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martes, octubre 28, 2025

ENTREVISTA A SYD dePALMA: UN REFUGIO LLAMADO «PARIS»

El artista convierte paris en un refugio emocional donde el ritmo late despacio y cada nota respira deseo y distancia.

Syd dePalma es una de esas figuras que no necesitan etiquetas para definirse. Músico, compositor, productor y multiinstrumentista granadino afincado en Barcelona, su sonido se mueve entre el post-punk, la psicodelia y una espiritualidad sonora difícil de encasillar. Tras el éxito de su debut El Lugar de Arder (2023), vuelve con un nuevo álbum, paris (.raso), que promete consolidarlo como una de las voces más singulares del indie-psych en castellano.

Tu álbum debut El Lugar de Arder fue muy bien recibido. ¿Cómo sientes que ha evolucionado tu sonido hasta llegar a paris?

La idea para paris era componer todo de una manera más cruda. Muchas canciones han sido compuestas en su versión demo con una guitarra acústica o un piano, intentando que ya funcionaran así, con pocos elementos. A partir de ahí, quise volver un poco al sonido del primer álbum. Intento que toda la música que hago se retroalimente entre sí; hay una especie de involución que, en realidad, me hace avanzar.

En tu música se percibe una mezcla de psicodelia, oscuridad y espiritualidad. ¿De dónde nace ese equilibrio tan característico?

Son cosas que definen un poco mi personalidad, creo. Siempre me ha gustado buscar la psicodelia en todo, en la vida. A veces veo una silla y le intuyo formas psicodélicas, o un mantel, o cualquier cosa. Creo que esa forma de mirar la exporto hacia mi música. Y, bueno, la oscuridad también es algo que me atrae bastante, aunque intento mantener una relación cauta con ella: me dejo gustar, pero sin que me atrape.

¿Qué representa para ti el título paris y cómo se conecta con la atmósfera del disco?

paris representa un colectivo de personalidades, de almas. Cada una ha escrito historias diferentes en este disco. Lo escribo en minúscula porque, al igual que “gente” o “colectivo”, se usa en minúsculas; para mí paris también debe escribirse así, porque no quiero personalizarlo en nadie en concreto. Puede tener que ver conmigo, con alguien con quien me cruce una noche, con quien imagine en un sueño, o con ese largo etcétera de casualidades que se dan en nuestras vidas y que crean esas personalidades. Eso es paris.

En este nuevo trabajo colaboras con artistas como Niño de Elche, Florent Muñoz (Los Planetas) y Heather Cameron. ¿Cómo surgieron esas colaboraciones?

Con Niño de Elche, después de haber hablado varias veces de que molaría hacer algo juntos, un día me escribió para preguntarme cómo llevaba el disco. Le dije que genial, que solo faltaba que él cantara algo y ya lo tendríamos, y así fue: le pasé el álbum y me dijo que quería cantar en «Vuela y sus pupilas se dilatan». En dos semanas lo teníamos ya bordado.

Con Florent estuve el verano de 2024 tocando los sintes para su proyecto personal, y alguna noche, después de tocar, le enseñé cómo tenía los temas. Le molaron y me dijo que se grabaría algo.

Y con Heather la conozco desde hace mil, y ya hacía tiempo que quería grabar algo con ella.

Además de estas colaboraciones, hay mucha gente que ha participado en el álbum. Germán (Plataforma, Univers, Heather) grabó casi todas las guitarras del disco; Eros Migo grabó unos violines en «Ojos, sus ojos»; también hay un taconeo en «Cristal gris», etc.

Tus canciones evocan influencias que van desde The Cure o Echo & the Bunnymen hasta Dean Blunt o Spiritualized. ¿Qué papel juegan las referencias musicales en tu proceso creativo?

Las influencias son totalmente incontrolables, porque se quedan en un subconsciente un poco maleante que, cuando quiere, te las saca sin que te des cuenta. Aun así, en procesos de mucha creación intento escuchar menos música, porque si no es imposible: me sobrecargo de cosas que quiero hacer y pierdo el hilo. Entonces prefiero dejar que juegue un poco ese maleante que ya existe en mi cabeza y que deje pasar las cosas sin buscarlas.

En tus composiciones mezclas instrumentos tradicionales con técnicas de producción modernas. ¿Es una forma de reconciliar pasado y futuro?

