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jueves, mayo 07, 2026

ENTREVISTA A LOS SARA FONTÁN: ENTRE EL CONSUELO Y LA RESISTENCIA

Los Sara Fontán es el proyecto conjunto de Sara Fontán, al violín, y Edi Pou, a la percusión. Lo suyo es la música instrumental, pero lejos de encasillarse: mezclan post-rock, electrónica y una buena dosis de experimentación. Todo gira en torno al diálogo entre ambos y a una manera muy libre de crear, ya sea en el estudio o sobre el escenario.

«Creer fuerte» es la primera pista que podemos escuchar de vuestro nuevo disco. ¿Qué lugar ocupa dentro de Consuelo?

«Creer fuerte» resultó una música que nos evoca un estar hacia adelante, positiva, abierta y cambiante, así que decidimos colocar la esperanza que regala en el centro de Consuelo.

El álbum parece moverse constantemente entre la oscuridad y la luz, casi como si fuera un viaje espiritual. ¿Estoy en lo cierto?

Estás en lo cierto en que se mueve entre la oscuridad y la luz, pero no tanto como un viaje espiritual, sino como un reflejo de cómo nos sentimos ante la vida. La narrativa abierta que regala la música instrumental permite que el espectador se encargue de completarla.

Vuestra música cuesta encajarla en una sola etiqueta: hay post-rock, electrónica, incluso algo de clásica. ¿Cuáles son vuestras influencias?

Nos gustan muchos estilos de música; nos gustan los pájaros, los gatos, el agua, el vino, los ríos; nos gusta la noche y la mañana; nos gustan el rojo, el verde, el negro… Se nos hace muy difícil componer solo en un estilo. Puede que nuestra personalidad sea ese sentirse cómodo en diferentes ambientes, y ello provoca diversidad de estilos en nuestra música.

No utilizáis voz, pero aun así se percibe una narrativa muy clara en vuestros temas. ¿Es sencillo construir una historia sin palabras?

El principio no es narrativo, el principio siempre es visceral. No solemos intentar construir una narrativa; más bien se revela cuando la música está compuesta. Sí que nos motiva mucho ser capaces de hilar ideas sonoras y que tengan sentido consecutivamente, pero desde un lugar sonoro, estético e incluso radical. Esta forma de hacer música no tendría mucho sentido sin una forma parecida de “estar” en la música: cuestionando las formas de grabar, de distribuir, de comercializar o de compartir esta música.

En Consuelo se intuye cierta resistencia frente al momento actual, tanto a nivel social como político. ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?

¡Cualquier tiempo futuro esperemos que sea mejor! Vivimos inmersas en el resurgir de tiempos pasados imperialistas, de poderosos deshumanizados, machos dominantes imponiendo un mundo salvaje y poco empático, pero también estamos rodeadas de personas y lugares que tienden a la resistencia en el pensamiento y a la acción. La música, y las comunidades que se crean a su alrededor, pueden ser buenos entornos para organizar y repensar el futuro.

Da la sensación de que vuestro proceso creativo está muy ligado al directo. ¿Qué cambia cuando lleváis esas ideas al estudio?

En el estudio no tocamos siempre juntas: una graba a la otra y viceversa, y eso cambia bastante cómo nos relacionamos con las piezas. Se desgranan de una manera que nos permite trabajar profundamente sobre los detalles de producción y de interpretación. El mayor reto en el estudio es conseguir transmitir la fisicidad con la que tocamos en directo, rodeadas de otros cuerpos y oídos. Nos lo pasamos muy bien jugando a disponer micrófonos, escuchando a través de los cascos, cerrando y abriendo ambientes, cometiendo errores y sacrilegios…

Como dúo, habéis construido una conexión violín y percusión, alejándoos de la clásica base de batería y bajo. ¿Cómo fue desarrollar esa complicidad y encontrar vuestro propio lenguaje juntos?

Lo primero fue dejar a un lado la vergüenza y el afán de impresionarnos mutuamente. Una vez creado el clima, el reto es conseguir que nuestros instrumentos no sean un impedimento para que la música pueda fluir, sea la que sea. A fin de cuentas, la clave siempre es escucharse, no aburrirnos e intentar sorprendernos todo el rato.

Después de este disco, ¿lo sentís como un cierre de etapa o más bien como el inicio de nuevas posibilidades sonoras?

Grabamos un disco cuando sus canciones ya han sido tocadas, giradas, testeadas en muchos escenarios… En cierta manera, sacamos discos para despedirnos de esas canciones, para dejar constancia de ellas y seguir adelante. Sin embargo, tampoco seguimos la lógica de disco–promo–gira–pausa: estamos siempre girando y siempre componiendo, por lo que nuestra forma de hacer es un continuo, sin etapas claras. Cuando sintamos que no hay más posibilidades sonoras que explorar, lo dejaremos y nos centraremos en el gran damnificado por las giras: nuestro huerto.


jueves, marzo 12, 2026

ATZUR: «HUMBLE» (SEAYOU RECORDS, 2026)

Cuando uno se enfrenta a Humble, el nuevo disco de Atzur, conviene tener presente que el dúo todavía está definiendo su propio territorio. Su debut, Strange Rituals (2023), ya apuntaba una dirección bastante clara: pop alternativo con ambición épica, mucha electrónica y una evidente inclinación por la intensidad emocional. Este segundo trabajo no rompe con aquella fórmula, pero sí la desarrolla con mayor seguridad y un sonido más amplio.

Incluso el propio nombre del grupo ayuda a entender su imaginario. “Atzur” remite a ese azul profundo del cielo —un concepto asociado históricamente a la pureza, la protección o la firmeza— y esa idea parece atravesar también su música: una mezcla de fragilidad y resistencia, de vulnerabilidad luminosa y pulsión épica.

El título tampoco es casual. Humble gira en torno a una idea bastante reconocible: la tensión entre mostrarse vulnerable y, al mismo tiempo, defenderse en un entorno que muchas veces empuja a lo contrario. No es un disco conceptual en sentido estricto, pero varias canciones comparten ese clima de lucha interior y de reconstrucción después del golpe.

