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lunes, mayo 25, 2026

SHOEGAZE: LA ESCENA QUE CONVIRTIÓ LA MELANCOLÍA EN RUIDO (PRIMERA PARTE)

El regreso de una leyenda

Osaka, Japón, 3 de febrero de 2026. My Bloody Valentine, banda esencial del movimiento shoegaze, regresó a los escenarios después de ocho años de ausencia. Kevin Shields siempre se ha caracterizado por su perfeccionismo. Fiel a sus inquietudes artísticas, jamás ha seguido los dictados de la industria.

Precursores del movimiento

A mediados de los ochenta, grupos como The Jesus & Mary Chain jugaban en una liga diferente al resto de sus coetáneos. Ruido y sensibilidad, la crudeza de The Stooges con las armonías de los Beach Boys. Aquel fue el primer paso, la semilla que alimentaría el movimiento con guitarras sobresaturadas de efectos, fuzz y voces angelicales. Una banda que abrazó el caos en directo para convertir el ruido en arte.

Tema clave: «Never Understand»

Cocteau Twins, con sus atmósferas etéreas, guiadas por la voz misteriosa de Elizabeth Fraser, representan un universo propio. Dream pop en estado puro. Canciones de otra galaxia, con títulos imposibles, envueltas en una niebla imposible de descifrar.

Tema clave: «Cherry-Coloured Funk»

Spacemen 3 llevaron la distorsión y la psicodelia a un territorio inexplorado. Desde Rugby, Peter Kember y Jason Pierce construyeron un sonido basado en la repetición hipnótica, drones y estructuras minimalistas que desafiaban cualquier lógica comercial.

Tema clave: «Revolution»

The House of Love, surgidos en Londres, apostaron por guitarras reverberantes y luminosas, pero teñidas de una melancolía típicamente británica. Liderados por Guy Chadwick, combinaron sensibilidad pop con muros de sonido que los acercaban al primer shoegaze sin perder gancho melódico.

Tema clave: «Shine On»

Más extremos fueron The Telescopes, provenientes de Burton, que llevaron la abrasión guitarrística al límite. Su sonido, áspero y saturado, se movía entre el noise rock y la psicodelia más densa, con Stephen Lawrie al frente. Cero concesiones: ruido, feedback e intensidad abrumadora.

Tema clave: «Flying»

Y en el extremo opuesto, Galaxie 500, desde Boston, ofrecieron un refugio íntimo y etéreo. Con Dean Wareham como líder, desarrollaron un folk eléctrico de tempos lentos, guitarras envolventes y una sensibilidad casi onírica. Subestimados durante años, tendieron un puente decisivo entre el indie rock y el posterior auge del shoegaze.

Tema clave: «Blue Thunder»

La edad dorada del género

El término shoegaze nació por la costumbre de los músicos de mirar constantemente al suelo durante los conciertos, pendientes de sus pedales de efectos. La prensa británica utilizó la etiqueta de forma despectiva, pero terminó dando nombre a una de las escenas más influyentes del rock alternativo de los noventa.

Loveless, de My Bloody Valentine, fue un punto de inflexión. Un trabajo que tardó casi dos años en ver la luz, con unos costes de producción que —según la leyenda— llevaron a Creation Records al borde de la quiebra. Un disco irrepetible que redefinió la forma de entender las guitarras y la producción dentro del indie rock.

Tema clave: «Sometimes»

Slowdive fue otra banda angular del movimiento. Melancólicos y atmosféricos, crearon música de una belleza casi fantasmal. Una banda atemporal que dejó huella y que, con el paso de los años, terminó siendo reivindicada por nuevas generaciones.

Tema clave: «When The Sun Hits»

Ride, directos y enérgicos, combinaron muros de sonido con un enfoque más inmediato del shoegaze. Canciones veloces, guitarras expansivas y un pie puesto en el power pop.

Tema clave: «Leave Them All Behind»

Curve representaron la cara más oscura y electrónica del shoegaze. Infravalorados durante años, adelantaron buena parte del sonido industrial y alternativo que después popularizarían bandas como Garbage o Nine Inch Nails.

