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lunes, noviembre 24, 2025

NOEL GALLAGHER’S HIGH FLYING BIRDS: «WHO BUILT THE MOON?» (SOUR MASH RECORDS, 2017)

Who Built the Moon? (Sour Mash Records, 2017) no constituyó la reinvención sonora que muchos esperaban de Noel Gallagher. El músico, precavido como siempre, no hizo sino actualizar viejas propuestas como Fuckin’ in the Bushes (de la que Kasabian tomarían buena parte de su sonido), Setting Sun y Let Forever Be (ambas con The Chemical Brothers), aportando un empaque electrónico y psicodélico acorde a aquella etapa de su carrera. En cualquier caso, si hubiera abandonado el estilo clásico que lo caracterizaba, le habrían llovido críticas por todas partes. El público y los medios, independientemente de la calidad de su trabajo, siempre encontraron motivos para protestar. Los dos primeros elepés de Oasis dejaron una huella tan profunda que ninguno de sus miembros pudo desmarcarse de ellos por mucho que lo intentara. Los fans seguían esperando himnos como Supersonic, Wonderwall, Cigarettes & Alcohol o Don’t Look Back in Anger. Seamos realistas: los buenos y viejos tiempos no volvieron.

Gallagher comentó en entrevistas que el productor David Holmes lo obligó a trabajar desde cero en el estudio; nada de rescatar canciones antiguas que no habían visto la luz. A pesar de la larga lista de colaboradores y músicos de sesión, el disco destacó por su propuesta compacta: luminoso, pegadizo y con grandes estribillos. Todos los cortes rayaron a gran altura y no aburrieron en ningún momento. «Holy Mountain» funcionó como carta de presentación: saxos, glam, surf de la Costa Oeste, coros infecciosos y Paul Weller al órgano. Un caballo ganador desde la primera escucha; aires setenteros que encajaron perfectamente en la obra del mancuniano. El sencillo definió lo que el público encontraría en el nuevo trabajo de los High Flying Birds.

«It's a Beautiful World» fue una de las mejores canciones del álbum: bailable y jovial, con recitado francés incluido, remitía a los años noventa cuando la cultura dance dominaba las listas británicas. Contó con un estribillo irresistible y una atmósfera festiva propia de New Order. «Fort Knox» funcionó como extensión de Fuckin’ in the Bushes: comenzaba con una alarma y un sintetizador ominoso para desembocar en una sección rítmica atronadora, coros y guitarras afiladas. Un mantra lisérgico que recordó a piezas de Primal Scream. Ideal para la vuelta a casa cuando la rave fue un fracaso y se necesitaban estímulos para contrarrestar la mala química en el cuerpo.

«Keep on Reaching» pudo haber encajado en Dig Out Your Soul (2008): sección rítmica urgente, piano, cuerdas, voces femeninas. El tema más rockero del disco, con sabor soul, en el que Gallagher puso toda la carne en el asador como cantante. «She Taught Me How to Fly» tuvo madera de clásico: nuevamente regresábamos a las pistas de baile, entre luces estroboscópicas y humo de hielo seco. Coros efectivos y un estribillo demoledor. Madchester siguió con vida. «Be Careful What You Wish For» bebió sin tapujos de Come Together de The Beatles. Pulso blues, coros, puente con teclados y tempo incisivo. Muchos le reprocharon dejarse influenciar (una vez más) por la banda más famosa de todos los tiempos. ¿Acaso eso suponía una novedad a esas alturas de su carrera?

«Black & White Sunshine», jangle pop con sección de vientos, remitió —como «Holy Mountain»— a los Beach Boys. Quizá fuera el tema más asequible del álbum. Riff de guitarra efectivo, estructura circular y fondo surfero. Los instrumentales «Interlude (Wednesday Part 1)» y «End Credits (Wednesday Part 2)» sirvieron como puente y despedida del disco. Piezas tranquilas y atmosféricas, con cierto aire melancólico, que no aportaron gran cosa al elepé. Un recurso utilizado, por cierto, en el célebre (What’s The Story) Morning Glory (1995). «If Love Is the Law» contó con guitarra y armónica de Johnny Marr. Colaboración de lujo que, igual que la de Weller, demostró que Gallagher estaba muy bien conectado en el mundo discográfico. Rock de toda la vida, aunque en este caso la producción llegó a saturar hasta el punto de que el trabajo de Marr no se apreciaba en su esplendor. Como despedida, la orquestal «The Man Who Built the Moon» resultó tan grandilocuente que podría haber pertenecido a Be Here Now (1997). A diferencia de los temas de aquella época, la megalomanía inducida por la cocaína no apareció. El corte, que no superó los cinco minutos, se escuchó con agrado.

Who Built the Moon? recibió críticas muy positivas y, con razón, fue considerado el mejor trabajo de los High Flying Birds. Gracias al Black Friday, vendió una cantidad generosa de ejemplares en Inglaterra. Noel Gallagher jugó bien sus cartas al despachar una propuesta a la altura de As You Were (2017) de Liam. El punto justo entre nostalgia, clasicismo y experimentación. Transitó caminos ya recorridos, pero aportó un empaque sonoro que lo hizo parecer novedoso. Comparar ambos trabajos —publicados casi en las mismas fechas— fue inevitable. Los hermanos Gallagher ya no competían contra Blur en las listas; ahora lo hacían entre ellos mismos. Poco había cambiado desde antaño y, para bien o para mal, seguía resultando estimulante.

