domingo, 4 de noviembre de 2018

ENTREVISTA CORTESÍA DE ATLÁNTICOHOY


Alexis Brito (Tenerife, 1980) siempre soñó con plasmar en letra impresa las historias y personajes que rondaban por su cabeza desde niño. Consciente de las dificultades para hacerse un hueco en el mundo editorial, su mejor baza siempre ha sido creer en sí mismo y no ponerse límites de ningún tipo. Avanzar sin prisa pero con determinación , tal y como demuestra en su trayectoria literaria.

Firme defensor de escribir sobre lo que capta su interés y no sobre lo que atrae a las editoriales, el autor de novelas como “Wolfgang Stark: El último templario” y “Gravity Grave”, además de numerosos relatos, poemas y reseñas, asegura en esta entrevista al medio digital AtlánticoHoy que “no existen límites cuando la imaginación toma las riendas”.

¿Cuándo se dio cuenta de que quería escribir?

Desde mi temprana infancia he sido un lector voraz. A los doce o trece años empecé a escribir relatos y poemas. Nada ha cambiado durante este tiempo; continúo inmerso en las palabras como si fuera el primer día.  

Los escritores mezclan sus recuerdos y experiencias para crear personajes, situaciones, etc. ¿Qué hay de usted en sus obras?

Todo depende de la novela, del contexto y la historia. Por norma mis personajes, en mayor o en menor grado, tienen algo de mí. Intento introducirme en la psicología de los protagonistas, ponerme en el punto de vista de los mismos, pensar y sentir del modo en que ellos lo harían. Llevar el Método Stanislavski del Actors Studio —experimentar las emociones que experimenta el personaje— al papel. Es la parte más estimulante de la creación literaria.

¿Qué ingredientes ha de tener una buena novela?

Una buena novela tiene que ser sencilla de leer, con profundidad y contenido. Que haga pensar al lector. Que lo entretenga y lo obligue a evadirse de la realidad. Es lo que siempre he deseado conseguir con mi propia obra.

¿Por qué ha decidido seguir los pasos de una saga familiar, los Stark, desde el Medievo hasta el futuro?

Soy un escritor inquieto. Todas las épocas de la historia, incluso las que no han sucedido, tienen algo cautivador. La Familia Stark es el trabajo de toda mi carrera. Me ha permitido escribir sobre el Medievo, la Guerra de los Treinta años, la Segunda Guerra Mundial, novela negra, la Guerra Fría, el presente e incluso el futuro. Las posibilidades son infinitas.

No solo cambian las épocas y evolucionan los personajes, sino que también son diferentes los géneros literarios utilizados.

Sería monótono limitarme a un solo género literario o los mismos personajes durante toda mi vida. Me gusta pensar que cada Stark es más avanzado y está mejor escrito que el anterior. No existen límites cuando la imaginación toma las riendas.

¿Cómo nacen sus personajes?

Mis personajes nacen cuando un tema me apasiona. Por poner un ejemplo, durante mi adolescencia, inspirado por la obra de Sven Hassel, publiqué un relato ambientado en la Batalla de Berlín en la revista del instituto. Los nazis se niegan a reconocer que han perdido la guerra y el Ejército soviético avanza sobre las ruinas de la ciudad. Años después, a raíz del visionado de “El Hundimiento” (Oliver Hirschbiegel, 2004) retomé la idea de aquel capitán de las SS que protagonizaba la historia. Mi última novela, “Némesis” (Serial Ediciones, 2018) resume mi interés por la Segunda Guerra Mundial: horror, muerte, millones de fallecidos, exterminio, destrucción… Fue una época tan fascinante como aterradora. Tarde o temprano terminaría escribiendo sobre ella.        

Aparte de la familia Stark, ha publicado relatos cortos, poemas, críticas literarias, entrevistas, reseñas musicales, etc. ¿Dónde se siente más como pez en el agua?

Tal como he mencionado, la escritura no conoce límites. Me encuentro cómodo con cualquier género literario que implique trabajo duro. Siempre estoy buscando nuevos caminos con la intención de crecer como novelista. Los desafíos son positivos para salir de la zona de confort. Sin riesgos, un escritor se limita a repetir la misma fórmula hasta la saciedad.

En ‘Wolfgang Stark: El Último Templario’ analiza temas como la Inquisición y la lucha contra el pecado. ¿Por qué este episodio de la historia?

La fiebre editorial sobre los caballeros de Dios que invadió el mercado hace años propició el nacimiento de Wolfgang Stark. Era el marco perfecto para escribir sobre una de mis debilidades: el antihéroe torturado por el pasado. La estela de Michael Moorcock y Robert E. Howard fue esencial a la hora de desarrollar sus historias. Creo que ningún escritor español ha aunado el pulp, la fantasía heroica, la historia y los caballeros de la Orden del Temple. Las aventuras de Stark me permitirían profundizar en las luchas dinásticas de la época, en la devastadora influencia de la religión, en la mentalidad de los templarios que sobrevivieron al exterminio de su orden. Wolfgang vaga por el mundo luchando contra toda clase de criaturas sobrenaturales para aliviar el remordimiento, el dolor de sentirse abandonado por Dios, el desarraigo que le produce su condición de mercenario que vende su espada al mejor postor. Reconozco que no es un personaje positivo ni agradable; esa fue la intención desde el primer borrador.     

