Mostrando entradas con la etiqueta Drugstore Magazine. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Drugstore Magazine. Mostrar todas las entradas

lunes, septiembre 18, 2017

GARY NUMAN: "SAVAGE (SONGS FROM A BROKEN WORLD)"



Ambientado en un mundo postapocalíptico destruido por el calentamiento global, Savage (Songs From A Broken World) (BMG, 2017), de Gary Numan, recuerda en concepto al lejano Warriors (Beggars Banquet, 1983) pero con una estética que en vez de beber de Mad Max, se inspira en Dune de Frank Herbert. Según declaraciones oficiales del propio Numan, las letras del disco están basadas en una novela de Ciencia Ficción de corte distópico que nunca llegó a finalizar.

“Ghost Nation” abre el disco con polvo, sintetizadores, una base rítmica pesada, un estribillo demoledor perfecto para corear en los conciertos y la imagen de los supervivientes del holocausto luchando por sobrevivir entre las ruinas azotadas por implacables tormentas de arena.

“Bed Of Thorns” —aparecida en versión demo en la banda sonora de Ghost In Shell— cuenta con trenzados arábigos, coros femeninos y colchones de sintetizadores. La espléndida “My Name Is Ruin” es uno de los mejores sencillos que ha publicado Gary Numan a lo largo de su dilatada andadura discográfica. Estupendas guitarras y un tempo avasallador. En el videoclip de ambientación futurista destaca la presencia y los coros de su hija Persia. Uno de los momentos más esperados de la gira actual es cuando la joven sube al escenario para acompañar a su padre en las voces. Un tema a la altura de caballos de batalla como “Metal”, "I'm An Agent", “Down In The Park”, la emblemática “Cars”, "Films" o “Are "Friends" Electric?”.  

“The Ends Of Things” comienza con tranquilidad, cuerdas y un coro épico en el que la canción demuestra todo su potencial. “And It All Began With You” es una balada en la que la voz asume el protagonismo absoluto. La forma de cantar del británico recuerda a “Wicked Game” de Chris Isaak. Posee un precioso trabajo en los teclados y una letra conmovedora que trata sobre el temor de perder al ser amado, probablemente inspirada en su esposa.

Llegados al ecuador del álbum, cabe enfatizar el sonido limpio, atmosférico y cristalino cortesía de Ade Fenton, mano derecha de Numan desde mediados de la década pasada, con el que ha grabado algunas de la piezas más notables de su carrera. A diferencia de los ochenta, cuando producía sus propios álbumes, el británico ha encontrado a una persona de confianza en la que puede delegar tal responsabilidad.    

“When The World Comes Apart” destaca por su melodía potente, furiosa y bailable en la que la electrónica y las guitarras encajan a la perfección. “Mercy” es la pieza que más debe a Nine Inch Nails: un medio tiempo puramente industrial que da paso a “What Good Intented” (segundo single), una amarga balada de letra melancólica en la que los sintetizadores llevan el peso del tema.

“Pray For The Pain You Serve”, la canción más rápida del álbum, nos prepara para la despedida: “Broken” es otro tema con influencias arábigas con una imaginativa introducción y un gran trabajo en los teclados que sirve para cerrar un disco sin fisuras. La voz de Numan es un instrumento más durante todo el elepé; se adapta a la perfección con su timbre cálido y maduro.

Savage (Songs From A Broken World) continúa la estela del notable Splinter (Songs From A Broken Mind) (Cooking Vinyl, 2013) llegando a superarlo en muchas ocasiones. El elepé ha sido un éxito de público y crítica, alcanzando el Nº2 en los charts su posición más alta desde Telekon (Beggars Banquet, 1980) británicos. Numan ha aunado los sintetizadores de su sonido clásico con la música que realiza en la actualidad para satisfacer a sus incondicionales. El estilo oscuro, taciturno y ominoso que lo caracteriza continúa inalterable. Todo un logro después de una carrera tan larga.



jueves, mayo 26, 2016

“EL DIARIO DEL RON”, DE HUNTER S. THOMPSON


Por mucho que deseara con vehemencia todas aquellas cosas para las cuales se necesita dinero, había una especie de corriente diabólica que me empujaba en otra dirección…, hacia la anarquía y la pobreza y la locura. Hacia ese delirio enloquecedor que sostiene que un hombre puede llevar una vida decente sin alquilarse a sí mismo como un mercenario.

