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jueves, diciembre 25, 2025

DAVID BOWIE: «OUTSIDE» (BMG, 1995) (TREINTA ANIVERSARIO)

En 1995, David Bowie eligió caminar hacia las sombras en lugar de refugiarse en el resplandor de su propio mito. 1. Outside (The Nathan Adler Diaries: A Hyper-cycle) (BMG, 1995) es un laberinto sonoro donde conviven asesinos conceptuales, artistas decadentes y paisajes urbanos corroídos por la sospecha. Treinta años después, ese desconcierto sigue sonando extraño y magnético.

El regreso de Brian Eno convirtió el estudio en un territorio de exploración radical. Guitarras como cuchillas, ritmos industriales, voces espectrales: cada pista es un pasaje a un mundo donde lo hermoso y lo grotesco se confunden. Canciones como «The Hearts Filthy Lesson», «Hallo Spaceboy», «No Control», «The Voyeur of Utter Destruction (As Beauty)», «I’m Deranged» o «Strangers When We Meet» revelan a un Bowie que entiende la música como un teatro lúgubre.

No estuvo solo: Reeves Gabrels desfiguró la guitarra, Mike Garson llevó el piano al límite expresionista, Carlos Alomar sostuvo el pulso rítmico, Erdal Kızılçay aportó versatilidad instrumental y Sterling Campbell marcó el compás de un futuro distópico. Eno, además de producir, ideó trampas creativas que empujaron a todos hacia lo imprevisible.

En Outside confluyen la improvisación de la trilogía de Berlín, la crudeza industrial de los noventa, la narrativa experimental del arte contemporáneo, ecos de Damien Hirst, Burroughs y Lynch, y la disonancia jazzística de Garson. También late un diálogo con su propio pasado, reinterpretado en clave perturbadora. El resultado: un elepé excesivo, denso y fragmentado, pero también visionario y profundamente personal.

La trama de Outside se presenta como un diario de estilo cyberpunk escrito por Nathan Adler, detective de la División de Asesinato Artístico. La historia se sitúa en los últimos días de 1999, Adler investiga el asesinato ritual de una joven conocida como Baby Grace Blue, supuestamente desmembrada y convertida en una macabra obra de arte. A través de interludios y canciones, Bowie da voz tanto al investigador como a un coro de sospechosos: artistas marginales, profetas deformes y posibles verdugos. El relato nunca se ofrece completo; avanza como un mosaico roto, más cercano a una novela distópica que a un thriller convencional, donde la duda y la ambigüedad pesan más que la resolución del crimen.

El Outside Tour de 1995, junto a Nine Inch Nails como aliados, llevó a Bowie a desafiar a su público con conciertos oscuros y experimentales que confirmaron su sintonía con la vanguardia de la época. Este combinó las piezas del álbum con rescates poco habituales como Look Back In Anger, Andy Warhol, Scary Monsters (And Super Creeps) o Breaking Glass. Apenas sonaron los grandes himnos de siempre: Bowie prefirió alternar lo nuevo y lo marginal de su catálogo, subrayando que el tour era, más que un repaso de éxitos, una declaración de intenciones artísticas.

Su recepción fue ambivalente: celebrado por su audacia, cuestionado por su complejidad. En lo comercial, Outside tuvo un desempeño moderado: alcanzó el № 8 en Reino Unido y el 21 en Estados Unidos, lejos de los éxitos masivos de otras etapas, aunque con el tiempo ha ganado el peso de una obra de culto dentro de su discografía.

Tal vez por esa acogida desigual, la anunciada continuación nunca llegó a materializarse, y el artista optó por regresar en discos posteriores a un estilo más directo y reconocible.

Con motivo del 30º aniversario, Bowie vuelve a estar presente en las plataformas digitales a través de dos EPs conmemorativos. El primero, The Hearts Filthy Lesson Mix E.P., recupera y remasteriza versiones alternativas del tema junto a mezclas de Tim Simenon y un aporte inédito de Trent Reznor. El segundo, I’m Deranged E.P., incluye las célebres ediciones usadas en Carretera perdida de David Lynch y rescata la inédita Jungle Ambient Dub Mix. Estas publicaciones no solo reavivan la memoria de Outside, sino que muestran su vigencia como obra abierta a reinterpretaciones y relecturas.

Outside permanece como uno de sus discos más vanguardistas, una herida abierta en su discografía y un legado de audacia y futuros posibles. Su espíritu experimental encuentra reflejo en Blackstar (2016), igualmente arriesgado, que cierra su carrera con la misma inquietud y capacidad de sorpresa.



miércoles, julio 05, 2023

«ZIGGY STARDUST & THE SPIDERS FROM MARS: LA PELÍCULA», DE D.A. PENNEBAKER

«Esta no es solo la última actuación de la gira, sino que es la última que haremos jamás. […] Adiós. Os queremos.»

 

David Bowie 

 

La muerte del monstruo kabuki 

 

El concierto del 3 de julio de 1973 en el Hammersmith Odeon de Londres fue un momento crucial en la trayectoria de David Bowie. Cinco mil entregados fans contemplaron estupefactos cómo el cantante se despedía en el escenario. Todos creyeron que abandonaba el mundo de la música, sin embargo, no fue Bowie quien se retiraba, sino el alter ego más famoso de los muchos que creó durante su carrera: Ziggy Stardust. 

 

El bolo fue un show legendario que lo perseguiría para siempre. Por aquel entonces el glam rock comenzaba a decaer. Bowie supo abandonarlo a tiempo, antes de convertirse en una caricatura de sí mismo. El concierto significó un momento decisivo: David rompió cualquier atadura con el pasado a favor de un futuro prometedor. A partir de entonces, su música se volvió arriesgada, imprevisible, vanguardista. No tardaría mucho en conquistar el mercado americano con la dupla Diamond Dogs/Young Americans (RCA, 1974/1975). 

 

Antecedentes

 

Durante la gira estadounidense de Ziggy Stardust, comenzaron las primeras fricciones internas del grupo. El motivo: la diferencia de sueldo. Mientras el pianista Mike Garson —el "chico nuevo" de la tropa— cobraba 800 dólares a la semana, Woody Woodmansey (batería) y Trevor Bolder (bajo) ganaban 50 libras semanales. El guitarrista Mick Ronson se puso en contacto con Dennis Katz, representante de Lou Reed, con la intención de conseguir un contrato con CBS solo para los Spiders. Rápidamente, el manager de Bowie, Tony Defries, abortó el acuerdo. Furioso, Woodmansey exigió a Defries que el sueldo de los músicos acompañantes ascendiera 500 libras semanales. Este accedió a medias: 200 libras mientras durara el tour, y el resto más los atrasos, cuando llegaran a Inglaterra. Bolder y Woodmansey aceptaron. Huelga decir que Defries nunca cumplió su palabra. 

