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domingo, marzo 15, 2026

ENTREVISTA A CLAUDIA TOMÀS: «YEARNINGS OF MODERN LIFE [EP]» (2025)

Claudia Tomàs Ricketts, cantante y compositora mallorquina, debuta con su primer EP Yearnings of Modern Life, una obra que fusiona pop, soul, folk y jazz. Tras años de formación y búsqueda personal, Claudia presenta un sonido íntimo y honesto que reflexiona sobre los anhelos y contradicciones de la vida moderna. Grabado en directo junto a destacados músicos en Alquimia Records, su trabajo marca el inicio de una prometedora etapa creativa.

¿Qué fue lo que finalmente te impulsó a dar el paso de dejar la timidez atrás y empezar a compartir tu música con el mundo?

Fue gracias a tener buenos amigos, que resultan ser también buenos músicos. Me animaron a hacer algo con esas ganas y, además, quisieron acompañarme en ello. Me lo pusieron súper fácil y coincidimos en gustos, ilusión y en querer dedicarnos tiempo para montar un proyecto.

De casualidad me escucharon cantar en una reunión de amigos durante las fiestas de Navidad del pueblo y, con la soltura de unas copas de más, fue como empezó todo :D

En tu biografía se menciona ese periodo de pausa, introspección y formación: ¿qué aprendiste de ti misma durante ese tiempo y cómo ha influido en tu música?

Llegó un punto en el que me sentí frustrada con el trabajo en equipo. Lo que empezó como un proyecto de versiones fue mutando hacia un proyecto de composiciones propias. Estuvimos durante varios años intentando construir juntos un álbum, pero había falta de compromiso y cada uno parecía remar en direcciones diferentes.

El sueño de poder escribir canciones de una manera más autónoma se me hizo de repente muy urgente, porque, aunque ya escribía, me limitaba a la letra y la melodía, sin acompañamiento instrumental. Así que empecé por fin estudios de manera más formal y estructurada: teoría musical, lenguaje, guitarra y canto.

Me enfrenté a sentirme más intrusa que nunca, a pensar que no iba a llegar o que, si llegaba, iba tarde… y, con cada pasito, de repente, como por arte de magia, mi enfoque cambió. Dejé de sentir esa prisa, aprendí a disfrutar del proceso sin presionarme y empecé a abrirme, compartiendo lo que componía sin miedo a las opiniones ajenas.

Fue un proceso realmente bonito, porque me permití por fin expresarme y disfrutarlo a la vez. Se fue disipando el miedo a que fuera o no suficientemente bueno, y también el apuro de compartir sentimientos o vivencias.

Además, coincidió con un cambio de residencia a otra comunidad autónoma y ya no estaba cerca de mis compañeros musicales, así que dejé de hacer bolos —o hacía muy poquitos—. Mis ingresos principales pasaron a venir de otro sitio, y mis momentos musicales se han limitado en los últimos años a estar de puertas para adentro, en mi rincón de casa, aprendiendo, tocando y disfrutando. Así es como han salido las canciones: con mimo y respeto hacia ellas y hacia mí como compositora. Creo que esa delicadeza y cautela al comunicar se refleja en la música, sin rebasar límites y con ese acompañamiento sutil que arropa.

El EP Yearnings of Modern Life mezcla pop, soul, folk y jazz: ¿cómo surgió esta fusión de estilos y qué te atrae de cada uno?

Del jazz vocal me encantan la sutileza y la elegancia; del pop, que se le permita ser muy sencillo y, aun así, transmitir muchísimo; del folk, la sensibilidad para contar historias; y del soul, la garra que sale de dentro.

Diría que la fusión de estos estilos surgió de manera orgánica, fruto de las influencias que me han acompañado desde que era niña y de la música que he escuchado a lo largo de mi vida. Mi padre es cantautor y, además, se ha ganado la vida tocando versiones. En casa escuchábamos muchísimos artistas de los años 70, como Crosby, Stills & Nash, Neil Young, David Gates, The Beatles, Simon & Garfunkel o Bob Dylan. Él, además, compone y canta en un estilo muy pop/rock y folk, incluso con canciones en catalán y de folklore local.

Por otro lado, mi abuelo, británico y melómano, escuchaba jazz a todas horas. Recuerdo especialmente las Navidades al son de Ella Fitzgerald y Louis Armstrong, y también su devoción por Frank Sinatra. Siempre cantaba, y además lo hacía muy bien.

