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jueves, febrero 09, 2023

RESEÑA «CHOCA CONTRA EL SOL», CORTESÍA DE SOLO NOVELA NEGRA

En esta revista reseñamos la primera novela que os hemos dejado en el enlace del título.

 

Una novela que nos atrapó gracias a su frescura y lo contundente de sus personajes. He de decir que ese Möhler tiene la carga de un acorazado preparado para la invasión.

 

En esta segunda novela y ya con el personaje conocido gracias a su bagaje, el Alemán intenta ocultarse tras ciertos problemillas, pero estos siempre acaban por encontrarte. Novela con cierta carga erótico-negra le podríamos llamar, te hace empatizar más con los personajes que le rodean y que pululan por esas calles buscando una pequeña oportunidad que te proporcionen, tal vez cobijo, tal vez un poco de cariño y a veces solo por un puñado de billetes.

 

Quizás como la primera nos pareció tan potente, esta nos arrastra por el mismo sendero, como a un perrito faldero asustado al ver que le han aflojado la correa.

 

Nos gusta Alexis Brito Delgado, no vamos a ocultarlo.

 

Esta vez el autor nos propone un Alemán más limpio, luchando contra sus propios demonios y arrastrando esa violencia innata por allá donde pasa. Las escenas se intercalan con las reflexiones del protagonista, unas ideas que te calan y que te llevan a su abismo. Felicidades una vez más. ¿Tendremos tercera entrega?, esperemos que sí, porque Möhler, te atrapa, te deja sin aliento, te contagia su dolor y su maldad, y aunque sangra, que más da, las cicatrices le molan.


 



viernes, noviembre 11, 2022

RESEÑA «CHOCA CONTRA EL SOL», CORTESÍA DE @SERGIBOOKS

@starkbrito vuelve con la segunda entrega de esta saga titulada Cazador a sueldo. Ya en la primera parte, Luz blanca/Calor blanco, conocimos a Möhler Stark, un asesino a sueldo sin ningún tipo de escrúpulos y donde todo le daba absolutamente lo mismo. En este nuevo libro seguiremos descubriendo a nuestro protagonista.

 

En la primera parte encontramos un personaje antihéroe total. Su mejor arma es la violencia y su alimento las drogas y el alcohol. O sea, que ya estábamos avisados.

 

Es por eso quizás, que ya sabiendo de antemano como es el personaje, disfrutas mucho más la novela. El autor ha querido seguir contando con esas dosis necesarias de acción, donde predomina el sexo, la violencia y mucha crueldad. Y es que el personaje así lo exige porque si no tuviera estos ingredientes el nivel de la novela sería otro y completamente diferente. 

 

Por eso es necesario destacar, que en esta segunda entrega, Möhler Stark no baja el nivel, al contrario, lo sube y eso para el lector es muy bueno.

 

En este libro, Stark permanece oculto en Luisiana, tranquilo, sin demasiados contratiempos. Pero como suele suceder, el pasado siempre vuelve y no para darte buenas noticias precisamente. Un nuevo curro se abre paso y es ahí cuando empieza su bajada a los infiernos. 

 

Descarnada, cruel y en muchas ocasiones dura, Alexis Brito no se anda por las ramas y nos muestra una sociedad jodida, complicada y dura. Sabe describir a la perfección todas las escenas de acción y es como meterte de lleno en una buena película de género negro. 

 

Diría que esta segunda parte me ha gustado más que la primera. No sé si porque ya conocemos al personaje y pisas sobre seguro o porque ves como ha evolucionado el personaje.

 

¿Qué sigue siendo un desgraciado y un mierda? Sí. Pero tiene sus sentimientos aunque no lo parezca y eso hace al protagonista más atractivo si cabe.





viernes, julio 15, 2022

RESEÑA "CHOCA CONTRA EL SOL", CORTESÍA DE REINOS DE MI IMAGINACIÓN

Hoy traemos nueva reseña. En esta ocasión de una novela corta con mucha, mucha acción. Es una segunda parte, pero puede leerse de modo independiente. Para mi gusto, mucho mejor que la primera, que ya me moló mucho, y que tenéis reseñada en el perfil.

La trama es directa y no se anda mucho por las ramas. Podríamos estar ante cualquier peli de acción de los 70-80. El autor no se corta un pelo a la hora de narrar, se trata de una historia dura, descarnada, brutal. Hay sangre, sexo y violencia. Pero la historia está narrada por un asesino a sueldo de la mafia, ex-heroinómano, y muy violento. El que espere otro lenguaje es que no entiende de qué va esto. Los personajes son interesantes, aunque sólo entra a fondo en el prota, pero tampoco es necesario más.

Me encanta cómo está narrado todo. Me encanta. Si os mola la acción y la novela negra, no sé a qué estáis esperando.




domingo, julio 10, 2022

RESEÑA "CHOCA CONTRA EL SOL", CORTESÍA DE ROCK THE BEST MUSIC

Hace un año tuvimos ocasión de asistir a ese viaje a los infiernos de Möhler Stark. Un trayecto corto de sólo siete días en los que Lou, Nico, Cale, Warhol fueron los encargados de crear su banda sonora, una poesía y música más que apropiada para mostrarnos la decadencia de la ciudad, y que acabaron en ese estallido final de violencia cuyas consecuencias son las encargadas de dar inicio a este capítulo segundo de “Cazador a sueldo”.

Un cazador que ahora, lejos de esa Nueva York donde se centraba toda la acción, transita intentando escapar de sus fantasmas  y es en Luisiana donde cree que su pasado no le alcanzará, pero ya sabemos que tarde o temprano acaba alcanzándote. Y si en el anterior capitulo siete fueron los días, aquí de nuevo se nos aparece el siete, pero esta vez van a ser semanas y, si en Luz Blanca/Calor Blanco la banda sonora era grandiosa y nos mostraba algunas de las referencias musicales del autor, aquí, y más para el que escribe, no es grandiosa, es majestuosa, y ya en la solapa del libro Alexis nos habla de su relación con la banda que está omnipresente a lo largo del libro.

Y si en la anterior, en ningún momento el autor nos mostraba directamente el lazo de unión de Möhler con Johannes Stark,  aquí se decide a presentarnos su origen, cosa que se agradece, como el hecho de que con la misma crudeza que lo hacía en el anterior capitulo nos muestra esa devastación interior de la que tanto cuesta salir y de la que nuestro protagonista intenta alejarse.

