martes, octubre 20, 2026

FANFICTION: «PERROS DE DIAMANTE», PUBLICADO EN REVISTA BLASTER

«Con el tiro habrían abierto un agujero en esa perfección de que se vanagloriaban. Morir odiándolos, esa era la libertad».

George Orwell

 

1

FUTURE LEGEND

And in the death

As the last few corpses lay rotting on the slimy

thoroughfare

The shutters lifted in inches in Temperance Building

High on Poacher's Hill

And red, mutant eyes gaze down on Hunger City…

Los rascacielos en ruinas que rozaban los límites del firmamento se extendían como una masa caótica y ennegrecida hasta los confines de la ciudad. En el cielo revuelto, pesadas nubes cargadas de lluvia química se deslizaban hacia el este, formando una bóveda sombría. Halloween Jack ajustó el cuchillo en la vaina, comprobó las hebillas de los patines y soltó una bocanada de humo: aquel era el último cigarrillo que le quedaba en el paquete. Con los ojos entrecerrados, siguió el avance de los nubarrones; más de uno de sus hombres había muerto bajo la lluvia contaminada. Jack vestía una mezcolanza de prendas raídas: botas de cowboy, pantalones marrones de polipiel, una camisilla de plástico y una chaqueta de cuero de motorista. Sus manos, delicadas y sensibles, estaban cubiertas por un par de guantes negros con las puntas recortadas. En la cadera derecha descansaba una pistola con la culata forrada de cinta aislante. En el lado contrario llevaba un Bowie de doble filo de veinte centímetros de largo por cinco de ancho. Halloween estaba preparado para afrontar cualquier cosa: aquella era su especialidad.

2

DIAMOND DOGS

As they pulled you out of the oxygen tent

you asked for the latest party

With your silicon hump and your ten inch stump

Dressed like a priest you was,

Todd Browning streak he was…

Enfrente, sobre el tejado del Edificio de la Templanza, una serie de figuras comenzaba a tomar posiciones de combate. Jack apretó los labios, se pasó la mano por el cabello enmarañado de color zanahoria y levantó un catalejo sustraído de una tienda de aparejos náuticos. La visión de los cuerpos deformes y abultados de los Cachorros le puso el vello de punta.

—Ahí los tenemos —dijo a su ayudante—. Puntuales como de costumbre.

La joven estaba nerviosa.

—¿Crees que es buena idea enfrentarnos a ellos, Jack?

Halloween respondió con sinceridad:

—Solo hay un camino. —Se encogió de hombros—. Ya han conquistado todo el lado este del río. Si siguen adelante, nos expulsarán de nuestro propio territorio, Angie.

—Pero...

Jack se mostró inflexible:

—Han entrado en la Avenida Quiéreme —puntualizó—. Todas las tribus de Hunger City saben que esa zona pertenece a nuestro clan. Somos nosotros o ellos. ¿Entiendes?

Angie agachó la cabeza.

—Supongo que tienes razón...

Halloween esbozó una sonrisa satisfecha.

—Buena chica.

3

SWEET THING

It's safe in the city, to love in a doorway

To wrangle some screens from the door

And isn't it me, putting pain in a stranger?

Like a portrait in flesh, who trails on a leash

Will you see that I'm scared and I'm lonely?...

Una ráfaga de aire levantó los periódicos y las revistas desperdigadas sobre los azulejos destrozados. Jack contempló el cuerpo menudo y atractivo de la joven. La forma en que la cazadora insinuaba sus curvas y la seguridad con la que sostenía su mirada despertaron en él un deseo repentino. Siempre le ocurría lo mismo antes de librar una batalla.

Angie esbozó una sonrisa pícara y dejó que sus dedos se demoraran un instante sobre el borde de la chaqueta, como si hubiera adivinado lo que cruzaba por la mente de Jack.

—¿Tenemos tiempo?

Jack sintió cómo la excitación recorría su cuerpo.

—Por supuesto...

4

CANDIDATE

I'll make you a deal, like any other candidate

We'll pretend we're walking home 'cause your future's at stake

My set is amazing, it even smells like a street

There's a bar at the end where I can meet you and your friend

Someone scrawled on the wall "I smell the blood of les tricoteuses"... 

