jueves, diciembre 31, 2015

WILLIAM S. BURROUGHS: «¡EXTERMINADOR!» (LIBROS CRUDOS, 2014)

¿Se acuerdan del Congo? 15.000.000 millones de negros exterminados sistemáticamente por los cazadores de recompensas blancos. Al principio se les pagaba previa presentación de un par de orejas completo. Sin embargo algunos cazadores blandos de corazón se limitaban a cortar las orejas y no cumplían con su trabajo tipo:
—Mira negrito yo no tengo nada contra ti es mi trabajo mujer y niños en Inglaterra soy una buena persona. Supón que solo te corto las orejas y te dejo vivir naturalmente espero alguna cosilla por los problemas. ¿Qué me dices?
—Tú ser buen hombre, amo. Tú ser justo hombre blanco.

William Burroughs

Publicado en 1973 por Viking Press, ¡Exterminador! es una colección de relatos cortos que habían aparecido previamente en prestigiosas revistas como Rolling Stone, Evergreen Review, Village Voice o Esquire Magazine. Basta con leer la primera página para descubrir el estilo inconfundible del autor: una mezcla de surrealismo, crítica social, desprecio por las normas y experimentación física, mental y espiritual a través del consumo de narcóticos de toda índole.

Considerado uno de los escritores más visionarios, vanguardistas y extravagantes de la literatura moderna, Burroughs nos traslada, a través de las palabras, a un universo en el que las reglas existen para ser quebrantadas, los gobiernos son herramientas de control, las autoridades carecen de cualquier tipo de decencia, las armas solucionan los problemas espinosos y la única forma de ignorar los horrores de la vida diaria consiste en consumir sustancias —legales o ilegales— por vía intravenosa. Exterminadores de insectos, rodajes de películas porno, cárceles atestadas de delincuentes, la evolución humana como caos que traerá la destrucción del planeta, sodomía, búsqueda de estupefacientes, documentales que ilustran el declive de la civilización, virus biológicos, violencia policial, imperialismo americano, sectas y matanzas sumarias forman un mosaico enloquecido en el que se desgranan sus obsesiones habituales.

Entre todas estas historias destacan ¡El exterminador!, Viento morir. Tú morir. Nosotros morir., El regreso del astronauta, Últimos resplandores del crepúsculo y El advenimiento del Héroe Púrpura. El ácido y despiadado humor de Burroughs no concede perdones y carga contra una sociedad corrupta, deshumanizada y decadente. Algunos relatos contienen elementos experimentales sin puntuación de ninguna clase o el famoso cut-up —método que consiste en mezclar textos al azar para romper la linealidad de la palabra escrita—, técnica que utilizó de forma constante durante los años setenta. A modo de «cameos», aparecen viejos personajes como el célebre Dr. Benway (amoral médico que solo desea realizar aberrantes experimentos con sus pacientes) o el billonario A.J. (un Howard Hughes/Larry Flynt proclive a llevar una pistola de agua cargada de semen a las fiestas de alta sociedad para disparar a las invitadas). Ambos constituyen una sátira feroz tanto del sistema médico —que no duda en tratar a los enfermos como objetos desechables— como de las clases privilegiadas —estúpidas, pueriles y embebidas en su falsa sensación de poder obtenido gracias al dinero—.

El universo literario de William Burroughs se caracteriza por la ausencia de bondad, la locura, la catástrofe, la muerte y la alucinación. El ser humano es miserable, repulsivo y cruel por naturaleza; la familia, una farsa destinada a perpetuar su propia decadencia; los estamentos gubernamentales, focos de avaricia y podredumbre; y la religión, una farsa absoluta cuyo único objetivo es desplumar a los ilusos que creen en su degenerada doctrina. No existe espacio para el amor, la ternura o los sentimientos. A lo sumo, hay satisfacción inmediata forzando prácticas sexuales al primer joven atractivo que tenga la desgracia de encontrarse en el lugar inadecuado. La Tierra está condenada al holocausto nuclear y, por algún extraño misterio, resulta increíble que aún no haya sucedido.



                

lunes, diciembre 21, 2015

"BIG SUR", DE JACK KEROUAC


La angustia mental es tan intensa que uno siente que ha traicionado su propio nacimiento, el esfuerzo y los dolores de parto de mi madre cuando me trajo al mundo, he traicionado el esfuerzo que hizo mi padre para alimentarme,  permitirme crecer, hacerme fuerte y Dios mío también educarme para la “vida”, se siente una culpa tan profunda que uno se identifica con el Demonio y Dios parece muy lejano, abandonándolo a uno a su estupidez enfermiza.

Jack Kerouac


Publicada en 1962, cuando contaba con cuarenta años, a diferencia de En el camino, el impulso vital, lúcido y nervioso que lo caracterizaba ha sido reemplazado por la depresión y la pérdida de la esperanza. En Big Sur nos encontramos con un Kerouac hastiado de la vida, profundamente insatisfecho, víctima de los efectos devastadores de la fama y el alcohol.