Choca contra el sol, con sus 234 páginas que, tal como pasaba en la anterior entrega, harán las delicias de todo aquel lector que quiera sumergirse en este apasionante viaje a los infiernos por el sureste de los Estados Unidos.




jueves, julio 07, 2022

RESEÑA "CHOCA CONTRA EL SOL", CORTESÍA DE LA LIBRERÍA SECRETA

Stark ha permanecido oculto en una nueva ciudad porque la mafia y parte de la policía de Nueva York le busca por sus "percances" y venganzas. Escondido en la tranquilidad y deshaciéndose de un plumazo de sus malos hábitos... su paz vuelve a ser truncada. Librarse de persecuciones, matanzas, sangre, asesinatos, mujeres complicadas y gente peligrosa es imposible. Porque Stark es sinónimo de venganza, de furia, de acción, de pasión y de una sangre tan caliente y envenenada, tanto del pasado como del presente... que jamás podrá alejarse de esa vida.

Por mucho que quiera, por mucho que se aleje, por mucho que lo intente.

Möhler Stark es muerte y castigo.

 A cada página de la novela le rodea música de la BUENA!!! Cada paso del protagonista, cada escena tu mente, por sí sola, le pondrá banda sonora. Y si no se te ocurre ninguna canción @starkbrito te mostrará la mejor de las opciones.

 Gracias @starkbrito por enviarme el libro. Es un placer haber VIVIDO tus dos novelas y colaborar contigo.

 Dicen que las segundas partes nunca fueran buenas... están equivocados.

 Espero volver a saber de este grandísimo personaje.

 No dejes que muera...

¡¡¡Aún!!!




miércoles, mayo 18, 2022

RESEÑA "CHOCA CONTRA EL SOL", CORTESÍA DE LOS MEJORES LIBROS

Tras conocer la historia de Möhler Stark en Luz Blanca/Calor Blanco, me vuelvo a adentrar en la segunda parte de la serie titulada Cazador a sueldo. Así, seguimos las andanzas del protagonista ahora en otro enclave. Noir clásico, gánsteres, mafias, Nueva Orleans… todo esto en la reseña Choca contra el sol, escrito por Alexis Brito Delgado.

Crítica libro Choca contra el sol

Me adentré en esta historia con el primer libro Luz Blanca/Calor Blanco, y al salir la segunda parte allá que me fui a leerla. Una vez que ya sabes a lo que te enfrentas se disfruta aún más.

El primero me descolocó un poco por no ser a lo que más habituada estaba en cuanto a género, sin embargo, en esta ocasión iba sabiendo lo que tenía entre manos. Así, puedo decir que me ha gustado aún más que la anterior.

Te dejo con la sinopsis y tras ella, me meto de lleno en la reseña Choca contra el sol.

Sinopsis

Choca contra el sol continúa la sangrienta historia de Möhler Stark. Marcado por el FBI, la Cosa Nostra y la Policía de Nueva York, el Alemán permanece oculto en Luisiana, disfrutando de una tranquilidad poco común. Sin embargo, el pasado no olvida; quedan deudas por saldar. Un nuevo trabajo lo obligará a salir de su ilusorio retiro, involucrándolo en una espiral de muerte, venganza y cadáveres. Rodeado de enemigos y con un futuro incierto, hará lo imposible por sobrevivir…

Reseña Choca contra el sol

Este nuevo libro de la serie Cazador a sueldo viene después de los hechos del libro anterior por lo que no haré spoilers, algo difícil pero vamos a por ello.

Con escasas 242 páginas, Choca contra el sol se convierte en un libro que se acaba sin darte cuenta. Una lectura que te transporta al noir clásico, al mundo de las mafias en suelo estadounidense, al pasado que podemos tener en mente gracias a diferentes películas. Una obra que nos traslada a Nueva Orleans, dejando atrás el Nueva York del libro anterior. No os cuento el porqué de este cambio ya que sería spoiler, pero le va genial este nuevo escenario también.

Esa ciudad con ese toque esotérico, misterioso, mezcla de culturas, y un individuo —nuestro protagonista— recién llegado que se ve envuelto en sus trifulcas y enredado de nuevo con las mafias. Un relato cargado de crudeza, un personaje sin pelos en la lengua, escrita sin pudor, reflejando la cotidianidad del personaje. Una narración que se nota cuidada aunque aparezcan expresiones soeces y una jerga «de la calle». Sin dejar nada a la imaginación en las escenas violentas o de sexo.

En este libro tenemos capítulos divididos por semanas, durante siete semanas además de un prólogo. Los capítulos son de larga extensión, lo que no quiere decir que se hagan pesados. Con una narración cruda, que discurre sin eufemismos, y que se recrea en las vivencias del personaje. Escrito en primera persona podemos decir que en el libro Choca contra el sol conoceremos aún más al personaje sintiéndolo muy cercano.

Y Möhler Stark evoluciona…

En esta ocasión seguimos viendo una gran crítica social no solo de la mano del protagonista que va evolucionando y dándose cuenta de determinadas cosas, sino también de los sucesos que va narrando.

Un personaje que se queda estancado a lo largo de los libros no es tan interesante y así parece verlo también Alexis Brito puesto que nuestro protagonista avanza, cambia, sin dejar su esencia.

Sin poder decir mucho más, sí notaremos cómo va sucediendo esta metamorfosis, de hecho, lo expresa él mismo. Sabremos por qué, lo que le lleva a esa evolución y cómo lo hace. Pero no nos olvidamos de quien fue y de algunos aspectos que no le serán tan sencillos dejar atrás. Una lucha constante se abre paso en su interior. Su esencia está, ahora quizá más pura, una versión mejorada para hacer las delicias del lector. Y que seguro nos traerá nuevas aventuras.

Valoración final

Reencontrarme con Möhler Stark ha sido un acierto, ya sabiendo por dónde se mueve me ha atrapado aún más. Una segunda parte que está más que a la altura de la primera, personalmente la he disfrutado más. Me ha convencido la evolución del protagonista, su lucha interna y sus acciones aunque más de una vez hay que pensar en el contexto en el que se mueve la historia para aceptar su forma de actuar y ciertas cosas que dice. Para mí, ningún problema en este sentido, recordamos que estamos ante una obra de ficción.

