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lunes, noviembre 24, 2025

NOEL GALLAGHER’S HIGH FLYING BIRDS: «WHO BUILT THE MOON?» (SOUR MASH RECORDS, 2017)

Who Built the Moon? (Sour Mash Records, 2017) no constituyó la reinvención sonora que muchos esperaban de Noel Gallagher. El músico, precavido como siempre, no hizo sino actualizar viejas propuestas como Fuckin’ in the Bushes (de la que Kasabian tomarían buena parte de su sonido), Setting Sun y Let Forever Be (ambas con The Chemical Brothers), aportando un empaque electrónico y psicodélico acorde a aquella etapa de su carrera. En cualquier caso, si hubiera abandonado el estilo clásico que lo caracterizaba, le habrían llovido críticas por todas partes. El público y los medios, independientemente de la calidad de su trabajo, siempre encontraron motivos para protestar. Los dos primeros elepés de Oasis dejaron una huella tan profunda que ninguno de sus miembros pudo desmarcarse de ellos por mucho que lo intentara. Los fans seguían esperando himnos como Supersonic, Wonderwall, Cigarettes & Alcohol o Don’t Look Back in Anger. Seamos realistas: los buenos y viejos tiempos no volvieron.

Gallagher comentó en entrevistas que el productor David Holmes lo obligó a trabajar desde cero en el estudio; nada de rescatar canciones antiguas que no habían visto la luz. A pesar de la larga lista de colaboradores y músicos de sesión, el disco destacó por su propuesta compacta: luminoso, pegadizo y con grandes estribillos. Todos los cortes rayaron a gran altura y no aburrieron en ningún momento. «Holy Mountain» funcionó como carta de presentación: saxos, glam, surf de la Costa Oeste, coros infecciosos y Paul Weller al órgano. Un caballo ganador desde la primera escucha; aires setenteros que encajaron perfectamente en la obra del mancuniano. El sencillo definió lo que el público encontraría en el nuevo trabajo de los High Flying Birds.

«It's a Beautiful World» fue una de las mejores canciones del álbum: bailable y jovial, con recitado francés incluido, remitía a los años noventa cuando la cultura dance dominaba las listas británicas. Contó con un estribillo irresistible y una atmósfera festiva propia de New Order. «Fort Knox» funcionó como extensión de Fuckin’ in the Bushes: comenzaba con una alarma y un sintetizador ominoso para desembocar en una sección rítmica atronadora, coros y guitarras afiladas. Un mantra lisérgico que recordó a piezas de Primal Scream. Ideal para la vuelta a casa cuando la rave fue un fracaso y se necesitaban estímulos para contrarrestar la mala química en el cuerpo.

«Keep on Reaching» pudo haber encajado en Dig Out Your Soul (2008): sección rítmica urgente, piano, cuerdas, voces femeninas. El tema más rockero del disco, con sabor soul, en el que Gallagher puso toda la carne en el asador como cantante. «She Taught Me How to Fly» tuvo madera de clásico: nuevamente regresábamos a las pistas de baile, entre luces estroboscópicas y humo de hielo seco. Coros efectivos y un estribillo demoledor. Madchester siguió con vida. «Be Careful What You Wish For» bebió sin tapujos de Come Together de The Beatles. Pulso blues, coros, puente con teclados y tempo incisivo. Muchos le reprocharon dejarse influenciar (una vez más) por la banda más famosa de todos los tiempos. ¿Acaso eso suponía una novedad a esas alturas de su carrera?

«Black & White Sunshine», jangle pop con sección de vientos, remitió —como «Holy Mountain»— a los Beach Boys. Quizá fuera el tema más asequible del álbum. Riff de guitarra efectivo, estructura circular y fondo surfero. Los instrumentales «Interlude (Wednesday Part 1)» y «End Credits (Wednesday Part 2)» sirvieron como puente y despedida del disco. Piezas tranquilas y atmosféricas, con cierto aire melancólico, que no aportaron gran cosa al elepé. Un recurso utilizado, por cierto, en el célebre (What’s The Story) Morning Glory (1995). «If Love Is the Law» contó con guitarra y armónica de Johnny Marr. Colaboración de lujo que, igual que la de Weller, demostró que Gallagher estaba muy bien conectado en el mundo discográfico. Rock de toda la vida, aunque en este caso la producción llegó a saturar hasta el punto de que el trabajo de Marr no se apreciaba en su esplendor. Como despedida, la orquestal «The Man Who Built the Moon» resultó tan grandilocuente que podría haber pertenecido a Be Here Now (1997). A diferencia de los temas de aquella época, la megalomanía inducida por la cocaína no apareció. El corte, que no superó los cinco minutos, se escuchó con agrado.

Who Built the Moon? recibió críticas muy positivas y, con razón, fue considerado el mejor trabajo de los High Flying Birds. Gracias al Black Friday, vendió una cantidad generosa de ejemplares en Inglaterra. Noel Gallagher jugó bien sus cartas al despachar una propuesta a la altura de As You Were (2017) de Liam. El punto justo entre nostalgia, clasicismo y experimentación. Transitó caminos ya recorridos, pero aportó un empaque sonoro que lo hizo parecer novedoso. Comparar ambos trabajos —publicados casi en las mismas fechas— fue inevitable. Los hermanos Gallagher ya no competían contra Blur en las listas; ahora lo hacían entre ellos mismos. Poco había cambiado desde antaño y, para bien o para mal, seguía resultando estimulante.