Durante la adolescencia y la primera etapa adulta tuve una época en la que me encantaban el reggae, el rap y el drum and bass; era lo que más escuchábamos con mis amistades en ese momento. Yo me obsesioné completamente con la manera soulera de cantar de Aniki, colaboradora de algunos de los artistas más conocidos del panorama hip hop nacional. Me di cuenta de que las canciones que más disfrutaba eran aquellas con colaboraciones de cantantes o las que incluían samples de temas más clásicos como, por ejemplo, «Cry Me a River» de Julie London, y así fui volviendo a estos estilos.

Con el tiempo descubrí también música de Brasil, boleros y artistas como Melody Gardot, Mayra Andrade, Lianne La Havas o Judit Neddermann. Así ha ido surgiendo esta mezcla de estilos como una manera de definir mi música, que al final no deja de ser pop, pero atravesada por todas estas influencias que me han acompañado. Y, por supuesto, cabe destacar el acompañamiento tan jazzístico de los increíbles músicos que forman parte del proyecto.

Grabaste en directo en estudio con músicos de gran nivel: ¿cómo fue esa experiencia y qué reto supuso para ti?

He tenido una suerte increíble porque, además de ser excelentes en su profesión, son personas bellísimas. Y, a pesar de que mi background no sea tan académico ni riguroso, me han acogido y acompañado siempre con extrema delicadeza, sintiendo además admiración y animándome con mi trabajo. Creo que la clave ha sido esa: sentirme tan cómoda y arropada.

Las canciones ya existían, y yo les llevé los acordes y la melodía, además de algunas indicaciones, pero ellos aportaron justo lo que necesitaban, entendiendo incluso mejor que yo lo que pedían. También me animaron a optar por este estilo de grabación: en directo y compartiendo espacio. Para mí fue algo súper mágico; se creó una atmósfera que todavía hoy me emociona.

Ver cómo las canciones cobraban vida y poder compartirlas de una manera tan cercana e íntima fue increíble. En el silencio del estudio de Jordi Tugores, sentados de forma que podíamos mirarnos y sentirnos directamente, se consiguió captar un momento que no habría sido posible en una grabación convencional por pistas. Esta tiene también sus ventajas, pero para este proyecto y estas canciones no era lo que buscaba.

Las letras de tu EP hablan de los “anhelos humanos de la vida contemporánea”: ¿hay experiencias personales que quieras compartir que inspiraron esas canciones?

En estos últimos años se me ha hecho muy evidente que el mundo en el que vivimos es como si ya no estuviera preparado para los seres humanos en su sentido más biológico, como especie. Estamos condicionados por un entorno que se ha alejado tanto de lo natural que ya no nos sentimos cómodos en él: los ritmos de la productividad, la exigencia de alcanzar metas y logros socialmente esperados, la globalización, vivir lejos de nuestros lugares de origen y de la gente querida, la soledad, y el hecho de estar cada vez más desconectados de la naturaleza y de nuestros ritmos biológicos —expuestos a luz artificial, sin ver el aire libre ni la luz del sol, sin pisar la tierra ni ver las montañas—.

Y aunque este disco se llama así, me doy cuenta de que probablemente todo lo que escriba tenga que ver con este contexto :D. Pero lo que quería transmitir con el título es que no siempre podemos responsabilizarnos de manera individual por no poder adaptarnos, por sentir esa incomodidad. Está bien expresarla y no culparnos, porque si no se genera aún más malestar.

Creo que lo justo, ante estas sensaciones, es responsabilizar a un entorno contemporáneo demasiado exigente, capitalista y deshumanizado, que no nos deja ser humanos, en lugar de responsabilizar a una persona que no consigue estar totalmente adaptada y en paz. Vivimos en un entorno para el que ya no estamos diseñados.

He tenido que atravesar un proceso personal muy largo para empoderarme y darme cuenta de que no tengo ningún problema emocional o mental, sino que, de hecho, es normal sentir incomodidad y malestar en el entorno actual.

En estas canciones también aparece mucho esa contradicción interna de dedicarte a un trabajo más convencional o corporativo cuando eres artista, y, en general, de vivir en un mundo tan contradictorio. Es imposible que todo sea blanco o negro: la vida está llena de matices, que a veces incluyen dos extremos muy opuestos de una misma cosa. Ser capaz de abrazar esa contradicción constante es súper valioso para habitar este contexto de vida moderna que nos envuelve.