Después de un encuentro tan apresurado como intenso, abandonaron el apartamento vacío, subieron unas escaleras rotas y regresaron a la azotea. Las últimas luces del día comenzaban a difuminar los contornos de la ciudad. Halloween estrechó la diestra de la muchacha con afecto. Tenía que reconocer que era una amante excepcional: tan dulce como feroz, capaz de alternar la entrega con el dominio. Pocas mujeres del clan podían igualarla. Un ligero rubor aún coloreaba las mejillas de Angie.

—¿Te ha gustado? —preguntó con una sonrisa.

Jack la rodeó por la cintura.

—Eres una diosa, querida.

El cumplido divirtió a la joven.

—¿Una diosa? —repitió entre risas—. ¡Qué decepción!

Halloween enarcó una ceja.

—¿Decepción? ¿Por qué?

Su ayudante respondió con ironía:

—Lo nuestro es solo sexo —puntualizó—. Te estás volviendo un sentimental, Jack.

Él se limitó a sonreír.

—Llámalo como quieras.

Pasaron junto a unos ventiladores oxidados y se reunieron con los miembros de la tribu. Un círculo de rostros hoscos, ninguno mayor de veinte años, los esperaba en silencio. Instintivamente, Halloween llevó la mano izquierda al cuchillo: aquel recibimiento presagiaba problemas.

—¿Qué diablos pasa? —preguntó al grupo.

Un joven vestido con un uniforme de marine dio un paso al frente y dejó su puñal en el suelo.

—¡Convoco la Cuarta Regla de los Perros de Diamante!

Jack se detuvo, sorprendido.

—¿Te has vuelto loco?

Su rival flexionó los brazos.

—Te desafío por la supremacía del clan. Ya no eres un jefe digno. Hemos perdido demasiados guerreros por culpa de tus alocadas incursiones.

Halloween frunció el ceño.

—Estás muy por debajo de mí. Guarda tu arma antes de que agotes mi paciencia.

Los ojos de Angie brillaron ante la inminencia del combate.

—Eres un imbécil, Ivor. Sabes que ninguno de nosotros puede vencer a Jack en un combate limpio.

Ivor masculló con rabia.

—¡Cierra tu sucia boca! ¡No vales para otra cosa que para abrirte de piernas!

La muchacha apretó los puños y desenvainó el cuchillo. Por aquel insulto correría la sangre. Halloween la detuvo con una mirada. Sus ojos, uno gris y el otro azul, brillaron en la penumbra como el filo de una navaja.

—Los Cachorros están a punto de atacarnos. Prefiero verte combatiendo junto a nosotros que tendido en el suelo.

El joven ignoró sus palabras.

—¡Convoco la Cuarta Regla! —gritó—. ¡Elige tu arma!

Jack se volvió hacia el resto del clan, una cuarentena de muchachos y muchachas andrajosos que empuñaban toda clase de armas: puñales afilados, lanzas con puntas de acero, arcos de fibra de carbono y pistolas robadas.

—¿Todos estáis de acuerdo con Ivor?

El grupo asintió.

—¿A qué esperas, Jack? —gritó una voz—. ¿Acaso tienes miedo?

Halloween desenvainó su Bowie.

—Tú lo has querido, imbécil.

5

SWEET THING (REPRISE)

If you want it, boys, get it here thing

'Cause hope, boys, is a cheap thing, cheap thing

Is it nice in your snow storm, freezing your brain?

Do you think that your face looks the same?

Then let it be, it's all I ever wanted...

La tribu formó un círculo alrededor de los contrincantes. Jack se quitó la chaqueta y la arrojó al suelo. Ivor apretó los cordones de las botas y recogió el puñal. Los dados estaban echados: solo el mejor de los dos sobreviviría.

Lentamente, ambos comenzaron a girar en círculos, tanteando las defensas del contrario con los cuchillos en alto. Halloween amagó un ataque y arañó el rostro de su rival; su movimiento había sido imposible de seguir con la mirada. Una exclamación colectiva recorrió el clan. Ivor se limpió la sangre que le descendía por la mejilla, apretó los dientes amarillentos y aferró el mango del arma con fuerza. Una diminuta sonrisa de suficiencia se dibujó en los labios de Jack.