Mientras tanto, tras años de rumores, desavenencias y comentarios ácidos en las redes sociales, Oasis finalmente regresó a la carretera con una gira que ha batido récords y que, tras conquistar estadios en todo el mundo, llegó a su fin hace apenas hace unas horas. 




sábado, junio 03, 2023

NOEL GALLAGHER'S HIGH FLYING BIRDS: «COUNCIL SKIES» (SOUR MASH RECORDS, 2023)

Después de un inicio titubeante, Noel Gallagher ha logrado labrarse una sólida carrera en solitario por la que pocos apostaban. Council Skies (Sour Mash Records, 2023) podría considerarse un resumen del camino recorrido hasta el presente: de chico norteño de procedencia humilde a estrella del rock con una trayectoria conseguida con sudor y esfuerzo. Noel ha aprendido a aceptar las grandezas y miserias del pasado. Ha vuelto a la línea de salida mucho más fuerte que antaño: la experiencia es un grado. 

Que nadie espere un cambio de paradigma, el mancuniano continúa fiel a sus raíces musicales: Paul Weller, Brian Wilson, Burt Bacharach y The Beatles. Grabado en el estudio casero Lone Star Studios del propio Gallagher con la colaboración de Paul Stacey, antiguo bajista e ingeniero de sonido de Oasis en el denostado Standing of the Soulder of Gigants (Big Brother, 2000), nos encontramos con un elepé optimista y contemplativo sin grandes aspavientos rockeros, en el que las texturas orquestales tienen más peso que las guitarras. No en vano, trabajó los numerosos arreglos de cuerda con la arreglista y violonchelista Rosie Danvers (Adele, Kanye West) en el mítico Abbey Road. 

Gallagher ha tomado prestado el título del disco de un libro del pintor Pete McKee —su universo de clase proletaria, zapatillas Clarks, bingos y fútbol encaja con la propuesta del cantante—, mientras que la portada —el equipo de High Flying Birds en el desmantelado estadio Maine Road—, homenajea al Manchester City. Después de sus últimos EPs influenciados por la música de baile en los que la electrónica jugaba un papel dominante, sorprende que Noel haya regresado a un estilo tradicional. 

La cálida I’m Not Giving Up Tonight abre con su mezcla de pop, cuerdas, vientos y aroma northern soul: «No matter how far, wherever I roam, the good lady said she’s gonna guide me home, keep dancing to the sound of the music is all»… recuerda Noel con añoranza. 

Pretty Boy fue el primer adelanto. Ochentera, pegadiza y con un bajo que remite a The Cure, cuenta con colaborador de lujo a la guitarra: Johnny Fucking Marr (The Smiths).  

Gallagher canta en falsete en la balada Dead to the World, pieza intimista que parece narrar su reciente divorcio: «I can lend you a dream, Til we meet again, I’m dead to the world, I don’t know where I’ve been»… Como intérprete, ha mejorado con los años. 

Open The Door, See What You Find —con Johnny Marr— y Trying to Find a World That’s Been and Gone: Part 1 son cortes sinfónicos estilo Whatever que tan buen resultado han dado al mancuniano desde siempre. Estos guardan muchas similitudes con el trabajo en solitario de Richard Ashcroft. 

Easy Now recuerda a The Fab Four de la etapa Revolver (1966). Medio tiempo ensoñador con solo de guitarra envolvente, un himno destinado a estadios. Su videoclip está protagonizado por la actriz Milly Alcock (La casa del dragón. HBO).

Council Skies también suena retro. Más arreglos de cuerda. Soleada y melancólica, trata sobre los años formativos de Gallagher: «Catch a falling star and we might drink to better days, hiding what we find behind the sun, thinking of what might have been, and what the future says, waiting on a train that never comes»… Puro The Beach Boys. 

En There She Blows! —con sus guitarras acústicas a lo George Harrison—, al igual que Love is a Rich Man— saxo y percusión que remite a The Stone Roses—, suben las revoluciones. Ambos temas podían haber encajado en el psicodélico Who Built the Moon? (Sour Mash Records, 2017). 

Think of a Number cierra con energía: «Let’s think of a number, and I’ll try to guess your name, let’s drink to the future, I hope it comes round again»… El futuro de Noel es un lienzo en blanco prometedor. 

En la edición Deluxe aparece el siguiente material: una actualización de la vieja cara B de Oasis, Don’t Stop…, la popera We’re Gonna Get There In the Endcovers de John Lennon —Mind Games— y Bob Dylan —You Ain’t Goin’ Nowhere—, instrumentales de varios temas del elepé, lujosos remixes de David Holmes, Pet Shop Boys y Robert Smith, y cortes de la actuación en el programa Radio 2 Session (2021). 

La espera de seis años ha valido la pena. Gallagher ha despachado una sólida colección de canciones que han recibido el aplauso unánime de la crítica. Por primera vez en su carrera solista, el fantasma de Oasis ha quedado atrás. El mancuniano ha publicado cinco sencillos, nada más y nada menos, echando toda la carne en el asador. 

