jueves, 30 de marzo de 2017

CONAN DE CIMMERIA VOLUMEN 1 (1932-1933) SEXTA PARTE


De Montour estaba de pie, con las piernas en tensión, los brazos echados hacia atrás y los puños cerrados. Los músculos se marcaban bajo la piel y sus ojos se agrandaban y cerraban sucesivamente; las venas le palpitaban visiblemente sobre la frente, como si estuviera realizando un enorme esfuerzo físico. Mientras lo observaba, y para mi horror, ¡una informe e indescriptible cosa apareció de la nada y adquirió una vaga forma!
Cabeza de lobo

  
Después de vender Cabeza de lobo (portada de Weird Tales, abril 1926), Howard escribió La raza perdida (Weird Tales, enero 1927), un cuento prehistórico al estilo de Lanza y Colmillo, y La hiena (Weird Tales, marzo 1928). Al igual que las anteriores historias publicadas en la mítica revista, estas revelan a un escritor principiante que lucha por encontrar un estilo propio. Durante el año académico de 1926-27, el texano participó en el periódico escolar de Howard Payne, The Yellow Jacket, con piezas cortas con toques de comedia como Cupido contra Pólux. Después de recibir su diploma de contabilidad regresó a Cross Plains: tenía un año por delante para labrarse un futuro como novelista.

El trabajo de aquel otoño fue exitoso: Farnsworth Wright había aceptado El sueño de la serpiente (Weird Tales, febrero 1928) y El reino de las sombras (Weird Tales, agosto 1929) y una serie de poemas. Howard intentó abrir brecha en otros mercados que pagaran ipso facto, no cuando apareciera el relato publicado, y envió cuentos a revistas como Adventure Magazine, Argosy y Blue Book, sin éxito. La historia Sombras rojas después de ser rechazada por Argosy, fue vendida a Weird Tales por ochenta dólares y ocupó la portada del número de agosto de 1928.

Sombras rojas inició la saga de una de las creaciones más populares del texano: el espadachín Solomon Kane, un antihéroe sombrío y riguroso, azote de los pecadores, que recorre misteriosas regiones impartiendo justicia a golpe de espada. La mayoría de las historias del puritano están ambientadas en una África fantástica poblada por caníbales, magia negra, junglas, esclavistas, imperios en decadencia y criaturas sobrenaturales. Kane —anchos hombros, enlutado de la cabeza a los pies, fibroso como un lobo, de rostro severo y circunspecto— resulta atípico en el universo de héroes primitivos, ciclópeos y musculosos del autor. Entre 1928 y 1931, Howard escribió nueve historias y tres poemas sobre el personaje. Como curiosidad, cabe destacar Espadas de la hermandad —un relato de capa y espada carente de elementos sobrenaturales que no logró vender a Argosy ni a Adventure— que ha sido injustamente despreciado por los estudiosos durante décadas. La historia sería reescrita en 1968 por otro autor que añadió un monstruo acuático completamente prescindible, destrozando la obra original con su ínfimo talento. Por desgracia, este sería el destino de la mayoría de los relatos del texano. En España, Espadas de la hermandad fue suprimido de la edición de Valdemar y reemplazado por La sombra del buitre, un cuento histórico que nada tiene que ver con el puritano. Espero que el paso del tiempo haga justicia a esta historia y la coloque en el lugar que merece por derecho propio.    

Durante la primavera de 1928, mientras escribía su novela autobiográfica Post Oaks and Sand Roughs y el western Oro español en Devil Horse (ambas obras tardarían décadas en ver la luz), influenciado por Lord Dussany, Lewis Spence y Edgard Rice Burroughs, Howard presentó a Kull, otra de sus grandes creaciones literarias, preludio del cimmerio que lo llevaría a la fama. Kull es un bárbaro del mítico y salvaje continente de Atlantis que logra por sus propios medios coronarse rey de Valusia, la nación más poderosa y sofisticada del Mundo Thurio. De las ocho historias terminadas sobre el atlante, Howard solo logró publicar dos en vida; enviarlas todas juntas a Weird Tales resultó un error de cálculo. Wright eligió aquellas que más le gustaron y desestimó el resto. Los tres cuentos restantes que no llegó a completar, como de costumbre, fueron finiquitados por otros autores. El texano había demostrado a su padre que podía ganarse la vida como escritor profesional: jamás se molestó en volver a buscar trabajo. 