 

Mientras tanto, para seducir a Ronson, Defries le ofreció versionar Slaughter on Fifth Avenue de Richard Rodgers con motivo de un futuro disco en solitario. Fue una buena manera de tranquilizar a la banda mientras realizaban diez conciertos programados en Japón. Las actuaciones fueron un éxito. Divide y vencerás. 

 

Después de dieciocho meses en la carretera —seis giras por el Reino Unido, dos por Norteamérica y una por tierras niponas—, cuando regresaron a Gran Bretaña, todos se encontraban exhaustos. Apenas tuvieron tiempo de tomar un respiro antes de recorrer de nuevo —cuarenta actuaciones en cincuenta días— una Inglaterra en paro, con huelgas, piquetes y amenazada por el IRA. Un verano estimulante y caótico a partes iguales. El concierto del 13 de mayo en el Earls Court de Londres fue un desastre. Tanto, que, disgustado, el cantante abandonó el escenario. Bowie: 

 

«La verdad es que quería que se acabase todo aquello. Yo aspiraba a un tipo de proyecto muy distinto y estaba agotado y absolutamente aburrido del concepto Ziggy…»

 

Todo se aunó para la despedida de Ziggy Stardust: el deseo de evolucionar como artista de Bowie, los "amotinados" Spiders que únicamente querían un sueldo justo y la pérdida económica que sufriría MainMan en el caso de realizar otra gira por Estados Unidos. Todo estuvo calculado hasta el último detalle: D.A. Pennebaker (Don't Look BackMonterrey Pop) fue contratado para inmortalizar el evento, se filtró la noticia de la disolución a Charles Shaar Murray de NME, y horas previas al concierto, a Ronno, que no comentó nada a sus compañeros. Primero a los medios, por supuesto, el espectáculo debía continuar. 

 

Ziggy Stardust and the Spiders from Mars: La película. 

 

El film abre con una mesa redonda de unos cuarenta y cinco minutos vía satélite en el Apollo, medley de Mike Garson incluido. Woody Woodmansey apenas sale unos segundos en pantalla. Los asistentes —los directores Don Letts y Phil Alexander, Suggs (Madness), el compositor Geoff MacCormack, la periodista Danielle Perry, el actor Richard. E. Grant y el productor Ken Scott— cuentan anécdotas sobre la Ziggymanía, experiencias personales y la epopeya glam rock del grupo. Se extraña colaboradores más allegados a la trayectoria de Bowie como Tony ViscontiEarl Slick, Carlos Alomar o Brian Eno, por poner algunos ejemplos. Excepto Garson, un prólogo tedioso, en el mejor de los casos. 

 

El último show de los Spiders 

 

Acto seguido, empieza el último concierto de los Spiders. La iluminación es cruda, oscura, con grano grueso. Puesta en escena sencilla, sin artificios. Luz roja para resaltar el aspecto alienígena de Ziggy, maquillado, ágil y con las cejas afeitadas. Mick Ronson, un guitar hero de primera categoría, con una presencia escénica que rivaliza con la del propio Bowie, ofrece unos magníficos solos en Hang On to YourselfMoonage DeaydreamTime y The Width of a Circle, en la que Bowie ejecuta su número de mimo. Este se muestra enérgico, juguetón y camp, con el público metido en el bolsillo desde el primer minuto. Ziggy Stardust and the Spiders from Mars eran mejores en vivo que en el estudio. Puro punk, mucho antes de que existiera el movimiento. Destaca una psicodélica Space Oddity con bola de espejos de propina. Resulta curioso que las cámaras se centren en Bowie y Ronno todo el tiempo, los únicos a los que Defries quería en la nómina de MainMan: ¿Está hecho a propósito o es casualidad? 

 

Pennebaker graba constantemente desde el foso, ofreciendo el punto punto de vista del espectador. Bowie era un ídolo pop con un público adolescente, increíblemente joven, vestido como su héroe: ropa exótica, brillantina y plataformas. El cantante apenas interactúa con las masas, excepto en el legendario discurso de despedida, que arranca un rugido de consternación al respetable. Conmocionados, muchos incondicionales estallaron en lágrimas. Pobres críos… 

 

Respecto al sonido: Dolby 5.1 remasterizado por Tony Visconti, que amenaza con volar los tímpanos a los espectadores. La imagen ha sido restaurada en formato 4K por el hijo de Pennebaker, Frazer. Un trabajo magnífico. 

 

El setlist recorre su trayectoria con un inusual número de covers: una descarnada My Death (Jaques Brell) con Bowie en la guitarra acústica, Let's Spend the Night Together (The Rolling Stones), la incendiaria White Light/White Heat (The Velvet Underground) —Bowie fue el primero en reivindicar el legado de la banda—, Round and Round (Chuck Berry) e incluso Love Me Do (The Beatles). Clásicos como The Man Who Sold the WorldQuicksandLife on Mars?, StarmanJohn, I'm Only Dancing Drive-In Saturday fueron excluidos del repertorio. 

 

Escenas en los camerinos: una teatral Angie Bowie intercambiando bromas con su marido, Bowie cambiándose de vestuario (cinco cambios en total durante todo el concierto) con la ayuda de sus asistentes, el cantante fumando, maquillándose, relajándose…. E incluso vemos a Ringo Star (The Beatles) durante un momento. 

 

Resulta chocante que, a pesar del cansancio acumulado por el tour y sabiendo que era su último concierto con los Spiders, Bowie se mostrara tan competente en escena; su aura de estrella es palpable. Aunque no fue un bolo apoteósico, demuestra el nivel de una banda engrasada. Así eran los directos en los setenta, la época dorada del rock, espectaculares. 

 

Jeff Beck aparece como invitado sorpresa. Este se muestra tímido en el escenario. Gran química con Ronson, que lo anima a que se luzca en primera fila. Su actuación ha sido desempolvada de los archivos de la película, en su momento el guitarrista se negó a aparecer por —según la leyenda— derechos de imagen o a que lo asociaran con el movimiento glam. Nunca quedó claro. 

 

El cierre con Rock 'n' Roll Suicide es perfecto para decir adiós. Al fin y al cabo, Bowie escenificó el final del Ziggy Stardust del elepé: un mesías del rock devorado por los excesos que decide abandonar la función en el momento cumbre de su éxito

 



 

martes, junio 27, 2023

«ALADDIN SANE: 50 AÑOS» (LIBROS CÚPULA, 2023)

«No creo que Aladdin sea un personaje tan claramente delimitado y definido como lo era Ziggy. Ziggy debía estar claramente delimitado, definido y con áreas de interacción, mientras que Aladdin es bastante efímero. También es una situación, en lugar de ser solo un individuo. Creo que abarca situaciones además de ser un personaje.»

