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miércoles, mayo 10, 2023

THE SMASHING PUMPKINS: «ATUM: A ROCK OPERA IN THREE ACTS –THREE» (MARTHA’S MUSIC, 2023)

La ambición siempre es positiva para los artistas. Les auxilia a crecer, a evolucionar, a superarse a sí mismos. The Smashing Pumpkins ha sido una banda sobrada de ello —su discografía lo atestigua— pero, por desgracia para los de Chicago, con resultados desiguales. El talento y el oficio no bastan para crear obras magnas. 

ATUM: Act III (Martha’s Music, 2023) cierra la trilogía iniciada en los noventa con Mellon Collie and the Infinite Sadness (Virgin, 1996) y MACHINA: The Machines of God (Virgin, 2000), tal como ha vendido el proyecto Billy Corgan. Un elepé de 33 canciones divididas en tres actos que han sido recibidos por el público en una mezcla entre esperanza y escepticismo. Ahora que podemos juzgar el conjunto al completo la conclusión es obvia: demasiado relleno. ATUM es una ópera rock espacial que no ha terminado de despegar debido a su propia pretensión.

Sojourner abre el tercer acto con una pieza de unos ocho minutos: coros femeninos, sintetizadores y batería real, no una caja de ritmos. Psicodélica. Solo estilo David Gilmour. Pausa. Una inesperada segunda parte, toda una sorpresa. Buen tema para arrancar. 

 

Lanzada como single, la power pop Spellbinding cuenta una melodía pegadiza; terreno en el que el grupo se desenvuelve con naturalidad. La pista es una rareza dentro de su discografía, jamás habían grabado nada similar antes.

 

Intergalactic es otro corte arriesgado, nueve minutos de pura ciencia ficción, en la que domina la batería de Jimmy Chamberlin. Ya era hora que pudiera lucirse como en los viejos tiempos. Sonido añejo, sintetizadores estilo Jean Michael Jarre, percusión tribal que remite al Peter Gabriel de The Rhythm of the Heat, y una guitarra arábiga por parte de Corgan. A muchos le parecerá una broma de mal gusto, a otros una genialidad. 

 

La synth pop The Canary Trainer es una de las mejores pistas del álbum y del proyecto en general. Corgan se muestra comedido vocalmente, tal como debería haber hecho durante actos previos. Pacer resulta una continuación de la anterior, electrónica bien llevada, sin sobreproducciones innecesarias. Juego de voces que van de un altavoz a otro. Aunque no tenga un estribillo claro, sus teclados compensan la escucha; parecen salidos del soundtrack de La guerra de los mundos (1953). Por otra parte, la tranquila Fireflies también cumple con su cuota sintética. 

 

Los coros femeninos continúan omnipresentes. Como añadido puntual, hubiesen cuadrado con la propuesta, pero Corgan necesita armonías para enmascarar que no se encuentra en su mejor momento como cantante. La presencia de Sierra Swan y Katie Cole llega a sobresaturar. 

 

En That Whitch Animates the Spirit regresan las guitarras, tan escasas en el proyecto, demasiado límpidas para el que suscribe. Y en In Lieu of Failure recuperan el sonido noventero. Por primera vez en todo el disco —con treinta años de distancia— suenan como en los viejos tiempos; aquello que desean sus incondicionales veteranos. Harmagedon bebe de los ochenta, thrash metal con riffs chirriantes que son de agradecer. Una canción que en vivo ganará enteros para el disfrute de la parroquia de los Pumpkins. 

 

Cenotaph sigue la estela de Springtimes del anterior álbum. Aquellos que se dejen llevar por los momentos acústicos de Adore (Virgin, 1998) o Cotillions (Martha’s Music, 2019) de Corgan en solitario, les agradará su sencillez. Intimista y cálida, no aburre en ningún instante. 

 

Of Wings resulta un cierre imperfecto. Una especie de balada prog rock —Opus Dei recitado en latín incluido en sus versos— que no cumple como coda. Tediosa. El único corte prescindible del elepé. 

 

ATUM: Act III llega demasiado tarde. Corgan debería haber aprendido de sus errores, admitir que un disco como Mellon Collie… no se factura todos los días. La épica impostada, la grandilocuencia marca de la casa, ha restado credibilidad al conjunto. Faltan himnos para el recuerdo, escupir al mundo, gritar de rabia hasta perder la voz. Hubiese sido preferible hacer una criba, centrarse en los mejores temas y sacar un álbum sencillo, doble como máximo.