¿Cómo fue para ti el proceso de componer en inglés siendo nativa en ese idioma y residente en un entorno como Mallorca? ¿Qué ventajas o desafíos encontraste?

Para mí fue algo que surgió de manera natural. Es verdad que, aunque hablo inglés de forma nativa y mi fonética suena completamente británica, tengo más soltura y vocabulario en catalán o castellano, porque mi vida fuera de casa siempre transcurrió en estos idiomas.

A medida que he ido avanzando en mi camino como artista y compositora, he tenido que reconocer que componer en inglés es una manera de sentirme menos expuesta en un entorno como Mallorca. Al final, mis canciones hablan de vivencias personales, y cantarlas en inglés hace que sienta una cierta sensación de cobijo.

Recuerdo que, cuando empecé a enseñar mis primeras canciones a mis compañeros, ya con el primer grupo que tuve, incluso vocalizaba mal para que no me entendieran :D. Así que, como ventaja, está la de sentirme más resguardada.

Y aunque hay mucha población extranjera en Mallorca, yo me dirijo en mis comunicaciones a un público local y me expreso normalmente en catalán. Por eso, al final sí se genera una pequeña barrera y quizá no se llegue tanto al público local.

¿Qué esperas que sienta o experimente el oyente al escucharte? ¿Cuál es el mensaje, o la emoción, que quisieras dejar?

Pienso que pueden emocionarse al sentir el dolor, la incomodidad o esos anhelos conmigo, pero que, a la vez, sientan paz. Porque se dan cuenta de que no están solos, de que todos habitamos este mismo mundo y de que lo que me está afectando a mí ahora seguramente también les ha afectado a ellos, o conocen a alguien a quien le está afectando.

Sobre todo, lo que quiero transmitir es paz y ese mensaje de que no están solos. Y, aunque pueda parecer un poco cliché, que se pueden tener conversaciones vulnerables que, en realidad, fortalecen. Que no hay tanto peso que debamos cargar solos.

Mirando hacia el futuro: ¿qué sigue para ti después de este EP? ¿Proyectos en marcha, colaboraciones deseadas o nuevos territorios artísticos que te gustaría?

Como parte de este proceso artístico que he ido transitando, me he soltado y he empezado a componer en catalán. Es como si ya estuviera preparada para que también me salieran canciones en este idioma. Y estas canciones ya las estamos incluyendo en el setlist del directo.

Así que lo que espero, sobre todo, es poder conectar con el público. Hay muchísimas ganas de conseguir oportunidades para compartir el EP y las nuevas canciones en vivo, de hacer rodar este setlist y de seguir dando forma al proyecto desde el directo. De hecho, arrancamos con el primer concierto de presentación el 29 de noviembre, en el Teatro Rafel Ramis de Bunyola (Mallorca), y fue una sesión de 60 minutos de disfrute total: de conectar y de, por fin, poder ver la forma de estos temas —y de nosotros como banda— fuera del estudio y sin pantallas de por medio.

Ya a medio plazo, me encantaría grabar y publicar un segundo EP con estas nuevas composiciones y, tal vez, alguna versión de música muy especial para mí. Y sacar un disco en formato físico, incluyendo tanto Yearnings of Modern Life (que, de momento, solo existe en formato digital) como los nuevos temas.

Y, a largo plazo, me encantaría poder crecer y llegar a públicos de más territorios: desde las Islas Baleares hacia Cataluña, Valencia, Madrid y el resto de España. Y, ¿quién sabe? ¿Tal vez Portugal, Francia, Reino Unido? Pasito a pasito, pero de verdad pienso que son territorios donde nuestra música funcionaría muy bien.


viernes, noviembre 28, 2025

CRÓNICA FIRA B! 2025

Fira! B 2025 fue el latido mediterráneo de la creación contemporánea. Un punto de encuentro donde la música y las artes escénicas dialogan con el mundo, donde la tradición se reinventa y la vanguardia cobra forma.

Durante varios días, Mallorca se convirtió en un escenario abierto, un cruce de caminos donde artistas, programadores y público compartieron un mismo impulso: descubrir, experimentar y conectar. Fira! B no solo exhibió talento; lo celebró, lo impulsó y lo proyectó más allá del mar.

Esta edición miró al futuro con la energía de lo local y la visión de lo global. Una invitación a escuchar nuevas voces, a dejarse sorprender por la diversidad y a entender el arte como un territorio sin fronteras.