El single de presentación «Now I’m Happy», un tema expansivo que funciona como puerta de entrada al universo del dúo. Sobre una base electrónica sólida, la canción levanta un estribillo inmediato que deja clara la intención del disco: equilibrar emoción y energía.

La canción que da título al álbum, «Humble», cambia ligeramente el tono. Aquí el grupo apuesta por un sonido más nervioso y juguetón, con una producción cercana al hyper-pop. El tema juega con cierta ironía alrededor de la idea de “ser humilde”, cuestionando las expectativas externas con un enfoque sarcástico y pegadizo.

En «Psychodrama» aparece el lado más teatral de Atzur. La producción acentúa la tensión emocional y construye una atmósfera casi cinematográfica, muy en línea con ese dramatismo que parece formar parte de su identidad desde el principio.

«Chaos» retoma la energía del disco con un enfoque más directo. Es uno de los momentos más accesibles del álbum y demuestra que el dúo sabe construir canciones que funcionan igual de bien en una escucha tranquila como en el contexto de un concierto.

En una línea similar aparece «Hate Me», uno de los singles más potentes del elepé. Aquí Atzur apuestan por un pop electrónico directo. La canción gira en torno al conflicto emocional y a esa relación complicada con la mirada de los demás: afirmarse aunque eso implique incomodar. Un tema con pegada que encaja perfectamente dentro del universo de Humble.

Hacia el final aparece «A Gentle Kind of Ruthlessness», probablemente uno de los momentos más contenidos del conjunto. Aquí bajan un poco las revoluciones y se mueven en un terreno más íntimo, con una electrónica suave que deja espacio a la voz.

Lo cierto es que estamos ante un trabajo muy convincente que confirma el enorme potencial del dúo. Humble no solo consolida su propuesta, sino que los sitúa entre los nombres más interesantes del pop alternativo nacional actual. Un elepé ambicioso, emocionante y con personalidad propia que, sin duda, merece un lugar destacado entre los mejores álbumes nacionales de 2026.



martes, marzo 03, 2026

ENTREVISTA A ATZUR: ESCRIBE SU CAPÍTULO MÁS VALIENTE CON «HUMBLE»

Con una propuesta que entrelaza electrónica y emoción, Atzur se ha consolidado como una de las propuestas más singulares del panorama alternativo. Su universo sonoro se mueve entre la intensidad y la sensibilidad, con una narrativa muy cuidada que se percibe tanto en la música como en lo visual.

Ahora regresan con Humble, su segundo disco: un trabajo que expande su sonido y reafirma su personalidad artística. Con este lanzamiento como punto de partida, les planteamos ocho preguntas para adentrarnos en esta nueva etapa.

HUMBLE es un título que llama la atención desde el primer momento. Cuando habláis de humildad, ¿de qué estáis hablando exactamente? ¿Por qué sentíais que ahora era el momento de reapropiaros de esa palabra y darle la vuelta?

Rechazamos el concepto de humildad cuando se utiliza como arma de manipulación. La humildad que debilita, que reduce. Cuando descubrimos que el que había sido nuestro manager nos había estado estafando, fue en ese momento cuando dijimos “basta”. Vamos a hacer las cosas a nuestra manera.

Tras vuestro debut, Strange Rituals, da la sensación de que con este segundo disco hay un salto claro. ¿Dónde notáis más esa evolución: en el sonido, en el concepto, en lo personal… o en todo a la vez?

Todo a la vez. Nuestra música es algo vivo. Nosotros cambiamos y evolucionamos, y todo cambia y evoluciona con nosotros y a nuestro alrededor. Con HUMBLE, el salto sonoro es más grande, más arriesgado, más sin miedo, más libre. No nos escondemos detrás del concepto.

El disco suena enorme, expansivo, casi pensado para grandes escenarios. Y, sin embargo, sois solo dos. ¿Cómo construís esa sensación de grandeza en el estudio?

Trabajamos siempre con el directo en el foco. Cada detalle cuenta: el espacio, la reverb, el silencio justo antes del drop... La dinámica en las canciones es clave. Ser dos es una ventaja porque no hay ruido externo. Si algo nos emociona a los dos, se queda. Si no, fuera. 

En HUMBLE os movéis con naturalidad entre el pop alternativo, la electrónica, el reguetón o incluso el hyperpop más épico. ¿Cómo sabéis hasta dónde tensar cada canción sin perder lo que os define? ¿Os sentís cómodos viviendo en ese riesgo constante?

No lo vemos como un riesgo, sino como libertad creativa. La canción (o la visión) guía siempre por encima de todo. El límite no es el género, es la honestidad. Las emociones definen las canciones sin importar en que idioma o género se traduzcan.

«hate me» es uno de los momentos clave del álbum y casi una declaración de principios. ¿Qué hay detrás de esa frase “Even if you don’t love me / new people will love me”? ¿Cómo surgió la idea de mezclar el verso en castellano con ese ritmo más cercano al reguetón?

La mezcla de idiomas siempre ha sido algo natural. Desde las primeras canciones siempre hemos mezclado español e inglés. Somos un dúo que habla 5 idiomas a nivel materno. Para «hate me» la canción lo pidió en ese momento. El beat de reguetón era perfecto: tiene ese algo corporal. Queríamos que doliera… pero bailando.

Hay mucha vulnerabilidad en el disco, pero expresada desde ángulos muy distintos: el duelo, la fragilidad, la euforia casi catártica. ¿Qué pasa con todo eso cuando lo lleváis al directo? ¿Cómo se gestiona esa intensidad sobre el escenario?

Gestionarlo es cuestión de entrega. No puedes protegerte. Sales, te rompes un poco y confías en que el público te sostiene. Y siempre lo hacen.

