Palomo
Palomo publica el 6 de noviembre ¿Quieres hacer el favor de callarte, por
favor?, su primer disco, editado por Montgrí. Diez canciones que se mueven
entre el punk, el garaje y el lo-fi, con un sonido crudo y bastante mala leche.
Hay
rabia, desencanto, nostalgia y también algo de esperanza. Letras que hablan de
las contradicciones de una generación que tiene motivos de sobra para estar
cabreada. Escribimos a Daniel V. Carrillo Palomo, artista que se esconde bajo
el alias de Palomo Palomo, para conocer más sobre su debut, sus influencias y
las cosas que le rondan por la cabeza cuando se pone a escribir canciones.
Vamos
a empezar por el título del disco, ¿Quieres hacer el favor de callarte, por
favor?, que viene de un relato de Raymond Carver. ¿Por qué elegiste
precisamente ese título? ¿Qué relación tiene con las canciones?
El título, desde que se lo leí a
Carver, me gustó por tener un puntito de insolencia y por ser apelativo y
directo. Además, tanto la colección de relatos homónima como el relato en
cuestión, que se llama así, me gustaron bastante. Pero, sobre todo, es porque
soy de esas personas que hablamos demasiado, soy un pesao; así que me pareció
adecuado y potencialmente gracioso que, como título de un álbum de diez
canciones, aparezca una frase que parece contraria a la idea de escucharlas.
También es verdad que me sirve
un poquito en la dirección opuesta. Quiero decir, siento el título como algo
rebelde. En casi cualquier momento del día puedo coger el móvil, el ordenador o
encender la tele o la radio y cagarme en todo y pensar: «¿Qué mierda es esta?»,
«¿No es mejor que te calles?», «¿Qué necesidad tengo de escuchar esto que
dices? ¿Y tú qué necesidad tienes de decir eso que dices?».
Me pasa con frecuencia si me
cruzo con ciertos políticos, influencers y demás gente que no se calla en redes
y medios.
El
disco suena bastante crudo, con mucho de punk, garaje y lo-fi. ¿Tenías claro
desde el principio que querías ese sonido tan casero o fue saliendo así
mientras grababas?
Pues diría que sí. Las canciones
las compongo y grabo en mi cuarto, y me gusta que ese toque de baja calidad
tenga su hueco en el sonido de las canciones. Hay veces, incluso, que cuando
veo que alguna canción suena más brillante o nítida, la estropeo de manera deliberada.
Me gusta dedicarme a conseguir
una expresión artística «cutre», porque considero que lo «cutre» tiene mucha
honestidad. Así que, siendo sincero, sé que sueno de manera no bonita, pero me
siento felizmente reflejado en esta manera de expresarme.
En
las letras hay bastante rabia, desencanto y crítica social. ¿Escribir canciones
te sirve para soltar toda esa mala leche o también buscas que quien las escuche
se plantee ciertas cosas?
La verdad es que no me planteo
cuáles pueden ser las impresiones ajenas. Me esfuerzo en encontrar cosas que me
interesen a mí mismo en las letras (sin que esto quiera decir que mis letras
sean demasiado elaboradas ni nada). Diría que sucede como con los arreglos y
los sonidos que comentaba en la pregunta anterior: trato de que las canciones
me salgan honestas.
Y bueno, no es que utilice las
canciones para canalizar la mala leche, sino que me parecen necesarias la mala
leche y las protestas en todo y para todo. La cosa está bien jodida…
También me molaría decir que
cada vez creo que necesito más rabia, más desencanto y más crítica en las
canciones. Las nuevas ideas para futuras canciones que me van saliendo son cada
vez más ácidas y directas, y por ahí veo un caminito que cada vez me interesa
más.
Hay
títulos que llaman bastante la atención, como «No eres feliz», «James
Gandolfini» o «Aurora está al borde del terrorismo». ¿De dónde salen esas
historias? ¿Son experiencias personales, cosas que ves a tu alrededor o un poco
de todo?
Este verano estaba una noche con
mis amigas Laura y Aurora en casa de mi madre y, comentando nuestras miserias,
Aurora dijo: «Mira, yo estoy al borde del terrorismo». Y joder, adoro a mi
amiga y, además, es que me encantó cómo lo soltó. Así que esta es la respuesta
para la última.
«No eres feliz» es una canción
que se me ocurrió del tirón porque, desde la ventana del piso donde vivía en
Murcia, escuché una mañana a una chica que volvía de fiesta decir: «Acha, tía,
no sé qué bragas llevo… o si llevo…». Y desde mi cuarto, cantando encima de la
canción de This Is Lorelei, «I'm All Fucked Up» (prácticamente la plagio), me
salió la canción entera imaginando lo infeliz que podría ser la muchacha que
acababa de oír.