Lo recomiendo si te gustó la anterior, si te gustan las historias más crudas o del género en el que se mueve.

Enlace original:

https://losmejoreslibros.top/resena-choca-contra-el-sol-de-alexis-brito-delgado/




domingo, mayo 15, 2022

RESEÑA "CHOCA CONTRA EL SOL", CORTESÍA DE @BLIKO_BOOKS

Hoy os traigo una colaboración que tenía pendiente hace tiempo. Se trata de la segunda parte de Cazador a sueldo; Choca contra el sol, del escritor @starkbrito

Os dejo por aquí la sinopsis y una breve reseña.

SINOPSIS

Choca contra el sol continúa la sangrienta historia de Möhler Stark. Marcado por el FBI, la Cosa Nostra y la Policía de Nueva York, el Alemán permanece oculto en Luisiana, disfrutando de una tranquilidad poco común. Sin embargo, el pasado no olvida; quedan deudas por saldar. Un nuevo trabajo le obligará a salir de su ilusorio retiro, involucrándolo en una espiral de muerte, venganza y cadáveres. Rodeado de enemigos y con un futuro incierto hará lo imposible por sobrevivir.

RESEÑA

Título: Choca contra el sol

Autor: Alexis Brito

Editorial: Romeo Ediciones

Extensión: 242 páginas.

Anteriormente tuve el placer de reseñar la primera parte de esta historia que resultó ser una sorpresa total. Con la segunda parte no es menos. Me encanta que sea acción, acción y luego… acción.

El autor te transporta muy bien a la época en la que está ambientada la historia, creando una atmósfera que te envuelve con cada vuelta de hoja.

La música que acompaña a la historia ayuda aún más al lector a empaparse de la historia, lo cual es un plus.

Si aún no has leído al autor, te recomiendo encarecidamente que le des una oportunidad. Te va a sorprender.

Muchas gracias Alexis por tus historias.


Foto cortesía de @bliko_books


miércoles, mayo 04, 2022

RESEÑA "CHOCA CONTRA EL SOL", CORTESÍA DE SORAYA MURILLO

Choca contra el sol es la segunda entrega de la serie Cazador a sueldo de Alexis Brito Delgado. En la primera titulada Luz Blanca/Calor Blanco, que por supuesto también recomiendo, se describe más a fondo a nuestro personaje principal el alemán Möhler Stark, un maravilloso antihéroe, al que la tragedia que se cierne sobre él le da cierto aire de mártir mugriento consagrado. Si acaso pensáis comenzar esta segunda parte antes de conocer el volumen anterior no pasa nada, ambas se pueden leer de forma independiente, además en esta continuación hay un buen resumen de lo que fue su vida.

El lector se va a encontrar ante una novela negra del mundo del hampa. Mafia y traficantes controlando territorios muy al estilo de la película El Padrino. Italianos, irlandeses, macarras…Alexis nos arrastrará a lo peor de la sociedad, allí donde no se conoce la compasión, matas o te matan, no hay más. Para ello nuestro autor usó un lenguaje yo no diaria fuerte, lo llamaría real. Por eso, tú amigo lector que estás empezando a leer esta reseña, si crees ser una persona delicada o de los que se ofenden por todo tómate un tranquilizante cuando vayas a leer la novela ¿Eres de los que piden que a un negro lo llamen hombre de color o algo menos racista? Aquí te vas a encontrar directamente la palabra negrata ¿Te irrita? Mal empezamos entonces, porque en el sexo nuestro Alemán es de los que pagan bien porque la lengua de una mujer le lama los huevos, ¿tal vez eso ya te molesta menos?...

Historia de mafias, asesinos, maltratadores, drogadictos, prostitutas y entre medio un protagonista ex heroinómano y ex asesino a sueldo buscando una paz que nunca encuentra.

El escenario en esta ocasión será Luisiana (USA) donde se oculta tras una misión de la cual no salió muy bien parado. Nuevas cicatrices adornan su cuerpo. Allí se esconde bajo el nombre de Joe Wagner, pero el pasado nunca olvida… todavía quedan muchas deudas por saldar. Un nuevo trabajo lo obligará a salir de su ilusorio retiro, involucrándose en una espiral de muerte, venganza y cadáveres.

Estamos ante un personaje que lejos de perder fuerza en una segunda entrega creció. Sigue siendo el mismo matón que no perdona destrozarte la cara ni enviarte al más allá, aunque en esta ocasión parece haberse reconciliado un poco con el mundo. Aun así, es de los que creen al pie de la letra la famosa frase: no habrá paz para los malvados. Siempre con el extraño don de estar en el sitio equivocado, o tal vez será que esos son sus lugares… Rompe bocas, destroza caras, trata bien a las putas con las que se acuesta y en general tiene debilidad por las mujeres y los desvalidos, es sencillo quererlo y seguir de su lado pase lo que pase.

Para darle vida a todo esto Alexis, acompañará su narración con nombres de mafiosos reales del recuerdo, eso hará que se sienta el conjunto más auténtico. No solo el lenguaje creado es veraz también lo es el ambiente que envuelve los pasos de Joe. Vais a estar en los peores sitios, ni siquiera la policía se atreve a entrar. Lugares peligrosos de chabolas, drogas y gente muriendo sin que le importe a nadie. Las luces y sombras de Nueva Orleans, no faltará cierto detalle morboso de Marie Laveau la que fuera la reina del vudú.

Enemigos del pasado han regresado, su cabeza de nuevo tiene precio y mientras tanto comenzará su venganza personal tras el asesinato de alguien a quien apreciaba. Aquí empezará la acción con escenas sangrientas, palizas y todo lo que se os pueda pasar por la cabeza, este hombre sabe ajustar las cuentas. Estos momentos quedaron perfectamente narrados tanto que logras visualizarlos, no es extraño que te toques la cara en busca de sangre. Diálogos cien por cien creíbles, ninguna floritura ni chorradas, este es el inframundo del hampa y se siente real. Nada de hospitales, se cose él mismo las heridas, hilo, puntazo y lingotazo de bourbon. Entre medio letras de canciones de Led Zeppelin, Lou Reed…

Visitas al pub La Gatita hambrienta… Recuerdos en monólogos internos enlazan perfectamente con lo que le está ocurriendo ahora. Violencia, mucha violencia, policías corruptos y la traición que no se espera. Una serie negra de las mejores que he leído, sorprende la calidad de este autor patrio.

