lunes, 20 de agosto de 2018

SUEDE DISCOGRAFÍA (1993-1997)


"Soy un bisexual que nunca ha tenido una experiencia homosexual".

Brett Anderson

Fundadores del Britpop, Suede fue una de las bandas que más pasiones (y odios) despertó durante los años noventa. Su estética andrógina que bebía del Bowie de la época Ziggy Stardust, el carisma de su cantante Brett Anderson, diferentes cambios de formación, una discografía que con el paso del tiempo perdió el apoyo de la crítica y de sus incondicionales y una colección de sencillos notable, los convierten en una rara avis del mercado musical británico de las últimas décadas. Pocos grupos fueron capaces de sintetizar el glamour, la desesperación y el lado amargo de la vida, y venderlo al público mayoritario con éxito. Después de diez años de silencio, los londinenses limaron asperezas y reanudaron su carrera con una gira de grandes éxitos que devino en un nuevo álbum de estudio que, aunque no tuvo el mismo nivel de ventas de antaño, demostró que valía la pena apostar por su regreso.

Suede (Nude Records, 1993)


A principios de los noventa Suede eran considerados una de las grandes promesas del pop británico. Los sencillos “The Drowners”, “Metal Mickey”, “Animal Nitrate” y “So Young” fueron recibidos con elogios por la crítica especializada. Las influencias de la banda eran evidentes: David Bowie, T-Rex y los Smiths. Las letras —que hablaban sobre alienación, suicidio, el mundo de la noche, angustia, drogas y excesos emocionales —se encontraban a la altura de unos estribillos memorables, la ampulosa forma de cantar de Anderson y las afiladas guitarras de Bernard Butler, deudoras de Mick Ronson. La portada del disco era una extensión del grupo: ambigua, subversiva y provocadora. 

Aparte de los temas mencionados, destacan las baladas “She’s Not Dead”, “Pantomine Horse”, “Sleeping Pills” y “The Next Life” (con su sencillo y evocador piano) en las que el cantante demuestra todo su poderío vocal. El álbum batió récords de ventas, ganó el Mercury Prize y está considerado uno de sus mejores trabajos. 

Como contrapunto negativo, el grupo siempre ha tenido el problema de alternar grandes canciones con medianías en sus lanzamientos oficiales. De haber reemplazado “Moving” y “Animal Lover” por caras b como “My Insatiable One”, “To The Birds” o “He’s Dead”, el disco hubiera sido perfecto. 

Dog Man Star (Nude Records, 1994)


Para su segundo disco Suede perfeccionaron la propuesta de su debut fundiendo la estela de David Bowie y los Smiths a favor de unas canciones melodramáticas, casi teatrales, que bebían de William Blake, Scott Walker, Peter Hammill y Lord Byron. “We Are The Pigs” fue el primer single: una pieza sobre el caos, viento nuclear, ciudades ardiendo y revuelta en las calles. La relación entre Brett Anderson y Bernard Butler había hecho aguas, obligando al guitarrista a abandonar la banda antes de terminar las grabaciones. Los símiles con el tándem Morrissey/Marr fueron odiosos. 

La portada de Dog Man Star condensa a la perfección lo que vamos a encontrar en el interior: sueños tristes en mañanas frías, epicidad, belleza, tortura y sexualidad desbordante. “The Wild Ones” (título de una película de Marlon Brando) continúa siendo el mejor sencillo del grupo: un romance solemne con arreglos de cuerda de Brian Gasgoine que habla de pérdida, añoranza y el anhelo por recuperar al ser amado. La voz de Anderson es más oscura que en Suede, con un registro más alto y profundo; canta con una insultante seguridad en sí mismo que derritió hasta a los más escépticos. “New Generation” es el “All The Young Dudes” de Suede; un pegadizo tema glam escrito como himno para la generación de los noventa. En el tercer y último single del elepé debuta un nuevo guitarrista: el menor de edad Richard Oakes que asumió sobre sus hombros la pesada carga de reemplazar a una pieza esencial de la formación. 