—Aún puedes abandonar esta estúpida lucha, Ivor.

Su oponente respondió con un gruñido cargado de odio.

—¡Nunca!

Halloween retrocedió, esquivó una cuchillada dirigida a las costillas y levantó la guardia. Ivor estaba dispuesto a arrebatarle el control de la tribu y arrojar su cadáver a las ratas. Era un enemigo peligroso: tenía poco que perder y mucho que ganar. Jack saltó por encima de la hoja con agilidad y dejó caer su propia arma. El pecho de su adversario se tiñó de carmesí.

Furioso, Ivor ignoró el dolor y embistió al líder del clan. Halloween se desplazó hacia la derecha, le puso la zancadilla y lo derribó. Su enemigo chocó contra el suelo, se desgarró las palmas de las manos y levantó una nube de polvo. Al instante volvió a incorporarse de un brinco, con la respiración agitada y las mejillas encendidas por la vergüenza.

—¡Cerdo! —gruñó—. ¡Sigues utilizando tus sucios trucos!

Jack sonrió con ironía.

—¿Tú crees? Podía haber terminado con tu miserable vida y no lo he hecho...

El puñal destelló en la penumbra, trazó un arco horizontal e intentó abrirle la garganta. Halloween se agachó; la hoja le rozó las puntas del cabello y atacó desde abajo. Ivor lanzó un alarido de dolor: el cuchillo le había abierto los muslos hasta el hueso.

Jack decidió poner fin al combate. Estaba disfrutando demasiado y no quería comportarse como un carnicero; su rival merecía un final más digno. La hoja ascendió y le atravesó el corazón. Ivor dejó escapar un gemido ahogado, retrocedió un par de pasos y cayó de espaldas. Una expresión de sorpresa quedó grabada en su rostro.

Halloween se inclinó sobre el cadáver, arrancó el puñal, limpió la hoja en sus ropas y la devolvió a la vaina. Después se volvió hacia sus guerreros con gesto severo.

—¿Alguien más quiere intentarlo?

Un pesado silencio envolvió a la tribu de los Perros de Diamante. Nadie se atrevió a responder. Halloween Jack acababa de demostrar, una vez más, que era invencible.

Angie se acercó y lo tomó del brazo. La violencia del combate había despertado de nuevo el deseo entre ambos.

—¡Maldito idiota! —masculló Jack—. La ha diñado por nada.

La joven sacudió la cabeza.

—Lo cegó la ambición —comentó—. Ha pagado muy caras sus ínfulas de grandeza.

Halloween observó el brillo de sus ojos y comprendió lo que anhelaba.

—¿Todavía tienes ganas? —susurró—. Pensaba que ya estabas satisfecha.

Angie sonrió con picardía.

—Contigo nunca es suficiente.

Una corriente de electricidad pareció recorrerlos a ambos.

—Si sobrevivimos, te haré cambiar de opinión.

Jack apartó aquellos pensamientos y volvió a concentrarse en la batalla que estaba a punto de comenzar.

—¡Adelante! —ordenó—. ¡No tenemos tiempo que perder!

6

REBEL REBEL

You've got your mother in a whirl

She's not sure if you're a boy or a girl

Hey babe, your hair's alright

Hey babe, let's go out tonight

You like me, and I like it all...

El clan se deslizó por los tejados a gran velocidad sobre sus patines, recorriendo los edificios ruinosos de Hunger City. Abajo, a medio kilómetro de distancia, las calles devastadas, cubiertas de escombros y vehículos abandonados, comenzaban a mostrar señales de vida. Durante el día, las avenidas desiertas y las tiendas vacías eran lugares seguros; al caer la noche, los distintos clanes se refugiaban en los edificios, atrancaban las puertas y se protegían de los Mutantes, la raza degenerada de caníbales surgida tras el Apocalipsis.