En su penúltima novela "Gravity Grave" (Palabras de Agua, 2014) publicada, da un brusco giro con una historia que va del realismo al thriller psicológico, del drama humano al exceso y al descontrol del alcohol y las drogas, del cinismo a la amistad. ¿La considera un retrato de la sociedad actual?

Por supuesto. “Gravity Grave” refleja el mundo de la noche: las falsas amistades, la gente que se cree con derecho a juzgar a los demás, locales en los que solo pinchan música insoportable, la búsqueda de sexo rápido y sin complicaciones, el efecto de las drogas y el alcohol, personas que harían lo imposible por encajar para sentirse aceptadas, los grupos de rock que actúan como estrellas sin haber grabado un single, el vacío de las tribus urbanas y la superficialidad que domina el presente. Utilicé el cinismo y el humor negro como revulsivo para hablar sobre ello. Puede que, de todas mis novelas, “Gravity Grave” sea la más autobiográfica. No escatimé en acidez a la hora de narrarla.        

En la misma novela se encuentra el germen de la “Trilogía del Jinete de Ácido Eléctrico”: una saga de novelas de sexo, drogas y rock and roll que espera publicar algún día. ¿En qué estado se encuentra este proyecto?

Por desgracia, en el momento actual, en puntos suspensivos. Tengo el defecto (o la virtud) de escribir sobre temáticas que me atraen, no las que interesan a las editoriales o, por defecto, a los lectores. La segunda parte de la trilogía, “Un alma del norte”, lleva un año en diversos departamentos de valoración editoriales víctima de los inevitables rechazos de rigor. Tarde o temprano encontraré a un editor con la mentalidad lo suficientemente abierta que apueste por mi proyecto. Ser novelista es una carrera de fondo: miles de kilómetros por delante y una meta inalcanzable. La paciencia, la humildad y la perseverancia son fundamentales si quieres llegar a alguna parte.  

¿Cuáles son las mayores dificultades a las que se ha enfrentado para ser escritor?

Escribir, por experiencia personal, es sinónimo de rechazo. Rechazo por parte de las editoriales, de las revistas, la indiferencia del público, etc. Es un mundo competitivo en lo que priman son las ventas, no la calidad, la inventiva o el riesgo de la obra. Aún así publico con regularidad en diferentes medios, tanto en papel como digital; ello demuestra que la única forma correcta es hacerlo a mi modo.   

¿En Canarias se puede vivir de la literatura?

En mi caso es imposible. Tal como funciona el mercado literario, a no ser que firmes un contrato con una editorial importante, veo complicado vivir de la literatura. Pocos son los privilegiados que pueden dedicarse a las palabras única y exclusivamente en la actualidad. 

Algún autor que le haya influido especialmente.

Henry Miller, Robert E. Howard, William Blake, J.G. Ballard, Irvine Welsh, Jack Kerouac, Arthur Rimbaud, Patrick O’Brian, Thomas Bernhard, Michel Houellebecq, Fiódor Dostoyevski, Philip K. Dick, Bret Easton Ellis, John Milton, Hunter S. Thompson, Ernest Hemingway, Albert Camus, William Butler Yeats, Ian Fleming, Charles Bukowski, Dudley Pope, Bertolt Brecht, Michael Moorcock, Thomas Mann, William Burroughs… Podría continuar (risas). 

¿Es de los que inicia su siguiente novela de inmediato o necesita un tiempo de regeneración creativa?

Cuando termino una novela quedo agotado a nivel mental: necesito unos meses, como mínimo, para desconectar de la misma y emprender otro proyecto literario. En los viejos tiempos, solía empezar el siguiente libro antes de terminar el anterior. En el momento actual me tomo un tiempo de descanso para recargar mi musa. Me quedan unos treinta años de carrera por delante; no me corre ninguna prisa.

Presenta ‘Némesis’ su última novela el próximo 3 de noviembre. ¿Qué destacaría de su obra?

“Némesis” es una novela a la antigua usanza: aventura, acción, crítica social, humor patibulario, las horribles consecuencias de la guerra, etc. Mientras revisaba las pruebas de corrección, llegué a la conclusión que había escrito una novela con estilo añejo, clásico por decirlo de alguna manera. Deseaba escribir desde el punto de vista del ejército alemán. La parte que más me gusta del libro es la evolución moral del protagonista. Es imposible que debido a los acontecimientos por los que pasa el personaje —el sufrimiento, la violencia y la pérdida— no encuentre la humanidad que el reglamento militar había aniquilado en su interior.

Enlace original: