BANANI es el proyecto de un músico barcelonés
que se mueve entre el garage, la psicodelia y el indie con personalidad propia
y cero artificios. En El Arte del Terciopelo, su segundo álbum,
transforma lo cotidiano —las relaciones, las noches de ciudad, esos pequeños
momentos de felicidad inesperada— en canciones sinceras, con ironía y sin
rodeos.
En el disco conviven el garage, la psicodelia
sesentera, el indie de los 2000 y el rock alternativo de los 90. ¿Cómo
consigues que todas esas referencias dialoguen entre sí sin que se diluya tu
propia voz?
La fórmula está en los discos que me
inspiran, aunque no suelo pensar en estilos o referencias cuando compongo; aun
así, es inevitable que la música que consumo se plasme. Mi tono de voz puede
incluso desentonar con el estilo. La gracia está en mezclar todo eso, pero sin
demasiadas pretensiones.
Has dicho que este álbum es, ante todo, un
espacio de juego. ¿En qué punto sentiste que podías soltarte del todo y hacer
un disco sin filtros, sin esa “vergüenza” que a veces frena?
Justo cuando empecé a escribir la letra de
«El Peinado de Dios». Esa canción tiene la letra más descarada que he escrito
nunca. También hay otras letras con esa misma falta de vergüenza. En algunas
canciones camuflo mensajes que a muy poca gente he explicado.
Aunque es un trabajo muy personal, muchas
canciones miran más hacia fuera que hacia dentro. ¿Te resulta más natural
contar lo que observas en los demás que hablar abiertamente de ti?
Sí, me cuesta plasmar lo que me pasa, aunque
reconozco que en este disco me he abierto un poco más que en los anteriores. En
los próximos no descarto abrirme aún más. Y cuando lleve cuatro o cinco discos,
quizá ya nadie escuche a Banani porque pensarán que necesito ayuda. Así que
igual sigo contando lo que observo.
En temas como «Ego» o «Písame» aparecen
relaciones marcadas por el poder, la admiración o incluso la sumisión. ¿Dirías
que esas tensiones forman parte del ADN de nuestra generación?
Somos una generación que va un poco a rebufo
de la de nuestros padres. Admiras al resto y, cuando ya lo has admirado
suficiente, a veces esa misma persona termina pisándote. ¿No os pasa?
Aunque, bueno, tampoco es tan grave: en
realidad, vale la pena observar cómo la gente narcisista no vale tanto como
cree. Tuve una época en la que me quemaba el pecho cuando salía de fiesta. No
recuerdo por qué lo hacía.
Canciones como «Los mejores días del año» o
«No dejes de jugar» invitan a vivir con más
ligereza y conciencia. ¿Esa mirada nace de una convicción profunda o de lo que
has aprendido a base de tropiezos?
Me he caído muchas veces, aunque me considero
un afortunado. Así que la gran mayoría son caídas sutiles que te ponen en tu
sitio. Creo que ambas canciones me hacen reflexionar y decir: «Qué bien estamos
cuando estamos bien».
«No dejes de jugar» es mi canción preferida
del disco, y aprovecho esta entrevista para deciros que me habría encantado que
saliera como tercer single. Eso no ha pasado. Ahora me siento un poco mejor.
Gracias.
También hay espacio para el humor afilado y
la crítica, como en «Peinado de Dios» o «Equipo ganador». ¿Qué lugar ocupa el
sarcasmo en tu manera de mirar el mundo y de hacer canciones?
Es un de los motivos principales en este
disco. Jugar con la ironía y la metáfora. En «Equipo Ganador» hay varios
mensajes ocultos. «En Peinado de Dios» no hay ningún mensaje oculto.
En «Del Apolo al Psycho» asoma cierta
nostalgia por la noche barcelonesa. Los viejos y buenos tiempos… Cuando piensas
en eso, ¿crees que lo que ha cambiado es la ciudad… o somos nosotros?
La ciudad cambia constantemente. Si vais del
Apolo al Psycho, veréis que hay un agujero de diez metros en la calle Vila i
Vilà, que espero que pronto cierren, porque, si no, igual acaban montando más
bares para expats en ese socavón.
Nosotros nos adaptamos a las épocas. Ir del
Apolo al Psycho es un acto de costumbrismo que cualquier amante del rock debe
vivir, y espero que eso nunca cambie.
Este es tu primer trabajo junto a Magic in
the Air. ¿Qué ha supuesto esa colaboración en el proceso y en el sonido final
del disco? Y cuando alguien le dé al play por primera vez, ¿qué te
gustaría que se llevara de esa escucha?
Magic in the Air es uno de los grandes
aciertos de este disco. Los considero familia. Me siento muy apoyado por este
sello, y eso se refleja en la forma de trabajar el disco.
En cuanto le deis al play, espero que lo disfrutéis tanto como yo he disfrutado grabándolo. Pero, sobre todo, dejad de beber agua del grifo.
