jueves, octubre 29, 2026

ENTREVISTA A PALOMO PALOMO: LA HONESTIDAD DE LO CUTRE

Palomo Palomo publica el 6 de noviembre ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?, su primer disco, editado por Montgrí. Diez canciones que se mueven entre el punk, el garaje y el lo-fi, con un sonido crudo y bastante mala leche.

Hay rabia, desencanto, nostalgia y también algo de esperanza. Letras que hablan de las contradicciones de una generación que tiene motivos de sobra para estar cabreada. Escribimos a Daniel V. Carrillo Palomo, artista que se esconde bajo el alias de Palomo Palomo, para conocer más sobre su debut, sus influencias y las cosas que le rondan por la cabeza cuando se pone a escribir canciones.

Vamos a empezar por el título del disco, ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?, que viene de un relato de Raymond Carver. ¿Por qué elegiste precisamente ese título? ¿Qué relación tiene con las canciones?

El título, desde que se lo leí a Carver, me gustó por tener un puntito de insolencia y por ser apelativo y directo. Además, tanto la colección de relatos homónima como el relato en cuestión, que se llama así, me gustaron bastante. Pero, sobre todo, es porque soy de esas personas que hablamos demasiado, soy un pesao; así que me pareció adecuado y potencialmente gracioso que, como título de un álbum de diez canciones, aparezca una frase que parece contraria a la idea de escucharlas.

También es verdad que me sirve un poquito en la dirección opuesta. Quiero decir, siento el título como algo rebelde. En casi cualquier momento del día puedo coger el móvil, el ordenador o encender la tele o la radio y cagarme en todo y pensar: «¿Qué mierda es esta?», «¿No es mejor que te calles?», «¿Qué necesidad tengo de escuchar esto que dices? ¿Y tú qué necesidad tienes de decir eso que dices?».

Me pasa con frecuencia si me cruzo con ciertos políticos, influencers y demás gente que no se calla en redes y medios.

El disco suena bastante crudo, con mucho de punk, garaje y lo-fi. ¿Tenías claro desde el principio que querías ese sonido tan casero o fue saliendo así mientras grababas?

Pues diría que sí. Las canciones las compongo y grabo en mi cuarto, y me gusta que ese toque de baja calidad tenga su hueco en el sonido de las canciones. Hay veces, incluso, que cuando veo que alguna canción suena más brillante o nítida, la estropeo de manera deliberada.

Me gusta dedicarme a conseguir una expresión artística «cutre», porque considero que lo «cutre» tiene mucha honestidad. Así que, siendo sincero, sé que sueno de manera no bonita, pero me siento felizmente reflejado en esta manera de expresarme.

En las letras hay bastante rabia, desencanto y crítica social. ¿Escribir canciones te sirve para soltar toda esa mala leche o también buscas que quien las escuche se plantee ciertas cosas?

La verdad es que no me planteo cuáles pueden ser las impresiones ajenas. Me esfuerzo en encontrar cosas que me interesen a mí mismo en las letras (sin que esto quiera decir que mis letras sean demasiado elaboradas ni nada). Diría que sucede como con los arreglos y los sonidos que comentaba en la pregunta anterior: trato de que las canciones me salgan honestas.

Y bueno, no es que utilice las canciones para canalizar la mala leche, sino que me parecen necesarias la mala leche y las protestas en todo y para todo. La cosa está bien jodida…

También me molaría decir que cada vez creo que necesito más rabia, más desencanto y más crítica en las canciones. Las nuevas ideas para futuras canciones que me van saliendo son cada vez más ácidas y directas, y por ahí veo un caminito que cada vez me interesa más.

Hay títulos que llaman bastante la atención, como «No eres feliz», «James Gandolfini» o «Aurora está al borde del terrorismo». ¿De dónde salen esas historias? ¿Son experiencias personales, cosas que ves a tu alrededor o un poco de todo?

Este verano estaba una noche con mis amigas Laura y Aurora en casa de mi madre y, comentando nuestras miserias, Aurora dijo: «Mira, yo estoy al borde del terrorismo». Y joder, adoro a mi amiga y, además, es que me encantó cómo lo soltó. Así que esta es la respuesta para la última.

«No eres feliz» es una canción que se me ocurrió del tirón porque, desde la ventana del piso donde vivía en Murcia, escuché una mañana a una chica que volvía de fiesta decir: «Acha, tía, no sé qué bragas llevo… o si llevo…». Y desde mi cuarto, cantando encima de la canción de This Is Lorelei, «I'm All Fucked Up» (prácticamente la plagio), me salió la canción entera imaginando lo infeliz que podría ser la muchacha que acababa de oír.