Primera jornada musical (jueves 6 de noviembre, Teatre Municipal Xesc Forteza)

La tarde del jueves 6 de noviembre, el Teatre Municipal Xesc Forteza acogió la primera jornada dedicada a la música dentro de Fira! B 2025. Sobre el escenario, una cuidada selección de formaciones mostró la riqueza de los sonidos vinculados al jazz y sus múltiples ramificaciones.

El evento abrió con Pere Bujosa, quien presentó una propuesta que mezcla folclore balear, jazz moderno y música electrónica. Luego actuó Carmen Vela, fusionando flamenco, swing y ritmos latinos con un enfoque jazzístico. El Cuarteto de Clélya Abraham ofreció una combinación de músicas caribeñas, de La Reunión, clásica y jazz moderno. Ovella Negra aportó una puesta en escena donde la tradición y el jazz interactuaron con un fuerte componente teatral. Finalmente, el Biel Ballester Photonic Quintet cerró la jornada con una interpretación del jazz del siglo XX, ampliando el formato manouche con trompeta y trombón para crear un sonido sofisticado sin batería.

El jazz es clásico y, al mismo tiempo, moderno. Cuna de grandes músicos, donde la improvisación constituye una parte ineludible de su esencia. Evoca clubes llenos de humo, copas de bourbon y barras solitarias. El jazz es Charlie Parker, Miles Davis, John Coltrane y Billie Holiday. Es romanticismo, bares de carretera, y sueños suspendidos en un solo interminable. Es Dean Moriarty y Sal Paradise en un Buick, devorando millas en busca del sueño americano. Es precisión, sobriedad y elegancia.

El evento continuó en el ático del Hotel Saratoga con un ambiente cercano. K12 abrió con una actuación enérgica y espontánea, resaltando la esencia del género en la proximidad con el público. Luego, The Apple Thief aportó frescura con una mezcla de soul, funk y hip hop. El cierre estuvo a cargo de Endless Trio, que presentó su elepé New Horizont en un clima íntimo marcado por un piano envolvente, poniendo un broche de calma a la jornada.

La velada evidenció la variedad inabarcable de subgéneros del jazz y la vitalidad de una escena que, partiendo de los instrumentos esenciales del género —piano, contrabajo y batería—, continúa reinventándose con creatividad.

Segunda jornada musical (viernes 7 de noviembre, Teatre Municipal Maruja Alfaro)

Al día siguiente, en el Teatre Municipal Maruja Alfaro (Mar i Terra), y en paralelo a las ponencias sobre la industria musical, actuaron Anna Colom —cantaora con influencias flamencas— y Two Little Rooms, un proyecto íntimo y delicado, cuya voz, la de Aina Zanoguera, podría encajar perfectamente en cualquier disco de dream pop de los ochenta.

Por la tarde, el resto de la jornada tuvo lugar en Es Gremi, repartida en tres salas y marcada por un notable eclecticismo. La programación incluyó a Mòpia, Pascuale Caló, Theorem of Joy, Blau Salvatge, Pedro Rosa & Lakki Patey, Kosmonauci y Roseye —en clave jazz—, así como a Tamara Kramar —soul y pop—, los potentes Cool Aid —indie rock— y los psicodélicos Brama —con una puesta en escena anfetamínica—. También actuaron Saïm y Peligro!, representantes del pop rock.

En el ámbito de la música tradicional destacó Ella Crevani, L’Aranná, Toc de Crida, Ganna —cuyo estilo evocaba a la Björk de los noventa—, Boc —new age con aires de espagueti western— y el dúo Carmen y María, que fusionó flamenco y rumba con gran acogida del público. Para cerrar, Lyras Hëll aportó un estallido de glam metal con influencias de bandas como Mötley Crüe o Poison: un desenlace tan inesperado como contundente.

Fue una jornada intensa, cargada de buena música y de estilos muy diversos que, lejos de chocar entre sí, encajaron a la perfección dentro de la propuesta del festival.

Tercera jornada musical (sábado 8 de noviembre, Motorworld)

Durante la mañana del sábado, nuevamente en el Teatre Municipal Maruja Alfaro, se celebraron nuevas ponencias sobre festivales de música y la audiencia moderna, alternadas con dos conciertos: When the Robin Sings y Anouck, ambos situados entre el folk, el formato acústico y las canciones emotivas con bonitos juegos de voces.

