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viernes, mayo 15, 2026

ENTREVISTA A MUYAIO: HUMOR FRENTE AL CAOS DIGITAL

Muyaio combina música, inteligencia artificial y ahora también comedia. En su nuevo EP, Scroll Infinito, tira de pop alternativo e ironía para hablar, sin dramas, de cómo nos llevamos con la tecnología y los algoritmos.

Ocho preguntas para Muyaio:

Acabas de sacar Scroll Infinito. ¿Cómo lo describirías? ¿Qué crees que lo hace diferente?

Dos años de trabajo, de reconstrucción personal y de darle muchas vueltas a las letras. Es una pequeña ventana a lo cotidiano que nos pasa a todos, sobre todo con un móvil en la mano. ¿Qué lo hace diferente de mi música anterior? Que tiene un marcado carácter cómico. Antes hacía canciones más irónicas, otras más reflexivas y otras más bailables, y aquí decidí centrarme en una de esas facetas y llevarla hasta el final. Tan al final, que no solo son canciones, sino también parte de un monólogo de stand-up. ¿Y qué lo hace diferente del resto? Creo que es esa unión entre lo alternativo y lo cómico. No soy el único que lo hace, pero es una línea muy fina y difícil de transitar.

Al final, ¿qué dirías que aporta este proyecto: es más para entretener, para hacer pensar… o ese punto de ansiedad digital que compartimos todos?

Todo el mundo sabe —y ha sentido en sus carnes— lo que es el ghosting, el FOMO o el stalking. Es como un cuadro costumbrista: entretiene, pero también busca la reflexión desde la risa y no desde el sermón. Aquí las conclusiones las saca el oyente; yo solo me retrato a mí mismo.

En el EP hablas bastante de cómo nos relacionamos con la tecnología. ¿En qué momento dejamos de usar el móvil y empezó él a llevarnos a nosotros?

Como digo en el monólogo, si por mí fuera cogería un DeLorean, un condensador de fluzo y me plantaría en 1997 para evitar el acontecimiento que lo cambió todo: Clippy. No, en serio, creo que el momento determinante fue el iPhone 3G, cuando empezamos a tener datos en el móvil, a comunicarnos por WhatsApp en lugar de llamarnos y a hacer fotos con filtros raros.

Si un algoritmo de recomendación te analizara como artista, ¿crees que te incluiría en su lista o te mandaría a “algo similar, pero mejor”?

Depende de cómo esté hecho ese algoritmo: si se basa solo en la gente que me ha escuchado, como la mayoría, o si realmente analiza el contenido de la música. En el primer caso, solo me incluiría en sus listas si tuviera suficientes oyentes; si no, pasaría de mí, hiciera la música que hiciera. En el segundo, seguramente me colocaría en la lista ideal de ciertos oyentes que existen, pero vivimos en un entorno tan saturado de música nueva y de “slop” musical, que al final soy un grano de arena más.

Siendo doctor en IA, ¿te da cosa que algún día plataformas como Spotify se saquen de la manga un “Muyaio 2.0” que publique más que tú?

aja, pues ya están en ello. Spotify está apostando fuerte por desarrollar su propio sistema de música generativa y ha contratado a muchísimos científicos para eso, así que en breve habrá un Muyaio 2.0. Ahora mismo, lo que estoy pensando es sacar un Supertrópica 2.0 antes de que Spotify lo haga por mí: coger los temas de Supertrópica —mi antigua banda— y pasarlos por IA, a ver qué pasa.

Ahora también te has lanzado a la comedia en directo. ¿Qué impone más: el silencio en un concierto o un chiste que no termina de cuajar?

Un chiste, sin duda. En la comedia estás mucho más desnudo: tú solo con el micrófono y, además, con la obligación de hacer reír constantemente. La comedia es mucho más exigente que la música y tengo muchas menos tablas ahí, así que me impone bastante más. Aun así, me he lanzado a la piscina para hacer un show completo de stand-up con canciones, que se llama igual que el EP: Scroll Infinito.