Tema clave: «Coast Is Clear»

Aunque Chapterhouse solo publicaron dos elepés, dejaron un sonido hipnótico y profundamente noventero. Psicodelia, bases bailables y guitarras flotando sobre capas de ruido.

Tema clave: «Pearl»

Catherine Wheel llevaron el shoegaze hacia terrenos más musculosos. Guitarras densas, cercanas al metal, que mezclaban intensidad alternativa con melodías épicas cargadas de emoción.

Tema clave: «Crank»

Drop Nineteens ofrecieron una lectura más americana del género. Shoegaze enérgico e intenso, entre el ruido y la nostalgia. Ideal para las radios universitarias de la época.

Tema clave: «Winona»

Swervedriver recogieron parte del testigo de Spacemen 3 y del rock más caótico. Velocidad, distorsión y canciones que sonaban como conducir de madrugada por una autopista eterna.

Tema clave: «Duel»

Y por último, Pale Saints, delicadeza melancólica y soñadora. Más pop de lo que parecían a primera vista, pero igual de importantes que el resto del movimiento.

Tema clave: «Sight of You»



viernes, noviembre 28, 2025

CRÓNICA FIRA B! 2025

Fira! B 2025 fue el latido mediterráneo de la creación contemporánea. Un punto de encuentro donde la música y las artes escénicas dialogan con el mundo, donde la tradición se reinventa y la vanguardia cobra forma.

Durante varios días, Mallorca se convirtió en un escenario abierto, un cruce de caminos donde artistas, programadores y público compartieron un mismo impulso: descubrir, experimentar y conectar. Fira! B no solo exhibió talento; lo celebró, lo impulsó y lo proyectó más allá del mar.

Esta edición miró al futuro con la energía de lo local y la visión de lo global. Una invitación a escuchar nuevas voces, a dejarse sorprender por la diversidad y a entender el arte como un territorio sin fronteras.

Primera jornada musical (jueves 6 de noviembre, Teatre Municipal Xesc Forteza)

La tarde del jueves 6 de noviembre, el Teatre Municipal Xesc Forteza acogió la primera jornada dedicada a la música dentro de Fira! B 2025. Sobre el escenario, una cuidada selección de formaciones mostró la riqueza de los sonidos vinculados al jazz y sus múltiples ramificaciones.

El evento abrió con Pere Bujosa, quien presentó una propuesta que mezcla folclore balear, jazz moderno y música electrónica. Luego actuó Carmen Vela, fusionando flamenco, swing y ritmos latinos con un enfoque jazzístico. El Cuarteto de Clélya Abraham ofreció una combinación de músicas caribeñas, de La Reunión, clásica y jazz moderno. Ovella Negra aportó una puesta en escena donde la tradición y el jazz interactuaron con un fuerte componente teatral. Finalmente, el Biel Ballester Photonic Quintet cerró la jornada con una interpretación del jazz del siglo XX, ampliando el formato manouche con trompeta y trombón para crear un sonido sofisticado sin batería.

El jazz es clásico y, al mismo tiempo, moderno. Cuna de grandes músicos, donde la improvisación constituye una parte ineludible de su esencia. Evoca clubes llenos de humo, copas de bourbon y barras solitarias. El jazz es Charlie Parker, Miles Davis, John Coltrane y Billie Holiday. Es romanticismo, bares de carretera, y sueños suspendidos en un solo interminable. Es Dean Moriarty y Sal Paradise en un Buick, devorando millas en busca del sueño americano. Es precisión, sobriedad y elegancia.

El evento continuó en el ático del Hotel Saratoga con un ambiente cercano. K12 abrió con una actuación enérgica y espontánea, resaltando la esencia del género en la proximidad con el público. Luego, The Apple Thief aportó frescura con una mezcla de soul, funk y hip hop. El cierre estuvo a cargo de Endless Trio, que presentó su elepé New Horizont en un clima íntimo marcado por un piano envolvente, poniendo un broche de calma a la jornada.

La velada evidenció la variedad inabarcable de subgéneros del jazz y la vitalidad de una escena que, partiendo de los instrumentos esenciales del género —piano, contrabajo y batería—, continúa reinventándose con creatividad.