 

Respecto al lanzamiento físico, la edición del boxset con funda plateada, cuatro vinilos de colores, libreto sobre la historia del disco, diez canciones inéditas en cinco sencillos de 7 pulgadas y fotografías de la banda, es una maravilla. The Smashing Pumpkins ha anunciado en su página web que los cortes extras no estarán disponibles en formato digital hasta finales de año. Por consiguiente, a los seguidores completistas no les quedará más remedio que adquirir el cofre.





lunes, febrero 06, 2023

THE SMASHING PUMPKINS: «ATUM: A ROCK OPERA IN THREE ACTS –ACT TWO» (MARTHA’S MUSIC, 2023)

Para The Smashing Pumpkins hacer justicia a su legado, a clásicos como Siamese Dreams (Virgin, 1993) o Melon Collie and the Infinite Sadness (Virgin, 1995) siempre ha sido una tarea ardua, por no decir imposible: el listón se encuentra demasiado alto. Reinventarse, publicar obras maestras cuando se cuenta con una carrera extensa, resulta complicado para los músicos. 

ATUM no ha terminado en calar en el fandom de la banda. Todo lo contrario, este clama por una reedición de Machina/The Machines of God (Virgin, 2000) e incluso alaba Mary Star of the Sea (Martha's Music, 2003) de Zwan, que cumplió su veinte aniversario el mes pasado. «Porque hay mucha gente que cree que menos es más en estos días. Estoy en el lado opuesto, de hecho, creo que más es más», declaró Billy Corgan cuando presentó el disco. A nadie le sorprende, el exceso es el modus operandi del cantante. 33 canciones más 10 temas extras… ¿Realmente es necesario que el elepé cuente con tamaña magnitud? 

Corgan hace lo que le viene en gana sin tener en cuenta la opinión ajena: discográficas, público, mánagers, prensa musical, etcétera. Atum: Act I (Martha's Music, 2022), en líneas generales, recibió críticas tibias por parte de los medios. Sus seguidores tampoco lo acogieron con los brazos abiertos y la parroquia de los noventa ni siquiera se molestó en darle una oportunidad. La conclusión es evidente: los fans que siguen a The Smashing Pumpkins oscilan entre los 25/45, año arriba, año abajo, puede que de Oceania (EMI, 2012) en adelante. ATUM está enfocado a ese sector, por consiguiente, cuesta creer que complazca a la vieja guardia. 

Aquellos que busquen a los Pumpkins más abrasivos se sentirán decepcionados. El single Beguiled —con sus reminiscencias a Zero— es la única canción en la que las guitarras cumplen un papel principal. Aunque los riffs de Empires y Moss suben las revoluciones —siempre desde el prisma melódico actual—, que nadie espere el feeling por el que los de Chicago alcanzaron la fama mundial. Corgan ha vendido el álbum de forma errónea: prometió un sonido impulsado por guitarras. Por desgracia, no ha cumplido su palabra. En cuanto la parte conceptual del proyecto, puro humo. Melon Collie…, Machina… y ATUM son trabajos independientes sin hilo conductor. Que nadie se deje engañar.

Se echa en falta el sentido de la melodía, del estribillo que enganche, de la profundidad que se quede grabada en la mente y obligue a salir a comprar el disco. Dudo que alguien coloque cualquiera de los cortes de ATUM por encima de las viejas glorias, cuando el grupo emocionaba, transmitía sentimientos con su música. Ahora todo es correcto, bien meditado, pulido hasta el extremo, sin embargo, carente de gancho. Se extraña un poco de suciedad en los surcos. De nada sirve componer infinidad de cortes si ninguno está escrito con el corazón o, mejor aún, con las vísceras. Atum: Act II cuenta con el mismo sonido de la primera parte; apenas se nota la diferencia.

Avalanche arranca con una introducción conducida por teclados para irrumpir en un luminoso tema pop. Neophyte destaca por su electrónica y coros: podría ser un buen sencillo. Night Waves no termina de despegar. Su inicio es prometedor, no obstante, aporta poco al elepé. La nocturna Space Age recuerda a los momentos más sosegados de Siamese Dreams. Every Morning y To the Grays, con sus atmósferas sintéticas, vuelven a transmitir la nostalgia ochentera presente en las últimas entregas de la formación. 