Nuestro héroe de nuevo dejará un final cerrado y con ganas de saber lo que ocurrirá en la siguiente entrega. Mientras llega ese momento entonaremos la letra Papa was a Rolling Stone de The Temptations.

Era tres de septiembre

Ese día siempre lo recordaré, sí lo haré

Porque ese fue el día que mi papá murió

Nunca tuve la oportunidad de verlo

Nunca oí nada más que cosas malas de él

Mamá, dependo de ti para decirme la verdad…

Gran novela, una auténtica pasada.


Enlace original: 

https://es.babelio.com/livres/Alexis-Brito-Delgado-Choca-contra-el-sol-Cazador-a-sueldo-2/150978/critiques/179127?fbclid=IwAR1vdgiCHu_lFDSOO39W2vmy0oc5sYNBL1KZE2eyU997ilBZ8o9ODuKjGNw


lunes, abril 25, 2022

RESEÑA "CHOCA CONTRA EL SOL", CORTESÍA DE CINEFAGIA80

Escrito por Alexis Brito Delgado, la trama nos cuenta cómo tras una misión que está a punto de  costarle la vida, Möhler Stark se retira a vivir una plácida vida en Luisiana. Pero es complicado dejar el pasado atrás, y más cuando viene a buscarte cuando te creías a salvo.

Se suele decir que segundas partes nunca fueron buenas, algo que, por fortuna, no ocurre aquí. Ya desde las primeras páginas, el autor nos atrapa y ya no nos suelta hasta que finalizamos la lectura, o paramos para tomar un respiro.

El Stark que aquí nos encontramos ha evolucionado como personaje. Sigue siendo un cabronazo de tomo y lomo, pero al menos aquí demuestra tener algo parecido a sentimientos y empatía, por aquellos que han compartido parte de su vida en su retiro y bajo una nueva identidad.

El ambiente mostrado por el autor, dista mucho de ser el ideal para visitar si eres turista. Los lugares en los que se desenvuelve Stark, salvo uno, son bastante peligrosos y no están exentos de peligro para todos aquellos que se aproximan a los mismos.

Tal y como ocurría en su anterior aventura, un hecho hará que Stark vuelva a ser el asesino despiadado que conocíamos. E incluso se puede decir que su vendetta tiene un carácter personal, al enterarse de la muerte de alguien que era importante para él.

Las escenas de acción son escasas, eso sí, cuando aparecen te hace falta un paraguas de la cantidad de sangre que aparece. Están narradas de forma explícita y cinematográfica, de forma que a uno le parece estar viéndolas sobre una pantalla.

Uno de los detalles que más me gustó, además de las escenas de acción antes mencionadas o del personaje, fue la aparición de diversos nombres reales de mafiosos, ya que alguno de ellos resultarán conocidos para todos aquellos que, mediante películas o libros, tenemos algún conocimiento de este mundo. Baste citar como ejemplo el nombre de Tony Spilotro. Tal vez no os suene, pero si os digo Nicky Santoro, interpretado por Joe Pesci en Casino, puede que os suene más.

La novela es bastante cruda y no muy apta para aquellos que se asusten con lenguaje bastante soez, escenas de sexo explícito y una violencia que no desentona en el cine de acción de serie b más bestia y salvaje.

El final, que por supuesto no voy a desvelar, nos deja con ganas de más aventuras de Stark. Ya que es un personaje que mola. Es un cabrito sí, pero aún así la forma en la que el autor nos describe sus peripecias, hace que queramos saber más del personaje. Más cuando aquí se nos dan pequeñas pinceladas acerca de su pasado.

Pero si disfrutáis con la literatura negra que de suele salir de lo habitual, o si os gustan aquellos títulos poco conocidos pero que nos deparan alegrías, no lo dudéis y haceros con el libro. Seguro que no os arrepentiréis. 

Enlace original:

http://cinefagia80.blogspot.com/2022/04/libro-choca-contra-el-sol-cazador.html




miércoles, febrero 16, 2022

"CHOCA CONTRA EL SOL" (PRÓLOGO)

Dolor…

Todos  mis sentidos se arremolinaban en los impactos que había recibido en el vientre. Por suerte, las heridas eran limpias: las balas no acertaron ningún órgano vital, besos mortales de una Browning y un revólver calibre 38 de reglamento de la policía. Las horas pasaban lentas, interminables, colmadas de miseria. A oscuras en la parte trasera de un camión de mudanzas con la suspensión reventada, me dirigía a un destino incierto. Cada maniobra, cambio de marchas o bache de la carretera me arrancaba un gemido de los labios. Escupí sangre. El bastardo que se encontraba al volante no tenía ni zorra idea de manejar un vehículo. Willie Pepperday era un transportista de tres al cuarto afiliado a algún sindicato. Lo mismo servía para un roto que para un descosido. Detestaba a los malos conductores; el mundo estaba lleno de ellos. Ardía de fiebre; cada inspiración me llenaba de azufre los pulmones y amenazaba con hacerme estallar el cráneo. Blanco y en botella: si lograba salir de aquella mierda le destrozaría las piernas al hijoputa.

Impotente, luché por conservar las pocas fuerzas que me restaban. Estaba muerto de sed. Jamás había deseado agua con tanta violencia. Cada célula de mi cuerpo demandaba un trago que saciara la necesidad que me abrasaba las entrañas. Tenía la garganta rasposa, las tripas revueltas y los labios ennegrecidos. Y pensar que semanas atrás, mientras andaba descolgándome del caballo, mi mayor ambición fue un chute que calmara el mono

Esbocé una sonrisa amarga; el destino no cesaba de darme extrañas lecciones. Con el cuerpo empapado de sudor, hiel en el fondo de la garganta, los ojos desencajados y las mandíbulas chirriando, poco restaba del viejo Möhler Stark.

