La
llegada del Britpop
El
Britpop transformó por completo la escena musical del Reino Unido. Fue la
última gran explosión cultural británica: guitarras, actitud e himnos que
definieron toda una época.
En
comparación, el shoegaze era demasiado underground, demasiado introspectivo,
poco apto para las masas. Resultaba imposible competir contra aquel fenómeno o,
desde el otro lado del Atlántico, contra la explosión comercial del grunge.
Grupos
como The Boo Radleys, Blur, The Verve o Lush —que en un principio comenzaron
grabando música inspirada en el género— mutaron hacia un estilo más accesible y
luminoso.
El
shoegaze tuvo más éxito de crítica que de ventas. Jamás terminó de cuajar en
las listas y le costó décadas ser valorado en su justa medida.
El
shoegaze nunca desapareció
En
un ejercicio que mezcla nostalgia y reivindicación cultural, el movimiento ha
logrado mantenerse vivo gracias tanto a los arquitectos sonoros que continúan
sobre los escenarios —My Bloody Valentine, Chapterhouse o The House of Love—
como a bandas clásicas que siguen publicando nuevos trabajos: Slowdive, Ride,
Swervedriver, The Boo Radleys, Drop Nineteens, The Jesus and Mary Chain y The
Telescopes. Algo que habría parecido impensable a finales de los noventa,
cuando el shoegaze desapareció con más pena que gloria, sepultado por el auge
del Britpop y los cambios de tendencia dentro de la industria musical.
Herederos del shoegaze
Combos como The Twilight Sad, DIIV, Alvvays, Nothing,
A Place To Bury Strangers, Beach House o The Pains of Being Pure at Heart han
recogido el testigo del shoegaze y lo han llevado al siglo XXI. Algunas
acercándolo al post-punk, otras al dream pop o al noise rock, pero todas
manteniendo intacta la idea original: convertir el sentimiento, la melancolía y
la distorsión en algo casi físico.
Conclusión
Tres
décadas después de su nacimiento, el shoegaze vive una segunda juventud. Lo que
durante años fue considerado un género minoritario y condenado al culto, hoy
disfruta del reconocimiento que siempre mereció. Las viejas glorias han
regresado, nuevas bandas continúan recogiendo el testigo y toda una generación
ha descubierto aquellas guitarras infinitas, la melancolía y el ruido que
definieron el movimiento. Contra todo pronóstico, el shoegaze está más vivo que
nunca.
Discos imprescindibles
Blur — Leisure (Food Records, 1991)
Catherine Wheel — Ferment (Fontana Records, 1992)
Chapterhouse — Whirlpool (Dedicated Records, 1991)
Cocteau Twins — Heaven or Las Vegas (4AD, 1990)
Curve — Doppelgänger (Anxious Records, 1992)
Drop Nineteens — Delaware (Caroline Records, 1992)
Galaxie 500 — On Fire (Rough Trade, 1989)
Lush — Spooky (4AD, 1992)
My Bloody Valentine — Loveless (Creation Records,
1991)
Pale Saints — The Comforts of Madness (4AD, 1990)
Ride — Nowhere (Creation Records, 1990)
Slowdive — Souvlaki (Creation Records, 1993)
Spacemen 3 — Playing with Fire (Fire Records, 1989)
Swervedriver — Raise (Creation Records, 1991)
The Boo Radleys — Giant Steps (Creation Records, 1993)
The House of Love — The House of Love (Fontana
Records, 1990)
The Jesus and Mary Chain — Psychocandy (Blanco y Negro
Records, 1985)
The Telescopes — Taste (What Goes On Records, 1989)
The Verve — A Storm in Heaven (Hut Records, 1993)
Menciones honoríficas:
Adorable — Against Perfection (Creation Records, 1993)
Bowery Electric — Bowery Electric (Kranky, 1995)
Cranes
— Forever (Dedicated Records, 1993)
Mojave 3 — Ask Me Tomorrow (4AD, 1995)
