Hablamos
por Zoom con Iñaki López, cantante y compositor de Kokoshca, sobre Divino
Tesoro, el nuevo disco de la banda. Durante la conversación charlamos sobre
la evolución del grupo, el paso del tiempo, el rock, las nuevas generaciones y
la forma en la que Kokoshca ha conseguido mantenerse como una de las bandas más
personales de la escena indie nacional.
Teniendo en cuenta que acabáis de publicar un nuevo álbum. ¿Cómo ha sido vuestro proceso creativo, como nacieron las canciones, cómo fueron creciendo? ¿Y cómo han envejecido con el tiempo?
Bueno,
era un ejercicio extraño que no habíamos hecho nunca, que era básicamente
revisitar canciones de hace 15 o 18 años. Llevábamos tiempo dándole vueltas a
hacer una especie de recopilatorio, pero veíamos que no tenía mucho sentido a
nivel técnico, porque mezclar canciones más recientes, que están bien grabadas
y suenan bien, con otras más antiguas que, por falta de medios, sonaban peor,
era complicado.
Entonces
dijimos: “Joder, hay una época inicial de nuestra vida que quizá tuvo menos
visibilidad porque era todo más underground”. Editábamos con un sello,
Birra y Perdiz, que hacía tiradas de 150 CDs grabados en discos vírgenes. Era
un circuito muy pequeño, pero también muy estimulante. Ahí conocimos a gente
como Antonia, de Los Punsetes, o Germán Carrascosa y Alegría del Barrio.
Pensamos
que era guay recuperar esas canciones porque muchas nos seguían gustando. Es
verdad que también hemos ido creciendo, tanto como personas como artistas, pero
seguimos reconociéndonos en ellas. No sé si estoy respondiendo o me estoy
pasando, pero bueno, como está grabado, esto es lo que queda.
Todo
perfecto, Iñaki. La nueva versión de «El Búho», como primer adelanto, tiene un
rollo bastante ochentero; recuerda un poco a The Cure o Décima Víctima.
¿Teníais ese sonido en mente o surgió de forma natural?
¿Ah, sí? Pues la verdad es que no lo habíamos pensado así. Ya entiendo lo que dices: hay un sintetizador que hace un sonido muy betacam y que puede recordar a cierta música ochentera que nos gusta mucho. Pero, en realidad, siempre hemos pensado que es un rock and roll muy sincero. Cuando la compusimos, hacia 2013 o así, teníamos más en mente a New York Dolls.
Un
gran grupo. Más punk.
Sí,
más punk. Siempre hemos tirado más hacia el punk, aunque al final muchas de
esas bandas también tenían mucho de pop. De hecho, Robert Smith decía que les
llamaban góticos por la estética de sus videoclips, que tenían un punto oscuro
o de terror, cuando en realidad sus canciones eran súper pop.
Los
vídeos de The Cure eran increíbles. «Close to Me», por ejemplo, con ellos
metidos en un armario cayendo por un precipicio, me parece una auténtica
maravilla. Divino Tesoro no es solo un recopilatorio, también aporta una
nueva perspectiva sobre vuestra trayectoria. ¿Qué os hizo volver atrás en vez
de hacer un álbum nuevo?
Bueno,
un poco lo que te estaba diciendo. Habíamos acabado hacía poco La juventud
y teníamos en mente, por el juego de palabras, hacer un EP que se llamase Divino
Tesoro. Pero esta idea llevaba tiempo rondándonos.
Nos
costó saber cómo darle forma: si teníamos que regrabar las canciones o dejar
las originales, cuáles meter y cuáles no. Pero cuando finalmente lo hicimos,
entendimos que también era guay volver a esas canciones con la libertad de
cambiar una estructura si hacía falta, o dejarla igual si estaba bien. Un poco
la libertad de hacer lo que quisiéramos.
Coincidió
también con un momento en el que quizá tenemos más visibilidad y pensamos que
había canciones que molaban mucho y que conocía la gente que estaba desde el
principio, pero que otra gente igual no había escuchado nunca. Y nos apetecía
darles un poco de salida otra vez.
Siempre
habéis tenido ese punto entre lo social, la vida cotidiana, los sentimientos y
el humor. Canciones como «El Mal» (que es muy cachonda pero también muy
política) por ejemplo. ¿Cuáles son las preocupaciones de Kokoshca en este
momento?