La influencia de la Generación Beat ha creado una serie de imitadores vestidos con ropa de marca, petulantes y de escaso talento artístico que, a diferencia de sus fundadores, destacaban por carecer de originalidad o ideas propias. Bohemios que vivían gracias al dinero de sus padres y se consideraban demasiado especiales para aceptar un empleo que los obligara a ensuciarse las manos. Kerouac detestaba haberse convertido en el portavoz de una generación consentida y autocomplaciente que le expresaba su fanatismo —lo consideraban un individuo excepcional y un modelo a seguir— en las barras de los bares que solía frecuentar. Este, para no decepcionarles, gracias a su liquidez económica, los invitaba a todo lo que demandaran.

La necesidad de huir de su entorno fue tan imperiosa que aceptó la propuesta de su amigo (y editor) Lawrence Ferlinghetti para pasar una temporada en una cabaña de su propiedad aislada de la civilización. Kerouac no tardó demasiado en hacer las maletas y poner rumbo a Big Sur. Durante varias semanas, lejos de colegas, admiradores y aprovechados, disfruta de su propia compañía leyendo y dando largos paseos en un entorno salvaje dominado por bosques, bancos de niebla, riachuelos, ratas por doquier, playas de arena blanca, gaviotas, grandes acantilados y el océano tempestuoso. Aunque es un ferviente defensor del budismo, la religión no le ha servido para encontrar la paz de espíritu. Para su pesar, Kerouac era un individuo gregario que necesitaba la compañía de sus semejantes aunque en el fondo de su corazón no los soportara.

En la novela aparte de Lenore Kandel, Michael McClure, Philip Whalen, Lew Welch y Victor Wong volvemos a encontrarnos con Neal Cassady al que hace varios años con el que no mantiene contacto porque estuvo encerrado en San Quintín por tenencia de marihuana. Cassady ya no es el joven impetuoso inmortalizado detrás del volante, el mismo que era capaz de conducir durante días sin demostrar el menor ápice de agotamiento. Casado, padre de familia, con dos hijos y un empleo inestable, juega largas partidas de ajedrez y critica la adicción a la bebida de su amigo. Este no ha perdido su poder de fascinación sobre Kerouac y continúa siendo el motor principal de su literatura gracias a una relación de profunda amistad jalonada por la admiración, celos y competencia. A pesar de ello, continúa teniendo una amante en alguna parte a la que no duda en presentarle, y con la que el autor terminará teniendo una corta y desventurada relación amorosa.

Durante toda la obra, Kerouac es víctima de un estado anímico depresivo, paranoico y resacoso que le hace pensar en la muerte constantemente. Un hombre debilitado por una vida de excesos que, inevitablemente, han terminado por pasarle factura. Cansado de aparentar un entusiasmo y una alegría que no experimentaba, la narración fluye en una perpetua angustia física, mental y espiritual causada por el delirium tremens. Ya no es capaz de disfrutar del presente. Psicótico, enfermo, víctima de alucinaciones, cree que tiene enemigos en todas partes y que el mundo está en su contra. Las fiestas y la bebida nutren su creatividad y aunque el deliro, el egoísmo, el autodesprecio y el veneno que recorre sus entrañas lo han deteriorado para siempre, como buen católico, espera encontrar la salvación.   

Pocos autores del panorama literario actual —en el que priman los productos comerciales de fácil asimilación— serían capaces de exponer de manera tan descarnada sus demonios internos sobre las páginas. Big Sur es una obra de escape que muestra el lado más amargo y oscuro del padre de la Generación Beat.   




sábado, noviembre 21, 2015

EDITORS: UN TRIUNFO INCUESTIONABLE

La sala Riviera siempre me ha traído gratos recuerdos. En ella asistí a mi primer concierto importante: la cita fue con los Cure durante lo que se creía su última gira la etapa Bloodflowers. Quince años después el recinto continúa igual que antaño: un lugar pequeño y acogedor con aforo limitado que —a diferencia de los grandes festivales— permite mayor conexión e intimidad con las bandas que pisan sus tablas. Nunca he entendido la mala fama que tiene sobre su sonido porque todas las veces que he estado allí me ha resultado perfecto. Supongo que la próxima vez tendré que plantarme en la barra en lugar de en las primeras filas para comprobarlo. Mientras tanto, prefiero contemplar a las formaciones que me gustan lo más cerca posible.

The Twilight Sad

Sobre las ocho, The Twilight Sad salieron tímidamente al escenario dispuestos a calentar al público. Empezaron con una intensa There's A Girl in the Corner que obligó a prestar atención hasta a los más despistados. El sonido de la banda —denso, taciturno, potente y claustrofóbico— retumbaba con ecos shoegaze a la guitarra, sintetizador y una sección rítmica perfectamente engrasada. It Never Was the Same sirvió de preludio a una fabulosa Nil con la que los asistentes al concierto explotaron. Resulta increíble lo mucho que gana esa canción en directo. 

