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domingo, marzo 08, 2026

MORRISSEY: «MAKE-UP IS A LIE» (SIRE RECORDS, 2026) — EL ÚLTIMO MARTIR DEL POP

Cuando llega el momento de valorar el nuevo trabajo de un artista con una carrera tan extensa —hablamos del decimocuarto elepé de Morrissey— las comparaciones con su glorioso pasado resultan inevitables. Que nadie espere un disco tan brillante como You Are the Quarry (2004), considerado uno de sus mejores álbumes, con el que logró revitalizar su trayectoria tras siete años de silencio discográfico.

Make–Up Is a Lie llega además cargado de polémica. Aparte de su terrible portada, el disco arrastra el peso de las controvertidas declaraciones de su creador, disputas con Johnny Marr sobre el legado de The Smiths, sus litigios con la industria musical y la historia reciente de dos álbumes que tuvo que recomprar a Capitol Records —World Peace Is None of Your Business (2014) y Bonfire of Teenagers—, además de los continuos cambios de título y de fecha de publicación y, sobre todo, una interminable lista de conciertos cancelados que han puesto en entredicho su profesionalidad, por no decir su reputación. Un divo irresponsable con una parroquia fiel que continúa llenando sus directos.

La crítica ha recibido el álbum con cierta ambivalencia, señalando su falta de cohesión y la presencia de material poco inspirado. ¿Se trata de prejuicios preconcebidos o de una valoración justificada? No sería extraño que el errático comportamiento reciente de Moz haya terminado proyectándose también sobre la percepción de su música. A nadie debería sorprenderle: siempre ha sido un artista incómodo. En algunos casos da la impresión de que ciertos cronistas juzgan antes al personaje que al disco, un fenómeno cada vez más habitual cuando se trata de figuras tan controvertidas como Morrissey.

Debemos reconocer que el sencillo de presentación, «Make–Up Is a Lie», carece de la fuerza necesaria para sostener el peso de la expectativa, mientras que la versión de «Amazona», de Roxy Music, se queda en una interpretación demasiado contenida —solo destaca su solo de guitarra final, a cargo del fiel Alain Whyte— para un artista de la talla de Morrissey. Entre ambos adelantos, «Notre-Dame» sí logró levantar el vuelo y devolver algo de esperanza gracias a su sonido de claras reminiscencias ochenteras. Sin duda, uno de los puntos álgidos del elepé, pese a una letra conspirativa que no terminó de cuajar. ¿Qué podemos decir del resto de los cortes?

«You’re Right, It’s Time» abre el disco con energía, un tema coreable sostenido por una base electrónica que funciona como carta de presentación. En la balada «Headache» —donde Moz apenas parece él mismo— ofrece una interpretación sombría sobre la mortalidad. En «Boulevard», conducida por una sencilla línea de piano y sintetizadores, Morrissey se mueve en un registro teatral, casi de vodevil. «Zoom Zoom the Little Boy» remite a los noventa con un toque glam rock que evoca al Bowie clásico. «Kerching Kerching» es la más dura del lote, con guitarras crujientes y un clima amenazador. Por su parte, la funk «The Night Pop Dropped» y «Lester Bangs» —un homenaje al desquiciado escritor que cambió la historia del periodismo musical en Estados Unidos— representan el lado más pop del álbum. Esta última incluye un estribillo contagioso y, como no podía ser de otra manera, gira en torno a un outsider, una bala perdida fuera de los márgenes de la sociedad: el mismo papel —por no decir mártir— que Morrissey ha encarnado durante toda su carrera.

En cuanto a las letras: el precio de la fama, marginados, decadencia cultural, crítica al espectáculo mediático, nostalgia por un pasado mejor, los derechos de los animales, muerte y memoria, cancelación, ironía hacia la industria musical y esa permanente sensación de desajuste con el mundo que siempre ha definido a Moz.

En la recta final aparece la ominosa «Many Icebergs Ago» —con cierto aire de un spaghetti western—, una pieza que se desmarca claramente del resto del álbum y que supone una apuesta arriesgada dentro del conjunto. El cierre llega con «The Monsters of Pig Alley», un final melancólico que devuelve al disco su pulso más inspirado. Si hubiera sido el primer sencillo, quizá todo habría sido diferente.

Estamos ante un elepé variado, ameno y bien secuenciado por Joe Chiccarelli (The White Stripes, The Strikes, My Morning Jacket), convertido ya en el productor de confianza de Morrissey —quinta colaboración entre ambos— durante los últimos años. En conjunto, el cantante entrega un trabajo disfrutable que, además, crece con las escuchas. Curiosamente, es en la cara B donde se concentran algunos de sus momentos más notables, demostrando que aún conserva la capacidad de sorprender cuando menos se espera. Probablemente no estemos ante una obra maestra dentro de su discografía, pero sí ante un álbum sólido que gustará a sus seguidores y ofrece suficientes motivos para regresar a él con cierta frecuencia. Y, a estas alturas de su carrera, con eso debería bastar.




martes, diciembre 30, 2025

RADAR SONORO: LOS 10 MEJORES DISCOS INTERNACIONALES DE 2025

1. Suede – Antidepressants

Un disco elegante y maduro que reflexiona sobre los errores el pasado y el paso del tiempo. Suede demuestra que el Britpop puede envejecer con dignidad y una sofisticación sonora impecable.

2. Tame Impala – Deadbeat

Kevin Parker firma su elepé más oscuro y rítmico, explorando la alienación moderna con una producción milimétrica. Psicodelia, electrónica y funk se funden en un trabajo hipnótico y profundamente contemporáneo.

3. Florence + The Machine – Everybody Screams

Un álbum catártico. Florence Welch alcanza aquí un equilibrio perfecto entre épica emocional y vulnerabilidad absoluta. Cada canción suena como un clímax, confirmando uno de los trabajos más intensos del año.

4.  The Horrors – Night Life

The Horrors entregan un disco vibrante y expansivo que fusiona post-punk, synthwave y psicodelia oscura con una energía renovada.