Y la de James se me ocurrió hace
años, mientras me terminaba Los Soprano. Va de estar asfixiado por la
precariedad y la angustia y, además, plantearte si merece la pena tirar para
adelante o no. Yo me he formado en arte dramático y he trabajado bastante de
actor, así que miraba a Tony Soprano y pensaba: «¿Qué hostias hago yo
planteándome siquiera buscar una oportunidad en esta profesión si existen
bestias como James Gandolfini?».
Perdón por enrollarme tantísimo.
En definitiva, sí, mezclo un poco de todo y dejo que mi imaginación pille el
volante, a ver qué tal…
También
hay sitio para la nostalgia en canciones como «Dorada y plateada» o «Mi Jesús».
¿Sueles tirar de recuerdos de la infancia y la adolescencia cuando te pones a
escribir?
Pues la verdad es que sí. Siento
como valiosísimas las sensaciones que me conectan con mis partes más infantiles
y adolescentes. Pero realmente no tengo un proceso creativo definido.
Me divierto creando y quizá,
mientras me pongo a dar vueltas a lo que sea, me encuentro con una canción, un
texto, simplemente una idea o, más comúnmente, nada.
En
la presentación del disco hablas de los barrios, los pisos compartidos y esos
espacios cotidianos que van desapareciendo por culpa de la gentrificación.
¿Crees que la música todavía sirve para denunciar estas cosas o hemos llegado a
un punto en el que ya casi nadie escucha?
Como salir a la calle,
organizarnos y tener como objetivos la lucha y la acción directa, no hay nada.
Ahora bien, yo creo que todo lo que ideológicamente se posicione cuenta como
apoyo real a dicha posición. Incluso la tontería de «no posicionarse»
claramente te posiciona como alguien tibio y gris, falto de compromiso.
La música me sirve de
acompañamiento en todos los aspectos de mi día a día. Por ello, por supuesto
que creo que vale de mucho como denuncia, como expresión de comunidad y, sobre
todo, porque es esencialmente un código de expresión artística, lo cual me
parece potentísimo.
Este
es tu primer disco y sale con Montgrí. ¿Cómo ha sido todo el proceso hasta
llegar aquí? ¿Tenías claro qué canciones querías incluir o el álbum fue tomando
forma sobre la marcha?
Para empezar, sigo sin dar
crédito a que haya podido suceder esto. Lo de sacar un disco con un sello tan
guay. Encima es una cooperativa. Y encima todas las personas con las que curro
del sello son simpatiquísimas y buena gente. Me contactaron hace unos meses y
ahora voy a sacar un disco, voy a salir a presentarlo en varios conciertos y,
además, va a tener vinilo y todo.
Flipante, la verdad. No podría
haberlo imaginado. Y menos aún podría habérmelo planteado sin la ayuda de
Montgrí y su gente.
Yo tenía preparado un buen
puñado de canciones y, cuando me contactaron, nos pusimos a ver cómo cuadraban
mejor y cuáles era mejor o peor idea incluir en este trabajo. Así que fue tanto
una cosa como la otra. Tenía algunas cosas claras, pero también fuimos sobre la
marcha.
Para
terminar, siempre me gusta preguntar por los discos que han marcado a los
músicos que entrevisto. ¿Qué tres álbumes han sido fundamentales en tu vida y
por qué?
Madre mía, en mi vida… Qué complicado
elegir. Bueno, el grupo Manel me ha acompañado desde que tengo siete años, y de
eso hace veinte años. Sus discos me encantan y, en especial, me siento
superligado a «Atletes, baixin de l'escenari».
También me siento muy vinculado
a un disco que sonaba constantemente en el coche de mi familia y en mi casa
desde siempre, que es «La Fusa», un directo brutal de Maria Creuza, Vinicius de
Moraes y Toquinho.
Y joder… Te diría cuarenta
discos más, pero quizá puedo tirar por lo seguro y elegir el de la Velvet con
Nico, porque vaya pedazo de maravilla. Hace años que me sumergí en la vida y
milagros de Lou Reed y se me ha hecho fundamental, pero es que ese disco,
sumándole la voz fría y superpotente de Nico, es increíble. Y lo hicieron hace
muchísimos años.
Pero, sinceramente, si tengo que
elegir un tercero y decido escoger uno con la firma de Lou Reed, elijo «The
Blue Mask». Sinceramente, creo que no es de los más considerados de su
trayectoria, pero personalmente a mí me emociona y me exalta que no veas. Casualmente,
estoy escribiendo esto el día del decimotercer aniversario de su muerte.
(Debo hacer mención honorífica a
artistas brutales como Antònia Font, Big Thief, Lole y Manuel, Kiko Veneno,
Sílvia Pérez Cruz, Calamaro —por más que me pese su deriva ideológica actual,
lo escucho desde que aparecí en el mundo—, Patti Smith, Los Planetas, Arctic
Monkeys y Charley Crockett, a quien llevo años sin parar de escuchar).