Halloween recorrió una rampa, saltó entre dos edificios y aterrizó sobre otra azotea. Como de costumbre, encabezaba la marcha: era su obligación como líder guiar y proteger al clan que dependía de él. A su izquierda, casi pegada a su espalda, Angie lo seguía con la fidelidad de una sombra. Se movía con una elegancia extraordinaria, esquivaba los obstáculos y pasaba de un rascacielos a otro con una economía de movimientos admirable. Detrás de ambos, el resto de la tribu, impulsado por el ansia de cazar, mantenía el ritmo.

Tras quince minutos de marcha, Jack frenó en seco y se ocultó tras un muro. Sospechaba una emboscada.

—¡Parad! —vociferó—. ¡No os mováis!

Mientras el clan obedecía, la muchacha se acercó al líder, balanceando ligeramente las caderas.

—¿Has visto algo?

Halloween sacó el catalejo y escrutó los bloques de apartamentos recortados en la lejanía.

— Esto huele a trampa —dijo—. Hay demasiado silencio.

Por norma, cuando los Cachorros se disponían a lanzar una incursión, sus alaridos podían oírse a varias millas de distancia. Aquella calma, rota únicamente por el viento, le daba mala espina. No encajaba con el modus operandi de sus adversarios.

El cuerpo de Angie se tensó.

—¿Qué piensas hacer?

Jack recorrió con la mirada las ventanas oscuras y los tejados envueltos en sombras. De pronto, un fogonazo brilló frente a su posición.

—¡Un misil! —aulló—. ¡Al suelo!

La explosión alcanzó un condensador eléctrico y levantó una muralla de fuego. Cascotes y cuerpos humanos salieron despedidos por los aires. Un clamor recorrió la azotea: maldiciones, gemidos de agonía y gritos de terror. A través del humo, Halloween distinguió el cuerpo mutilado de una chica a su derecha, destrozado por la metralla. Con el corazón encogido, le dio la vuelta al cadáver mientras temblaba, al borde del vómito. Al comprobar que no era Angie, dejó escapar un profundo suspiro de alivio.

Un segundo después, el clamor triunfal de los Cachorros rompió la noche incipiente. Aquellos bastardos acababan de anotarse el primer golpe.

Angie atravesó las ruinas ensangrentadas y se abrazó a él con todas sus fuerzas. Lágrimas de alivio descendían por su rostro cubierto de hollín.

—¿Estás bien? —preguntó Jack con ansiedad—. ¿Te han herido?

La joven negó con la cabeza.

—Estoy perfectamente. —Miró la media docena de cadáveres destrozados—. Ellos corrieron peor suerte...

Halloween maldijo a sus enemigos.

—¡Cabrones! —Levantó el puño—. ¡Pagaréis esta asquerosa trampa!

Una carcajada burlona respondió a sus palabras.

—¡Te estamos esperando! ¡Ven y demuestra que eres un hombre! ¡La Avenida Quiéreme es nuestra!

Jack rechinó los dientes hasta hacer crujir la mandíbula. Reconocía aquella voz maliciosa: era la de Ronson, el jefe de los Cachorros, un gigante de dos metros cuyo cuerpo había sido remodelado con tejidos musculares artificiales.

7

ROCK ‘N’ ROLL WITH ME

You always were the one that knew

They sold us for the likes of you

I always wanted new surroundings

A room to rent while the lizards lay crying in the heat

Trying to remember who to meet...

Halloween olvidó los cuerpos inertes, el dolor que le recorría los huesos y el pragmatismo que siempre lo había guiado: su cuchillo vengaría aquella carnicería, aunque fuera lo último que hiciera.

—¿Cuántas bajas hemos sufrido?

Angie le cerraba los ojos a uno de los muertos.

—Siete.

Jack escupió sobre el suelo enrojecido y trazó un símbolo pagano con la punta del puñal junto al salivazo.

—¡Mataré a siete Cachorros por cada uno de los nuestros!

Furioso, se puso en pie y enfundó el arma. Una luz enloquecida brillaba en sus ojos: había cuentas pendientes. El grupo empuñó puñales, lanzas, pistolas y espadas. Un clamor salvaje respondió a los rugidos de sus enemigos. Halloween alzó la Remington sobre la cabeza y pronunció el lema de la tribu:

—¡Sangre y fuego! ¡Muerte y desolación!