El resto del álbum no tiene desperdicio: “Daddy’s Speeding” recrea sonoramente el accidente de tráfico que le arrebató al vida a James Dean. “The Two Of Us” es una preciosa balada de piano en la que Anderson se muestra altamente inspirado. “Black Or Blue” cuenta la historia de una pareja interracial que, debido a las presiones de un entorno hostil, no le queda más remedio que separarse. “The Asphalt World” es la joya de la corona: un tema épico, ambicioso, desesperado y avasallador que trata sobre un camello incapaz de soportar que una de sus clientes mantenga relaciones sexuales con otros hombres. La claustrofóbica “Still Life” parece arrancada de las páginas de Dylan Thomas; el sonido de la Orquesta de Londres sintetiza al mejor Scott Walker de los setenta. 

Deberían haber sustituido “The Power” (una balada ramplona sin gancho) y “This Hollywood Life” (una nulidad glam rock que critica a la industria musical) por “My Dark Star” (cara b de Stay Together) y “Killing Of A Flashboy”. De este modo el disco hubiera quedado redondo y sin fisuras.

Coming Up (Nude Records, 1996)


Después de la publicación de Dog Man Star —que aunque tuvo aclamación crítica no despachó tantas unidades como su debut— el futuro del grupo era incierto. La prensa afirmaba que Anderson poseía la lírica callejera y Butler el talento melódico: no podrían continuar sin él. Era necesario un cambio de rumbo, abandonar la oscuridad de los dos trabajos previos a favor de un enfoque más luminoso y comercial para asegurar su propia supervivencia. 

La publicación de Coming Up despejó cualquier duda acerca de la calidad de las nuevas composiciones de la banda: “Trash”, “Beautiful Ones”, “Saturday Night”, “Lazy” y “Filmstar” son himnos destinados a reventar las radiofórmulas. La formación se encontraba en un gran momento compositivo y, con la arrogancia que los caracteriza, decidieron asaltar las listas de ventas con un disco prácticamente perfecto en el que todas las canciones podrían ser sencillos. La inclusión de Neil Codling a los teclados fue bien recibida por los fans, Oakes tomó como modelo a Johnny Marr para sus riffs sucios y la brillante producción de Ed Buller realza el sonido potente, sincero y cristalino del elepé. 

Anderson se había hecho con el control del grupo: sus letras continúan hablando de glamour, sordidez, nostalgia y pérdida. La portada de Peter Saville (Joy Division, Roxy Music, New Order, OMD) incide en los colores brillantes mostrándonos a un joven con aspecto de sufrir una resaca espantosa. También destaca la balada “By The Sea” (con un piano magistral), la bondiana “She” (con arreglos de Craig Armstrong), la guitarrera “Starcrazy” y la melancólica “Pinic In The Motorway”. El álbum fue un éxito clamoroso (tanto de ventas y crítica) que los lanzó al estrellato internacional. 

Respecto a los descartes, Coming Up cuenta con joyas del calibre de “Europe Is Our Playground”, “Have You Ever Been This Low”, “This Time” y “Graffiti Women”, entre muchas otras. Sin duda alguna, el mejor trabajo posible para empezar con la discografía de Suede. 

Sci-Fi Lullabies (Nude Records, 1997)


Aprovechando su reciente éxito comercial, la banda decidió sacar al mercado un recopilatorio de caras b de los álbumes que habían editado por aquel entonces. Al igual que sus adorados Smiths, los descartes poseen una calidad sobresaliente que no tienen nada que envidiar a sus singles. 

Del disco homónimo sobresalen “To The Birds”, “Where The Pigs Don't Fly”, “The Big Time” y “High Rising”; “The Living Dead” del sencillo “Stay Together”; de Dog Man Star: “Whipsnade”, “Bentswood Boys” y “Together”; y de Coming Up: “Every Monday Morning Comes”, “The Sound Of The Streets”, “These Are The Sad Songs” y “Duchess”. Por cuestión de espacio, temas notables como “Painted People”, “Dolly”, “This World Needs A Father”, la experimental “Eno's Introducing The Band”, “Shipbuilding” (cover de Evis Costelo aparecido en The Help Album) “Digging A Hole” y “Feel”, quedaron fuera del doble disco. 

Cualquiera de los cedés podría ser un trabajo más que digno de la formación. Sci-Fi Lullabies resulta una compra obligatoria para los fanáticos de Suede que sirve como cierre de su época dorada.