Sacar música desde Canarias siempre tiene su historia. ¿Cómo ves la escena ahora mismo en Tenerife? ¿Hay sitio para algo como lo tuyo?

En Canarias hay músicos buenísimos y mucha música que lo está petando a nivel mundial dentro del género urbano. Pero, a nivel de infraestructura cultural, seguimos en un punto muy básico: no hay circuito para bandas locales si no haces folclore, no hay apoyo real a la música propia y los ayuntamientos se gastan millones en megaestrellas y grupos de versiones, mientras que a los grupos de las islas con temas propios apenas les llegan las migajas. Creo que para lo que yo hago sí hay sitio, pero es difícil ser profeta en tu tierra, y más viviendo fuera. Muchas veces la validación tiene que venir de fuera para que luego te valoren aquí. Si Quevedo hubiera sacado Baifo al principio de su carrera, probablemente ese disco no habría triunfado en Canarias; ahora, con el respaldo de ser una estrella internacional, todo el mundo le compra el discurso.

Y por acabar: si pudieras hackear el algoritmo global durante un día, ¿harías que todo el mundo escuchara tu EP o que apagaran el móvil y salieran a dar una vuelta?

Que apagaran el móvil. Si hiciera que todo el mundo escuchara mi EP, me llovería hate. Mi música es de nicho, no de masas, y un buen algoritmo debería mostrar tu música a quien realmente le vaya a gustar, no lanzarla a diestro y siniestro. Así que mejor apagar todos los móviles y, como digo en mi canción “Amigo de Tom”, parte del show Scroll Infinito: “quiero volver y oír a Kurt Cobain y pasear ya libre de algoritmos, tocarte el timbre y besarnos en el portal”.




martes, noviembre 18, 2025

GARBAGE: «STRANGE LITTLE BIRDS» (STUNVOLUME, 2016)

Tras la fría acogida de Not Your Kind of People (2012), parte de la crítica no tuvo más remedio que rendirse ante la calidad del nuevo trabajo de Garbage. La banda, encabezada por Shirley Manson, entregó un álbum dirigido a su núcleo más fiel, dominado por baterías programadas, riffs incisivos y densas bases industriales. La voz de la escocesa, áspera y sin grandes arreglos, alternaba entre rabia, tristeza, sensualidad y desesperación. Strange Little Birds (Stunvolume, 2016) tenía poco que envidiar a las viejas glorias de los noventa en las que la prensa y los fans parecían haberse quedado estancados. ¿Tan difícil era disfrutar del presente y evitar comparaciones odiosas?

La vuelta de Garbage no fue una maniobra de marketing destinada a engrosar las arcas del grupo, sino un paso necesario para la dinámica interna de sus miembros tras una etapa de distancia y reflexión. La mejor prueba es que, desde entonces, han seguido publicando material con regularidad, realizando giras y encabezando festivales. El combo no ha perdido ni un ápice de la rebeldía, la actitud y el compromiso de antaño. Basta con leer las declaraciones de Manson en los últimos meses: la cantante continúa plantando cara al sistema y, sobre todo, a la industria musical. Al fin y al cabo, Garbage siempre han sido —y serán— unos outsiders.

«Empty» (primer corte destinado a las radiofórmulas) había servido como avanzadilla de un álbum cuya secuenciación arrancaba despacio (con medios tiempos y baladas como la orquestal/industrial «Sometimes») y reservaba sus temas más potentes para el final. «Blackout» era una de las mejores composiciones de la historia del grupo, con su atmósfera opresiva, bajo pesado y un destacable juego de voces. «If I Lost You», al igual que «Teaching Little Fingers to Play» y «Amends», recordaban a los U2 de la etapa Achtung Baby (1991) gracias a unos cuidados arreglos, sintetizadores envolventes y lírica melancólica. La cinemática «Night Drive Loneliness» destacaba por sus teclados, estribillo y sensación de nocturnidad, abandono y liberación, al igual que el segundo sencillo, la asfixiante «Even Though Our Love Is Doomed», que avanzaba en crescendo con su piano y sonido perlado de ecos hasta un amargo colofón.