Como una manada de lobos hambrientos, los muchachos siguieron a su líder hacia el Edificio de la Templanza mientras entonaban las antiguas canciones de guerra de sus antepasados:

Baby's on fire

Better throw her in the water

Look at her laughing

Like a heifer to the slaughter...

Descendieron varias terrazas, atravesaron un edificio a punto de derrumbarse y enfilaron una sucesión de tejados irregulares. Jack ardía de cólera. Su expresión, habitualmente taciturna y arrogante, se endureció hasta adquirir una ferocidad que obligaba a cualquiera a apartarse de su camino. Su cuerpo, esbelto y musculado como el de un leopardo, alcanzó una velocidad y una precisión nacidas del ansia de venganza que pocos miembros del clan podían igualar. Cualquier vestigio de civilización, si es que aún conservaba alguno, desapareció bajo una rabia primitiva. La tribu cruzó las azoteas una tras otra, esquivando bidones de agua, cuartos de transmisiones, pistas de aterrizaje, piscinas vacías y helicópteros desmantelados.

8

WE ARE THE DEATH

Something kind of hit me today

I looked at you and wondered if you saw things my way

People will hold us to blame

It hit me today, it hit me today

We're taking it hard all the time...

Halloween continuó cantando: 

If you'll be my flotsam

I could be half the man I used to

They said you were hot stuff

And that's what Baby's been reduced to...

La noche envolvió Hunger City con su manto de oscuridad. A una manzana de distancia, sus rivales encendieron antorchas y linternas. Los Perros de Diamante, como buenos exploradores y combatientes, no necesitaban ninguna clase de luz en su propio territorio. Cada uno conocía aquellos tejados desde la infancia; habían crecido luchando por ellos y nadie les arrebataría lo que tanto sudor, miseria y sangre les había costado conservar.

En la oscuridad, los jóvenes se transformaron en sombras silenciosas. Ningún francotirador podía distinguir su posición; por el momento, estaban a salvo.

Jack llegó hasta una torre de alta tensión abandonada, se guardó la pistola y el Bowie en la cintura y saltó al vacío. Mientras caía, enganchó el cinturón de cuero a uno de los gruesos cables y se deslizó por él como una exhalación.

El vacío se abrió bajo sus pies. La brisa le golpeó el rostro y le erizó la piel. Si caía, moriría aplastado y acabaría convertido en alimento para los Mutantes que habitaban las alcantarillas. No pensaba concederles aquel banquete.

Halloween soltó el improvisado asidero y aterrizó en el territorio de los Cachorros. Una sonrisa feroz cruzó su rostro: dudaba que sus adversarios conocieran aquella vía de acceso a los apartamentos del lado oeste de la metrópoli.

Angie aterrizó a su lado en completo silencio, seguida por el grueso de la tribu. Diez minutos después, treinta y dos guerreros ocupaban su posición a la espalda del líder, aferrando las armas con determinación.

Jack estudió sus expresiones en la penumbra. Los Cachorros pagarían todos los crímenes cometidos contra su clan.

9

1984

Someday they won't let you, so now you must agree

The times they are atelling,

and the changing isn't free

You've read it in the tea leaves, and the tracks are on TV

Beware the savage jaw of 1984...

Al lado, a un centenar de metros, las siluetas de los Cachorros se recortaban a contraluz, iluminadas por las antorchas y linternas que empuñaban con sus grotescas manos. Halloween se agazapó tras una terraza, alzó el catalejo y buscó a Ronson con mirada febril. Segundos después, lo localizó entre sus hombres, vestido con un mono de cuero y un casco de hierro de aspecto medieval.

Comprobó que las historias que circulaban por las catacumbas de la ciudad se quedaban cortas. Nunca había visto unas facciones tan brutales; aquella bestia parecía capaz de arrancarle los brazos de cuajo a cualquiera. Por lo que sabía, los Cachorros habían abusado de los esteroides encontrados en las farmacias y hospitales de la zona. Sus cuerpos, musculosos y deformes, mostraban toda clase de efectos secundarios: erupciones en la piel, torsos hinchados por la ginecomastia, mujeres de rasgos masculinizados, calvicie prematura y una estatura inferior a la media.

