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jueves, agosto 24, 2023

ALICE COOPER: «ROAD» (earMusic, 2023)

Durante los últimos años, el nivel de productividad de Alice Cooper poco tiene que envidiar al de los setenta: Paranormal (2017), Nobody Like Us (2018), A Paranormal Evening at the Olympia Paris (2018), Breadcrumbs [EP] (2019), el homenaje a su ciudad natal, Detroit Stories (2021), Live from the Astroturf (2022) y las ediciones especiales de Killer y School's Out (2023), aparte del proyecto Hollywood Vampires, su banda junto a Joe Perry y Johnny Depp, con quienes ha publicado Rise (2019) y Live in Rio (2023). Increíble, pero cierto. Y tiene 75 años.

Para su nuevo trabajo, Cooper cuenta el combo que lo acompaña sobre las tablas desde hace tiempo: Nita Strauss, Ryan Roxie, Tommy Henriksen (guitarras), Chuck Garric (bajo) y Glen Sobel (batería). Producido por su viejo compañero de batalla Bob Ezrin (Kiss, Lou Reed, Pink Floyd), Road (earMusic, 2023) es un álbum conceptual sobre la vida en la carretera, territorio que el cantante ha recorrido durante más de medio siglo. El sonido orientado a las guitarras, tal como es habitual en Ezrin, destaca por su categoría. Respecto a las letras, seriedad, desparpajo y humor negro a partes iguales. Alice no cambia… 

 

Coop ha declarado «Para Road, quería que la banda participara en la base de todas las canciones. Solo los veo cuando estamos de gira. Así que quería que estuvieran tan unidos como lo están para los conciertos, pero con todo el material nuevo. Cuando tienes una banda tan buena, creo que hay que demostrarlo, y esta es mi forma de hacerlo». Nos encontramos ante un elepé directo, potente y con sabor añejo. Muchas de las pistas recuerdan al sonido clásico de la Alice Cooper Band. Todo desde una óptica actual, al maestro del shock rock no le motiva la nostalgia. A diferencia de muchos compañeros de generación que llevan décadas viviendo de las rentas, Cooper siempre se encuentra sobre el escenario o grabando material nuevo. 

 

La arrogante I'm Alice —primer sencillo— significa toda una declaración de intenciones: «But like Lazarus rising, I come back from the dead, the shameless pretenders have come and they’ve gone, but I stand here before you and the legend lives on!». Alice Cooper, la bruja negra, el Maestro de las Pesadillas, el Dios del Rock, el último superviviente… Pocos han llegado tan lejos y vivido para contarlo. 

 

La ochentera Welcome to The Show tiene madera de himno y un solo puro glam metal. Ideal para abrir futuros conciertos. All Over the World —crónica de incontables tours por el globo— suena sucia y chulesca: «We’re always louder than hell and we’re harder than rock». Dead Don't Dance, recuerda a la etapa industrial Brutal Planet/Dragontown (2000/2002) en la Alice intentó emular —sin éxito— a Ministry, NIN o Marilyn Manson. 

 

La acelerada Go Away —que trata sobre los fanáticos que acosan a las estrellas— remite a los tiempos de Love It to Death (1971). En White Line Frankenstein —historia sobre un camionero psicópata— participa Tom Morello (Rage Against the Machine, Audioslave) con su inconfundible estilo. Este es uno de los mejores cortes del álbum. Big Boots —imágenes de una bella camarera de un antro de carretera— tampoco afloja el pie del acelerador. Nuevas reminiscencias a un pasado glorioso, en este caso, Billion Dolar Babies (1973). Rules of the Worldrockabilly macarra filtrado por el estilo del cantante —sus reglas para sobrevivir a las giras—, anima a bailar en cualquier garito de mala muerte. Por bourbon que no quede. 

 

En The Big Goodbye planea el fantasma del retiro. Tarde o temprano Coop abandonará el espectáculo. En ella regresan los ochenta, cuando recuperó el prestigio comercial y crítico gracias al hit Poison. Road Rats Forever aporta una nueva dosis vintage, con guitarras renqueantes y piano boogie-woogie de acompañamiento. En Baby, Please Don’t Go, sentida balada marca de la casa con coros de propina, Alice recupera el papel de crooner del que disfrutamos en Only Woman Bleed. Por algún motivo me recordó a Bruce Springsteen. ¿Alguien opina lo mismo?