5. Garbage – Let All That We Imagine Be the Light

Garbage regresa con fuerza, actitud y discurso. Shirley Manson lidera un álbum combativo, afilado y vigente, donde el rock alternativo sirve de vehículo para letras políticas y existenciales sin perder pegada ni melodía.

6. Jehnny Beth – You Heartbreaker, You

Crudo, provocador y visceral. Jehnny Beth entrega un elepé intenso que combina rock, punk e industrial para explorar el deseo, la violencia emocional y la identidad sin concesiones.

7. Richard Ashcroft – Lovin’ You

Ashcroft apuesta por la calidez y el clasicismo. Un disco luminoso y espiritual, centrado en el amor y la redención, que destaca por su autenticidad.

8. White Lies – Night Light

Nocturno y cinematográfico, este álbum refuerza el lado más melancólico y elegante de la banda. Sintetizadores envolventes y letras introspectivas para un trabajo con atmósfera ochentera.

9. Hayley Williams – Ego Death at a Bachelorette Party

Un elepé personal y experimental que mezcla pop, indie, hip hop y soul. Aunque extenso para los tiempos que corren, destaca por su sinceridad y riesgo creativo.

10. The Chameleons – Arctic Moon

Post-punk clásico con un enfoque moderno. Un álbum frío, introspectivo y profundamente atmosférico que apela a la nostalgia sin quedarse anclado en el pasado.

Fuera del top 10 pero destacable

Tom Smith – There Is Nothing In The Dark That Isn’t There In The Light

El vocalista de Editors presenta un trabajo marcado por el piano, las cuerdas y una narrativa íntima. Un disco sobrio y elegante, donde la emoción se construye desde la contención y la honestidad.



lunes, septiembre 08, 2025

SUEDE: «ANTIDEPRESSANTS» (BMG, 2025) — CRUDEZA EN BLANCO Y NEGRO

«Estaba convencido de que ninguna otra banda de nuestra generación continuaba publicando discos tan significativos como los que hacíamos nosotros».

Brett Anderson 

Resulta inspirador que, en pleno siglo XXI, Suede atraviese una etapa de plena madurez creativa, firmando una serie de discos que amenazan con eclipsar incluso su legendaria época dorada.

Tras más de treinta años sobre los escenarios, la banda sigue en plena forma, ofreciendo espectáculos electrizantes. Suede rehúye de la nostalgia: su mirada está puesta en la excelencia, disfrutan lo que hacen y se niegan a ser un simple grupo de revival —las giras de Oasis y Radiohead serían un buen ejemplo— en contraste con tantos otros. Existencialismo, glamur, determinación y resiliencia. Si algo funciona...

La portada rinde homenaje a Francis Bacon: Brett Anderson, oculto en la penumbra y descamisado, con el rostro velado por la oscuridad. Al fondo, dos piezas de carne que se abren como alas. El mensaje es inequívoco: un nuevo renacimiento. Y ya son varios.

Antidepressants (BMG, 2025) prolonga el camino iniciado con «Turn off Your Brain and Yell», de Autofiction (2022), y expande su universo sonoro mirando hacia el pasado, en concreto al post-punk de finales de los setenta. El grupo suena honesto y carente de artificios, pero al mismo tiempo, épico y teatral.

La influencia de The Fall resulta innegable en «Desintegrate», donde Anderson ruge como un animal herido: «Come down and disintegrate with me, we're cut down like the daisies». La sombra de Mark E. Smith planea sobre la canción, un pildorazo punk demoledor.

La contagiosa «Dancing with the Europeans» tiene madera de clásico, en la estela de «Beautiful Ones» o «Life is Golden». Un estribillo infeccioso, marca inconfundible de la casa: «I got a European stain within me, and a European suffering, I want to be, dancing with the Europeans». Podría ser el tema que defina cómo será recordado este álbum.

«Antidepressants» es puro Public Image Ltd: la forma de cantar de Anderson evoca a John Lydon —roto y combativo a la vez—, mientras que las guitarras afiladas remiten a Keith Levene. «I’m on antidepressants I just lie awake, singing a song while I’m happy». Fue presentado como primer adelanto del álbum, acompañado por un vídeo en directo grabado durante un concierto en Alexandra Palace. Una auténtica declaración de principios. 

«Sweet Kid» y «Somewhere Between an Atom and a Star» reverberan con ecos glam que navegan por océanos góticos. Material que remite a su debut con Suede (Nude, 1993), filtrado ahora por la experiencia acumulada.

El sonido es árido y urgente, despojado de cualquier orquestación. Las guitarras de Richard Oakes y Neil Codling asumen el protagonismo absoluto, con resonancias de Siouxsie and the Banshees o Magazine. «Broken Music for Broken People» es un ejemplo paradigmático. A diferencia de las primeras producciones del veterano Ed Buller para la banda, aquí todo es áspero y minimalista, en perfecta sintonía con la dureza lírica del álbum.

«The Sound and the Summer», uno de los cortes más destacados del conjunto, combina un gancho melódico eficaz con una palpable sensación de urgencia. Opción evidente para un cuarto sencillo. «Trance State» remite a Coming Up (Nude, 1996); de hecho, podría haber funcionado como una cara B perdida de aquel disco.

Energía oscura y letras que abordan relaciones tóxicas, crisis de mediana edad y la adicción a los antidepresivos. Anderson vuelve a retratar a outsiders y personajes dañados, tan característicos de su prosa a lo largo de los años. Muestran el declive del mundo contemporáneo, el impulso de escapar del caos del presente y el amor como fuerza motriz en tiempos aciagos. También laten la fragilidad emocional, la autodestrucción y la eterna búsqueda de belleza en medio de la decadencia.

«Criminal Ways» y «June Rain» —piezas destinadas para ser coreadas en vivo— también conquistan. «So I close my eyes and walk into the traffic flow»... Energía, músculo y vehemencia: no sobra ni una nota. La sección rítmica de Matt Osman (bajo) y Simon Gilbert (batería) mantiene una precisión de metrónomo. Con un minutaje breve, el álbum va directo al grano, sin concesiones a la experimentación. Su sonido áspero remite más a pubs de mala muerte que a teatros o festivales veraniegos. Un terreno ideal para que Anderson se lance de lleno entre el público: al fin y al cabo, el escenario siempre ha sido su hábitat natural.