Por último, «Magnetized» (quizá la más explosiva de todo el trabajo), «We Never Tell» (con un sonido próximo a Nine Inch Nails) y «So We Can Stay Alive» (con un final de pura distorsión) resultaban crudas y enérgicas; ideales para haber sido interpretadas en directo junto a sus clásicos noventeros. Garbage consiguió un trabajo descarnado, oscuro y experimental, en el que la electrónica brilló por encima de las guitarras, consolidando una nueva piedra angular dentro de su discografía reciente. Todo un logro tras una carrera tan extensa.



lunes, septiembre 22, 2025

DAVE GAHAN & SOULSAVERS: «ANGELS & GHOSTS» (COLUMBIA, 2015)

Después de los prometedores resultados de The Light The Dead See (2012), era cuestión de tiempo que Dave Gahan regresara al estudio junto a Soulsavers. A diferencia de sus discos en solitario, este proyecto con Ian Glover y Rich Machin dejó a un lado la electrónica y los ritmos bailables para sumergirse en un blues oscuro, pausado y melódico que recordó —salvando las distancias— a Songs of Faith and Devotion (1993), aunque sin la densidad tenebrosa ni la desesperación que marcaron aquella etapa de Depeche Mode.

Nos encontramos ante un álbum relajado y de vocación cinemática, en el que destacaron las guitarras acústicas, el piano, los arreglos de cuerdas y los coros góspel. La interpretación vocal de Gahan fue potente y embriagadora: todo giró en torno a su voz y personalidad, con canciones claramente moldeadas a su medida. Su influencia en esta ocasión fue mayor que en el trabajo anterior, tanto en letras como en arreglos, algo que también se reflejó en la portada, donde su nombre sobresalió por encima del de los productores, seguramente con el objetivo de alcanzar una mayor difusión comercial. Durante muchos años, Gahan estuvo a la sombra de Martin Gore, hasta que adquirió la confianza necesaria para volar por su cuenta. En este álbum se reveló como un compositor ambicioso, honesto y con ganas de recuperar el tiempo perdido.

Entre los momentos más inspirados destacaron «Shine», «All of This and Nothing», «You Owe Me» y «One Thing». La segunda parte del álbum, pese a mantener un alto nivel de producción y un sonido cuidado, se resintió por cierta monotonía. Un par de temas más enérgicos o con un perfil guitarrero habrían aportado variedad y emoción al conjunto.

En definitiva, Angels & Ghosts (Columbia, 2015) fue un trabajo digno y consistente, capaz de satisfacer a los seguidores de siempre y, posiblemente, de atraer a nuevos oyentes. Confirmó además que el músico de Basildon todavía tenía mucho que ofrecer más allá de Depeche Mode, consolidando un espacio propio en el que su voz y sensibilidad encontraron plena libertad.



martes, septiembre 16, 2025

JEHNNY BETH: «YOU HEARTBREAKER, YOU» (LLC/FICTION, 2025)

El regreso de Jehnny Beth llega en forma de un disco abrasivo y desafiante. You Heartbreaker, You (Fiction, 2025) es una obra de confrontación, levantada sobre guitarras disonantes, bases industriales y un tono catártico que evita cualquier concesión al pop convencional.

Amor, deseo, angustia, rabia y dolor atraviesan cada pista. Las atmósferas transitan del murmullo al grito, entre vulnerabilidad y crudeza, con voces tratadas en estudio y una propuesta deliberadamente alejada de la comercialidad.

El primer single, «Broken Rib», es un mazazo industrial en la línea de Nine Inch Nails: Beth oscila entre susurros y aullidos mientras, en el videoclip, encarna a un personaje que se descompone bajo el peso de la alienación y el caos cotidiano. Más cerca del pop, «No Good For People» juega con sintetizadores y un ritmo denso y machacón, mientras que «Obsession» combina riffs potentes con voces procesadas que refuerzan la sensación de extrañamiento.