 

En 100 More Miles, medio tiempo con retazos de psicodelia tipo Ballad of Dwight Fry, Cooper se luce con una interpretación tenebrosa. Y Magic Buscover de The Who con un riff ácido a lo Jimi Hendrix, solo de batería y aplausos de colofón, cierra con mucha clase el conjunto. 

 

Road es un álbum musculoso sin un segundo de respiro, en que el bueno de Vincent Damon Furnier juega una partida que sabe que va a ganar. Espero chisteras, maquillaje, bastones, bebés gigantes, floretes, horcas, sillas eléctricas, inyecciones letales, guillotinas, novias cadáveres, camisas de fuerza, ataúdes, serpientes y sangre falsa por mucho tiempo. Respecto a la edición deluxe: 2 vinilos, CD, Bluray Live at the Hellfest 2022 y memorabilia; un lujoso cofre a la altura de las circunstancias. La vieja escuela nunca muere. 




domingo, febrero 12, 2023

IGGY & THE STOOGES: «RAW POWER 50TH ANNIVERSARY LEGACY EDITION», (COLUMBIA RECORDS, 2013)

KO metálico

 

El 9 de febrero de 1974 Iggy & The Stooges ofrecieron un bolo destructivo en el Michigan Palace de Detroit. Scorpions, una banda de motoristas de la zona, había decidido convertir la actuación en una batalla campal. Por suerte para el grupo, contaban con God's Children, club enemigo de los primeros. Botellas de cerveza, lapos, verduras, huevos, piedras, cuchillos, cinturones, zapatos, ropa interior y bolsas de maría volaban hacia el escenario. La Iguana devolvía los proyectiles, insultaba a la audiencia y cantaba a duras penas. 

 

Aquel concierto fue el colofón de una gira caótica propulsada por grandes cantidades de heroína y vodka. La banda llevaba demasiado tiempo al filo del abismo; tarde o temprano el espectáculo debía terminar. El Michigan Palace significó el punto y aparte —hasta su inesperado retorno en 2003— de una de las carreras más demenciales e inspiradoras de la historia del rock. Jesús ama a The Stooges. 

 

El chico olvidado por el mundo

 

En septiembre de 1971, The Stooges se habían disuelto. Iggy Pop se encontraba en Nueva York siguiendo un tratamiento de metadona, intentando retomar contactos y reflotar su carrera. Nadie olvidaba al personaje que había interpretado previamente: una criatura suicida con el pecho desnudo, embadurnada de mantequilla de cacahuete, sangre y sudor. Un frontman salvaje dispuesto a sacrificarse sobre las tablas que se lanzaba de cabeza al público, enseñaba su miembro viril, vomitaba detrás de los amplificadores, caminaba sobre las mesas de los clubes, agredía al respetable y se revolcaba sobre cristales rotos. Rock & Roll en estado puro. 

 

The Stooges eran primitivos, una fuerza de la naturaleza imposible de dominar. Al igual que sus paisanos MC5, ofrecían un blues anárquico filtrado por una muralla de Marshalls a todo volumen. Unos arrabaleros que conocían los suburbios, las cloacas, las enfermedades de transmisión sexual, los agujeros en el brazo y los garitos sórdidos de primera mano. Su música era abrasadora, teñida de nihilismo, rabia y desesperación; el reflejo del final de los convulsos años sesenta. Nadie había cantado de aquella forma sobre una sociedad decadente, dominada por la apatía y la corrupción. The Velvet Underground fueron pioneros; su sonido palpitante y amenazador abrió las puertas al resto de las formaciones. Hedonismo, zambullirse en el vacío sin temor a las consecuencias: Alice Cooper era teatral, The Stooges pecaban por exceso de realismo. Solo quedaba la ira o, en su defecto, el esputo. 