Cabe destacar la presencia del vocalista del grupo, James Graham, completamente entregado, que parecía flotar a varios centímetros del suelo. Poseído por la música, los párpados cerrados, abriendo y cerrando las manos, y contorsionándose con trances espasmódicos a lo Ian Curtis, no tardó en conseguir que la sala bailara al completo. El final llegó con una apoteósica And She Would Darken the Memory en la que lo dio todo gritando, de rodillas en el suelo y empapado de sudor. Gran espectáculo: los escoceses cumplieron de sobra como teloneros.

Editors

Unos cuarenta minutos más tarde, Editors comenzaron su actuación con la mística No Harm. La voz de Tom Smith —genial como de costumbre— tiene la increíble facilidad de pasar de su tono de barítono habitual al falsete más descarnado. El resto del concierto fue una sucesión imparable de hits que hicieron vibrar hasta el último confín de la sala. El público sintonizó desde el primer minuto con una banda agradecida, simpática y pletórica, saltando y coreando sus canciones. Era palpable que los músicos disfrutaban con la actuación y no pensaban permitir que sus fans se sintieran defraudados por un concierto tibio y sin garra. Todo lo contrario: Smith no cesó de bailar, sonreír, dar palmas y bromear durante toda la actuación, al igual que el resto de la banda. Tocó varias guitarras, el piano y el sintetizador, demostrando que aparte de un vocalista carismático, es un músico muy completo. Dio las gracias innumerables veces y preguntó en repetidas ocasiones cómo se lo estaba pasando el público. ¿Cuántos cantantes indies nacionales se muestran tan cercanos en directo? 

El impecable repertorio desgranó los mejores temas de su discografía: Blood, Life Is a Fear, An End Has a Start, Eat Raw Meat = Blood Drool, Formaldehyde, Bones, Smokers Outside the Hospital Doors en versión acústica, A Ton of Love y Munich. Las canciones de su último disco de estudio —Forgiveness, Salvation y All the Kings— encajaron como un guante con las demás, que fueron desde las guitarras a la electrónica sin fisuras. Para terminar, en el obligatorio bis, Ocean of Night (que podría ser single), una discotequera Papillon y la épica Marching Orders, dejaron a los asistentes pletóricos y exhaustos.  

Sin duda alguna, la noche fue un triunfo incuestionable para ambas formaciones. Espero que no tarden demasiado tiempo en regresar a España para repetir la experiencia. No me la perdería por nada del mundo.   



miércoles, noviembre 18, 2015

ENTREVISTA CORTESÍA DE CANARIAS CREATIVA


El tinerfeño Alexis Brito es autor de varias novelas. Sus relatos y poemas aparecen en I Antología Monstruos de La Razón, I Premio Grup Lobher de Relato Temático, Selección Poesía Erótica Canaria 2013, Antología Steam Tales, Action Tales Antología Pulp, Blue Bayou y otros relatos negros y Western Tales.

Buenos días, Alexis. ¿Quién es Alexis Brito Delgado?

Buenos días, compañero. Siempre he pensado que la mejor forma de conocer a un escritor es a través de su trabajo. En mi blog hablo sobre todo aquello que me interesa: el mundillo literario, relaciones personales, recuerdos, el proceso creativo, música, la sociedad actual, empleo, experiencias personales, etc.

¿En qué género literario podemos encasillarte como autor?

No creo que se me pueda encasillar en ningún género concreto. He escrito Ciencia Ficción, fantasía heroica, relato corto, terror, novela negra, musical, histórica y bélica, autobiografía y poesía. Me gusta innovar, probar estilos, personajes e historias diferentes entre sí. Es la única forma posible de aprender cosas nuevas y no quedarme estancado en los mismos parámetros estilísticos y literarios. Para mí sería terriblemente aburrido escribir sobre el mismo género (o los mismos protagonistas) durante toda mi carrera.       

Ya son varias las novelas que atesoran tu buen hacer. ¿Cómo fue el recorrido hasta conseguir que una editorial abriera sus puertas?

Largo, solitario, difícil y amargo, tal como suele suceder a los escritores sin contactos ni reputación. Terminé mi primera novela a los veinte años y no conseguí que una editorial me concediera una oportunidad hasta los treinta. Fue una década tocando puertas y buscando contactos. Finalmente, a base de humildad y perseverancia, logré mi objetivo. Siendo sincero, pensaba que nunca lo conseguiría. De todas las artes, los novelistas poseen el mayor porcentaje de miembros reconocidos después de muertos. Kafka —un clásico indiscutible venerado por los estudiosos en la actualidad— sería un buen ejemplo. Suerte que no me ha pasado lo mismo.

¿El coraje se forja en seguir intentándolo a pesar de los correos de las editoriales con dulces agradecimientos desestimando tu obra?