Aunque se mueva en coordenadas musicales vintage, paradójicamente, Council Skies suena moderno. Tal como ha sucedido con anteriores álbumes, probablemente alcance el número 1 en las listas del Reino Unido. Motivo de sobra para que la anhelada reunión de Oasis continúe en el limbo. Nostalgia la justa. 





viernes, junio 02, 2023

«RADIOGRAFÍA DEL BRITPOP: EL SUEÑO BRITÁNICO DE LOS NOVENTA» (PRIMERA PARTE)

BLUR VS OASIS: LA BATALLA DEL BRITPOP

El 14 de agosto de 1995, en una guerra orquestada por la prensa, Blur —miembros de clase media estudiantes de arte del sur de Inglaterra— y Oasis —chicos duros de los barrios pobres del norte del país— lanzaban los sencillos Country House y Roll With It respectivamente. Una histeria colectiva similar a la de The Beatles contra The Rolling Stones, hizo que los compradores invadieran las tiendas de discos. Más que un entretenimiento, la música se había convertido en un fenómeno social que reflejaba las tensiones de la época. Al terminar la jornada, los primeros resultaron vencedores de la batalla aunque, a la larga, Oasis dominarían el mercado con el multiplatino (What's The Story) Morning Glory? (Creation, 1995). Con el paso de los años ambas formaciones reconocerían que fueron títeres de los medios cuyo único objetivo era alcanzar notoriedad y vender ejemplares. Por desgracia para Blur, su imagen pública frívola e irónica quedó empañada frente a la de Oasis, que se convirtieron en los héroes de la clase trabajadora; ello causó su derrota definitiva en los charts.            

GÉNESIS DEL BRITPOP

Inglaterra, finales de los ochenta. El gobierno de Margaret Thatcher había hundido el país en la miseria: privatización de empresas, educación y medios a favor de los poderosos, recortes presupuestarios, índices de desempleo alarmantes y sindicatos en franca decadencia. El Partido Conservador continuaría en el poder y John Major se preparaba para tomar el relevo de la Dama de Hierro.

El 27 de mayo de 1990, sumida una nube tóxica propiciada por todo tipo de narcóticos, en la Isla de Spike se celebraba un festival con Dave Haslam, Frankie Bones, Paul Oakenfold, Gary Clail y The Stone Roses como cabezas de cartel. «El Woodstock de la Generación Baggy» lo denominaron los medios. A pesar de la pésima organización por parte de los promotores, el calor agobiante y la mala calidad del sonido, treinta mil asistentes pudieron disfrutar de la consagración de Ian Brown sobre los escenarios. Puede que aquel concierto fuera el punto álgido de la Movida Madchester.       

Madchester: El final del Segundo Verano Del Amor

Mánchester, después del declive de Joy Division y The Smiths, volvía a enarbolar el cetro de la industria musical británica gracias al funk, la psicodelia, el house, la electrónica y el éxtasis. El Segundo Verano del Amor traía una sensación de libertad, hedonismo y diversión, todo ello propiciado por la necesidad de olvidar los años implacables del thatcherismo, las raves, el MDMA y el cambio de milenio. 

The Haçienda, club propiedad de Tony Wilson, fue el precursor que llevaría a la música de baile a la adoración popular. The Stone Roses, Happy Mondays, World Of Twist, Inspiral Carpets, The Farm, Soup Dragons, The Charlatans y unos reconvertidos Primal Scream alcanzaron los primeros puestos de los charts con sus melodías dance rock heredadas de los sesenta. Yes Please! (Factory, 1992) de Happy Mondays, en lugar de salvar la discográfica Factory la obligó a declararse en bancarrota: el disco había costado una fortuna que los miembros del grupo dilapidaron en drogas. Por otra parte, New Order había tardado demasiado tiempo en presentar Republic (Factory, 1993): las discotecas de Ibiza eran mucho más interesantes que el estudio. 

Como último punto negativo, traficantes operaban en el exterior de The Haçienda y los clientes consumían agua en vez de alcohol. Todo ello, junto a la persecución por parte de la policía de las raves clandestinas, terminó por hundir el movimiento. La administración liderada con sumo celo por Major consideraba la cultura del ácido perjudicial para la juventud.      

La escena se celebra a sí misma: Distorsión deudora de la Velvet Underground

El shoegaze (etiqueta cortesía de New Musical Express) abrió la caja de los truenos con sus guitarras ruidosas, feedback, atmósferas espaciales, voces etéreas y melodías inspiradas en Cocteau Twins y The Jesus And Mary Chain. Aunque el movimiento compartió espacio y tiempo con Madchester, no alcanzó la repercusión del primero y fue condenado al underground. Bandas como Ride, Curve, Catherine Wheel, Slowdive, Pale Saints, Chapterhouse y —grupo icónico del género— My Bloody Valentine marcarían la pauta a seguir del futuro revival de The Horrors, True Widow, Pains Of Being Pure At Heart o A Place To Bury Strangers.

Aparte de no contar con singles digeribles para las masas y discos que destacaran en las listas, la actitud poco llamativa de los músicos shoegaze carecía de interés para la presa inglesa que deseaba escándalos, declaraciones controvertidas e imágenes rompedoras para llamar la atención del público. Formaciones que alcanzarían celebridad en el auge del Britpop —Blur, Lush, The Boo Radleys, The Verve— darían sus primeros pasos encuadrados en el movimiento hasta que cambiaron de estilo para permanecer en la industria.

NACIMIENTO DEL BRITPOP

El éxito internacional de Nirvana con Smell Like Teen Spirit y, por extensión, Nevermind (Geffen, 1991) desató la fiebre grunge que dominó ambos lados del Atlántico hasta mediados de los noventa. Ello demostró a las casas discográficas que el rock alternativo podía obtener enormes beneficios comerciales. Sistemáticamente, el Reino Unido se sintió amenazado. Tanto Melody Marker como NME, defenestraron el género que había irrumpido en las costas británicas conjugando un fuerte sentimiento de orgullo nacional a la vez que suspiraban por encontrar a los nuevos The Smiths. 

