jueves, enero 15, 2026

RELATO: «LUCES DE NEÓN», PUBLICADO EN REVISTA BLASTER

«Tú que sobre la nada sabes más que los muertos».

Mallarmé

 

Sobresaltada, Teiko abrió los párpados rasgados. El despertador digital sonaba sobre la mesilla de noche. De un manotazo lo arrojó al suelo, revolviéndose en la cama de espuma sintética. Su cuerpo desnudo emergió entre las sábanas, músculos firmes de judoka, desperezándose como una gata bobtail. Con movimientos ágiles se dirigió al baño del fondo, sorteando la ropa diseminada en la alfombra.

Bajo el chorro candente intentó apartar los pensamientos oscuros, frotando su piel con fuerza. Al terminar, salió del cilindro de cristal, se secó y vistió con un mono de látex negro. El cabello cortado a capas se arremolinaba alrededor de su rostro oriental, ocultando el implante en la mejilla derecha y velando las pupilas modificadas quirúrgicamente.

Abandonó la planta superior del apartamento y descendió las escaleras en espiral hacia el salón. Sobre la mesa de palo de rosa descansaban una consola Daewoo sin estrenar, un paquete de sushi —su cena de la noche anterior—, varias botellas de Red Bull y un cartón de Dunhill de mercado negro.

Encendió el equipo Sony, pinchó La Valkiria de Richard Wagner y, mientras prendía el primer cigarrillo de la jornada, preparó café negro. Observó los ventanales que mostraban la costa desierta: olas espumosas deslizándose sobre la arena bañada por el sol del mediodía. La música se elevó sobre el silencio del apartamento, devolviéndole una sensación de control. Pero la tranquilidad era engañosa: los hombres de Kanetomak habían pasado la tarde anterior, tres cibersamuráis poderosamente armados. Su hermano tenía problemas.

Los cibersamuráis eran fríos e implacables, máquinas sin alma diseñadas para obedecer. Vestían armaduras negras que absorbían la luz, y bajo sus máscaras sin rostro sólo brillaba una línea roja, delgada y cruel como una incisión. Se movían con una precisión inhumana, silenciosa, guiados por algoritmos de combate que predecían cada gesto antes de ejecutarlo. Eran la voluntad mecánica de la Yakuza: emisarios del miedo, perfección sin compasión, cyborgs odiosos creados para matar sin dudar.

—Corporación Schneider —dijo la máquina—. Debes conseguir el bloque H.G.F.

—¿Qué información contiene el programa? —preguntó con desconfianza.

—No es tu problema. Actúa como una buena hermana o Hiroshi morirá.

—¡Que te den, imbécil! —escupió—. ¿Cómo puedo saber que sigue vivo?

El cibersamurái arrojó unos dedos al suelo.

—¿Necesitas alguna prueba más?

Teiko estuvo a punto de vomitar. Una rabia helada le recorrió el cuerpo.

—De acuerdo —susurró con la voz estrangulada—. Lo haré.

Tras tres tazas de café, se acercó a la consola. La Daewoo chispeaba tras el embalaje. De su dedo índice surgió una cuchilla y rasgó el paquete en dos movimientos. Ignoró el manual, conectó los cables de fibra óptica, ajustó la clavija en su implante facial y se colocó los guantes de retroalimentación. Cerró los ojos un instante y encendió la consola. Sus dedos se deslizaron sobre el teclado imaginario.

Una voz metálica resonó en su implante auditivo:

—Conexión lista. Latidos estables. Temperatura corporal en descenso.

Teiko ignoró los datos clínicos; el miedo y la adrenalina se mezclaban en su sangre como dos sistemas incompatibles. No era la primera vez que se conectaba, pero sabía que cada inmersión podía ser la última. En la superficie, los reflejos de los monitores parpadeaban sobre su piel; parecía una estatua de obsidiana, medio humana, medio espectro, al borde de disolverse en la frecuencia binaria.

________________________________________

BAUDELAIRE_618.448 // SECURITY CLEARANCE LEVEL: OMEGA_9

SCHNEIDER DEFENSE GRID : NODE BAUDELAIRE_618.448 ONLINE

CORP_NET//BAUDELAIRE_618.448::AUTHORIZED ACCESS GRANTED

> PROTOCOL: H.G.F. > ACTIVE NODE [BAUDELAIRE_618.448]

SYSTEM ALERT: BAUDELAIRE_618.448 ENTERED RESTRICTED ZONE

________________________________________

Una retícula de luz envolvió sus sentidos, disolviendo el espacio en una negrura sin límites. Meridianos de topacio cruzaban el infinito: logotipos, caracteres en neón, estructuras piramidales de información.

Teiko avanzó en la red, sorteando monolitos de acero que atravesaban el abismo. Su avatar, hecho de estática y código, se movía con precisión quirúrgica. Esperaba que la contraseña falsificada bastara para atravesar el perímetro exterior.

Una serie de notificaciones emergieron a su alrededor, proyectadas en fragmentos de luz azul:

FIREWALL DETECTED // TRACE ROUTE INITIATED // USER SIGNAL: ANOMALOUS.