 

Los seminales The Stooges (Electra Records, 1969) y Funhouse (Electra Records, 1970) pasaron desapercibidos, sus conciertos resultaban problemáticos y todos se encontraban enganchados a las drogas duras. James Williamson, guitarrista que conocían desde los tiempos del Chelsea cuando grababan su primer elepé, los acompañó durante aquellos años. Tocaba un rock enérgico y sofisticado. Los narcóticos, la locura y la sordidez aumentaron a raíz de su ingreso. Nadie imaginaba que terminaría erigiéndose como líder musical del grupo. 

 

En tales circunstancias, la discográfica rescindió el contrato, no obstante, al mismo tiempo, quiso fichar a la Iguana como cantante en solitario. El plan no llegó a buen puerto, sin embargo, funcionaría en un futuro inmediato con Columbia Records. Por ello la formación remodelada —Pop, Williamson, Ron y Scott Asheton— cambiaría de nombre para cubrir todos los fuertes posibles. 

 

Gracias a su amigo Danny Fields, Iggy asistió a una fiesta en el Max's Kansas City en la que se encontraba David Bowie. Este había declarado en las páginas de Melody Marker que la Iguana era uno de sus cantantes favoritos. Aunque Iggy estaba hecho un desastre, logró conquistar al británico. Bowie aún no se había convertido en una superestrella, lo conseguiría meses después con Ziggy Stardust. Al día siguiente, ambos se reunieron con el mánager de Bowie, Tony DeFries, en el Warwick Hotel para firmar con MainMan como representante. Fiel a su palabra, en marzo de 1972, DeFries le consiguió un contrato con Columbia Records por dos álbumes. 

 

Aquel golpe de fortuna devolvería a Iggy a la industria. Junto a Williamson, partió a Londres dispuesto a grabar un disco. Su relación con Ron Asheton se encontraba de capa caída, James era ambicioso y un excelente guitarrista que podría impulsarle hacia el futuro; la elección fue obvia. En Inglaterra probaron con diferentes secciones rítmicas, pero ninguna estuvo a la altura. A pesar de todos los desastres, luchas internas, problemas y estupefacientes, Iggy tomó la decisión de reunificar a The Stooges. Asheton se tragó el orgullo y acudió junto a su hermano a la llamada de la Iguana. A partir de aquel momento pasaría a tocar el bajo. 

 

Forasteros en tierra extraña

 

Las sesiones de grabación fueron fecundas. Limpios de drogas y comprometidos, trabajaban seis días por semana. Aunque grabaron temas del pasado como I Got a RightI'm Sick of YouGimme Some Skin o Scene of the Crime, iban desarrollando un nuevo repertorio. Rock genuino, rápido y furioso, con mínimos oberdubs y pistas añadidas. Para decepción de Ron Asheton, no pudo participar en la composición de los cortes, solo en los arreglos. Pop y Williamson habían formado un tándem y el resto tenía que realizar el papel de músicos de acompañamiento, por no decir subalternos. 


El 15 de julio, un concierto de reaparición en el club King Sound engrasó a la banda. Fueron cuarenta minutos de anarquía que dejó anonadado al respetable; los de Míchigan no bromeaban. Acorde al signo de los tiempos, actuaron maquillados. Iggy llevaba unos pantalones de cuero plateados, pelo teñido de rubio platino, rímel, sombra de ojos y pintura de uñas negra: la imagen sexy y poderosa que inmortalizaría Mick Rock (Blondie, Queen, Syd Barrett) en la portada del inminente Raw Power

 

John Lydon (Sex Pistols), Brian James (The Damned), Mick Jones (The Clash) y Susan Janet Ballion (Siouxsie & The Banshees) —la próxima horneada de estrellas del rock británico— se encontraban presentes. Las críticas fueron magníficas. En una conferencia de prensa en el Dorchester Hotel, Mick se encargaría de una de las fotografías más icónicas de los setenta: Bowie, la Iguana y Lou juntos. 

