajadora; ello causó su derrota definitiva en los charts.            

GÉNESIS DEL BRITPOP

Inglaterra, finales de los ochenta. El gobierno de Margaret Thatcher había hundido el país en la miseria: privatización de empresas, educación y medios a favor de los poderosos, recortes presupuestarios, índices de desempleo alarmantes y sindicatos en franca decadencia. El Partido Conservador continuaría en el poder y John Major se preparaba para tomar el relevo de la Dama de Hierro.

El 27 de mayo de 1990, sumida una nube tóxica propiciada por todo tipo de narcóticos, en la Isla de Spike se celebraba un festival con Dave Haslam, Frankie Bones, Paul Oakenfold, Gary Clail y The Stone Roses como cabezas de cartel. «El Woodstock de la Generación Baggy» lo denominaron los medios. A pesar de la pésima organización por parte de los promotores, el calor agobiante y la mala calidad del sonido, treinta mil asistentes pudieron disfrutar de la consagración de Ian Brown sobre los escenarios. Puede que aquel concierto fuera el punto álgido de la Movida Madchester.       

Madchester: El final del Segundo Verano Del Amor

Mánchester, después del declive de Joy Division y The Smiths, volvía a enarbolar el cetro de la industria musical británica gracias al funk, la psicodelia, el house, la electrónica y el éxtasis. El Segundo Verano del Amor traía una sensación de libertad, hedonismo y diversión, todo ello propiciado por la necesidad de olvidar los años implacables del thatcherismo, las raves, el MDMA y el cambio de milenio. 

The Haçienda, club propiedad de Tony Wilson, fue el precursor que llevaría a la música de baile a la adoración popular. The Stone Roses, Happy Mondays, World Of Twist, Inspiral Carpets, The Farm, Soup Dragons, The Charlatans y unos reconvertidos Primal Scream alcanzaron los primeros puestos de los charts con sus melodías dance rock heredadas de los sesenta. Yes Please! (Factory, 1992) de Happy Mondays, en lugar de salvar la discográfica Factory la obligó a declararse en bancarrota: el disco había costado una fortuna que los miembros del grupo dilapidaron en drogas. Por otra parte, New Order había tardado demasiado tiempo en presentar Republic (Factory, 1993): las discotecas de Ibiza eran mucho más interesantes que el estudio. 

Como último punto negativo, traficantes operaban en el exterior de The Haçienda y los clientes consumían agua en vez de alcohol. Todo ello, junto a la persecución por parte de la policía de las raves clandestinas, terminó por hundir el movimiento. La administración liderada con sumo celo por Major consideraba la cultura del ácido perjudicial para la juventud.      

La escena se celebra a sí misma: Distorsión deudora de la Velvet Underground

El shoegaze (etiqueta cortesía de New Musical Express) abrió la caja de los truenos con sus guitarras ruidosas, feedback, atmósferas espaciales, voces etéreas y melodías inspiradas en Cocteau Twins y The Jesus And Mary Chain. Aunque el movimiento compartió espacio y tiempo con Madchester, no alcanzó la repercusión del primero y fue condenado al underground. Bandas como Ride, Curve, Catherine Wheel, Slowdive, Pale Saints, Chapterhouse y —grupo icónico del género— My Bloody Valentine marcarían la pauta a seguir del futuro revival de The Horrors, True Widow, Pains Of Being Pure At Heart o A Place To Bury Strangers.

Aparte de no contar con singles digeribles para las masas y discos que destacaran en las listas, la actitud poco llamativa de los músicos shoegaze carecía de interés para la presa inglesa que deseaba escándalos, declaraciones controvertidas e imágenes rompedoras para llamar la atención del público. Formaciones que alcanzarían celebridad en el auge del Britpop —Blur, Lush, The Boo Radleys, The Verve— darían sus primeros pasos encuadrados en el movimiento hasta que cambiaron de estilo para permanecer en la industria.