Mientras tanto, tras años de rumores, desavenencias y comentarios ácidos en las redes sociales, Oasis finalmente regresó a la carretera con una gira que ha batido récords y que, tras conquistar estadios en todo el mundo, llegó a su fin hace apenas hace unas horas. 




sábado, junio 03, 2023

NOEL GALLAGHER'S HIGH FLYING BIRDS: «COUNCIL SKIES» (SOUR MASH RECORDS, 2023)

Después de un inicio titubeante, Noel Gallagher ha logrado labrarse una sólida carrera en solitario por la que pocos apostaban. Council Skies (Sour Mash Records, 2023) podría considerarse un resumen del camino recorrido hasta el presente: de chico norteño de procedencia humilde a estrella del rock con una trayectoria conseguida con sudor y esfuerzo. Noel ha aprendido a aceptar las grandezas y miserias del pasado. Ha vuelto a la línea de salida mucho más fuerte que antaño: la experiencia es un grado. 

Que nadie espere un cambio de paradigma, el mancuniano continúa fiel a sus raíces musicales: Paul Weller, Brian Wilson, Burt Bacharach y The Beatles. Grabado en el estudio casero Lone Star Studios del propio Gallagher con la colaboración de Paul Stacey, antiguo bajista e ingeniero de sonido de Oasis en el denostado Standing of the Soulder of Gigants (Big Brother, 2000), nos encontramos con un elepé optimista y contemplativo sin grandes aspavientos rockeros, en el que las texturas orquestales tienen más peso que las guitarras. No en vano, trabajó los numerosos arreglos de cuerda con la arreglista y violonchelista Rosie Danvers (Adele, Kanye West) en el mítico Abbey Road. 

Gallagher ha tomado prestado el título del disco de un libro del pintor Pete McKee —su universo de clase proletaria, zapatillas Clarks, bingos y fútbol encaja con la propuesta del cantante—, mientras que la portada —el equipo de High Flying Birds en el desmantelado estadio Maine Road—, homenajea al Manchester City. Después de sus últimos EPs influenciados por la música de baile en los que la electrónica jugaba un papel dominante, sorprende que Noel haya regresado a un estilo tradicional. 

La cálida I’m Not Giving Up Tonight abre con su mezcla de pop, cuerdas, vientos y aroma northern soul: «No matter how far, wherever I roam, the good lady said she’s gonna guide me home, keep dancing to the sound of the music is all»… recuerda Noel con añoranza. 

Pretty Boy fue el primer adelanto. Ochentera, pegadiza y con un bajo que remite a The Cure, cuenta con colaborador de lujo a la guitarra: Johnny Fucking Marr (The Smiths).  

Gallagher canta en falsete en la balada Dead to the World, pieza intimista que parece narrar su reciente divorcio: «I can lend you a dream, Til we meet again, I’m dead to the world, I don’t know where I’ve been»… Como intérprete, ha mejorado con los años. 

Open The Door, See What You Find —con Johnny Marr— y Trying to Find a World That’s Been and Gone: Part 1 son cortes sinfónicos estilo Whatever que tan buen resultado han dado al mancuniano desde siempre. Estos guardan muchas similitudes con el trabajo en solitario de Richard Ashcroft. 

Easy Now recuerda a The Fab Four de la etapa Revolver (1966). Medio tiempo ensoñador con solo de guitarra envolvente, un himno destinado a estadios. Su videoclip está protagonizado por la actriz Milly Alcock (La casa del dragón. HBO).

Council Skies también suena retro. Más arreglos de cuerda. Soleada y melancólica, trata sobre los años formativos de Gallagher: «Catch a falling star and we might drink to better days, hiding what we find behind the sun, thinking of what might have been, and what the future says, waiting on a train that never comes»… Puro The Beach Boys. 

En There She Blows! —con sus guitarras acústicas a lo George Harrison—, al igual que Love is a Rich Man— saxo y percusión que remite a The Stone Roses—, suben las revoluciones. Ambos temas podían haber encajado en el psicodélico Who Built the Moon? (Sour Mash Records, 2017). 

Think of a Number cierra con energía: «Let’s think of a number, and I’ll try to guess your name, let’s drink to the future, I hope it comes round again»… El futuro de Noel es un lienzo en blanco prometedor. 

En la edición Deluxe aparece el siguiente material: una actualización de la vieja cara B de Oasis, Don’t Stop…, la popera We’re Gonna Get There In the Endcovers de John Lennon —Mind Games— y Bob Dylan —You Ain’t Goin’ Nowhere—, instrumentales de varios temas del elepé, lujosos remixes de David Holmes, Pet Shop Boys y Robert Smith, y cortes de la actuación en el programa Radio 2 Session (2021). 

La espera de seis años ha valido la pena. Gallagher ha despachado una sólida colección de canciones que han recibido el aplauso unánime de la crítica. Por primera vez en su carrera solista, el fantasma de Oasis ha quedado atrás. El mancuniano ha publicado cinco sencillos, nada más y nada menos, echando toda la carne en el asador. 

Aunque se mueva en coordenadas musicales vintage, paradójicamente, Council Skies suena moderno. Tal como ha sucedido con anteriores álbumes, probablemente alcance el número 1 en las listas del Reino Unido. Motivo de sobra para que la anhelada reunión de Oasis continúe en el limbo. Nostalgia la justa.