VILLANOS EN LA CASA (WEIRD TALES, ENERO DE 1934)

Otro carcelero ocupó su lugar. Era un individuo imperturbable y digno de confianza, al que ninguna clase de soborno podía apartar de su deber. Carecía de imaginación, pero tenía una idea muy elevada de la importancia de su puesto. Después de que Athicus desapareciera para ser acusado formalmente ante el magistrado, este carcelero hacía las rondas por las celdas de manera rutinaria. 

Al pasar delante de la de Conan, se sintió indignado y ultrajado al ver que el prisionero estaba libre de sus cadenas royendo los últimos trozos de carne de un enorme hueso. El carcelero estaba tan disgustado que cometió el error de entrar solo en la celda, sin llamar a los demás guardias. Fue su primera equivocación en el cumplimiento del deber... y la última. Conan le partió la cabeza, con el hueso, le quitó el puñal, cogió las llaves y salió de allí con toda tranquilidad. Tal como Murilo había dicho, había un solo guardia de servicio allí por la noche. El cimmerio atravesó los muros de la prisión valiéndose de las llaves que acababa de robar y luego salió a la calle tan libre como si el plan de Murilo hubiera sido un éxito.

Escrito a principios de enero de 1933, Villanos en la casa apareció publicado un año más tarde en las páginas de Weird Tales. La historia nos devuelve a la época de ladrón del bárbaro que, a diferencia del Conan de El dios del cuenco, ha ganado en experiencia. Nos encontramos con Murilo, un noble que contrata los servicios del cimmerio —que se encuentra en prisión por una disputa tabernaria— para que elimine a Nabonidus, sacerdote del rey, enemigo que pretende acabar con su vida para dominar la ciudad. Este accede a liberarlo pero, por una serie de avatares, Conan consigue escapar por sus propios medios y, sintiéndose en deuda con el aristócrata, decide terminar el trabajo.

La vivienda del Sacerdote Rojo resulta ser una trampa mortal para los visitantes no deseados:

Lo que parecía ser un disco de plata era en realidad un enorme espejo colocado en la pared. Un complejo sistema de tubos de cobre sobresalían de la pared que estaba encima del disco y se inclinaba hacia abajo en ángulo recto. Al mirar esos tubos, Murilo vio un increíble conjunto de espejos más pequeños. Observó con atención el de mayor tamaño y lanzó una exclamación de asombro. Conan, que miraba por encima de su hombro, emitió un gruñido. Parecían estar mirando a través de una ventana hacia el interior de una habitación bien iluminada. En las paredes había grandes espejos y entre uno y otro se veían tapices de terciopelo; también había lechos de seda, sillas de ébano y marfil y puertas cubiertas de cortinas que daban a las otras habitaciones. Delante de una puerta desprovista de cortinas había una enorme figura negra sentada que contrastaba grotescamente con la opulencia de la habitación.

Villanos en la casa constituye un soplo de aire fresco entre las rutinarias historias narradas entre los meses de octubre de 1932 y enero de 1933 y es uno de los mejores relatos de la juventud del cimmerio, tan solo un peldaño por debajo de La torre del elefante.

EL VALLE DE LAS MUJERES PERDIDAS (MAGAZINE OF HORROR, 1967)

El cimmerio se sacudió el sudor y la sangre que le cubrían el rostro, envainó la espada y dijo:
—Levántate. Reconozco que mi trato no era limpio. No siento ningún remordimiento por lo que le hice a aquel perro negro de Bajujh, pero tú no eres una muchacha que se pueda comprar o vender. Las costumbres de los hombres varían de un lugar a otro, pero no hay que comportarse como un cerdo. Después de haber recapacitado, comprendí que obligarte a cumplir tu promesa sería lo mismo que forzarte. Además, no eres lo suficientemente fuerte como para vivir en estas tierras. Eres una mujer de ciudad, de libros y de costumbres civilizadas; no es culpa tuya, pero seguramente morirías en seguida en este ambiente. Y de nada me serviría una muchacha muerta. Ven, te llevaré hasta la frontera de Estigia. Desde allí podrás regresar a tu hogar, en Ofir

Durante 1932, Howard había publicado El horror del montículo, El hombre en el suelo y El corazón de viejo Garfield; relatos que mezclaban lo sobrenatural con el ambiente propio de la región. Inspirado en el folclore y las historias del Oeste, El Valle de las mujeres perdidas fue el primer intento (fallido) del texano por incluir el western en la Era Hiboria. Livia, una joven aristócrata capturada por una tribu de los Reinos Negros, va a ser ofrecida al cimmerio como esclava. Durante una cena homenaje a su persona por parte de los Bakalah, este recibe una oferta de la prisionera: podrá disponer de ella a su antojo siempre que extermine al hombre que mató a su hermano. Nuevamente, nos encontramos con un bárbaro que, a pesar de su caballerosidad con el sexo opuesto, no siente remordimiento a la hora de pagar a sus rivales con la misma moneda que estos pretenden tratarlo a él.   