Más radical que su predecesor To Love Is To Live (Caroline Records, 2020), aquí no hay medios tiempos ni baladas introspectivas como las que exploró junto a Bobby Gillespie en Utopian Ashes (Sony Music, 2021). La furia domina: «I Still Believe» mezcla atmósfera post-punk y bases electrónicas con un bajo prominente; «Reality» es puro punk visceral, un relato de poder y sumisión en un club nocturno; «High Resolution Sadness» se desgañita en gritos, convirtiéndose en la pieza más abrasiva del álbum; y «Out of My Reach» rescata ecos noventeros de un grunge descarnado. Incluso cuando parece dar un respiro, como en «I See Your Pain», la calma es apenas un engaño antes de estallar en un estribillo demoledor.

El álbum, breve y sin un segundo de respiro, funciona como un golpe continuo: directo al grano, cero anestesia. Beth aborda el amor, la pérdida y la desilusión con una franqueza brutal, despojando sus letras de romanticismo y abrazando la vulnerabilidad sin filtros. Su voz —afilada y tenaz— oscila entre la rabia y la fragilidad, guiando al oyente por un viaje emocional tan incómodo como fascinante.

Con la complicidad de Johnny Hostile —productor, músico, fotógrafo y director de videoclips—, el proyecto se ha desarrollado al margen de presiones discográficas, con total libertad creativa. El resultado es un álbum intenso y salvaje, que recuerda por momentos a PJ Harvey o Alice Glass, pero con una personalidad propia y ferozmente contemporánea.

Beth firma, en definitiva, una declaración de principios: You Heartbreaker, You es un puñetazo en el estómago, un trabajo que no busca agradar, y que ratifica su lugar como una de las voces más relevantes e indomables del panorama actual.



martes, octubre 04, 2022

PIXIES: "DOGGEREL" (BMG, 2022)

Pixies fue el epítome de banda independiente. Precursores —con Violent Femmes,  Dinosaur Jr., Hüsker Du, Jane's Addiction, Sonic Youth, Trowing Muses y Melvins—, en abrir brecha a lo que luego se conocería como rock alternativo, nunca triunfaron a nivel comercial en su época dorada. 

 

Melódicos y abrasivos, mezclaban punkpostpunknoise surf rock. Sus letras hablaban sobre OVNIS, surrealismo, locura, incesto, escatología, castigos bíblicos, humor macabro, desastres naturales y mutilación. Como compositor, Black Francis tiene un estilo único, excéntrico, alejado de lo que se espera de una canción pop

 

Entre finales de los ochenta y principios de los noventa, facturaron cuatro elepés de gran calidad. Las giras extenuantes junto a la lucha de egos de Francis y la bajista Kim Deal por el control del grupo, mermó la estabilidad de los integrantes, forzando su desintegración en 1993. Como suele suceder en estos casos, se convirtieron en leyenda. Su influencia alcanzó a Nirvana, Blur, Weezer, Pavement, Radiohead, U2 y David Bowie. «Para molar tienes que escuchar a Pixies» fue el leivmotiv subterráneo de los noventa. A partir de entonces las bandas indies los tomaron como modelo de calidad e integridad artística. Su legado alcanzó el merecido puesto que le correspondía en el imaginario popular.  

 

Después de muchos años de rumores, colaboraciones y proyectos en solitario, los de Boston regresaron a la palestra con energías renovadas. Indie Cindy (Pixies Music, 2014) fue el primer eslabón de su nueva etapa discográfica. Dadas las circunstancias que los condujeron a la disolución, Deal fue expulsada del grupo. Desde entonces, Pixies han continuado editando material con regularidad. Su retorno no fue flor de un día, tal como muchos vaticinaron. Junto a Doggerel (BMG, 2022), cuatro álbumes hasta la fecha; el mismo número que en los viejos tiempos. 