Y la de James se me ocurrió hace años, mientras me terminaba Los Soprano. Va de estar asfixiado por la precariedad y la angustia y, además, plantearte si merece la pena tirar para adelante o no. Yo me he formado en arte dramático y he trabajado bastante de actor, así que miraba a Tony Soprano y pensaba: «¿Qué hostias hago yo planteándome siquiera buscar una oportunidad en esta profesión si existen bestias como James Gandolfini?».

Perdón por enrollarme tantísimo. En definitiva, sí, mezclo un poco de todo y dejo que mi imaginación pille el volante, a ver qué tal…

También hay sitio para la nostalgia en canciones como «Dorada y plateada» o «Mi Jesús». ¿Sueles tirar de recuerdos de la infancia y la adolescencia cuando te pones a escribir?

Pues la verdad es que sí. Siento como valiosísimas las sensaciones que me conectan con mis partes más infantiles y adolescentes. Pero realmente no tengo un proceso creativo definido.

Me divierto creando y quizá, mientras me pongo a dar vueltas a lo que sea, me encuentro con una canción, un texto, simplemente una idea o, más comúnmente, nada.

En la presentación del disco hablas de los barrios, los pisos compartidos y esos espacios cotidianos que van desapareciendo por culpa de la gentrificación. ¿Crees que la música todavía sirve para denunciar estas cosas o hemos llegado a un punto en el que ya casi nadie escucha?

Como salir a la calle, organizarnos y tener como objetivos la lucha y la acción directa, no hay nada. Ahora bien, yo creo que todo lo que ideológicamente se posicione cuenta como apoyo real a dicha posición. Incluso la tontería de «no posicionarse» claramente te posiciona como alguien tibio y gris, falto de compromiso.

La música me sirve de acompañamiento en todos los aspectos de mi día a día. Por ello, por supuesto que creo que vale de mucho como denuncia, como expresión de comunidad y, sobre todo, porque es esencialmente un código de expresión artística, lo cual me parece potentísimo.

Este es tu primer disco y sale con Montgrí. ¿Cómo ha sido todo el proceso hasta llegar aquí? ¿Tenías claro qué canciones querías incluir o el álbum fue tomando forma sobre la marcha?

Para empezar, sigo sin dar crédito a que haya podido suceder esto. Lo de sacar un disco con un sello tan guay. Encima es una cooperativa. Y encima todas las personas con las que curro del sello son simpatiquísimas y buena gente. Me contactaron hace unos meses y ahora voy a sacar un disco, voy a salir a presentarlo en varios conciertos y, además, va a tener vinilo y todo.

Flipante, la verdad. No podría haberlo imaginado. Y menos aún podría habérmelo planteado sin la ayuda de Montgrí y su gente.

Yo tenía preparado un buen puñado de canciones y, cuando me contactaron, nos pusimos a ver cómo cuadraban mejor y cuáles era mejor o peor idea incluir en este trabajo. Así que fue tanto una cosa como la otra. Tenía algunas cosas claras, pero también fuimos sobre la marcha.

Para terminar, siempre me gusta preguntar por los discos que han marcado a los músicos que entrevisto. ¿Qué tres álbumes han sido fundamentales en tu vida y por qué?

Madre mía, en mi vida… Qué complicado elegir. Bueno, el grupo Manel me ha acompañado desde que tengo siete años, y de eso hace veinte años. Sus discos me encantan y, en especial, me siento superligado a «Atletes, baixin de l'escenari».

También me siento muy vinculado a un disco que sonaba constantemente en el coche de mi familia y en mi casa desde siempre, que es «La Fusa», un directo brutal de Maria Creuza, Vinicius de Moraes y Toquinho.

Y joder… Te diría cuarenta discos más, pero quizá puedo tirar por lo seguro y elegir el de la Velvet con Nico, porque vaya pedazo de maravilla. Hace años que me sumergí en la vida y milagros de Lou Reed y se me ha hecho fundamental, pero es que ese disco, sumándole la voz fría y superpotente de Nico, es increíble. Y lo hicieron hace muchísimos años.

Pero, sinceramente, si tengo que elegir un tercero y decido escoger uno con la firma de Lou Reed, elijo «The Blue Mask». Sinceramente, creo que no es de los más considerados de su trayectoria, pero personalmente a mí me emociona y me exalta que no veas. Casualmente, estoy escribiendo esto el día del decimotercer aniversario de su muerte.

(Debo hacer mención honorífica a artistas brutales como Antònia Font, Big Thief, Lole y Manuel, Kiko Veneno, Sílvia Pérez Cruz, Calamaro —por más que me pese su deriva ideológica actual, lo escucho desde que aparecí en el mundo—, Patti Smith, Los Planetas, Arctic Monkeys y Charley Crockett, a quien llevo años sin parar de escuchar).