De forma instintiva, Jack comparó la agilidad felina de su clan con el aspecto tosco y decadente de los Cachorros. A pesar de la desnutrición que padecían por la escasez de alimentos, podían considerarse afortunados.

Acto seguido, hizo una seña a los lanceros para que ocuparan sus posiciones. Estos obedecieron y se situaron a su derecha. Después indicó a los arqueros que prepararan las flechas; de ellos dependía el éxito del ataque. Sin vacilar, el escuadrón ocupó su flanco izquierdo y tensó las cuerdas de los arcos.

Por último, organizó a la infantería, armada con armas blancas y de fuego. Las pistolas, escopetas y ametralladoras solo se utilizarían como último recurso: la munición era demasiado valiosa para desperdiciarla.

Halloween escuchó las conversaciones de sus rivales con interés. En breve, todo habría terminado.

—¿Qué? ¿Los ves? —bramó Ronson—. ¡Tienen que estar cerca!

El vigía bajó la cabeza.

—Se han desvanecido, señor.

El jefe de los Cachorros soltó una blasfemia.

—¡Eres un inútil! ¡Suelta los prismáticos antes de que te los meta por el culo!

El individuo retrocedió aterrorizado.

—Abrid bien los ojos —continuó Ronson—. Halloween Jack es un perro listo. Seguro que nos tiene preparada una sorpresa.

A pesar del odio que sentía por su enemigo, Halloween no pudo evitar sentirse halagado. Aquel imbécil tenía más cerebro del que aparentaba.

— Los anabolizantes le habrán derretido las pocas neuronas que le quedaban —murmuró con humor sombrío.

A su alrededor, la inminencia del combate había encendido el ánimo de sus guerreros. Los Perros de Diamante se frotaban las manos, se pasaban la lengua por los labios y comprobaban los cargadores de sus armas.

Su ayudante le rozó el cuello con un dedo.

—Ten cuidado, querido.

Jack sonrió con ironía.

—Te recuerdo que lo nuestro es solo sexo, nena.

Los dientes de Angie brillaron en la oscuridad.

—No quisiera perder a un amante tan exquisito como tú.

10

BIG BROTHER

Don't talk of dust and roses

Or should we powder our noses?

Don't live for last year's capers

Give me steel, give me steel,

give me pulsars unreal...

—¡Atacad!

El grito de Halloween rasgó la noche como una explosión de queroseno. Una lluvia de flechas salió despedida de los arcos y abatió a un grupo de Cachorros. Antes de que lograran reaccionar, los lanceros arrojaron sus picas, atravesando carne, nervios y huesos.

Ronson luchó por reagrupar a sus hombres.

—¡Emboscada! —bramó con voz ronca—. ¡Poneos a cubierto!

Otra descarga de flechas abatió a sus adversarios entre alaridos e imprecaciones. Los Cachorros habían perdido a la mitad de sus efectivos en menos de un minuto.

Con la Remington y el Bowie por delante, Jack cruzó una pasarela suspendida sobre el vacío y alcanzó el Edificio de la Templanza sin esperar al resto de sus guerreros. Una figura de mirada enloquecida, con los ojos inyectados en sangre y un hacha de leñador entre las manos, se interpuso en su camino. Halloween describió un arco con el Bowie y le abrió el cuello de lado a lado. Un chorro de sangre le salpicó la chupa de motorista.

Una detonación estalló junto a su oído. Angie había alcanzado a un Cachorro entre las cejas. La parte posterior del cráneo saltó hecha pedazos, cubriendo las baldosas de la azotea con restos de materia gris.

Jack disparó a quemarropa. La descarga atravesó el esternón de una mujer y salió por la espalda. La infantería ocupó el tejado y remató a los supervivientes y a los heridos. La guerra no concedía segundas oportunidades.

Angie terminó con un rival de una puñalada en los pulmones y felicitó a su amante.