Los vendajes, sucios y cubiertos de sangre, necesitaban un cambio. El suero era un suplicio: ardía en deseos de arrancarme la vía de cuajo. Atado a la camilla con correas de cuero y medio inconsciente, observé el moratón que me crecía por momentos sobre el envés de la mano. Lo tenía crudo para escapar del jaleo en el que me había metido por voluntad propia. Aunque había recibido docenas de heridas durante los últimos años, jamás había estado tan jodido como en aquel momento. Conforme pasaban los kilómetros oscilaba entre la vida y la muerte; un péndulo demencial que amenazaba con arrebatarme la cordura. El mañana se me escurría entre los dedos sin que pudiera evitarlo… 

Dolor…

Para bien o para mal, el matasanos que me remendó. Cabreado y escupiendo pestes, zurció las heridas correctamente. Aún sentía el tacto de sus duras manos sobre las costillas; hasta un perro hubiera recibido un trato mejor. Recordé el careto impávido, los morros fruncidos, el fuerte olor del alcohol para limpiar las heridas, la aguja traspasándome la piel lacerada… Las puntadas desiguales resaltaban sobre el estómago hundido; seguro que me quedarían cicatrices para el recuerdo.

Conocía al menda por referencias. Smith solía contratarlo cuando alguno de los suyos resultaba herido; los hospitales quedaban descartados cuando trabajabas para la mafia. Según los rumores que corrían por el Club Paradise, Parker había perdido la licencia por expender demasiadas recetas. Los yonquis eran insaciables; por mucha metadona que se metieran siempre volverían a por más. Desde entonces, curraba como veterinario en cualquier hipódromo que demandara sus servicios. Imaginé que para un hombre de su clase, con estudios, consulta privada, pasta a mansalva y reputación, ganarse la vida de aquel modo debía resultarle aberrante. Los pijos eran de esa manera, odiaban descender a un nivel inferior. El mundo no perdonaba a los fracasados: hoy nadabas en la abundancia, en lo más alto, y al día siguiente, chapoteabas con la mugre hasta el cuello.

La imagen de mi padre no cesaba de acosarme: fue herido en el abdomen por un casquillo de granada durante la Segunda Guerra Mundial. Quizás estaba pagando por sus pecados. Todas las personas que ejecutó durante el conflicto lo convirtieron en un individuo flemático, cínico y distante. Harto del régimen nazi, de la locura y el horror que había contemplado en los campos de batalla, desertó de las SS para regresar con su familia. Abandonado a su suerte en mitad del territorio soviético, logró volver a Alemania de una pieza. Renunció a cualquier riqueza, título nobiliario y tierras, repartió sus pertenencias entre la servidumbre y prendió fuego al castillo de sus antepasados para que no cayera en manos de Hitler. Junto a mi madre y mi hermano pequeño, no tardamos en zarpar en un mercante hacia Estados Unidos. El viejo tuvo el valor de arriesgarlo todo, incluidos los seres que amaba, para huir de una vida terrible. Tuve una infancia feliz. No obstante, mi destino estuvo escrito con heroína y plomo; jamás imaginé que terminaría convirtiéndome en un adicto, mucho menos en cazador a sueldo. Morboso, me pregunté qué opinaría el capitán de las Waffen-SS Johannes Stark sobre mí… Sin duda reprobaría a la escoria en la que me había convertido. Así fue mi padre: de mentalidad militar, corazón de acero y férreos principios.      

Aparte de la pérdida de sangre, lo único por lo que tenía que preocuparme era de pillar una infección. Dadas las circunstancias no me hubiera venido nada mal un pico de morfina para aliviar los calambres que me hacían estremecer al borde del vómito. Lo peor del asunto era que Graham había obligado a Parker acompañarme durante el trayecto; los cuidados del cabrón dejaban mucho que desear. Otro con el que tendría que ajustar cuentas siempre y cuando resistiera aquel asqueroso viaje. El odio hirviente me auxiliaba a no perder la cabeza. «Parker, colega, has firmado tu sentencia de muerte; lo juro por lo más sagrado». Los medicuchos venidos a menos no tenían cabida en el planeta. Los tipos como yo estábamos para arrojar la basura al contenedor cuando hiciera falta.

Hígado, intestinos, colon, riñones, vejiga, pulmones, vasos sanguíneos, columna vertebral… No cesaba de darle vueltas a las lesiones que podía haber sufrido. Desesperado, apreté los puños, luchando por ahogar el llanto que amenazaba con hacerme estallar en lágrimas. No pensaba venirme abajo, mucho menos rendirme a aquellas alturas de la película. Agité la cabeza sobre las almohadas húmedas, tozudo, hasta que logré recomponerme en la medida de mis posibilidades. Luchar, echarle un par de huevos, no me quedaba otra o reventaría. Entre mi cuerpo debilitado por los narcóticos, la transfusión de sangre, la deshidratación y la falta de papeo, malgastar el aliento era una estupidez. Inspiré una bocanada profunda de aire para relajarme e intentar conciliar el sueño. Por desgracia, el olvido se negaba a hacer acto de presencia. Cualquier otro hubiera rezado. Me negaba a rebajarme de aquella forma. Dios no me interesaba en absoluto; renegué de él desde que tuve uso de razón. 

Dolor…

Sin motivo aparente, durante aquel trayecto infernal rememoré cómo llegué al aparcamiento del Paradise el día anterior. Después del tiroteo efectuado en el piso del teniente Morris, renqueando conseguí tomar uno de los ascensores. Al alcanzar la planta baja atravesé el vestíbulo y salí a la calle. Todo oscilaba a mi alrededor, me costaba enfocar la vista y arrastraba los pies como un zombi. Milagrosamente, crucé la avenida sin que ningún coche me atropellara y metí la llave en la cerradura del Mustang. Conduje medio inconsciente, con el piloto automático, las manzanas que me apartaban de Hell’s Kitchen, saltándome los semáforos que encontré por el camino. El tráfico escaseaba. No me llevé por delante a ningún peatón, me estallé contra un edificio, choqué contra otro vehículo o me detuvo la bofia de chiripa. Me costó horrores coordinar los pedales, la palanca de cambios y la dirección; aquella media hora se me hizo eterna. Derrengado, en la entrada del casino perdí el control del buga, resbalé sobre la nieve, reventé la valla de seguridad y terminé con el capó hundido contra una pared de cemento. Alertado por el estruendo, uno de los vigilantes emergió del interior con la pipa empuñada; el capullo creía que la competencia atacaba el club. Me dolía el pecho del hombro a la cadera, el cinturón estuvo a punto de partirme por la mitad. De no habérmelo puesto, el volante me hubiese aplastado la caja torácica. Varios hombres me rodearon, entre ellos Tommy O’Sullivan —el Rodolfo Valentino bastardo—,  la mano derecha de Jerry. 