Por supuesto. Si permites que los rechazos te afecten, jamás llegarás a ninguna parte en esta profesión. Si no has nacido con una cuchara de plata, colaboras en periódicos importantes o eres tertuliano televisivo, debes confiar en tu obra. Insistir es la palabra clave. El mundo literario es una carrera de fondo; necesitas mucha resistencia para llegar a la meta.     

Repasemos un poco tu andadura novelada. Empezamos por “Dorian Stark”. ¿Qué te aportó dicha obra en lo personal? ¿Qué puede encontrar el lector en ella?

Creé a Dorian Stark con catorce años mientras estudiaba en el instituto y el personaje define perfectamente aquella etapa de mi vida. Durante diez años escribí a todas las editoriales especializadas en Ciencia Ficción españolas y evidentemente fue rechazada por “su escasa calidad literaria”. Cuando fue publicada, aparte de sentirme satisfecho conmigo mismo, llegué a la conclusión que había elegido el camino correcto. Dorian es un antihéroe atormentado por su pasado, drogadicto y perdedor. Desprecia su vida, su profesión y los numerosos crímenes que ha cometido. Me fascinan los personajes complicados, consumidos por la culpabilidad y en conflicto consigo mismos. La novela —el principio de una saga de cinco libros que aún no he conseguido sacar adelante— está influenciada por películas como Blade Runner, Mad Max y 2001: Una odisea en el espacio.          

Háblanos de tu novela de fantasía “Wolfgang Stark: El último templario”.

Wolfgang Stark es uno de mis personajes favoritos. A mediados del año 2000, como no encontraba la manera de publicar mis libros, inspirado por Robert E. Howard, decidí pasarme al relato corto y probar suerte con fanzines digitales y revistas literarias. Nuevamente, volvemos a encontrarnos con un personaje devorado por sus demonios internos, insatisfecho con su destino y sumido en una perpetua guerra espiritual que lo obliga a vagar por el mundo enfrentándose a los poderes de la oscuridad. El género fantástico se encuentra encorsetado en una serie de clichés —mundo ficticio, dragones, magia, princesas, razas exóticas, espadas encantadas— que no me apetecía repetir. Por ello decidí mezclar la mitología europea con la realidad histórica para ambientar las aventuras del protagonista. A los lectores les ha gustado mi enfoque y las críticas sobre la obra han sido positivas.        

En 2013 saltas a la aventura en la Europa invadida por ejércitos napoleónicos. Háblanos de “Soldado de fortuna”. ¿Cómo se desarrolla esta tercera incursión literaria en editorial?

Al igual que El último templario, Soldado de fortuna nació como una serie de cuentos publicados en Internet. Llevaba mucho tiempo escribiendo sobre personajes torturados y necesitaba dar un giro radical en mi obra. Terminar la novela me llevó cuatro años y debo reconocer que me siento feliz por el resultado. Konrad es un individuo completamente distinto a los otros miembros de la familia Stark: arrogante, vanidoso, cínico, burlón y vividor. Decidí crear a un superviviente con una moral ambigua acorde a la necesidad del momento.

Las Guerras Napoleónicas fueron un momento crucial en la historia de Europa: despotismo, robo, millones de fallecidos, coaliciones, política imperial, alianzas y destrucción a mansalva. Llegué a la conclusión que era el marco perfecto para un personaje de estas características y, en vez de centrarme en el drama, elegí el humor negro como revulsivo entre tanta estupidez, locura y tragedia. De hecho, he vuelto a retomar sus aventuras y me gustaría incluir las nuevas historias en una futura (espero) segunda edición del libro.    

Quienes lean esta entrevista, pueden creer que hablamos de tres historias independientes, pero existe un nexo común: la familia Stark. ¿Cómo nace esta premisa común previa a los libros?

Siempre me han agradado las novelas unidas por un nexo común. En mi caso, tengo a los Stark para ahondar en diferentes estilos literarios. Era el mejor modo de cambiar de género y conservar coherencia interna dentro de mi obra. Escribir al azar, sin un plan establecido, confunde a los lectores. En mi saga pueden encontrarse referencias a otros personajes y acontecimientos vividos por los mismos. Con suerte, al público le picará la curiosidad y querrá leer historias de otros miembros de la familia. Un poco como el Ciclo del Multiverso de Michael Moorcock; todos los campeones eternos se encuentran relacionados entre ellos de una manera u otra.   

Y claro, supongo que muchos creerán que tiene algo en común con los Stark de la serie de novelas Canción de hielo y fuego, del escritor George R. R. Martin “Juego de Tronos” o más conocidas por la serie “Juego de Tronos”.

Nada más lejos de la realidad. Llevo utilizando el apellido Stark desde 1994. Reconozco que he leído las cinco novelas principales de la saga y soy fan acérrimo de la serie pero ello no me ha influido como novelista. Como es lógico, todo el mundo lo relaciona con el universo de George R.R. Martin. Una feliz coincidencia, sin duda alguna.