Venís de girar por Europa central y del este, con varios sold outs, y ahora empezáis la etapa española. ¿Habéis notado diferencias entre el público de fuera y el de aquí? ¿Cómo imagináis estos conciertos en Barcelona, Bilbao, Valencia, Madrid, Sevilla y Oviedo?

Totalmente. De hecho, nos ha sorprendido muchísimo la entrega fuera. En Europa central y del este hemos vivido audiencias increíbles: gente cantando todo, gritando, bailando... Más que diferencias de actitud, sentimos matices en la energía. Cada ciudad tiene su propia forma de vivir el concierto, pero cuando algo conecta, conecta igual en cualquier idioma. La etapa española la imaginamos igual de intensa. Más que comparar, queremos sumar. Que cada fecha sea una celebración distinta, pero con la misma sensación: comunidad, euforia y cero distancia entre escenario y público.

Justo antes de arrancar la gira, tocaréis en el 20º aniversario de Ticketmaster España, después de haber sido elegidos entre más de 300 propuestas. ¿Qué supone para vosotros actuar ante profesionales de la industria en un evento así, de la mano de The Spanish Wave?

Somos un proyecto 100% independiente. Estar ahí, en un evento así, demuestra que hacer las cosas a tu manera también puede abrir puertas. Que nos hayan elegido entre más de 300 propuestas valida el trabajo silencioso de años. No es suerte, es constancia. Al final, si conectas de verdad, da igual quién esté delante. Público es público. Y nosotros no sabemos hacer otra cosa que ir “all in”. Estamos muy agradecidos a Ticketmaster España y a The Spanish Wave por confiar en nosotros y darnos esta plataforma.



martes, octubre 07, 2025

ENTREVISTA A BRUNETTO: «OOPARTS», UN VIAJE SONORO FUERA DE TIEMPO

Brunetto, alias de Bruno Garca, es productor, DJ y creador clave de la escena electrónica independiente española. Comenzó en los 90 como MC y miembro de BOCKORS, compartiendo escenario con The Chemical Brothers y The Prodigy. Ha lanzado álbumes como Sheroine, B+ y Homeself, y ha trabajado como responsable de prensa para artistas internacionales. Tras cinco años de trabajo creativo entre bastidores, regresa con el miniálbum Ooparts, mostrando su estilo único que mezcla trip hop, electrónica y hip hop libre con atmósferas cinematográficas y experimentales.

Vuelves tras cinco años sin publicar. ¿Qué te impulsó a regresar ahora con Ooparts?

Por suerte, trabajo a diario con personas que sin duda considero muy influyentes. Tanto de prensa como gente imprescindible en la escena electrónica de este país —Fernando Lagreca o AFFKT— que siempre me están pellizcando para que no desista en lanzar cosas como Brunetto. Lo último fue aquel EP en 2018 junto a Bearoid, Humanity, que funcionó muy bien. Pero mi tiempo para encerrarme a trastear en el estudio es muy limitado. Luego nos aplastó a todos la puñetera pandemia y, cómo no, fue un momento que aproveché para enchufarme a crear nuevos beats, texturas, atmósferas… en definitiva, los esqueletos que luego ganaron músculo y entrañas, y ahora componen el nuevo disco.

¿Qué significa para ti el concepto de Ooparts y cómo lo trasladaste a la música del miniálbum?

Un componente muy evidente de mi sonido es lo atmosférico y místico. Hay beats, pero también mucho rincón oscuro y ciencia ficción. El término ya lo había escuchado antes, y conocía los casos más famosos, como el del famoso “Astronauta de la Catedral de Salamanca” —ahora entenderéis mejor el guiño en la portada del lanzamiento—, pero fue escuchando un Espacio en Blanco hará unos diez años cuando definitivamente me quedé prendado e interesado en estos hallazgos arqueológicos que parecen desafiar las líneas temporales establecidas de la historia y la tecnología. Palabra de Muy Interesante :) jaja.

Musicalmente, he procurado conjugar técnicas, cacharros llenos de polvo y knobs, voces —la mayoría grabadas en mi sampler o en una grabadora de mano— con tecnología virtual más novedosa. Tan natural como atemporal.

«Ooparts» y «Blade Rana» fueron los temas elegidos como adelanto. ¿Por qué estos dos en particular?

«Ooparts» porque contiene dos líneas melódicas que compuse hace mucho tiempo —igual aún estábamos en el Pleistoceno, no sé—: una con el sinte y otra a modo de órgano de iglesia chunga. ¡Ostras! Las he tenido metidas en la cabeza desde entonces. Sencillas pero matonas. Iba en bici, me duchaba… y ahí que las tarareaba. A ver qué os pasa a vosotros.

Y «Blade Rana» porque, a la postre, es uno de los tracks que más me pirran por cómo suenan. También fue un reto: me propuse meter en una sola canción tres culturas y países muy distintos. Os soplo: esos tres países fueron Jamaica, Italia y Senegal. Locura divina, que diría algún faquir antes de tumbarse para echarse una reconfortante siesta.

Colaboras con Ëda Díaz en uno de los cortes. ¿Cómo nació esa conexión?

Me enamoré de su talento nada más descubrirla. Tuve la oportunidad de hacer la campaña de prensa de su último álbum Suave Bruta, y me prendó su manera de narrar, sin artificios, un mosaico brutal de tonos dulces con otros muy descarados. Aunque es muy buena con el contrabajo, es la calidad de su voz —fusionando un deje latino con folk más contemporáneo y europeo— lo que me hizo temblar. De placer.

La conocí en Barcelona y conecté muy bien con ella a nivel personal. Yo tenía claro que en lo nuevo que sacase iría un tema trip hop, porque me flipa el género… «Nyarlathotep», así se titula, es ese tema.

Trabajamos a distancia, pero en cuanto ella me dijo que sí, todo fluyó como la water de Bruce Lee. Con ella se explora muy bien la oscuridad y la belleza. Ojalá logremos hacer alguna cosa más juntos en el futuro. Me ilusiona solo pensarlo.

Tu música mezcla trip hop, electrónica y hip hop abstracto. ¿Cómo definirías tu identidad sonora actual?