—¡Me cago en la hostia! —masculló. Abrió la puerta de un tirón. Con cara de póker, a través del humo del radiador, echó un vistazo al habitáculo ensangrentado—. ¡Llevadlo dentro!

El Mustang estaba hecho polvo: parabrisas resquebrajado, olor a gasolina, metal retorcido. El destello pálido del sol se reflejaba sobre las carrocerías de los vehículos estacionados. Lleno de repugnancia, Tommy se apartó para no pringarse el traje de algodón almidonado. Llevaba las solapas de la camisa de flores por encima de la chaqueta, tenía aspecto que iba a salir de fiesta por el Copacabana. Sin miramientos, el personal del club me sacó de la cabina aplastada y, agarrándome por las axilas, me arrastró al edificio. Dejé un reguero escarlata y fragmentos de cristal sobre el pavimento de hormigón hasta la salida de emergencia. 

En el interior tardé unos segundos en acostumbrarme a la penumbra. El pasillo sin adornos, con suelos de mármol, se perdía doblando a la izquierda. Conocía la distribución del Paradise perfectamente: sala de juego y barra a la derecha, comedor y dependencias del personal en sentido contrario, y el despacho del Irlandés al fondo. Me dejaron caer de cualquier modo. Un rostro familiar, de mandíbula cuadrada y rasgos autoritarios, llenó mi campo visual. Inquieto, Jerry me levantó la camisa y estudió los balazos con ojos penetrantes que no perdían detalle.

—Las he visto peores —intentó tranquilizarme—. Saldrás de esta, Alemán.

Asentí, exhausto; mis energías se habían evaporado. Graham tomó el control de la situación, por algo era el lugarteniente de uno de los capos más poderosos de la mafia de Nueva York. 

—Llamad a Parker. Que venga con todo el equipo —ordenó—. Llevaos el Mustang y limpiad los destrozos; no debe quedar ninguna prueba. —Se volvió hacia Tommy—. Trae el botiquín. Intentaremos contener la hemorragia hasta que aparezca el médico. 

Huraño, O’Sullivan se ajustó el fedora sobre los ojos. Llevaba una medalla de oro de san Cristóbal colgando del cuello. Su ridículo sentido de la vanidad no cesaba de sorprenderme. 

—¿Para qué perder el tiempo? Metámoslo en el maletero de su carro y a tomar por culo —rezongó—. Nadie lo buscará en la trituradora del depósito de chatarra de la 41.

Aquel gilipollas siempre se había sentido intimidado por mí. Furioso, le lancé una mirada de odio. Lo aborrecía; me hubiera encantado convertirlo en jabón. Carecía de opciones, no me quedaba otra que suplicar por la clemencia del hampa. El Boss era una figura casi omnisciente; tenía contactos hasta debajo de las piedras, informadores tanto en las altas esferas como en cada alcantarilla de la ciudad. Las cloacas no suponían ningún misterio para él. Nunca terminaría como Albert Anastasia, cosido a tiros en una barbería, con una toalla caliente en la cara.

¿Por qué me había permitido llegar a aquel punto sin retorno? ¿Qué clase de persona era, que no contaba ni con un puto amigo para las emergencias? 

Jerry apretó los dientes. Para tener cincuenta y tantos, se mantenía fuerte y en plenitud de facultades. Siempre había admirado su seguridad. Inteligente y expeditivo, era capaz de solucionar cualquier problema. Un tipo frío, impasible, puro autocontrol; atributos esenciales para desempeñar las labores que realizaba. Los jefazos de las otras familias envidiaban a Smith por tenerlo como consejero. Pese a las generosas y variadas ofertas, Graham continuaba al servicio del Irlandés con una lealtad digna de encomio. Este era una parte fundamental de su imperio: conocía sus secretos, negocios, relaciones políticas y trapos sucios. Y si algo funcionaba, no tenía sentido cambiarlo.         

—Menos charla, O’Sullivan —gruñó—. Cierra el pico y haz lo que digo, coño. 

Una oleada de gratitud me envolvió. Jerry era un tío legal, nunca me dejaría tirado. De mala gana, Tommy dio media vuelta y desapareció sin dejar rastro; sus botas de cowboy resonaron por el corredor. Si antes me caía gordo, después de aquel incidente el mamón se había buscado la ruina. Yo era un estorbo del que quería deshacerse como el que se limpia un zurullo del zapato. Nunca provoques a un sicario pasado de vueltas; puede vaciarte el cargador de una Magnum en la jeta cuando menos lo esperes.     

—Gracias, Jerry —farfullé—. Te debo una.

Graham agitó la mano, quitándole importancia al asunto. 

—¿Qué has hecho, Alemán? —inquirió—. ¿Quién te disparó?

Delirando, le conté la movida: la muerte del teniente Morris, los polis que lo acompañaban, Steven Wood y sus matones. Los capullos habían quedado tendidos en el suelo, rodeados por su propia sangre. Nadie los echaría de menos. Las manos me apestaban a pólvora. Pese a tener un pie en la tumba, continuaba satisfecho por haberlos quitado de en medio. La venganza era una de las escasas emociones que aún podía experimentar.

—Joder —suspiró cuando terminé la historia—. Smith tenía planeado sacarte de la ciudad esta misma tarde. Tendremos que cambiar de plan —explicó—. Te desangrarías antes de que el buque saliera del puerto de Brooklyn.

Graham velaba por mi pellejo. Confié en sus palabras. Antes de perder el conocimiento logré replicar:

—Lo pillo, colega…

Desperté bruscamente cuando el matasanos me cosió las heridas; una experiencia que prefería borrar de mi memoria. Hicieron falta tres hombres, incluido Jerry, para sujetarme. Alguien me metió una cuchara en la boca para evitar que me arrancara la lengua de un mordisco. Los calmantes brillaron por su ausencia. Me costaba comprender el porqué de tanta acritud, no conocía a aquel sádico de nada.