Al escuchar música de distintas épocas, imagino que vuelve a activarse ese maleante, y me lleva a buscar instrumentos más “tradicionales”, pero luego los paso por una vorágine de futurismo.

Has tocado en salas emblemáticas como Apolo, Razzmatazz o Mutek, y también en Berlín. ¿Qué diferencias notas entre los públicos y las escenas?

En algunas salas he tocado con otros proyectos anteriores, como Galera. La verdad es que las veces que he tocado en Berlín la vibra ha sido mil veces más intensa. Estoy muy decepcionado, personalmente, con la escena musical en España. Hace tiempo que no me dice nada, más allá de tres o cuatro cosas de gente cercana. En la movida más rock solo veo bandas que son copia y pega de otras, porque los promotores buscan eso: cosas que ya has escuchado antes, no vaya a ser que si haces algo diferente no encaje. Muy decepcionante para mí, lo siento.

Fuiste seleccionado por el programa Artist Talent 2025 del IMB y por Casa de la Música, además de participar en el BAM 2025. ¿Qué valor tiene este tipo de apoyos para un artista independiente?

Pues la verdad es que esa ayuda económica viene muy bien para no desistir en esta industria, que es como estar echándole continuamente monedas a una tragaperras, a ver si algún día sale el bote.

Muchos describen tu sonido como “post-punk espacial” o “psicodelia brumosa”. ¿Te sientes cómodo con esas etiquetas?

Una vez, después de un bolo, alguien me dijo que lo que hacía le parecía “una movida color púrpura”. Para mí, es la mejor etiqueta que me han puesto. Las demás suelen ser un poco pretenciosas y buscan colocarte en un sitio. Tendemos a querer ser organizados con la música, por eso etiquetar con un color me parece mucho más interesante: puede abarcar muchos estilos. Es más un feeling que un estilo con sus standards. Al final, el morado puede ser post-punk, pop o vete tú a saber.

Si tuvieras que describir paris con una sola palabra, ¿cuál sería y por qué?

Desde el principio quise poner solo una palabra: paris. Tuve varias ideas para titular el álbum, pero conforme fui avanzando me di cuenta de que una sola palabra unificaría todo mucho mejor que un título descriptivo.

¿Qué te inspira a seguir creando en un panorama musical tan cambiante?

Bueno, yo principalmente creo para mí. Me inspira lo que siento cada día. Suele pasar que, cuando estoy más hacia abajo emocionalmente, me siento más inspirado y necesito ponerme a hacer música para salir de ahí… o quizá para ir aún más hacia abajo, quién sabe. No tengo muy en cuenta el panorama musical, excepto cuando llega el momento de sacar la música. Ahí sí, de repente, me da una hostia y aparece diciéndome: “Hola, soy Mr. Panorama Musical”.

Después de paris, ¿qué nuevas direcciones te gustaría explorar en tu música?

Tengo ideas de hacer algo más electrónico e intentar componer más a partir de lo que vaya surgiendo en directo con la banda que tengo ahora. Pero, bueno, de momento son solo ideas… pueden cambiar mañana mismo.



lunes, septiembre 15, 2025

CHAMELEONS: «ARCTIC MOON» (METROPOLIS RECORDS, 2025)

La vuelta de Chameleons con nuevo material de estudio, después de casi veinticinco años sin grabar un elepé, siempre es motivo de celebración.

Aunque la banda ha mantenido una actividad regular, sobre todo en directo y con discos acústicos de sus clásicos, la sombra de sus primeras obras —hermosas, melancólicas y poéticas, con atmósferas otoñales— sigue siendo alargada, marcando a toda una generación y recordándonos cómo la nostalgia sigue alimentando gran parte del arte actual.

Chameleons, al igual que The Sound, jamás pasaron del estatus de grupo de culto, a pesar de la calidad de su trabajo. A diferencia de otros contemporáneos como Depeche Mode, U2 o The Cure, las masas nunca se rindieron a su propuesta.

Con el cambio de siglo, se convirtieron en un referente ineludible para el revival post-punk. Bandas como Interpol, Editors o White Lies retomaron su dramatismo sombrío, sus atmósferas épicas y esa tensión contenida que convertía cada canción en un pequeño apocalipsis emocional. Incluso proyectos más recientes, desde DIIV hasta Nothing, han retomado esa esencia para llevarla a terrenos shoegaze e indie contemporáneos.