“Gravity Grave” es, por ahora, tu última obra publicada. Una noche de juerga contada desde el punto de vista de un narrador anónimo.

Aparte de la familia Stark, he escrito novelas musicales (por denominarlas de alguna manera) y autobiográficas. Gravity Grave es una mezcla de ambos estilos. Quería narrar sobre la situación política, social y musical de Inglaterra a finales de los ochenta. Gravity es el viaje iniciático de un joven que, gracias a sus amigos, las drogas, la buena música y las noches de fiesta, decide convertirse en escritor. Huelga decir que para crear al personaje principal (el narrador anónimo) me basé en experiencias ajenas y propias. Me gusta pensar que el libro es ácido, crudo, directo y sencillo de leer. Otro giro de tuerca que espero que tenga una segunda parte ambientada en el britpop: This Is Music.         

Cuando un autor ha publicado ya varias novelas, ¿se facilita la publicación de las próximas o es una presión añadida por los referentes anteriores?

Todo continúa igual que cuando empecé a escribir. Este último año he recibido unos treinta rechazos editoriales. Supongo que, como no soy un autor famoso, los editores continúan sin pasar del título de la novela. Te aseguro que si hubiese despachado cien mil ejemplares de Gravity Grave o cualquiera de mis otros libros, tendría un buen número de propuestas sobre mi mesa. ¿Qué puedes hacer el respecto? Te encoges de hombros y continúas adelante. Lo fundamental es sentirme realizado con mi trabajo. La vanidad literaria es el primer paso hacia la decadencia de los novelistas. Existen un millón de escritores mucho mejores que yo que no han logrado publicar en vida; me siento muy afortunado por haberlo conseguido siguiendo mis propias normas.  

¿Cómo empiezas el proceso de creación? ¿Eres de los que se sientan a escribir directamente o de quienes se preparan todo un argumentario previo?

El proceso creativo se divide en tres partes: la historia, una sinopsis detallada que me ayude a llegar al último capítulo y toda la documentación que sea necesaria. Admiro a los novelistas que afirman improvisar sobre la marcha y escriben auténticas genialidades dignas del Premio Nobel. Para bien o para mal, en mi caso no funciona.

¿Qué tienes ahora mismo entre manos?

Trabajo en mi blog todos los meses, escribo historias de viejos personajes, realizo reseñas literarias de escritores que admiro y me gustaría empezar la secuela de Gravity Grave a finales de año. El 2015 ha sido reflexivo a nivel literario; he preferido centrarme en la vida real antes que en la ficción. Necesitaba un descanso y acumular experiencias de cara al futuro. 

¿Se puede vivir la literatura? ¿Qué dirías a quienes leyendo esta entrevista creen que tienen algo que contar?

Si trabajas para una editorial poderosa que promociona tu obra masivamente, la publicita en todos los medios y la distribuye en librerías y grandes superficies, puedes vivir de la literatura. ¿Con cuántos escritores de la talla de Dostoievski contamos en la actualidad? La mayoría de los novelistas que triunfan en los tiempos que corren lo hacen gracias a monstruosas campañas de marketing, el boca a boca y la adaptación cinematográfica de rigor. Echa una ojeada a la lista de los diez más vendidos: best sellers con mucho diálogo, historias de fácil consumo y personajes estereotipados. A diferencia de antaño, el talento se ha convertido en algo secundario. 

¿Algún consejo que darías a quienes hacer su camino, antes de hacer pública su obra?

Ser fieles a sí mismos, escribir sobre lo que les apetezca y no pagar un céntimo por publicar.

Hablemos de la literatura canaria. ¿Cómo definirías el momento actual?

Por primera vez muchos años han surgido una serie de autores que han abandonado el tradicional modelo ambientado en la Guerra Civil. Es un alivio comprobar que las historias ubicadas en el archipiélago han dado paso a propuestas como la novela negra, la fantasía, el terror o el thriller psicológico. Las editoriales canarias deberían evolucionar y tomar nota de este pequeño detalle para que los novelistas autóctonos no tengamos que enviar nuestros manuscritos lejos de casa.   

¿Puede existir una industria dedicada a contar historias desde las islas hacia el exterior?

Evidentemente. El problema es el escaso apoyo por parte de los editores, medios, bibliotecas, subvenciones y organismos culturales hacia los autores canarios. El arte, en líneas generales, está condicionado por los gustos de unos pocos que suelen dar preferencia a sus amistades. Siempre hay espacio para los Carnavales, romerías, verbenas de barrio, fútbol y demás. Para la literatura, no tanto.

¿Es Internet el futuro de la distribución literaria?

Internet es una herramienta que te permite llegar a cualquier rincón del mundo. No creo que la literatura en papel desaparezca tal como los más optimistas llevan años vaticinando. La gente sigue asistiendo al cine, conciertos, exposiciones, comprando música, cuadros y películas. ¿Por qué la literatura tendría que ser diferente?