David Bowie 


La portada de Aladdin Sane 

The Fall and Rise of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars (RCA, 1972) había catapultado a David Bowie a la fama. Este tenía una agenda apretada: conciertos en Inglaterra, una actuación en Top of the Pops, producir Transformer de Lou Reed, y otra gira por Estados Unidos y Japón para el año siguiente. El nuevo elepé debía triunfar para consolidar su reciente estatus de estrella. 

El libro abre con el hijo de Brian Duffy, Chris. El fotógrafo cuenta cómo conoció a Bowie siendo niño. Al escuchar por primera vez Ziggy Stardust, quedó fascinado por el cantante. Por consiguiente, su padre lo invitó a la sesión que tenía programada en los estudios Trident. La noche 9 de enero de 1973, Chris tuvo la oportunidad de contemplar a Ken Scott, Bowie y Mick Ronson grabando el cover Let's Spend the Night Together de The Rolling Stones. Chris Duffy: 

«Duffy finalmente apareció, Ken y Mick se tomaron un descanso y David empezó a discutir con Duffy sobre la inminente sesión de fotos para el álbum. Duffy preguntó cómo se iba a llamar el álbum, y David respondió: «A Lad Insane» (Un chico loco). Duffy lo procesó al instante y contestó: «Aladdin Sane». Ese momento reflejó perfectamente el proceso creativo que David y Duffy estaban desarrollando, y así nació Aladdin Sane.»

En la actualidad es complicado entender la revolución social, artística y sexual que despertó el cantante durante la Ziggymanía. El glam rock desafió a la industria y, sobre todo, al movimiento hippie. La paz y el amor fueron reemplazados por la brillantina, subversión y ambigüedad. A diferencia del rock psicodélico, el glitter apostaba por el contenido, la imagen como objetivo primordial, antes que lo filosófico. 

Geoffrey Mash, comisario de la exposición David Bowie Is, continúa la historia hablando de Brian Duffy y de la célebre sesión que crearía la portada del disco. Mash:

«La afirmación de Bowie de «soy gay y siempre lo he sido» en enero en el Melody Maker fue una táctica útil para llamar la atención en la emergente escena británica del glam rock, de la purpurina, del maquillaje y de la ambigüedad sexual.»

Tony Defries, mánager de Bowie, no escatimó en gastos para promocionar al cantante, contratando a los mejores fotógrafos que operaban en la escena londinense: Mick Rock, David Bailey, Brian Ward, Masayoshi Sukita y Brian Duffy. Defries recuerda: 

«Yo buscaba una imagen de portada icónica y un material gráfico que me ayudara a convencer a la RCA de que Bowie era lo suficientemente importante como para justificar un tratamiento de megaestrella y una financiación que lo impulsara exactamente a ese estatus. Contratar a un fotógrafo de talla internacional para que creara una imagen de marca y a un diseñador para el material gráfico era la mejor manera de enviar ese mensaje.»

Duffy, que había inmortalizado a actores —Charton Heston, Michael Caine, Brigitte Bardot—, músicos —John Lennon, Black Sabbath—, políticos —Harold Wilson— y hasta al célebre mafioso Reggie Kray, fue el encargado de realizar la portada con libertad creativa absoluta. En palabras del antiguo agente de Duffy, David Puttnam: 

«Brian era mucho más que un fotógrafo dotado; era un "anarquista social" singularmente constructivo que, a través de la pura fuerza de su personalidad, ayudó a que el anquilosado conservadurismo de la década de 1950 se extinguiese definitivamente». Un outsider, en definitiva, encajaba con Bowie. 

La sesión de Aladdin Sane

El sábado 13 de enero de 1973, en el estudio de Duffy situado en el número 151a de King Henry's Road —zona bohemia y artística del norte de Londres—, tuvo lugar la sesión que convertiría Aladdin Sane en una imagen icónica, perfectamente reconocible, que ha marcado la cultura pop desde hace cincuenta años. 

El equipo fue el siguiente: Defries, Brian Duffy, el maquillador Pierre Laroche, la diseñadora Celia Philo y Francis Newman, director del estudio de Duffy. El trabajo previo de Philo y Duffy en el Calendario Pirelli les sirvió de modelo a la hora de plasmar las ideas que tenían en mente. Según la leyenda, para el famoso rayo Bowie se basó en el logotipo "Taking Care of Business" de Elvis, aparte que una arrocera National Panasonic que se encontraba en el estudio contaba con el mismo símbolo. A ninguno se le escapó la coincidencia.

En un principio, Laroche quería dibujar un pequeño rayo en la mejilla de Bowie, sin embargo, en un arrebato de inspiración, Duffy lo extendió por todo su rostro para que resultara más llamativo. Newman:

«En realidad, fue Duffy quien hizo la forma inicial, no digo que hiciese el maquillaje real, pues eso fue obra de Pierre, que tardó una hora en terminarlo. El tono rojo es tan brillante porque en realidad era lápiz de labios.»

La cámara Hasselblad 500 de Duffy obró su magia. La "lágrima" de cromo que aparece en la clavícula de Bowie fue idea de Philo, inspirada en un broche con el logo warholiano de The Rolling Stones. Philip Castle (La Naranja Mecánica) se encargaría de aerografiar en color plata la imagen de la portada y del interior. Aunque los Spiders también fueron fotografiados, no llegaron al libreto. El material fue enviado a Photolitho Sturm (Suiza) para la producción de las planchas y separaciones del álbum. Aladdin Sane, el genio de la lámpara, el monstruo kabuki, el Ícaro de las estrellas, había nacido. Nadie imaginaba que tendría una muerte prematura. 

La Mona Lisa del pop

La portada de Aladdin Sane ha marcado escuela en la historia de la música. Hablamos de los años setenta: no existía el movimiento LGTBIQ+, la inclusión o la identidad de género. El rayo es un símbolo universal que ha trascendido épocas, e incluso al propio Bowie. La dualidad entre la cordura y la locura, Europa contra Estados Unidos, las fronteras sexuales difuminadas… Bowie es misterioso, irreal, extraño, alienígena; propuesta que utilizó desde Space Oddity hasta protagonizar El hombre que cayó a la Tierra (1976) en pantalla. 

La primera parte es amena, fácil de leer, con imágenes del estudio donde se realizó la sesión, diversos trabajos de Duffy, fotografías de las sesiones de Lodger (RCA, 1979) y Pierre Laroche, Celia Philo y Francis Newman. Mash narra el momento con elegancia, incluido el éxito del álbum, el revuelo que causó la portada en el público —no se parecía a nada previo— y las críticas de los medios del Reino Unido: Melody Marker y NME tacharon al disco de superficial. Mash: 

«A lo largo de las décadas posteriores […] Aladdin Sane se ha consolidado como la carátula definitiva del álbum de Bowie. La que no solo combina en una sola imagen todo el notable arte de David, sino también el impacto que su carrera tuvo en los valores sociales, la libertad de expresión y el poder que tiene cada uno para elegir quién quiere ser.»