Bueno, están los temas universales, que serían la vida, el humanismo, el amor y esas cosas. Y luego está el momento actual, el del tecnofeudalismo y todo este rollo, este cambio geopolítico en el que tienen mucha importancia estos nuevos ricos de Silicon Valley, que están cambiando nuestra manera de relacionarnos y también nuestra manera de sentir a través de los dispositivos y del poder.
Con
los años os habéis convertido en una banda influyente dentro de la escena indie
patria. El año pasado os vi en las fiestas de la Mercè, en Barcelona, y me
llamó la atención la cantidad de chavales que había entre el público. ¿Cómo os
sienta seguir conectando con nuevas generaciones y ver que sigue asistiendo
gente joven a vuestros conciertos?
Pues
muy guay, la verdad. Sí que existe ese temor de que tú vas creciendo y que sea
el público de tu edad el que te siga acompañando. Pero también me sorprende y
me agrada mucho que venga gente joven, que cante las canciones y que conecte
con ellas. Es muy agradecido.
Yo
siempre he pensado que la clave para que un grupo tenga una carrera larga es
encontrar una nueva generación de oyentes con cada disco. Está el público fiel
que os sigue desde hace años, pero también hace falta sangre nueva
constantemente. Y vosotros lo habéis conseguido: en cada etapa habéis sumado
nuevo público, y eso es lo que mantiene viva a una banda durante tanto tiempo.
Al final, incluso grupos como The Rolling Stones siguen sacando discos después
de décadas de carrera porque han sabido mantenerse conectados con distintas
generaciones.
Sí,
sí. La verdad es que no lo había analizado tanto. Lo de encontrar nuevas
generaciones con los discos sí, pero aplicado a nosotros no lo había pensado
así. Y sí, es verdad que pasa.
También
es guay porque, al final, cualquier persona, aunque tenga su propia
personalidad o su propia visión del mundo, comparte muchas de las mismas
preocupaciones. Entonces está bien encontrar gente nueva que se acerque a las
canciones y conecte con ellas.
Y
también creo que todo el sonido más guitarrero, con grupos jóvenes que han
seguido un poco esa estela y que además son fans declarados de Kokoshca y de
otros grupos, ha ayudado a visibilizar ese entorno. Y eso está guay.
Es
magnífico. El disco salió en el Record Store Day. Resulta curioso que el
formato físico haya vuelto con fuerza en plena era del streaming. ¿Qué lugar
ocupan hoy el vinilo y las tiendas de discos para vosotros?
Yo
creo que es una contestación natural, no solo hacia lo físico. La gente quiere
tener objetos. Hay gente que se compra un disco y ni siquiera tiene tocadiscos.
Pero creo que hay algo contestatario en eso, o simplemente algo natural.
Quiero
decir, cuando inventen una pastilla para que los hombres no pierdan pelo —que
seguramente será pronto—, igual lo diferente acaba siendo ser calvo. Pues esto
es un poco lo mismo: cuando el mainstream es el streaming, seguir teniendo un
objeto como un vinilo le otorga otro valor al oyente. Me refiero a toda la
relación de comprarlo, tenerlo, ir a una tienda de discos o a una firma. Es un
tejido más orgánico y más de comunidad que quizá el aislamiento del streaming.
Las
tiendas de discos ya no tienen la importancia como prescriptoras que tenían en
los 80 o los 90, donde nosotros ni siquiera estábamos. Pero han sido capitales
para las escenas musicales. Cuando no había internet, la gente iba a la tienda
de discos de no sé quién porque había traído discos de Londres o cosas
difíciles de encontrar. Es una generación anterior a la mía, pero siempre han
sido lugares importantes para construir comunidad.
Y
eso también nos molaba por una parte: otorgarle valor al disco como objeto.
Divino Tesoro tiene una edición un poco más cuidada que otras, con una carpeta
que se abre así, con dos puertas, dos portadas… Queríamos darle valor también
al recorrido histórico y a toda esa gente que lleva tanto tiempo ahí, ganándose
la vida con mucho esfuerzo, porque las tiendas de vinilos tampoco es que den
precisamente mucho dinero.