La Cool Britannia que bebía del Swinging London de los 60 representado por los The Who, The Rolling Stones, The Kinks, The Beatles y The Small Faces, se convirtió en la moda imperante para resituar Londres como centro de la galaxia musical. Un ejercicio de retroalimentación nacido en Camden cargado de energía positiva, esperanza y electricidad que los jóvenes aceptaron de buena gana. Por otra parte, un nuevo tipo de masculinidad promocionado por Loaded hacía hincapié en la ordinariez, los valores de la clase obrera, la ingestión de cerveza y el fútbol. Los colores de la Union Jack y Paul Weller eran motivo de veneración. Todo fue un producto de mercadotecnia: las bases habían sido cimentadas y marcarían la pauta a seguir por el Britpop durante el próximo lustro.   


Aunque The Stone Roses fueron vaticinados como dioses del rock que dominarían el mercado, su lucha legal con Silvertone los dejó fuera de combate. Cuando quisieron resucitar con Second Coming (Geffen, 1994) la atención de la prensa y el público estaba centrada en Oasis y su vuelta fue un rotundo fracaso.

Suede: Ambigüedad y desesperación existencial

La publicación del single The Drowners de Suede —banda influenciada por Bowie, Scott Walker y Morrissey— tuvo excelentes críticas y disparó el nacimiento del Britpop. El grupo tenía todo lo necesario para destacar: artificio, teatralidad, un cantante capaz de proporcionar titulares jugosos, y temas amargos y provocativos que trataban sobre urbanidad, aislamiento, sexo confuso, suicidio y drogas. Su primer disco homónimo, Suede (Nude, 1993), batió récords de venta hasta la llegada de Oasis al año siguiente. A diferencia de Denim, Shack, The Auteurs o Saint Etienne, las revistas especializadas encumbraron a la formación. 

Suede fue un éxito en Inglaterra gracias a canciones como Metal Mickey, Animal Nitrate o So Young pero, al igual que le sucedería a Blur por aquel entonces, no lograron triunfar en Estados Unidos. El tándem formado por Anderson/Butler fue comparado con la asociación Morrissey/Marr hasta que, durante la grabación de su segundo álbum, el guitarrista se vio obligado a abandonar el grupo alegando diferencias creativas. La llegada de Dog Man Star (Nude, 1994) silenció a aquellos que los daban por acabados con un elepé ambicioso, depresivo y asfixiante liderado por We Are The Pigs, The Wild Ones o New Generation. Aunque el disco tuvo aclamación crítica, no despachó tantas unidades como su debut. 


AUGE DEL BRITPOP

Primera generación del movimiento:

Blur: Narradores abúlicos del pop británico

Leisure (Food, 1991) —un híbrido madchester/soeghaze de las corrientes prominentes de la época—, incluía temas como She’s So High, There’s No Other Way o Bang que no consiguieron la consagración que Blur anhelaba. La gira de promoción por Estados Unidos dejó una sensación amarga a los músicos que empezaron a tratar el grunge con desdén, detalle que les impidió tener éxito en tierras americanas durante sus años de mayor popularidad. 

Popscene fue el preludio de las irónicas canciones de tradición británica y narrativa social inspiradas en los libros de Martin Amis que impregnarían sus álbumes hasta la mitad de la década. Bajo la tutela de Stephen Street (The Smiths) Modern Life Is Rubish (Food, 1993) con For Tomorrow, Chemical World y Sunday, Sunday como singles, estaba imbuido en un sentimiento patriótico que bebía de The Kinks, XTC, The Jam, Ian Dury y Madness. El disco fue alabado por la crítica y el estrellato no tardaría en hacer mella en Damon Albarn al que el éxito de Suede le resultaba insoportable; mantener una relación con Justine Frischmann, anterior pareja de Brett Anderson, daría material sobre el que escribir a los tabloides sensacionalistas. 


Parklife (Food, 1994) gracias al corte bailable Girls & Boys, los llevaría al número uno en el Reino Unido. Considerado un clásico desde su lanzamiento, To The End, Parklife y End Of A Century se desempeñaron de forma positiva a nivel comercial. Aunque la fórmula empezaba a dar señales de cansancio, The Great Escape (Food, 1995) continúa siendo el trabajo más vendido de Blur. Country House, The Universal, Stereotypes y Charmless Man entraron en el Top Ten mientras la “guerra” contra Oasis continuaba su curso. 

Oasis: La banda del pueblo  

Oriundos de Mánchester e influenciados por el glam rock, el punk y, sobre todo, The Beatles, Oasis representaba la otra cara de la moneda de Blur. Criados en viviendas de protección oficial, obras y pubs de mala muerte, antes de entrar en el estudio de grabación, habían esculpido su repertorio tocando en vivo durante años. Definity Maybe (Creation, 1994) vendió la friolera de 18 millones de copias y ofreció un ramillete de clásicos para tararear en estadios de fútbol: Supersonic, Live Forever, Cigarettes & Alcohol y Rock ‘N’ Roll Star. Aunque su sonido fuera criticado por limitarse a la misma fórmula de impenetrables muros de guitarras y estribillos contagiosos, no impidió que el público los adorara de tal forma que, aunque los futuros lanzamientos de la banda fueron inferiores a las viejas glorias, continuarían agotando las entradas de sus actuaciones. 