Andrógino, frágil y robótico, Bowie parece engendrado por HAL de 2001: Una odisea en el espacio. El forastero en tierra extraña, un chamán del futuro, el visionario adelantado a su tiempo. Todo guarda continuidad en su obra: el Mayor Tom perdido en el cosmos de Space Oddity (Mercury, 1969), Ziggy Stardust en Heddon Street, los androides de Pin-Ups (RCA, 1973), el mutante canino de Diamond Dogs (RCA, 1974), la cámara de eco de Station to Station (RCA, 1976), el perfil alineado heredero de Thomas Jerome Newton de Low (RCA, 1977), el Che Guevara aplastado de Lodger y el pierrot de Scary Monsters (and Supercreeps) (RCA, 1980). Bowie volvería a trabajar con Duffy en los dos últimos álbumes. No obstante, ninguna portada, quizá excepto "Heroes" (RCA, 1977), resultaría tan emblemática como la de Aladdin Sane

El triunfo de Aladdin Sane

En la segunda parte, una serie de autores relacionados con el universo de David Bowie analizan el elepé canción a canción: Paul Morley (What That ManTime), Kevin Cann (Aladdin Sane (1913–1938–197?), The Prettiest Star), Charles Shaar Murray (Drive-In SaturdayLet's Spend the Night Together), Nicholas Pegg (Panic in DetroitThe Jean Genie) y Jérôme Soligny (Cracked ActorLady Grining Soul).

El disco salió a la venta el 19 de abril de 1973. Tal era la popularidad de Bowie, que el público había pedido cien mil copias por anticipado. Aladdin Sane fue número 1 en el Reino Unido durante cinco semanas. Todos respiraron tranquilos ante aquel triunfo arrollador.

A los Spiders from Mars —Mick Ronson (guitarra), Trevor Bolder (bajo) y Mick Woodmansey (batería)— se sumó el pianista de jazz Mike Garson, que amplió el lenguaje musical del artista con sus devaneos experimentales en Aladdin Sane (1913–1938–197?) —con un solo de piano mítico—, la teatral TimeLet's Spend the Night Together. Angie Bowie: 

«Cuando haces una nueva versión de una canción tan identificada con el artista original, estás rindiéndole homenaje, naturalmente. […] Y en este caso no me cabe la menor duda de que David quería robarle el protagonismo a los Stones, o, mejor dicho, el territorio de los Stones.»

Con una impecable producción de Ken Scott, Aladdin Sane fue un trabajo caótico, fracturado y ecléctico. Bowie nunca encajó en el mundo real, en lo políticamente correcto, en lo que se esperaba de un ídolo pop. El álbum recorre una Norteamérica alienada, estilo la Interzona de William S. Burroughs, en la que imperan el glamur, la fiesta y el exceso. Decadencia urbana, viñetas de cómics, soledad, violencia, flashes, paranoia, espejismos, locura: las consecuencias de bregar con el estrellato. Bowie, el eterno forajido portavoz de los marginados… Una mezcolanza de jazz, blues, glitter rock y cabaret… El Armagedón, la Tercera Guerra Mundial, podía suceder en cualquier momento. 

En un periodo de tours constantes, ansiedad, expectativas y fama, la mayoría de las canciones fueron compuestas en autobuses, hoteles y cruceros durante la gira americana de Ziggy Stardust en 1972. Cleveland, Memphis, Nueva York, Boston, Chicago, Detroit, San Luis, Kansas… Fue una época de cambios crucial para Bowie: después de casi una década anhelando el estrellato, el peso del mismo empezaba a pasarle factura. En breve, los narcóticos empeorarían las cosas. El cantante declararía más adelante a Rolling Stone

«No quería quedar atrapado en este personaje toda mi vida. Y supongo que lo que estaba haciendo con Aladdin Sane, era intentar moverme al siguiente nivel, usando una imitación pálida de Ziggy como un segundo recurso. En mi mente, era Ziggy va a Washington: Ziggy bajo la influencia de América…»

What That Man filtra el Exile on Main St. de los Stones a través del glam con un Ronno espectacular, en Drive-In Saturday, con su atmósfera doo-wop de los años cincuenta, los habitantes del futuro revisan cintas porno del siglo XX para recordar sobre qué trataba el sexo. La culebreante The Jean Genie —primer single del álbum— encuentra su inspiración en Iggy Pop y en el escritor underground Jean Genet. 

En Panic in Detroit —incursión soul a lo Bo Diddley— predominan las guitarras, al igual que en la enérgica Cracked Actor, una ácida pulla al mundo del espectáculo. The Prettiest Star —tema que pasó desapercibido en las listas en 1970— se regrabó sin la guitarra de Marc Bolan. Mención especial merece la balada Lady Grining Soul —inspirada en la corista Claudia Lennear—, con su atmósfera sensual, ritmo flamenco, piano exuberante y metales. Una de las joyas más infravaloradas del catálogo de Bowie. 

Aunque hayan sido escritos por autores distintos, los diez análisis se complementan perfectamente. Una visión calidoscópica de la importancia del disco llena de anécdotas, momentos claves en la trayectoria de Bowie y la calidad de las canciones. Respecto a la parte visual, encontramos la sesión "perdida" de los Spiders, primeros planos en blanco y negro del cantante, la gráfica del álbum, multitud de imágenes inéditas hasta la fecha y el material de la campaña de prensa de RCA para promocionar el elepé. 

Meses después, al igual que sucede en el disco homónimo, Ziggy mordería el polvo. La fecha: 3 de julio de 1973 en el Hammersmith Odeon de Londres. Bowie se despidió en el escenario: 

«Esta no es solo la última actuación de la gira, sino que es la última que haremos jamás. […] Adiós. Os queremos.»

La leyenda acababa de empezar… 

Conclusión:

Aladdin Sane: 50 Años desgrana la creación visual y sonora del mítico Aladdin Sane. Provisto de numerosas fotografías inéditas, artículos y análisis musicales, resulta de compra obligada para los seguidores de David Bowie. 




sábado, noviembre 26, 2022

DAVID BOWIE: "DIVINE SYMMETRY (AN ALTERNATIVE JOURNEY THROUGH HUNKY DORY)" (PARLOPHONE RECORDS, 2022)

«Creo que la música debería prostituirse, convertirse en una fulana, una parodia de sí misma. Sería el payaso, el instrumento de Pierrot. La música es la máscara que lleva el mensaje: la música es el Pierrot y yo, el artista, soy el mensaje». 

