Claudia Tomàs Ricketts, cantante y
compositora mallorquina, debuta con su primer EP Yearnings of Modern Life,
una obra que fusiona pop, soul, folk y jazz. Tras años de formación y búsqueda
personal, Claudia presenta un sonido íntimo y honesto que reflexiona sobre los
anhelos y contradicciones de la vida moderna. Grabado en directo junto a
destacados músicos en Alquimia Records, su trabajo marca el inicio de una prometedora
etapa creativa.
¿Qué fue lo que finalmente te
impulsó a dar el paso de dejar la timidez atrás y empezar a compartir tu música
con el mundo?
Fue gracias a tener buenos amigos,
que resultan ser también buenos músicos. Me animaron a hacer algo con esas
ganas y, además, quisieron acompañarme en ello. Me lo pusieron súper fácil y
coincidimos en gustos, ilusión y en querer dedicarnos tiempo para montar un
proyecto.
De casualidad me escucharon cantar
en una reunión de amigos durante las fiestas de Navidad del pueblo y, con la
soltura de unas copas de más, fue como empezó todo :D
En tu biografía se menciona ese
periodo de pausa, introspección y formación: ¿qué aprendiste de ti misma
durante ese tiempo y cómo ha influido en tu música?
Llegó un punto en el que me sentí
frustrada con el trabajo en equipo. Lo que empezó como un proyecto de versiones
fue mutando hacia un proyecto de composiciones propias. Estuvimos durante
varios años intentando construir juntos un álbum, pero había falta de
compromiso y cada uno parecía remar en direcciones diferentes.
El sueño de poder escribir canciones
de una manera más autónoma se me hizo de repente muy urgente, porque, aunque ya
escribía, me limitaba a la letra y la melodía, sin acompañamiento instrumental.
Así que empecé por fin estudios de manera más formal y estructurada: teoría
musical, lenguaje, guitarra y canto.
Me enfrenté a sentirme más intrusa
que nunca, a pensar que no iba a llegar o que, si llegaba, iba tarde… y, con
cada pasito, de repente, como por arte de magia, mi enfoque cambió. Dejé de
sentir esa prisa, aprendí a disfrutar del proceso sin presionarme y empecé a
abrirme, compartiendo lo que componía sin miedo a las opiniones ajenas.
Fue un proceso realmente bonito,
porque me permití por fin expresarme y disfrutarlo a la vez. Se fue disipando
el miedo a que fuera o no suficientemente bueno, y también el apuro de
compartir sentimientos o vivencias.
Además, coincidió con un cambio de
residencia a otra comunidad autónoma y ya no estaba cerca de mis compañeros musicales,
así que dejé de hacer bolos —o hacía muy poquitos—. Mis ingresos principales
pasaron a venir de otro sitio, y mis momentos musicales se han limitado en los
últimos años a estar de puertas para adentro, en mi rincón de casa,
aprendiendo, tocando y disfrutando. Así es como han salido las canciones: con
mimo y respeto hacia ellas y hacia mí como compositora. Creo que esa delicadeza
y cautela al comunicar se refleja en la música, sin rebasar límites y con ese
acompañamiento sutil que arropa.
El EP Yearnings of Modern Life
mezcla pop, soul, folk y jazz: ¿cómo surgió esta fusión de estilos y qué te
atrae de cada uno?
Del jazz vocal me encantan la
sutileza y la elegancia; del pop, que se le permita ser muy sencillo y, aun
así, transmitir muchísimo; del folk, la sensibilidad para contar historias; y
del soul, la garra que sale de dentro.
Diría que la fusión de estos estilos surgió de manera orgánica, fruto de las influencias que me han acompañado desde que era niña y de la música que he escuchado a lo largo de mi vida. Mi padre es cantautor y, además, se ha ganado la vida tocando versiones. En casa escuchábamos muchísimos artistas de los años 70, como Crosby, Stills & Nash, Neil Young, David Gates, The Beatles, Simon & Garfunkel o Bob Dylan. Él, además, compone y canta en un estilo muy pop/rock y folk, incluso con canciones en catalán y de folklore local.