El pulso de Teiko se aceleró. Veía su propio código descomponerse en líneas que temblaban como si estuvieran vivas. Los algoritmos de defensa de Schneider no eran simples programas: tenían instinto, hambre. Uno de ellos giró su ojo electrónico hacia ella, un centelleo rojo que la atravesó por completo. La sensación fue física, como si una mano invisible tratara de arrancarle el alma.

Cuando alcanzó su objetivo, se paralizó: un astro maligno flotaba en el no-espacio. Cometas defensivos giraban a su alrededor, protegiendo la base de información. Un bloque de defensa emergió, despedía llamaradas de sodio. Teiko contuvo un grito.

Solo es uno, pensó. Puedo librarme de él.

De sus manos surgió un programa con forma de fénix. Las alas rojizas brillaron con intensidad cegadora. Las dos criaturas chocaron, estallando en chispas dentro de la inmaterialidad. Pulsó una serie de códigos y esquivó la garra del enemigo. Escapó del área de interacción, dejando un rastro detectable. Debía darse prisa.

El interior de la base era una réplica de la sede de Schneider. Llegó a la Sección H.G.F., tecleó las claves sobre una pared semitransparente. Los datos aparecieron enmarcados en un rectángulo rosa. Los volcó en su memoria RAM. Entonces la detectaron. Una docena de Agentes Ejecutores emergieron al final del corredor.

Maldita sea, pensó. La he jodido.

Corrió entre los hangares, esquivando las luces cenitales que parpadeaban como ojos artificiales, vigilando cada movimiento. El sonido de los disparos retumbó a su alrededor, una sinfonía metálica que rebotaba entre los muros de acero. Los casquillos golpeaban el suelo como lluvia ardiente. Uno de los agentes cayó con un chasquido seco, su visor astillado por un disparo directo al rostro.

Teiko avanzó a trompicones, respirando con dificultad. La interfaz de su implante se saturaba con mensajes de alerta: niveles de dopamina críticos, daño tisular 34%. La sangre le resbalaba por la clavija de conexión que aún colgaba de su rostro. Se lanzó tras una columna, recargando las automáticas con movimientos mecánicos. La realidad y el código se mezclaban; veía las trayectorias balísticas como líneas de luz suspendidas en el aire, prediciendo dónde moriría si se movía un segundo tarde.

Un proyectil silbó junto a su oído. Disparó a ciegas, y otro ejecutor cayó. Avanzó, rompió los controles de una puerta con un talonazo y se deslizó bajo el marco antes de que los goznes se cerraran de golpe. El corredor que la recibió olía a ozono y metal fundido. Una alarma aguda perforaba el aire. Desde las compuertas laterales emergieron nuevos agentes con armaduras negras y visores rojos.

Rodó, disparó, rodó de nuevo. Cada impacto de su arma levantaba una nube de chispas azules. Las balas impactaban contra los paneles de datos, haciendo estallar ristras de símbolos luminosos que flotaban unos segundos antes de desvanecerse. Uno de los ejecutores intentó flanquearla; Teiko lo abatió con una ráfaga doble, pero otra detonación la lanzó contra el suelo.

Sintió el calor del plasma atravesándole la espalda. Los sensores de su cuerpo artificial estallaron en un torrente de dolor blanco. Aún tuvo fuerzas para girarse y disparar una última vez: el proyectil se incrustó en el pecho de su atacante, que cayó de rodillas antes de evaporarse en una nube de código incandescente.

Otra ráfaga la alcanzó de lleno, fragmentándole el corazón. La tercera hizo que su cabeza explotara en una tormenta de píxeles ardientes. El eco de su grito se prolongó más allá del sonido, convirtiéndose en un espectro de datos que vibró dentro de los bancos de la Corporación. Teiko sintió cómo sus ojos ardían, consumiéndose dentro de la red, mientras su conciencia se disolvía entre las corrientes digitales del sistema Schneider.

Entonces creyó deslizarse en un bosque multicolor: copas que ascendían hacia un cielo imposible. Cruzaba senderos cubiertos de hojarasca digital, una pesadilla emitida por millones de pantallas. Fue una figura varada entre árboles de neón. Intentó pintar una acuarela sobre el lienzo de su memoria, pero los colores se deshacían ante sus manos.

—¿Dónde estoy? —susurró—. ¿Quién soy?

La lluvia ácida caía sobre el alabastro donde flotaba, perdida en un océano de luz. Se encogió, cubriéndose con fragmentos de sueños. Más allá de las estrellas, sus recuerdos la mantenían despierta dentro de la matriz. Y comprendió: ya no había cuerpo, solo código.

Teiko estaba perdida. Había sido absorbida por la red. Su mente se disolvía en el flujo de datos. Hiroshi estaba condenado. Un dolor sordo ascendió por su pecho y, con un último estertor, se rindió.

En el instante final, sus pensamientos se expandieron, confundidos con las corrientes luminosas del ciberespacio. Allí donde la carne terminaba, el alma digital de Teiko continuó viajando, eterna y sin cuerpo.

En la red, los ecos de su conciencia se fragmentaron en miles de pulsos eléctricos. Algunos decían su nombre. Otros eran solo ruido. Pero entre el flujo de datos, algo persistía: una chispa diminuta, un patrón que se negaba a desaparecer.

En los servidores de la Corporación Schneider, un archivo sin clasificación comenzó a replicarse sin permiso.

Nombre de archivo: TEIKO_Ω.resurge

Estado: desconocido.