 David Bowie 

 

A raíz del fallecimiento de David Bowie, ha salido a la venta una infinidad de material inédito de todas las etapas de su carrera: demos, caras B, actuaciones en programas de radio, maquetas, directos, remixes, el reciente documental Moonage Daydream… La cima de un gigantesco iceberg que abarca cincuenta años de legado musical. 

 

Conversation Piece (Parlophone, 2019) y Width of a Circle (Parlophone, 2021), cubren la trayectoria del artista desde Space Oddity (Mercury Records, 1969) hasta The Man Who Sold the World (Mercury Records, 1970). Divine Symmetry (Parlophone, 2022) hace lo mismo con Hunky Dory (RCA Records, 1971), el álbum previo a alcanzar el estrellato. 

 

Durante los años en los que buscaba su identidad como músico, Bowie probó fortuna con diversos géneros: music hallfolk, psicodelia, hard rock… Fueron tiempos complicados: la fama que anhelaba desde mediados de los sesenta se negaba a hacer acto de presencia. Solo había conseguido repercusión con un single (Space Oddity) en las listas. Todo el mundo consideraba al cantante un genio de un éxito. Quedaba mucho trabajo por delante. 

 

1970 fue crucial en su trayectoria. Despidió al mánager Ken Pitt por la falta de progresos de su carrera, contrajo matrimonio con Angie y contrató los servicios del abogado Tony Defries como representante. La experiencia de tocar en directo con The Hype, su primera banda protoglam, le hizo descubrir que el glitter rock se encontraba a la vuelta de la esquina. Extravagancia, ambigüedad sexual, glamur, vodevil… Un movimiento clandestino, radical, que cortaba por lo sano con la camada hippie. Prometedor. Bowie llegó a la conclusión de que debía hacer algo valiente, atrevido; romper moldes para llamar la atención del público. Marc Bolan fue quien abrió camino, pero Bowie alcanzaría un nivel superior que sus coetáneos —Roxy Music, Wizzard, Mott the Hopple, Gary Glitter, Slade, Sweet o Queen— fueron incapaces de igualar. 

 

El viaje de David Bowie 

 

Enero de 1971. Con el cabello largo, imagen a lo Lauren Bacall, abrigos de pieles y vestidos de Mr. Fish, el viaje a Estados Unidos para promocionar The Man Who Sold the World fue inspirador: The Velvet Underground, Kim Fowley, The Legendary Stardust Cowboy, Andy Warhol, The Stooges… Bowie había descubierto un filón creativo para sus nuevas composiciones: Moonage Daydream Hang On to Yourself —que aparecerían en Ziggy Stardust—, Oh! You Pretty Things y las olvidadas Right On Mother y Hole in the Ground

 

A Mickie Most —el productor independiente más importante del Reino Unido— le pareció que Oh! You Pretty Things tenía potencial para convertirse en un éxito. Por consiguiente, cedió el tema a Peter Noone de Herman’s Hermiths para su lanzamiento en solitario. La canción fue un hit que revalidó a Bowie como figura a tener en cuenta en el circuito musical londinense. Inspirado, el cantante regaló sus canciones a cantantes dispares como Sparky King (Rupert the Riley) y Freddie Burretti (Moonage DaydreamHang On to Yourself). Ninguno de los sencillos mencionados tuvo repercusión en los charts

 

La génesis de un clásico

 

De vuelta a Inglaterra, en el caserón victoriano Haddon Hall (Kent), Bowie continuó trabajando. Músicos, artistas de toda índole y amigos lo acompañaban en su excéntrica vida de estrella de rock. El nacimiento de su hijo Duncan lo inspiró para componer KooksQuicksand fue influenciada por las lecturas de Nietzsche. The Bewlay Brothers trataría sobre una de sus mayores inquietudes: la disfunción familiar. Star y Lady Stardust quedaron en el banquillo. 

 

Defries costeó las primeras maquetas del futuro Hunky Dory con dinero de su propio bolsillo. Su plan era firmar con RCA Records, la casa discográfica de Elvis Presley, cuando el contrato de su cliente con Mercury venciera. Alquiló los modernos estudios Trident de Londres y fichó como productor al técnico de sonido del momento, Ken Scott, que había trabajado con George Harrison en el seminal All Things Must Past. Su fe en el talento de Bowie se vería recompensado con creces. Tanto, que lo dejaría en la ruina en los años venideros. Este tuvo que esperar hasta 1982 para romper por completo con su antiguo agente. 

 

Entre todas las actuaciones de aquel año, destaca la de Glastonbury Free Festival en junio. Cerró con Memory of a Free Festival. Bowie regresaría en el año 2000 como cabeza de cartel, maduro y elegante, replicando la imagen que llevó en los setenta. Huelga decir que ambos conciertos fueron impresionantes.  

 

El piano se convirtió en el principal protagonista de Oh! You Pretty ThingsChangesEight Line PoemQuicksand y Life on Mars?. Bowie coprodujo el álbum, tocó la guitarra acústica, el piano y el saxofón. Mick Ronson se encargaría de la guitarra solista y de los arreglos musicales, Trevor Bolder del bajo, Woody Woodmansey de la batería y Rick Wakeman del piano. Exceptuando a Wakeman, la alineación de The Spiders from Mars estaba completa, aunque nadie lo supiera en aquel entonces. Las sesiones fueron rápidas. Muchas de las primeras tomas vocales quedaron como definitivas. Puede que por ello el elepé suene natural, espontáneo, sin adornos innecesarios. 

 

Hunky Dory fue como empezar de cero, reinventarse. Bowie deseaba un disco AOR para complacer a la casa discográfica. Por consiguiente, los cortes serían más cálidos y accesibles que en álbumes previos. Una mezcla entre folkpop y cabaret. Los homenajes a Warhol (Andy Warhol), Dylan (Song for Bob Dylan) y The Velvet Underground/Lou Reed (Queen Bitch) son la prueba de que su objetivo era conquistar el mercado estadounidense. Lo conseguiría con Young Americans (RCA, 1975).  

 

En septiembre, durante su estancia en la Gran Manzana, Bowie se metió al mundillo neoyorkino en el bolsillo: Richard y Lisa Robinson, el jefe A&R de RCA Dennis Katz, periodistas, locutores de radio, miembros de la Factory, Lou Reed e Iggy Pop. Optimismo, seducción y entusiasmo a partes iguales. MainMan, la empresa creada por Defries que lo convertiría en multimillonario a expensas de su cliente, nació durante aquellas frenéticas jornadas. El cantante firmó con RCA Records por tres elepés. 