Después de una noche de celebración, aprovechando la borrachera de los guardias de Bajujh, Conan ordena pasar a cuchillo a sus adversarios para no ser traicionado por los mismos en un futuro. La muchacha, al verlo aproximarse chorreando sangre con la cabeza del asesino de su hermano en el puño, temiendo ser violada, escapa completamente desnuda a lomos de un caballo. Su huída la conduce a un misterioso valle gobernado por mujeres de piel bronceada que deciden sacrificarla a una horrenda criatura venida de otro mundo a la que adoran.

Este relato, al igual que La hija del gigante helado y El dios del cuenco, quedó inédito durante muchos años. Considerada la historia más débil de la saga (y con razón) marca la primera pausa que Howard tomaría del personaje desde su creación a mediados de 1932. Este tardaría seis meses en volver a escribir sobre el bárbaro, mientras tanto se centraría en los cuentos humorísticos del Oeste americano protagonizados por Breckinridge Ellis, las historias de boxeo de Steve Costigan/Dennis Dorgan, los relatos policiacos de Steve Harrison y las aventuras orientales del pistolero Francis Xavier Gordon.

EL DIABLO DE HIERRO (WEIRD TALES, AGOSTO DE 1934)

… Luchó con las piernas apoyadas firmemente en el suelo, sintiendo que sus costillas se hundían y que su vista se nublaba, mientras que la cimitarra centelleaba sobre su cabeza. Entonces, con un movimiento rápido, cortó escamas, anillos, carne y vértebras. Y allí donde hacía unos segundos había habido una gruesa soga que se retorcía en una lucha feroz, había ahora dos cuerdas que se agitaban con estertores de muerte. Conan se apartó del animal cortado en dos. Estaba mareado y asqueado. La sangre manaba de su nariz en abundancia. Tanteando en medio de la oscura bruma, tomó a Octavia por los hombros y la sacudió, hasta que la joven abrió la boca para respirar.
—La próxima vez que te diga que te quedes en algún lugar, ¡obedece! —dijo Conan.

El diablo de hierro, vendido por 115 dólares a Weird Tales, resulta una extensión de Sombras de hierro a la luz de la luna. En la historia encontramos la resurrección de un antiguo nigromante, una ciudad creada por la magia, una bella muchacha en apuros y una conjura para eliminar al protagonista. Aunque el relato es una obra bien escrita, carece de la frescura y originalidad de las primeras historias del cimmerio. Esta (al igual que El coloso negro y la futura La hora del dragón) comienza con el despertar de un demonio del mundo antiguo que lleva dormido desde tiempos inmemoriales. El jefe de los kozakos es atraído a la isla de Xapur por sus enemigos gracias a un cebo irresistible: una joven bailarina (a la que han permitido escapar) que Conan desea poseer. Una vez en la isla, se encuentra con una urbe reconstruida gracias a la brujería:

Conan se quedó inmóvil, como paralizado, durante un largo rato, porque tenía ante sí algo que le hizo pensar que se había vuelto loco. No dudaba de su vista ni de su razón, pero allí estaba ocurriendo algo monstruoso. Hacía menos de un mes, entre aquellos mismos árboles, sólo habían ruinas. ¿Qué manos humanas habían sido capaces de construir aquella enorme estructura de piedra, que ahora contemplaban sus ojos, en las pocas semanas que habían transcurrido? 

Antes de encontrar a Livia, el bárbaro descubre que los habitantes de la ciudad (como en Xuthal del crepúsculo) permanecen en un estado perenne de ensueño, narcotizados. A Conan no le queda más remedio que enfrentarse al diablo que gobierna la isla, a los individuos que pretenden matarle y salvar a la joven. El diablo de hierro consiguió la portada de aquel mes y marca el final de la primera etapa del personaje.


En enero de 1934, Howard recibió una carta de rechazo del editor británico Denis Archer sobre la selección de relatos que había enviado en mayo del año anterior. Este le sugirió que lo intentara con una novela larga. Aquel fue el primer paso que le impulsaría a narrar una de sus mejores obras: La hora del dragón.