Hunter S. Thompson

Puerto Rico, finales de los años cincuenta. Paul Kemp (álter ego de Hunter S. Thompson) abandona Nueva York con destino a San Juan para trabajar en un periodicucho en estado de quiebra. Recién cumplidos los treinta, el protagonista es un experimentado buscavidas con un pie en el abismo, entre la fina línea que separa la genialidad de la autodestrucción.

La novela transcurre en una interminable bacanal de borracheras, zozobra, sexo, fiestas, peleas y disputas con la policía. Rodeado por una serie de personajes —perdedores, macarras, gacetilleros de tres al cuarto, radicales obsesionados con reventar el sistema y alcohólicos empedernidos— que sueñan con salir del punto muerto en el que se encuentran sus existencias pero son demasiado apáticos para tomar alguna decisión al respecto, Kemp intenta mantener sus principios y no dejarse comprar por los poderosos. La plantilla del Daily News no tiene desperdicio: fotógrafos, correctores, jefes de sección, reporteros y corresponsables que esperan encontrar la gran oportunidad que los eleve del mísero estado profesional en el que se encuentran hasta los grandes ámbitos del mundo periodístico. Mientras tanto, el diario está en la cuerda floja, azotado por una serie de antiguos empleados que se manifiestan en sus mismas puertas por falta de cobro. El director, aunque es consciente que su propia plantilla lo desprecia y que todos sus esfuerzos están condenados al fracaso, hace lo imposible por mantener su negocio a flote. Huelga decir que ninguno de sus empleados hará nada por auxiliarle; la gente no desea ensuciarse las manos cuando el naufragio es inevitable. 

Nos encontramos con ambiciosos inversores, arquitectos, asesores y magnates —que llevan trajes de marca, viven en chalets de lujo, conducen grandes deportivos, pescan en yates y toman cócteles de gambas y ginebra helada antes del almuerzo— que desean enriquecerse gracias a la construcción de grandes cadenas hoteleras aunque ello conlleve destruir el entorno paradisíaco de la isla. Bañado por un sol perpetuo, el olor salado del océano y el calor asfixiante propio del verano caribeño, entre casinos, urbanizaciones y centros comerciales que desentonan con las casuchas pobres y los barrios marginales en los que habitan los nativos de la zona, el protagonista deambula de un lugar a otro en una nebulosa alcohólica perpetua, peleas de gallos, hastío existencial y terribles resacas que bordean la paranoia. ¿Cómo no sentirse tentado en trabajar para estos individuos depravados a cambio de efectivo que permita un descapotable, alquilar un apartamento con sábanas limpias, ventilador, la nevera llena de comida y numerosas botellas de ron?

Cabe destacar la frustrada relación con una mujer errónea que se encuentra tan al límite como el resto de los personajes de la obra. Existe el binomio salvación/perdición por parte del personaje femenino, aquella que con unas cuantas copas encima no duda en bailar desnuda entre musculosos portorriqueños para terminar la noche en una orgía desenfrenada. Aunque sus actos la conduzcan a la ruina, utiliza sus poderes de seducción para salir de cualquier atolladero y no tiene escrúpulos en dejar atrás a aquellos que la mantienen cuando encuentra una alternativa más satisfactoria acorde a sus necesidades.

El diario del ron (Simon & Schuster, 1998) tardó casi cuarenta años en ser editado. Johnny Depp, gran amigo de Thompson, después de encontrar el manuscrito mientras revisaba sus papeles, lo convenció para publicarlo con un mínimo de correcciones. De hecho, este no dudó en producir y protagonizar una película basada en la novela que salió al mercado pocos años después del suicidio del padre del Periodismo Gonzo. Como obra escrita durante su juventud, revela el gran talento que el autor demostraría de sobra durante toda su carrera. Thompson, a diferencia de muchos escritores actuales, nunca escribió para un público mayoritario sino para una selecta minoría capaz de valorar su estilo crudo, anárquico y visceral. Todo un logro en un mundo laminado por las apariencias, la uniformidad de pensamiento, los clichés literarios y la necesidad de imitar el estilo de los pusilánimes para ser aceptado. Puede que por ello el libro fuese desestimado por las editoriales de la época. Por suerte, el tiempo le ha dado la oportunidad que merecía.