 

Con Tom Dalgety (Royal Blood, Ghost) como productor, la formación suena madura y experimentada gracias a una secuencia de canciones perfectamente ensambladas que no aburren en ningún momento. De hecho, puede que este sea el disco más asequible de su carrera. Huelga decir que la vieja guardia que aún anhela otra Where Is my Mind?Here Comes Your Man o Monkey Goes to Heaven, tendrá motivos de sobra para rasgarse las vestiduras. La nostalgia es más mítica que el presente.

 

La vertiginosa There's a Moon On que apenas alcanza los tres minutos, con su percusión crujiente y solos de guitarras californianos, fue una estupenda carta de presentación. Surf rock de toda la vida made in Pixies. 

 

Nomatterday abre con un bajo prominente, spoken word y una letra árida que parece dedicada a los detractores del grupo. Para aquellos que los que los acusan viejas glorias sin nada que ofrecer. A mitad de tema, un inesperado cambio de tempo. De segunda a quinta en pocos segundos.

 

Vault of Heaven —segundo sencillo— recuerda a Doolite (4AD, 1989): la progresión de acordes, las guitarras, la sección rítmica… Rock con aire de spaguetti western. El vídeoclip —con un Zorro desfasado, un Elvis negro y una Marilyn travestida— roza el surrealismo de las películas de John Waters. 

 

El tercer single, Dregs of the Wine —inspirada en la juventud del guitarrista Joey Santiago—, con sus coros surf y cambios de ritmo, es un mal viaje de ácido y vino barato bajo el cálido sol de California. Las grandezas y miserias de Hollywood cuando eres un don nadie. 

 

La luminosa Haunted House —pop clásico de Pixies al estilo de los cincuenta— podría tomarse como un tema de broma, casi infantil, cuando Francis canta que le gustaría habitar una vivienda encantada. Pudo haber sido sencillo perfectamente. 

 

Get Simulated vuelve a subir las revoluciones con un medio tiempo de temática romántica y guitarras incisivas. Folk rock para aparentar lo que no eres con tal de conquistar a la chica más guapa del baile de fin de curso. 

 

Cabe destacar que Doggerel es un elepé cuidado, con múltiples capas y ganchos melódicos. Todos los temas tienen algún pequeño detalle musical que sorprende. Francis —entre susurros, falsetes y gritos— se muestra comedido como nunca habíamos escuchado antes, sin estridencias vocales de ninguna clase. 

 

La country The Lord has ComeThunder and Lightning y Who's More Sorry Now —corte de ruptura sentimental— continúan ahondando en la vena pop del disco, siempre acompañadas por los dulces coros de Paz Lenchatin. La última recuerda a los Smashing Pumpkins etapa Siamese Dream (1993). Otra de las muchas bandas a las que han influenciado. 

 

Pagan Man con Lenchatin en la voz principal y coros de Francis , nos transporta al Neil Young de los setenta: su estribillo y melodía transmite nostalgia por el recuerdo de los viejos —y maravillosos— tiempos. Silbidos de colofón de propina. 

 

En You're Such a Sadduce tienes la impresión de que Francis empezará a cantar en español en cualquier momento. Guitarra fronteriza como acompañamiento. Crece con elegancia y termina de forma mágica. Y en la homónima Doreggel destaca el bajo que roza el funk y un solo de guitarra que es de lo mejor del álbum. 

 

Pixies ha sobrevivido a una carrera tumultuosa que hubiese echado a perder a infinidad de formaciones. Se niega a ser una banda revival —The Cure sería un buen ejemplo— que toque los éxitos de siempre para complacer a los fans. Al contrario, continúa al pie del cañón sin un ápice de añoranza. ¿A quién le importa el estatus de leyenda cuando puedes hacer lo que te gusta? Dudo que los cortes de Doggerel desentonen junto a los clásicos en la gira que se encuentran realizando. 

 

Ser respetuoso con el pasado y mirar hacia el futuro… De eso se trata, ¿no es cierto?