Buena pregunta, ¿buena respuesta? Soy un enfermo de la música; esta fue la que me liberó de la jaula siendo un chavalote. Sí, era demasiado retraído, ¿qué pasa? Desde entonces me he rodeado de una veintena de estilos… pero con lo que más me identifico sin lugar a dudas es con el fenómeno del beat. Mamé breakdance, rap ochentero, jungle, hard hop, electro, UK hardcore, dubstep, etc.

Si me tirase a la piscina —sin bañador, aviso—, la definiría como si fuese un videojuego catalogado como Animated Violence Mild. Música electrónica sin prejuicios que se aventura a través del ritmo, normalmente roto y a medio tempo.

Has compartido escenario con gigantes como The Chemical Brothers o The Prodigy en los 90. ¿Qué aprendiste de esa época?

Aprendí de todo. Crecí en un entorno tan bonito, increíble, revolucionario… pero tantas, tantísimas veces hostil. Estos conciertos teloneando a The Chemical Brothers en la Cartuja de Sevilla y a The Prodigy en La Malagueta fueron dos bombazos en mi existencia que jamás olvidaré.

En esas actuaciones —ambas con la banda BOCKORS y en directo— lo di todo. Fui testigo de la camaradería entre artistas —incluidos los que entonces trataba como ídolos—, pero sobre todo de la conexión con miles de personas. Menos mal que mis comienzos fueron rapeando por clubes y no pasé directamente de la cabina de DJ a un escenario inmenso donde me podía perder. Eso fue importante.

No es lo mismo conectar pinchando un vinilo hitazo que a través de un micro y tus propias canciones. En Málaga recuerdo que me dejé el alma; casi me da un soponcio antes de tocar. Controlar las emociones no es nada fácil. Ah, saqué otra conclusión: mejor no cenar mucho antes de una actuación importante. Achtung, achtung!

Además de productor y DJ, has trabajado como press officer para artistas internacionales. ¿Cómo influye esa faceta en tu propio proceso creativo?

Así es. De hecho, se ha convertido en mi principal fuente económica desde que me trasladé de Sevilla a Barcelona, a finales de 2006. Es un trabajo que puede aportar estabilidad, pero que resulta cada vez más duro. Las herramientas cambian demasiado rápido, el interés loco por una cosa cambia de repente y vira hacia otra que ni interesaba, muchos compañeros y compañeras también comienzan a estar cansados de dejarse la vida y ser muy poco valorados.

Aun con eso, relacionarme con profesionales del periodismo musical me ayuda mucho a aprender y a no parar de crecer. En cuanto a lo creativo, procuro ser natural y busco las maneras de llegar a alguien en concreto sin incordiar.

Sí, a la hora de escribir un email o confeccionar una nota de prensa es cada vez más importante ser directo y visual. Menos retórica = más posibilidades. Y a mí, que se me va la pinza taco… no paro de trabajar este aspecto.

Luego, currar tanto para poner en el mapa los proyectos de gente como Trentemøller, Asian Dub Foundation, L’Entourloop, La Chica, Burial, Goose, Rinôçérôse, Modeselektor, etc., y otra mucha menos conocida, consume tantas horas que es harto complicado sentarse a producir música sin que sea ya medianoche. La cabeza, además, no acompaña.

Llevas años explorando el arte del sampleo. ¿Qué buscas al elegir un sample?

Que resulte curioso y que surja —en la mayoría de los casos— de donde uno menos se lo espere. Espontáneo. Y que luego sea como un motor o un aderezo fresco que ayude con el resto de creaciones dentro de la estructura del tema.

¿Cómo percibes la evolución de la escena electrónica independiente en España en comparación con tus inicios?

¡Uf! Ha evolucionado una barbaridad. En especial a la hora de tener más oportunidades, herramientas, en definitiva, reconocimiento y presencia. Cuando empecé me topé con muy pocos productores: el 99 % eran DJs. Muy buenos, por cierto (Ale Baquero, Danny Dejota, Jordi Slate, etc.).

Uno de los primeros producers que me fascinaron, de mi tierra, fue Deejaykul. Y nacionales, Chávez. En los 90 se valoraba una barbaridad cualquier producción venida desde fuera, en mi ámbito, del Reino Unido o de EE. UU. Pero que fuese de la tierra, mucho menos.

Creo que proyectos como el ya mencionado BOCKORS, junto a otros como Cultura Probase, Side Effects, HD Substance, Óscar Mulero o Cristian Varela, provocaron una toma de conciencia colectiva distinta. Sobre todo a medida que se iban lanzando producciones propias, luego refrendadas por sesiones o conciertos cojonudos.

La cosecha de talento ahora mismo es infinita: Vanadium, Skygaze, Ylia, Clara Aguilar, Fernando Lagreca, Cora Novoa, Omega dB, Ed is Dead, Ana Quiroga, AFFKT, Nin3s, Flug, Piek, no_ip… te prometo que sigo, ¡y no acabo!

¿Qué podemos esperar de Brunetto después de este miniálbum? ¿Más lanzamientos, colaboraciones o quizá un álbum largo?

Ahora mismo me siento muy a gusto con el concepto del EP o miniálbum. Creo que, a no ser que lo aparque todo y me centre de lleno en componer un álbum con su buen hilo conductor e historia, me seduce esto de seguir lanzando 4 o 6 temas del tirón.

Me encantaría, por supuesto, volver a crear algo con Ëda Díaz o La Chica. O con gente que aún no me conoce, pero que me encanta cómo se las gastan. Por ejemplo, Las Ninyas del Corro o Kase.O.

Luego estoy empezando a animarme de nuevo con las sesiones (DJ), y a ser posible, con solo vinilos o híbridas. Directos, ya te digo que no; sigo sufriendo mucho, especialmente cuando estoy yo solo.

Ah, muchas ganas también de realizar alguna mixtape como las que hice hace un tiempecillo para Beatburguer (2017), muy trip hopera, o Hunger Culture en clave más 80-90. Me divierten mucho estos ejercicios, más que levantar unas mancuernas o hacer sentadillas.