Las luces de neón nunca se apagan del todo.




miércoles, enero 14, 2026

ENTREVISTA A MOURN: ESCRIBIENDO SU CAPÍTULO MÁS LUMINOSO

La banda convierte Letra Ligada en un lugar cercano, donde las canciones laten con calma y cada palabra habla de lo que sentimos sin decirlo del todo.

Mourn presenta su nuevo proyecto discográfico, una obra que refleja la evolución natural de una banda que ha recorrido escenarios de todo el mundo y que ha sabido transformar esa experiencia en un lenguaje propio. Bajo la producción de Kenneth Ishak, el grupo despliega un trabajo luminoso y honesto donde lo cotidiano y lo imaginario conviven en equilibrio, revelando un universo sonoro cada vez más maduro.

En Letra Ligada, su primer disco íntegramente en castellano, Mourn explora nuevas texturas y matices pop sin renunciar a la esencia que siempre los ha definido. Cada canción se convierte en un espacio donde la complicidad entre sus integrantes encuentra una expresión profundamente personal.

Con motivo de este lanzamiento nos ponemos en contacto con el grupo. Al otro lado del correo electrónico nos responde Leia.

¿Qué os llevó a escribir por primera vez todo el disco en castellano?

En el anterior disco Jazz ya compuso un pequeño trozo de una canción en castellano y nos gustó mucho a todas. En este disco buscábamos dejarnos llevar, no teníamos una idea ya hecha de lo que queríamos buscar. Así que naturalmente surgieron varias letras en castellano y pensamos que tenía mucho sentido.

¿Cómo cambia vuestra manera de contar lo personal al hacerlo en vuestro propio idioma?

En eso creo que Jazz te lo aclararía mejor, pero por lo que sé, no le ha costado hacer el cambio. Muchas veces cantar en otro idioma que no es el tuyo te “protege” un poco de ti misma, parece más lejano y más impersonal. Así que pensé que quizás a Jazz le costaría abrirse a escribir en castellano por si de golpe se convertía en algo muy personal. Pero para nada, se ha lanzado a la piscina con ganas y segura.

El disco es más luminoso y pop, pero muy cuidado. ¿Cómo trabajasteis ese equilibrio?

Surgió muy natural, siempre nos dejamos llevar en el estudio y dejamos que allí surjan ideas y probamos formas. Está claro que Kenneth ha tenido mucho que ver en ese sentido, creo que su sensibilidad y cuidado en los detalles ha hecho que el resultado final suene tan redondo.

¿Qué aportó Kenneth Ishak al sonido final?

Como decía, tuvo mucho que ver en los detalles de cada tema: acústicas, percusiones, segundas o terceras guitarras…

En el disco se aprecian detalles muy finos en guitarras, bajos y batería. ¿Cómo trabajasteis estos arreglos? ¿Llegaron de manera espontánea o hubo una búsqueda más consciente?

En general los 4 somos muy detallistas en nuestra manera de tocar. Cada uno a su modo y estilo, pero siempre cuidamos nuestras composiciones. Todos salieron en el estudio, donde dedicamos tiempo a encontrar líneas, punteos y armonías. Así que de algún modo fue espontáneo pero trabajado con paciencia.

Después de tantos años juntos, ¿cómo creéis que habéis cambiado a la hora de crear música?

Antes nos encerrábamos varios días en el local de ensayo a improvisar y jugar. Ahora que todas tenemos menos tiempo y vivimos lejos entre nosotras, trabajamos cada una desde casa. Nos enviamos ideas y le vamos dando forma entre todas. Luego, cuando podemos, vamos al local y probamos qué funciona y qué no.

En relación a todo este tiempo de carrera, ¿todavía os siguen recordando como el grupo de las hijas de The New Raemon? ¿Llegó a molestaros en algún momento?

Cada vez nos pasa menos, pero no es una cosa que nos moleste. Es un hecho. A mí personalmente, incluso me gusta poder hablar de él en las entrevistas.

¿Qué canción de Letra Ligada tenéis más ganas de tocar en vivo y por qué?

En general nos encanta tocar en directo todo el disco, los ensayos para preparar los directos han sido guapísimos. Pero creo que En el lago se lleva la palma. La energía que nos transmite al tocarla, la letra, el solo de Carla… Nos llega mucho.

Se dice que vuestra complicidad se nota mucho en los directos. ¿Cómo se traslada este nuevo repertorio al escenario?

Creo que seguimos conservando esa complicidad, ahora con otra energía. Más pop y más calmada, pero igual de juguetona.

De cara al 2026 tenéis un par de fechas en Madrid y otras en Barcelona o Valencia. ¿Os veremos en festivales? ¿Se hace difícil llevar a cabo una buena gira por salas?

¡Eso esperamos! Creo que ya hace años que se hace muy difícil tocar en general.

Si tuvierais que definir este disco en una frase, ¿cuál sería?

Va a sonar un poco cursi, pero diré “Un canto a lo bueno en la vida”.



IRVINE WELSH: «PORNO» (EDITORIAL ANAGRAMA, 2005)

Miro su rostro socarrón, recobro la compostura y pienso en la extraña relación que hemos mantenido, no menos misteriosa por haber estado separados durante años. Supongo que él era un poco como yo: ambos sabíamos que para los inquilinos de viviendas de protección oficial la decadencia es una costumbre de mala nota. Una costumbre ridícula, de hecho. La razón de ser de nuestra clase era sobrevivir, sin más.

