La música de Natalia Doco nace de
la experiencia, la intuición y una permanente búsqueda personal. Influida por
las culturas y lugares que han formado parte de su vida, la artista construye canciones
donde conviven la sensibilidad, la fuerza y el deseo de transformación.
Tu nuevo disco, HACHA, se
describe como una “oda a la emancipación”. ¿Cómo conectas tú con esa idea hoy,
tanto en lo personal como en lo artístico?
Lo personal y lo artístico son lo
mismo para mí, porque expreso lo que siento y pienso a partir de lo que vivo.
Conecto porque hago un trabajo importante de autoobservación y trabajo personal
para poder liberarme de todos los mandatos sociales y religiosos que me estén
trabando de alguna manera, con el objetivo de vivir esta vida de una manera
realmente elegida por mí, tanto como la música que quiero hacer y los conceptos
que voy creando.
En tu trabajo anterior, La
Sagrada, lo femenino tenía un papel muy central. ¿Cómo se transforma esa visión
en HACHA?
Yo siento que es otra faceta de
la Sagrada, más instintiva, más salvaje; la que mira a la muerte a los ojos y
permite que haga su trabajo; la lúcida, la que corta, la que arranca de cuajo
lo que estanca, lo que envenena, lo que se ha terminado. Para mí, Hacha es una
faceta también curativa de la Sagrada, pero tiene otro color y abarca otros
aprendizajes, quizás más crudos, de la vida misma.
En «Cha Cha Trap» mezclas un
ritmo tan clásico como el cha-cha-chá con sonidos urbanos actuales. ¿Cómo
surgió esa combinación y qué te motiva a cruzar estilos tan distintos?
Jugando surgió. Mezclando las
apariencias. Quería representar que aquella que se veía alegre siempre y nunca
ponía límites, ahora había desarrollado una Diosa Kali en su interior. Me gusta
mezclarlo todo porque siento que, en mi propia percepción, la naturaleza mezcla
todo. Todo parece algo que no es, todo comparte patrones y geometrías, todo es
un flash, y me apasiona tanto que también me siento libre de mezclar todo lo
que me gusta e imagino.
En un momento decidiste crear tu
propio sello, Casa del Árbol. ¿Cómo ha influido esa decisión en ti como
artista? ¿Te ha aportado mayor libertad y crecimiento personal?
Porque en mi primer disco con una discográfica fue difícil para mí tener que andar negociando mis decisiones artísticas. Me vienen ideas demasiado personales como para tener que discutirlas con otra persona y, sobre todo, por razones que en general nada tienen que ver con el arte. Nunca quisiera volver a sentirme atrapada en una situación así. Necesito una libertad absoluta en las cosas que hago y no quiero negociar nada con nadie en términos creativos.
Tu vida está entre Argentina y
París. ¿De qué manera conviven esas dos culturas dentro de tu música?
De manera bastante natural, creo.
Y también metí a México en el cóctel, porque he vivido allí durante todos mis
veintitantos y mi música tiene muchísimo de toda esa experiencia. Tener mis
propias mezclas de cosas es natural para mí: en mis creencias, en la cultura,
en la música, en las costumbres, en las etapas y en los conceptos.
Tus canciones tocan temas como el
autocuidado emocional o las relaciones de poder. ¿De dónde nace esa
inspiración: vivencias propias, lo que observas, imaginación o un poco de todo?
Sí, vivencias propias, pero
también todo lo que me rodea. Siempre estoy observando todo, analizando e
intentando entender y filosofar sobre lo que me rodea y sobre lo que me
constituye. No sé por qué, siempre he sido así. Siempre lo he expresado también
escribiendo.
Has trabajado con artistas muy
diversos. Cuando colaboras, ¿qué es lo que más valoras y qué te llevas de esos
encuentros?
Cuando colaboro, en general, es
porque amo lo que se me propone. Lo que necesito para colaborar es conectar con
el otro artista. Si no, me resulta casi imposible.
Se viene una nueva gira con
varias fechas en España. Sobre el escenario, ¿qué tipo de experiencia quieres
compartir con el público en esta etapa?
Quiero que sea como una purga,
una limpieza de toda limitación, y que salgamos nuevas, renovadas, listas para
plantar una vez más, pero en un jardín limpio. Quiero que salgamos sintiéndonos
más ligeras, más dueñas de nosotras mismas y de nuestras vidas.