NACIMIENTO DEL BRITPOP

El éxito internacional de Nirvana con Smell Like Teen Spirit y, por extensión, Nevermind (Geffen, 1991) desató la fiebre grunge que dominó ambos lados del Atlántico hasta mediados de los noventa. Ello demostró a las casas discográficas que el rock alternativo podía obtener enormes beneficios comerciales. Sistemáticamente, el Reino Unido se sintió amenazado. Tanto Melody Marker como NME, defenestraron el género que había irrumpido en las costas británicas conjugando un fuerte sentimiento de orgullo nacional a la vez que suspiraban por encontrar a los nuevos The Smiths. 

La Cool Britannia que bebía del Swinging London de los 60 representado por los The Who, The Rolling Stones, The Kinks, The Beatles y The Small Faces, se convirtió en la moda imperante para resituar Londres como centro de la galaxia musical. Un ejercicio de retroalimentación nacido en Camden cargado de energía positiva, esperanza y electricidad que los jóvenes aceptaron de buena gana. Por otra parte, un nuevo tipo de masculinidad promocionado por Loaded hacía hincapié en la ordinariez, los valores de la clase obrera, la ingestión de cerveza y el fútbol. Los colores de la Union Jack y Paul Weller eran motivo de veneración. Todo fue un producto de mercadotecnia: las bases habían sido cimentadas y marcarían la pauta a seguir por el Britpop durante el próximo lustro.   


Aunque The Stone Roses fueron vaticinados como dioses del rock que dominarían el mercado, su lucha legal con Silvertone los dejó fuera de combate. Cuando quisieron resucitar con Second Coming (Geffen, 1994) la atención de la prensa y el público estaba centrada en Oasis y su vuelta fue un rotundo fracaso.

Suede: Ambigüedad y desesperación existencial

La publicación del single The Drowners de Suede —banda influenciada por Bowie, Scott Walker y Morrissey— tuvo excelentes críticas y disparó el nacimiento del Britpop. El grupo tenía todo lo necesario para destacar: artificio, teatralidad, un cantante capaz de proporcionar titulares jugosos, y temas amargos y provocativos que trataban sobre urbanidad, aislamiento, sexo confuso, suicidio y drogas. Su primer disco homónimo, Suede (Nude, 1993), batió récords de venta hasta la llegada de Oasis al año siguiente. A diferencia de Denim, Shack, The Auteurs o Saint Etienne, las revistas especializadas encumbraron a la formación. 

Suede fue un éxito en Inglaterra gracias a canciones como Metal Mickey, Animal Nitrate o So Young pero, al igual que le sucedería a Blur por aquel entonces, no lograron triunfar en Estados Unidos. El tándem formado por Anderson/Butler fue comparado con la asociación Morrissey/Marr hasta que, durante la grabación de su segundo álbum, el guitarrista se vio obligado a abandonar el grupo alegando diferencias creativas. La llegada de Dog Man Star (Nude, 1994) silenció a aquellos que los daban por acabados con un elepé ambicioso, depresivo y asfixiante liderado por We Are The Pigs, The Wild Ones o New Generation. Aunque el disco tuvo aclamación crítica, no despachó tantas unidades como su debut. 


AUGE DEL BRITPOP

Primera generación del movimiento:

Blur: Narradores abúlicos del pop británico

Leisure (Food, 1991) —un híbrido madchester/soeghaze de las corrientes prominentes de la época—, incluía temas como She’s So High, There’s No Other Way o Bang que no consiguieron la consagración que Blur anhelaba. La gira de promoción por Estados Unidos dejó una sensación amarga a los músicos que empezaron a tratar el grunge con desdén, detalle que les impidió tener éxito en tierras americanas durante sus años de mayor popularidad. 

Popscene fue el preludio de las irónicas canciones de tradición británica y narrativa social inspiradas en los libros de Martin Amis que impregnarían sus álbumes hasta la mitad de la década. Bajo la tutela de Stephen Street (The Smiths) Modern Life Is Rubish (Food, 1993) con For Tomorrow, Chemical World y Sunday, Sunday como singles, estaba imbuido en un sentimiento patriótico que bebía de The Kinks, XTC, The Jam, Ian Dury y Madness. El disco fue alabado por la crítica y el estrellato no tardaría en hacer mella en Damon Albarn al que el éxito de Suede le resultaba insoportable; mantener una relación con Justine Frischmann, anterior pareja de Brett Anderson, daría material sobre el que escribir a los tabloides sensacionalistas. 