Los hermanos Gallagher alcanzarían la fama gracias a sus actividades extramusicales: egos exorbitados, insultos contra la prensa, compañeros de profesión y ellos mismos, peleas constantes y cabezonería. Ello aportó una corriente de aire fresco al mainstream, siempre ávido de provocaciones. (What’s The Story) Morning Glory?, aunque obtuvo tibias críticas, pulverizó cualquier predicción al convertirse uno de los elepés más exitosos de todos los tiempos. A Some Might Say (primer número 1 de la banda) seguirían Roll With It y las baladas Wonderwall y Don't Look Back in Anger. De enarbolar la bandera del proletariado, Oasis se habían convertido en multimillonarios insoportables. Más peleas, cocaína, deportivos, relaciones tormentosas, mansiones de lujo y una gira triunfal los transformaría en la formación inglesa más representativa de los noventa; la controversia siempre ayuda a vender discos. 


Pulp: Francotiradores del Britpop


Pulp, banda liderada por el excéntrico Jarvis Cocker, después de más de una década intentando alcanzar el estrellato, logró repercusión comercial por primera vez en su carrera gracias a los cortes Babies, Lipgloss y Do You Remember The First Time? incluidos en His 'n' Hers (Island, 1994). Las brillantes letras de Cocker, protagonizadas por una serie de personajes marginados y triviales, mezclaban lo sublime con lo patético, noches de excesos y frustración sexual.

Los medios que los habían ignorado hasta entonces, al percibir su error, no tardaron en deshacerse en elogios ante la inventiva de la formación. Un año después, aprovechando la fiebre Britpop, Different Class (Island, 1995) apareció en el momento oportuno. Common People se convirtió en un himno que los catapultó al primer puesto de los charts. Nadie esperaba un éxito tan rotundo por parte de una banda que había permanecido en la periferia de la industria durante tanto tiempo. 


El sonido de Pulp, a diferencia de otros grupos de la época, estaba influenciado por la música disco, Roxy Music, el krautrock y David Bowie. Aparte de su tema más conocido, destacan Mis-Shapes, Sorted For E's & Wizz y Disco 2000. Cocker, al descubrir que la gloria no era tan dulce como aparentaba, no tardaría en rebelarse contra su recién adquirido estatus de ídolo multitudinario.




jueves, junio 01, 2023

«RADIOGRAFÍA DEL BRITPOP: EL OCASO DE LOS DIOSES» (SEGUNDA PARTE)

Segunda generación del movimiento:

El Britpop era una realidad y todas las bandas del momento querían su porcentaje de fama, dinero y adulación. Las casas discográficas, al descubrir el lucrativo negocio que tenían entre manos, hicieron lo imposible por fichar a nuevos grupos. Durante el periodo 94/98, Cast, Echobelly, Gene, Menswear, Kula Shaker, Ocean Colour Scene, Ash, Shed Seven, Sleeper, Catatonia, Placebo, The Verve, Super Furry Animals, Elastica, Supergrass, The Bluetones, Manic Street Preachers, The Boo Radleys, Sleeper, Mansun, Lush, Travis, Rialto y These Animal Men, entre muchos otros, invadieron las listas de ventas con diferente fortuna comercial. Inesperadamente, surgidos de las cenizas de Madchester, Shaun Ryder y Bez (Happy Mondays) lanzaban It's Great When You're Straight... Yeah (Radioactive Records, 1995) como Black Grape que, para sorpresa de todos, alcanzó el número 1 de los charts.

TONY BLAIR: LA POLÍTICA A FAVOR DEL BRITPOP       

Tony Blair, líder del Partido Laborista, intentó utilizar el Britpop para obtener votos entre los jóvenes. En un principio, Noel Gallagher y Damon Albarn, portavoces indiscutibles del movimiento, se sintieron atraídos por su propuesta hasta que, al percibir que pretendía manipularlos en beneficio propio, cesaron de brindarle su apoyo. Jarvis Cocker también fue tentado pero, fiel a su naturaleza desencantada y escéptica, no le concedió la menor oportunidad para conocerle. Tanto Albarn (Charmless Man) como Cocker (Cocaine Socialismresponderían con sendos temas que criticaban al Nuevo Laborismo.

EL DECLIVE DEL BRITPOP

Durante el 11 y el 12 de agosto de 1996, teloneados por The Charlatans, Ocean Colour Scene, The Chemical Brothers, Kula Shaker, Manic Street Preachers y The Prodigy, Oasis brindaron en Knebworth los conciertos más masivos de su carrera. Según la leyenda, habían despachado suficientes entradas como para tocar una semana entera, pero a Noel Gallagher le bastaron dos días para ofrecer su propuesta a las masas que lo adoraban. Quizá la banda tenía que haberse disuelto después de estas actuaciones irrepetibles. ¿Se podía llegar más lejos después de tocar ante medio millón de personas?      

Primeros síntomas de agotamiento:

Al igual que sucedió con Madchester, el Britpop tenía las horas contadas. Como producto de la época, cuando las bandas que lo representaban alcanzaron la gloria popular y económica, aparecieron las primeras grietas en forma de egos desmesurados, problemas con las drogas y el alcohol, tensiones internas, canciones mediocres y hastío vital.

El ejemplo perfecto sería Elástica, banda liderada por Justine Frischmann, influenciada por el punk y la New Wave, no había tenido problema alguno en llegar a los primeros puestos de las listas británicas y estadounidenses gracias a SutterLine Up y Connection. Demandas por plagio aparte, el éxito instantáneo no sentó bien al grupo: la adicción de Frischmann a la heroína junto al abandono de dos de sus miembros originales desintegró Elastica que, aunque intentó resucitar a principios del nuevo milenio, no tuvo continuidad.