Irvine Welsh

 

Una década después de los acontecimientos narrados en Trainspotting, volvemos a encontrarnos con los personajes que marcaron a una generación: Simon David Williamson, Daniel Murphy, Francis Begbie y Mark Renton. Marginales, políticamente incorrectos y de escasos escrúpulos, poco han cambiado en este lapso de tiempo. La narración, sin florituras y de gran viveza lingüística, nos sumerge de lleno en una decadente Edimburgo devastada por los cambios: los viejos tiempos nunca regresarán y la sociedad corrupta que antes recurría a los narcóticos para escapar del tedio, la pobreza y la desesperación ahora se encuentra obsesionada con el sexo, el dinero, el consumismo y la trivialidad absoluta. Leith —barrio en el que creció la clase obrera, aplastada por la política represora de Margaret Thatcher— ha sido transformado, con el paso del tiempo, en una zona pija para los adinerados.

Sick Boy es el narrador principal: un antihéroe adicto a la cocaína, arrabalero, egocéntrico, sórdido, manipulador y con delirios de grandeza. Decidido a ganarse la vida sin demasiado esfuerzo, realiza toda clase de chanchullos: venta de drogas, prostitución, fraudes y, finalmente, se embarca en el rodaje de una película porno que, por un lado, le permita mezclar trabajo y placer y, por otro, alcanzar la gloria económica y el prestigio social que tanto ansía. Como es natural, Williamson desea una obra de calidad que se convierta en un clásico del género, no una aberración gonzo de ínfimo presupuesto. Huelga decir que hará todo lo necesario para sacar adelante su nuevo y ambicioso proyecto: Siete polvos para siete hermanos.

Aparte del protagonista, reaparecen viejos conocidos como Spud —ingenuo choricillo con un corazón de oro, incapaz de abandonar el caballo y rehacer su vida—; Franco —recién salido de la cárcel, tan psicópata como de costumbre, perpetuamente irascible y dispuesto a recurrir a la violencia física ante la menor excusa—, y Rent Boy, limpio de estupefacientes, que se siente culpable por haber traicionado a sus antiguos colegas. Este último parece ser el único que, hasta cierto punto, se ha reconciliado con el tormentoso pasado que todos compartieron. Cabe destacar también la inclusión de Terry Juice Lawson y Rab Birrel, personajes de Cola, ambos con un papel fundamental en el presente libro, creando un todo coherente y sin fisuras dentro del llamado Universo Trainspotting, en el que transcurre la mayor parte de la producción del autor.

La profusión de voces de Trainspotting se ha reducido al mínimo, aportando mayor agilidad y coherencia a la narración. Se agradece que Welsh no haya fotocopiado su obra más célebre y ofrezca una historia completamente distinta a la anterior. Puede que Nikki Fuller-Smith —una bella estudiante de cine que trabaja en una sauna para ganar un dinero extra a la asignación paternal— sea el personaje más logrado (junto a Sick Boy) de la novela. Pese a ello, junto a la pérdida de frescura, el gran error de Porno es reducir el protagonismo de Renton a un mero secundario. Los capítulos dedicados al personaje —en especial la parte ambientada en Ámsterdam— carecen de la garra de antaño y parecen escritos con prisa, sin profundizar en sus motivaciones. Por fortuna, en Los chicos del jaco (precuela de Trainspotting), Rent Boy volvería a primera división para recuperar la importancia que merece.

Reflexiones sobre el paso del tiempo, el precio que se paga por los errores cometidos, las amistades rotas y la madurez de unos personajes que no han logrado tomar las riendas de su presente son los temas más destacados de la obra. Porno es un libro que tiene que competir inevitablemente con su predecesor. A diferencia de Trainspotting, la denuncia social ha sido reemplazada por una visión negra, cruda, visceral y humorística de la industria cinematográfica para adultos; la misma que hoy influye en la cultura contemporánea y que, gracias a Internet, pocos pueden ignorar.

Al igual que la primera parte, la novela fue llevada al cine por Danny Boyle, como una especie de homenaje a la película estrenada en los noventa. Una tardía secuela, inferior a la original —pues apenas toma prestados unos ligeros esbozos del libro—, que hace demasiado hincapié en la nostalgia. Lejos han quedado las memorables imágenes de 1996: la carrera al ritmo de Lust for Life de Iggy Pop, el «peor retrete de Escocia», la sobredosis con Perfect Day de Lou Reed de fondo, el bebé gateando por el techo y Born Slippy de Underworld mientras Renton se despide de los espectadores decidido a empezar de cero. Vivir del pasado nunca fue una buena opción.



martes, diciembre 30, 2025

LOS 10 MEJORES DISCOS INTERNACIONALES DE 2025

1. Suede – Antidepressants

Un disco elegante y maduro que reflexiona sobre los errores el pasado y el paso del tiempo. Suede demuestra que el Britpop puede envejecer con dignidad y una sofisticación sonora impecable.

2. Tame Impala – Deadbeat

Kevin Parker firma su elepé más oscuro y rítmico, explorando la alienación moderna con una producción milimétrica. Psicodelia, electrónica y funk se funden en un trabajo hipnótico y profundamente contemporáneo.