 

Cuando el álbum estuvo finalizado, los ejecutivos de CBS quedaron en shock. El sonido era neurótico, violento y animal; una herida supurante que no cesaba de sangrar. Ninguno se encontraba preparado para aquella descarga de electricidad primigenia. Iggy había perdido el norte respecto a la mezcla, por mucho que trabajara en la misma, no conseguía que el sonido fuera tan duro y afilado como deseaba. De nuevo se encontraban en la cuerda floja: una compañía que no los respaldaba, cero conciertos en el horizonte y la incomprensión de su entorno. «Falta de demanda» argumentaba DeFries. Siempre se rumoreó que MainMan prefería invertir en Bowie, Lou Reed y Mott the Hopple antes que en la Iguana. El grupo recaería en sus peores hábitos: codeína, tranquilizantes, farlopa y caballo se convirtieron en compañeros habituales. 

 

El lanzamiento de una obra maestra 

 

Hartos de la pérfida Albión, cuando regresaron a Estados Unidos, Bowie se encargaría de remezclar el disco en los estudios Western Sound de Los Ángeles: unas instalaciones baratas con una mesa de cuatro pistas de pésima calidad. Habían agotado todo el presupuesto de la discográfica; más que una labor creativa, fue una misión de salvamento. Hecha con prisas y sin experiencia, la sección rítmica suena apagada, los teclados y coros desaparecieron, la Gibson de Williamson destacaba sobre el resto de los instrumentos y la voz de la Iguana se ubicó en primer plano. Durante décadas, el sonido de Raw Power ha sido motivo de discordia. En 1997 Iggy efectuó su propia remezcla que tampoco llegó a satisfacer al público. Con la intención de recuperar la fiereza original, otorgó más protagonismo a la sección rítmica, subió los graves y niveles de audio hasta el rojo. James Williamson y Ron Asheton la criticaron duramente, alegando que preferían la antigua, con sus virtudes y defectos. Una disputa que nunca tendrá solución. 

 

Raw Power (Columbia Records, 1973) es un disco peligroso y cortante. Poco tenía que ver con el glitter —T-Rex, Elton John, Roxy Music, Slade, The Sweet, David Bowie, etcétera— que triunfaba en la época. Search and Destroy evocaba las junglas de Vietnam, soldados muertos y napalm ardiente. Your Pretty Face Is Going to HellPenetrationRaw Power y Shake Appeal son números desquiciados que hacen sangrar los oídos. Williamson conduce a sus compañeros a otro nivel con sus riffs stonianos hirientes como alambre de espino. Gimme Danger y I Need Somebodybaladas esquizofrénicas que tratan sobre el deseo y la muerte, no encajaban con los temas pop que dominaban la radio. A destacar el cover de Gimmie Danger interpretado por Ewan McGregor como Curt Wild en Velvet Goldmine (Todd Haynes, 1998). Death Trip es un viaje febril a la profundidad del caos que sirve como resumen de las intenciones del elepé. Las letras son viscerales, nihilistas y obscenas; la posibilidad de redención queda descartada. Iggy aúlla, susurra, gruñe y se desgañita en cada surco, un chaman paranoide dispuesto a arrastrarnos al infierno. No existe billete de vuelta; existencialismo americano llevado al extremo, sin concesiones. 

 

Era imposible comparar Raw Power, no existían precedentes. Su influencia resultó esencial en el movimiento punk que se perfilaba en el horizonte. New York Dolls, Television, Dead Boys, Patti Smith, Dictators, Jim Caroll Band, Ramones, Blondie y Johnny Thunders & The Hearthbreakers sucumbirían a su hechizo en territorio estadounidense al igual que Sex Pistols, Buzzcocks, Dead Kennedys, The Clash, X-Ray Spex, The Damned y Sid Vicious en Inglaterra, y The Saints, Radio Birdman y The Birthday Party en Australia…. Solo para empezar. Como todas las obras transgresoras adelantadas a su tiempo, la historia le hizo justicia con el paso de los años. De hecho, continúa sonando moderno; nadie ha logrado tumbarlo sobre la lona. 

 

Excesos en Torreyson Drive

 

La banda alquiló una lujosa mansión de Torreyson Drive en las colinas de Hollywood donde continuaron sus excesos dionisiacos. Comenzaron a grabar nuevos temas —Head OnCock in my PocketOpen Up and Bleed y Johanna— para un hipotético segundo disco con Columbia. Nada de actuaciones, a DeFries solo le importaba la gira de Ziggy Stardust. 