 

La publicación en diciembre de Hunky Dory plantó las semillas del futuro de Bowie: estudio, banda, productor, imagen, sonido… Aunque el disco recibió escasa promoción por parte de la discográfica, alcanzó el número 3 de las listas británicas. Las críticas fueron excelentes. El dios alienígena bisexual, el monstruo kabuki Ziggy Stardust lo elevaría al nivel de superestrella, pero esa es otra historia. 

 

Material de Divine Symmetry 

 

En el primer disco encontramos demos de Tired of My LifeHow Lucky You AreShadow ManLooking for a FriendKing of the CityRight on Mother Bombers, rarezas que nunca fueron publicadas en los álbumes oficiales de Bowie. 

 

En el segundo aparece la actuación del 3 de junio de 1971 en los estudios de John Peel. Los músicos fueron los siguientes: Bowie como voz principal, George Underwood, Dana Gillespie y Geoff MacCormack en los coros, Mark Pritchett y Ronno en las guitarras, Bolder al bajo y Woodmansey en la batería. Esta sesión es histórica: fue la primera vez que —Jamming good with Weird and Gilly and the Spiders from Mars— tocaron en directo. El setlist: temas de Hunky Dory, rarezas como Almost GrownBombers y el cover It Ain’t Easy de Ron Davies. 

 

El tercero ofrece dos actuaciones: la primera para el programa Sounds of the 70s: Bob Harris de la BBC, con fecha del 21 de septiembre de 1971, cuenta con Bowie y Ronson en formato acústico. Destaca la versión de Amsterdam de Jacques Brel. La segunda fue en Live Friars, Aylesbury, el 25 de septiembre con los futuros Spiders y Tom Parker al piano. Cabe destacar el número de versiones del concierto: Buzz the FuzzAmsterdamFill Your HeartRound And Round Waiting for the Man

 

El cuarto trae remezclas y tomas alternativas de ChangesAndy WarholQuicksandLife on Mars?, etcétera. El quinto es la edición remasterizada de Hunky Dory del año 2015. Mientras el sexto y último, una miscelánea de tomas alternativas y vídeos de la BBC

 

Los incondicionales de Bowie se encuentran de enhorabuena. Divine Symmetry es una joya de valor incalculable. La exhaustiva génesis de uno de los álbumes indispensables del artista. 




 

lunes, noviembre 21, 2022

UN BOWIE NUNCA OÍDO — LOS ORIGINALES DE «THE GOUSTER» — «WHO CAN I BE NOW?» (1974-1976) (2016)



Durante 1974, en un descanso en Diamond Dogs Tour, David Bowie alquiló los estudios Sigma Sound de Filadelfia. Inspirado por el programa Soul Train, el funk, el Motown, la escena latina y el R&B, era hora de probar un estilo diferente que le permitiera ampliar sus horizontes musicales. Carlos Alomar —guitarrista portorriqueño criado en Nueva York que había trabajado con James Brown y Chuck Berry— lo puso en contacto con músicos del circuito local. La formación con la que grabaría su próxima obra sería la siguiente: Robin Clark, Ava Cherry y Luther Vandross como coristas, Mike Garson al piano, el saxofonista David Sanborn, el bajista Willie Weeks y Andy Newmark a la batería.

Bowie empezaba a tener problemas económicos con MainMan. Al sanear sus finanzas, había descubierto que no era más que el títere de una compañía que se había enriquecido a su costa. Vivía de créditos y anticipos y se sentía estafado por su mánager, Tony Defries. Por otra parte, la cocaína le estaba pasando factura; se encontraba deprimido, exhausto y emocionalmente inestable debido a su consumo. A pesar de ello, durante seis frenéticas semanas, impulsado por el afán de experimentar y una insultante seguridad en sí mismo, demostró que era capaz de abrazar un sonido ajeno para convertirlo en propio. Osado, incursionó el terreno en el que Jackie Wilson, Al Green, Marvin Gaye, Aretha Franklin, Barry White, Donna Summer o Isaac Hayes destacaban.    

Con Tony Visconti en la labor de productor, las sesiones fueron improvisadas, rápidas y fecundas. Un soul exuberante impregnaría canciones como Somebody Up There Likes Me, Right, It’s Gonna Be Me y las baladas Can You Hear Me y Who Can I Be NowJohn, I’m Only Dancing (Again) fue reinterpretada como un número funk y el futuro clásico Young Americans tuvo influencia del estilo compositivo de Bruce Springsteen. La forma de cantar de Bowie había madurado: ahora era sugerente, profunda y sensual, entre el vibrato, el gemido y el falsete, con ecos de Scott Walker, Brian Ferry y Frank Sinatra. Finalmente, en un alarde de generosidad, al terminar el álbum, invitaron a un grupo de fieles fans, Sigma Kids, para que disfrutaran del trabajo antes de que saliera a la venta. Su pasión por la música negra era auténtica, no fue una maniobra impostada para conquistar Estados Unidos.

The Gouster —título original del proyecto— rompía con todo su material previo; lejos quedaba la riqueza melódica de los discos glam con los que consiguió la fama. After Today, I’m a Laser —que se transformaría en Scream Like a Baby años después—, Shilling the Rubes y el cover It’s Hard to Be a Saint in the City del Boss no fueron incluidas en el disco.    

Bowie regresó a los escenarios para finalizar la segunda parte de la gira por tierras americanas. Alomar se sumó a Earl Slick como guitarra y añadieron Knock On Wood al repertorio. Fue una época de glamur, excesos, fiestas en Beverly Hills, amistades famosas —Elizabeth Taylor, Cher, Bing Crosby—, declaraciones controvertidas sobre ufología y estupefacientes. Conforme avanzaba el espectáculo, el teatral escenario de Hunger City —con edificios de nueve metros de altura, puente levadizo, grúa elevadora y números coreografiados— desapareció a favor de un sencillo espectáculo soul que sirvió para estrenar sus nuevas canciones. Gracias a ello, el británico ganó dinero por primera vez en directo. Entre bastidores, Freddy Sessler —acompañante habitual de Keith Richards— llevaba los bolsillos repletos de ampollas de Merck, la cocaína médica más pura que podía conseguirse en el mercado. Bowie cambió de imagen: sombreros fedora, trajes con chaquetas con hombreras, corbatas, camisas blancas, pantalones anchos estilo años cuarenta con tirantes y zapatos sin plataformas; poco tenía que ver con el dios alienígena Ziggy Stardust que había triunfado en Inglaterra. Aunque la gira fue un éxito, la crítica con Lester Bangs en cabeza, tomó su viraje estilístico, visual y sonoro como una farsa.