3. Florence + The Machine – Everybody Screams

Un álbum catártico. Florence Welch alcanza aquí un equilibrio perfecto entre épica emocional y vulnerabilidad absoluta. Cada canción suena como un clímax, confirmando uno de los trabajos más intensos del año.

4.  The Horrors – Night Life

The Horrors entregan un disco vibrante y expansivo que fusiona post-punk, synthwave y psicodelia oscura con una energía renovada.

5. Garbage – Let All That We Imagine Be the Light

Garbage regresa con fuerza, actitud y discurso. Shirley Manson lidera un álbum combativo, afilado y vigente, donde el rock alternativo sirve de vehículo para letras políticas y existenciales sin perder pegada ni melodía.

6. Jehnny Beth – You Heartbreaker, You

Crudo, provocador y visceral. Jehnny Beth entrega un elepé intenso que combina rock, punk e industrial para explorar el deseo, la violencia emocional y la identidad sin concesiones.

7. Richard Ashcroft – Lovin’ You

Ashcroft apuesta por la calidez y el clasicismo. Un disco luminoso y espiritual, centrado en el amor y la redención, que destaca por su autenticidad.

8. White Lies – Night Light

Nocturno y cinematográfico, este álbum refuerza el lado más melancólico y elegante de la banda. Sintetizadores envolventes y letras introspectivas para un trabajo con atmósfera ochentera.

9. Hayley Williams – Ego Death at a Bachelorette Party

Un elepé personal y experimental que mezcla pop, indie, hip hop y soul. Aunque extenso para los tiempos que corren, destaca por su sinceridad y riesgo creativo.

10. The Chameleons – Arctic Moon

Post-punk clásico con un enfoque moderno. Un álbum frío, introspectivo y profundamente atmosférico que apela a la nostalgia sin quedarse anclado en el pasado.

Fuera del top 10 pero destacable

Tom Smith – There Is Nothing In The Dark That Isn’t There In The Light

El vocalista de Editors presenta un trabajo marcado por el piano, las cuerdas y una narrativa íntima. Un disco sobrio y elegante, donde la emoción se construye desde la contención y la honestidad.



jueves, diciembre 25, 2025

DAVID BOWIE: «OUTSIDE» (BMG, 1995) (TREINTA ANIVERSARIO)

En 1995, David Bowie eligió caminar hacia las sombras en lugar de refugiarse en el resplandor de su propio mito. 1. Outside (The Nathan Adler Diaries: A Hyper-cycle) (BMG, 1995) es un laberinto sonoro donde conviven asesinos conceptuales, artistas decadentes y paisajes urbanos corroídos por la sospecha. Treinta años después, ese desconcierto sigue sonando extraño y magnético.

El regreso de Brian Eno convirtió el estudio en un territorio de exploración radical. Guitarras como cuchillas, ritmos industriales, voces espectrales: cada pista es un pasaje a un mundo donde lo hermoso y lo grotesco se confunden. Canciones como «The Hearts Filthy Lesson», «Hallo Spaceboy», «No Control», «The Voyeur of Utter Destruction (As Beauty)», «I’m Deranged» o «Strangers When We Meet» revelan a un Bowie que entiende la música como un teatro lúgubre.

No estuvo solo: Reeves Gabrels desfiguró la guitarra, Mike Garson llevó el piano al límite expresionista, Carlos Alomar sostuvo el pulso rítmico, Erdal Kızılçay aportó versatilidad instrumental y Sterling Campbell marcó el compás de un futuro distópico. Eno, además de producir, ideó trampas creativas que empujaron a todos hacia lo imprevisible.

En Outside confluyen la improvisación de la trilogía de Berlín, la crudeza industrial de los noventa, la narrativa experimental del arte contemporáneo, ecos de Damien Hirst, Burroughs y Lynch, y la disonancia jazzística de Garson. También late un diálogo con su propio pasado, reinterpretado en clave perturbadora. El resultado: un elepé excesivo, denso y fragmentado, pero también visionario y profundamente personal.

La trama de Outside se presenta como un diario de estilo cyberpunk escrito por Nathan Adler, detective de la División de Asesinato Artístico. La historia se sitúa en los últimos días de 1999, Adler investiga el asesinato ritual de una joven conocida como Baby Grace Blue, supuestamente desmembrada y convertida en una macabra obra de arte. A través de interludios y canciones, Bowie da voz tanto al investigador como a un coro de sospechosos: artistas marginales, profetas deformes y posibles verdugos. El relato nunca se ofrece completo; avanza como un mosaico roto, más cercano a una novela distópica que a un thriller convencional, donde la duda y la ambigüedad pesan más que la resolución del crimen.

El Outside Tour de 1995, junto a Nine Inch Nails como aliados, llevó a Bowie a desafiar a su público con conciertos oscuros y experimentales que confirmaron su sintonía con la vanguardia de la época. Este combinó las piezas del álbum con rescates poco habituales como Look Back In Anger, Andy Warhol, Scary Monsters (And Super Creeps) o Breaking Glass. Apenas sonaron los grandes himnos de siempre: Bowie prefirió alternar lo nuevo y lo marginal de su catálogo, subrayando que el tour era, más que un repaso de éxitos, una declaración de intenciones artísticas.