Dolor…

Abrí los ojos consumido por la sed, regresando a la cruda realidad. El hedor de mi propio cuerpo me repugnaba: transpiración rancia, sangre y meados. Parker no se había tomado la molestia de vaciar la bolsa de orina; sentía el tacto caliente y desagradable de mis secreciones entre las piernas. ¿Acaso el cabronazo pretendía liquidarme? Herido, maniatado, desnudo y a merced del conductor y el medicucho, había cometido el error de perder el control de mis actos, dejar de lado mi mente fría y analítica en aquella ensalada de tiros. Ahora estaba pagando el precio de cagarla; no sería sencillo ignorar el pasado reciente.

Jerry se encargó de montar el tinglado, de limpiar la mierda. Había borrado del mapa a demasiadas personas durante la última semana —un informador, federales, un jefe de policía local, varios maderos y a un reputado mafioso— como para continuar deambulando por las calles de Nueva York. Incluso me metió en el bolsillo de la camisa los mil machacantes que me debía por haber quitado de en medio a Sturfo, guita que aquellos cabrones me habían birlado a la primera de cambio; me encontraba demasiado débil como para oponer resistencia. Las Cinco Familias pensarían que el asesinato de Wood habría sido cosa de Smith, no mía. Solo por ello reclamarían mi pellejo en bandeja de plata. Graham se jugaba mucho cargándose el mochuelo; podía haberme echado a los leones, pero no lo hizo. Le debía el cuello y no pensaba fallarle de nuevo. Inmerso en una enloquecida espiral de venganza, en ningún momento tuve en cuenta que mis actos pudieran perjudicar a terceros. Cuando te metes en problemas la porquería salpica hasta la estratosfera.

A diferencia de otros gánsteres que vivían a todo trapo, el Boss se caracterizaba por su modestia. Nada de aparecer en los medios, ni contar con un ejército de sirvientes, barberos, chóferes, cocineros, abogados y mensajeros. Según lo que tenía entendido, en la intimidad del hogar solo se rodeaba de los miembros de sangre de su numerosa familia. Vivía en una sencilla casa de tres plantas en la Octava Avenida, a tiro de piedra de los restaurantes, teatros, casas de apuestas y pubs de Broadway. Sus vecinos, gentes humildes en su mayoría, le mostraban respeto y veneración. Integrado en la comunidad, ofrecía puestos de trabajo con sus negocios que, todo había que decirlo, siempre resultaban un éxito. Gracias a su influencia el barrio había salido de la pobreza, violencia y marginalidad que lo caracterizaba. Su imperio abarcaba la mayoría de Nueva York y Nueva Jersey. La pasma ignoraba que —desde la calle 34 Sur a la 59 Norte y del río Hudson por el oeste hasta la Octava Avenida por el este— era el dueño de Hell’s Kitchen. Michael Spillane, Edward Cummiskey, Jimmy Coonan, Mickey Feartherstone y Kevin Kelly obedecían sus órdenes sin rechistar.    

Mi lista de cicatrices era extensa: puñaladas en el muslo, brazo izquierdo y costillas inferiores; balazos en el gemelo, hombro y cadera derecha; metralla en el pecho y la espalda; hasta los dientes de un chucho en el tobillo. Heridas de la guerra que había mantenido en las calles durante los últimos quince años contra todo tipo de chusma: traficantes, chorizos, usureros, asesinos, proxenetas, mafiosos, chulos, etcétera. Ahora contaba con un par nuevas para mi colección. Puede que las peores que hubiera recibido hasta la fecha. Las cicatrices que atesoraba en el alma eran mucho más graves que las que desfiguraban mi cuerpo. Nuevamente, volví a plantearme si conseguiría escapar de aquel maldito camión. Siempre imaginé que tendría una muerte dura, atroz, no agonizando como un imbécil. Me tocaba los huevos ser incapaz de elegir mi final; era lo mínimo a lo que podía aspirar un hombre hecho y derecho.

Dolor…

El caballo me había echado a perder. Después de probarlo, jamás volví a ser la misma persona. Me enganché hasta las cejas; las marcas de los abscesos que tenía en los brazos eran la mejor prueba de ello. La heroína llenó mi existencia de una manera en la que nadie lo había hecho antes. Todos mis miedos, problemas, dudas y conflictos quedaban cortados de raíz cuando invadía mi torrente sanguíneo. Colocado, me sentía por encima del bien y del mal. Incapaz de experimentar el menor remordimiento, quitar vidas era un proceso tan sencillo como preparar una dosis. La moralidad es un concepto abstracto cuando te has metido miles de pelotazos. El pasado deja de tener importancia, todo gira alrededor del presente: pillar, disolver la mierda sobre una cucharilla ennegrecida, apretarte el cinturón alrededor del antebrazo, buscar una vena y perforarla. El mejor sexo se quedaba corto en comparación; ciento ochenta miligramos de jaco eran el orgasmo definitivo. Pensar en la droga hizo que me empalmara, toda una hazaña, teniendo en cuenta mi lamentable estado. 

Cruzaba autopistas interminables veteadas por luces de neón. Un trueno retumbó por encima del rugido del motor. Nubes negras y amenazadoras, bestias de enormes alas velaban mi futuro. Pensé en las lágrimas que vertió la multitud mientras el cuerpo de Cristo se consumía en la cima del Gólgota. El martilleo de la lluvia empezó a repiquetear sobre el techo del vehículo. Incliné la cabeza; clavos imaginarios atravesaban mis miembros. Los jinetes del Apocalipsis vagaban por la Tierra: había llegado la hora del Juicio Final; solo aquellos que se arrepintieran de sus pecados podrían alcanzar el paraíso. Imágenes bíblicas congeladas en un momento perpetuo de angustia, culpabilidad y desesperación. El cielo me estaba negado, ardería en el infierno durante toda la eternidad.    

Dolor…

Años muertos, tiempo perdido, esperanzas frustradas… La autocompasión, deprimente y amorfa, me invadió como un manto viscoso. Me encontraba al límite de mis fuerzas; un paso en falso y me iría al otro barrio. La muerte era una vieja amiga, su presencia fue constante desde la primera vez que apreté el gatillo de un arma. Siempre funcionó de la siguiente forma: los demás o yo. Evidentemente, elegí la segunda alternativa sin dudarlo un instante. No experimentaba ningún tipo de empatía, respeto o consideración por la escoria que había liquidado. Muchos merecían palmarla, otros no tanto. Lo importante era pasar página antes de que los cadáveres se enfriaran. En mi profesión la conciencia era una pérdida de tiempo.