Durante
muchos años me dejé seducir por el streaming, pero con el tiempo he vuelto al
vinilo y al formato físico. Poco a poco he ido recuperando una colección y la
verdad es que disfruto mucho más de la experiencia de escuchar música en casa
así. Hay algo especial en tener los discos físicamente y también en el
componente de coleccionismo, que había olvidado durante más de una década. Al
final, volver a comprar música en formato físico ha sido, de alguna manera,
volver a los orígenes.
Quiero
decir que todo eso puede coexistir perfectamente con el streaming, que también
puede ser maravilloso. De repente quieres escuchar un disco de Fela Kuti o
cualquier otra cosa, lo buscas y lo tienes ahí, y eso está muy bien. No estoy
en contra de eso.
Pero,
como dices, el ritual de poner un disco, levantarte a mitad para cambiar la
cara… todo eso le otorga otro valor a la experiencia. Más allá de las
tendencias actuales o de plataformas como Tik-Tok, donde todo parece reducido a
30 segundos para destacar una canción. Es otra cosa completamente distinta.
¿Después
de una carrera tan larga, la necesidad de crear música sigue siendo tan
importante como el primer día para vosotros?
A
ver, buena pregunta. La necesidad, yo diría que sí sigue estando. La manera de
hacerlo quizá cambia, porque cuando empiezas todo puede ser más puro, más
inocente o más fresco, como quieras llamarlo. No tienes más expectativas que
aceptar esa necesidad de hacer cosas.
Como
dice Amaia, nosotros empezamos un poco por aburrimiento. Yo intento
romantizarlo y pensar que había una necesidad interior muy fuerte, pero la
realidad es que tampoco teníamos expectativas. Éramos de la época de MySpace:
subíamos un par de canciones, a alguien le gustaban y no sé muy bien cómo
acabaron llegando a Madrid y al sello del que te hablaba antes.
Quizá
ahora hay más oficio y también es verdad que entras más en los tiempos y en el
ritmo de la industria. Pero la necesidad de expresar algo sigue ahí. No es
tanto “tengo que explicar esto o me muero”, sino que es una manera de mirar el
mundo que está contigo las 24 horas.
La
diferencia es que ahora quizá todo es más pautado y antes era más libre. Pero
sí, yo creo que sigue siendo una forma de vida. No es exactamente igual ni
permanece intacta, pero sigue estando ahí.
Como
músicos, evidentemente no sois los mismos que al principio. Con los años llegan
la experiencia, los conciertos, el rodaje y el trabajo con distintos
productores, y eso hace que una banda evolucione y madure. Nadie nace
aprendido.
También
pasa mucho que parte de la crítica o del público idealiza los primeros discos
de ciertos grupos y se queda anclada ahí para siempre. Ha ocurrido con bandas
como The Strokes, donde mucha gente sigue señalando el debut como la cima
absoluta de su carrera, independientemente de todo lo que hayan hecho después.
En
vuestro caso, habéis tenido la suerte —o quizá el mérito— de escapar un poco de
esa visión tan reduccionista. Vuestra carrera no se ha quedado atrapada en una
sola etapa, sino que habéis sabido evolucionar sin perder identidad, y eso es
algo que no todas las bandas consiguen.
Son
masivos, claro. La cosa es que, bueno, también entiendo que, como The Strokes
fueron tan exitosos, todo eso se magnifica mucho más.
Nosotros,
como hemos sido un grupo más desconocido, quizá no pasa tanto. Y luego también
está la crítica, que al final era la de un fan inicial al que quizá no le gustó
tanto esta revisitación. Pero bueno, es una cosa extraña, porque realmente no
estaba criticando canciones nuevas, sino esta nueva visión de las canciones.
Hablando
de envejecer... En vuestro anterior trabajo había muchas referencias al paso del
tiempo («Cuando callen estos viejos...»). ¿Sentís
que poco a poco vais acercándoos a esos “viejos” de los que hablabais?
Sí,
bueno, hay cierta ironía en esa canción, «La juventud». Intentábamos ser una
especie de médium o de contenedor desde nuestra madurez, por decirlo así, desde
nuestra edad actual, que son ya 40 o 42 años, y proyectar esa idea más teenager
de la juventud, pero también riéndonos un poco de ella.
Porque
en ese disco también hablamos de que existe una edad biológica y una edad
mental. Y de que la mirada de cada persona, como decía Kenji Mizoguchi, sigue
intacta aunque pasen los años.
