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domingo, marzo 08, 2026

MORRISSEY: «MAKE-UP IS A LIE» (SIRE RECORDS, 2026) — EL ÚLTIMO MARTIR DEL POP

Cuando llega el momento de valorar el nuevo trabajo de un artista con una carrera tan extensa —hablamos del decimocuarto elepé de Morrissey— las comparaciones con su glorioso pasado resultan inevitables. Que nadie espere un disco tan brillante como You Are the Quarry (2004), considerado uno de sus mejores álbumes, con el que logró revitalizar su trayectoria tras siete años de silencio discográfico.

Make–Up Is a Lie llega además cargado de polémica. Aparte de su terrible portada, el disco arrastra el peso de las controvertidas declaraciones de su creador, disputas con Johnny Marr sobre el legado de The Smiths, sus litigios con la industria musical y la historia reciente de dos álbumes que tuvo que recomprar a Capitol Records —World Peace Is None of Your Business (2014) y Bonfire of Teenagers—, además de los continuos cambios de título y de fecha de publicación y, sobre todo, una interminable lista de conciertos cancelados que han puesto en entredicho su profesionalidad, por no decir su reputación. Un divo irresponsable con una parroquia fiel que continúa llenando sus directos.

La crítica ha recibido el álbum con cierta ambivalencia, señalando su falta de cohesión y la presencia de material poco inspirado. ¿Se trata de prejuicios preconcebidos o de una valoración justificada? No sería extraño que el errático comportamiento reciente de Moz haya terminado proyectándose también sobre la percepción de su música. A nadie debería sorprenderle: siempre ha sido un artista incómodo. En algunos casos da la impresión de que ciertos cronistas juzgan antes al personaje que al disco, un fenómeno cada vez más habitual cuando se trata de figuras tan controvertidas como Morrissey.

Debemos reconocer que el sencillo de presentación, «Make–Up Is a Lie», carece de la fuerza necesaria para sostener el peso de la expectativa, mientras que la versión de «Amazona», de Roxy Music, se queda en una interpretación demasiado contenida —solo destaca su solo de guitarra final, a cargo del fiel Alain Whyte— para un artista de la talla de Morrissey. Entre ambos adelantos, «Notre-Dame» sí logró levantar el vuelo y devolver algo de esperanza gracias a su sonido de claras reminiscencias ochenteras. Sin duda, uno de los puntos álgidos del elepé, pese a una letra conspirativa que no terminó de cuajar. ¿Qué podemos decir del resto de los cortes?

«You’re Right, It’s Time» abre el disco con energía, un tema coreable sostenido por una base electrónica que funciona como carta de presentación. En la balada «Headache» —donde Moz apenas parece él mismo— ofrece una interpretación sombría sobre la mortalidad. En «Boulevard», conducida por una sencilla línea de piano y sintetizadores, Morrissey se mueve en un registro teatral, casi de vodevil. «Zoom Zoom the Little Boy» remite a los noventa con un toque glam rock que evoca al Bowie clásico. «Kerching Kerching» es la más dura del lote, con guitarras crujientes y un clima amenazador. Por su parte, la funk «The Night Pop Dropped» y «Lester Bangs» —un homenaje al desquiciado escritor que cambió la historia del periodismo musical en Estados Unidos— representan el lado más pop del álbum. Esta última incluye un estribillo contagioso y, como no podía ser de otra manera, gira en torno a un outsider, una bala perdida fuera de los márgenes de la sociedad: el mismo papel —por no decir mártir— que Morrissey ha encarnado durante toda su carrera.

En cuanto a las letras: el precio de la fama, marginados, decadencia cultural, crítica al espectáculo mediático, nostalgia por un pasado mejor, los derechos de los animales, muerte y memoria, cancelación, ironía hacia la industria musical y esa permanente sensación de desajuste con el mundo que siempre ha definido a Moz.

En la recta final aparece la ominosa «Many Icebergs Ago» —con cierto aire de un spaghetti western—, una pieza que se desmarca claramente del resto del álbum y que supone una apuesta arriesgada dentro del conjunto. El cierre llega con «The Monsters of Pig Alley», un final melancólico que devuelve al disco su pulso más inspirado. Si hubiera sido el primer sencillo, quizá todo habría sido diferente.

Estamos ante un elepé variado, ameno y bien secuenciado por Joe Chiccarelli (The White Stripes, The Strikes, My Morning Jacket), convertido ya en el productor de confianza de Morrissey —quinta colaboración entre ambos— durante los últimos años. En conjunto, el cantante entrega un trabajo disfrutable que, además, crece con las escuchas. Curiosamente, es en la cara B donde se concentran algunos de sus momentos más notables, demostrando que aún conserva la capacidad de sorprender cuando menos se espera. Probablemente no estemos ante una obra maestra dentro de su discografía, pero sí ante un álbum sólido que gustará a sus seguidores y ofrece suficientes motivos para regresar a él con cierta frecuencia. Y, a estas alturas de su carrera, con eso debería bastar.




viernes, noviembre 17, 2017

MORRISSEY: «LOW IN HIGH SCHOOL» (BMG, 2017)

«Ningún niño quiere crecer para ser presidente y hay una sensación de que el mundo está cerca de su fecha de caducidad. No hay ningún motivo para mantener los sentimientos y visiones. Esto es el mañana».