—Tu estrategia ha dado resultado.

Halloween se secó el sudor de la frente.

—Los alemanes la llamaban Blitzkrieg —sonrió—. Gracias a la guerra relámpago conquistaron buena parte de Europa el siglo pasado.

Angie abrió mucho los ojos.

—¿Cómo sabes eso?

Jack sonrió con sorna.

—Lo leí en la Cosmopolitan.

¿Dónde estaba Ronson?

De una zancada ágil, Halloween esquivó un cadáver, remató a un agonizante y buscó al jefe de los Cachorros entre los muertos. Había desaparecido.

—¡Maldita sea!

De pronto, unas luces destellaron al final de la azotea, donde todavía no habían llegado sus tropas. Un miedo supersticioso se apoderó de los Perros de Diamante. Ante ellos, un vehículo expulsó un chorro de gas y se elevó en el aire, intentando escapar del combate.

Una muchacha se cubrió la cabeza con ambas manos.

—¡Es el Diablo! —berreó—. ¡Ha venido a por nosotros!

Jack la apartó de un empujón. Era la primera vez que veía en funcionamiento uno de los coches de la Antigüedad: deslizadores los llamaban antes de que la Tercera Guerra Mundial redujera el mundo a un amasijo de escombros.

Sin perder la calma, ignoró los gritos de pánico de la tribu y vació el tambor contra los bajos del vehículo. Mortalmente averiado, el deslizador giró sobre sí mismo, pasó por encima de su cabeza y se estrelló contra el borde de la azotea.

Jack llegó hasta él de un salto, abrió la puerta de un manotazo y sacó a Ronson al exterior.

—¡Bastardo! —gruñó—. ¡No escaparás de mis garras!

La inmensa mole del gigante se estremeció al comprender que estaba atrapado.

—¡Mátame! —suplicó—. ¡Acabemos con esto!

Halloween soltó una carcajada desagradable.

—¡Ni lo sueñes! ¡Tu sufrimiento solo acaba de empezar!

11

CHANT OF THE EVERCIRCLING SKELETAL FAMILY

Brother

Oohooh

Shake it up, shake it up

Move it up, move it up

Brother...

Al amanecer, los primeros rayos del sol bañaron los confines de Hunger City, iluminando los rascacielos, los comercios y las avenidas destrozadas. En lo alto de la Colina de los Furtivos, una hilera de figuras silenciosas rodeaba a un hombre encadenado a unos surtidores de gasolina vacíos.

Jack pasó el brazo por los hombros de Angie y contempló a su cautivo. Pese a las protestas de la tribu, se había negado a crucificarlo: quería asegurarse de que llegara con vida a la noche.

—Te dejo en compañía de los Mutantes, Ronson. Espero que disfrutes de su compañía.

El gigante temblaba de miedo y de rabia.

—¡Que te jodan!

Halloween ignoró el insulto.

—Saldrán al anochecer —dijo—. Tendrás tiempo para reflexionar.

Ronson apretó los inmensos puños bajo el peso de las cadenas.

—¿Reflexionar? ¿Sobre qué?

Jack se mostró implacable.

—Invadiste nuestro territorio. Mataste a miembros de otros clanes por unos cuantos edificios en ruinas. Asesinaste a mis hermanos y hermanas para satisfacer tu ambición. Ahora recibirás el castigo que te has ganado: tu cuerpo alimentará a las criaturas que habitan estas colinas.

La arrogancia del antiguo líder de los Cachorros se desvaneció.

—No te atreverás...

Halloween dio la conversación por terminada.

—Nos veremos en el infierno, Ronson.

Sin añadir una palabra más, los Perros de Diamante abandonaron a su prisionero, descendieron la colina y se internaron en la Avenida Quiéreme. Todo volvía a su lugar.

Angie acarició la espalda de Jack.

—Me debes algo.

Halloween sonrió con expectación.

—Sorpréndeme.

La joven se puso de puntillas y le susurró unas palabras al oído. Jack sostuvo su mirada con una sonrisa cómplice.

—Por supuesto, querida —respondió con una sonrisa—. Por supuesto...