miércoles, marzo 18, 2026

ENTREVISTA A BANANI: «EL ARTE DE TERCIOPELO» (MAGIC IN THE AIR, 2026) — BARES, EGOS Y CANCIONES SIN FILTROS

BANANI es el proyecto de un músico barcelonés que se mueve entre el garage, la psicodelia y el indie con personalidad propia y cero artificios. En El Arte del Terciopelo, su segundo álbum, transforma lo cotidiano —las relaciones, las noches de ciudad, esos pequeños momentos de felicidad inesperada— en canciones sinceras, con ironía y sin rodeos.

En el disco conviven el garage, la psicodelia sesentera, el indie de los 2000 y el rock alternativo de los 90. ¿Cómo consigues que todas esas referencias dialoguen entre sí sin que se diluya tu propia voz?

La fórmula está en los discos que me inspiran, aunque no suelo pensar en estilos o referencias cuando compongo; aun así, es inevitable que la música que consumo se plasme. Mi tono de voz puede incluso desentonar con el estilo. La gracia está en mezclar todo eso, pero sin demasiadas pretensiones.

Has dicho que este álbum es, ante todo, un espacio de juego. ¿En qué punto sentiste que podías soltarte del todo y hacer un disco sin filtros, sin esa “vergüenza” que a veces frena?

Justo cuando empecé a escribir la letra de «El Peinado de Dios». Esa canción tiene la letra más descarada que he escrito nunca. También hay otras letras con esa misma falta de vergüenza. En algunas canciones camuflo mensajes que a muy poca gente he explicado.

Aunque es un trabajo muy personal, muchas canciones miran más hacia fuera que hacia dentro. ¿Te resulta más natural contar lo que observas en los demás que hablar abiertamente de ti?

Sí, me cuesta plasmar lo que me pasa, aunque reconozco que en este disco me he abierto un poco más que en los anteriores. En los próximos no descarto abrirme aún más. Y cuando lleve cuatro o cinco discos, quizá ya nadie escuche a Banani porque pensarán que necesito ayuda. Así que igual sigo contando lo que observo.

En temas como «Ego» o «Písame» aparecen relaciones marcadas por el poder, la admiración o incluso la sumisión. ¿Dirías que esas tensiones forman parte del ADN de nuestra generación?

Somos una generación que va un poco a rebufo de la de nuestros padres. Admiras al resto y, cuando ya lo has admirado suficiente, a veces esa misma persona termina pisándote. ¿No os pasa?

Aunque, bueno, tampoco es tan grave: en realidad, vale la pena observar cómo la gente narcisista no vale tanto como cree. Tuve una época en la que me quemaba el pecho cuando salía de fiesta. No recuerdo por qué lo hacía.

Canciones como «Los mejores días del año» o «No dejes de jugar» invitan a vivir con más ligereza y conciencia. ¿Esa mirada nace de una convicción profunda o de lo que has aprendido a base de tropiezos?

Me he caído muchas veces, aunque me considero un afortunado. Así que la gran mayoría son caídas sutiles que te ponen en tu sitio. Creo que ambas canciones me hacen reflexionar y decir: «Qué bien estamos cuando estamos bien».

«No dejes de jugar» es mi canción preferida del disco, y aprovecho esta entrevista para deciros que me habría encantado que saliera como tercer single. Eso no ha pasado. Ahora me siento un poco mejor. Gracias.

También hay espacio para el humor afilado y la crítica, como en «Peinado de Dios» o «Equipo ganador». ¿Qué lugar ocupa el sarcasmo en tu manera de mirar el mundo y de hacer canciones?

Es un de los motivos principales en este disco. Jugar con la ironía y la metáfora. En «Equipo Ganador» hay varios mensajes ocultos. «En Peinado de Dios» no hay ningún mensaje oculto.

En «Del Apolo al Psycho» asoma cierta nostalgia por la noche barcelonesa. Los viejos y buenos tiempos… Cuando piensas en eso, ¿crees que lo que ha cambiado es la ciudad… o somos nosotros?

La ciudad cambia constantemente. Si vais del Apolo al Psycho, veréis que hay un agujero de diez metros en la calle Vila i Vilà, que espero que pronto cierren, porque, si no, igual acaban montando más bares para expats en ese socavón.

Nosotros nos adaptamos a las épocas. Ir del Apolo al Psycho es un acto de costumbrismo que cualquier amante del rock debe vivir, y espero que eso nunca cambie.

Este es tu primer trabajo junto a Magic in the Air. ¿Qué ha supuesto esa colaboración en el proceso y en el sonido final del disco? Y cuando alguien le dé al play por primera vez, ¿qué te gustaría que se llevara de esa escucha?

Magic in the Air es uno de los grandes aciertos de este disco. Los considero familia. Me siento muy apoyado por este sello, y eso se refleja en la forma de trabajar el disco.

En cuanto le deis al play, espero que lo disfrutéis tanto como yo he disfrutado grabándolo. Pero, sobre todo, dejad de beber agua del grifo.