Morrissey


Nadie pone en duda el estatus de Morrissey como artista de culto. Desde la disolución de The Smiths ha labrado una sólida carrera en solitario. Fiel a sí mismo, su discografía no desmerece en comparación con la de su vieja banda. Pocos cantantes, por no decir ninguno, han sido capaces de superar las glorias del pasado. Moz cuenta con ambición, una lírica ácida y afilada, una voz única y una carencia de nostalgia que le permite afrontar el presente sin lastre sobre sus espaldas. Su público es de los más fieles que existen. Durante décadas ha subido al escenario con los ojos llenos de lágrimas para abrazarle. ¿Cuántos músicos serían capaces de conseguir algo similar en los tiempos que corren?

Las declaraciones de Morrissey siempre han sido controvertidas. No tiene reparos en decir lo que piensa sobre política, el veganismo, compañeros de profesión, la defensa de los animales, la monarquía británica, las multinacionales, la comida basura o el estado de la industria discográfica, entre muchos otros temas. En comparación, las bravatas de los hermanos Gallagher resultan infantiles. Quizá por ello World Peace Is None Of Your Business (Harvest, 2014) fue un fracaso de ventas. El artista acusó a la casa discográfica que lo representaba en aquella época de prestarle nulo apoyo. En consecuencia, fue despedido a las pocas semanas de haber publicado el disco. Pese a lo sucedido, Moz se embarcó en una gira mundial para promocionar su trabajo. Al diablo con los ejecutivos que lo único que desean es llenarse los bolsillos gracias al sudor de sus artistas. Los fans —aquellos que compran elepés y pagan por ver a sus ídolos en directo— son los únicos que importan. Que tomen nota las estrellas que brillan en el firmamento y actúen en consecuencia.

Tres años más tarde, «Spend The Day In Bed», con su irónica letra sobre la pereza, la crítica a los medios de comunicación y el deseo de olvidar el mundo, volvía a situar a Morrissey en primera línea de la industria. Un corte pop con una melodía saltarina que, aunque en un principio no causa demasiada impresión, termina ganando con las escuchas. La portada del álbum —un niño en la puerta del palacio de Buckingham con un hacha y un cartel que anuncia «Axe The Monarchy»— remitía a piezas como «The Queen Is Dead» o «Margaret In The Guillotine». Producido por Joe Chiccarelli (The Strokes, The White Stripes, The Raconteurs) y grabado en La Fabrique Studios, Low In High School (BMG, 2017) es un trabajo de alta carga política, con críticas a las guerras por el petróleo, la brutalidad policial, la soledad y la decadencia del planeta. Moz no cambia con el paso del tiempo.

«My Love, I'd Do Anything For You» es una declaración de principios de corte glam: guitarras distorsionadas, estupendo fraseo por parte de Morrissey, vientos y gritos de colofón. «I Wish You Lonely» (segundo sencillo) destaca por su fondo electrónico y una lírica amarga sobre el aislamiento. Una canción cruda y enérgica que puede convertirse en uno de los pilares de su próxima gira. «Jacky's Only Happy When She's Up On The Stage» (tercer adelanto), con su siniestro sintetizador de fondo y coros infantiles de despedida, resulta una bofetada a los actores endiosados. Tal como era de esperar, el público abandona la sala antes de que termine la película. La balada «Home Is A Question Mark» es nocturna, cinemática y conmovedora: delicados arpegios, poderosa base rítmica, teclados, estribillo épico y cuerdas. «I Bury The Living», esquizofrénica y experimental, lanza un ataque al ejército que devuelve los cadáveres de los soldados caídos en combate a casa. Las madres deben velar los cuerpos de sus hijos sin que nada pueda servirles de consuelo.

La segunda parte del elepé comienza con «In Your Lap», una balada de piano sobre relaciones destrozadas en las que solo queda el sexo para paliar el fracaso; Moz se luce con una interpretación tenebrosa. En «The Girl From Tel-Aviv Who Wouldn't Kneel» encontramos un chachachá (increíble pero cierto) con piano y bajo juguetones que contradicen una letra reivindicativa sobre las mujeres israelíes. «All The Young People Must Fall In Love» cuenta con palmas, una base que roza lo marcial y riffs entrecortados; ideal para corearla en vivo. Dos temas menores en el disco. «When You Open Your Legs» habla de la puerilidad de las relaciones humanas, del intercambio de fluidos como escape al tedio y la desesperación. El empaque sonoro latino, con castañuelas y cuernos, recuerda a «The Bullfighter Dies». «Who Will Protect Us From The Police?» empieza con una sirena policial: sucia, electrónica, un esputo a la autoridad. La placa y el uniforme permiten a los representantes del poder acosar a quienes les plazca. Para terminar, «Israel» se solidariza con la situación que sufre el país desde hace años. La melodía de piano es sublime y Morrissey ofrece una de las mejores tomas vocales del álbum: triste, ampulosa y combativa.

Los medios británicos han recibido Low In High School con críticas despiadadas que rozan la acritud. Cabe imaginar que, más que en el disco en conjunto, se han centrado en sus letras, las mismas que no conceden perdones y resultan más hirientes que de costumbre. Acusan a Morrissey de victimista, reaccionario, viejo y amargado. De ser un cantante joven, las conclusiones serían muy distintas. La madurez, como de costumbre, es un factor de discriminación en el mundo de la música. Ciertos individuos, sumidos en una nube de gloria y verdad absoluta, deberían escribir con la profesionalidad que se espera de ellos. Moz no es un personaje mediático agradable ni pretende serlo. Al margen de la opinión de la prensa, nos encontramos con su trabajo más sólido desde Ringleader Of The Tormentors (2006). A punto de cumplir los sesenta años, Steven Patrick Morrissey no ha perdido un ápice de rebeldía, compromiso y actitud. Otra muesca para la leyenda.