Minibús Intergalàctic
mezcla psicodelia, groove y espíritu rave con un claro aire
Madchester, dando forma a un sonido tan bailable como hipnótico. En su nuevo
disco, producido por Martin “Youth” Glover, la banda da un paso adelante y
amplía su propio universo sonoro.
Para empezar: habéis
trabajado con Martin “Youth” Glover, alguien que ha producido a grandes
artistas como The Verve, Primal Scream o The Jesus & Mary Chain. ¿Qué tal ha
sido la experiencia?
Sin duda ha sido la experiencia más
rock and roll que hemos vivido, y probablemente, viviremos. Youth es memoria
viva del rock y tiene un oído increíble sacando potencial a las canciones con
las que llegas. La semana que estuvimos en La Casa Estudio en Granada fue muy
intensa: Youth tiene una forma de trabajar muy británica, muy exigente. No
estamos acostumbrados a trabajar bajo presión, y hay temas a los que les vino
muy bien que nos llevara al límite.
Más allá de la forma de trabajar,
nos entendimos muy bien en general y su ingeniero de sonido, Iván Moreno, es un
auténtico artesano de los cables y aparatejos. Los días allí combinaron
batallitas de Youth, largas sesiones de grabación, cenas a la inglesa y una
sensación de estar viviendo en un sueño como banda. Toda la casa era un gran
museo del rock, llena de discos de platino y recuerdos. Desde luego es una
experiencia increíble que recordaremos.
Da la sensación de que el
disco es una aventura en busca de una rave perdida. ¿Es una imagen descabellada
o se aproxima a la realidad?
No es para nada descabellada la
idea, aunque creemos que el disco es más bien la resaca de después de pasar
uno, o varios días, en esa rave de la que nos hablas. No es una mala resaca,
por suerte, sino una de esas en las que todo lo que tomaste ayer aún no ha
terminado de bajar y te pasas el día con tus amigos comentando la jugada,
escuchando discos y llenando el sofá de reflexiones y palomitas. Amistad,
amores, desamores y bailes perdidos en la noche.
Vuestro sonido recuerda a
Madchester en muchas ocasiones: groove, psicodelia y ganas de darlo todo en la
pista. ¿Happy Mondays o The Stone Roses?
En Minibús Intergalàctic no le
hacemos ascos a nada y todo el mundo es bienvenido mientras mole. ¿Stone Roses?
Elegancia, armonías byrdianas, instrumentales medio prog… Pónmelo. ¿Happy
Mondays? Weirdness, house-punk, sudar mogollón, darle así con las maracas…
Pónmelo.
Entre vosotros hay un
psiquiatra, historiadores y hasta una casi-física… Así que la duda es
inevitable: ¿los ensayos de la banda funcionan como terapia de grupo?
¡Está claro! El otro día alguien
comentó una duda sobre algo que estaba leyendo y las tres horas de ensayo se
convirtieron en un debate (a puños) sobre la validez del concepto de nación en
la historiografía de época moderna. Por suerte estaba el psiquiatra y calmó los
ánimos con unos trankimazines.
Este disco suena más
maduro, por no decir ambicioso. ¿Cuáles han sido las experiencias de los
últimos años que os han ayudado a crecer como artistas?
No es nada fácil encarar la idea de
componer un segundo álbum, pero por suerte si algo nos sobra es entusiasmo.
Para este LP teníamos más experiencia como banda y más angustias a las espaldas
como sujetos. Eso se juntó con las ganas de explorar muchas de nuestras
referencias como oyentes compulsivos de música, las de ayer y las de hoy. No
sabemos si es un disco más ambicioso, pero sí que hemos conseguido tener más
claro durante todo el proceso cómo queríamos sonar: más ruidosos, emocionales y
eléctr(on)icos.
Vuestras canciones oscilan
entre el baile y la reflexión. Un estilo que recuerda a bandas como New Order,
que mezclaban el hedonismo y la tristeza al mismo tiempo. ¿Estoy en lo cierto?
Por qué no. Y a tantas otras. En
general, toda creación artística que se precie tiene que tener un poco de dolç
y de salat. Parafraseando la obra del intelectual más importante que ha tenido
España en los últimos años, “Así es la puta vida”. Nada humano nos es ajeno.
Con ese sonido, vuestro
directo puede ser toda una experiencia. ¿Qué esperáis de los próximos bolos?
Va a haber un cambio sustancial
respecto la gira del primer disco, y no solo por el hecho de incluir las nuevas
canciones y la nueva sonoridad. Hemos preparado el nuevo directo con mucho mimo
y esfuerzo con la ayuda de Jonbi Belategi, técnico de infinidad de artistas y
“coach” artístico que nos recomendaron. Y qué gran suerte. La mayoría de gente
que se dedica a esto lo hace desde un enfoque muy teatrero, de coreografía y
espectáculo, pero no es un terreno en el que estemos cómodos. En cambio, el
trabajo con Jonbi ha sido muy enriquecedor porque se basa mucho en la música,
las emociones que queremos transmitir y evoca cada canción, y en el viaje que
se recorre con el directo.
Y para cerrar: si el
Minibús Intergalàctic hiciera un viaje tipo Gaseosa de ácido eléctrico,
¿a quién os llevaríais sin dudarlo?
A Jordi Pujol