Lista de canciones de Ooparts:

War Games 2025 (Feat. Young Quincy)

Ooparts

Blade Rana

Nyarlathotep (Feat. Ëda Diaz)

Te Hunde

Corners, Bees and Weasels



lunes, septiembre 22, 2025

NEW ORDER: «MUSIC COMPLETE» (MUTE, 2015)

Cuando se publicó en 2015, Music Complete llegó cargado de expectativas y dudas. Habían pasado diez años desde el último álbum de estudio de New Order, una década marcada por disputas internas, proyectos paralelos y el sonado abandono de Peter Hook. Incluso la edición de Lost Sirens (2013), un disco armado a partir de descartes, había reforzado la sensación de que la banda pertenecía al pasado.

Contra todo pronóstico, el regreso sorprendió. Si bien no fue uno de los grandes hitos de su discografía, el álbum fue recibido con entusiasmo por la crítica y superó en recepción comercial a Get Ready (2001) y Waiting for the Siren’s Call (2005). Con él, New Order consiguió reafirmar su vigencia en una escena que había cambiado radicalmente desde los años ochenta y noventa.

La elección de «Restless» como primer sencillo generó escepticismo, pero el disco en su conjunto mostró una banda capaz de reconectar con la esencia que la hizo célebre: sobriedad, elegancia y una apuesta decidida por el pop bailable y hedonista. Cierto es que, como en casi toda su carrera, las letras no destacaron por su profundidad, pero la ligereza lírica se alineó con el carácter festivo y luminoso del álbum.

Parte de la relevancia de Music Complete residió en su apertura a colaboraciones que enriquecieron su sonido: Richard X en la producción, Elly Jackson (La Roux), Tom Rowlands (The Chemical Brothers), Iggy Pop y Brandon Flowers (The Killers). La vuelta de Gillian Gilbert a los teclados y la integración definitiva de Tom Chapman en el bajo consolidaron una formación que miraba hacia adelante sin negar las heridas del pasado. Canciones como «Singularity», «Plastic», la italo-disco «Tutti Frutti», «People on the High Line» o la melancólica «Superheated» marcaron el pulso de un disco que, aunque de asimilación lenta, terminó por ganarse un lugar propio.

Visto en retrospectiva, Music Complete representó mucho más que un retorno: fue la confirmación de que New Order podía seguir dialogando con el presente sin traicionar su legado. A diez años de su lanzamiento, no se recuerda como una obra maestra, pero sí como un punto de inflexión que cerró heridas, revitalizó a la banda y demostró que aún tenían algo que aportar a la música pop del siglo XXI.



sábado, mayo 20, 2023

ENTREVISTA A EDU IMBERNÓN (IMBERMIND)

IMBERMIND es el proyecto de Edu Imbernón y Clemente en el que los cinco sentidos se ponen al servicio de la revisión de música de décadas anteriores para llevarla a la pista de baile con los elementos característicos de ambos, instrumentación real, armonía y sentimiento.

Este mes de abril darán un nuevo paso en su excitante carrera musical publicando la canción Kind of Love donde participa oficialmente el maestro Peter Murphy (Bauhaus, Dali’s Car) con su genuina voz. Dicho tema —pero con el título —Strange Kind of Love— fue publicado originalmente en el elepé Deep (Beggars Banquet, 1989).

Háblanos de vuestra historia. ¿Cómo se formó Imbermind?

Imbermind se crea en el 2022 y es el cúmulo de una idea que se ha ido cocinando a fuego lento desde 2010, año en el que realizó el remix para The XX, Crystalised, y cambia mi perspectiva a la hora de afrontar el mundo de la electrónica, se abre un nuevo mundo para mí en el que la instrumentación real juega un gran papel en la pista de baile. Tras ese momento son varios los acercamientos a este concepto y varios remixes / originales en esa línea.

Tras muchos años y querer mantener este proyecto como “solo con los mejores” Imbermind ha nacido. Inicialmente como Clemente y yo, pero a día de hoy con la adición de Nico Casal, con el cual he trabajado anteriormente y es uno de los mejores pianistas y compositores de nuestro país y un cuarto componente el cual se encargará de la parte vocal para todo el material original que saldrá en los próximos meses.

«A la felicidad por la electrónica», citando a Fangoria. ¿Cómo definirías el tipo de música que realiza Imbermind?

Es una línea muy definida y madurada durante años, las claves se pueden definir como banda electrónica, pistera y sentimental.

¿Cuáles son vuestras influencias musicales? ¿Algún grupo que os haya marcado?

Muchos, tenemos una gran influencia de música de los 80, así que muchos grupos de esa época, desde Depeche Mode a Duran Duran, New Order o el mismo Peter Murphy. 

Peter Murphy es una de las mayores leyendas del rock británico de todos los tiempos. ¿Qué significó trabajar en uno de sus temas?

Pues el haber podido crear esta colaboración sin duda ha marcado un antes y un después en la proyección de futuro y hacia dónde queremos ir, Strange Kind Of Love ha sido parte de la banda sonora de mi infancia y el haber conseguido lanzar esto junto a Peter ha sido increíble.

La portada de vuestro sencillo me ha recordado a “Dune” de Frank Herbert. CF añeja, pero, al mismo tiempo, ensoñadora. ¿Quién se ha encargado del diseño?

La ilustración/diseño ha corrido a cargo de Daria Tova, talentosa ilustradora que lleva años involucrada con Fayer. La idea era mostrar los 2 mundos ya que durante la canción en su momento álgido hay 2 palabras que se quedan perpetuamente enganchadas con un delay haciendo una especie de “pregunta – respuesta” y esas palabras son “To Love” y “To Hate”. Contraste máximo e influencia para diseñar esta portada.

¿El olvido se encuentra en el dance? ¿Qué buscáis transmitir con vuestra música?