Suede, como cualquier formación con una larga trayectoria, ha cometido errores. Pero esos tropiezos han servido para crecer. En comparación con otros grupos de los noventa —Pulp, Kula Shaker, Blur, Supergrass— su camino ha sido constante, sin rendirse jamás. Antidepressants —quinto álbum tras su resurrección— no está concebido para la radiofórmula ni para agradar a todos los públicos: ahora la banda compone para sí misma, ajena a la presión de las listas de éxitos.

Si bien las comparaciones resultan inevitables, donde A New Morning (Epic, 2002) intentaba sobrevivir con optimismo algo ingenuo, Antidepressants se erige como una declaración artística plena: cruda, urgente y emocionalmente intensa. Si el primero representó un renacimiento frágil, el segundo es un renacimiento pleno, con Suede reconciliado consigo mismo y con su historia.

La introspectiva «Life Is Endless, Life Is a Moment» pone el broche de oro a otro trabajo notable de los londinenses. Se perciben claros reflejos de The Cure en su período The Top (1984). Letra sobria y melancólica: «Formless, as a cloud, weightless, as a sound»... La única tregua en un elepé desafiante.

La crítica especializada, antaño tan presta a despachar a Suede como un producto prefabricado, hoy se deshace en elogios. Cuatro y cinco estrellas a mansalva, como si siempre hubiesen creído en ellos. Qué rápido se entierra el cinismo cuando toca subirse al carro ganador... El elepé alcanzó el número 2 en las listas británicas. Solo queda esperar el tercer volumen de esta «trilogía en blanco y negro», tal como el propio combo la ha definido. Que llegue cuanto antes.



lunes, mayo 08, 2023

OPINIÓN: «LAS DIEZ MEJORES CANCIONES DE WHAM!»

Wham!, dúo formado por George Michael y Andrew Ridgeley, fue una de las formaciones más exitosas de los ochenta. El estilo del combo —una mezcla de synth popsoulMotownpop y música disco— caló hondo en el público juvenil de la época, convirtiéndolos en superestrellas. Gracias a una imagen hedonista, videoclips comerciales, rotación constante por la MTV y actuaciones en Top of the Pops, vendió treinta millones de copias en los cuatro años que duró su andadura discográfica.

 

Duran Duran, Spandau Ballet, The Human League, Depeche Mode, Heaven 17, Tears for Fears o Culture Club triunfaban en las listas gracias a sus melodías dominadas por sintetizadores. Wham! irrumpió en un mercado altamente competitivo y llegó a superar en ventas a la mayoría de sus coetáneos. Sin embargo, tardaría décadas en conseguir la misma credibilidad que cualquiera de los mencionados.

 

Después de la disolución del grupo, George Michael iniciaría una exitosa carrera solista en la que abandonó su imagen de ídolo para adolescentes a favor de un perfil adulto como artista. Faith (1987), Listen Without Prejudice Vol. 1 (1990) y Older (1996) fueron alabados por la crítica. Posteriormente, Robbie Williams, Beyoncé, Justin Timberlake o Harry Styles —por poner ejemplos— seguirían sus pasos.

 

A continuación, repasamos sus canciones más memorables:

 

Last Christmas (1984)

 

Last Christmas es una de las canciones más radiadas en la historia del Reino Unido. Versionada por infinidad de artistas —Ariana Grande, Taylor Swift, Hillary Duff, Back Street Boys o Future Islands—, continúa sin perder su condición de clásico navideño.

 

Wake Me Up Before You Go-Go (1984) 

 

Wake Me Up Before You Go-Go fue el primer número uno de Wham! a ambos lados del Atlántico. Su melodía efervescente y estribillo pegadizo la convirtió en un hit en las emisoras de todo el planeta. Esta apareció en Zoolander (2001) en una escena para el recuerdo: un grupo de supermodelos descerebrados vuelan por los aires por jugar con gasolina en una estación de servicio. 

 

Club Tropicana (1983)

 

Club Tropicana satiriza los paquetes de viajes baratos destinados a los jóvenes de la época. Su videoclip no tiene desperdicio: piscinas, Raybans, cuerpos bronceados, cócteles y chicas guapas. Glamur y superficialidad a partes iguales. Pocos supieron captar la ironía.

 

Everything She Wants (1984)

 

Everything She Wants podría considerarse precursora del trabajo que George Michael realizaría durante los noventa. Lanzada junto a Last Christmas, fue otro de los éxitos del dúo. Ritmo funk, base electrónica, letra que trata sobre relaciones de pareja problemáticas… Prince podría haberla escrito perfectamente. 

 

I'm Your Man (1985)


Corte que también alcanzó la cima de las listas británicas. I'm Your Man es el ejemplo perfecto de la canción made in Wham!: melodía, estribillo, solo de saxo y mensaje irresistible para las adolescentes. Imposible no bailarla en cualquier discoteca.  

 

Freedom (1984)

 

Segundo sencillo de Make It Big (1984) y segundo número 1 de la formación en Inglaterra. Su vídeo fue rodado en Pekín. Tal era su popularidad, que Wham! se convirtió en una de las primeras bandas en girar por China. Tres años más tarde, George Michael utilizaría su melodía para abrir Faith

 

The Edge of Heaven (1986)

 

Nuevo paso de George Michael hacia la ansiada madurez. Anunciada como canción de despedida, The Edge of Heaven fue uno de los últimos singles de la banda, en el que Elton John participa con su piano. Ambos volverían a colaborar en Don’t Let the Sun Go Down on Me (1991). 

 

Young Guns (Go for It!) (1982)

 

Primer sencillo de éxito del dúo. Un tema con base sintética, armonías Dee C. Lee y Holliman Shirlie (las chicas de Club Tropicana) y aroma funk en la que la influencia de Chic! resulta evidente. Gracias a su actuación en Tops of the Pops,Wham! alcanzaría la fama. 

 

Bad Boys (1983)

 

Con una temática que trata sobre los adolescentes que pelean con sus padres por salir demasiado de fiesta, Bad Boys destaca por su descarada inocencia y sintetizadores típicos de los ochenta. Con el paso del tiempo, George Michael admitiría que la detestaba. Lógico: imposible compararla con cualquiera de sus hits en solitario. 