A finales de año, después de despachar Fascination y Win en Nueva York, Bowie se dispuso a grabar una versión de Across the Universe de The Beatles. En enero, junto a John Lennon, Carlos Alomar y Eddie Kramer al mando de los controles, improvisando sobre el riff de Foot Stompin, la magia invadió los estudios Electry Ladyland y Fame nació gracias a una base acústica de Lennon. Fame fue un ataque a MainMan, a la decadencia y falsedad del mundo del estrellato que llegaría al número uno de los charts de Estados Unidos.

Bowie se sintió en deuda con Lennon y, aunque Across the Universe era un tema poco inspirado, decidió incluirlo como homenaje a su amigo. The Gouster había mutado en Young Americans para consternación de Visconti, que no esperaba cambios de aquella envergadura. El álbum fue uno de los más exitosos de Bowie durante los años setenta y este repetiría la misma fórmula con el multiplatino Let’s Dance (EMI, 1984) y Black Tie White Noise (Arista, 1993). 

La tendencia estaba marcada: artistas como Bee Gees, Elton John, Roxy Music, Talking Heads, Queen, ABC, George Michael, Robert Palmer, Duran Duran, Spandau Ballet y Simply Red recogerían su legado. A velocidad de vértigo, 1976 alumbraría al Duque Blanco: otro golpe de timón que aproximaría a su creador a un sonido tan experimental como europeo.



sábado, octubre 08, 2022

"MOONAGE DAYDREAM: LAS VIDAS DE DAVID BOWIE"

Narrado por el propio David Bowie gracias a diferentes entrevistas y grabaciones, Moonage Daydream (Brett Morgen, 2022) no es un documental al uso. Por norma, en este tipo de obras participan familiares, productores, amigos, músicos e invitados para contar la historia. Aquí nos encontramos con una visión en primera persona del artista, íntima, experimental y anárquica. Ello se complementa con las imágenes: conciertos, videoclips, películas, etcétera, para crear un mosaico que roza lo onírico en muchas ocasiones. Hallo Spaceboy con los Pet Shop Boys es el tema de apertura.

 

Bañado por la luz escarlata de los focos, un individuo andrógino, extraño, completamente inclasificable, ocupa el escenario. La etapa Ziggy/Aladdin Sane —con su cabello rojo, cejas afeitadas, profusión de maquillaje y modelos kabuki— fue la más impactante de su carrera. En una época en la que la liberación gay empezaba a despuntar, la aparición de Bowie causó un impacto sísmico en la sociedad británica. Nadie había asumido un riesgo tan grande. Al salir del armario, el resto siguió su ejemplo. Su declaración «Soy gay y siempre lo he sido, incluso cuando era David Jones» en Melody Marker cambió la vida de muchas personas. 


Extravagante, bisexual, de otro planeta: Ziggy Stardust revolucionó la historia del rock. El primero de sus innumerables alter egos, de cambios de personalidad. Siempre fue una interpretación, ninguna de sus creaciones era real, aunque Bowie confiesa que llegó a confundirse con su personaje más célebre. Travestismo, brillantina, rímel, monos espaciales, plataformas, glamur… Starman en el Top of the Pops dinamitó la pérfida Albión. I had to phone someone, so I picked on you… Según la leyenda, la centralita de la BBC se colapsó debido a las llamadas de padres indignados. El fin de los tiempos se aproximaba. 

 

En todo momento tuvo la necesidad casi patológica de avanzar, de cambiar de piel, de huir a cualquier parte. Bowie nunca fue fiel a ningún género musical, estética o filosofía. Radical, provocador, visionario, siempre cantó para los marginados. Aquellos que, al igual que su ídolo, no encajaban en ninguna parte. Había que destruir tabúes, transgredir las normas, experimentar. Lo consiguió con creces.

 

Durante la aparición en Russell Harty Plus Pop, Bowie se muestra tímido, respondiendo con evasivas, preguntas y frases de doble sentido. Destacan sus pómulos afilados, dientes de fumador y plataformas de mujer. Ladino y manipulador, juega con las expectativas de todos, tanto de Harty como del público. Le divierte provocar al respetable. Puro camp.

 

Bowie habla de la relación con su familia. Su medio hermano Terry Burns lo influenció, haciéndole interesarse por la música, la literatura y el arte. Terry era esquizofrénico, terminó sus días ingresado en un centro psiquiátrico hasta que se suicidó en 1985. El miedo a la locura atormentaría a Bowie durante toda su vida; la música fue la válvula de escape para mantenerla a raya. No se menciona que, con el paso de los años, conforme la fama lo aisló de sus semejantes, se alejó de su hermano. Culpable, envió un ramo de flores a su funeral; no tuvo fuerzas para presentarse en persona. Temía que los medios sensacionalistas se cebaran en su desgracia.

 

Visualmente impecable, el torrente de imágenes convierte el visionado en una experiencia inmersiva. Nietzsche, William Burroughs, Bergman, Jack Kerouac, Buñuel, surrealismo, el barroco, performances, pinturas y esculturas de Bowie… Moonage Daydream conmueve con su experimentalidad. También es un homenaje a sus seguidores, a la influencia que ejerció en ellos, que lo tomaron como modelo en todos los aspectos: sexual, estético, filosófico e intelectual. Bowie deseaba ser distinto, destacar. En Life on Mars? pertenece a otra galaxia.


Como de costumbre, se hace hincapié en el glam, en la Ziggymanía, cuando pasó de ser un desconocido a marcar tendencias. La banda sonora, con los clásicos habituales, tomas en vivo y nuevos remixes, se centra tozudamente en esa etapa. Para un individuo tan adelantado a su tiempo, a Bowie tuvo que resultarle frustrante que el fantasma de las Arañas de Marte, del Hammersmith Odeon de Londres, lo persiguiera para siempre.

 

Diamond Dogs Tour —una de las giras más teatrales de la historia con su decorado de una ciudad en ruinas, puente levadizo, una mano enjoyada, grúa elevadora y números escénicos coreografiados— queda documentado con la actuación de Cracked Actor en el Universal Amphitheatre, California. Bowie fue moderno antes de que el término se convirtiera en un tópico. Un Hamlet oculto detrás de unas gafas de sol panorámicas besa a una calavera. Nadie había hecho algo similar hasta aquel entonces. Puro efectismo escénico.

 

Inspirado por la música negra americana, Young Americans (1975) significó un cambio de rumbo que dejó a sus incondicionales con la boca abierta. Un chico blanco, británico por añadidura, incursando en el soul… Ver para creer. Su apariencia en The Dick Cavett Show —a pesar del maquillaje y su renovada estética gouster, le es imposible disimular que se encuentra en los huesos. Errático, balbucea y se sorbe la nariz constantemente— presagia los tiempos caóticos que se avecinaban.