La siguiente parada fue en Motorworld, donde tres escenarios y una exposición de coches creaban un ambiente vibrante. Entre los vehículos destacaba un espectacular Dodge Charger del 67, capaz de eclipsar incluso a los modelos más modernos. A diferencia del día anterior, la programación musical se centró en el pop, el indie y el rock.

David Cabot abrió la jornada —el cronista aprovechó para adquirir álbum Collage en la zona de merchandising, donde se echó en falta un catálogo más amplio de los grupos participantes—. Le siguieron Alejandra Burgos Band —blues clásico—, el estupendo R&B de Miss Blanche, Komodo García con su energía discofunk y Sara Azurza aportando matices soul.

También actuaron Victoria Lerma, enérgica y rockera, O’o, Nadia Sheik y Marta Knight, dentro de coordenadas más indies; así como las jóvenes Al·lèrgiques al Pol·len, Go Cactus y Niños Raros, formaciones con influencias del pop noventero patrio.

En el terreno electrónico destacaron Jordi Maranges, Soy David Goodman y Damasso. En el caso de Soy David Goodman, una bailarina acompañó sus atmósferas de estética espacial. Damasso —mi combo favorito de todo el festival— ofreció un sonido que recordó a Tame Impala, con un estilo bailable ideal para un chill out playero. Cabe destacar el trombón, que llegaba a eclipsar la parte sintética. Impresionantes.

Y como colofón, actuaron Pau Walters i els AvantGardistas, una propuesta de hip hop con letras combativas y críticas hacia la sociedad. Igual que el día anterior, fue un cierre imprevisto.

Fira B! 2025 celebró su décimo aniversario por todo lo alto. Un festival heterogéneo, con un ambiente excelente y una organización impecable en todos los aspectos —desde el catering, los horarios de los conciertos hasta el funcionamiento de las barras—. La calidad de los grupos convirtió esta edición en una experiencia magnífica que no dudaría en repetir y que puede servir como referencia para el resto de festivales españoles. Dudo que los asistentes se sintieran decepcionados.



domingo, marzo 26, 2023

LANA DEL REY: «DID YOU KNOW THAT THERE’S A TUNNEL UNDER OCEAN BLVD» (INTERSCOPE/ POLYDOR, 2023)

«A menudo me encontraba pensando, “¿Así que este es el lado oscuro que ellos ven y yo no?” Entonces eso abrió una puerta para entender todo lo que había estado pasando desde que era una niña. Era un regalo escondido».

Lana Del Rey

Durante los últimos años, concretamente a partir de Norman Fucking Rockwell (2019), Lana Del Rey ha alcanzado el reconocimiento que merecía desde principios de su carrera. Su universo lánguido y decadente, velado por relaciones tormentosas, nostalgia y oscuridad, no fue del agrado de todos. Los medios se cebaron acusándola de soporífera, glamurizar el abuso y ser un producto prefabricado. A diferencia de sus coetáneas —Billie Eilish, Adele, Taylor Swift, Lorde, Sky Ferreira, Miley Cyrus o Selena Gómez—, la estadounidense ha recibido ataques implacables por parte del público y la prensa. Motivo que la obligó a prescindir de las redes sociales, entrevistas y giras durante una temporada para centrarse en su música.

Lana siempre ha sido una artista contradictoria, vulnerable y dramática. La tristeza es su marca de fábrica; el amor que causa profundas cicatrices espirituales imposibles de olvidar. Una mirada taciturna que desgrana el falso sueño americano sin ambages. Imágenes de Los Ángeles: el Paseo de la Fama, Santa Mónica, Laurel Canyon, Venice Beach, Sunset Street, Mulholland Drive, Hollywood… La melancolía acompaña su obra, el anhelo de un pasado glorioso, del eterno verano de la juventud. Los hermosos perdedores —boyfriends— son su fuente de inspiración.

Pese a sus numerosos detractores, Del Rey ha mantenido una carrera prolífica: nueve discos —todos de una calidad notable— en los que el sexo, el glamur, la soledad, el misterio y la búsqueda personal van unidos de la mano. Sin contar con bandas sonoras, covers y docenas de featurings con artistas de toda índole. 

En 2021 tuvo la osadía de publicar dos álbumes que salieron con siete meses de diferencia: Chemtrails over the Country Club y Blue Banisters. Resulta evidente que la cantante se encuentra por encima de las presiones comerciales, del estrellato, de la opinión pública e incluso de las listas de ventas. Autenticidad en estado puro.