 

Wham Rap! (Enjoy What You Do) (1983)

 

Tema que recuerda al éxito Ant Rap de Adam & The Ants, fue lanzado como sencillo por segunda vez después de que Fantastic (1983) triunfara en los charts. Nuevamente volvemos a encontrarnos con un corte en el que prima el contenido antes que la profundidad. ¿Quién dijo que la música pop sin pretensiones no podía ser disfrutable? 

 

Bonus Track

 

Careless Whispers (1984)

 

Aunque a mediados de los ochenta Wham! se encontraba en la cúspide de su trayectoria, George Michael lanzó en solitario la emblemática Careless Whispers: una de las mejores baladas de la década y, todo hay que decirlo, la canción favorita de Wade Wilson en Deadpool (2016).



martes, mayo 02, 2023

THE NATIONAL: «FIRST TWO PAGES OF FRANKENSTEIN» (4AD, 2023)

First Two Pages of Frankenstein (4AD, 2023), podría considerarse una vuelta a las raíces sin olvidar lo aprendido en los últimos elepés en los que —debido a una fórmula que empezaba a mostrar señales de agotamiento— The National decidió innovar su propuesta gracias a la electrónica. 

Los de Ohio siempre se han mantenido en la periferia, dentro del circuito independiente, siendo un reclamo como cabezas de cartel para todos los grandes festivales del planeta. Por fortuna, su posición en la industria se encuentra lejos del mainstream. Nada de vender millones de copias, llenar estadios y despachar baladas con sacarina para la radio. Ello les ha permitido mantener una sólida carrera discográfica —nueve discos en total— que no baja del notable.

Durante los últimos años I Am Easy To Find (2019) tuvo gran aceptación por parte del público, Matt Berninger (vocalista) sacó en solitario el laureado Serpentine Prison (2020), el guitarrista Aaron Dessner produjo a Taylor Swift y colaboró con Bon Iver, Bryce Dessner (guitarra) trabajó en diversas bandas sonoras, mientras Bryan (batería) y Scott Devendorf (bajo) participaron en álbumes de otros músicos.

El imaginario de la banda, melancólico y profundo, trata sobre temas universales como el amor, relaciones personales, aislamiento y superación. Todo desde un prisma cool, Wayfarers y elegancia rockera embutida en trajes de Armani. Berninger continúa interpretando el papel de crooner herido con su voz de barítono, desgranando las grandezas y miserias de la vida cotidiana. En entrevistas recientes, confesó haber pasado por una crisis creativa y consiguiente depresión durante la pandemia, motivo por el que estuvo a punto de abandonar al grupo. Esto influyó en las letras y composición del álbum.

El corte de apertura, Once Upon a Poolside, marca la pauta de lo que encontraremos a lo largo del elepé: evocadora melodía de piano, reflexión, sencillez, magia. Sufjan Stevens participa en los coros.

Eucaplytus es el tema más épico del conjunto. Un irónico himno a las rupturas sentimentales; puro The National. Destaca su breve solo de guitarra. Un sencillo que no desentonaría junto a cualquiera de sus clásicos. 

New Order T-Shirt y Tropic Morning News son estupendos singles. La primera cuenta con imágenes costumbristas típicas de la formación —«Carry them with me like drugs in a pocket, You in a Kentucky aquarium, talking to a shark in a corner»— que rozan el surrealismo.

En la segunda, regresa la electrónica presente en Sleep Well Beast (2017). Bajo y base rítmica precisas como un metrónomo. «I was suffering more than I let on, the tropic morning news was on, there’s nothing stopping me now». Esta fue elegida como primer adelanto. 

El dueto con Taylor Swift, The Alcott, es uno de los puntos álgidos del disco. Ambas voces se complementan en una historia que trata sobre una pareja que intenta recuperar la magia del pasado… sin éxito. Un diálogo que oscila entre la duda, esperanza y recriminaciones por los errores cometidos.

En Alien y Ices Machines nos encontramos con el folk clásico de la banda, atmósferas relajadas, intimistas, bellamente construidas. Grease in Your Head es la pieza más enérgica del conjunto, en la que predomina el ritmo imparable de la batería y los coros de acompañamiento.

Phoebe Bridgers participa con sus armonías en This Isn’t Helping y Your Mind Is Not Your Friend, baladas no exentas de amarga introspección en las que el piano de Dessner asume el protagonismo. A diferencia de su anterior elepé, los featurings tienen el peso justo y necesario para no restar protagonismo a la formación.

Como coda, la etérea Send for Me, con una tímida base sintética, piano y dulce recitado por parte de Berninger. «Send for me I’ll come and get you, send for me whenever wherever» se despide con añoranza.

First Two Pages of Frankenstein es un disco con sabor crepuscular, equilibrado, que reúne las virtudes de The National. Once temas preciosistas, bien medidos, con una producción excelente, en los que no existe relleno. Ciudades lejanas, autopistas, moteles de carretera, habitaciones vacías, piscinas, vidas perdidas, la mediocridad de los suburbios. Todo parece extraído de las páginas de Suites Imperiales (2010) de Bret Easton Ellis. La espléndida madurez de un grupo al que le queda mucho por ofrecer.



jueves, abril 27, 2023

OPINIÓN: «LAS DIEZ MEJORES CANCIONES DE GENESIS»

Genesis está en la lista de artistas que más discos vendieron de todos los tiempos, con entre 100 y 150 millones de copias despachadas. Durante su carrera conoció diferentes etapas y encarnaciones. La primera —considerada clásica por sus incondicionales—, con Peter Gabriel al frente, y la segunda —más comercial para todos los públicos—, con Phil Collins como solista. Una trayectoria longeva que abarca 15 discos de estudio, 6 directos, 7 recopilatorios y 10 boxsets. Su música fue evolucionando con el paso del tiempo: folkrock progresivo, arena rock y pop para las radiofórmulas. Incluida en el Rock & Roll Hall of Fame en el 2010, ofreció su concierto de despedida en mayo del año pasado.