Personalmente llevo 15 años de carrera profesional como productor y DJ en la escena más club. He tocado en todos los grandes festivales y clubs alrededor del mundo y siempre he querido dar un paso más, salir de mi zona de confort, y creo que con este proyecto voy a poder canalizar toda mi historia musical de todos estos años con el mejor equipo de creadores ultra talentosos con los cuales comparto esta visión de la música de banda llevada a la pista de baile.

¿Cuáles son los planes para promocionar Kind of Love? ¿Tenéis la intención de presentarlo en vivo?

Kind Of Love es algo que yo llamaría como una muestra de intenciones de lo que es IMBERMIND, pero no es ni un pequeño porcentaje de lo que está por venir. Sería increíble tocar esto en directo junto a Peter, quizás suceda algún día. 

¿Qué os parece la escena electrónica patria? ¿Existe futuro para formaciones que se salgan de la fórmula radial establecida?

Como comentaba mi escena o mi circuito no es realmente la de las bandas, a nivel electrónica de club España está muy fuerte y cada vez más. Sé que hay muchísimos festivales también y una rica escena en bandas más popindie/rock pero la realidad es que no soy un experto en esa parte, nuestra intención quizás es ser algo diferente que conviva con ambos mundos.

¿Vuestro trabajo saldrá publicado en formato físico? ¿Planes a corto y largo plazo? ¿Dónde os gustaría veros en unos años?

Respecto al formato físico mi yo “romántico” me dice sí, quizás cuando llegue el momento de un lanzamiento en formato álbum sí que sea el momento de ello.

Respecto a los planes estamos en plena creación de originales con la “full band” y varios remixes / colaboraciones en la línea de esta última con Peter Murphy, una de ellas es seguramente uno de nuestros sueños más grandes que se han cumplido, pronto podremos anunciarlo.

Respecto a dentro de unos años… Tenemos grandes expectativas ya que cada uno de nosotros se dedica desde hace años a la música profesionalmente y vive de ello, así que el hecho de juntarnos y hacer algo así es básicamente porque queremos hacer algo especial y que perdure en la eternidad.





miércoles, mayo 10, 2023

THE SMASHING PUMPKINS: «ATUM: A ROCK OPERA IN THREE ACTS –THREE» (MARTHA’S MUSIC, 2023)

La ambición siempre es positiva para los artistas. Les auxilia a crecer, a evolucionar, a superarse a sí mismos. The Smashing Pumpkins ha sido una banda sobrada de ello —su discografía lo atestigua— pero, por desgracia para los de Chicago, con resultados desiguales. El talento y el oficio no bastan para crear obras magnas. 

ATUM: Act III (Martha’s Music, 2023) cierra la trilogía iniciada en los noventa con Mellon Collie and the Infinite Sadness (Virgin, 1996) y MACHINA: The Machines of God (Virgin, 2000), tal como ha vendido el proyecto Billy Corgan. Un elepé de 33 canciones divididas en tres actos que han sido recibidos por el público en una mezcla entre esperanza y escepticismo. Ahora que podemos juzgar el conjunto al completo la conclusión es obvia: demasiado relleno. ATUM es una ópera rock espacial que no ha terminado de despegar debido a su propia pretensión.

Sojourner abre el tercer acto con una pieza de unos ocho minutos: coros femeninos, sintetizadores y batería real, no una caja de ritmos. Psicodélica. Solo estilo David Gilmour. Pausa. Una inesperada segunda parte, toda una sorpresa. Buen tema para arrancar. 

 

Lanzada como single, la power pop Spellbinding cuenta una melodía pegadiza; terreno en el que el grupo se desenvuelve con naturalidad. La pista es una rareza dentro de su discografía, jamás habían grabado nada similar antes.

 

Intergalactic es otro corte arriesgado, nueve minutos de pura ciencia ficción, en la que domina la batería de Jimmy Chamberlin. Ya era hora que pudiera lucirse como en los viejos tiempos. Sonido añejo, sintetizadores estilo Jean Michael Jarre, percusión tribal que remite al Peter Gabriel de The Rhythm of the Heat, y una guitarra arábiga por parte de Corgan. A muchos le parecerá una broma de mal gusto, a otros una genialidad. 

 

La synth pop The Canary Trainer es una de las mejores pistas del álbum y del proyecto en general. Corgan se muestra comedido vocalmente, tal como debería haber hecho durante actos previos. Pacer resulta una continuación de la anterior, electrónica bien llevada, sin sobreproducciones innecesarias. Juego de voces que van de un altavoz a otro. Aunque no tenga un estribillo claro, sus teclados compensan la escucha; parecen salidos del soundtrack de La guerra de los mundos (1953). Por otra parte, la tranquila Fireflies también cumple con su cuota sintética. 

 

Los coros femeninos continúan omnipresentes. Como añadido puntual, hubiesen cuadrado con la propuesta, pero Corgan necesita armonías para enmascarar que no se encuentra en su mejor momento como cantante. La presencia de Sierra Swan y Katie Cole llega a sobresaturar. 

 

En That Whitch Animates the Spirit regresan las guitarras, tan escasas en el proyecto, demasiado límpidas para el que suscribe. Y en In Lieu of Failure recuperan el sonido noventero. Por primera vez en todo el disco —con treinta años de distancia— suenan como en los viejos tiempos; aquello que desean sus incondicionales veteranos. Harmagedon bebe de los ochenta, thrash metal con riffs chirriantes que son de agradecer. Una canción que en vivo ganará enteros para el disfrute de la parroquia de los Pumpkins. 

 

Cenotaph sigue la estela de Springtimes del anterior álbum. Aquellos que se dejen llevar por los momentos acústicos de Adore (Virgin, 1998) o Cotillions (Martha’s Music, 2019) de Corgan en solitario, les agradará su sencillez. Intimista y cálida, no aburre en ningún instante. 

 

Of Wings resulta un cierre imperfecto. Una especie de balada prog rock —Opus Dei recitado en latín incluido en sus versos— que no cumple como coda. Tediosa. El único corte prescindible del elepé. 