Los sintetizadores dominan las once piezas. La batería suena tan procesada que podría tocarla cualquiera, no Jimmy Chamberlin. James Iha y Jeff Schroeder se encuentran desperdiciados, sus partes musicales pasan desapercibidas. Respecto al canto de Corgan, hace tiempo que no ofrece una interpretación memorable. Puede que por ello tenga que rodearse de voces femeninas todo el tiempo. La producción es tan límpida, saturada y comprimida que roza lo aséptico. ¿Por qué no contratan a un buen productor como antaño para salir de su zona de confort? Rabia, sudor, crudeza, hemoglobina… ¿Qué ha pasado con eso? 

Llegados a la recta final nos encontramos con The Culling, rock progresivo a lo Pink Floyd, una agradable sorpresa que empata con el instrumental Atum del primer volumen. Y, como cierre, Springstimes, balada folk acústica que recuerda al trabajo de Corgan en solitario. Puede que el camino que debería seguir para el tercer álbum. 

Atum: Act II representa una mejora respecto a su antecesor. Cuenta con temas jugosos y gana con las escuchas. Curiosamente, apenas han publicitado el proyecto. Un single, el podcast Thirthy-Three with Billy Corgan y poco más… 

Se rumorea que Empires será el próximo sencillo. A la banda le espera diez bolos como cabeza de cartel en The World is a Vampire Festival con Jane's Addiction, Amy & the Sniffers, Redhook y Battlesnake de teloneros en territorio australiano. Estos son The Smashing Pumpkins del 2023… para desesperación de sus incondicionales veteranos. 

Habrá que esperar al 5 de mayo para descubrir si en la última parte encontraremos la magia perdida. Las probabilidades son escasas. Crucemos los dedos. 




viernes, noviembre 18, 2022

THE SMASHING PUMPKINS: "ATUM: A ROCK OPERA IN THREE ACTS –ACT ONE" (MARTHA’S MUSIC, 2022)

«Atum es básicamente la historia de un personaje hilada a través de tres iteraciones diferentes. En el 95 estaba Zero, en 2000 estaba Glass. El personaje actual se llama Shiny. Se nos presenta como la metamorfosis psicológica vivida por un personaje a través del tiempo». 

 

Billy Corgan 

 

En los comunicados de prensa para promocionar Atum: A Rock Opera in Three Acts (Martha’s Music, 2022), Billy Corgan ha anunciado que la nueva trilogía de álbumes será la continuación de Mellon Collie and the Infinite Sadness (Virgin, 1995) y Machina/The Machines of God (Virgin, 2000). Es preferible no tomar en serio este tipo de declaraciones: huele a recurso para atraer la atención del fandom veterano. Los músicos que evocan el pasado como motor del presente cometen el error de crear expectativas que, por desgracia, nunca están a la altura. El listón de las obras magnas es insuperable, por consiguiente, lo mejor sería evitar comparaciones odiosas. 

 

Durante esta etapa con el 75% de los miembros originales —Jimmy Chamberlin y James Iha regresaron en el 2018. Según D’arcy Wretzky, su antigua bajista, no fue invitada a la reunión—, han publicado dos álbumes que dividieron a sus incondicionales. Seamos realistas: The Smashing Pumpkins jamás van a recobrar la excelencia de sus años dorados. Han pasado décadas desde entonces, demasiados altibajos, cambios de formación —durante una época el grupo consistió en Corgan y una serie de músicos de estudio. El guitarrista Jeff Schroeder fue el único superviviente de la quema— y virajes estilísticos que no acertaron en la diana. 

 

Corgan es un compositor notable, nadie puede negarle eso. Su defecto es que tiende a dar más importancia a la cantidad que a la calidad. Los discos dobles, triples, cuádruples y quíntuples son su obsesión. ¿Ego descomunal a lo Roger Waters? ¿Incontinencia creativa? ¿Es incapaz de elegir entre lo excelso y el relleno? Por poner un ejemplo: la dupla Machina/The Machines of God y Machina II: The Friends & Enemies of Modern Music (Constantinople, 2000), de haber pasado por un riguroso filtro que lo unificara en un solo elepé, hubiese sido mucho mejor. 