Genesis despierta amores y odios por igual. El barómetro con el que se mide la música en la actualidad es el siguiente: para resultar auténtico tenías que vender poco o morir prematuramente. Formaciones como Queen, Dire Straits, Supertramp o The Police triunfaron durante los ochenta, despachando infinidad de álbumes para el consumo popular. En el caso de Genesis, puede que la etapa Gabriel esté mejor considerada que la de Collins por la sencilla razón de que jamás alcanzó el mainstream. Cuestión de gustos, es imposible complacer a todo el mundo.

A modo de curiosidad, en la seminal American Psycho (1991), Patrick Bateman, un yuppie reconvertido en asesino serial, realiza un hilarante análisis sobre la trayectoria de la banda y califica Invisible Touch (1986) como una «obra maestra indiscutible». Bret Easton Ellis —que vaticinó el hedonismo, superficialidad y narcisismo del siglo XXI a principios de los noventa. Mucho antes de que existieran las redes sociales: los haters y puristas, la dominación cultural, la polarización de la sociedad, las críticas biliosas, lo políticamente correcto impostado— se adelantó a su tiempo.

Mejores canciones de Genesis de la época Peter Gabriel: pioneros del prog rock

Junto a Yes, Pink Floyd, King Crimson o Emerson Lake & Palmer, Genesis fue una de las bandas indispensables del rock progresivo que imperó en los años 70. Sus elaboradas composiciones, trabajos conceptuales, avanzados conciertos y estrafalarias puestas en escena de Peter Gabriel marcaron una época. En cuanto a las letras, eran místicas, espirituales y contemplativas influenciadas por Shakespeare, mundanalidad, la fantasía heroica —Tolkien, Leiber, Howard, Moorcock— y leyendas artúricas.

The Musical Box (1971)

Diez minutos y medio de experimentación. Un cuento de hadas victoriano con asesinatos y fantasmas. La guitarra de Steve Hackett influenció al Brian May de los primeros discos de Queen, sobre todo en la celebrada Brighton Rock. En la actualidad sería complicado que un tema de estas características abriera un elepé.

Supper’s Ready (1972)

Obra maestra por antonomasia del grupo y una de las mejores canciones de prog rock en general. Divida en 7 secciones, ocupa la cara B completa de Foxtrot (1972). 23 minutos de riesgo, con diversos cambios de tiempos, notas y emociones. Épica, apocalíptica y catártica, nunca fue apta para todos los paladares.

I Know What I Like (In Your Wardrobe) (1973)

El primer sencillo de éxito en Inglaterra —puesto 21 en los charts— de una banda que se negaba a rendirse a las fórmulas comerciales. El sitar eléctrico de Mike Rutherford destaca sobre el resto de los instrumentos. La temática: la felicidad de un hombre cortando el césped de su jardín: cero problemas, cero responsabilidades.

Dancing With the Moonlit Knight (1973)

La respuesta de Gabriel a los críticos británicos que lo acusaban de esforzarse demasiado por conquistar el mercado estadounidense. Melotrón, fabulosa línea de bajo de Rutherford, batería memorable de Collins y guitarra acústica de Hackett para despedir el tema. La añoranza por la antigua y mítica Albión… Todo un clásico.

The Carpet Crawlers (1974)

The Lamb Lies Down on Broadway (1974) fue un álbum conceptual, ambicioso, cuyos cortes funcionaban mejor en conjunto que por separado. Las tensiones entre el cantante y el resto del grupo llegaron a un punto sin retorno. The Carpet Crawlers es filosófica, puro simbolismo que, en cierta manera, refleja lo que sucedía en el seno interno de Genesis. Finalmente, Gabriel abandonaría la formación para iniciar una carrera en solitario en la que tendría el control absoluto de su obra. Su disco de comebacki/o (Real World), está programado para el 2023.

Las mejores canciones de Genesis de la época Phil Collins: el triunfo del pop

Tras la salida de Gabriel, la prensa no tardó en entonar réquiems por la banda. Contra todo pronóstico, probaron con varios candidatos hasta que Collins —que ya había cantado en anteriores álbumes— asumió el puesto de vocalista. Después de una etapa de transición, el combo se alejaría de la complejidad inherente de sus primeros trabajos a favor de un enfoque más sencillo. Los resultados no se harían esperar. 

Turn It On Again (1980)

Convertidos en trío tras la marcha de Hackett, con Duke (1980) se abandonan los devaneos progresivos a favor de un pop directo y sin pretensiones. Turn It On Again fue el primer paso al camino de la adoración popular. Cualquier grupo mataría por contar con ella en su repertorio.

Man On the Corner (1981)

En esta ocasión nos encontramos con una letra de contenido social, sobre los sin techo sin hogar ni futuro, estilo que el Boss siempre ha retratado en su obra. El sintetizador Roland TR-808 es una pieza indispensable de su éxito. Años más tarde, Collins escribiría Another Day in Paradise de temática similar.

Mama (1983)

Una de las mejores interpretaciones de Collins de todos los tiempos. Intensa, cruda, extraña, su letra ambigua se encuentra abierta a todo tipo de interpretaciones. Con una parte vocal inspirada en The Message de Grandmaster Flash & Furious Five, Peter Gabriel se sentiría orgulloso de ella. ¿Cuál es mejor? ¿Mama o Biko? El lector es libre de elegir su favorita.

Land of Confusion (1986)

Invisible Touch (1986) vendió 15 millones de copias, convirtiéndose en el elepé más exitoso de Genesis gracias una sucesión de sencillos imbatibles. Land of Confusion es una crítica al imperialismo de Reagan, Thatcher y Gorbachov. Cabe destacar su videoclip, uno de los mejores de la banda, en el que se parodia a los mencionados y a la reunión de megaestrellas en We Are the World de USA for Africa. Sin desperdicio.

Jesus He Know Me (1991)

Una burla a los telepredicadores americanos. En el presente pocas bandas serían capaces de lanzar al mercado un sencillo tan ácido, en el que se aúna el humor y la parodia. Los maravillosos años noventa… Aquellos que tienen la piel fina se sentirían ofendidos. 