Por otra parte, como drogadicto corría el riesgo de espicharla cuando iba a pillar o de una sobredosis. Cualquier negrata me volaría la tapa de los sesos por una papelina. Un mal día, una dosis adulterada, un pinchazo extra… Y terminabas tieso como una tabla de planchar, con una expresión sorprendida en la cara y una hipodérmica suspendida en el brazo. Riesgos, el pan de cada día para un heroinómano. Tenía frío, mucho frío, y los minutos corrían en mi contra.  

A pesar del asco que experimentaba hacia la vida, de los fracasos, sinsabores y desgracias que había experimentado, descubrí que continuaba queriendo seguir adelante. El instinto de conservación arraigado en los seres humanos hizo acto de presencia. Culpar a la heroína de mis problemas personales era una gilipollez. Estaba en la recta final del largo camino de desintoxicarme; había comprobado en mis propias carnes que el caballo no me dominaba como antaño. A partir de ahora, cambiar era un proceso necesario. Contaba con experiencia, un rodaje que me llevaría tan lejos como quisiera. ¿Me estaba engañando a mí mismo? ¿La fiebre me hacía imaginar imposibles? No, en absoluto; tocar fondo era necesario para renacer. Tenía las cosas muy claras y solo estaba pasando por un bache. No retrocedería ni para tomar impulso. Volaría alto, tanto, que iba a chocar contra el sol. 

Entonces tomé una decisión irrevocable: sobrevivir.




miércoles, mayo 26, 2021

FRAGMENTO SIN TÍTULO (CHOCA CONTRA EL SOL)

Crown Heights, noviembre, 1959.

En silencio, como un felino, crucé Eastern Parkway Avenue. Mi objetivo terminaba de aparcar. El Chevrolet del 54 azul celeste y blanco, de carrocería bruñida, amplios parachoques y tapacubos brillantes, me recordó que después de la Segunda Guerra Mundial la industria del motor yanqui experimentó un crecimiento sin límites. Era un carro demasiado ostentoso para dejarlo en la calle, cualquier chorizo del barrio no dudaría en mangarlo.  

Estudié al individuo que Jerry me había ordenado liquidar: calvo, tripón, metro sesenta de altura, cara de cerdo lisiado. Llevaba un traje color pastel, camisa blanca, corbata y zapatos de punta afilada; la indumentaria básica de los italianos que aspiraban a convertirse en hampones. Ridículo no, lo siguiente. Mientras cerraba el coche, neurótico, echó una mirada alrededor. Fijo que alguien le habría dado el chivatazo, la peña no toma tantas precauciones cuando llegaba a casa. Me oculté detrás de unos cubos de basura: era imposible que aquella bola de sebo hubiese advertido mi presencia.

A pesar de la distancia, descubrí que llevaba un cañón debajo de la americana. Por la forma en que le abultaba debía de tratarse de una pipa de calibre superior: Magnum 44 sin lugar a duda; los traficantes de armas las vendían por 350 pavos en el mercado negro. Había que tenerlos bien puestos para manejar un cacharro con aquel poder de parada, detalle que dudaba que el pringado pudiera hacer; el retroceso del arma le arrancaría los brazos. Lo ideal era un 38 de cañón corto para defenderse en distancias cortas, la artillería reglamentaria de la poli. Otro que había visto demasiadas películas.

El enano se dirigió hacia un bloque de apartamentos de protección oficial. La fachada de ladrillo, vetusta y sin encalar, anunciaba que el edificio había conocido tiempos mejores. Crown Heights era uno de los distritos más chungos de Nueva York: los medios no cesaban de anunciar que el nivel de delincuencia había aumentado de tal forma que recomendaban no salir a la calle por la noche. Pandilleros, camellos, atracadores, mendigos, ladrones, judíos, negros, asiáticos, rusos y latinos por doquier; la escoria campaba a sus anchas en Brooklyn. Me puse en marcha y atravesé la carretera con zancadas elásticas. El chute que circulaba por mis venas me hacía sentir tranquilo, ajeno a cualquier nerviosismo. Ya no se trataba de dar palizas a morosos para ajustar las cuentas pendientes que pudieran tener con el Irlandés. Había llegado el momento de borrar del mapa a los tipejos que significaran un problema.

Nieve, vehículos, farolas, árboles, escaparates cerrados, una sinagoga. Apreté la Walther 38 de fabricación alemana que llevaba en el interior del bolsillo de la chaqueta de cuero: ocho balas, cañón limado, culata y gatillo envueltos en cinta aislante para evitar huellas dactilares. Al escucharme, el calvo dio la vuelta con un respingo. La muerte se reflejaba en mis facciones. Nuestros ojos se encontraron durante unos segundos. Pálido, abrió la boca en un mudo grito de miedo. Acto seguido luchó por sacar el petardo. Demasiado lento. Le faltaba experiencia a la hora de disparar y el largo cañón entorpecía cualquier intento de desenfundar con rapidez. Fríamente, le metí un pildorazo en la cabeza. El disparo resonó en el bulevar desierto. El cráneo le estalló en pedazos, salpicando la acera de huesos y materia encefálica. Se desplomó de bruces sin emitir sonido, muerto. Vacié el tambor sobre el cadáver, tal como me habían encargado. Cuando la foto de su cuerpo apareciera en la sección de sucesos del New York Herald, aquellos que quisieran irse de la lengua lo pensarían mejor. La mafia no perdona a los delatores que tienen tratos con la pasma.

«Du wolltest es so! Scheiss drauf, Hurensohn! [1]», pensé.

El trabajo estaba hecho. De inmediato, sorteé el fiambre, doblé la esquina y, sin mirar atrás, me dirigí al coche que había aparcado en Howard Avenue. Metódico, arrojé los guantes y el arma en el interior de una alcantarilla. En el caso improbable de que la bofia me detuviera, sin pruebas, no tendrían modo de empapelarme. No experimenté ningún remordimiento por haber dado pasaporte a un espagueti. Aquel cretino había pagado las consecuencias de sus actos, ni más ni menos. Graham me esperaba en el Club Paradise. Con quinientos machacantes tendría caballo de sobra para el resto de la semana…  



[1] Tú te lo has buscado, hijo de puta.