Sí,
claro que ya somos esos viejos. Pero no los viejos que no dejan hablar a los jóvenes
o que viven anclados en otra época. No somos esos.
Somos
viejos molones, que es muy diferente. Está el viejo tradicional y luego está el
viejo molón. Vosotros sois viejos molones y yo también.
Pero
también existe el joven viejo, el típico chaval de 20 años que ya parece un
señor. El viejo joven, el viejo chiste.
El
viejoven (risas). Siempre habéis sido un grupo bastante comprometido, con un
trasfondo político y social en vuestras letras. ¿Sentís que esto sigue siendo
una parte central de la banda hoy en día?
A ver, yo creo que nunca hemos sido un grupo panfletario o especialmente político, como sí pueden ser otras bandas. Pero sí que hemos tenido una mirada crítica y bastante atenta hacia todo lo que pasa alrededor.
Bandas
como The Clash siempre me han parecido increíbles, pero las letras de Joe
Strummer eran mucho más directas, casi como un panfleto político o anarquista.
El punk, al final, tenía mucho de eso: un mensaje frontal, sin demasiados
rodeos.
Vosotros,
en cambio, sois más sutiles en vuestra manera de abordar ciertos temas. Hay una
intención y una mirada crítica, pero nunca desde un discurso tan explícito o
tan directo sobre lo que el oyente tiene que pensar.
Sí,
yo creo que somos un grupo político, aunque no al uso. Quizá más humanista, más
atento a todas esas visiones políticas que tienen que ver con la vida de la
gente.
Entonces,
si veo que nuestras ciudades están llenas de obras y que están echando a la
gente de sus barrios y todo este rollo, pues claro que eso me afecta. Y sí, yo
qué sé, vamos a manifestaciones y todo eso. Así que sí, sí somos políticos.
Y
en general, ¿creéis que el rock sigue siendo una voz de la calle? ¿O ese papel
lo están ocupando ahora otros géneros, como el reggaetón?
Bueno,
yo creo que el reguetón sí lo fue en su momento. Ahora ya no sé si lo es tanto,
quizá porque ya se ha convertido en mainstream. Creo que ahora mismo la voz de
la calle está más en el reguetón, el rap y toda la música urbana, el drill y
todo ese rollo.
Pero
el rock and roll también sigue teniendo algo de eso. Al final cualquiera puede
hacer rock and roll: son tres acordes, algo popular, algo del pueblo. Y yo creo
que eso sigue vigente.
De
hecho, me parecen géneros que, tanto el rock and roll como el rap, tienen esa
cosa muy simple y a la vez muy popular, muy directa y muy guay, que consigue
llegar a mucha gente. Esa es mi visión. Igual estoy equivocado y sí está
muerto, no lo sé. Pero yo creo que no.
Yo
todavía conservo la esperanza de que el rock and roll vuelva a tener el peso
que tuvo en los años noventa, cuando las bandas de guitarras dominaban las
listas y marcaban el pulso de la industria musical. Ojalá en algún momento
vuelva a suceder algo así, porque sería una gran noticia para quienes seguimos
creyendo en ese espíritu del rock.
Yo
no sé si volverá como en los noventa, pero sí creo que es algo cíclico.
También, hablando con Luis, de Sonido Muchacho, me decía que las guitarras
vuelven. Y si te fijas, ahora mismo hay mucha gente tocando con guitarras otra
vez.
No
sé si eso va a significar volver a ver a Nirvana o algo así siendo número uno,
obviamente. Pero sí, creo que hay espacio para todo.
Y
ya para terminar, tengo una última pregunta. En realidad me la sugirió mi amigo
David, que fue quien me llevó a vuestro concierto y que además es muy fan de la
banda. Me dijo: “Hazles esta pregunta”. Así que voy a apropiármela un poco.
Para alguien que os descubra hoy por primera vez a través de Divino Tesoro,
¿qué creéis que va a encontrar en el disco?
Bueno,
a ver, buena pregunta, David. Yo diría que quien nos descubra por primera vez
con Divino Tesoro va a encontrar lo que fuimos y lo que somos. O sea,
nuestra esencia.
Son canciones de nuestras primeras etapas que ahora hemos cambiado un poco o revisitado, pero que siguen mostrando muy bien quiénes somos. Igual algunas son más ingenuas o distintas a las que hacemos ahora, pero son parte de nosotros totalmente.
![]() |