Bonus Track

Congo (1997)

Ante la partida de Collins, Banks y Rutherford reclutaron a Ray Wilson como vocalista. Calling All Stations (1997) fue un fracaso, tanto de ventas como de público. Un intento por recuperar las raíces progresivas del grupo que, no obstante, significó su epitafio. Por ello se vieron obligados a anular las fechas programadas en Estados Unidos. Hubo que esperar una década para que Collins regresara a la banda con el motivo de la exitosa gira Turn In On Again 2007.


martes, enero 10, 2023

IGGY POP: «EVERY LOSER» (ATLANTIC/GOLD TOOTH, 2023)

«Soy el tipo sin camisa que hace rock; Andrew y Gold Tooth lo entienden, y hemos hecho un disco juntos a la antigua usanza. Los músicos son tipos a los que conozco desde que eran niños, y la música te va a moler a palos». 

Iggy Pop 


Durante los últimos tiempos, la bestia parda, el animal rockero que caracteriza a Iggy Pop, se encontraba en estado de hibernación. Los discos de madurez del de Michigan no han cesado de descolocar a sus incondicionales. Iggy coqueteó con el jazz en Préliminaries (2009), cantó versiones en el afrancesado Après (2013), volvió a sus orígenes berlineses con Pop Post Depression (2016), realizó la improbable colaboración house con Underworld en el EP Teatime Dub Encounters (2018) y en el contemplativo Free (2019) recitó poemas de Lou Reed y Dylan Thomas, además de Ready to Die (2013) con The Stooges, bandas sonoras, covers, docenas de featurings con otros artistas y DJ en la radio. La Iguana detesta la inactividad.

A diferencia de compañeros veteranos como Tom Waits, Ozzy Osborne, Bob Dylan, Robert Plant, Alice Cooper o Roger Waters, la carrera reciente de la Iguana ha sido ninguneada por la crítica. De hecho, lo han tachado de burgués y decadente por el simple motivo de haber aflojado el pie del acelerador. ¿Si a Iggy le apetece versionar a Édith Piaf quién puede impedírselo? ¿La sombra de The Stooges es tan alargada que jamás podrá librarse de ella? ¿El público es incapaz de comprender que los intereses de los artistas cambian con el paso del tiempo? No olvidemos que la leyenda cuenta con 75 primaveras. Mientras la mayoría de los hombres de su edad se encuentran cómodamente jubilados, Iggy pulveriza los escenarios del planeta entero ofreciendo unos espectáculos electrizantes. Genio y figura…

Sorprendentemente, a tenor de su carrera en solitario en la última década, para Every Loser (Atlantic/Gold Tooth, 2023) Iggy ha recuperado el sonido visceral que lo caracteriza. La lista de músicos invitados causa impresión: el productor y multiinstrumentista Andrew Watt (Post Malone, Morrissey, Elton John), Chad Smith, Josh Klinghoffer (Red Hot Chili Peppers), Chris Chaney, Dave Navarro, Eric Avery, (Jane’s Addiction), Duff McKagan (Guns ‘N Roses), Stone Gossard (Pearl Jam), el tristemente desaparecido Taylor Hawkins (Foo Fighters) y Travis Baker (Blink-182). Mejor compañía, imposible.

El álbum sigue la estela de Brick by Brick (1990), Skull Ring (2003) o Pop Post Depression: grandes superproducciones con repartos de lujo. «Iggy Pop es un maldito ícono, una estrella original y el tipo que inventó el stage diving», declaró Watt a los medios. «Este disco fue creado para ser reproducido a todo volumen. Súbelo a tope y agárrate…».

El primer adelanto, la corrosiva Frenzy abre con la impagable frase «Got a dick and 2 balls, that’s more than you all». Poesía callejera, típica de la Iguana, que siempre nos recuerda que los tiene bien puestos. La primera pregunta que pasa por la cabeza: ¿Cómo cojones puede becerrear así el jodido con la de tacos que tiene? Me temo que nunca lo sabremos. Strung Out Johnny —segundo single— es una joya. Voz cansada, contemplativa, puro crooner. En ella trata sus años de adición con la franqueza que lo caracteriza.

New Atlantis es una oda a Miami, su ciudad de adopción. «I run to Europe, I run to the Caribbean but coming here is the best thing I ever did, Miami, I love you» termina con esperanza. Pop estilo Sunday (2016) solo de guitarra y coros destacables. Modern Day Rip Off recuerda al sonido de Raw Power (1973) con un toque de modernidad y mala leche habitual. En la balada acústica Morning Show, con piano y guitarra slide de acompañamiento, Iggy se luce en su interpretación. Los demonios interiores y las dudas quedan expuestas sin tapujos. Autobiográfica, sincera y confesional; un pequeño clásico. Hemos llegado al ecuador del elepé y todo raya gran altura. Magnífico.

El interludio The News for Andy nos prepara para la gamberra Neo Punk, en la que Iggy se cachondea de los imitadores y falsas estrellas del movimiento. Dos minutos y tres segundos de electricidad. Risas de colofón. Nadie duda que lo pasó bien en el estudio. La stoniana All Way Down, por su inmediatez y pegada, podría encajar en Kill City (1977), mientras Comments, con teclados y línea de bajo prominente, evoca su trabajo new wave de los ochenta. El más inspirado, por supuesto, también publicó buenas canciones en aquella época. The Animus es otra pieza hablada que sirve como preludio para The Regency. Tras un falso principio, regresa la distorsión sónica. El final es rabioso: «Fuck the Regency, fuck the Regency up!» escupe a la industria musical, Grammys incluidos. Un cierre estupendo.

Raymond Pettibon (Sonic Youth, Black Blag) se ha encargado del diseño del libreto, el difunto Mick Rock (Queen, David Bowie) de las fotos interiores y Andrew William Ralph (Owl City, Sego) de los vídeos de YouTube. Por otra parte, John Holmstron ha relanzado la revista Punk Magazine, con entrevista al de Michigan incluida cortesía de Flea (Red Hot Chili Peppers). Toda una declaración de intenciones: Iggy fue un precursor, junto a Lou Reed está considerado el padrino del punk.