Pasemos al test rápido: un referente de la creación literaria.

Arthur Rimbaud

Un libro que debe estar en toda estantería que se precie:

El almuerzo desnudo de William Burroughs

Un escritor referente internacional:

Michel Houellebecq

Uno nacional:

Arturo Pérez Reverte

Uno de las islas.

Benito Pérez Galdós

¿Papel o digital?

Papel, por supuesto.

¿Qué es la inspiración?

Un estado creativo que dura tres meses al año.

¿Banda sonora para trabajar?

Cualquier disco que encaje con lo que se está escribiendo.

Para celebrar el fin de una novela….

Citando a Loquillo: Chanel, cocaína y Don Perignon.

¿En qué andas metido ahora mismo?

Escribiendo un artículo sobre El Coloso de Marusi de Henry Miller. 

¿Plan a largo plazo?

Ser feliz o por lo menos intentarlo.

Nada más por mi parte. ¿Deseas añadir algo?

Ha sido un placer charlar con ustedes. Gracias por la entrevista, Sergio.

¡Muchísimas gracias y suerte en la andadura!


Enlace original:




jueves, octubre 29, 2015

“CARTAS”, DE JACK KEROUAC Y ALLEN GINSBERG


En la actualidad la tecnología ocupa un lugar fundamental en nuestras vidas y la escritura de cartas ha pasado a convertirse en un arte olvidado. Abrir el buzón de correos y encontrar una misiva de un ser querido, fue una experiencia común antes de que el teléfono, el correo electrónico, las redes sociales y los móviles se convirtieran en las principales herramientas de comunicación. Gracias a la editorial Anagrama tenemos la oportunidad de conocer la correspondencia de dos los mejores autores americanos del siglo XX: Jack Kerouac y Allen Ginsberg,

De 1944 a 1963 ambos artistas se cartearon profusamente, manteniendo viva la llama de una sólida, honesta y profunda amistad. Apasionados, en sus cartas encontramos consejos literarios, humor, influencias estilísticas, drogas, charlas sobre amigos comunes, música, religión, anécdotas personales, viajes, sexo, espiritualidad, procesos creativos, poesía y futuras visitas. La correspondencia arranca mientras Kerouac se encuentra internado en prisión debido al asesinato de David Kammerer a manos de su amigo Lucien Carr (las autoridades lo consideraban cómplice) y termina en los sesenta, cuando ambos eran escritores famosos y (por desgracia) habían tomado caminos distintos.

Las largas misivas de Kerouac, escritas con el estilo exaltado y espontáneo que le caracterizaba, revelan a un individuo anárquico, visceral y eternamente insatisfecho que busca darle sentido a su existencia. Después de experimentar una juventud que serviría como columna vertebral de su obra, el resto de su vida fue aislamiento, escribir en casa de su madre, recordar tiempos mejores y beber hasta caer inconsciente. Católico, con un profundo sentido de la culpabilidad arraigado en su interior, apenas menciona la adicción al alcohol que terminó conduciéndolo a un gran declive físico y a la autodestrucción. Aunque intentó encontrar la estabilidad personal y espiritual a través del budismo (experiencias reflejadas en Los vagabundos del Dharma) y el exilio en una cabaña alejada de la civilización (narrada en su libro Big Sur), no pudo conseguirlo. Por otra parte, Ginsberg revela ser un poeta profundamente romántico, inocente, fiel a sus amigos, generoso, lleno de sueños y ambiciones, anhelante por exprimir la vida hasta sus últimas consecuencias y con ansias perennes de iluminación. Todo esto lo encontramos en obras como Kaddish y otros poemasSándwiches de realidad y La caída de América: poemas de otros estados. Curiosamente, dos personalidades tan dispares entre sí encontraban sustento con palabras de apoyo, admiración, celos, peleas y críticas constructivas.

A través de su correspondencia, resulta evidente cómo ambos influyeron de forma notoria en la personalidad y escritura del otro. Siendo autores nóveles, sin reputación ni contactos, tardaron mucho tiempo en triunfar a nivel masivo. En sus cartas nos encontramos con figuras conocidas como William Burroughs, Neal Cassady, Lucien Carr, Gregory Corso, Gary Snyder, John Cellon Holmes, Herbert Huncke y Michael McClure, entre muchos otros. Todos forman parte de la Generación Beat —innovador movimiento literario del que fueron progenitores— que hizo temblar las estrechas y arcaicas letras americanas de mediados de los años cincuenta. Pese a sus diferencias, se prestaban apoyo financiero, compartían editores y contactos literarios, y se reseñaban en revistas para ganar notoriedad. ¿Cuántos colegas de oficio serían capaces de hacer algo similar en un mundo de egos, envidias, estupidez y ambición desmesurada?