Por otro lado, mi abuelo, británico
y melómano, escuchaba jazz a todas horas. Recuerdo especialmente las Navidades
al son de Ella Fitzgerald y Louis Armstrong, y también su devoción por Frank
Sinatra. Siempre cantaba, y además lo hacía muy bien.
Durante la adolescencia y la primera
etapa adulta tuve una época en la que me encantaban el reggae, el rap y el drum
and bass; era lo que más escuchábamos con mis amistades en ese momento. Yo me
obsesioné completamente con la manera soulera de cantar de Aniki, colaboradora
de algunos de los artistas más conocidos del panorama hip hop nacional. Me di
cuenta de que las canciones que más disfrutaba eran aquellas con colaboraciones
de cantantes o las que incluían samples de temas más clásicos como, por
ejemplo, «Cry Me a River» de Julie London, y así fui volviendo a estos estilos.
Con el tiempo descubrí también
música de Brasil, boleros y artistas como Melody Gardot, Mayra Andrade, Lianne
La Havas o Judit Neddermann. Así ha ido surgiendo esta mezcla de estilos como
una manera de definir mi música, que al final no deja de ser pop, pero
atravesada por todas estas influencias que me han acompañado. Y, por supuesto,
cabe destacar el acompañamiento tan jazzístico de los increíbles músicos que
forman parte del proyecto.
Grabaste en directo en estudio
con músicos de gran nivel: ¿cómo fue esa experiencia y qué reto supuso para ti?
He tenido una suerte increíble
porque, además de ser excelentes en su profesión, son personas bellísimas. Y, a
pesar de que mi background no sea tan académico ni riguroso, me han
acogido y acompañado siempre con extrema delicadeza, sintiendo además
admiración y animándome con mi trabajo. Creo que la clave ha sido esa: sentirme
tan cómoda y arropada.
Las canciones ya existían, y yo les
llevé los acordes y la melodía, además de algunas indicaciones, pero ellos
aportaron justo lo que necesitaban, entendiendo incluso mejor que yo lo que
pedían. También me animaron a optar por este estilo de grabación: en directo y
compartiendo espacio. Para mí fue algo súper mágico; se creó una atmósfera que
todavía hoy me emociona.
Ver cómo las canciones cobraban vida
y poder compartirlas de una manera tan cercana e íntima fue increíble. En el
silencio del estudio de Jordi Tugores, sentados de forma que podíamos mirarnos
y sentirnos directamente, se consiguió captar un momento que no habría sido
posible en una grabación convencional por pistas. Esta tiene también sus
ventajas, pero para este proyecto y estas canciones no era lo que buscaba.
Las letras de tu EP hablan de los
“anhelos humanos de la vida contemporánea”: ¿hay experiencias personales que
quieras compartir que inspiraron esas canciones?
En estos últimos años se me ha hecho
muy evidente que el mundo en el que vivimos es como si ya no estuviera preparado
para los seres humanos en su sentido más biológico, como especie. Estamos
condicionados por un entorno que se ha alejado tanto de lo natural que ya no
nos sentimos cómodos en él: los ritmos de la productividad, la exigencia de
alcanzar metas y logros socialmente esperados, la globalización, vivir lejos de
nuestros lugares de origen y de la gente querida, la soledad, y el hecho de
estar cada vez más desconectados de la naturaleza y de nuestros ritmos
biológicos —expuestos a luz artificial, sin ver el aire libre ni la luz del
sol, sin pisar la tierra ni ver las montañas—.
Y aunque este disco se llama así, me
doy cuenta de que probablemente todo lo que escriba tenga que ver con este
contexto :D. Pero lo que quería transmitir con el título es que no siempre podemos
responsabilizarnos de manera individual por no poder adaptarnos, por sentir esa
incomodidad. Está bien expresarla y no culparnos, porque si no se genera aún
más malestar.
Creo que lo justo, ante estas
sensaciones, es responsabilizar a un entorno contemporáneo demasiado exigente,
capitalista y deshumanizado, que no nos deja ser humanos, en lugar de
responsabilizar a una persona que no consigue estar totalmente adaptada y en
paz. Vivimos en un entorno para el que ya no estamos diseñados.
He tenido que atravesar un proceso
personal muy largo para empoderarme y darme cuenta de que no tengo ningún
problema emocional o mental, sino que, de hecho, es normal sentir incomodidad y
malestar en el entorno actual.