Tal como prometió, la Iguana firma un trabajo directo, sencillo y urgente en el que toca todos los palos de su carrera. Nada de máscaras, autenticidad del primer al último surco. Incendiario, políticamente incorrecto, rebelde y antisistema, Mr Osterberg hace lo que le apetece. Punto. Lo único negativo del asunto es que se hace corto. Unos temas extras hubieran redondeado el álbum. El frontman es un icono, un superviviente, un visionario, una leyenda; todos los adjetivos que se le quieran atribuir. Solo por ello merece respeto. Every Loser es otra muesca para añadir a su extensa discografía. Hermosas cicatrices… Que duren muchos años más, por favor.



 

domingo, diciembre 25, 2022

MICHAEL KAMEN: "DIE HARD: 30 ANNIVERSARY REMASTERED LIMITED EDITION" (LA-LA LAND RECORDS, 2018)

En lo alto de la ciudad de Los Ángeles un grupo armado ha secuestrado un edificio, apoderándose de unos rehenes. Un hombre ha conseguido escapar… Es un policía fuera de servicio. Está solo, agotado… La única oportunidad, es él.

 

Die Hard —Jungla de cristal tal como tradujeron por estos lares— es una de las películas más emblemáticas de los años ochenta. Aunque parecía que todo estaba inventado en el género, resultó pionera en muchos aspectos. Por otra parte, el personaje John McClane, interpretado por Bruce Willis, se convirtió en un icono del cine de acción que nos depararía cuatro secuelas. 

 

El hombre al que nadie había invitado a la fiesta, el que siempre se encuentra en el lugar erróneo en el momento inadecuado, es el que debe salvar la papeleta. Todo empieza con un viaje de Nueva York a California. John lleva seis meses separado de su mujer, Holly, y tiene la oportunidad de solucionar las cosas. Lo que nadie esperaba era que un grupo armado invadiera el Nakatomi Plaza. La trama va directa al grano, sin florituras. McClane logra escapar. No le queda otra que apretar los dientes y echarle un par de huevos. Así funciona el mundo. 

 

Recuerdo que como me gustaba la serie Luz de luna, le di la tabarra a mi madre para que fuéramos a verla al cine. Tenía ocho tiernos añitos. A diferencia de otros chavales, tuve la suerte de crecer viendo películas para adultos: la trilogía de RamboPerseguidoTango & CashArma letal 2Por encima de la leyDanko: Calor rojoLionheartDesafío totalCobraSin perdónTerminator 2Soldado universalGoldenEye… Disney nunca fue lo mío.

 

Jungla de cristal me dejó flipando. Desde entonces es una de mis películas favoritas, repito los diálogos de memoria y suelo revisionarla en Navidad como acabo de hacer para escribir este artículo. No ha perdido vigencia, debo reconocerlo. Como fan de la saga, las he visto todas en pantalla grande, incluida la última —La jungla: un buen día para morir (2013)— que, en mi humilde opinión, podrían haberse ahorrado.

 

Por qué es la mejor película navideña

 

Entremos en materia: el guion escrito por Steven E. Souza y Jeb Stuart se basaba en la novela Nothing Last Forever de Roderick Torp, secuela de su libro The Detective, que conoció una adaptación cinematográfica protagonizada por Frank Sinatra en 1968. Por motivos contractuales, se le ofreció el papel a Ojos azules, pero este declinó la oferta; contaba con más de setenta años de edad, demasiado mayor para interpretarlo.

 

Mel Gibson, Burt Reynolds, Richard Gere, Clint Eastwood, Silvester Stallone y Arnold Schwarzenegger —en un principio Jungla de cristal se planeó como una secuela de Commando— también lo rechazaron. Finalmente, el rol recaería en Bruce Willis, actor en la pequeña pantalla que siendo prácticamente un desconocido, exigió a Twentieth Century Fox cinco millones de dólares, sueldo que fue criticado por los medios en la época. 

 

Aunque en la actualidad es imposible imaginar a McClane interpretado por otro individuo, la elección generó controversia su momento. Willis carecía del tirón comercial de cualquiera de los anteriormente mencionados, no era un héroe musculoso lleno de testosterona como los que triunfaban en taquilla. Irónicamente, ello fue una baza a favor del film: McClane es un tipo normal, el vecino de al lado, con sus dudas y flaquezas, con el que el público empatiza desde el primer instante. Hasta tiene miedo a volar, por Dios. Fumador empedernido, cínico y deslenguado, se la sopla el sistema y sus normas. Gran parte de los diálogos fueron improvisados por el propio actor. Su juventud de clase obrera de Nueva Jersey le fue útil a la hora de dar matices al personaje. Huelga decir que Willis cumplió y con creces. 

 

Un héroe no puede medirse sin un villano que esté a la altura. Hans Gruber —un Alan Rickman que venía de interpretar al pérfido Vizconde de Valmont de Las amistades peligrosas en el teatro— aceptó el papel en lo que se convertiría en su debut en el celuloide. Mejor elección, imposible.

 

Gruber es la antítesis de McClane: culto, sofisticado y expeditivo. Con la barba perfectamente recortada, trajes de marca, pedantería y educación clásica, se muestra condescendiente con el protagonista tachándolo de vaquero: «Otro americano que vio demasiadas películas de niño, otro huérfano de una cultura en declive que se cree John Wayne, Rambo, el Equipo A». La mítica respuesta de nuestro héroe pasaría a la historia: «Yipi kai yei, hijo de puta». Eso es tener clase y lo demás tontería. El patrón se repetiría de 1988 en adelante: el antagonista principal, con todo su refinamiento, planes perfectos, inteligencia y secuaces, morderá el polvo ante un poli irlandés medio paleto. ¿Clasismo? Por supuesto. Nunca subestimes a la basura obrera, puede correrte a hostias cuando menos lo esperes. 