 

Finalmente, el 3 de febrero de 1973 Raw Power salió a la venta en USA. Search and Destroy fue lanzada como single para promocionarlo. Guitarras poderosas, sección rítmica frenética; un himno que no ha perdido vigencia. El oráculo para los desheredados, la escoria de la calle, los que nunca encajarán en ninguna parte. Por desgracia, tal como sucedió con trabajos anteriores, la propuesta de Iggy & The Stooges fue un fracaso comercial. 

 

La formación se hundió en una espiral de estupefacientes, camellosgroupies y locura. Pasado de vueltas, Iggy perdió los papeles en una entrevista radiofónica, se desnudó y masturbó en directo y, para rematar la faena, intentó violar a la publicista Cherry Vanilla en el ascensor de la emisora. DeFries escupía fuego por la boca. 

 

Ansiedad por la destrucción 

 

Conflictos con MainMan, un concierto exitoso en el Henry & Edsel Ford Auditorum de Detroit, DeFries obligando a despedir a James Williamson por considerarlo una influencia perniciosa para la banda, amenazas de demandas legales si no le obedecían… Durante meses, los de Míchigan vivieron a todo trapo gracias al dinero de la compañía. Tal como era de esperar, los expulsaron de Torreyson Drive sin darles tiempo a hacer las maletas. David Bowie, inmerso en sus propios problemas, tanto financieros como cocaínicos, y dominado por su mánager, se encogió de hombros. DeFries se había hecho con el adelanto de 100.000 dólares de CBS, mantuvo al grupo en hibernación para que no le hiciera la competencia a Bowie y, cuando este alcanzó la fama, se deshizo de ellos lo antes posible. Así funciona el implacable negocio de la música.

 

La agrupación terminó en el Riviera Hotel, lugar frecuentado por las prostitutas de Sunset Boulevard, con los bolsillos vueltos al revés, sin guitarrista y una dependencia a los narcóticos insana. Un decepcionante concierto en Chicago con Warren Klein a las seis cuerdas, hace que Iggy reconsidere su postura y llame a Williamson para que regrese al redil. El resto de la historia es fácil de adivinar: giras extenuantes para sobrevivir, decadencia, nuevas canciones que nunca llegaron a grabar de forma oficial y la desintegración documentada en Metallic K.O. (Skydog, 1976). La leyenda no había hecho más que empezar. 

 

Del grupo solo quedó cenizas, rencor y malos recuerdos. Iggy se convirtió en un adicto que daba tumbos por Hollywood buscando el mejor modo de llenarse las venas de jaco; las calles de Los Ángeles eran tan duras como las de Detroit. En un alarde de supervivencia, tomó la decisión de ingresar en el Instituto Neuropsiquiátrico de UCLA para librarse de sus adicciones. Solo Bowie continuó confiando en él. Gracias a su amistad, logró que la Iguana obtuviera un nuevo contrato con el que grabaría dos obras esenciales que le proporcionarían una carrera en solitario que perdura en la actualidad: The Idiot y Lust for Life (RCA, 1977). 

 

Raw Power es una obra maestra que conoce pocos precedentes en la historia del rock. El mejor modo de empezar con The Stooges, la banda salvaje que se adelantó al punk




 

jueves, diciembre 01, 2022

QUEEN: "THE MIRACLE COLLECTOR'S EDITION" (EMI, 2022)

«He dejado atrás mis noches de fiestas salvajes. No es porque esté enfermo, sino por la edad. Ya no soy un chaval. Prefiero pasar el tiempo en mi casa. Forma parte del proceso de hacerse mayor». 

 

Freddie Mercury 

 

A mediados de 1987 las revelaciones de Paul Prenter —antiguo asistente personal, amante y mánager de Freddie Mercury— a The Sun News of the World sobre su homosexualidad, adicción a la cocaína, orgías, relación con Jim Hutton, peleas con camellos, ligues muertos por el SIDA y demás, abrieron la caja de los truenos. Rock Hudson, Liberace, Michel Foucault y Gia Garangi habían fallecido por culpa del VIH. No existían medios para frenar la enfermedad, se marginaba a los infectados y el público temía contagiarse por el mortal virus. A partir de aquel momento la prensa amarillista acosaría al cantante, haciendo de sus últimos años  un infierno. La tranquila vida domestica en Garden Lodge a la que Freddie aspiraba, con su pareja e infinidad de gatos, nunca pudo cumplirse.