Suede se encontraban en la cuerda floja: era necesario un cambio de rumbo, abandonar la oscuridad de los trabajos previos a favor de un enfoque más luminoso y comercial para asegurar su propia supervivencia. Coming Up (Nude, 1996) barrió cualquier duda acerca de la calidad de sus nuevas composiciones: Trash, Beautiful Ones, Saturday NightFilmstar fueron himnos destinados a las radiofórmulas que los proyectaron al estrellato internacional.
            
Durante la actuación de Michael Jackson en los premios Brit Awards de 1996, Cocker invadió el escenario con la intención de burlarse del egocentrismo del cantante y acaparar las portadas de los tabloides. Aquel acto, aunque le costó una noche en prisión, tuvo el efecto de aumentar el nivel de ventas de los elepés de Pulp. La nueva monarquía del pop se reía en la cara del rey del espectáculo sin vergüenza alguna.

Trainspotting (Danny Boyle, 1996), película de culto basada en la novela de Irvine Welsh que trataba sobre las desventuras de un grupo de heroinómanos de Edimburgo puede ser considerada la película definitiva sobre el Britpop. Su banda sonora contaba con temas de Blur, Pulp, Elastica, Sleeper y Damon Albarn, aparte de Underworld, Leftfield, New Order y Primal Scream. Una radiografía de los noventa a través de temas clásicos de los setenta como Lust For Life de Iggy Pop y Perfect Day de Lou Reed. ¿Acaso el movimiento no pretendía abrazar el futuro gracias a la exaltación de un pasado glorioso?        

La euforia ha desaparecido:

Finalmente, cuando el Britpop agonizaba, gracias al guitarrista Graham Coxon, Blur abrazó la música americana de la que tanto había renegado para reinventarse. En Blur (Food, 1997) la influencia de Pavement, Sonic Youth, Pixies y Dinosaur Jr. resulta innegable. Beetlebum, Song 2 y On Your Own pertenecen a lo que es considerado su última obra maestra. Por fin el grupo había logrado impactar en las listas de Estados Unidos.

Be Here Now (Creation, 1997) de Oasis, aunque tuvo ventas iniciales aplastantes no tardó en ser despedazado por los medios tachándolo de sobreproducido, autocomplaciente y con minutaje de sobra. Noel Gallagher tampoco dudó en criticar su propia obra y aniquilar a su hermano Liam como cantante y frontman, algo que tuvo una fuerte repercusión negativa sobre la opinión pública. Ninguno de los sencillos —D'You Know What I Mean, Stand By Me y All Around The World— duraba menos de cinco minutos y con el paso de los años fueron desterrados de las presentaciones en directo e incluso de su recopilatorio Stop the Clocks (Big Brother, 2006).    

Radiohead y The Verve, combos que habían permanecido a la sombra del Britpop, triunfaron con el seminal OK Computer (EMI, 1997) trabajo vanguardista y paranoide que se convertiría en el modelo musical a seguir durante siglo XXI—, y Urban Hymns (Hut, 1997) el canto del cisne del movimiento, con himnos memorables como Bitter Sweet Symphony, la balada The Drugs Don’t Work y Lucky ManAunque The Verve había publicado dos discos, fue necesario un sencillo de éxito para convertirse en superestrellas. El videoclip de Bitter Sweet Symphony —Richard Ashcroft caminando con arrogancia por una calle mientras choca contra todos aquellos se interponen ante su paso—se ha convertido por derecho propio en uno de los mejores de la historia de la música.  

El ocaso de los dioses:

Jarvis Cocker, harto de ser el centro de atención de los focos, se desmarcó de la corriente dominante con el arriesgado, desolador y experimental This Is Hardcore (Island, 1998). Abanderado por Help The Aged, This Is Hardcore y A Little Soul, pese a sus letras crípticas y pesimismo, el álbum tuvo una recepción entusiasta por parte de los medios. La última lúgubre obra maestra (a la altura de A Northern Soul de The Verve (Hut, 1995) y Dog Man Star de Suede) había sido liberada; ahora solo quedaría nostalgia al rememorar los días de gloria. 

EPÍLOGO

Décadas más tarde, en cierta manera, el Britpop continúa presente gracias a bandas como Coldplay, Keane, The Libertines, Snow Patrol, The Strokes, Kaiser Chiefs, Arctic Monkeys, The Killers, Bloc Party, The Hives o Kasabian. Supervivientes del movimiento como Jarvis Cocker, Brett Anderson, Richard Ashcroft, los hermanos Gallagher y Damon Albarn emprenderían carreras en solitario que, junto algún regreso puntual junto a sus antiguas formaciones, les haría mantenerse vigentes hasta la fecha. 

Manic Street Preachers volvió a la cumbre de las listas inglesas con The Ultra Vivid Lament (Columbia, 2022); Ash publicó Islands (Infectious, 2018); Blur ha anunciado The Ballad of Darren para el 2023; Ocean Colour Scene giró para revivir las glorias de Moseley Shoals (MCA, 1996); Pulp realizan su primer tour en una década en estos momentos; Travis lanzó 10 Songs (BMG, 2020); Kula Shaker continúa en la brecha con 1st Congregational Church of Eternal Love and Free Hugs (Strange F.O.L.K. Records, 2022); Radiohead reeditó el clásico OK Computer con motivo de su vigésimo aniversario; Cast, Saint Etienne, Shed Seven, Sleeper y The Boo Radleys también sacaron nuevos elepés; y unos renacidos Suede recorren la carretera promocionando Autofiction (BMG, 2022).