En el camino (de Kerouac), Aullido (de Ginsberg) y El almuerzo desnudo (de Burroughs) fueron bombas de relojería que detonaron las antiguas fórmulas que dominaban las listas de ventas. Los jóvenes encontraron modelos a seguir que, tal como era de esperar, no fueron del agrado de la sociedad conservadora y las almas bienpensantes americanas. Puede que por ello recibieran (y aún continúan recibiendo) críticas virulentas de los medios, tachándolos de pésimos autores que no tenían nada que aportar con sus escritos. Cuando lograron la fama que había estado esquivándolos durante años, ambos reaccionaron acorde a sus personalidades. Kerouac no pudo soportar el peso de la misma, se negó a realizar entrevistas y lecturas literarias, y se recluyó en el ostracismo, el alcohol y la depresión. Ginsberg, en cambio, disfrutaba efectuando recitales de poesía, conferencias y apariciones televisivas, convirtiéndose en un icono de la contracultura hippie.

Lentamente, conforme pasaban los años, la relación entre ambos fue deteriorándose debido al alcoholismo de Kerouac y el ascenso de Ginsberg en los círculos intelectuales. A pesar de ello, nunca llegaron a romper el contacto. La prematura muerte de Kerouac (a los cuarenta y siete años) debido a una hemorragia interna causada por la cirrosis, truncó una amistad que se hubiera prolongado durante mucho tiempo. Por fortuna para el disfrute de los lectores, ambos tuvieron en cuenta la posteridad y conservaron las misivas que habían intercambiado durante décadas.   

Citando las (proféticas) palabras del autor de Visiones de Cody: «La fama acaba con todo. Llegará el día en que las Cartas de Allen Ginsberg a Jack Kerouac hagan llorar a América».   





miércoles, septiembre 09, 2015

EDITORS: TRAYECTORIA DISCOGRÁFICA


A principios de la década del 2000, una hornada de grupos inspirados por el garaje rock de los 60, el postpunk, la new wave, el shoegazing y el noise rock, asaltaron las listas de ventas. The Strokes, The White Stripes, The Hives y Franz Ferdinand fueron los primeros en alcanzar éxito a nivel mundial, cosechando excelentes críticas y la adoración popular. Había nacido un nuevo movimiento musical —post-punk revival— que posteriormente englobaría a diferentes formaciones como The Strokes, Black Rebel Motorcycle Club, The Killers, The Bravery, Interpol, The Horrors, Bloc Party, Kasabian, White Lies, Arctic Monkeys, Editors, Arcade Fire, Death Cab For Cutie, Savages y Eagulls, entre muchas otras.

Las influencias de aquellos grupos eran evidentes: Joy Division, The Cure, Echo & The Bunnymen, My Bloody Valentine, The Chameleons, Cabaret Voltaire, The Jesus And Mary Chain, Nirvana, The Smiths, Pixies, Depeche Mode, The Fall, Dinosaur Jr., Bauhaus, Oasis, Wire, etcétera. La prensa musical no tardó en trazar paralelismos y encumbrar la mayoría de los debuts de las formaciones anteriormente mencionadas. Por enésima vez, en un ejercicio retroactivo, los años ochenta/noventa se convirtieron en un modelo de inspiración a tener en cuenta.    

Editors, banda de Birmingham liderada por el cantante Tom Smith, se formó en la universidad de Staffordshire en el año 2002. Después de varios cambios de nombre y grabar una maqueta conocida como Snowfield Demo, firmaron con Kitchenware Records. Con Jim Abbiss como productor (Arctic Monkeys, Kasabian, Ladytron, Sneaker Pimps, Adele) se dispusieron a entrar en el estudio para grabar su disco de presentación.

The Back Room (Kitchenware Records, 2005)  


The Back Room tuvo un clamoroso recibimiento por parte de los críticos. El álbum cuenta con sencillos como Bullets, Munich, Blood y All Sparks. Gracias a su sonido oscuro, melancólico y predominantemente guitarrero, deudor de bandas como Joy Division, R.E.M. y Echo And The Bunnymen, la formación consiguió un buen número de seguidores, llegar al segundo puesto de las listas británicas y ser nominados al Mercury Prize. Cabe destacar temas como Fingers In the Factories, Someone Says y Distance; pequeñas joyas herederas de la angustia sonora de Ian Curtis. La voz de barítono de Tom Smith sugerente, oscura y profunda sería una de las mejores del movimiento junto a la de Brandon Flowers y Kele Okereke. Un detalle a tener en cuenta: tal como suele suceder en estos casos, conforme el grupo continuó adelante, la prensa no volvió a prestarle el mismo apoyo. Al igual que sucedió con The Killers, The Bravery, Bloc Party o Interpol, cada lanzamiento musical sería defenestrado y comparado con su debut. Algo que no sucedería a Arctic Monkeys, Arcade Fire y The Horrors, formaciones mimadas por la crítica que, al igual que Radiohead en los noventa, gozarían del apoyo incondicional de las revistas especializadas. Excelente primer álbum que demuestra el potencial de un grupo que le queda mucho por ofrecer.