 

«Aquello destrozó la capacidad de Freddie para confiar en los demás, salvo en unos pocos escogidos» declaró Hutton. «A partir de entonces no hizo una sola amistad nueva». Posteriormente, Prenter pediría disculpas a Mercury, sin embargo, este no quiso atender sus llamadas. Jamás le perdonó aquel ataque a su privacidad. Prenter moriría de SIDA en 1991, tres meses antes que Freddie. 

 

La enfermedad de Mercury se mantuvo en riguroso secreto. Todo su entorno —miembros de la banda, el manager Jim Miami Beach, publicistas, amigos íntimos y personal— lo negó hasta el último minuto. Había poderosos motivos, tanto éticos como comerciales, para guardar silencio. Queen se encontraba en negociaciones para rescindir su contrato con Capitol y firmar con Hollywood Records en América, aparte de reeditar su discografía en CD. Aunque el grupo triunfaba en todo el mundo, llevaba sin alcanzar el Top 20 de Estados Unidos desde 1982. Necesitaban un cambio que volviera a impulsar su carrera en aquel mercado. Pese a los rumores sobre el declive del cantante, Peter Palerno consiguió un contrato de diez millones de dólares para la formación. Nadie pensaba que lo lograría. 

 

Mercury mantuvo un perfil bajo sin molestarse en conceder entrevistas. A nivel artístico, continuó trabajando mientras sus fuerzas menguaban. Amaba su arte. ¿Qué otra cosa podía hacer? Grabó un segundo y último disco en solitario, Barcelona (Polydor, 1988) con la soprano Monserrat Caballé. Gracias a ello cumplió uno de sus sueños más preciados. También colaboró con Roger Taylor en las voces de Heaven for Everyone para el álbum Shove It con The Cross. Por motivos contractuales, Freddie no apareció acreditado como cantante. Heaven for Everyone sería rescatada para el póstumo Made in Heaven (Parlophone, 1995). El single Barcelona llegaría al Top Ten en Inglaterra y fue elegido como himno de los Juegos Olímpicos de 1992. Mercury y Caballé cantaron en playback en el festival de La Nit (Barcelona) en octubre. Una superestrella del rock y una diva operística… No era algo común en el mundo del espectáculo. El show fue un éxito. 

 

Durante todo este proceso, Queen avanzaba lentamente en su nuevo elepé en los estudios Olympic, Townhouse y Mountain (Suiza) con David Richards (Iggy Pop, David Bowie) como productor. En palabras de Taylor: «Freddie sabía que su tiempo era limitado, y quería realmente trabajar y seguir adelante. Desde luego, nosotros estábamos de acuerdo y lo apoyamos a tope… pero The Miracle fue una tarea muy dura, un álbum que nos llevó mucho tiempo hacer». 

 

La grabación duró un año, el mayor periodo de tiempo de la historia de la banda. Mercury deseaba dejar la mayor cantidad posible de material para la posteridad. Aquel sería el adiós, su legado al mundo. Con la perspectiva que ofrece el paso del tiempo, resulta increíble su implicación, fuerza de voluntad y dotes como cantante. Necesitaban un milagro —los fármacos antirretrovirales que hubieran podido salvarle la vida— que tristemente nunca tuvo lugar. 

 

The Miracle fue un álbum cohesivo, apenas hubo peleas entre sus componentes en el estudio. Por primera vez compartieron los créditos como compositores. La portada define a los Queen de aquella época: hermandad, fuerza y coraje. Sorprende que sobrara material de las sesiones. La banda siempre se caracterizó por grabar lo justo y necesario. Evidentemente, no hubo tour para promocionarlo. 