¿Quién dijo que el sueño británico de los noventa había muerto?




martes, mayo 30, 2023

OASIS: «SUPERSONIC: LAS ENTREVISTAS AUTORIZADAS, COMPLETAS Y SIN CORTES» (EDICIONES CÚPULA, 2023)

El pasado, la añoranza por tiempos mejores, es la moneda común del presente. La industria discográfica ha logrado sobrevivir a la piratería gracias a la venta constante del catálogo de sus artistas, veteranos o actuales. Reediciones, boxsets, cofres conmemorativos… Por poner un ejemplo, el vinilo ha vuelto por la puerta grande después de décadas de ostracismo. Nos encontramos en una buena época para que los melómanos actualicen sus colecciones de discos. 

En el caso de Oasis, la nostalgia vende. El documental Supersonic (Mat Whitecross, 2016) repasa la época dorada de la formación, el ascenso meteórico de una banda desconocida del norte de Inglaterra que despachó millones de discos y llenó estadios en menos de tres años. 

 

En Supersonic: Las entrevistas autorizadas, completas y sin cortes (Ediciones Cúpula, 2023), nos encontramos con la totalidad de las grabaciones realizadas a los hermanos Gallagher, familiares, miembros de Oasis, productores, amigos y colegas de profesión para el documental. Sin filtros, por supuesto, Liam y Noel Gallagher siempre se han caracterizado por no tener pelos en la lengua; su fanfarronería ha dado lugar a titulares desde los noventa. Las entrevistas del libro son amenas, divertidas, en ellas nos cuentan la historia de la banda. 

 

Los orígenes de Oasis

 

De origen humilde, criados en una vivienda de protección oficial, no guardan recuerdo agradable de un progenitor alcohólico y violento que los maltrataba durante su infancia. Ninguno destacó en los estudios, siendo Liam el alborotador y rebelde de la clase que ponía a los profesores contra las cuerdas. Noel, más introspectivo, desde temprana edad sintió predicción por tocar la guitarra y componer canciones. Podía pasar días sin abandonar su dormitorio. Con un equipo de música y su colección de discos tenía suficiente. 

 

Al llegar a la adolescencia, ambos empezaron a trabajar en todo tipo de labores en las que no destacaron. Liam, al descubrir la música a los 19 años, decidió que quería convertirse en una estrella del rock. Noel terminó como pipa de Inspiral Carpets. Ello le fue útil para entrar en el negocio, viajar por el mundo y adquirir experiencia que, posteriormente, llevaría a Oasis a la cima. 

 

Liam, en lo que su hermano recorría el planeta, decidió montar su propia banda, The Rain, con sus amigos Paul Bonehead Arthurs (guitarra), Paul Guigsy McGuigan (bajo) y Tony McCarroll (batería). Noel no tardaría en unirse como guitarrista y compositor. Lo primero que impuso fue cambiar el nombre del grupo. Dicho y hecho. Un detalle importante: en los tres primeros discos de Oasis todos los temas y arreglos fueron escritos por el mediano de los Gallagher. Noel los impulsó a un nivel que no hubieran llegado por sí mismos. 

 

La lucha entre los Gallagher por el poder fue constante durante toda la trayectoria de Oasis. Cuando empezaron, a Liam no le interesaban las labores de composición. Le bastaba con su arrogancia, actitud y presencia escénica. Cantar con toda su alma, dejándose las cuerdas vocales. Primero en cada concierto y, después, en el estudio. Cuando Noel adquirió suficiente confianza para compartir la labor de vocalista, Liam pensó que su hermano quería arrebatarle el puesto. Entre el amor y el odio, rivalidad y admiración… La intensidad fue el motor que movió a Oasis hasta su último bolo.  

 

Necesitaron años de ensayo —cinco días a la semana— para desarrollar su repertorio. Una banda ambiciosa, comprometida con la causa. Ninguno tenía experiencia como músico, tuvieron que trabajar duro. Las canciones por delante, objetivo primordial. Primero la melodía, después las voces. Tres tomas como máximo. El Boardwalk fue su local de ensayo antes de ofrecer sus primeros conciertos en el mismo. No interactuaban con el público. Ego norteño a la enésima potencia. Tocaban y abandonaban el escenario, sin bises. Liam se plantaba detrás del micrófono como una estatua; nada de bailes, palmadas o animar al respetable. Se limitaba a cantar sobre un sonido colosal de guitarra destinado a futuros estadios. Punto. Aunque en aquella época lo ignoraban, Oasis cumpliría su sueño de convertirse en superestrellas y dejar atrás los suburbios, los pubs de mala muerte y la cola del paro. 

 

La complicada grabación de Definitely Maybe 

 

Gracias a Alan McGee de Creation Records (The Jesus And Mary Chain, Primal Scream, My Bloody Valentine) consiguieron un contrato discográfico. La grabación de Definitely Maybe (Creation, 1994) fue complicada: a los cortes les faltaba potencia. Tuvieron que eliminarlo todo y empezar de cero. Fueron necesarios varios productores, estudios y horas de trabajo hasta que, gracias a Owen Morris (Ash, The Verve) lograron encontrar el sonido que los caracterizaría. Grabar cara a cara, como en los ensayos. Irlandeses, vocingleros y peleones, Oasis carecían de veleidades intelectuales. Fútbol, alcohol, marihuana y cocaína desde el principio, como buenos hooligans seguidores del Manchester City. Para ellos su debut solo fue un curro, similar a cargar bloques en una obra o cavar zanjas. El resultado: una fresca colección de temas de primer nivel, clásicos que continúan coreándose en eventos deportivos. 

