jueves, mayo 07, 2026

RELATO «ALBATROS», PUBLICADO EN REVISTA BLASTER

Por distraerse, a veces, suelen los marineros

dar caza a los albatros, grandes aves de mar,

que siguen, indolentes compañeros de viaje,

al navío surcando los amargos abismos.

Charles Baudelaire


La corriente helada cruzaba los árboles mientras el cuerpo se deslizaba, boca abajo, entre las aguas. Imponente, el viento soplaba en dirección al océano y mecía los pliegues del vestido. Las hojas de los avellanos, marchitas por la llegada del otoño, la acompañaban hacia el abismo, velando sus sueños.

A lo lejos, las estrellas brillaban, perdidas en el infinito, con tranquila resignación.

Recuerdas el rostro pálido: las flores muertas flotando alrededor de los miembros, los párpados apagados, los colores que se arremolinaban en los brazos —negro, verde, púrpura, amarillo—.

Poco a poco, la joven pasó las lomas achaparradas y descendió hacia la desembocadura del Támesis. Las colinas, perladas de estío, le dieron la despedida, y los primeros peces comenzaron un voraz ceremonial, atraídos por la sangre que escapaba de las heridas: surcos carmesíes que cruzaban las muñecas de derecha a izquierda.

No podía tener más de dieciséis años. Los rasgos aún conservaban la inocencia, la bondad que sólo los niños poseen.

Recuerdas los cabellos oscuros, la frente amplia y despejada, los ojos verdes, los labios abiertos en un último grito que nadie escuchó.

Lentamente, la lluvia cubrió la tierra, ocultó el sonido de los albatros que recorrían los cielos en busca de un nuevo amanecer y golpeó los charcos donde yacía, sin posibilidad de escapar.

El alma se pudriría entre los bajíos; las rosas que adornaban el pelo desaparecerían, y el salitre se alimentaría de los restos.

Y te preguntas si algún día los marineros contarían historias sobre aquella muchacha cuando encontraran el cadáver flotando sobre las olas. ¿Quién recordaría aquel rostro cuando pasaran las décadas?

Los barcos que navegaran por océanos sin nombre no podrían dar marcha atrás, retroceder en el tiempo y recobrar las esperanzas destrozadas.

Entonces, el amanecer cubrió el horizonte, las nubes enrojecieron, la brisa marina lamió la punta de las olas, y el traje de novia se desvaneció para siempre en la espuma.