 

The Miracle (Polydor, 1989) arranca con Party, corte enérgico que trata sobre las impresionantes bacanales que Queen ofrecían para cerrar las giras; los enanos con bandejas de cocaína en la cabeza son excluidos de la letra, por supuesto. De inmediato, en la irónica Kashoggi Ship pasamos al yate Nabila del multimillonario traficante de armas Adnan Kashoggi. Hacer historia conlleva pagar un precio. 

 

I Want It All es puro hard rock, un clásico a la altura de sus temas más célebres, con juego de voces memorable y solo de guitarra de Brian May para enmarcar. En Scandal se vengan de los tabloides que se habían cebado en la relación de May con la actriz Anita Dobson, y las conjeturas sobre el estado de salud de Mercury. Was It All Worth It —uno de los himnos olvidados de la banda que sirve como colofón del elepé— retrotrae al sonido heavy con trazos progresivos, cuerdas incluidas, de Queen ll (EMI, 1974). Merece la pena visionar el videoclip grabado para la ocasión que resume la trayectoria de Queen hasta 1989.  

 

The Miracle es una pieza antibelicista con magnifico estribillo y pulido entramado musical. El vídeo protagonizado por chavales es uno de los más entrañables de la formación. En Invisible Man destaca el bajo de John Deacon y los sintetizadores ochenteros. Como curiosidad, Freddie menciona el nombre de los miembros de la banda durante el transcurso del tema. La popera Breathru cuenta con un ritmo irresistible y videoclip —actúan en un tren— memorable. La entrada, con sus coros y piano, vuelve a recordar a los inicios de Queen. 

 

Rain Must Fall y My Baby Does Me son los puntos flacos del disco. Agradables y fáciles de escuchar, no obstante, se encuentran lejos de la calidad del resto de las composiciones. La mejor prueba es que ninguna fue sencillo. La dupla Mercury/Deacon no funcionó como otras veces.  

 

The Miracle es uno de los mejores elepés de Queen de los años ochenta. Pletórico, positivo y rockero, fue número 1 en Inglaterra y varios países de Europa, y disco de oro en EE.UU. Publicaron cinco singles para promocionarlo. Absoluta profesionalidad por parte de un grupo consciente de que tenía las horas contadas. Lástima que fallen los cortes mencionados; había material de sobra para cubrir el expediente. Pocos meses después de su lanzamiento, regresarían al estudio para grabar el canto del cisne de Mercury, el excelso Innuendo (Parlophone, 1991). 

 

Material de The Miracle Collector's Edition

 

Queen grabó bastantes canciones para el álbum. Empecemos por las caras B: Hang in on There (Mercury), el instrumental Chinese TortureStealin' (Mercury), Hijack My Heart (Taylor) y My Life Has Been Saved (Deacon), que también formaría parte de Made in Heaven. 

 

Los cortes inéditos: You Know You Belong to Me, una sencilla balada acústica de May que remite a Love of My LifeGuess We're All Falling Out (Demo) con Freddie al piano. When Loves Breaks (Demo), primera versión de Breakthrucuyo inicio evoca a Take My Breath AwayDog With a Bone con Taylor como solista. En Water (Demo) destacan los juegos vocales entre May y Mercury. Y, para finalizar, Face It Alone, tema estrella lanzado como sencillo para promocionar el box set. Respecto al mismo, pone los pelos de punta redescubrir la magia de Mercury. Aun así, no es una obra maestra. Correcto sin más. 

 

El resto son versiones primerizas, tomas alternativas y remixes de las canciones de The MiracleStone Cold Crazy My Melancholy Blues en directo sobran; tienen poco que ver con el material previo. Miracu-mentals es una versión alternativa del elepé, solo con los coros de la banda, sin la voz de Mercury. El último álbum es el corte original de 1989 en vinilo que incluye Too Much Love Will Kill You de Freddie en solitario. 

 

Respecto al material visual: videoclips, entrevistas, documentales sobre la realización del disco. Un libro de tapa dura de 72 páginas, fotos individuales de la banda, 2 pósters y 2 postales. Ambrosía pura.  

 

The Miracle Collector's Edition es una maravilla. Un trabajo cuidado y completista sobre la etapa final de Queen. Hecho con cariño y respeto por y para sus seguidores.