¿Qué nos ofrece Arctic Moon (Metropolis Records, 2025)?

El arte de Arctic Moon, creado por Reg Smithies, guitarrista de la banda, mantiene la continuidad visual característica de Chameleons. Con tonos fríos y una atmósfera lunar y distante, la portada refleja la melancolía y el misterio del álbum, funcionando como metáfora del aislamiento y la memoria. Más que un adorno, prepara al oyente y convierte el disco en un objeto artístico donde música e imagen forman un todo indivisible.

«Where Are You?» abre el disco como un sencillo eficaz, con una sólida base de guitarras que recupera el poderío de la banda. El tema se presentó el año pasado en el EP homónimo como adelanto del álbum. «Lady Strange» es la pieza más pop de todo el conjunto, estupenda elección para un posible tercer sencillo, y recuerda tanto al aire melódico y envolvente de What Does Anything Mean?... Basically (Statik, 1985) como a la energía contenida de «Intrigue In Tangiers».

«Free Me», con aires glam, se erige en un himno cercano a «Rock And Roll Suicide». Mientras que «David Bowie Take My Hand» es un homenaje sentido al fallecido Duque Blanco; Mark Vox Burgess siempre ha mostrado devoción por él, como ya lo demostraban los covers —«John, I’m Only Dancing» (1986) y «Moonage Daydream» (2002)— que Chameleons realizaron en el pasado. No es necesario explicar el origen del nombre de la banda.

La producción, a cargo de Mat Mitchell —reconocido por su trabajo con Puscifer o A Perfect Circle—, brilla por su nitidez y claridad, donde cada instrumento y la voz encajan con precisión y armonía, logrando un equilibrio que permite que todos los elementos se integren perfectamente en la mezcla.

«Feels Like the End of the World» evoca Script of the Bridge (Statik, 1983), aunque con un aire renovado gracias a los arreglos de cuerdas que aportan dramatismo y amplitud. A ello se suma un magnífico duelo de guitarras, que convierte al tema en, probablemente, el mejor del disco, y en un himno impresionante al estilo de «Second Skin».

La fórmula sigue funcionando en pleno siglo XXI. Vuelta al sonido post-punk de mediados de los ochenta, con composiciones largas y desarrolladas, sin concesiones a la radiofórmula. Arctic Moon podría haberse publicado perfectamente hace cuatro décadas sin perder vigencia.

La psicodélica «Magnolia», con su falsete, recuerda a «Anyone Alive?», del infravalorado Why Call It Anything (Artfull, 2001): un medio tiempo entre introspección y desafío.

De la formación original de Chameleons solo permanecen Vox, cantante y bajista, y Smithies, guitarrista; se les unen Stephen Rice (guitarra), Danny Ashberry (teclados) y Todd Demma (batería). Algo similar ocurre con Simple Minds, donde apenas quedan miembros fundadores, pero la banda continúa activa con músicos distintos. Esta renovación siempre plantea un desafío: conservar la esencia del grupo frente a la inevitable transformación que trae el tiempo.

Y para cerrar, «Saviours Are a Dangerous Thing», la pieza más inmediata del lote, perfecta para funcionar como single, recuerda en estilo y energía a «Mad Jack» y podría haber encajado en Strange Times (Geffen, 1986). Vox conserva la urgencia de antaño.

Las letras de Arctic Moon giran en torno a la nostalgia, la pérdida, la introspección y la admiración artística. Desde la melancolía y la búsqueda de alguien ausente en «Where Are You?» hasta el homenaje al creador de Ziggy Stardust en «David Bowie Takes My Hand», pasando por la urgencia crítica de «Saviours Are a Dangerous Thing» o la introspección de «Magnolia», el elepé mantiene la poesía y la atmósfera característica de la formación.

El álbum ha recibido muy buena acogida por parte de la prensa musical —Vive Le Rock, Uncut, MOJO, Louder Than War— aunque dudo que sea su trabajo más destacado: con solo siete temas deja sensación de escasez, y las obras magnas continúan en un pedestal difícil de alcanzar. Como resurrección, Why Call It Anything fue más convincente.

Aun así, Arctic Moon no traiciona el legado de la banda y, más allá de la nostalgia, abre una puerta a un futuro posible. Esperemos que no tengamos que esperar otra eternidad para volver a disfrutar de nuevo material de Chameleons.