Su recepción fue ambivalente: celebrado por su audacia, cuestionado por su complejidad. En lo comercial, Outside tuvo un desempeño moderado: alcanzó el № 8 en Reino Unido y el 21 en Estados Unidos, lejos de los éxitos masivos de otras etapas, aunque con el tiempo ha ganado el peso de una obra de culto dentro de su discografía.

Tal vez por esa acogida desigual, la anunciada continuación nunca llegó a materializarse, y el artista optó por regresar en discos posteriores a un estilo más directo y reconocible.

Con motivo del 30º aniversario, Bowie vuelve a estar presente en las plataformas digitales a través de dos EPs conmemorativos. El primero, The Hearts Filthy Lesson Mix E.P., recupera y remasteriza versiones alternativas del tema junto a mezclas de Tim Simenon y un aporte inédito de Trent Reznor. El segundo, I’m Deranged E.P., incluye las célebres ediciones usadas en Carretera perdida de David Lynch y rescata la inédita Jungle Ambient Dub Mix. Estas publicaciones no solo reavivan la memoria de Outside, sino que muestran su vigencia como obra abierta a reinterpretaciones y relecturas.

Outside permanece como uno de sus discos más vanguardistas, una herida abierta en su discografía y un legado de audacia y futuros posibles. Su espíritu experimental encuentra reflejo en Blackstar (2016), igualmente arriesgado, que cierra su carrera con la misma inquietud y capacidad de sorpresa.



jueves, diciembre 18, 2025

TOM SMITH: THERE IS NOTHING IN THE DARK THAT ISN’T THERE IN THE LIGHT (PIAS, 2025)

Tras años al frente de Editors y algunas incursiones paralelas junto a Andy Burrows bajo el proyecto Smith & Burrows, Tom Smith publica su primer álbum en solitario, un trabajo breve que se escucha en un suspiro, pero deja poso. Un disco impulsado por la necesidad vital de encontrar una nueva voz artística, alejada de la inercia de la banda que lo llevó a la fama.

Se trata de un álbum reposado e intimista, claramente influenciado por Nebraska de su admirado Bruce Springsteen, donde Smith renuncia a cualquier atisbo de grandilocuencia. Durante la última década, Editors abandonó el sonido guitarrero post-punk de sus orígenes para adentrarse en territorios más electrónicos; aquí, sin embargo, el músico opta por el camino inverso: canciones desnudas, dominadas por la guitarra acústica, el piano y arreglos de cuerdas sencillos que refuerzan el carácter íntimo de la propuesta.

Los singles de adelanto ya dejaban claras las coordenadas emocionales y sonoras del álbum. Lights of New York City funciona como una postal crepuscular, con un delicado ambiente jazzístico subrayado por la presencia del saxo, mientras que Northern Line, marcada por la amistad y colaboración con Andy Burrows, incide en el tono confesional y en la calidez de los arreglos acústicos.

A ellos se suman Life Is For Living, quizá el corte más luminoso del conjunto, donde la melancolía habitual de Smith convive con una serena afirmación vital; Leave, de atmósfera contenida y casi susurrada, que profundiza en la idea de la despedida y la aceptación del cambio; y Broken Time, una de las piezas más frágiles y emocionales del disco, donde el paso del tiempo y las heridas acumuladas se convierten en eje central del relato. En conjunto, estos temas anticipan con precisión el tono otoñal, nocturno y reflexivo del elepé.

Las letras abordan la soledad, la pérdida, el amor, las dudas y las flaquezas humanas desde la perspectiva de quien se despide de la juventud con serenidad. Hay una melancolía persistente, pero también una vulnerabilidad consciente, una búsqueda interior de respuestas y una discreta esperanza en un mañana mejor. En este ejercicio de introspección, Smith recuerda por momentos al Nick Cave más reflexivo, con piezas artesanas, desnudas hasta el hueso.

There Is Nothing In The Dark That Isn’t There In The Light (PIAS) es, en definitiva, un disco valiente, publicado en la edad adecuada para hacerlo: la de una madurez artística bien entendida. Un álbum que se aleja conscientemente del sonido de Editors para ofrecer un lugar para la reflexión, donde la contención emocional se convierte en su mayor fortaleza y donde cada canción parece desarrollarse en un ambiente casi cinematográfico.

Tom Smith presentará este trabajo en directo con conciertos previstos en Lisboa, Madrid y Barcelona para abril del 2026.



jueves, diciembre 04, 2025

ENTREVISTA A BALKAN PARADISE ORCHESTRA — ENERGÍA EN ESTADO PURO

Balkan Paradise Orchestra es una formación que fusiona la energía de las fanfarrias balcánicas con ritmos globales modernos. Su propuesta combina metales potentes, percusión festiva y melodías gitanas, enriquecidas con toques electrónicos y un fuerte sentido de celebración colectiva. En cada concierto convierten el escenario en un viaje multicultural donde tradición e innovación se encuentran para crear un espectáculo vibrante, bailable y sin fronteras.

8 preguntas a Balkan Paradise Orchestra

El proyecto mezcla influencias balcánicas con ritmos globales. ¿Cómo nació esa combinación y qué define el sonido de Balkan Paradise Orchestra?