Did You Know That There’s a Tunnel Under Ocean Blvd (Interscope/Polydor, 2023) continúa la estela de trabajos previos. Un álbum barroco en el que explora su mundo interior junto a una lista de productores —Jack Antonoff, Mike Hermosa, Drew Erickson, Zach Dawes, Benji— e invitados —Jon Batiste, Father John Misty, Bleachers, Tommy Genesis, SYML, Riopy— de lujo. Sensual, elegante, sofisticada y ambigua, Lana ofrece una serie de cortes autobiográficos que hablan de su familia, fe, relaciones rotas, el hogar, maternidad, amor, el futuro, fama, sueños y la pérdida de los seres queridos. Omnipresentes melodías de piano, guitarras acústicas y etéreos arreglos orquestales nos retrotraen a los años setenta en muchos temas. En esta ocasión, aunque no parezca posible, resta lugar para la esperanza.

En el primer sencillo homónimo nos encontramos en el interior del Jergins Tunnel de L.A., aislados, anhelando un futuro mejor. Una balada en crescendo mecida por cuerdas en la que Lana suplica a un amante invisible «Fuck me to death, love me until I love myself» (“Fóllame hasta la muerte, ámame hasta que me ame a mí misma”) antes de su cierre. ¿Quién dijo que el romanticismo había muerto?

The Grants es una pieza góspel en la que se acompaña de las armonías de Melodye Perry, Pattie Howard y Shikena Jones. Las coristas fallan al principio, revisan la letra y vuelven a empezar. Cualquier otro músico hubiera corregido el tema, sin embargo, para Del Rey el error es válido. Toda una declaración de intenciones.

En la cinematográfica Sweet, la neoyorquina recupera su papel de femme fatale inalcanzable. El tipo de mujer que nunca podrá pertenecer a nadie por la sencilla razón de que es demasiado fuerte para entregarse. Unos versos para el recuerdo: «I’m a different kind of woman, if you want some basic bitch, go to the Beverly Center and find her». (“Soy una clase diferente de mujer. Si quieres una zorra básica, ve al Berverly Center y encuéntrala”). Acompañada por SLYM, Paris, Texas —título de un clásico de Wim Wenders— nos conduce con su melodía folk a un viaje por el desierto, la necesidad de escapar del mundo cotidiano.

Jon Batiste participa en Candy Necklace. Obsesión, sueños destrozados, habitaciones a oscuras, biblias manoseadas. Su inicio recuerda a Cinnamon Girl. El pianista cuenta con su propio tema, Jon Batiste Interlude, un desbarre jazzístico de tres minutos y medio; estilo explorado en If You Lie Down With MeMientras el dueto con Father John Misty, Let the Light In, parece un descarte con aroma country del Rumours de Fleetwood Mac.

Kintsugi, Fingertips y Grandfather Please Stand on the Shoulders of My Father While He’s Deep-Sea Fishing (la última con featuring de Ryopi), sirven a la estadounidense para explorar diversas situaciones y sentimientos relacionados con su familia. Puro vintage. Judah Smith Interlude es una pieza experimental, un sermón con aire apocalíptico acompañado por risas y comentarios grabados en el estudio. Su inclusión es extraña, en el mejor de los casos.

Margaret está inspirada en la esposa del productor Jack Antonoff, la actriz Margaret Qualley. Una balada dulce y cruda al mismo tiempo. Antonoff colabora en el tema con su banda, Bleachers. Tommy Genesis, el rapero canadiense, aporta un sampler de Angelina en Peppers —un homenaje a los californianos Red Hot Chili Peppers— que devuelve a Lana a Lust for Life (2017).

En A&W y Fishtail predominan las atmósferas trap de Born to Die (2012). Mención especial merece A&W —acrónimo de American Whore— que empieza como una balada de piano con reminiscencias a Norman Fucking Rockwell y termina con un rap que samplea Shimmy Shimmy Ko Ko Bop de Little Anthony & The Imperial. Sexo sucio en un motel de mala muerte en Ramada Inn, drogas, desolación. El mejor corte del elepé.

Y no podemos pasar por alto Taco Truck x VB en la que actualiza Venice Beach con una base hip hop de lo más efectiva. «Before you talk let me stop what you say, I know, I know, I know that you hate me» (“Antes de que hables déjame parar lo que dices, lo sé, lo sé, sé que me odias”) recrimina a la industria musical. Sin desperdicio.