 

Aparte de ello, los proyectos inconclusos como Teargarden by Kaleidyscope (2010-2014) —un cajón de sastre de 34 cortes que no llegó a finalizar— o Shiny and Oh So Bright, Vol. 1 / LP: No Past. No Future. No Sun. (Napalm Records, 2018), dan la sensación de que Corgan después de invertir todo su talento y energía, al llegar a mitad de camino, decidiera abandonar la obra en curso por desidia, aburrimiento o falta de aceptación por parte del público. En muchas ocasiones el cantante toca los viejos temas sin ganas, como si el pasado fuera un lastre. Supongo que para él sería preferible centrarse en los últimos quince años de trayectoria profesional antes que en los noventa. Mala suerte, compañero, no haber grabado discos tan míticos. 

 

El prometedor single Beguiled devolvió la esperanza a los fanáticos a los que el viraje synth pop de Cyr (Sumerian Records, 2020) dejó indiferentes: guitarras poderosas, buena interpretación por parte de Corgan y una melodía pegadiza. El vídeo es harina de otro costal: demasiado pobre. Cualquiera de los clips de Mellon Collie… —y eso que han pasado casi treinta años desde entonces— lo supera ampliamente. 

 

Atum abre con el tema epónimo: un instrumental a lo Pink Floyd con batería prominente, colchones de sintetizadores, piano y un solo para el lucimiento de Corgan. Engancha a la primera escucha pese a su brevedad.  De inmediato, A God in Goodbye cuenta con un buen juego de guitarras, ganchos rítmicos y una leve pausa antes de finiquitar el tema. Interesante.


Butterfly Suite cambia de tercio entre pop, tranquilidad y distorsión. Sintetizadores, riffs potentes, cuerdas y coros de Katie Cole y Sierra Swan. La más experimental del lote. Una especie de actualización de 1979.

 

Embracer entra directamente en el terreno de la electrónica; los teclados llevan el peso de la composición. With Ado I Do, con su piano y caja de ritmos, podría encajar en Cyr o, en su defecto, en TheFutureEmbrace (2005), el primer elepé de Corgan en solitario. Hooligan continúa en la misma estela de las dos canciones anteriores: la influencia de Depeche Mode es notable. 

 

Llegados al ecuador del elepé, resulta difícil de encajar que una banda con tres guitarristas de reconocido talento y un batería de primera división, se centren en la música electrónica. Que nadie me malinterprete: Atum suena límpido, enérgico, aunque Iha y Chamberlin apenas destaquen. Corgan se ha encargado en producirlo. Cabe preguntarse qué aporta el resto del grupo en las labores de composición. ¿Son compañeros de armas o mercenarios ninguneados por su carismático frontman? Me temo que nunca quedará claro. 

 

Steps in Time y Beyond the Vale, directas y vertiginosas, recuperan la potencia gracias a sus guitarras matizadas con electrónica. En Where the Rain Must Fall destacan las voces femeninas, el uso de sintetizadores y un final acogedor. La circense Hooray! peca por una irrelevancia que empaña la recta final del álbum. No valdría ni de cara B. Como cierre, The Gold Mask recupera el patinazo del corte anterior gracias a su luminosa melodía ochentera estilo OMD. 

 

Atum: Act One cumple, pero no raya la excelencia. Falta garra, pasión, visceralidad y sangre. Los seguidores más aperturistas a los que les agradó Adore (Virgin, 1998) o Cyr disfrutarán del mismo sin problemas. En cambio, los melómanos de Siamese Dreams (Virgin, 1993) tendrán motivos de sobra para llevarse las manos a la cabeza. Aunque la formación ha puesto un pie en ambos registros —sintético y rockero— para proporcionar empaque y variedad al conjunto, complacer a todo el mundo es imposible. Espero que para el siguiente volumen apuesten por el camino del instrumental de apertura; sería un sonido tan psicodélico como innovador en su discografía. 

 

Debido al tamaño del disco, el cantante irá presentando con regularidad los nuevos temas en su podcast Thirty-Three with Billy Corgan. El primer programa contó con el pianista Mike Garson (David Bowie) como invitado especial. De todos modos, faltan dos elepés más, sin contar con diez canciones de propina que serán incluidas en la edición especial cuyo lanzamiento está programado para abril del 2023. Es demasiado pronto para juzgar un trabajo de tan titánicas dimensiones. Veremos lo que nos depara el futuro.