Parklife (Food, 1994) gracias al corte bailable Girls & Boys, los llevaría al número uno en el Reino Unido. Considerado un clásico desde su lanzamiento, To The End, Parklife y End Of A Century se desempeñaron de forma positiva a nivel comercial. Aunque la fórmula empezaba a dar señales de cansancio, The Great Escape (Food, 1995) continúa siendo el trabajo más vendido de Blur. Country House, The Universal, Stereotypes y Charmless Man entraron en el Top Ten mientras la “guerra” contra Oasis continuaba su curso. 

Oasis: La banda del pueblo  

Oriundos de Mánchester e influenciados por el glam rock, el punk y, sobre todo, The Beatles, Oasis representaba la otra cara de la moneda de Blur. Criados en viviendas de protección oficial, obras y pubs de mala muerte, antes de entrar en el estudio de grabación, habían esculpido su repertorio tocando en vivo durante años. Definity Maybe (Creation, 1994) vendió la friolera de 18 millones de copias y ofreció un ramillete de clásicos para tararear en estadios de fútbol: Supersonic, Live Forever, Cigarettes & Alcohol y Rock ‘N’ Roll Star. Aunque su sonido fuera criticado por limitarse a la misma fórmula de impenetrables muros de guitarras y estribillos contagiosos, no impidió que el público los adorara de tal forma que, aunque los futuros lanzamientos de la banda fueron inferiores a las viejas glorias, continuarían agotando las entradas de sus actuaciones. 

Los hermanos Gallagher alcanzarían la fama gracias a sus actividades extramusicales: egos exorbitados, insultos contra la prensa, compañeros de profesión y ellos mismos, peleas constantes y cabezonería. Ello aportó una corriente de aire fresco al mainstream, siempre ávido de provocaciones. (What’s The Story) Morning Glory?, aunque obtuvo tibias críticas, pulverizó cualquier predicción al convertirse uno de los elepés más exitosos de todos los tiempos. A Some Might Say (primer número 1 de la banda) seguirían Roll With It y las baladas Wonderwall y Don't Look Back in Anger. De enarbolar la bandera del proletariado, Oasis se habían convertido en multimillonarios insoportables. Más peleas, cocaína, deportivos, relaciones tormentosas, mansiones de lujo y una gira triunfal los transformaría en la formación inglesa más representativa de los noventa; la controversia siempre ayuda a vender discos. 


Pulp: Francotiradores del Britpop


Pulp, banda liderada por el excéntrico Jarvis Cocker, después de más de una década intentando alcanzar el estrellato, logró repercusión comercial por primera vez en su carrera gracias a los cortes Babies, Lipgloss y Do You Remember The First Time? incluidos en His 'n' Hers (Island, 1994). Las brillantes letras de Cocker, protagonizadas por una serie de personajes marginados y triviales, mezclaban lo sublime con lo patético, noches de excesos y frustración sexual.

Los medios que los habían ignorado hasta entonces, al percibir su error, no tardaron en deshacerse en elogios ante la inventiva de la formación. Un año después, aprovechando la fiebre Britpop, Different Class (Island, 1995) apareció en el momento oportuno. Common People se convirtió en un himno que los catapultó al primer puesto de los charts. Nadie esperaba un éxito tan rotundo por parte de una banda que había permanecido en la periferia de la industria durante tanto tiempo. 


El sonido de Pulp, a diferencia de otros grupos de la época, estaba influenciado por la música disco, Roxy Music, el krautrock y David Bowie. Aparte de su tema más conocido, destacan Mis-Shapes, Sorted For E's & Wizz y Disco 2000. Cocker, al descubrir que la gloria no era tan dulce como aparentaba, no tardaría en rebelarse contra su recién adquirido estatus de ídolo multitudinario.