 

ATUM: Act III llega demasiado tarde. Corgan debería haber aprendido de sus errores, admitir que un disco como Mellon Collie… no se factura todos los días. La épica impostada, la grandilocuencia marca de la casa, ha restado credibilidad al conjunto. Faltan himnos para el recuerdo, escupir al mundo, gritar de rabia hasta perder la voz. Hubiese sido preferible hacer una criba, centrarse en los mejores temas y sacar un álbum sencillo, doble como máximo.

 

Respecto al lanzamiento físico, la edición del boxset con funda plateada, cuatro vinilos de colores, libreto sobre la historia del disco, diez canciones inéditas en cinco sencillos de 7 pulgadas y fotografías de la banda, es una maravilla. The Smashing Pumpkins ha anunciado en su página web que los cortes extras no estarán disponibles en formato digital hasta finales de año. Por consiguiente, a los seguidores completistas no les quedará más remedio que adquirir el cofre.





jueves, marzo 23, 2023

DEPECHE MODE: «MEMENTO MORI» (SONY MUSIC, 2023)

«Comenzamos a trabajar en este proyecto a principios de la pandemia, y sus temas se inspiraron directamente en esa época. Después del fallecimiento de Fletch, decidimos continuar porque estamos seguros de que esto es lo que él hubiera querido, y eso realmente le ha dado al proyecto un nivel extra de significado».

Martin Gore

A lo largo de más de cuarenta años de carrera, Depeche Mode se ha caracterizado por aunar salvación, tristeza, amor, pecado, nostalgia, introspección, sexo y drama en sus composiciones, todo velado por ritmos bailables, electrónica y guitarras influenciadas por el blues. Convertidos en dúo tras el fallecimiento del teclista y miembro fundador Andy Fletcher, Dave Gahan y Martin Gore entregan un álbum en el que el duelo se encuentra presente. Conexión, empatía, nuevos modos de trabajar juntos. A pesar de las dudas y problemas internos, decidieron continuar adelante de la única manera posible: creando música que sirviera como catarsis.

Producido por James Ford (Arctics Monkeys, Pet Shop Boys) y Marta Salogni (Björk, Bloc Party), Memento Mori recupera la garra perdida en el politizado Spirit (2017). Por primera vez en la historia del grupo, Gore colabora con Richard Butler (The Psychedelic Furs) en la composición de cuatro temas. Aunque Depeche Mode no volverá a alcanzar la excelencia de Violator (1990), siempre ha editado obras dignas que les han permitido mantenerse en la brecha hasta la actualidad. Jamás se ha convertido en una banda revival; vivir del pasado no entra en los planes de los de Basildon. Puede que por ello su nueva propuesta carezca de pretensiones comerciales. Fantasmas, almas perdidas, flores muertas, el paso aniquilador del tiempo, ángeles moribundos… Clásico y vanguardista al mismo tiempo, la mortalidad sobrevuela los surcos para despedir a su compañero.

El segundo adelanto, My Cosmos is Mine, abre el disco: oscura, industrial, opresiva. La letra, inspirada por la guerra de Ucrania, habla sobre el mundo interior, de escapar de la locura que nos rodea. «Don’t stare at my soul, I swear it is fine, Its borders are outlined»… La voz ominosa de Gahan parece emerger de ultratumba anhelando libertad. Dudo que el corte pase a formar parte de los clásicos de DM, sin embargo, resulta el más arriesgado del elepé.

Wagging Tonge remite a la electrónica ochentera característica del grupo. La letra coescrita por Gahan/Gore trata sobre superar los obstáculos, de afrontar el futuro con optimismo. Texturas de su época dorada, armonías efectivas de Martin y ritmo pegadizo. Un halo de luz en una espiral sombría.

Ghosts Again recuerda a temas como Policy of Truth o Enjoy the Silence: pop melancólico aunado por sintetizadores. Su mensaje es obvio: aprovechar la vida hasta el último minuto. Un primer adelanto discreto, tal como han hecho durante los últimos años, que encaja más en conjunto que como punta de lanza del álbum. Una elegía a los amigos ausentes, cómo la muerte nos arrebata a los seres queridos. El videoclip cortesía de su colaborador habitual, Anton Corbijn, homenajea a El séptimo sello de Ingmar Bergman.

My Favorite Stranger, People Are Good y Never Let Me Go cuentan con ritmos envolventes, sucios, que enganchan a la primera escucha. Puro Black Celebration/Music for the Masses enfocado desde el prisma actual. Before We Drown, coescrita por Gahan, el batería Christian Eigner y el teclista Peter Gordeno —músicos de apoyo en directo desde Ultra (1997)—, suena enérgica pese a su atmósfera derrotista. «First we stand up, then we fall down, we have to move forward, before we drown»… Sombras, pesadumbre, aislamiento. Imposible recuperar lo perdido.

Soul With Me es una balada puramente ambiental en la que Gore se luce como en los viejos tiempos. Un pequeño clásico con aroma soul en el que acepta lo inevitable. «I’m going where the angels fly, and I’m take my soul with me» canta arropado por arreglos suntuosos. Conmovedora.

En Don’t Say You Love Me volvemos a encontrar una de las grandes obsesiones de DM: el amor como condena y sufrimiento. Caroline’s Monkey suena correcta a nivel musical, pero carece de fuerza compositiva. En un disco velado por la ausencia, las dudas sobre el futuro y el dolor de la pérdida, resulta desconcertante. Always You —«You’re all I need to keep believing»— puede interpretarse como un grito de necesidad o una súplica amorosa; ambas opciones son válidas.

Dave asume el papel de crooner en Speak To Me: pieza orquestal con aire cinematográfico que va creciendo en intensidad hasta su abrupto cierre. «It’d be grateful, I’d follow you around, I’m listening, I’m here now, I’m found» clama con fervor. Una despedida a la altura de las circunstancias.