En nuestros inicios tocábamos principalmente balkan brass de Serbia y Rumanía, con arreglos de temas de grupos como Fanfare Ciocărlia, Goran Bregović, Emir Kusturica o Taraf de Haïdouks, así como canciones tradicionales de varios países de la zona de los Balcanes. Es una música muy festiva que transmite muchas ganas de bailar y pasarlo bien. Como instrumentistas de viento, siempre hemos sido grandes admiradoras de este género, ya que combina virtuosidad en las melodías, tempos vertiginosos y un sonido potente y pegadizo que invita a celebrar la vida. Esta fue la esencia sonora y el origen del nombre del grupo, pero pronto empezamos a mezclarlo con pequeñas referencias más cercanas, como músicas tradicionales catalanas, valencianas o gallegas, y con todo aquello que nos pudiera apetecer o inspirar en cada composición. Actualmente, aunque en algunos temas seguimos tomando como punto de partida los sonidos de raíz balcánica, nuestras propias canciones mezclan distintos ritmos y tradiciones del mundo, dando como resultado una música ecléctica y festiva. Por eso, no nos consideramos estrictamente una banda de balkan brass. El grupo ha ido evolucionando musicalmente en muchos aspectos: poco a poco hemos incorporado más bases electrónicas en el directo, pensamos algunas estructuras de forma más pop o mainstream, pero sin olvidar algún toque más friki. Toda esta mezcla surge de la evolución y del bagaje musical de las integrantes y de la trayectoria del grupo. Por ejemplo, tenemos una baterista que viene del jazz y que también ha tocado rock & roll y punk; una percusionista que domina ritmos latinos y árabes; e instrumentistas de viento con formación clásica o moderna. Todas estas mochilas confluyen en BPO y, además, el hecho de tocar cada vez más en grandes escenarios de festivales y fiestas mayores nos ha llevado a pensar en un show con músicas potentes y bailables.

La sección de metales tiene una fuerza impresionante. ¿Qué papel ocupa en la identidad del grupo y cómo construyen esos arreglos tan característicos?

Los metales ocupan un lugar importantísimo en el grupo, ya que son una de las señas de identidad del género balkan brass y de los inicios de nuestra banda. Las fundadoras del grupo son una tubista, una trompista y una clarinetista que tocaban juntas en una banda sinfónica local. Este amor por el sonido de los metales las llevó a crear una fanfarria distinta en la ciudad de Barcelona. En general, trompetas y clarinetes suelen interpretar la melodía; trompa y trombón tocan los contratiempos; y las tubas hacen los bajos, junto al acompañamiento de la sección rítmica de batería y percusión. No obstante, nos gusta cambiar de roles para enriquecer la composición, así que intentamos que también haya momentos melódicos interpretados por otros instrumentos, como el trombón o la tuba.

Sus conciertos suelen convertirse en celebraciones colectivas. ¿Qué buscan transmitir en el directo y cómo se preparan para mantener esa intensidad?

Las coreografías y la intensidad que transmitimos en el show son el resultado de una evolución a lo largo de nuestros diez años de trayectoria. En nuestros inicios empezamos tocando en pequeños bares y escenarios, alternándolo con conciertos itinerantes en la calle. Tocar en la calle nos aportó una actitud de proximidad con el público, más espacio para la improvisación y la coordinación de coreografías, y un entorno seguro en el que explorar posibilidades, especialmente en los primeros años de la banda. Desde el principio éramos un grupo al que le encantaba disfrutar de lo que tocábamos sin importar si nos equivocábamos, y esa alegría y ganas de pasarlo bien sin complejos es algo que nos gusta transmitir al público. Encima del escenario tenemos la ventaja de estar sonorizadas y de disponer de todo el set de batería y percusión, por lo que el sonido grupal es más compacto, se aprecian mejor los detalles y podemos tocar de forma más cómoda. A lo largo de los años nos hemos centrado en el show de escenario, potenciando y afinando las coreografías. No tenemos una sola front-woman, ya que es un proyecto instrumental con liderazgos compartidos, así que nos gusta que cada una tenga algún momento de protagonismo, sea tocando, hablando o cantando. Además, las ocho instrumentistas de viento cambiamos constantemente de posición en el espacio para aportar dinamismo y una sensación de colectivo. En cuanto al aguante físico durante el concierto, es una cuestión de entrenamiento. Con los años hemos ido aumentando el nivel de dificultad de la coordinación entre tocar y bailar, y en este sentido estamos muy contentas, porque nos motiva mucho mejorar y ver hasta dónde podemos llegar como equipo.

El repertorio mezcla composiciones propias con homenajes a músicas tradicionales. ¿Cómo equilibran la fidelidad a la raíz con la experimentación moderna?

En el directo actual, casi todos los temas que tocamos son composiciones propias, la mayoría de nuestro último álbum, Néctar, que bebe de tradiciones muy diversas. Las pocas versiones que interpretamos son de canciones más o menos conocidas, y el único tema puramente tradicional es «Miserlou», que versionamos a ritmo de drum & bass. En «Miserlou» mantenemos la melodía y el acompañamiento tradicional de fanfarria que tocábamos en acústico en los inicios de la banda, pero en este caso experimentamos un poco con la electrónica. En general, intentamos que el sonido más acústico y de raíz esté ubicado hacia la mitad del concierto, ya que buscamos que esos sean momentos más íntimos, en los que el público pueda escuchar con atención. En cambio, el inicio y el final del concierto suelen ser más bailables y festivos, con temas algo más modernos.

