Muyaio combina música, inteligencia artificial y ahora también comedia. En su nuevo EP, Scroll Infinito, tira de pop alternativo e ironía para hablar, sin dramas, de cómo nos llevamos con la tecnología y los algoritmos.
Ocho preguntas para Muyaio:
Acabas
de sacar Scroll Infinito. ¿Cómo lo describirías? ¿Qué crees que lo hace
diferente?
Dos
años de trabajo, de reconstrucción personal y de darle muchas vueltas a las
letras. Es una pequeña ventana a lo cotidiano que nos pasa a todos, sobre todo
con un móvil en la mano. ¿Qué lo hace diferente de mi música anterior? Que
tiene un marcado carácter cómico. Antes hacía canciones más irónicas, otras más
reflexivas y otras más bailables, y aquí decidí centrarme en una de esas
facetas y llevarla hasta el final. Tan al final, que no solo son canciones,
sino también parte de un monólogo de stand-up. ¿Y qué lo hace diferente del
resto? Creo que es esa unión entre lo alternativo y lo cómico. No soy el único que
lo hace, pero es una línea muy fina y difícil de transitar.
Al
final, ¿qué dirías que aporta este proyecto: es más para entretener, para hacer
pensar… o ese punto de ansiedad digital que compartimos todos?
Todo
el mundo sabe —y ha sentido en sus carnes— lo que es el ghosting, el FOMO o el
stalking. Es como un cuadro costumbrista: entretiene, pero también busca la
reflexión desde la risa y no desde el sermón. Aquí las conclusiones las saca el
oyente; yo solo me retrato a mí mismo.
En
el EP hablas bastante de cómo nos relacionamos con la tecnología. ¿En qué
momento dejamos de usar el móvil y empezó él a llevarnos a nosotros?
Como
digo en el monólogo, si por mí fuera cogería un DeLorean, un condensador de
fluzo y me plantaría en 1997 para evitar el acontecimiento que lo cambió todo:
Clippy. No, en serio, creo que el momento determinante fue el iPhone 3G, cuando
empezamos a tener datos en el móvil, a comunicarnos por WhatsApp en lugar de
llamarnos y a hacer fotos con filtros raros.
Si
un algoritmo de recomendación te analizara como artista, ¿crees que te
incluiría en su lista o te mandaría a “algo similar, pero mejor”?
Depende
de cómo esté hecho ese algoritmo: si se basa solo en la gente que me ha
escuchado, como la mayoría, o si realmente analiza el contenido de la música.
En el primer caso, solo me incluiría en sus listas si tuviera suficientes
oyentes; si no, pasaría de mí, hiciera la música que hiciera. En el segundo,
seguramente me colocaría en la lista ideal de ciertos oyentes que existen, pero
vivimos en un entorno tan saturado de música nueva y de “slop” musical, que al
final soy un grano de arena más.
Siendo
doctor en IA, ¿te da cosa que algún día plataformas como Spotify se saquen de
la manga un “Muyaio 2.0” que publique más que tú?
aja,
pues ya están en ello. Spotify está apostando fuerte por desarrollar su propio
sistema de música generativa y ha contratado a muchísimos científicos para eso,
así que en breve habrá un Muyaio 2.0. Ahora mismo, lo que estoy pensando es
sacar un Supertrópica 2.0 antes de que Spotify lo haga por mí: coger los temas
de Supertrópica —mi antigua banda— y pasarlos por IA, a ver qué pasa.
Ahora
también te has lanzado a la comedia en directo. ¿Qué impone más: el silencio en
un concierto o un chiste que no termina de cuajar?
Un
chiste, sin duda. En la comedia estás mucho más desnudo: tú solo con el
micrófono y, además, con la obligación de hacer reír constantemente. La comedia
es mucho más exigente que la música y tengo muchas menos tablas ahí, así que me
impone bastante más. Aun así, me he lanzado a la piscina para hacer un show
completo de stand-up con canciones, que se llama igual que el EP: Scroll
Infinito.
Sacar
música desde Canarias siempre tiene su historia. ¿Cómo ves la escena ahora
mismo en Tenerife? ¿Hay sitio para algo como lo tuyo?
En
Canarias hay músicos buenísimos y mucha música que lo está petando a nivel
mundial dentro del género urbano. Pero, a nivel de infraestructura cultural,
seguimos en un punto muy básico: no hay circuito para bandas locales si no
haces folclore, no hay apoyo real a la música propia y los ayuntamientos se
gastan millones en megaestrellas y grupos de versiones, mientras que a los
grupos de las islas con temas propios apenas les llegan las migajas. Creo que
para lo que yo hago sí hay sitio, pero es difícil ser profeta en tu tierra, y
más viviendo fuera. Muchas veces la validación tiene que venir de fuera para
que luego te valoren aquí. Si Quevedo hubiera sacado Baifo al principio
de su carrera, probablemente ese disco no habría triunfado en Canarias; ahora,
con el respaldo de ser una estrella internacional, todo el mundo le compra el
discurso.
Y
por acabar: si pudieras hackear el algoritmo global durante un día, ¿harías que
todo el mundo escuchara tu EP o que apagaran el móvil y salieran a dar una vuelta?
Que
apagaran el móvil. Si hiciera que todo el mundo escuchara mi EP, me llovería
hate. Mi música es de nicho, no de masas, y un buen algoritmo debería mostrar
tu música a quien realmente le vaya a gustar, no lanzarla a diestro y
siniestro. Así que mejor apagar todos los móviles y, como digo en mi canción
“Amigo de Tom”, parte del show Scroll Infinito: “quiero volver y oír a Kurt
Cobain y pasear ya libre de algoritmos, tocarte el timbre y besarnos en el
portal”.