Gracias a la aparición de Never Let Me Down Again en banda sonora de la serie The Last of Us, Depeche Mode ha sido descubierto por un nuevo público. Memento Mori demuestra que existe futuro para el grupo. De hecho, como curiosidad, aparte de vinilo, cedé y descarga digital, también será publicado en formato casete: material para coleccionistas.

Los de Basildon han arriesgado con un disco fresco, maduro y valiente. Las críticas de los medios están siendo positivas y la gira Memento Mori World Tour se perfila en el horizonte. Fletcher se sentiría orgulloso.



lunes, febrero 06, 2023

THE SMASHING PUMPKINS: «ATUM: A ROCK OPERA IN THREE ACTS –ACT TWO» (MARTHA’S MUSIC, 2023)

Para The Smashing Pumpkins hacer justicia a su legado, a clásicos como Siamese Dreams (Virgin, 1993) o Melon Collie and the Infinite Sadness (Virgin, 1995) siempre ha sido una tarea ardua, por no decir imposible: el listón se encuentra demasiado alto. Reinventarse, publicar obras maestras cuando se cuenta con una carrera extensa, resulta complicado para los músicos. 

ATUM no ha terminado en calar en el fandom de la banda. Todo lo contrario, este clama por una reedición de Machina/The Machines of God (Virgin, 2000) e incluso alaba Mary Star of the Sea (Martha's Music, 2003) de Zwan, que cumplió su veinte aniversario el mes pasado. «Porque hay mucha gente que cree que menos es más en estos días. Estoy en el lado opuesto, de hecho, creo que más es más», declaró Billy Corgan cuando presentó el disco. A nadie le sorprende, el exceso es el modus operandi del cantante. 33 canciones más 10 temas extras… ¿Realmente es necesario que el elepé cuente con tamaña magnitud? 

Corgan hace lo que le viene en gana sin tener en cuenta la opinión ajena: discográficas, público, mánagers, prensa musical, etcétera. Atum: Act I (Martha's Music, 2022), en líneas generales, recibió críticas tibias por parte de los medios. Sus seguidores tampoco lo acogieron con los brazos abiertos y la parroquia de los noventa ni siquiera se molestó en darle una oportunidad. La conclusión es evidente: los fans que siguen a The Smashing Pumpkins oscilan entre los 25/45, año arriba, año abajo, puede que de Oceania (EMI, 2012) en adelante. ATUM está enfocado a ese sector, por consiguiente, cuesta creer que complazca a la vieja guardia. 

Aquellos que busquen a los Pumpkins más abrasivos se sentirán decepcionados. El single Beguiled —con sus reminiscencias a Zero— es la única canción en la que las guitarras cumplen un papel principal. Aunque los riffs de Empires y Moss suben las revoluciones —siempre desde el prisma melódico actual—, que nadie espere el feeling por el que los de Chicago alcanzaron la fama mundial. Corgan ha vendido el álbum de forma errónea: prometió un sonido impulsado por guitarras. Por desgracia, no ha cumplido su palabra. En cuanto la parte conceptual del proyecto, puro humo. Melon Collie…, Machina… y ATUM son trabajos independientes sin hilo conductor. Que nadie se deje engañar.

Se echa en falta el sentido de la melodía, del estribillo que enganche, de la profundidad que se quede grabada en la mente y obligue a salir a comprar el disco. Dudo que alguien coloque cualquiera de los cortes de ATUM por encima de las viejas glorias, cuando el grupo emocionaba, transmitía sentimientos con su música. Ahora todo es correcto, bien meditado, pulido hasta el extremo, sin embargo, carente de gancho. Se extraña un poco de suciedad en los surcos. De nada sirve componer infinidad de cortes si ninguno está escrito con el corazón o, mejor aún, con las vísceras. Atum: Act II cuenta con el mismo sonido de la primera parte; apenas se nota la diferencia.

Avalanche arranca con una introducción conducida por teclados para irrumpir en un luminoso tema pop. Neophyte destaca por su electrónica y coros: podría ser un buen sencillo. Night Waves no termina de despegar. Su inicio es prometedor, no obstante, aporta poco al elepé. La nocturna Space Age recuerda a los momentos más sosegados de Siamese Dreams. Every Morning y To the Grays, con sus atmósferas sintéticas, vuelven a transmitir la nostalgia ochentera presente en las últimas entregas de la formación. 

Los sintetizadores dominan las once piezas. La batería suena tan procesada que podría tocarla cualquiera, no Jimmy Chamberlin. James Iha y Jeff Schroeder se encuentran desperdiciados, sus partes musicales pasan desapercibidas. Respecto al canto de Corgan, hace tiempo que no ofrece una interpretación memorable. Puede que por ello tenga que rodearse de voces femeninas todo el tiempo. La producción es tan límpida, saturada y comprimida que roza lo aséptico. ¿Por qué no contratan a un buen productor como antaño para salir de su zona de confort? Rabia, sudor, crudeza, hemoglobina… ¿Qué ha pasado con eso? 

Llegados a la recta final nos encontramos con The Culling, rock progresivo a lo Pink Floyd, una agradable sorpresa que empata con el instrumental Atum del primer volumen. Y, como cierre, Springstimes, balada folk acústica que recuerda al trabajo de Corgan en solitario. Puede que el camino que debería seguir para el tercer álbum. 

Atum: Act II representa una mejora respecto a su antecesor. Cuenta con temas jugosos y gana con las escuchas. Curiosamente, apenas han publicitado el proyecto. Un single, el podcast Thirthy-Three with Billy Corgan y poco más… 

Se rumorea que Empires será el próximo sencillo. A la banda le espera diez bolos como cabeza de cartel en The World is a Vampire Festival con Jane's Addiction, Amy & the Sniffers, Redhook y Battlesnake de teloneros en territorio australiano. Estos son The Smashing Pumpkins del 2023… para desesperación de sus incondicionales veteranos. 

Habrá que esperar al 5 de mayo para descubrir si en la última parte encontraremos la magia perdida. Las probabilidades son escasas. Crucemos los dedos.