Segunda jornada musical (viernes 7 de noviembre, Teatre Municipal Maruja Alfaro)

Al día siguiente, en el Teatre Municipal Maruja Alfaro (Mar i Terra), y en paralelo a las ponencias sobre la industria musical, actuaron Anna Colom —cantaora con influencias flamencas— y Two Little Rooms, un proyecto íntimo y delicado, cuya voz, la de Aina Zanoguera, podría encajar perfectamente en cualquier disco de dream pop de los ochenta.

Por la tarde, el resto de la jornada tuvo lugar en Es Gremi, repartida en tres salas y marcada por un notable eclecticismo. La programación incluyó a Mòpia, Pascuale Caló, Theorem of Joy, Blau Salvatge, Pedro Rosa & Lakki Patey, Kosmonauci y Roseye —en clave jazz—, así como a Tamara Kramar —soul y pop—, los potentes Cool Aid —indie rock— y los psicodélicos Brama —con una puesta en escena anfetamínica—. También actuaron Saïm y Peligro!, representantes del pop rock.

En el ámbito de la música tradicional destacó Ella Crevani, L’Aranná, Toc de Crida, Ganna —cuyo estilo evocaba a la Björk de los noventa—, Boc —new age con aires de espagueti western— y el dúo Carmen y María, que fusionó flamenco y rumba con gran acogida del público. Para cerrar, Lyras Hëll aportó un estallido de glam metal con influencias de bandas como Mötley Crüe o Poison: un desenlace tan inesperado como contundente.

Fue una jornada intensa, cargada de buena música y de estilos muy diversos que, lejos de chocar entre sí, encajaron a la perfección dentro de la propuesta del festival.

Tercera jornada musical (sábado 8 de noviembre, Motorworld)

Durante la mañana del sábado, nuevamente en el Teatre Municipal Maruja Alfaro, se celebraron nuevas ponencias sobre festivales de música y la audiencia moderna, alternadas con dos conciertos: When the Robin Sings y Anouck, ambos situados entre el folk, el formato acústico y las canciones emotivas con bonitos juegos de voces.

La siguiente parada fue en Motorworld, donde tres escenarios y una exposición de coches creaban un ambiente vibrante. Entre los vehículos destacaba un espectacular Dodge Charger del 67, capaz de eclipsar incluso a los modelos más modernos. A diferencia del día anterior, la programación musical se centró en el pop, el indie y el rock.

David Cabot abrió la jornada —el cronista aprovechó para adquirir álbum Collage en la zona de merchandising, donde se echó en falta un catálogo más amplio de los grupos participantes—. Le siguieron Alejandra Burgos Band —blues clásico—, el estupendo R&B de Miss Blanche, Komodo García con su energía discofunk y Sara Azurza aportando matices soul.

También actuaron Victoria Lerma, enérgica y rockera, O’o, Nadia Sheik y Marta Knight, dentro de coordenadas más indies; así como las jóvenes Al·lèrgiques al Pol·len, Go Cactus y Niños Raros, formaciones con influencias del pop noventero patrio.

En el terreno electrónico destacaron Jordi Maranges, Soy David Goodman y Damasso. En el caso de Soy David Goodman, una bailarina acompañó sus atmósferas de estética espacial. Damasso —mi combo favorito de todo el festival— ofreció un sonido que recordó a Tame Impala, con un estilo bailable ideal para un chill out playero. Cabe destacar el trombón, que llegaba a eclipsar la parte sintética. Impresionantes.

Y como colofón, actuaron Pau Walters i els AvantGardistas, una propuesta de hip hop con letras combativas y críticas hacia la sociedad. Igual que el día anterior, fue un cierre imprevisto.

Fira B! 2025 celebró su décimo aniversario por todo lo alto. Un festival heterogéneo, con un ambiente excelente y una organización impecable en todos los aspectos —desde el catering, los horarios de los conciertos hasta el funcionamiento de las barras—. La calidad de los grupos convirtió esta edición en una experiencia magnífica que no dudaría en repetir y que puede servir como referencia para el resto de festivales españoles. Dudo que los asistentes se sintieran decepcionados.