 

El elepé los catapultó al estrellato con 18 millones de copias vendidas. Liam se encontraba pasado de vueltas, bebiendo y disfrutando de su estatus como frontman, incordiando a todo mundo y esnifando lo que le pusieran por delante. Con sus virtudes y defectos, el menor de los Gallagher siempre ha sido honesto en sus posturas. La gira estadounidense estalló por culpa de la ingesta indiscriminada de metanfetamina. El concierto en el Whisky a Go Go de Los Ángeles para toda la crema musical fue un desastre. Furioso, Noel salió espantado a San Francisco con una bolsa de farlopa como equipaje. ¿Para qué más? Primer conato de separación. A las pocas semanas regresaría a la banda. 

 

Orgullosos de su pasado, cuando se encontraron en la cima de una manera que pocas bandas han logrado igualar desde entonces, siguieron actuando como si estuvieran en un club. Oasis siempre destacó por su grandilocuencia, por considerarse dioses. Liam era partidario del caos, divertirse, beber y disfrutar de la vida. En el caso de ofrecer un bolo mediocre, lo único que podía hacerse era pasar página. Al día siguiente todo iría mejor. Rock & Roll como en los viejos tiempos.  

 

La rivalidad con Blur y el Britpop

 

Respecto a la etiqueta del Britpop, ninguno de los miembros de la banda se muestra de acuerdo con ella. Estaban por encima de los tópicos de la prensa. Mientras la rivalidad con Blur, apenas le dan importancia. Lo consideraban un grupo que no llegaba a la altura de Oasis. Que ambos sacaran single el mismo día, según Noel, fue por la insistencia de Damon Albarn en coincidir en las listas para competir contra ellos. «La batalla del Britpop» fue una estupenda estrategia de marketing que imitó la lucha de The Beatles Vs The Rolling Stones —la clase acomodada contra la clase obrera—, avivando la locura del público. El poder de la música en los noventa era diferente al del presente. Los medios hicieron lo imposible por desatar la polémica, por ponerlos en contra: funcionó. El paso del tiempo haría justicia: ahora mantienen una relación cordial con Blur. 

 

Durante la grabación de (What’s The Story) Morning Glory? (Creation, 1995), la banda pasó más tiempo en el pub que en el estudio. Morris volvió a encargarse de las labores de producción. La música se había vuelto avanzada, intimista, por consiguiente, McCarroll fue despedido a favor de Alan White; el miembro fundador no se encontraba a la altura de los que los Gallagher deseaban. No sería el primer cambio de músicos en el combo. Irónicamente, a Liam le costó pillarle el punto a Wonderwall. Aunque sea la canción más famosa de Oasis, en un principio no le gustaba. Noel se encontraba en un gran momento compositivo: Don't Look Back in AngerCast No Shadow o Champagne Supernova son prueba de ello. Directo, con las ideas claras, no quería perder el tiempo. Una noche Liam se presentó borracho con unos invitados. La situación estalló. Noel golpeó a su hermano con un bate de críquet en la cabeza, bronca general y el estudio quedó en ruinas. Por anarquía que no quede. 

 

El triunfo de (What’s The Story) Morning Glory

 

Las críticas de Morning Glory fueron negativas. No obstante, conectó con el público: 25 millones de copias despachadas. La mejor prueba de aquel triunfo arrollador fueron los directos: el respetable aprendió las canciones al momento. Los medios erraron: ninguno se atrevió a dar mala nota a Be Here Now (Creation, 1997) por miedo a parecer incompetentes. Después de un tiempo prudencial, lo destrozarían, por supuesto. 

 

La fama e influencia de la formación no cesaba de crecer. Imposible ignorar la presión. Oasis se encontraba en el centro del huracán mediático. No tenían ni idea de cómo lidiar con los paparazzis. Insultar a todo el mundo, sobre todo a la competencia, básicamente fue una broma para ellos. La industria los odiaba, pero el público los veneraba. Para bien o para mal, los de Mánchester fueron la banda más mediática surgida en el Reino Unido desde The Beatles. Noel alude cínicamente que le importa poco lo que piensen de él, lo único que le interesa es que la gente compre sus discos. También hace referencias al talento y la inspiración perdida, detalle que contrasta con su ego, por  no decir mesianismo.    

 

Los conciertos de Knebworth

 

El libro termina con los famosos conciertos de Knebworth —el Live Aid particular de Oasis—: Knebworth 1996 (Big Brother, 2021). Las entradas se agotaron de inmediato. Hablamos de una banda que pasó de tocar en clubs, universidades, auditorios y campos de fútbol en un periodo de tiempo increíblemente corto. No existía Internet o redes sociales. Medio millón de personas asistieron a aquellas dos noches que se han convertido en leyenda. Tal era su popularidad, que de haberlo querido, hubiesen actuado durante una semana, mínimo. 

 

Como coda, Liam se muestra conciliador, quiere hacer las paces con su hermano. ¿Tendremos la oportunidad de contemplar la reunión de Oasis durante los próximos años? Solo el tiempo proporcionará respuesta a la pregunta.