Muchos grupos balcánicos han encontrado públicos muy diversos alrededor del mundo. ¿Cómo ha sido su experiencia conectando con audiencias fuera de ese entorno cultural?

Hemos tocado en países de toda Europa y América del Norte y nunca dejamos de sorprendernos por la buena acogida que tiene nuestro espectáculo. Creemos que conecta con edades, públicos con intereses musicales muy diversos y gente de países distintos por varios motivos: primero, porque tocamos música principalmente instrumental, con algún momento vocal, y esto hace que no nos encontremos con la barrera del idioma. Segundo, porque la música es muy festiva y nos gusta mucho conectar con el público, transmitir alegría, ganas de bailar y pasarlo bien. Esta energía atrae a todo el mundo, tenga la edad que tenga. Nuestro objetivo principal es disfrutar y transmitir ese disfrute. Tercero, porque en nuestros discos hay estilos y géneros diferentes que aportan dinamismo al directo y hacen que sea musicalmente más diverso, atrayendo a público con gustos variados. Cuarto, por el efecto sorprendente de la puesta en escena. Trabajamos muchísimo las coreografías, la presencia escénica y la calidad de la música que interpretamos con nuestros instrumentos, de manera que aparentemente parezca fácil algo que en realidad es muy difícil. Es una propuesta un poco arriesgada que, en general, el público valora muy positivamente. Además, somos todas mujeres, un hecho que por desgracia hoy en día aún sorprende y que para nosotras también es una forma de reivindicación. Como sociedad, todavía no hemos conseguido normalizar una representación verdaderamente diversa encima de los escenarios. Cuesta mucho encontrar bandas formadas íntegramente por mujeres instrumentistas, al igual que personas racializadas o con identidades disidentes, tanto en los escenarios como en la industria musical en general.

Las influencias electrónicas aparecen cada vez más en sus temas. ¿Qué espacio ocupa la tecnología en la evolución del sonido de la banda?

El uso de las bases electrónicas es una herramienta que en el directo aporta potencia y cuerpo al sonido grupal, y también nos ayuda a que algunas canciones con influencias de géneros más modernos tengan más coherencia y puedan lucir mejor. Nosotras tocamos en todo momento, pero el hecho de incorporar otros sonidos, como sintetizadores que apoyen y enriquezcan el sonido de la banda, es algo que nos suma. Según el estilo de cada canción, nuestra baterista toca la batería acústica o la electrónica y el pad. También usamos las bases para crear introducciones o transiciones entre tema y tema que nos permitan respirar, ya que es un bolo muy exigente físicamente. Además, pueden servir como hilo conductor sonoro del concepto estético que queramos transmitir. Por ejemplo, para la introducción del bolo actual y otros momentos del concierto, creamos secuencias de paisajes sonoros de pájaros, abejas y otros elementos de la naturaleza que apoyan la idea de Néctar, el concepto en el que se basa nuestro último disco.

¿Cuál ha sido el concierto más memorable de su trayectoria y qué lo hizo especial?

Hemos tocado en festivales y salas tan diferentes que cuesta mucho quedarse solo con uno… De los conciertos más divertidos, cuando aún hacíamos espectáculos de calle, podemos contar uno que consistió en tocar encima de un tractor en movimiento, con toda la gente siguiéndonos por la zona de Prats de Lluçanès, en el corazón de Catalunya. Nos lo pasamos genial y, de hecho, de ese día salieron un par de vídeos virales. De los conciertos más espectaculares en festivales grandes también hay unos cuantos, sobre todo en Alemania, donde tenemos un público increíble. Incluso hemos tocado en el precioso auditorio Elbphilharmonie de Hamburgo. Fueron conciertos en los que había centenares de personas dándolo todo, como si nos conocieran de siempre. Fue increíble cómo conectamos por primera vez con tanta gente y los disfrutamos muchísimo. Y, por supuesto, no podemos olvidar un concierto muy especial en la sala Apolo de Barcelona, con varias colaboraciones, que también fue totalmente inolvidable.

¿Qué planes tienen para el futuro inmediato: nuevo álbum, giras, colaboraciones…?

Durante este 2025 hemos ido publicando varios singles del que será nuestro nuevo EP, Game Sessions Vol. II. Igual que el Vol. I, está formado por remixes de algunas canciones del álbum Néctar, en los que han participado distintos productores y artistas. Y, relacionado con esto, el año que viene iniciamos una gira nueva, llamada Game Sessions Tour. Ya tenemos publicadas las primeras fechas para febrero y marzo de 2026 en salas de Barcelona, Madrid, Zaragoza y Reus. ¡Si os pilla cerca, ya sabéis: las entradas están disponibles y serán conciertos especiales para nosotras! Además de estar preparando el directo, llevamos ya unos meses componiendo música nueva y grabando maquetas de lo que será el cuarto disco de Balkan Paradise Orchestra, una nueva etapa que seguramente empezará a ver la luz entre finales de 2026 y principios de 2027. El año que viene será intenso y tenemos muchas ganas de poder compartirlo todo pronto con vosotros.