En estas canciones también aparece
mucho esa contradicción interna de dedicarte a un trabajo más convencional o
corporativo cuando eres artista, y, en general, de vivir en un mundo tan
contradictorio. Es imposible que todo sea blanco o negro: la vida está llena de
matices, que a veces incluyen dos extremos muy opuestos de una misma cosa. Ser
capaz de abrazar esa contradicción constante es súper valioso para habitar este
contexto de vida moderna que nos envuelve.
¿Cómo fue para ti el proceso de
componer en inglés siendo nativa en ese idioma y residente en un entorno como
Mallorca? ¿Qué ventajas o desafíos encontraste?
Para mí fue algo que surgió de
manera natural. Es verdad que, aunque hablo inglés de forma nativa y mi
fonética suena completamente británica, tengo más soltura y vocabulario en catalán
o castellano, porque mi vida fuera de casa siempre transcurrió en estos
idiomas.
A medida que he ido avanzando en mi
camino como artista y compositora, he tenido que reconocer que componer en
inglés es una manera de sentirme menos expuesta en un entorno como Mallorca. Al
final, mis canciones hablan de vivencias personales, y cantarlas en inglés hace
que sienta una cierta sensación de cobijo.
Recuerdo que, cuando empecé a
enseñar mis primeras canciones a mis compañeros, ya con el primer grupo que
tuve, incluso vocalizaba mal para que no me entendieran :D. Así que, como
ventaja, está la de sentirme más resguardada.
Y aunque hay mucha población
extranjera en Mallorca, yo me dirijo en mis comunicaciones a un público local y
me expreso normalmente en catalán. Por eso, al final sí se genera una pequeña
barrera y quizá no se llegue tanto al público local.
¿Qué esperas que sienta o
experimente el oyente al escucharte? ¿Cuál es el mensaje, o la emoción, que
quisieras dejar?
Pienso que pueden emocionarse al sentir
el dolor, la incomodidad o esos anhelos conmigo, pero que, a la vez, sientan
paz. Porque se dan cuenta de que no están solos, de que todos habitamos este
mismo mundo y de que lo que me está afectando a mí ahora seguramente también
les ha afectado a ellos, o conocen a alguien a quien le está afectando.
Sobre todo, lo que quiero transmitir
es paz y ese mensaje de que no están solos. Y, aunque pueda parecer un poco
cliché, que se pueden tener conversaciones vulnerables que, en realidad,
fortalecen. Que no hay tanto peso que debamos cargar solos.
Mirando hacia el futuro: ¿qué
sigue para ti después de este EP? ¿Proyectos en marcha, colaboraciones deseadas
o nuevos territorios artísticos que te gustaría?
Como parte de este proceso artístico
que he ido transitando, me he soltado y he empezado a componer en catalán. Es
como si ya estuviera preparada para que también me salieran canciones en este
idioma. Y estas canciones ya las estamos incluyendo en el setlist del
directo.
Así que lo que espero, sobre todo,
es poder conectar con el público. Hay muchísimas ganas de conseguir
oportunidades para compartir el EP y las nuevas canciones en vivo, de hacer
rodar este setlist y de seguir dando forma al proyecto desde el directo. De
hecho, arrancamos con el primer concierto de presentación el 29 de noviembre,
en el Teatro Rafel Ramis de Bunyola (Mallorca), y fue una sesión de 60 minutos
de disfrute total: de conectar y de, por fin, poder ver la forma de estos temas
—y de nosotros como banda— fuera del estudio y sin pantallas de por medio.
Ya a medio plazo, me encantaría
grabar y publicar un segundo EP con estas nuevas composiciones y, tal vez,
alguna versión de música muy especial para mí. Y sacar un disco en formato
físico, incluyendo tanto Yearnings of Modern Life (que, de momento, solo
existe en formato digital) como los nuevos temas.
Y, a largo plazo, me encantaría
poder crecer y llegar a públicos de más territorios: desde las Islas Baleares
hacia Cataluña, Valencia, Madrid y el resto de España. Y, ¿quién sabe? ¿Tal vez
Portugal, Francia, Reino Unido? Pasito a pasito, pero de verdad pienso que son
territorios donde nuestra música funcionaría muy bien.