 

Mientras se desata el caos, las caricaturescas fuerzas del orden son inútiles. Dwayne T. Robinson, subcomisario del Departamento de Policía de Los Ángeles, es incapaz de sobrellevar el ataque de los terroristas, al igual que los agentes del FBI, Big Johnson y Little Johnson, a los que les importa un comino el destino de los rehenes. Los aliados de McClane son gente de la calle: el sargento All Powell y Argyle, el chófer de la limusina que conduce a protagonista al Nakatomi. Tipos humildes, currantes en los que se puede confiar para las emergencias. Resulta irónico que Zeus Carver lo acuse de racista en el futuro. John siempre se ha llevado fenomenal con sus hermanos negros. Un detalle a tener en cuenta: la inclusión forzada no formaba parte del canon del cine de los ochenta. McClane se las tendrá que ingeniar para mantener la cabeza sobre los hombros, salvar a los rehenes y, ya puestos, reconciliarse con la parienta. Parece sencillo, ¿verdad? 

 

El rascacielos a medio construir —que homenajea indirectamente a El Coloso en llamas— es un protagonista más de la película. Un laberinto de pasillos, oficinas, ascensores, obras y conductos de ventilación, en el que la muerte acecha detrás de cada esquina. Los villanos, un grupo de ladrones alemanes que se hacen pasar por terroristas, no tienen escrúpulos y ejecutarán a quien sea necesario para conseguir sus objetivos. 640 millones de dólares en bonos es el objetivo. Pasta, mucha pasta. John termina hecho mierda: herido, manchado de sangre, grasa, sudor y mugre. Maravilloso. Los héroes que cobran el salario mínimo molan más con la cara reventada. 

 

La puesta en escena de John McTiernan (DepredadorLa caza del Octubre Rojo) resulta impecable. Un entorno sofisticado, claustrofóbico, al que se le saca todo el partido posible. El director rueda como la vieja escuela: apenas se usan efectos especiales y las set pieces de acción poseen claridad, nervio y energía. Solo ante el peligro, descalzo y en camisilla, armado con una Beretta 92FS y en inferioridad de condiciones, McClane debe enfrentarse a unos adversarios superiores en entrenamiento, número y recursos. Powell es su único amigo. Este lo apoya durante la aventura, le cuenta lo que sucede en el exterior y comparten confidencias íntimas. Todo fluye de forma natural, nada suena impostado.

 

Escenas míticas del cine de acción

 

Jungla de cristal cuenta con escenas míticas: John arrastrándose por las entrañas del rascacielos, John volando una planta del edificio con C4, el enemigo disparando a las cristaleras para herir a McClane, la respuesta admirada de Holly cuando un frustrado Karl destroza el minibar: «Sigue vivo. Solo John consigue cabrear así a alguien», el salto atado a una manguera mientras explota la azotea del Nakatomi, la caída de Gruber al vacío… Una Navidad sin ver el careto de susto de Hans mientras se va a tomar por culo, no es Navidad. Nuestro héroe, un Sonny Crockett de barrio, se las apaña en todo momento con lo que va encontrando por el camino para sobrevivir. 

 

John es vulnerable: sangra, sufre, llora, se muestra arrepentido por los errores de su matrimonio, por no apoyar a Holly cuando fue ascendida en su empresa. Las peleas cuerpo a cuerpo son sucias, barriobajeras. Todo vale, sin reglas. Lástima que la humanidad del detective fuera desvaneciéndose durante las siguientes entregas hasta convertirlo en un superhéroe indestructible 

 

Jungla de cristal es puro entretenimiento, diversión y espectacularidad. Los personajes son simples, pero bien desarrollados. Hasta los secundarios —el despreciable reportero Richard Thornburg, capaz de hundir a cualquiera con tal de conseguir un reportaje o Harry Ellis, el yuppie enfarlopado que pretende vender al protagonista para salvar el pellejo—, tienen sus cinco minutos de gloria en la pantalla. La hemoglobina que no falte. Por desgracia, la sangre ha desaparecido en las salas de cine para conseguir una calificación apta para todos los públicos. 

 

Contra todo pronóstico, la película fue un bombazo veraniego que recaudó 140 millones de dólares en taquilla, convirtió a Willis en una superestrella, recibió cuatro nominaciones a los Oscar en apartados técnicos, creó su propia franquicia de películas, cómics y videojuegos, y marcó escuela para una serie de imitadoras —SpeedPasajero 57Alerta MáximaMuerte súbita, La RocaDecisión críticaMáximo riesgoAir Force One, etcétera— que fueron incapaces de igualarla. Lo dicho: un clásico navideño al que, además, colabora su gran banda sonora. 

 

La banda sonora de Jungla de Cristal

 

Michael Kamen (Arma LetalLicencia para matar) fue el encargado de la banda sonora. La música, tensa y ominosa, refleja el suspense de las escenas. Sin embargo, no está exenta de cierto humor. Al fin y al cabo, hablamos de un producto palomitero. Percusión, guitarras, electrónica, cuerdas, metales y cascabeles cuadran perfectamente, tanto como en los momentos de acción como en los más reposados.

 

Las brillantes suites —Assault on the Tower y The Battle— no permiten un segundo de respiro. Kamen interpola piezas como Ode to Joy de la Novena Sinfonía de Beethoven —fue idea del director incluirla—, los clásicos navideños Winter Wonderland y Let It Snow, y la famosa Singing in the Rain en la partitura.

 

Como en un principio nadie confiaba en el éxito de la película, el soundtrack fue triturado y reorganizado en la edición final, privándolo de su espectacularidad. Nunca se llegó a utilizar el material original al completo, solo las mismas pistas que se repiten constantemente. De hecho, entraron cortes descartados de otros compositores, —James Horner (Resolution and Hyperspace (Excerpt) de Alien 2) y John Scott (We’ve Got Each Other de Man in Fire)— para redondear el conjunto. Brandenburg Concerto No. 3 in G Major (Allegro Moderato) de Bach, Christmas in Hollis de RUN-D.M.C., Skeletons de Stevie Wonder y Let It Snow, Let It Snow, Let It Snow, de Vaughn Monroe también suenan en el film.

 

Durante años, circularon copias de la banda sonora con pésima calidad de sonido. A pesar del deseo de los fanáticos, no vería la luz la edición íntegra hasta Die Hard: 30 Anniversary Remastered Limited Edition (La-La Land Records, 2018), con los consabidos extras, temas inéditos y versiones alternativas.