Los Sara Fontán
es el proyecto conjunto de Sara Fontán, al violín, y Edi Pou, a la percusión.
Lo suyo es la música instrumental, pero lejos de encasillarse: mezclan
post-rock, electrónica y una buena dosis de experimentación. Todo gira en torno
al diálogo entre ambos y a una manera muy libre de crear, ya sea en el estudio
o sobre el escenario.
«Creer fuerte» es la primera pista
que podemos escuchar de vuestro nuevo disco. ¿Qué lugar ocupa dentro de Consuelo?
«Creer fuerte» resultó una
música que nos evoca un estar hacia adelante, positiva, abierta y cambiante,
así que decidimos colocar la esperanza que regala en el centro de Consuelo.
El álbum parece moverse
constantemente entre la oscuridad y la luz, casi como si fuera un viaje
espiritual. ¿Estoy en lo cierto?
Estás
en lo cierto en que se mueve entre la oscuridad y la luz, pero no tanto como un
viaje espiritual, sino como un reflejo de cómo nos sentimos ante la vida. La
narrativa abierta que regala la música instrumental permite que el espectador
se encargue de completarla.
Vuestra música cuesta encajarla en
una sola etiqueta: hay post-rock, electrónica, incluso algo de clásica. ¿Cuáles
son vuestras influencias?
Nos
gustan muchos estilos de música; nos gustan los pájaros, los gatos, el agua, el
vino, los ríos; nos gusta la noche y la mañana; nos gustan el rojo, el verde,
el negro… Se nos hace muy difícil componer solo en un estilo. Puede que nuestra
personalidad sea ese sentirse cómodo en diferentes ambientes, y ello provoca
diversidad de estilos en nuestra música.
No utilizáis voz, pero aun así se
percibe una narrativa muy clara en vuestros temas. ¿Es sencillo construir una
historia sin palabras?
El
principio no es narrativo, el principio siempre es visceral. No solemos
intentar construir una narrativa; más bien se revela cuando la música está
compuesta. Sí que nos motiva mucho ser capaces de hilar ideas sonoras y que
tengan sentido consecutivamente, pero desde un lugar sonoro, estético e incluso
radical. Esta forma de hacer música no tendría mucho sentido sin una forma parecida
de “estar” en la música: cuestionando las formas de grabar, de distribuir, de
comercializar o de compartir esta música.
En Consuelo se intuye cierta
resistencia frente al momento actual, tanto a nivel social como político.
¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?
¡Cualquier
tiempo futuro esperemos que sea mejor! Vivimos inmersas en el resurgir de
tiempos pasados imperialistas, de poderosos deshumanizados, machos dominantes
imponiendo un mundo salvaje y poco empático, pero también estamos rodeadas de
personas y lugares que tienden a la resistencia en el pensamiento y a la
acción. La música, y las comunidades que se crean a su alrededor, pueden ser
buenos entornos para organizar y repensar el futuro.
Da la sensación de que vuestro
proceso creativo está muy ligado al directo. ¿Qué cambia cuando lleváis esas
ideas al estudio?
En
el estudio no tocamos siempre juntas: una graba a la otra y viceversa, y eso
cambia bastante cómo nos relacionamos con las piezas. Se desgranan de una
manera que nos permite trabajar profundamente sobre los detalles de producción
y de interpretación. El mayor reto en el estudio es conseguir transmitir la
fisicidad con la que tocamos en directo, rodeadas de otros cuerpos y oídos. Nos
lo pasamos muy bien jugando a disponer micrófonos, escuchando a través de los
cascos, cerrando y abriendo ambientes, cometiendo errores y sacrilegios…
Como dúo, habéis construido una
conexión violín y percusión, alejándoos de la clásica base de batería y bajo.
¿Cómo fue desarrollar esa complicidad y encontrar vuestro propio lenguaje
juntos?
Lo
primero fue dejar a un lado la vergüenza y el afán de impresionarnos
mutuamente. Una vez creado el clima, el reto es conseguir que nuestros
instrumentos no sean un impedimento para que la música pueda fluir, sea la que
sea. A fin de cuentas, la clave siempre es escucharse, no aburrirnos e intentar
sorprendernos todo el rato.
Después de este disco, ¿lo sentís
como un cierre de etapa o más bien como el inicio de nuevas posibilidades
sonoras?
Grabamos un disco cuando sus canciones ya han sido tocadas, giradas, testeadas en muchos escenarios… En cierta manera, sacamos discos para despedirnos de esas canciones, para dejar constancia de ellas y seguir adelante. Sin embargo, tampoco seguimos la lógica de disco–promo–gira–pausa: estamos siempre girando y siempre componiendo, por lo que nuestra forma de hacer es un continuo, sin etapas claras. Cuando sintamos que no hay más posibilidades sonoras que explorar, lo dejaremos y nos centraremos en el gran damnificado por las giras: nuestro huerto.