An End As A Start (Kitchenware Records, 2007)  


En An End As A Start la banda amplió su paleta musical creando un disco destinado a los grandes estadios. La producción de Jacknife Lee (U2, R.E.M., New Order, Radiohead, Kasabian) hizo hincapié en el piano, coros, arreglos de cuerdas y sintetizadores. El sonido es más ambicioso, rico, dramático y lleno de matices que en la primera obra del grupo. Singles como Smokers Outsid the  Hospital Doors", "And End As A Start", "The Racing Rats", "Push Your Head Towards The Air" y "Bones" demuestran una notable evolución que los llevo al número uno de las listas inglesas y conseguir disco de platino. Canciones como "Escape The Nest", "When Anger Shows" y "Spiders" son auténticas maravillas que no desmerecerían aparecer en cualquier recopilatorio del movimiento. La crítica volvió a quitarse el sombrero y alabar la ambición e inventiva del grupo. Lo considero uno de los mejores álbumes de la década pasada y continúa siendo mi favorito de los Editors.

In This Light And On This Evening (Kitchenware Records, 2009)  


In This Light And On This Evening constituyó un salto sonoro que la mayoría de los fans y críticos no supieron comprender. Con Flood a los controles (New Order, U2, Gary Numan, Nick Cave And The Bad Seeds, The Smashing Pumpkins, The Killers), la banda colocó en segundo plano las guitarras y abrazó las cajas de ritmo y los sintetizadores, creando una obra moderna y tenebrista que bebía de Nine Inch Nails y Depeche Mode. La controversia estaba servida: el grupo fue acusado de haber perdido la inspiración y crear un disco mediocre que no estaba a la altura de lo esperado. En mi opinión nada más lejos de la realidad: temas como "Papillon", "You Don't Know Love", "Last Day" y "Eat Raw Meat = Blood Drool" rayan gran altura y podemos encontrar gemas como "In This Light And On This Evening", "Like Treasure" o "The Boxer". La evolución de la banda no resulta forzada en absoluto y, mal que pese a muchos, refrescó su sonido con nuevas propuestas que repetirían en el futuro. Aunque el álbum llegó a número uno de los charts británicos, no tardó demasiado en caer de las listas de ventas. En abril del 2012, el guitarrista Chris Urbanowicz abandonaría a los Editors alegando diferencias musicales. La crítica declaró que no podrían superar aquel bache y que la formación estaba acabada. Un disco a reivindicar.

The Weight Of Your Love (PIAS Recordings, 2013)


Debido a las colaboraciones con otros artistas y el disco navideño de Tom Smith con Andy Burrows, la banda —reformada con Justin Lockey y Elliott Williams— tardaría cuatro años en editar The Weight Of Your Love. Pese haber retomado el sonido de guitarra, la prensa se mostró polarizada con las nuevas canciones producidas por Jacquire King (Tom Waits, Modest Mouse, Kings Of Leon, Of Monsters And Men) y llegó a la conclusión que el grupo se había vendido al mainstream. Las guitarras acústicas, cuerdas y el canto en falsete de Smith toman una relevancia superior a los anteriores trabajos. El álbum está influenciado por U2 ("A Ton Of Love"), R.E.M. ("Hyena"), The Cure ("Two Hearted Spider") y Bruce Springsteen ("The Phone Book"). Sencillos como "A Ton Of Love", "Formaldehyde", "Honesty" y "Sugar" demuestran la buena forma compositiva de la banda y su amplitud de miras musical. El álbum llegó al número seis (su posición más humilde hasta aquel momento) de las listas inglesas. En la actualidad está considerado un trabajo de transición. 

In Dream (PIAS Recordings, 2015)


Durante el 2015, coincidiendo con la década de su debut, la publicación de cuatro canciones —"No Harm", "Marching Orders", "Life Is A Fear" y "The Law" (en colaboración con Rachel Goswell de Slowdive) definen que el nuevo álbum de los Editors ahonda en la vertiente más experimental, electrónica y climática de su sonido. Grabado en la campiña escocesa y producido por ellos mismos, In Dream parece el sucesor de In This Light And On This Evening: un disco que hará las delicias de los fans y desatará los elogios (y gritos) de los medios musicales. Cualquier otra banda hubiera vuelto a los orígenes para contentar a todo el mundo (Muse sería un buen ejemplo) pero los de Birmingham se han negado a retroceder: temas como "Life Is A Fear" y "Our Love" están claramente destinados a las pistas de baile. Su nueva propuesta resulta ambiciosa, elegante, madura y arriesgada. Un trabajo de múltiples facetas que habrá que saborear con lentitud. Algo que, en los tiempos que corren, siempre es de agradecer.

Para aquellos que no hayan disfrutado de los Editors en directo recomiendo escuchar "Marching Orders": ocho épicos minutos que ilustran perfectamente la evolución de un grupo que, lejos de acomodarse, han decidido de avanzar en sentido contrario al esperado.