 

Las diferentes caras de David Bowie

 

Bowie fue un individuo complejo, contradictorio, que en todo momento se cuestiona a sí mismo, que reflexiona sobre los aciertos y errores cometidos, la búsqueda espiritual, el autoreconocimiento, la paz interior, de su legado al mundo. Durante décadas, modeló su personalidad hasta que se encontró al llegar a una edad madura. El documental muestra su evolución como persona y artista.

 

Desierto, calor, limusina en movimiento, Mulholland Drive. Imágenes de Bowie caracterizado como Thomas Jerome Newton, terriblemente delgado, víctima de la cocaína. Un forastero en una tierra extraña. Gélido, distante e impasible. Aquella época en Los Ángeles —marcada por el ocultismo, lecturas de Aleister Crowley, ufología, declaraciones fascistas, numerología, paranoia y una dieta insana de estupefacientes, leche y pimientos— lo obligaría a escapar de Estados Unidos, a buscar nuevos horizontes en Europa.

 

La entrevista vía satélite con Russell Harty para anunciar Isolar Tour resulta reveladora: un Bowie drogado es incapaz de decir nada coherente. Se comporta de forma glacial, desconectado de la realidad, como el personaje que interpretó en El hombre que cayó a la Tierra. En tres años todo había cambiado a peor.

 

Se obvia Station to Station (1976) —y por extensión al Delgado Duque Blanco— que lo convirtió en una estrella en Norteamérica; elepé rupturista que siempre afirmó que no recordaba haber grabado. Todo lo anterior se muestra de forma velada, en ningún momento es evidente que se había convertido en adicto. Siendo uno de los pocos documentales aprobado por sus herederos —por no decir el único—, se han eliminado las facetas más oscuras del cantante.

 

En Berlín Oeste, con Brian Eno como productor, su obra alcanzaría nuevas cuotas de experimentación. Mientras el punk arrasaba el planeta, el tríptico formado por Low (1977), "Heroes" (1977) y Lodger (1979), daba a la espalda a los cachorros de McLaren con su amalgama de electrónica, ambient, artrock, funk, krautrock y world music. El homónimo "Heroes", aunque no triunfó en las listas, se convirtió en un himno. Bowie perdió ventas, pero ganó respeto. Fue una época productiva, también grabó dos elepés con Iggy Pop —The Idiot y Lust For Life (1977)— que resucitaron la carrera de la Iguana después de la desintegración de The Stooges.


La llegada de una nueva década, con el excelso Scary Monsters (And Supercreeps) (1980), continúa con un Bowie vanguardista. El Mayor Tom ha transmutado en un pierrot. El vídeo de Ashes to Ashes —en el que se reflejarían los futuros New Romantics— resume las obsesiones del cantante: el aislamiento, la locura y el espacio exterior. Al negarse a realizar la gira de promoción de rigor para incordiar a RCA, aceptó el papel de John Merrick en la obra de teatro El hombre elefante. Fue el punto álgido de su trayectoria como intérprete.

 

El entrañable Let's Dance (1983) significó un antes y un después. Cambio de discográfica, de productor y de músicos. Borrón y cuenta nueva. De ser un artista de culto, Bowie se convirtió en un ídolo de masas. Todo encajó en su filosofía: tomarse en serio las responsabilidades como padre, ofrecer un mensaje positivo, aportar luz a su público. El cantante había madurado. Aunque esa etapa de su carrera es denostada en la actualidad, no fue así como se entendió en su momento. Serious Moonlight Tour fue un éxito clamoroso que llenó estadios de todo el planeta, despachando millones de entradas.

 

Tonight (1984) —el primer paso en falso de una discografía sin mácula—, películas como El ansia, Feliz Navidad, Mr Lawrence, PrincipiantesDentro del laberinto, diversas bandas sonoras, Live Aid, el endeble Never Let Me Down (1987), el spot publicitario de Pepsi junto a Tina Turner, la extravagante gira Glass Spider… Poco restaba del visionario que conmocionó al mundo una década atrás. Muchos de sus coetáneos también sacaron malos discos, sin embargo, a Bowie se le juzgó con mayor dureza que al resto. Glass Spider Tour liquidó a la superestrella mercantilista de los ochenta. Jamás volvió a tocar ningún tema de ese álbum en directo y renegó del mismo el resto de su carrera. Era necesario un cambio de rumbo, recuperar la inspiración perdida. «Los años de Phil Collins» iban terminar.

 

La entrada en los noventa significó encontrar el amor. Angie, su primera esposa y madre de su hijo, Duncan Jones, solo aparece en una imagen al principio del documental. Es evidente que sus herederos no desean que nadie la recuerde. World on a Wing suena de fondo. Renacido, su boda con Iman y el lanzamiento de álbumes inclasificables como The Buddah of Suburbia (1993), Outside (1995) y Earthling (1997), volvieron a romper esquemas. Ninguno marcó tendencias, sin embargo, fueron atrevidos. Bowie se encuentra pletórico, centrado, disfrutando de su música. La mediana edad le hizo recuperar el espíritu innovador que lo caracterizaba.

 

Resulta chocante que de la nómina de productores que trabajaron con Bowie solo se comente de pasada a Brian Eno. Gus Dudgeon, Ken Scott, Nile Rodgers, Mark Plati y, sobre todo, Tony Visconti, ni siquiera son mencionados. Sus colaboraciones con Mott the Hoople, Iggy Pop, Lou Reed, Cher, Marianne Faithfull, Queen, Mick Jagger, Tina Turner, Pat Metheny, Lenny Kravitz, Angelo Badalamenti, Pet Shop Boys o Trent Reznor, tampoco aparecen reflejadas. Lo mismo sucede con Mick Ronson, Mike Garson, Carlos Alomar, Earl Slick, Ricky Gardener, Robert Fripp, Adrian Belew, Steve Ray Vaughan, Peter Frampton, Reeves Gabrels, Gail Ann Dorsey, David Torn o Donny McCaslin. La visión del artista impera en todo momento, no hay espacio para los músicos que lo acompañaron durante su andadura.

 

El documental ignora a Tin Machine, Sound +Vision Tour, The Freddie Mercury Tribute Concert y la etapa de madurez iniciada con Hours… (1999). Es el único fallo de Moonage Daydream: el estremecedor Blackstar (2016), publicado a pocos días de su muerte, merecía ser mencionado, sin contar con el comeback The Next Day (2013) o Heathen (2002). Álbumes de primer nivel que poco tuvieron que envidiar a los clásicos de los setenta. 

 

Como conclusión, Moonage Daydream destaca como una de las mejores obras jamás grabadas sobre David Bowie. Satisfará a sus incondicionales y puede que gane nuevos adeptos para la causa. ¿Para cuándo un documental como los Diarios de Andy Warhol (Nexflix) en el que pueda desgranarse su carrera exhaustivamente? Espero que, tarde o temprano, se convierta en realidad.